Su viaje finalmente los llevó a la capital de Dalmacia, muchas casas se encontraban alrededor de la muralla principal que se alzaba hacia el cielo y la puerta principal, gigantesca, con dos pilares a los lados.
Caminaron con total tranquilidad observando a su alrededor, había negocios y puestos en las calles vendiendo toda clase de cosas, los lobos al igual que ponis, grifos, ciervos y alguna que otra criatura los observaban con atención, pese a que el grupo era mixto llamaban la atención pero Ian y Gridwin intentaban descifrar por qué..
"N-no crees que sea por la búsqueda de mi padre… ¿verdad?" Preguntó Gridwin.
"De hecho…" Dijo Ian volteando a Kyara. "Ella es quien llama la atención."
Un poni y un lobo pequeños se acercaron a ella, Kyara tan solo los observo algo confundida y alegre ya que era la primera vez que veía dos tan jóvenes. Elise también llamaba un poco la atención, al parecer no era común ver a un dragón por esos lugares.
"Ahora solo falta que aparezca algún guardia buscándote a tí y creo que…"
"Disculpen…" Dijo un lobo interrumpiendo a Ian.
Voltearon algo temerosos a que la predicción de Ian se cumpla pero notaron que era un anciano con gafas, las patas le temblaban un poco y no tenía uno de sus colmillos.
"¿Podrían decirle a su compañera que deje de hacer eso?" Preguntó. "Mi nieto puede lastimarse."
Algo curiosos por la pregunta del lobo voltearon hacia Elise y Kyara viendo cómo con sus cuatro colas hacía volar a un pequeño lobo.
"¡Ah! ¡bajalo ahora mismo!" Exclamó Gridwin.
"Buuu… eres aburrido…" Bufó bajando al lobito.
El pequeño se lamentó y luego corrió hacia su abuelo parándose a su lado.
"Kyara, creo que quieren no llamar demasiado la atención." Dijo Elise.
"Buscamos una posada donde descansar." Consultó Ian.
"Crucen las puertas de la ciudad, allí encontrarán lo que buscan." Señaló el anciano.
Ingresaron siendo observados por aquellos que se encontraban por allí, los guardias de la entrada los miraron fijo unos segundos pero Kyara pasó sus cuatro colas sobre la cabeza de Gridwin. Tras ingresar y haber pasado la parte peligrosa, Ian y Elise se quedaron observando muy sorprendidos a Gridwin.
"¿Qué le pasó a tu pico?" Preguntó Elise.
Ian estaba muy tentado de reír a carcajadas despertando mucho la curiosidad de Gridwin, corrió a una pequeña fuente viendo su rostro en el reflejo. Su pico era más ancho y estaba curvado hacia abajo.
"¿¡P-pero qué me pasó!?" Chilló acercando sus garras pero sin tocarlos por miedo.
Kyara pasó a su lado volviendo a frotar las puntas de sus cuatro colas sobre el rostro de Gridwin y de un pequeño destello el rostro había vuelto a la normalidad.
"Los zorros astrales somos expertos en ilusiones, esta es la mejor forma de evitar que te encuentren los guardias." Explicó Kyara.
"¡No vuelvas a hacer eso!" Bufó Gridwin.
"Creo que iré a enviar una carta." Dijo Ian viendo una oficina de correo. "Busquen una posada y los alcanzo luego."
"Yo te acompaño." Dijo Elise corriendo detrás de él.
Cruzaron la calle con total tranquilidad, al ingresar vio los ventanales y un mostrador donde otro lobo con gafas colocaba unas estampillas. Se acercó solicitando un sobre, una pluma, tintero y papel para comenzar a escribir su carta pero antes de mojar la pluma noto que a su lado había un teléfono.
Era algo antiguo y grande pero el discador circular tenía el tamaño perfecto para sus cascos, en ese momento recordó haber visto uno similar en la biblioteca de Ponyville.
"¿Cree que pueda hacer una llamada a Equestria?" Preguntó Ian al encargado.
"Te costará treinta bits una llamada de larga distancia como esa." Respondió.
Era algo caro pero pensó que sería una buena oportunidad de probar la tecnología telefónica de ese mundo, al levantar el tubo fue comunicado con una operadora a quien le pidió comunicarse con la biblioteca de Ponyville. Tras varios fatídicos minutos de espera, fue comunicado.
Spike limpiaba el lugar como siempre lo hacía, barriendo con su escoba y ordenando las estanterías con aquellos libros que Twilight había dejado tirados. Comenzó a oír el sonido de una campanilla, no tenía idea de qué era hasta que removió unos pergaminos de una mesa, levantó el tubo del teléfono algo confundido ya que era muy raro que recibieran una llamada.
"¿Ho-hola?" Oyó Ian a través del tubo.
"Hola, ¿Spike?" Dijo observando a Elise con mucha felicidad. "Soy yo, Ian."
"¡Ian, qué sorpresa!" Respondió. "¿Desde dónde estás llamando?"
"Dalmasia, ¿Twilight se encuentra?" Preguntó Ian.
"Se fue con sus amigas en la búsqueda de A.K. Yearling." Dijo Spike. "Algo relacionado con el último libro de Daring Do."
"Que pena… ¿ha pasado algo interesante mientras estoy lejos?" Preguntó Ian.
"Por dónde comenzar… oh, Twilight ahora es una… *tuu… tuu… tuu…*"
Al haberse cortado la llamada Ian observó el aparato viendo la pata del encargado de la oficina sobre el botón del teléfono.
"Treinta bits el minuto…" Dijo mirando a Ian a los ojos.
En el fondo tuvo deseos de expresar un poco de vocabulario soez pero luego pensó en que no valía la pena sumado a que se encontraba junto a Elise, por lo que tan solo escribió la carta y la envió a Sweet Apple Acres.
Cuando salieron de allí vieron que Kyara y Gridwin se acercaban a ellos, habían comprado una bolsa de dormir para Kyara así no debía compartirla más con Elise.
"Encontramos una posada." Dijo Gridwin. "Y conseguimos unas gemas para Elise."
Al mostrar la bolsa con su garra un pequeño lobo chocó con la cabeza contra su estómago haciéndole perder el aire por unos segundos, pasó por debajo de él y un segundo lobo pequeño saltó frente a ellos tomando la bolsa de gemas con su boca y escapando del lugar.
"¡Ey, mis gemas!" Exclamó Elise corriendo tras ellos.
Los tres se perdieron entre la multitud que había en la plaza, Gridwin suspiró y luego abrió una de sus alas para buscar algo en el lado de su bolso.
"¡La bolsa con los bits… ya no está!" Exclamó observando en todas direcciones.
Pese a que los dos lobos eran rápidos, Elise les seguía el paso casi sin problemas. doblaron repentinamente ingresando en un estrecho camino que había entre dos negocios, usando sus cuatro garras frenó de golpe y comenzó a seguirlos por allí dentro, al fondo se veía una pared indicando que era un callejón sin salida pero los vió saltar en una caja y luego impulsarse a los lados de las paredes para ascender.
Sabiendo que no podía hacer lo mismo saltó en línea recta clavando sus garras en la pared y trepó tan rápido como podía, ya en la cima los vio sentados tomando aire casi sin preocupaciones.
"¡Oigan, regresenme mis gemas!" Exclamó parada en el borde de la pared.
Los dos lobitos se sorprendieron al verla en lo alto y comenzaron a correr, Elise saltó aleteando con sus pequeñas alas tan rápido como podía pero no pudo evitar caer al suelo. Al comenzar a perseguirlos de nuevo lanzó una llamarada pero la eludieron doblando en una esquina, pese a que los pequeños conocían el lugar, para Elise no era muy difícil seguirlos gracias a su agilidad.
Decidió saltar en una caja, luego a un toldo y por último los persiguió por los techos, llegaron a una pequeña casa, voltearon para ver si no eran perseguidos e ingresaron allí. Elise bajó ingresando también encontrándolos junto a una cama y una loba algo mayor acostada allí.
"Es mi última advertencia, devuelvan esas gemas." Amenazó con llamas saliendo de su boca.
"¡Ah no!" Exclamó uno de ellos cubriendo con su cuerpo a quien estaba en la cama.
"¡E-espera… no nos hagas nada!" Chilló el otro.
"¿Acaso no saben que no deben quitarle sus gemas a un dragón?" Preguntó Elise acercándose a ellos.
"Las necesitamos, para pagar las medicinas de nuestra hermana." Dijo la lobita que cubría la cama.
Elise vió la situación, se encontraba tan enfadada que no había notado eso en absoluto, se acercó a la cama sin hacer o decir nada más viendo que la loba jadeaba y sudaba mucho.
"Enfermó hace unos días." Dijo el pequeño lobo. "Perdió sus fuerzas repentinamente y no ha dejado de tener fiebre."
"H-hay un remedio pero es muy caro." Dijo el lobo. "Dicen que solo aquellos de clase alta pueden pagarlo y ha subido de precio porque otros han enfermado con lo mismo."
"¿Qué clase de remedio?" Preguntó Elise.
"Es un remedio que se dice lo cura casi todo." Respondió. "Existe desde hace muchas generaciones pero nadie sabe exactamente qué hace."
Vio que disponían de algunas plantas y otros remedios caseros, un pequeño recipiente con agua y un pañuelo dentro. Una radio de madera pasaba un poco de música, no eran pobres pero al parecer aquel remedio era muy caro.
"¿Dónde puedo conseguir el remedio?" Preguntó Elise.
"En el castillo." Contestó el lobo.
"¿Si lo consigo me devolverán las gemas?" Preguntó Elise.
Dando media vuelta salió por la puerta observando en dirección al castillo, estaba lejos pero se encontraba decidida a conseguir un poco de esa medicina.
"E-espera, ¿por qué nos quieres ayudar?"
"En el pueblo donde vivía solía hacer lo mismo que ustedes y fui desterrada." Respondió Elise. "No quiero que les pase lo mismo por ayudar a su hermana."
Salió corriendo del lugar en dirección al castillo, trepó de un tendedero y utilizando el impulso subió al techo de una casa.
Gridwin ingresaba junto a Ian y Kyara en la posada, después de registrarse se encontraban sentados en una mesa bebiendo algo para descansar del viaje y ver qué podían hacer de interesante en la ciudad.
"Si no es Elise son otros…" Bufó Gridwin.
"Pareciera que tienes un cartel que dice -fácil de robar- escrito en tu pico." Dijo Ian entre risas.
"Tal vez todo esto de salir de viaje sea nuevo par mi pero…" Dijo Kyara. "¿No creen que algo raro está pasando por aquí?"
Por la ventana se veía cómo un poni cargaba a un ciervo muy rápido, este se encontraba inconsciente y eran seguidos por lobos que llevaban puesto uniforme médico.
"Otro más que ha caído enfermo." Dijo el mesero sirviendo unos mini cupcakes.
"¿A qué se refiere con otro?" Preguntó Gridwin.
"Hay una extraña enfermedad que deja a la víctima muy cansada y genera mucha fiebre." Respondió. "Aún no saben qué es o si hay una cura pero contagia a todos, así que les recomiendo cuidarse mientras estén por aquí." Agregó retirándose.
"Tendríamos que buscar a Elise." Comentó Gridwin. "Y vamos a Concordia, no quiero morir por una extraña enfermedad."
Por debajo de la mesa Ian realizó su hechizo de localización para ver dónde se encontraba Elise pero no la vio, no quería usar mucha magia o haría el círculo más grande que su pezuña y llamaría la atención.
Por su parte Elise trepaba por una de las murallas del palacio, ya atardecía y esto beneficiaba sus intenciones, las escamas oscuras de su cuerpo se mezclaban perfectamente en las sombras y el hecho de que era pequeña le permitía meterse por lugares estrechos. Ingresó por una ventana que daba al depósito de una cocina, al asomarse por la puerta vio cómo un lobo con delantal y gorro preparaba algo en una olla.
"¿Ya está lista la sopa para el emperador?" Preguntó un ciervo con uniforme de mayordomo.
"Espero que esto le ayude a recuperar fuerzas." Contestó sirviendo en un plato. "Oi que no ha dejado de tener fiebre."
Pensó que sería bueno seguirlo así conseguía algo de la medicina especial que le daban al emperador, abrió levemente la puerta sin que el cocinero lo note pero las bisagras rechinaron un poco. El cocinero volteó algo sorprendido pero no había nada en la puerta así que volvió a sus labores.
Siguiendo por varios pasillos y escaleras hacia los aposentos del emperador, Elise se escondía en las sombras haciendo el menor ruido posible. Utilizaba sus garras para aferrarse de columnas o inclusive trepar a los techos con tal de no ser descubierta.
"Aquí tiene, su majestad." Dijo el mayordomo ingresando por la puerta.
Antes de que cierre, Elise saltó hacia adentro y luego rodó por debajo de una mesa, desde allí vio cómo el mayordomo tomaba una pequeña botella desde un estante vertiendo su contenido en la sopa.
Una de las criadas ingresó también por la puerta dejando un vaso y un recipiente con agua del que colgaba un pañuelo largo sobre la mesa donde se encontraba Elise escondida, ella tan solo se hizo hacia atrás para evitar ser vista.
"Hace dos días que le estamos dando el elixir y no hace efecto…" Dijo la criada.
Tras darle la sopa y la medicina, ambos salieron de la habitación. Elise aprovechó eso para tomar la botella con la medicina, se acercó para tomar la botella pero vio un rubí que le llamó mucho la atención, lo tomó dispuesta a darle una mordida antes de cumplir con su misión.
"¿Q-quién eres tú?" Oyó a un lado con una débil voz.
Algo sorprendida dejó el rubí de donde lo había tomado y volteó hacia la cama viendo al emperador Darnius observarla directamente a los ojos.
