Las nevadas no se hicieron esperar, atrás quedó el otoño y tanto el pueblo como las montañas se tiñeron de un hermoso tono blanco. El sol brillaba en lo alto pero tan solo hacía brillar la nieve como si se tratara de un mar de estrellas en la tierra.
Los copos danzaban aquellos días en que nevaba y los huéspedes en la posada se encontraban activos lo que significaba más trabajo para todos. Esa tarde después del entrenamiento con Shingo, Ian caminaba por uno de los pasillos, notó que en el patio se encontraba una pareja de ponis, abrazados con sus alas caminando a la luz de la luna.
Por algún motivo quedó allí observándolos, sabía que no debía hacerlo pero recordó las palabras de Trixie por unos instantes.
"Esos ojos." Dijo Lin observándolo directamente.
"S-señora Lin… lo siento… quedé pensando en algo tonto."
"No creo que sea tonto, tus ojos son los de un poni con el corazón roto." Comentó Lin observando también a esa pareja sentados de espaldas a ellos. "El rechazo duele pero es más fácil sobreponerse que una pérdida, derrama un par de lágrimas para desahogar tu corazón y luego continúa con tu camino."
Por algún motivo las palabras de Lin lo hicieron sentirse mejor, estaba en lo cierto, le dolió mucho el pecho pero debía seguir con su objetivo ya que otros esperan su regreso.
"Por cierto, aún me resulta extraño la forma en que su esposo nos ha ayudado."
"No hace falta una razón para ayudar a otros." Respondió Lin a eso. "Así como tú no tuviste razón para sanar la pierna de mi marido."
"Creo que es verdad… pero..."
"¿Pero sabes? en algunas ocasiones puede haber más." Agregó interrumpiendo a Ian.
Algo confundido por tales palabras, salió al pasillo central donde se veían a muchos turistas. Algunos preparándose para retirarse, otros iban a disfrutar de las actividades que el pueblo brindaba en la noche y se encontraban quienes apenas arribaron.
Al día siguiente, Gridwin e Ian fueron llevados a las montañas, un bosque cubierto de nieve sería su lugar de entrenamiento esa tarde.
Ambos sentados bajo un pino debían mantener los ojos cerrados intentando percibir todo lo que sucedía a su alrededor, la fría brisa movía sus cabellos o plumas, los sonidos de los árboles e inclusive Shingo correteando alrededor de ellos.
"Recuerden, nuestros cuerpos emiten energía, es como las ondas en el agua y nos permite sentir lo que sucede en nuestro entorno." Dijo Shingo. "Al igual que el sonido o los olores que puedan percibir, complementan nuestros sentidos. No dependan sólo de la vista."
Sacudió una pequeña rama provocando que se desprenda la nieve, Gridwin se hizo a un lado y esta cayó justamente donde él se encontraba.
"También, en nuestras auras se reflejan los sentimientos, se pueden sentir los deseos fluir en ellas." Comentó parándose frente a Ian. "Aún les falta mucho por aprender pero con las lecciones que les he dado, será suficiente para poder continuar con su viaje."
Ambos abrieron los ojos viendo a Shingo recostado frente a ellos, su pelaje se mezclaba con la nieve haciéndolo muy difícil de ver tan sólo con los ojos. EL entrenamiento fue duro y continuaron con varias sesiones de combate, cuando apenas atardecía decidieron que era hora de regresar.
"Creo que después de varias semanas aquí habrán notado una mejora en sus cuerpos." Dijo Shingo. "Para empezar ya no duelen tanto los golpes y su habilidad ha aumentado." Agregó. "Ian es muy bueno en ataque frontal y Gridwin, tú has demostrado habilidad con las armas."
"De verdad me siento muy feliz." Dijo Gridwin.
"Es cierto, pero no sé cómo podremos agradecerles su ayuda a usted y su esposa." Agregó Ian.
"Tengo una nieta de tu edad, ella aprendió todo de mí cuando apenas era una cachorrita." Dijo Shingo entre risas. "Supongo que fué un poco de ese instinto de abuelo lo que les enseñó."
"Si no le molesta, iré volando a la posada, la señora Lin dijo que necesitaba de mi ayuda en la tarde." Comentó Gridwin alzando vuelo.
Lo vieron irse volando y desaparecer entre los árboles, Ian regresaba tranquilamente junto a Shingo por el sendero nevado.
"Ian, haz magia." Dijo Shingo.
"¿Qué no hemos terminado el entrenamiento?"
"Quisiera ver algo."
Un círculo mágico apareció debajo de sus cuatro patas, pese a que no entendía la orden del maestro Shingo desplegó sus alas mágicas. Shingo tan sólo lo obserbava de forma amaítica.
"Ambas auras han aumentado." Dijo. "Eres muy curioso para ser un poni terrestre."
"Tal y como le dijimos antes, soy un…"
"Ya no hay necesidad de mentiras, eres un poni terrestre que puede hacer magia." Interrumpió Shingo. "No tienes cutie mark y hay algo más, cuando te conocí te movías de forma algo extraña, como si aún no pudieras controlar de forma natural algunas acciones de tu cuerpo."
Intentó aparentar pese a que todo lo que decía eran verdades, pasó caminando a su lado haciéndole señas de que lo siga. Volvieron a seguir su paso descendiendo, las primeras estrellas apenas brillaban en el firmamento.
"El aura corporal sale de nuestra energía vital, pero esta segunda aura nace de tu interior fusionándose con la exterior." Explicó. "Es fascinante la sensación ya que cambia según como hagas magia."
Oyendo toda la explicación acerca del aura y las percepciones, Ian caminaba junto Shingo bajando de la montaña poco a poco hasta que llegaron a la posada. Vieron a Gridwin limpiando la nieve del techo mientras que la señora Lin le daba indicaciones desde abajo.
"Querido, mañana vendrá nuestra querida Jazmín."
"¡Oh!" Exclamó Shingo. "Esas son buenas noticias."
"Es la primera vez que tenemos a alguien que puede volar para ayudarnos en el techo." Dijo Lin observando a Gridwin trabajar.
"Mi querida Lin mantendrá ocupado a su majestad por un buen rato." Comentó Shingo ingresando a la posada.
Deteniéndose de golpe ante esas palabras, Ian volteó rápidamente hacia Shingo, eso era lo último que esperaba oír de él. Haciéndole más señas de que lo siguiera ingresaron, dentro le mostró un sobre que disponía de un sello rojo.
Al abrirlo sacó una carta que se encontraba doblada allí dejándola en la pata a Ian, él la miró aún muy confundido pero la abrió para leer el contenido.
Querido Shingo:
Sé que hace mucho tiempo que no les he escrito o siquiera pasado por Villa Nieve para visitarlos, pero hay un gran favor que quisiera pedirles a tí y tu esposa Lin.
Dos pequeños que son muy importantes para mí se encuentran de viaje con el objetivo crecer y hacerse fuertes, son un joven poni terrestre sin cutie mark llamado Ian y su compañero es el príncipe Gridwin.
Si llegan a aparecer por Villa Nieve y tienen algún tipo de problema, quisiera pedirles encarecidamente que los ayuden en lo que puedan.
Atentamente Amanda.
Por unos instantes su cerebro se detuvo, parecía haber procesado una información no admitida y debía reiniciarse. Shingo tan sólo tomó la carta y volvió a guardarla.
"¿S-supo todo este tiempo de Gridwin?" Preguntó Ian.
"Si..." Respondió. "Le debo unos cuantos favores a doña Amanda."
"¿Por qué no nos dijo nada?"
"Cuando me dijeron que se llamaba Peco supuse que no deseaban que su identidad sea descubierta." Contestó. "Además no esperaba que viajen con un zorro astral y una dragona bebé." Agregó. "Su grupo no solo es interesante sino que demuestra cuánto han progresado los dos."
Esas palabras lo hicieron sentirse bien, en el fondo fue muy agradable que no los trataran de forma preferencial. observó por la ventana y se veían las luces el pueblo, todo blanco pero de apoco comenzó a verse llamas y mucho humo.
"¿Un incendio?" Preguntó Shingo al verlo.
"Iré a ver." Propuso Ian. "Tal vez necesiten ayuda."
"No uses magia en el pueblo, lamentablemente estas cosas suelen pasar en invierno por culpa de las chimeneas." Comentó Shingo al verlo irse.
Salió de la posada enroscando una pequeña bufanda a su cuello, ya era de noche y los huéspedes se encontraban dentro, al descender por el sendero rápidamente notó que algo no estaba del todo bien. Muchos de los habitantes corrían hacia las colinas y se los notaba asustados, poniéndose frente a un lobo de pelaje marrón logró detenerlo.
"E-espera, ¿qué está sucediendo?" Preguntó Ian. "¿Es por el incendio?"
"¡Huye si no quieres que te coman!"
Sin entender mucho lo que dijo lo dejó ir, avanzó hacia dentro del pueblo teniendo una extraña sensación que no sabía de donde provenía. Dentro de una casa se oyeron unos gritos de auxilio, inmediatamente ingresó encontrando a una familia contra una esquina y una extraña criatura transparente frente a ellos.
Ese monstruo parecía estar hecho de agua, parado en dos patas y sus largos brazos a los lados, en el pecho había una esfera líquida color rojo que se diferenciaba notoriamente del resto del cuerpo.
De dicha esfera salían unas delgadas líneas que recorrían las extremidades y estas se ramificaban en su camino para desaparecer tras unos instantes, parecía estar latiendo como si fuera un corazón.
"E-Electro Spark." Recitó Ian apuntando con su pezuña
Una esfera eléctrica salió despedida de él, impactó de lleno en la criatura pero esta tan solo destelló unas chispas por unos instantes. Abrió los ojos bien grandes de la sorpresa, la criatura no se había siquiera inmutado ante tal ataque, que normalmente aturdiría a cualquiera, siguió avanzando hacia la familia con la extremidad que parecía un brazo extendida hacia ellos como si Ian nunca hubiera estado allí.
"¡No les harás nada!" Exclamó. "Wind Slash." Recitó abanicando su pezuña.
Una ráfaga de viento cortante se generó seccionando aquella especie de brazo del monstruo, este cayó salpicando unas pequeñas gotas que se veían babosas disolviéndose entre las maderas. Un brazo nuevo le creció recibiendo una línea roja de la esfera que tenía en el centro y comenzó a moverlo nuevamente, parecía regenerarse pero se volvió más delgado tras esa acción.
"N-no… ¿qué es esa cosa?" Cuestionó Ian tras ver todo eso.
Concentró más magia en sus dos pezuñas delanteras, las elevó y luego dio un fuerte pisotón recitando "Blizzard Attack". Una delgada línea de hielo avanzó por el suelo pero al tocar al monstruo lo congeló por completo.
"¡Huyan, no es seguro!" Ordenó Ian.
La familia salió corriendo a su lado, Ian tan sólo volteó para escapar también pero la delgada trama de hielo que había generado había atrapado su pata trasera derecha. No entendía por qué pero al observar hacia abajo notó que aquella línea roja corría por allí tocándolo, derritiendo todo el hielo, el monstruo se convirtió en una esfera babosa que saltó sobre Ian cubriéndolo por completo.
