Shingo y Wirlog tan solo se miraban a los ojos, sin realizar ningún tipo de movimiento. Ian apenas terminaba de aplicarse un poco de magia curativa en el pecho cuando oyó el nombre de quien tenía enfrente. Se sorprendió mucho e intentó retroceder instintivamente pero sus patas se encontraban completamente paralizadas, por unos instantes su mente se puso en blanco.
"Ian, vete… pongan a salvo al joven venado." Ordenó Shingo.
Sus piernas no respondían y sentía que le temblaban, comenzó a recordar lo que había sucedido en el balcón del ayuntamiento, cómo Wirlog lo dejó al borde de la muerte y el intenso dolor que sufrió.
"¡Ian!" Exclamó Jazmín con el venado sobre su lomo.
Tras el grito reaccionó sacudiendo su cabeza, aún algo asustado la observó asentando con su cabeza y ambos emprendieron la huida. Shingo detuvo a Wirlog parándose frente a él y así asegurar el escape de Ian y su nieta.
"Heh, así que quieres enfrentarme…" Dijo Wirlog.
"Yo lucho para proteger, tú lo haces para destruir." Replicó Shingo. "Ahora que mi nieta no está aquí no tengo por qué contenerme."
Ambos se lanzaron hacia el frente dispuestos a atacar, Wirlog con su hacha lista, mientras que Shingo disponía ambas patas delanteras preparadas para el impacto.
Ian simplemente corría detrás de Jazmín, no podía pensar en nada más que el maestro Shingo quedó atrás enfrentando a ese peligroso Grifo. Chocó repentinamente contra el lado de Jazmín que lo observaba con un tono muy serio.
"¿Qué sucedió allí atrás?" Preguntó. "Estábamos luchando juntos pero cuando oíste su nombre tu cuerpo se paralizó."
"N-no lo sé…" Respondió Ian aún nervioso.
"¿Alguna vez oíste sobre ciertas criaturas que pueden oler o sentir el miedo?"
"S-sí…"
"Pude notar cómo tu cuerpo se inundó en miedo, ¿Acaso conoces a ese grifo?" Preguntó Jazmín.
"E-él me dejó al borde de la muerte hace más o menos un año…" Respondió Ian.
El joven ciervo comenzó a reaccionar lentamente sobre el lomo de Jazmin, debían dejarlo en un lugar seguro antes de volver a ayudar a Shingo.
"No hay razón para sentir vergüenza, vamos a la posada." Propuso Jazmín.
Gridwin volaba a altura media cargando a Elise en su espalda mientras que Kyara saltaba entre los techos de los edificios, buscaban indicios de alguien que necesite ayuda pero no había prácticamente nadie más en el pueblo. Se detuvo repentinamente al ver que alguien cargaba a un ciervo en una calle en dirección a la posada.
"¡Oigan, ahí está Ian!" Exclamó al verlo.
Gridwin viró para seguirlos y aterrizó frente a la loba con sus alas extendidas hacia arriba.
"Por fin te encon…"
No terminó de decir su frase cuando recibió un fuerte golpe con la garra de Jazmin en su pico provocando que pierda el equilibrio, retrocedió tambaleándose y cayó sentado causando que Elise rodara por su espalda y también caiga al suelo.
"¡Ahg! ¿¡Por qué siempre soy quien recibe los golpes!?" Bufó Gridwin frotándose el pico.
"¿Ah?" Expresó Jazmín al ver esa reacción. "¿Quiénes son ustedes?"
"Son amigos míos…" Contestó Ian.
"Oh, así que ustedes son quienes han estado ayudando a mis abuelos con la posada, ¿Verdad?" Consultó Jazmín.
Kyara descendió del techo para reunirse con el resto, Elise de forma algo aparatosa intentó ponerse de pié mientras que el ciervo ya empezaba a gimotear un poco más.
"Ian, vimos unos monstruos babosos." Comentó Kyara. "Al parecer su punto débil es una extraña esfera roja."
"Ya lo sabemos." Replicó Jazmín
"Oye, ¿quién eres tú?" Preguntó algo enfadado Gridwin.
"Oh, siento haberte golpeado así… es que un grifo nos estuvo atacando." Replicó Jazmín. "Mi nombre es Jazmín, soy la nieta de Lin y Shingo."
"Bueno, nosotros somos…"
"Lo sé." Interrumpió Jazmín a Kyara. "Tu nombre es Kyara, una zorro astral; la pequeña dragon es Elise; Ian es el potrillo detrás mío y tú debes ser el príncipe Gridwin…"
No sabían como reaccionar ante cómo Jazmín sabía de ellos, inclusive conocía la verdadera identidad de Gridwin. Kyara tan sólo sonrió ante sus palabras enroscando una de sus patas alrededor del cuello de Jazmín y tomando al ciervo con la magia de sus colas.
"¿Qué tal si me dejas a este ciervo a mi y ustedes ayudan al resto?" Propuso Kyara.
"Tenemos que volver con mi abuelo, está peleando contra ese grifo."
"No me digas que…"
"Si, es aquel que causó la enfermedad en la capital." Interrumpió Ian a Elise.
"No hace falta que vengas, ayuda a la señorita Kyara." Comentó Jazmín a Ian.
"N-no, iré a enfrentarlo…"
"Uh… vi a ese grifo liberar esos monstruos…" Oyeron débilmente.
Aquella voz no era de ninguno de ellos, elevaron sus cabezas al ciervo que levitaba por la magia de Kyara, se encontraba con los ojos entreabiertos observándolos a todos. Kyara lo hizo descender hasta el suelo donde se recostó.
"¿Estás bien?" Preguntó Jazmín examinándolo.
"L-liberó cinco… uno me atacó a mi…" Dijo.
"Ya derrotamos a dos." Comentó Ian.
"Y nosotros tres, pero alguien misterioso se escapó llevándose consigo dos de esas esferas carmesí." Agregó Kyara.
"Wirlog los llamó Cristales de Vermillion." Dijo Ian.
"¡¿WIRLOG!?" Exclamó Gridwin.
Una pared cayó hecha pedazos, los ladrillos se esparcieron por doquier y Shingo salió de entre el humo y polvo con un kunai en su boca. Wirlog retrajo nuevamente su hacha e impulsándose con sus alas se lanzó hacia Shingo, él dio medio giro en el lugar y se arrojó al suelo boca arriba viendo pasar el hacha de lado sobre su cabeza.
Desde abajo usó sus cuatro patas para golpear a Wirlog en el pecho y estómago provocando que pierda el equilibrio, ambos ya se encontraban agotados pero ninguno daba marcha atrás.
"Desde que eras un polluelo nunca supiste rendirte." Comentó Shingo saltando sobre una gran caja. "Pero veo que te has rendido a tus propios principios y honor."
"Tú eres quien se ha rendido." Replicó Wirlog. "Depusiste tu espíritu guerrero para ser un simple anciano."
"Junto con Lanceor pensamos que dejarías de ser un adicto las batallas cuando te casaste con la pequeña Amanda." Shingo Shingo esquivando un nuevo ataque con el hacha. "Ella era la única que podía calmar tu corazón."
"¡Por esa razón decidí liberarme!"
Con mucha cólera en el tono de su voz, Wirlog clavó su hacha de punta en el suelo con el mango hacia arriba y usándolo para impulsarse en él, propinó una patada con sus patas traseras en Shingo que no se esperaba tal movimiento. Fue arrojado varios metros hacia atrás pero en el aire alcanzó a lanzar dos kunais, uno se clavó en el ala izquierda de Wirlog hiriéndolo y la segunda rebotó contra la protección metálica en una de sus garras delanteras.
"Ya no hay nada ni nadie que me ate…"
"No eres el Wirlog con quién he compartido aventuras, risas y lágrimas." Lamentó Shingo frotándose donde había sido golpeado. "No tengo más remedio que acabar con el sufrimiento de Amanda y tu hija."
En su estómago tenía marcas de garras, apenas caían unas pequeñas gotas de sangre por su pelaje, a los lados de sus patas traseras disponía de unos pequeños estuches donde guardaba tres kunais de cada lado pero tan sólo le quedaba uno.
Aparentemente aquel kunai que había clavado el ala de Wirlog generó una herida grande ya que de sus plumas también goteaba sangre.
Ambos se lanzaron a combatir una vez más, sus movimientos eran rápidos y pese al gran tamaño del hacha de Wirlog, podía blandirla casi sin ningún problema.
"Haces que me duela el pecho Wirlog." Comentó Shingo tras esquivar el hacha impulsándose sobre el mango de la misma. "Compartimos tantas aventuras y ahora abandonas nuestra estrecha amistad tan sólo por codicia y poder."
"Yo avanzo, a diferencia de Lanceor, Amanda y tú que decidieron convertirse en simples aldeanos." Replicó Wirlog lanzando a Shingo contra una pared.
"Yo decidí vivir pacíficamente sin olvidar lo vivido, y transmitir mis conocimientos a las nuevas generaciones." Respondió Shingo a ello mientras usaba sus cuatro patas para amortizar el golpe contra la pared. "No vivimos por siempre y hay que guiar a los jóvenes para que no cometan los errores que tú estás cometiendo."
Se cruzaron nuevamente tras intentar atacar sin éxito, en el suelo había muchas gotas de la sangre de ambos y sus heridas se hacían notar tanto en pelaje y plumaje respectivamente.
Wirlog volvió a lanzar un ataque horizontal con su hacha pero shingo se agachó por anticipado para esquivarlo, aprovechando eso giró el mando y lo golpeó de lado como si de una raqueta de tenis se tratara. No sólo se levantó algo de la tierra del suelo, sino que lo arrojó con mucha fuerza contra un farol de iluminación golpeándolo con la espalda de lado, doblando su cuerpo hacia atrás y cayendo al suelo prácticamente inmóvil.
"¡Abuelo!" Exclamó Jazmin al ver esa escena.
En el aire con sus alas extendidas y el hacia hacia arriba, Wirlog se encontraba cayendo con sus dos garras sujetando firmemente su arma para acertar un letal ataque vertical.
