Quedó petrificada al notar que el emperador la había descubierto, él simplemente la observó y muy débil intentó sentarse en la cama, el pañuelo con agua fría que tenía en su cabeza cayó al suelo.
Era un gran lobo de pelaje amarillo claro que parecía dorado, sus ojos rojos no se despegaban de ella. Elise bajó de la estantería, mojó nuevamente el pañuelo y volvió a colocarlo sobre la cabeza de Darnius.
"N-no debe esforzarse, necesito esto." Dijo Elise mostrando la botella con la medicina.
"Te tomaste el trabajo de ingresar hasta aquí sabiendo que serías ejecutada si te descubren… ¿solo por eso?"
"Dos jovencitos tienen a su hermana enferma y no disponen del dinero para pagar el elixir." Contestó Elise.
"Eso… no tiene efecto… ante esta enfermedad es solo... un simple placebo." Comentó el Emperador recostándose de nuevo en la cama.
"No… ¿y no hay algo que se pueda hacer?" Preguntó Elise afligida.
"Heh… ha, ha, ha, ha, ha." Rió Darnius. "Una ladrona se preocupa por aquel a quien le roba." Comentó. "Ya se ha llevado a varios en estas tres semanas y sólo los más fuertes han sobrevivido más de cinco días."
No sabía qué decir o contestar ante las palabras del emperador, tan solo sujetó firmemente la botella con el elixir.
"Es la primera vez que estoy tan cerca de un dragón, ¿cómo te llamas?" Preguntó Darnius.
"E-Elise… mi nombre es Elise…"
"Si te las ingeniaste para llegar hasta mí sin ser descubierta, tal vez puedas ayudarme." Dijo.
Intentó volver a sentarse en la cama pero no disponía de fuerzas, Elise se acercó y nuevamente volvió a remojar el pañuelo con agua fría para aliviar la fiebre. "Oí que esta enfermedad no es natural." Dijo. "Tal vez puedas ayudarme y si existe una cura… prometo darte las gemas que desees para comer."
"¿C-Cómo quieres que haga eso?" Preguntó Elise.
"Al este existe un manantial del que se dice surgió la enfermedad." Explicó Darnius. "Los dragones son mucho más resistentes y tienes tu aliento de fuego, supongo que no será problema."
Por su parte, sus amigos se encontraban buscando en la dirección que había tomado, las estrellas brillaban en el firmamento y las luces de la calle iluminaban levemente el panorama, Ian intentó localizarla una vez más con su magia pero vió a los dos pequeños que ella había perseguido.
Gridwin saltó la pared del callejón de dos aleteos, Kyara brincó impulsándose a los lados de la pares e Ian redujo la gravedad de su cuerpo con magia para poder brincar. avanzaron viendo una de las paredes con una notoria marca de fuego en ella, se encontraban cerca del camino que había tomado.
Se encontraban cerca, llegaron a una casa y tocaron a la puerta para verificar. Pese a que Ian no localizaba a Elise en una corta distancia, sabía que los dos ladrones se encontraban allí.
Ian tocó a la puerta de la casa, tras varios minutos de espera oír un poco de movimiento, abrió uno de los pequeños lobos.
"¡Tú!" Exclamó Gridwin apartando bruscamente a Ian.
La pequeña se asustó al verlo e ingresó a la casa cerrándole la puerta en el pico, esto le dolió mucho a Gridwin pero Ian lo apartó de un empujón y volvió a tocar la puerta.
"No estamos para hacerles nada, solo buscamos a nuestra amiga Elise." Dijo con una potente y firme voz. "Es una dragón bebé con escamas negras."
Un par de segundos esperaron y la puerta volvió a abrirse, una loba más grande envuelta en una manta los recibió.
"¿U… ustedes conocen... a esa pequeña dragoncilla?" Dijo muy débil.
"M-Mariel, ¡no tendrías que haber salido!" Dijo un lobo que brincó frente a ella.
"D-Dean, déjalos pasar…" Dijo.
En la garganta de Gridwin se hizo un nudo al ver eso, por un instante se sintió mal por haber exaltado de esa manera. Al ingresar veía como el pequeño lobo sostenía y ayudaba a su hermana a avanzar, se encontraba muy débil.
"¿Así que tú también tienes esa extraña enfermedad?" Preguntó Kyara.
"M-mejor no acercarnos, puede ser contagiosa."
"¡No lo es!" Dijo la pequeña loba. "Hace tres días que estamos a su lado y no nos hemos contagiado."
Ian se acercó observando a la loba fijo a los ojos, había algo raro en su mirada, se la notaba muy fatigada pero también la fiebre no era normal. Un círculo mágico apareció en su pezuña y lo puso en la frente de Mariel.
"Es extraño, tu cuerpo tiene dos auras." Dijo Ian. "Una disminuye, pero la otra crece."
Abrió sus ojos muy grandes y comenzaron a brillar unos instantes, una esfera roja apareció entre ambos y comenzó a hacerse más grande. Se estiró formando púas disparándose en todas direcciones rebotando contra todo y destruyéndolo por completo.
"¿¡Qué es esa cosa!?" Exclamó Kyara.
Mariel cayó al suelo tras eso pero lo más importante en ese momento era que la esfera roja no hiera a nadie, Gridwin saltó intentando esconderse bajo una mesa pero la esfera la atravesó rebotando en el suelo a centímetros de él. Ian utilizó varias veces una barrera mágica para proteger a Mariel y sus hermanos menores, Kyara estiró sus cuatro colas al frente e impactaron contra la esfera deteniéndola por completo. "¿Qué creen que sea?" Preguntó examinándola.
"N-no, es energía vital…" Dijo Ian muy sorprendido. "Esta cosa se alimenta de la esencia vital..."
"¿Es por eso que ninguna medicina podía curarlo?" Preguntó Kyara.
"Esto entró a su cuerpo de alguna manera y está drenando a muchos otros."
"¿D-dónde estoy?" Preguntó Mariel. "¡Hermana!" Exclamó Dean. "¿Cómo te sientes?"
"Por algún motivo no siento esa extraña presión en el pecho… aunque sigo muy cansada…" Contestó desde el suelo casi sin moverse.
Mariel tan solo dormía y fue llevada por Gridwin a su cama, Ian y Kyara hablaban con Dean y su pequeña hermana sobre todo lo sucedido y tomando conocimiento de cómo se encontraba la la situación. Elise había ido al castillo para intentar obtener el elixir pero podía ser peligroso y era la última información que tenían de ella.
Transitaba por el oscuro bosque, Elise se abría paso lentamente, todo parecía normal y ningún animal se asomaba siquiera del más grande de los arbustos.
Por unos instantes comenzó a dudar de que sea buena idea o si valía la pena arriesgarse así, pero luego recordó a los pequeños lobos e inclusive al emperador Darnius.
"No me puedo rendir así." Se dijo a sí misma. "Ellos necesitan de mi ayuda."
Encontró un arroyo que corría en dirección a la ciudad, las luciérnagas iluminaban sus orillas. Sintió que esa imagen era hermosa pero las luces se apagaron y cayeron al agua.
Una pequeña esfera que brillaba en una leve tonalidad carmesí pasó flotando, Elise se acercó para intentar verla con más detalle pero se desvaneció en el agua.
Tras unos segundos, las luciérnagas que no cayeron al agua volvieron a volar iluminando el sendero nuevamente.
Llegando a una pequeña formación de rocas, a un lado del arroyo, el brillo era el mismo que había visto antes en aquella pequeña gema flotante pero en esta ocasión mucho más intenso. Se asomó para inspeccionar viendo una gigantesca esfera roja como la diminuta que había visto antes.
"¿¡Quién eres tú!?" Oyó por detrás de ella.
Al voltear vio la figura de un grifo, su tamaño era mayor al de Gridwin, llevaba puesta una capa con capucha y por el tono de su voz era mucho mayor en edad.
"Es solo un bebé dragón..." Dijo pasando a su lado.
"¡No me llames bebé!" Chilló Elise.
"Te llamaré de la forma que me plazca." Replicó con una severa voz. "Si quieres vivir vete antes de que me arrepienta."
Por debajo de su capa sacó una varilla metálica la cual usó para punzar la esfera roja.
Cuando extrajo la varilla, una diminuta esfera roja se encontraba adherida a la punta. Al asomarla al agua las plantas de la orilla se marchitaron y el tamaño creció.
"E-esa cosa es venenosa, si alguien la bebe por error puede..." Elise se paralizó unos instantes al conectar todo lo sucedido en su cabeza, la enfermedad, la falta de una cura y las palabras del emperador. En el reflejo del agua notó algo brillante detrás de ella, al voltear el grifo disponía de una gran hacha en alto, abanicó con fuerza pero Elise se hizo a un lado justo a tiempo para eludirlo.
"Nunca pensé que a un dragón le importaría aquellos que no son de su raza." Dijo sacando el hacha de la tierra. "Aunque esto es una prueba no pienso permitirte salir de aquí en una pieza."
Abanicó de forma horizontal pero Elise se agachó para eludirlo, desde el suelo tomó aire y al levantarse lanzó su aliento de fuego a pocos metros del grifo pero abanicando con su hacha de lado dispersó la llamarada.
"Estás bien entrenada, me dará algo de pena partirte en dos." Dijo preparándose para un nuevo ataque. "Pero se me pasará en unos segundos…"
Por primera vez sus llamas no tuvieron ningún efecto, comenzó a retroceder lentamente muy asustada. Sin notarlo tocó la gran esfera con la cola y esta comenzó a pegarse a ella, no importaba cuánto forcejeaba por escapar estaba siendo absorbida y poco a poco perdía fuerzas.
Una esfera dorada impactó contra el líquido rojo dispersándolo a los lados, Elise cayó rendida y en el centro se veía una roca rojiza que luego se cubrió y comenzó a brillar con tonalidad carmesí nuevamente.
Levantó la vista intentado lanzar una última llamarada pero tan solo salió humo de su boca, una segunda esfera dorada impactó frente al grifo que retrocedió.
"¡Elise!" Oyó.
Gridwin saltó con una gran lanza atravesando de lado la esfera roja, el líquido se dispersó en minúsculas esferas dejando ver que había roto la roca que se encontraba en el centro y luego se evaporaron en el aire.
"¿¡Quién eres tú!?" Preguntó Ian cayendo frente a Elise.
"Tarde o temprano habría alguien que sería capaz de encontrarla y destruirla." Dijo el grifo. "Creo que la prueba fue exitosa."
Extendió sus alas por debajo de su capa y de un fuerte salto y aleteo salió volando del lugar, Ian elevó una de sus pezuñas generando cinco esferas que aparecieron girando y disparándose contra su enemigo. Volteó bruscamente y las destruyó con su hacha, estas estallaron pero aparentemente no le causaron ningún daño ya que continuó con su huida.
"Rayos… se me escapó." Dijo Ian.
"Ian, ¡Elise…!" Exclamó Kyara sosteniéndola con sus patas.
No se movía en absoluto, intentó ver sus signos vitales pero eran demasiado débiles como para siquiera resistir. Gridwin quitó la lanza de la roca y esta se despedazó brillando.
Un extraño vapor rojo salió de la boca de Elise y tomó aire repentinamente volviendo a respirar con normalidad, fue un momento de gran alivio para el grupo.
