Al despertar notó que los dos pequeños lobos dormían a su lado, los tres tapados por una manta, en el suelo había otras mantas y Gridwin durmiendo boca arriba, roncando mientras daba unas pequeñas paradas con una de sus patas traseras. Bajó las escaleras encontrando a Ian de espaldas bebiendo de una taza, al acercarse Ian la observó y le dió un rápido golpe con su pezuña en la cabeza.
"¡Auch!" Chilló Elise. "¿P-Por qué me pegas?"
"Acordamos que yo sería quien te regañe, antes de que Gridwin despierte y arme un alboroto." Dijo Ian observándola son severidad. "¿Cómo se te ocurre deambular sola de esa manera?"
"Yo… yo sólo quería ayudar a los pequeños y luego el emperador me pidió ayuda…"
"Si Kyara no se hubiera escabullido en el palacio e indagado en los sueños de Darnius nunca te habríamos encontrado." Reprochó Ian.
"Pe-perdón…"
"Pero como todo salió bien creo que puedo decirte una sola cosa." Comentó Ian tomando otro sorbo de su taza. "Nos enorgullece que seas noble y confiable, cualidades muy raras en un dragón."
"¿De-de verdad?"
"Eres el segundo dragón que conozco con esas cualidades." Agregó Ian poniendo su pezuña sobre la cabeza de Elise.
La puerta principal se abrió e ingresaron Kyara y Mariel, las dos volvían de hacer las compras cargando unas bolsas llenas de comida y otras cosas.
"¡La enfermedad, se fué en la noche!" Exclamó Mariel. "Todos están curados."
"¿Crees que sea por esa extraña piedra que vimos anoche?" Preguntó Kyara.
"E-ese grifo malvado sumergía pequeños trozos en el agua." Dijo Elise.
Se quedaron mudos ante las palabras de Elise, la esfera carmesí era igual a la que quitaron del cuerpo de mariel pero aún no tenían idea de qué podría llegar a ser o las razones por las cuales la usaban para enfermar a toda una ciudad.
"¡Elise, lagartija tonta!" Exclamó Gridwin detrás de ella.
Con su garra izquierda la atrapó enroscándola alrededor de su cuello y con la derecha le dio un coscorrón en la cabeza frotando su nudillo contra ella. El resto tan solo reía al ver a Elise patalear y chillar al intentar librarse de Gridwin.
"Perfecto, ¿ahora qué hacemos?" Preguntó Gridwin tras soltar a Elise.
"Supongo que descansar de nuestro viaje y entrenamiento por uno o dos días." Comentó Ian. "Y recorrer la ciudad como turistas antes de ir a Concordia."
"Perfecto, muero de hambre." Dijo Gridwin. "¿Qué hay para desayunar?"
"Supongo que tendrás que llamarlo almuerzo..." Comentó Mariel preparándose para cocinar
Sus dos hermanos llegaron de la parte superior hechos dos bolas de pelos a causa de haber dormido demasiado, Mariel les ofreció quedarse como agradecimiento por haberla salvado y a toda la ciudad. La comida era variada y tenía algunas porciones especiales con tofu para Ian, cuando apenas se encontraban sirviendo alguien tocó a la puerta, Dean se acercó a abrirla y un ciervo entró a todo galope hacia Mariel abrazándola.
"M-Mia…" Dijo Mariel muy sorprendida.
"Cuando me enteré que todos aquellos que tenían la extraña fiebre se curaron no dudé en venir a verte." Dijo sin soltarla.
Algo sorprendidos por la intromisión, los seis quedaron simplemente mirando como Mia abrazaba a Mariel. Al observar a la mesa, Mia notó a Elise allí sentada con un diamante en su boca y soltó inmediatamente a su amiga.
"Eh… ¿De casualidad tu nombre es Elise?" Preguntó.
"Sí…" Contestó algo confundida.
Sin decir nada más se sentó estirando su pata hacia el plato de Ian, clavó las puntas de su pezuña en uno de los bollos de avena y se lo metió a la boca completo. Masticaba son los ojos cerrados en una clara señal de encontrarse pensando, aunque el resto la observaba aún confundidos los abrió repentinamente y dijo.
"Ef emferafor fde efsdá bfshcando…"
"Si vas a decir algo traga primero, ¡tonta!" Regañó Mariel.
"Ha-hay una orden de búsqueda de una pequeña dragona negra llamada Elise en toda la ciudad y sus alrededores." Dijo Mia después de tragar. "No especificaron pero solo se sabe que ella ingresó al palacio en la noche."
Ian suspiró agachando su cabeza y Gridwin tan solo puso dos de sus dedos a los lados de sus ojos con total frustración tras oír el comunicado de Mia.
"Justamente lo que necesitábamos…" Bufó Gridwin.
"Creo que nuestros días de descanso terminaron antes de comenzar…" Agregó Ian.
Las loba y ciervo los observaban sin entender al igual que Elise, Kyara por su parte se limitó a comer un poco pero se la notaba un poco preocupada.
"¿Por qué dicen eso?" Preguntó Mia.
"Elise se infiltró en el palacio para robar la medicina..." Contestó Dean.
"Exactamente, ahora el problema será irnos." Agregó Ian. "No creo que sea muy común ver a un dragón bebé por aquí."
"P-podemos usar las iluciones de Kyara para disfrazarla." Propuso Gridwin.
"Actualmente puedo hacerlo pero existe algo llamado distancia de apreciación." Replicó Kyara. "Mi poder actual puede disfrazarla pero aquellos que la vean de lejos la verán con normalidad, al menos en unos doscientos metros…"
"Un rango de distancia normal y los guardias en las salidas pueden llegar a verla." Dijo Mia. "Yo pertenezco a la guardia de Cervaria pero me encuentro hace casi dos años realizando un intercambio aquí, lo lamento pero es mi deber reportarla."
Un escalofrío corrió por la espalda de Elise y sus pequeñas alas se estremecieron al oír eso, observó el plato viendo una de sus gemas incrustada en un bollo de avena.
"Pero el emperador me pidió que lo ayudara a curar su enfermedad…" Dijo.
"Es verdad, ellos curaron mi enfermedad." Agregó Mariel "O mejor dicho… se deshicieron de lo que me infectaba."
Los cuatro contaron lo que había pasado la noche anterior, Elise comentó que encontró un misterioso grifo que vertía el líquido rojo en el arroyo y cómo casi la parte al medio con su hacha. Mia oía atentamente todos los relatos inclusive lo que había pasado cuando le quitaron ese líquido del cuerpo a Mariel.
"El emperador Darnius tiene fama de ser muy severo y estricto." Comentó Gridwin. "Mi padre me decía que no es común en él demostrar debilidad o agradecimiento al ser muy orgulloso."
"Es verdad." Dijo Mia. "Por cierto… ya me dijeron los nombres de tus compañeros pero no me han dicho el tuyo…" Agregó observando a Gridwin.
"P-Pe… Peco Peco…" Contestó forzando su cerebro para intentar idear algo mejor.
"Que curioso…" Dijo Mia metiendo su pezuña en su pequeño bolso. "No sabía que ese era su apodo… príncipe Gridwin." Agregó sacando uno de los carteles de -SE BUSCA-.
Todos se sobresaltaron al oír eso, habían evitado lo más posible decir su nombre e inclusive Kyara usó sus ilusiones para disfrazarlo pero en ese momento no lo había hecho.
"Prin… s-su majestad… eh yo…" Balbuceaba Mariel.
"Odio cuando eso pasa." Bufó Gridwin.
"No voy a reportarlos, después de oír todo esto no hay que ser una genio para darse cuenta que ha huido del palacio." Dijo Mia. "Quién diría que el pollito mimado de Griffonia quiere ser fuerte y valiente."
"Lo siento pero no podemos quedarnos…" Dijo Ian. "Elise es muy joven para ser encerrada."
"Si desean escapar deberán hacerlo en la noche y evitarán todos los puestos de control de aquí en más." Recomendó Mia. "La mejor forma de cruzar la frontera hacia Cervaria es por las montañas de Altaris."
"¡Pero esas montañas tienen muchos kilómetros, están nevadas y los caminos son muy peligrosos!" Replicó Gridwin.
"No necesariamente." Acotó Kyara. "En uno de los libros decía que existen unas ruinas que se encuentran allí, se dice que del lado de Dalmasia hay una entrada y en Cervaria otra… es como un túnel."
"Déjame adivinar…. ¿con runas inscritas en las entradas?" Preguntó Ian.
"Si."
"¡Opción anulada!" Negó Ian con sus pezuñas delanteras formando una cruz.
"¡Aw, no!" Sollozó Kyara. "Tú puedes abrirlas, no pasaremos frío y será divertido."
Aquellos que eran ajenos a la conversación tan solo movían sus cabezas de un lado a otro de la mesa viendo a Ian discutir con Kyara, quienes menos entendían eran Mia junto a Mariel y sus dos hermanos.
"¡Ya discutiremos eso más tarde!" Impuso Mia dando un golpe con su pezuña sobre la mesa. "Mejor será almorzar algo antes de que la comida se enfríe."
La tarde había llegado y atardecía lentamente, las hojas caían de los árboles poniéndose de diferentes colores tal como debía ser en los primeros días del otoño.
Mia salió a verificar qué salida sería la más adecuada para que no atrapen a Elise y Gridwin, lentamente preparaban sus cosas para partir mientras que Mariel les preparaba algunas provisiones para el viaje. Aún se sentía nerviosa al tener a la presencia del príncipe de Griffonia en su casa.
"Sabes…" Dijo Gridwin observando por la ventana. "Aunque fue solo una tarde nunca me había sentido tan bien."
"¿A qué te refieres?" Preguntó Ian.
"Tener un almuerzo con amigos… sin preocupaciones y luego una pacífica tarde…" Comentó. "Nunca había tenido algo así."
"Es el estilo de vida fuera del palacio." respondió Ian. "Y te aseguro que tendrás más momentos como eso si tú haces lo necesario para que se cumplan."
Como habían acordado, Mia llegó al anochecer para escoltarlos. Llevaba puesta una armadura dorada de la guardia de Cervaria para poder identificarse, el plan sería que ellos eran sus prisioneros en caso de que los encuentren.
"Pero… si nos descubren será un beneficio para tí." Comentó Gridwin.
"Es aquí donde entro yo en escena." Dijo Kyara poniendo una de sus patas en el pecho con mucho orgullo. "Utilizaré mis ilusiones para distraerlos y así un gran escape."
"No solo eso, esta noche es algo fría y húmeda." Agregó Ian.
Caminaban por un estrecho pasillo, al frente Mia los guiaba hacia las puertas del Oeste de la ciudad. Al llegar a una esquina ella se asomó viendo unos guardias de espaldas. Volteó hacia el resto indicando que debían esconder a Elise, ella tan solo saltó agarrándose de uno del lado derecho de Gridwin y él la tapó con su ala, por su parte Kyara usó su magia para disfrazar el rostro de Gridwin.
"Oye, mira eso." Dijo uno de los guardias volteando al grupo que cruzaba la calle. "Es Mia."
Por un instante deseó que no haya volteado sin motivo alguno, lo más importante en ese momento para ella era que no se acerquen siquiera para saludarla.
"Vaya que ese grifo es feo…" Agregó otro de los guardias.
"Es tu día libre, ¿qué haces con tu armadura puesta?" Preguntó el tercero.
"Vi-vinieron unos amigos de visita y quería darles una buena impresión." Contestó sin acercarse a ellos.
El resto siguió caminando mientras que Mia intentaba distraer a los guardias, al llegar a la otra esquina doblaron un pasillo tal como lo habían acordado y se detuvieron a esperar.
"Gridwin… tienes el pico de un tucán…" Dijo Ian.
"¡RAYOS KYARA… DEJA DE HACERME ESO!"
Oyeron un pequeño galope y doblando la esquina ingresó Mia algo agitada luego de distraer a los guardias, no había tiempo que pèrder, una ligera bruma se asentó en la ciudad y los vidrios empañados de las casas indicaban que también descendió la temperatura.
La gran puerta se encontraba cerrada, a un lado de ella, había un pequeño acceso vigilado por dos guardias.
"Dentro de poco cambiarán sus turnos." Dijo Mia. "La buena noticia es que yo soy uno de los relevos."
"Se supone que era tu día libre." Comentó Ian.
"En ocasiones hay que realizar algunos sacrificios." Contestó.
Los dos guardias de la puerta se encontraban agotados y listos para irse, uno de ellos observaba un gran reloj que marcaba casi la medianoche. Mia se acercó a ellos, la neblina se hizo más densa y a la distancia Ian se encontraba intencificándola con su magia.
"Esto ayudará a cubrirnos." Dijo. "Es tu turno Kyara."
Ondeó una de sus colas y esta se iluminó en la punta, la acercó a Gridwin pero él tan solo la quitó con su garra.
"No, ya estoy harto de que juegues con mi pico."
"Pero te ves tan lindo… vamos… prometo que no te verás ridículo." Replicó Kyara entre risas.
Tan solo cerró sus ojos y Kyara realizó su trabajo, se acercaron a la puerta lentamente, Elise se encontraba sujeta a la espalda de Gridwin para evitar que la vean.
"Mia, ya nos vamos." Dijo Kyara acercándose a ella.
"¿Quienes son tus amigas?" Preguntó uno de los guardias.
"Son también amigas de Mariel, estaban de visita pero ya se van." Contestó intentando no reír al ver a Gridwin.
"¿A esta hora?" Preguntó el guardia.
"I-iremos a recoger hongos lunares." Dijo Kyara. "Si se recogen de noche se puede extraer su esencia mucho mejor."
"Oye, ¿dudas de un zorro astral?" Cuestionó Mia.
"Bueno, yo…"
"Esas mochilas se ven pesadas." Dijo el segundo guardia observando la espalda de Gridwin y todo el cargamento que llevaba.
Kyara había puesto su hechizo de ilusiones cambiando la apariencia de Gridwin y la de Elise que parecía una mochila en su espalda, todo parecía estar funcionando e inclusive Ian se encontraba detrás de ellos.
"Tú solo ve a casa, yo me encargo de la guardia desde aquí." Propuso Mia antes de que empiecen a cuestionarlos o sospechar Mia.
El lobo algo cansado tan solo asentó con la cabeza y dando media vuelta indicó a su compañero que era hora de irse, a la distancia se veía el segundo de los relevos acercarse.
"Salgan ahora o nunca." Susurró Mia. "Y gracias por haber ayudado a toda la ciudad."
No lo dudaron dos veces y salieron prácticamente corriendo, Mia cerró la pequeña puerta pero aún se encontraban en el poblado del otro lado de la gran muralla. Kyara saltó sobre el lomo de Ian y desplegó sus alas luminosas, junto con Gridwin salieron volando de allí.
"¿Ya puedo moverme?" Preguntó Elise.
"Estamos fuera de peligro." Contestó Kyara.
Se levantó para poder sentarse cómodamente en la espalda de Gridwin y un pequeño destello rompió el hechizo de ilusión que la había convertido en una mochila. La luna brillaba en lo alto reflejándose sobre la nubes, les quedaba un largo camino hacia las montañas de Altaris.
