Un pueblo al pie de las montañas de Altaris es muy popular porque allí existen una termas naturales capaces de curarlo casi todo, según los relatos de los lugareños y aquellos que las visitaban.

"Siempre quise visitar Villa Nieve." Dijo Gridwin. "Pero estos lugares turísticos siempre estuvieron prohibidos para mi…"

"Aquí podremos descansar nuestros cuerpos." Dijo Kyara enroscando una de sus patas en el cuello de Ian. "Así como nuestros corazones."

"¡En marcha!" Exclamó Elise muy eufórica.

Aún no había comenzado la temporada de nevadas pero el nombre de Villa Nieve lo obtuvo al ser un lugar hermoso en invierno, La presencia de ciervos y venados era mayor al estar cerca de la frontera con Cervaria, también se podían encontrar ponis y grifos al igual que los lobos.

Como era costumbre, Ian enviaba una carta desde la oficina de correos mientras que el resto recorría el pueblo. Al reencontrarse con los demás en un pequeño bar, decidían en qué hacer con el resto del viaje.

"¿A qué posada iremos?" Preguntó Elise. "Seguramente mis escamas quedarán bien brillantes."

"No sabemos con cuantos bits contamos, hemos gastado más de lo esperado y el grupo original se ha duplicado." Dijo Ian.

Un ciervo con un pequeño delantal negro se acercó a servirles una pequeña taza de café a cada uno de ellos, dejándoles en la mesa una boleta. Elise al probar un poco simplemente lo dejó en la mesa por ser amargo y Kyara disfrutaba de un nuevo sabor.

"Veinte bits." Dijo Gridwin metiendo su garra en un bolsillo del bolso. "Eh, no tengo nada, ¿podrías pagar tú Ian?"

"Un segundo…. yo pensé que a ti te quedaba algo de dinero…" Preguntó Ian algo nervioso.

Sus miradas llenas de temor indicaban que se encontraban en un serio predicamento, se les había terminado el dinero y no tenían idea de cómo pagarían la cuenta.

"La última." Dijo Elise.

Ambos voltearon hacia ella al oírla viendo que tenía una pequeña gema entre sus garras, un segundo antes de que la mordiera, Gridwin se la quitó para resguardarla.

"¡Ey!" Chilló. "¿Por qué me quitas mi última gema?"

"¿Con esto será suficiente para pagar la cuenta?" Preguntó dándosela al mozo.

"¡Por supuesto!" Respondió tomándola y guardándola en el bolsillo de su delantal.

Dio media vuelta retirándose del lugar, mientras que Kyara terminaba de disfrutar su café, Elise mordisqueaba una de las alas de Gridwin en total ira por haberle quitado su último bocadillo.

"Eso dolió…" Decía Gridwin mientras acomodaba las plumas de su ala con el pico.

Llegada la tarde, no tenían idea de qué hacer, tal vez continuar con su viaje era una opción pero debían al menos comprar algunas provisiones. Gridwin seguía acomodando y limpiando sus plumas, por su parte, Ian fué a dar una vuelta para ver qué se le ocurría.

Llegando a una esquina un poni corría tirando de un pesado carruaje lleno de barriles, al doblar súbitamente, uno de ellos se desprendió rodando y golpeando a un lobo algo mayor de edad que caminaba por la acera. Muchos gritaban y pedían por un médico al ver lo que pasó, al acercarse lo vio tirado en el suelo con el barril sobre una de sus patas traseras, al parecer era pesado pero nadie se atrevía a moverlo.

"Ahggg… creo que me fracturó la pata…" Exclamó.

El poni que acarreaba el carruaje quitó sus amarres y se acercó para intentar ayudar, aquel lobo era mayor de edad y las canas de su pelaje, barba y bigote lo hacían notar.

"Cada barril pesa más de setenta kilos…" Dijo.

"Si nadie perdió la vida no hay nada que lamentar." Dijo Ian tocando el barril de lado. "Gravity hole." Susurró.

Tomó el barril con una de sus patas haciéndolo hacia atrás casi sin problemas, aquellos que se encontraban alrededor de él lo observaron con la boca abierta. Puso su pata sobre la del lobo y un pequeño destello apareció en su pezuña durante unos instantes.

"¿Cree poder pararse?" Preguntó Ian. "Por suerte sus huesos son fuertes."

El lobo se puso de pié dando unos pequeños pisotones en el suelo, apenas le dolía y la herida parecía ser superficial. Aquel poni quedó pidiéndole disculpas por su imprudencia, Ian aprovechó esa distracción y dio media vuelta retirándose de allí sin decir palabra alguna.

Aún pensaba en qué harían para poder continuar con su viaje, tal vez sería necesario ingresar a las ruinas ubicadas en las montañas para hacerse de algunas gemas u objeto exótico que puedan vender por unos bits

"¿Se te ocurrió algo?" Preguntó Gridwin al verlo llegar.

"Ya no tenemos más dinero…" Suspiró Ian.

"¿Lo que significa que no podremos siquiera comprar comida para el viaje?" Preguntó Kyara.

"Ya tendremos otra oportunidad de volver y disfrutar de las aguas termales." Comentó Gridwin resignado.

"No tenemos más opción que ingresar en…"

"¡Espera!" Oyó Ian por detrás de él.

Al voltear vio a aquel lobo con bigote y una pequeña barba que había ayudado antes, se encontraba algo agitado pero se acercó trotando hacia él.

"T-tú me ayudaste antes… y no pude darte las gracias." Dijo realizando una reverencia.

"Tan solo lo ayudé a levantarse, no fué la gran cosa." Contestó Ian.

"He entrenado por muchos años, conozco muy bien mi cuerpo y sé perfectamente que ese barril fracturó mi pierna." Dijo el lobo. "Usaste alguna clase de magia curativa en mi, sentí el flujo, pero no veo que tengas cuerno."

"Es que…"

"Es un unicornio al que se le rompió el cuerno hace muchos años." Interrumpió Kyara a Ian antes de que invente una excusa poco creíble.

"Usted… señorita, es una zorro astral…" Dijo el lobo sorprendido. "¡Oh! Perdón por no haberme presentado, mi nombre es Shingo, un gusto."

Aquel lobo llamado Shingo insistió en que debía agradecer por haberlo ayudado, pese a la negativa de Ian fue empujado por sus compañeros. Fueron guiados por un pequeño sendero que ascendía y se alejaban un poco del pueblo, en la cima de una pequeña colina veían una gran casa.

"Bienvenidos a mi posada." Dijo.

"Wow, ¿eres el dueño de eso?" Preguntó Elise.

"Si, no pude evitar oír que no les quedaba dinero y que no tenían dónde quedarse." Contestó. "Así que les ofrezco pasar una noche en mi posada."

Ingresaron por la puerta y fueron recibidos por una loba, todo se veía muy bonito y algo lujoso. No tenían idea de cuanto les habría costado hospedarse esa noche allí, se designaron dos cuartos, uno para las chicas y uno para los chicos.

"Ian, ¿qué hiciste para que nos permita quedarnos?" Preguntó Gridwin.

"Usé un poco de magia curativa en él, pero no pensé que podría sentirla." Contestó. "Me parece algo extraño."

"No es extraño." Dijo Shingo parado entre ellos.

"Ah, ¿de dónde saliste?" Exclamó Gridwin extendiendo ambas alas.

"Para empezar tu flujo es lo extraño aquí… tienes dos auras en tu cuerpo." Dijo Shingo a Ian ignorando por completo a Gridwin.

"Espera un segundo, ¿tú puedes sentir las presencias de otros?" Preguntó Ian.

"Por supuesto, fue gracias a eso que pude encontrarte fácilmente." Contestó Shingo.

"Yo utilizo un hechizo para amplificar esa percepción, pero al oirte me doy cuenta que me falta mucho." Comentó Ian.

"Siento ser un mal tercio aquí pero creo que iré a darme un baño en las termas." Bufó Gridwin tomando una toalla.

Salió de la habitación en dirección a las termas, al parecer no había muchos huéspedes allí. En el hall principal se encontraba sentada una poni que tenía una libreta de anotaciones, un tapado violeta la cubría casi por completo, su sombrero apenas ocultaba su crin color gris y en su rostro unas gafas rojas de marco grueso.

Pasó observándola de lado y ella dejó de realizar sus anotaciones clavando sus ojos en él a través de las gafas.

"¡Te encontré Gridwin!"

Elise saltó sobre él tomándolo por sorpresa, subió sobre su espalda poniendo sus piernas por debajo de las alas.

"Nos dirigimos a las aguas termales." Dijo Kyara. "¿Quieres venir con nosotras?"

"Lo siento pero las aguas no son mixtas." Dijo una loba acercándose.

"No seas tan dura con ellos, querida." Comentó Shingo poniéndose a su lado.

"Hay que seguir las reglas." Espetó con un tono severo.

"Si mi amor…" Respondió Shingo agachando la cabeza.

Dio media vuelta escoltando a las chicas a las aguas termales, Ian apareció por detrás de ellos observando a Shingo tras tal escena al igual que Gridwin. Ya en las termas, para los chicos, Ian recostó todo su cuerpo en el agua apoyando su mentón al borde, completamente relajado. Gridwin tan solo lavaba sus alas a un lado con un poco de shampoo.

"Ahh… esto si que es un baño del Japón." Comentó Ian en total señal de relax.

"¿Qué es un Japón?" Preguntó Gridwin.

"Un país del lugar donde nací." Contestó Ian notando que Shingo andaba cerca.

"¡Oh! notaste mi presencia fácilmente." Dijo Shingo sentado junto a Gridwin.

"¡Deja de hacer eso!" Exclamó Gridwin. "Algún día mataras a alguien del susto."

"Si crees que con oir nuestras conversaciones puedes obtener algo de información…" Replicó Ian.

"No se preocupen, soy bueno guardando secretos." Comentó Shingo. "Como el hecho que su amiga dragona es buscada por el emperador."

Al sentir un escalofrío por tales palabras, Ian se levantó súbitamente pero comenzó a sentirse mareado. Gridwin por su parte extendió sus enjabonadas alas poniéndose en guardia.

"¿Q-qué me has hecho?" Preguntó Ian volviendo a sumergirse al agua por el mareo.

"Te encuentras con agua caliente hasta el cuello, con el cuerpo relajado y te levantas de repente..." Contesto Shingo. "Es algo normal que sientas mareos."

"¿Qué quieres de nosotros?" Preguntó Gridwin.

"Es muy claro que ambos se encuentran en un viaje de entrenamiento." Contestó Shingo. "Yo necesito personal y ustedes necesitan hospedaje, comida y dinero." Agregó. "Creo que podemos llegar a un pequeño trato."

No tenían muchas opciones ante tal propuesta, era demasiado generosa y daba lugar a la duda. Por el momento sabían que debían aceptar por la seguridad de Elise y el hecho de que Gridwin también era intensamente buscado por los tres reinos.

Al volver a las habitaciones encontraron a Kyara hablando con aquella yegua de antes con su tapado violeta, ambas se encontraban muy animadas charlando. Elise ayudaba a la esposa de Shingo cargando unas pequeñas toallas, al parecer no tenían mucho de qué preocuparse.

"Querida, dijeron que ayudarían en el inicio de temporada." Dijo Shingo.

"Sus amigas están de acuerdo también." Comentó. "Mi nombre es Lin, es un gusto tenerlos como ayuda."


Los primeros días de arduo trabajo fueron para preparar la temporada de invierno, la montaña se convertía en un lugar donde muchos turistas de diferentes lugares venían a divertirse en la nieve.

Elise ayudaba en aquellas tareas que tengan que ver con fuego o calor gracias a su resistencia, Kyara junto con Lin se encargaban de llevar la organización del lugar así como recibir a los huéspedes.

"Ian, Peco… ustedes limpiarán este pasillo." Ordenó Shingo. "Y está prohibido volar o usar magia alguna."

Sus labores del día ya estaban asignadas, ellos tenían casi siempre las labores más difíciles como la limpieza, cargar cosas grandes o pesadas.
"Ya pasaron cuatro días y aún no hemos comenzado a entrenar." Bufó Gridwin mientras acomodaba un trapo en el suelo.

"Esto me recuerda a una película…" Comentó Ian entre risas. "Aprender el arte del combate en la limpieza…"

"Deja de decir tonterías… ¿cómo se supone que vamos a mejorar nuestras habilidades encerando el suelo?"

"Creo que debería enseñarte a controlar tu cuerpo primero." Dijo sombríamente Shingo parado junto a Gridwin.

Después del susto recibido, notó que se encontraba frotando el suelo usando la punta de sus garras y había rayado completamente la madera. Esa tarde comenzó el verdadero entrenamiento para los dos.

El entrenamiento físico consistía en correr por varios senderos de las montañas cargando mucho peso, concentración y percepción de los sentidos agudizándolos sin utilizar la vista y por ultimo combate.

Gridwin saltó con su garra derecha listo para dar un zarpazo al frente, Shingo tan solo gritó para eludirlo y usó una de sus patas delanteras golpeandole el cuello. Esto lo desestabilizó provocando que caiga de pico al suelo.

"Ahora tú." Dijo Shingo retrayendo su pata delantera en señal de que ataque.

Ian dudó por unos instantes, lo observó pensando cual sería la mejor forma de atacar. Preparó sus patas para realizar un intento pero al intentar impulsarse, Shingo se encontraba frente a él y con mucha fuerza le propinó un puñetazo en medio del rostro haciéndolo retroceder y caer sentado completamente aturdido.

"No dudes, solo ataca, tienes que sentir los movimientos del otro." Regañó.

Se agachó repentinamente y la garra derecha de Gridwin pasó por sobre él, estiró su parte trasera del cuerpo hacia arriba atrapando en su estómago entre sus piernas, giró impulsado con las delanteras y las bajó repentinamente contra el suelo enterrando el pico de Gridwin nuevamente en la tierra.

"Y tú para ser mitad león haces demasiado ruido al moverte." Reprochó a Gridwin. "Hace ya tiempo que salió la luna, creo que será mejor descansar por hoy y tienes prohibido usar tu magia curativa joven Ian."

"¿C-cómo es que alguien tan habilidoso… fue atropellado por un simple barril?" Preguntó Gridwin.

"Simple, me distraje observando el hermoso pelaje de una joven loba…"

Después de un doloroso baño gracias a los moretones por los golpes recibidos, ambos tan solo descansaban en sus camas sin deseo alguno de moverse.

"Ow… no entiendo, solo porque lo curaste el nos ofreció tanto…" Dijo Gridwin.

"No lo sé… pero por algún motivo siento como si lo conociera de antes." Comentó Ian frotándose el hocico.

Todo marchaba demasiado bien de momento, tenían comida y techo además de estar siendo entrenados por alguien con mucha experiencia. Pero en el fondo sentían que era demasiado bueno para ser cierto.