Un par de días pasaron desde que dejaron la capital de Dalmasia, pese a las desventuras que tuvieron, decidieron poner buena cara al mal clima y continuar hacia las montañas de Altaris donde podrían cruzar hacia Cervaria. Era inevitable en ocasiones pasar por pequeños poblados y Gridwin aún seguía ofendido con Kyara por haberlo transformado en una grifo hembra con sus ilusiones cuando salieron de la capital.
"Creo que estás exagerando." Dijo Ian. "Ya son casi cuatro días…"
"No sé si te gustaría que hagan eso contigo." Bufó Gridwin.
"Está bien, si me perdonas prometo cambiar a Ian hasta el próximo pueblo." Propuso Kyara.
"Oigan, no me metas en esto."
Antes de que pueda reaccionar fue golpeado por una de las colas de Kyara y en un pequeño -PUF-, Ian se había convertido en una yegua.
"¡AHH!" Chillo al notarlo. "¡Hasta el tono de mi voz es el de una yegua!"
"Y esto no es todo." Agregó Kyara.
Destellando otra de sus colas la hizo golpear sobre su cabeza y ella se transformó en un zorro macho, Elise los observó muy sorprendidas por cómo habían cambiado.
"Eres un zorro muy apuesto Kyara." Dijo.
"Pero esta es una ilusión, en el fondo aún somos nosotros mismos." Explicó. "Vaya, mi voz como zorro es agradable."
El resto de la caminata Gridwin aprovechó para vengarse y burlarse de Ian, inclusive se tomaron un tiempo para entrenar como de costumbre donde recibió una paliza por ello. Ya atardecía y se acercaban a un pequeño poblado con una estación de tren, al parecer había algún tipo de celebración ya que se veían algunos fuegos artificiales en lo alto.
"¿Por qué no nos relajamos y disfrutamos del espectáculo?" Propuso Kyara. "Se ve divertido."
"Pero nada de disfraces." Espetó Gridwin alejándose de Kyara.
Ingresaron al pueblo encontrándose con una completa feria donde vendían toda clase de bocadillos, artesanías y un escenario donde unos músicos se encontraban tocando una muy alegre tonada.
Muchas lobas, yeguas y chicas grifo quedaban fascinadas al ver pasar la apuesta versión masculina de Kyara, en cambio a Ian no le importó verse como una yegua para comer como un cerdo o comportarse de forma masculina.
"Si comes más de esas hamburguesas de avena engordarás." Dijo Gridwin.
Dos potros se acercaron a su mesa, uno de ellos tenía manchas en su pelaje y una circular en su ojo derecho.
"Buenas noches, quería saber si una yegua tan hermosa me concedería una pieza." Ofreció extendiéndole una pezuña.
"Si no quieres que empareje tu otro ojo con un moretón, sabes lo que debes hacer." Replicó Ian metiendo una hamburguesa completa en su boca.
"Oh, vamos… será divertido." Dijo.
"¿¡Así que molestando a una inocente doncella!?" Oyeron a un lado.
Ian se congeló al oír eso, esa voz era demasiado familiar para él. Los dos potros se acercaron a quien había dicho eso e Ian volteó para ver, entre las melenas de ellos veía sobresalir un sombrero de punta.
"La grandiosa y poderosa Trixie tendrá que darles una lección."
"Oh, tú eres esa hermosa yegua del show de antes." Dijo el segundo poni caminando a ella. "Nosotros somos dos y ustedes dos, podemos pasarla bien."
"Mi presencia está completamente desapercibida." Comentó Gridwin.
Ian tragó la hamburguesa casi sin masticar demasiado poniéndose de pié, puso su pezuña derecha en el cuello del poni con manchas cosa que lo hizo sonreír pero sin aviso alguno empujó y realizó un movimiento circular haciéndole besar el suelo con mucha fuerza.
"Si le pones un casco encima no seré tan blando…" Dijo Ian poniéndose entre Trixie y el potro.
"Yegua tonta, ¿quién te crees que eres?"
Sintió que dos garras lo sujetaban a los lados de su cuello, al elevar la mirada vió dos grandes alas y un pico sobre él.
"La señorita no quiere bailar contigo." Dijo Gridwin aleteando sobre él.
Giró rápidamente arrojándolo sobre el otro potro que apenas se encontraba levantándose del suelo, ambos los observaron y se dieron a la fuga del lugar sin intentar nada más.
"Iré a ver por dónde anda Elise, con idiotas como esos uno nunca sabe…" Comentó Gridwin volando del lugar.
"Sí que sabes cuando retirarte…" Dijo Ian en voz baja al verlo irse.
"Heh… no hacía falta que me ayudes…" Dijo Trixie de forma altanera. "Yo iba a librarte de esos bravucones."
"¿Es que algún día dejarás de ser tan engreída y orgullosa?" Preguntó Ian.
"¿¡Disculpa!?" Preguntó Trixie muy ofendida. "¿Quién te crees que eres para llamar a la grandiosa y poderosa Trixie de esa manera?
Por unos instantes Ian estuvo a punto de replicarle eso pero luego recordó que aún se encontraba bajo el disfraz de Kyara, ante sus ojos era una yegua que nunca había visto.
Sin decir nada más bufó dándole la espalda, su capa ondeó y acomodó el sombrero lista para retirarse del lugar.
"T-Trixie…" Dijo Ian intentando detenerla.
"Que tengas buenas noches." Dijo para luego retirarse.
Nuevamente olvidó que estaba disfrazado de yegua por lo que decidió buscar a Kyara para que le quite el hechizo. Comenzó a recorrer el lugar que se encontraba abarrotado, muchos disfrutaban de los juegos, la música y la comida.
En medio de la pista de baile pudo divisar una de las colas de Kyara por lo que se acercó, varias yeguas, lobas y otras chicas tomaban turnos para bailar con ella o en ese momento, él.
"Te estuve buscando por todos lados…" Dijo Ian acercándose a ella.
"Oye lindura, espera tu turno." Espetó una grifo.
"Pero…"
"Es cierto, todas queremos bailar con Ian." Agregó una ciervo.
El verdadero Ian sintió un escalofrío al oír eso, simplemente clavó sus enfadados ojos en los de Kyara indicándole con la mirada que necesitaba hablar con ella.
"D-disculpen un momento señoritas, mi compañera de viaje Kyara necesita de mi ayuda." Dijo alejándose del grupo.
Salieron de la pista de baile dando la vuelta al escenario, Ian verificó que no los siguieran en absoluto para poder hablar a solas.
"¿Te pusiste mi nombre?" Preguntó indignado Ian. "¿¡En serio!?"
"Necesitaba un nombre de chico rápidamente… no es mi culpa." Excusó Kyara.
"Necesito que me quites la ilusión… tú quédate como zorro un poco más si quieres." Dijo Ian dando un profundo suspiro.
Lo observó fijo por unos instantes y sonriendo levemente lo tocó con una de sus colas, tras el mismo sonido de PUF volvió a la normalidad. Se inspeccionó para tener la certeza de que era él mismo, una de las colas de Kyara se enroscó y allí apareció algo que parecía un espejo reflejándolo.
"Hazme un favor." Dijo Kyara. "Esa llama arde con más intensidad que las otras, no te quemes."
Tras inspeccionarse en el reflejo mágico que Kyara le había proporcionado, Ian dió media vuelta para buscar a Trixie, ella tan solo sonrió volviendo a la pista de baile donde las demás chicas la esperaban para divertirse.
Corrió entre la multitud buscándola con la mirada, le era prácticamente imposible encontrar un lugar escondido donde usar su hechizo de localización ya que siempre encontraba alguna pareja en intimidad.
Saliendo del foco de la celebración encontró un carruaje con el techo similar a una casa, una ventana y en un pequeño cartel pintada la Cutie Mark de Trixie. En uno de los extremos tenía los amarres que usaba posiblemente para empujarlo, así que subió la pequeña escalinata hacia la entrada y golpeó la puerta.
Tras unos instantes la parte de arriba de la puerta se abrió y salió a ver quién la llamaba, al verlo a Ian parado frente a ella realizó un grito ahogado y cerró de golpe.
"Trixie, abre la puerta." Dijo Ian volviendo a golpear. "Quiero charlar contigo."
"¡Ve-vete… no quiero… no puedo verte…!" Contestó desde el otro lado de la puerta.
"Trixie, no sabes lo preocupado que estaba por tí." Dijo Ian apoyando su pata en la puerta.
No hubo respuesta alguna, no tenía idea de por qué ella no quería verlo pero desde su reencuentro en Canterlot que lo ha evitado todo el tiempo. Observó a ambos lados para ver si alguien andaba cerca y de un destello se transportó al interior del carro.
Al aparecer justo al otro lado de la puerta vió a Trixie acostada en una pequeña cama al extremo, no había notado que ingresó pero al dar el primer paso para acercarse su casco sonó en la madera.
"C-cómo… ¿Cómo entraste?" Cuestionó completamente sorprendida. "Cerré la puerta."
"¿Por qué me evitas?"
"Siempre a tu sombra, tú fuiste quien me protegió en cada ocasión." Dijo a punto de llorar. "Les hacía creer a los demás que tú era mi ayudante pero…" Agregó ya con lágrimas cayendo de sus ojos. "Cuando desapareciste un gran vacío y culpa se apoderaron de mí."
"Lo sé…" Dijo Ian acercándose lentamente a ella.
"Hice cosas terribles, lastimé a tus amigas… a tu nueva familia…" Continuó diciendo en llanto. "N-no soy digna… no soy digna de verte a los ojos."
Ian se acercaba lentamente a Trixie que no paraba de llorar, sentada en el borde de la cama con su mirada al suelo de madera. Por fuera aún se oía a la distancia la celebración y los fuegos artificiales.
"Usé la magia que tú me diste para lastimar a otros… y en mi sed de poder usé magia negra." Agregó. "Casi consume mi corazón… yo solo te traigo dolor."
Al levantar la mirada al frente vio a Ian observándola directo a los ojos, casi sin expresión en su rostro y sin decir palabra alguna. Las lágrimas aún corrían por su mejilla cayendo al suelo hasta que repentinamente Ian se acercó besándola sin previo aviso.
Perdió todas sus fuerzas en un instante así como la capacidad de seguir llorando. Luego del beso, Ian la abrazó cálidamente envolviéndola entre sus patas delanteras.
"No llores más, eso me causa dolor." Susurró al oído de Trixie.
No podía pensar o reaccionar, perdió todas sus fuerzas ante la calidez con la que Ian la abrazaba. Cerró sus ojos apoyando su cabeza sobre el cuello de Ian, dejando caer unas últimas lágrimas.
El sol salía en el horizonte, el rocío de la mañana humedecía el césped y empañaba las ventanas, Ian abrió la puerta de la pequeña casa rodante estirando sus pezuñas delanteras hacia el cielo, despezándose y tronando su cuello.
La noche anterior Trixie había quedado dormida sobre su hombro así que decidió quedarse a su lado, volteó simplemente para verla bajarse de la pequeña cama mientras se frotaba uno de los ojos con su pezuña.
"Buenos días." Dijo Ian con una sonrisa.
Trixie aún algo dormida y con su crin y cola completamente revueltas se acercó, su expresión era algo seria e intentaba ordenar su cabeza. Por su parte, Ian volteó hacia ella completamente lleno de energías.
"¿Quieres ir a desayunar?" Propuso. "Iré a buscar a mis amigos e iremos todos juntos, será divertido."
"No…" Dijo tajantemente y con su mirada aún perdida.
"Oh… entonces qué te parece si…"
"¡NO!" Exclamó Interrumpiendo a Ian. "No iremos… ya no más…"
"¿A qué te refieres?" Preguntó Ian.
"Decidí seguir mi camino… sola." Contestó. "No quiero causarte dolor, yo… no merezco estar a tu lado."
"Vamos… pu-puedes venir conmigo, están mis amigos, te agradarán y…"
"Adios Ian, fue un gusto… haberte amado." Dijo Trixie sonriendo con los ojos cerrados.
Ya atardecía, el sol se asentaba en una nevadas montañas que se apreciaban a lo lejos. Ian se encontraba sentado bajo un árbol en la cima de una pequeña montaña observando un camino que se dirigía al sur, hacia la capital.
"Ian.. ¿estás bien?" Preguntó Gridwin acercándose. "Hace rato que estás observando la nada."
"S-si… solo estoy algo cansado." Contestó viendo un pequeño carro con forma de choza avanzando por ese camino.
"En el próximo pueblo nos tomaremos uno o dos días para descansar y continuar con nuestro viaje a Concordia." Propuso Gridwin.
"S-sí…" Respondió Ian levantándose para seguirlo.
Kyara caminó sentándose en el mismo lugar donde se encontraba Ian unos momentos antes, volteó para observarlo caminar junto a Gridwin y luego dirigió su mirada a aquel pequeño carro que se alejaba poco a poco. Expresaba una total seriedad mientras que sus cuatro colas ondeaban casi de la misma forma que lo hace un gato enfadado.
No tardó en anochecer, en la pequeña choza con ruedas Trixie dormía en su pequeña cama. Dentro de sus sueños, caminaba en un lugar completamente oscuro, tan sólo se oía el eco de sus cascos a cada paso que daba.
Se sentía perdida al no poder nada de lo que tenía delante hasta que su nariz chocó con algo duro, casi sobre ella se encendió una gran llama sobre un pilar, esta era de color castaño. Aquella habitación se encontraba vacía, allí había otros pilares con unas muy diminutas llamas
"¿Q-qué es esto?" Preguntó.
"Bienvenida… a tu corazón." Oyó una voz. "Al parecer no estaba preparado para que una llama arda como lo hace esta."
Trixie volvió a oír esa voz pasar a su lado, por detrás del pilar apareció una criatura de pelaje blanco y cuatro colas. Avanzó posicionándose frente a aquella llama, la tomó con una de sus patas provocando que Trixie sienta algo estremecerse en ella.
"Y por lo que parece, ha aumentado de tamaño recientemente…" Agregó Kyara observándola de reojo.
"¿Q-qué es eso?" Preguntó Trixie. "¿Quién eres tú?"
"Sabes, soy una zorra que siempre gusta divertirse, ayudar y pasarla bien." Dijo Kyara observando la llama en su pata. "Pero cuando aparecen idiotas como tú es algo que me hace hervir la sangre." Agregó clavando su mirada en Trixie. "Lastimando a mis amigos."
"¿Es por esos dos potros del otro día?" Preguntó Trixie algo asustada.
"Ha, ha, ha… eres más incrédula de lo que pensaba." Dijo Kyara cambiando a un tono más serio. "Nadie le rompe el corazón a uno de mis amigos…"
Al decir eso cerró los dedos de su pata y la llama estalló frente a los ojos de Trixie, instantáneamente esto le causó un gran dolor en su pecho.
"Tu llama en su corazón ardía más que las otras y tú decidiste extinguirla." Dijo Kyara dándole la espalda. "Ahora tú tendrás que vivir con la misma quemadura, que nunca volverá a encenderse."
Kyara comenzó a alejarse de allí desapareciendo lentamente en la oscuridad, el lugar dejaba de estar iluminado mientras que Trixie se encontraba en el suelo.
"Yo… ¡Lo siento!" Sollozó. "¡Lo siento tanto!" Agregó ya en llanto.
"Es tarde… es muy tarde…" Dijo Kyara y desapareciendo.
Trixie quedó allí en esa habitación llorando con fuerza por el dolor en su corazón mientras que poco a poco se volvía más oscuro, la única llama que la iluminaba había sido extinta por ella misma y su egoísmo.
