"De acuerdo Gridwin, sostén esta esfera." Dijo Ian.
Gridwin tomó una pequeña esfera luminosa que Ian le había dado, alrededor de él aparecieron diez esferas iguales flotando. Ambos se encontraban por encima de las nubes practicando mientras que Elise en tierra aún dormía.
"Cuando te de la señal aprietala y observa bien lo que voy a hacer."
"E-está bien." Dijo Gridwin con algo de temor.
Ian se alejó volando con sus alas luminosas, en una de sus patas delanteras tenía una vara larga que había recogido en el camino. Al estar a distancia la elevó dando la señal y Gridwin apretó la esfera provocando que se rompa como una pompa de jabón.
El resto de las esferas que se encontraban alrededor de él se dispararon persiguiendo a Ian, él comenzó a volar evadiéndolas y cuando alguna se acercaba demasiado le daba un zarpazo con la vara provocando una pequeña explosión.
Tras deshacerse de todas se acercó a Gridwin que lo observaba con el pico abierto, completamente sorprendido.
"En ocasiones tendrás que enfrentarte a varios objetivos o tal vez alguna criatura que lance cosas, tal vez lo hayas notado pero esto es muy similar al vuelo acrobático." Comentó Ian. "Ahora es tu turno." Agregó pasándole la vara.
"¿Eh? yo…"
"Lo siento pero no pienso esperar." Interrumpió Ian apuntándolo con su pezuña.
Cinco esperas aparecieron alrededor y comenzaron a girar lentamente, Gridwin tuvo un escalofrío y se alejó de allí tan rápido como podía. Cuando notó que se encontraba a distancia las gatillo pero en lugar de siquiera intentar esquivarlas o darles con la vara, las cinco impactaron de lleno sobre él.
"Esto será más difícil de lo que pensaba…" Suspiró Ian.
Su viaje y el entrenamiento se hacían más arduos, Ian practicaba combate cuerpo a cuerpo con Gridwin mientras que Elise tan solo se metía una gema a la boca y los observaba.
"Hoy aprenderás a pelear contra un dragón." Dijo Ian. "Elise, tú tendrás que lanzarle fuego y él deberá esquivarlo."
"Oh vamos Ian, Elise no es como un dragón adulto." Dijo Gridwin. "Ella no…"
Sin terminar de decir nada más recibió una llamarada durante un par de segundos chamuscando las puntas de sus plumas en la cabeza.
"La regla número uno en todo combate es: No subestimar a tu oponente." Sentenció Ian.
Mientras el entrenamiento continuaba, llegaron a una zona de altas montañas. Poco a poco subieron por un camino que surcaba las laderas pero pese a que los ánimos estaban bien altos Ian caminaba resagado al grupo.
"Ian, no te quedes atrás." Dijo Elise.
Ambos se quedaron esperándolo y al alcanzarlos, su estómago comenzó a gruñir con fuerza.
"Vaya, ¿ya estás hambriento?" Preguntó Gridwin.
"No es solo eso…" Bufó Ian. "Desde ayer que ya no tengo provisiones…"
"Tú eras el más experimentado de todos y no racionaste tus alimentos." Dijo Elise.
Los dos comenzaron a caminar pero Ian tan solo quedó allí parado con una notoria expresión de enfado hacia sus compañeros, Gridwin al notarlo volteó hacia él.
"Ustedes dos…"
"¿Qué?" Preguntó Gridwin.
"Ustedes se terminaron mis provisiones." Dijo Ian. "Yo no puedo comer la carne seca de Gridwin y menos las gemas de Elise."
"Y eso que, tú tienes heno, avena y algunas flores." Replicó Elise.
"Ustedes pueden comer de mis provisiones…"
"¡Oh! ya veo…" Exclamó Gridwin. "Solo tenemos que buscarte algo para que comas."
Poco a poco siguieron su camino, Ian de vez en cuando daba unos pequeños tragos de agua a su cantimplora para intentar apaciguar su hambre.
El cielo comenzó a nublarse amenazante de lluvia, al parecer habían preparado una gran tormenta para esa zona ya que la tierra se encontraba muy agrietada.
"Miren eso." Dijo Elise señalando unas flores.
Eran unas extrañas flores de pétalos amarillos y pequeños puntos rojos. Ian olió una de ellas y poseía un aroma suave, al morder y degustar una pequeña parte del pétalo sintió que se derretía en su boca al tener tan buen sabor.
"¡Es dulce!" Exclamó comiéndose la flor completa. "Om... de-deliciosa...nom..."
Elise y Gridwin tan solo lo veían engullirlas una a una casi sin respirar, cuando sació el gran hambre que tenía, decidió recolectar algunas para poder comer luego.
Poco más de una hora continuaron ascendiendo por el empedrado camino, el cielo se tornaba cada vez más oscuro porque comenzaba a atardecer. Ian iba nuevamente quedando atrás de sus compañeros, al notarlo Elise volteó viendo cómo avanzaba prácticamente tambaleándose.
"¡O-oigan... espérenme!" Dijo. "No hace falta... que se alejen tanto."
"Estamos a menos de veinte metros." Comentó Gridwin.
Ian dio unos pasos más tambaleándose, inclinó levemente su cuerpo de lado y cayó al suelo levantando un poco de polvo mientras seguía moviendo sus piernas como si intentara seguir caminando.
"E-espérenme…" Dijo. "No hace falta que se apresuren tanto…"
Elise se acercó a él lentamente al verlo en el suelo, Gridwin se agacho para examinarlo, respiraba pausadamente por la boca y su vista se encontraba totalmente perdida.
"G-Gridwin… ¿desde cuando tus plumas son rosa y verde?" Balbuceó. "E-esos colores no te quedan…"
"¿Te encuentras bien?" Preguntó Elise.
"¿E-Elise?... tus escamas cambian de color como un camaleón… que gracioso..."
"A-algo no está bien." Dijo Gridwin.
"¡Ow, mi estómago arde mucho." Chilló Ian retorciéndose mientras ponía sus pezuñas en su barriga.
Sus compañeros tan solo lo veía sufrir en el suelo, Gridwin lo levantó sobre su lomo para poder llevarlo.
"Tenemos que ir por ayuda…" Dijo. "E-esto no se ve nada bien."
Ambos salieron corriendo del lugar, seguían por el camino empedrado cuando lentamente unas gotas comenzaron a caer del cielo. Tras unos minutos la lluvia caía sin piedad sobre ellos, Ian seguía gimoteando mientras que Gridwin suplicaba que no vomite sobre él.
Tras varios minutos llegaron a un curva del camino pero allí se encontraba contra la montaña un umbral tallado en la roca, se veía como una antigua edificación que se adentraba en la montaña.
Ingresaron sin dudarlo buscando refugio de la lluvia, una vez dentro solo se oía la lluvia de fondo, algunos truenos y los sonidos de dolor de Ian.
"¿Y ahora qué hacemos?" Preguntó Elise.
"Habrá que esperar a que pase la lluvia." Contestó Gridwin.
El lugar tenía pilares de roca, se notaba una completa edificación allí dentro. La oscuridad era casi absoluta y no poseían nada con qué encender una pequeña fogata o algo para secarse.
"¿Quienes son ustedes?" Oyeron por detrás.
Al voltear se encontraron con una criatura cargando una antorcha en una de sus patas delanteras, tenía orejas puntiagudas, pelaje rojizo y dos colas esponjosas.
"U-un zorro astral…" Dijo Gridwin. "Hace años que no veía uno."
"¡AH… me duele…!" Exclamó Ian.
"Al parecer están con un compañero herido…" Dijo.
"N-no, no sabemos que tiene." Contestó Elise.
La zorra se acercó a Ian y lo olfateó un poco, luego abrió uno de sus ojos examinando lentamente. Ian seguía gimoteando y jadeando por la boca.
"¿Acaso comió algo raro?"
"No lo se, tan solo comió unas flores porque él no puede comer carne o gemas." Contestó Gridwin.
"¿Flores?" Preguntó. "¿Qué flores?"
"Estas." Contestó Elise.
Metió su mano en el bolso de Ian sacando una de las flores para mostrárselas a la zorra, al verla abrió muy grandes los ojos en total señal de asombro.
"Oh… no…" Dijo muy preocupada.
"¿Q-qué pasa?" Preguntó Elise al verla.
"Esa flor… es tóxica." Respondió. "Una sola te puede hacer pasar un muy mal rato."
"E-el se comió cinco de ellas…" Comentó Gridwin.
"¿¡QUE!?" Exaltó la zorra. "No… esto es malo… muy malo…"
La punta de una de sus colas se iluminó y la antorcha se elevó por los aires, Gridwin y Elise se sorprendieron mucho al ver eso pero la zorra comenzó a ingresar a la cueva.
"Se supone que ustedes no pueden acceder a este templo." Dijo. "Pero como es una emergencia… Síganme."
Gridwin, sin dudarlo dos veces, subió a Ian a su lomo y comenzó a seguir a la zorra, Elise corría a su lado. No tenía mucha idea de qué pasaba pero accedieron a un pasillo, las antorchas contra las paredes iluminaban el lugar y al doblar una esquina vieron a otro zorro, de pelaje gris pero al parecer tenía cuatro colas.
"¿A-a dónde vamos?" Consultó Elise.
"Con mi hermana, ella sabrá qué hacer." Contestó.
