Las estrellas brillaban radiantemente en el firmamento, por algún motivo aquella agradable imagen hacía olvidar los malos momentos. Ya se encontraba algo cansado y su vista era un poco borrosa, acostado en el suelo mientras las observaba, sintió cómo algo se asomaba por arriba de él.

"¡Wirlog!" Exclamó. "¿Hasta cuándo vas a holgazanear?"

Parpadeó dos veces levantando su cabeza del césped, a su lado había una grifo sentada y por detrás de ella se veía una pequeña fogata iluminando la noche.

"Amanda, no seas tan dura con nuestro pollito."

"A quien le dices pollito, ¿Lanceor?" Bufó Wirlog.

"Pues al pollito que suele dormir su siestecita." Respondió.

"Dime eso a la cara…"

Wirlog se levantó pasando junto a Amanda y posicionándose frente a Lanceor Shieldon, lo observó directo a los ojos prácticamente desafiándolo.

"Lo siento, por más que quiera hacerlo no puedo." Replicó Lanceor. "Tu pico estorba."

Wirlog tan sólo rió una vez cerrando los ojos y sin mediar palabra alguna se lanzó tacleando a Lanceor al suelo, ambos se encontraban forcejeando y riendo mientras se decían cosas como "Te haré tragar esas palabras" o "Te falta mucho para vencerme". Amanda golpeó parte de su rostro con su garra dando un profundo suspiro de resignación al ver que no podía detenerlos.

"A-alto por favor, pueden quemarse con la fogata…"

Se oyó tímidamente a un lado pero los dos aún luchaban por ver quién terminaba en el suelo sin poder moverse.

"¡Ya basta ustedes dos!" Ordenó una segunda voz con mucha fuerza y autoridad. "¿¡Qué no oyeron el pedido de la princesa!?"

Los dos se detuvieron súbitamente al oír esa orden, la punta del ala derecha de Wirlog quedó metida entre las brasas de la fogata y comenzó a quemarse lentamente.

"¡Ah, no!" Chilló revolcándose intentando sofocar las llamas.

Varios segundos duró el espectáculo que Wirlog les daba, tras apagar su ala derecha, quedó boca abajo viendo una garra posándose frente a él. Elevó su vista viendo a una joven grifo con una pequeña corona dorada observándolo fijo.

"¿E-está bien señor Wirlog?"

"Su majesta… ¡AH!"

Amanda aprovechó la distracción de Wirlog arrojándose sobre él haciéndolo chillar, Lanceor se agachó frente a ella y comenzó a contar hasta tres y luego elevó con su pezuña la garra derecha de Amanda que terminó sentada sobre la espalda de Wirlog.

"¡Y la ganadora es Amanda!" Proclamó Lanceor.

"Griselda, no tienes que preocuparte de un idiota de este tamaño." Dijo a la princesa. "Como verás, hasta yo puedo derrotarlo."

"De acuerdo, terminó la fiesta…" Dijo un lobo quitando a Amanda de sobre Wirlog.

"Comandante Shingo, no hay por qué ser un aguafiestas." Dijo.

"Tal vez usted sea la doncella de la princesa Griselda y su mejor amiga." Replicó. "Pero estos dos holgazanes se encuentran bajo mi mando y deben mantener la investidura de la Guardia unida, fuimos elegidos de entre las guardias de Equestria, Griffonia y Dalmasia para escoltar a su majestad a su muy importante encuentro."
Al día siguiente, Lanceor Shieldon tiraba del discreto carruaje elegido para la ocasión. La princesa Griselda debía encontrarse con una familia de nobles de Griffonia que poseían tierras cerca de la frontera con Dalmasia, todo iba con demasiada tranquilidad.

Los tres guardias selectos no debían portar armadura o insignias relativas a la realeza, al igual que Amanda y la princesa. Los prados por donde transitaban disponían de hermosas flores que brillaban a la luz del sol y unas pequeñas aves volaban en lo alto.

"Esto es muy aburrido." Comentó Wirlog alzando vuelo.

"Debo admitir que estoy de acuerdo contigo..." Comentó Lanceor Shieldon.

"¿No les alegra saber que viajan con las dos más hermosas grifos de todo Griffonia?" Preguntó Amanda asomándose por una ventanilla.

"No sabía que su majestad Griselda valía por dos." Comentó Gridwin sobrevolando el carruaje.

"Oye, ¿cómo te atreves?" Bufó Amanda saliendo por completo del carruaje.

Extendió sus alas y comenzó a perseguir a Wirlog por el aire, desde tierra Shingo tan sólo dio un suspiro de hartazgo y resignación por esos dos.

"Dejen de pelear que pueden lastimarse." Pidió Griselda asomándose por la ventanilla también.

"Con un poco de suerte, tal vez esos dos pasen del odio al amor…" Comentó Lanceor deteniéndose frente a Shingo.

"No te preocupes, tenemos programado llegar cerca del mediodía." Comentó Shingo. "Ya podrán terminar de pelearse esos dos allí."

Ambos grifos revoloteaban sobre la pequeña caravana, Amanda hacía todos sus esfuerzos para atrapar a Wirlog mientras que él solo reía. Lentamente una sombra comenzó a hacerse cada vez más grande sobre el carruaje y luego apareció una segunda detrás de ellos, cuando Shingo elevó su mirada al cielo, dos dragones de mediano tamaño aterrizaron sobre el carruaje donde se encontraba Griselda y otro a un lado.

"Ustedes llevan gemas…" Dijo aquel que se encontraba sobre el carruaje. "Dénoslas y prometo que no los lastimaremos."

"Ha-hace días que no comemos na-nada… creo que un grifo podría saciar m-mi hambre." Comentó el segundo metiendo su cabeza por la ventanilla del carruaje.

"Por favor caballeros…" Pidió Shingo acercándose a ellos. "No hay necesidad de precipitarse a un potencial conflicto, así que les pido dejen en paz a la dama." Agregó pasando su pata delantera derecha por sobre su cabeza y rascarse."

"S-si no tienen gemas… me la comeré ro-rostizada ahora mi-mismo." Dijo aquel que observaba a Griselda mientras que pequeñas llamaradas salían de su nariz y a los lados de sus dientes.

"Oye tonto, ¿qué tienes en tu cuello?" Preguntó el más grande observando a su compañero.

Acercó una de sus garras quitando un kunai incrustado entre sus escamas, lo observó fijo y luego dirigió su mirada a Shingo quien tan sólo sonrió a los tajantes ojos del dragón.

"Rayos, sus escamas ya están bien fortalecidas… esto será difícil…"

"¡Griselda!" Exclamó Wirlog desde la altura.

De su espalda sacó una gran espada cuya hoja era ancha, la sujetó con una garra cayendo en línea recta hacia el dragón que se encontraba sobre el carruaje. Al verlo, preparó en su boca un potente ataque de fuego.

Exhaló un potente lanzallamas hacia Wirlog pero al verlo aproximarse sujetó su espada con ambas garras, poniendo la hoja de la espada de lado y bloqueó la potente llamarada mientras continuaba su descenso.

Las puntas de sus plumas comenzaban a arder y su espada se tornó roja. Abanicó de lado disipando las llamas y se precipitó con una estocada.


El sol se ponía en el horizonte, llamas por doquier, las copas de un par de árboles también ardían y el carruaje se encontraba completamente destruido e incendiándose. En el suelo yacían los dos dragones y sus escamas se encontraban esparcidas por doquier.

"¿Estamos todos vivos?" Preguntó Lanceor con su lanza sostenida con magia.

"¡Griselda!" Exclamó Amanda dándole un abrazo. "No tienes idea lo preocupada que estaba."

"E-estoy bien, si Wirlog no me hubiera salvado." Respondió.

"¿Y dónde está ese bruto?" Preguntó Amanda.

A varios metros de allí vieron su espada completamente curvada por las intensas llamas, Wirlog se encontraba boca abajo con los ojos cerrados y sus alas extendidas a los lados. La princesa corrió hacia él muy preocupada y al alcanzarlo tomó su cabeza de los lados suavemente con sus garras.

"¡Wirlog, no te mueras!" Exclamó.

"E-estoy bien..." Respondió con sus ojos cerrados.

"Creo que hace falta algo más que dos dragones para matarte." Comentó Lanceor Shieldon acercándose.

"Lanceor, ven aquí… Necesito de tu magia." Pidió Shingo que se encontraba junto al carruaje.

Se dirigió a ayudarle puesto que podía mover objetos con su magia aunque se encuentren en llamas sin sufrir de quemaduras, Wirlog con algo de esfuerzo se sentó con algo de esfuerzo mientras que Amanda se burlaba de él y Griselda tan sólo reía.

"Eres un bruto, si no los hubieras atacado de esa manera tal vez el carruaje estaría completo."

"Su majestad se encontraba en peligro, ¿Qué más podía hacer?" Excusó.

"Tienes plumas en lugar de cerebro." Se burló Amanda. "Solo míra como quedaron tus alas por recibir esas llamas directamente."

"Si las hubiera esquivado… tú habrías recibido ese ataque… tonta."

Amanda cerró el pico y se sonrojó muy sorprendida, siempre se burlaba de Wirlog pero en esa ocasión no disponía de palabra alguna para refutar eso.

"L-lo bueno es saber que ninguno resultó herido." Dijo Griselda.

Por detrás de ellos uno de los dos dragones despertó, abrió levemente su boca generando una bola de fuego. Wirlog lo notó e instantáneamente abrazó a Amanda y Griselda extendiendo sus alas a los lados para cubrirlas, recibió la potente llamarada quemando sus plumas y pelaje por completo.

Al oír el grito de dolor de Wirlog, Lanceor y Shingo se lanzaron hacia el dragón. Una barrera mágica generada por Lanceor envolvió a las chicas y Wirlog mientras que Shingo lanzó una esfera a la boca del dragón que luego estalló.


Llegaron a la mansión de los nobles un poco más tarde de lo previsto, alrededor de la gran mansión había un pequeño poblado con una estación de tren. Allí Wirlog recibió atención médica de forma inmediata mientras que el resto del grupo fue a ver al noble.

"Mi señor Winsail, he venido a verlo tal y como lo había solicitado." Dijo Griselda haciendo una reverencia ante él.

"Oh, mi querida Griselda… eres más hermosa de lo que imaginaba." Dijo poniendo uno de sus dedos debajo del pico. "Pero no te ves nada elegante, ¿acaso querías mostrarme tu forma natural?"

"Mi señor, fuimos atacados por dragones y el carruaje fue completamente carbonizado." Dijo Shingo realizando una reverencia. "Uno de los guardias de escolta resultó gravemente herido."

"Cumplió con su trabajo, pero es una bendición saber que la hermosura de Griselda no resultó siquiera dañada." Comentó Winsail volviéndola a ver a los ojos.

"Tal vez sea vegetariano pero tengo muchos deseos de rostizar a este pollo pedante…" Dijo Lanceor entre dientes.

"Cálmate, él es uno de los cinco nobles más poderosos de todo Griffonia." Susurró Amanda. "Como el linaje real restante es solo Griselda, los reyes decidieron que debía casarse con uno de los nobles que sea capaz de dirigir el reino."

La noche había llegado con total normalidad, el resto del día Winsail lo pasó sin despegarse de Griselda, mostrándole sus riquezas, sus tierras y su propia belleza. Amanda se dirigió a donde se encontraba Wirlog, lo encontró sentado observando por una ventana con sus alas y espalda completamente vedados, apenas una o dos plumas quemadas sobresalían por entre ellas.

"Y-ya… ¿Ya te sientes mejor?" Preguntó Amanda con algo de temor. "U-un bruto como tú tal vez no siente dolor." Agregó. "Si sufriera menos de la mitad de esas quemaduras, yo estaría gritando y quejándome como…"

"Tú te la pasas quejándote." Interrumpió Wirlog. "Y nunca había sentido un dolor como este en mi vida."

"Vaya, lo estás tomando con mucha... calma."

La puerta se abrió de par en par e ingresó Griselda trotando, se lanzó sobre Wirlog sin medir las consecuencias, él tan solo comenzó a retorcerse del dolor, sin siquiera poder mover sus vendadas alas y evitando lo más posible gritar.

"Me tenías muy preocupada, por fin pude librarme de ese pollo vanidoso." Dijo Griselda.

"Su majestad, creo que sería conveniente soltarlo." Dijo Amanda.

"Oh." Expresó soltando a Wirlog que se encontraba tenso. "L-lo siento."

"¿Qué piensas de todo esto?" Preguntó Amanda.

"Es un matrimonio arreglado por conveniencia, es mi deber como la princesa aceptarlo." Respondió.

"Oh, aquí estabas mi hermosa Griselda." Dijo Winsail ingresando. "Ven a cenar con nosotros, tus sirvientes podrán comer algo más tarde." Agregó llevándosela de la habitación.

"I-iré a preparar un poco de té, te ayudará a sentirte mejor." Propuso Amanda.

Tras varios minutos Amanda volvía con una pequeña bandeja cargando dos tazas de té, un pequeño frasco con miel y otro con crema. En el camino fue interceptada por Shingo quien le dio un pequeño paquete con hierbas, al ingresar a la habitación Wirlog seguía observando por la ventana por lo que Amanda puso esas hierbas en la taza de té tal y como le había dicho Shingo.

"E-esto te ayudará a calmarte." Dijo dándole la taza.

Bebió lentamente sin quitar su mirada de la ventana, las luces del pequeño poblado parecían estrellas que se esparcían por aquel valle.

"¿Qué piensas de Winsail?" Preguntó Amanda.

"Que es un pollito mimado, incapaz de ser rey."

"¿Acaso tú serías un mejor rey?" Preguntó nuevamente Amanda.

"No lo sé… pero Griselda no merece esto."

"¿Y qué piensas de mí?"

"Eres una grifo ruidosa y molesta." Respondió Wirlog.

"¡Ey!"

"Pero pese a eso, eres muy hermosa…" Agregó. "Un segundo… ¿Por qué estoy diciendo cosas que no debería?"

El tiempo pasó y los meses transcurrieron uno detrás de otros, la gran boda entre Winsail y la princesa Griselda se efectuó mientras que Wirlog decidió emprender un viaje para recuperar el plumaje de sus alas.

"Dicen que existe una tribu de cebras cuyas posiciones pueden curarlo casi todo." Dijo Wirlog empacando sus cosas.

Disponía de una faja que cubría y protegía sus alas, apenas podían verse unos pequeños pelos en su lomo quemado.

"¿Por cuánto tiempo piensas irte?" Preguntó Amanda.

"No lo sé, pero cuando recupere mis fuerzas volveré para poder proteger a Griselda." Dijo. "Y demostrarle a Winsail que es un rey cobarde."

"En ese caso necesitarás alguien que te proteja."

Al voltear encontró a Lanceor Shieldon en la entrada de su casa, no llevaba su armadura y a su lado se encontraba una unicornio de pelaje blanco y cabellos dorados e ingresando detrás de ellos apareció Shingo.

"Solicitamos un tiempo especial de entrenamiento para poder ayudarte." Dijo Shingo. "Somos un equipo después de todo."

"Tal vez sea divertido, yo también voy." Propuso Amanda.

"No necesito la ayuda de dos viejos como ustedes." Bufó Wirlog.

"No tienes tus alas en condiciones, no puedes portar una armadura por el estado de tu pelaje ¿y dices que no nos necesitas?" Cuestionó Shingo. "Dejaré de cuestionarte el día que seas capaz de derrotarme."


El farol se encontraba en el suelo completamente destruido, había sido cortado en diagonal cerca de la base y pequeñas chispas salían. Wirlog levantó su gran hacha de la que goteaba sangre.

Jazmín no podía moverse, tan sólo miraba a su abuelo en el suelo y a Wirlog sacudir su hacha, doblando a la esquina llegó Ian seguido por Gridwin quienes se detuvieron repentinamente al ver la escena.

Extendió sus alas al cielo y de un potente aleteo se retiró del lugar, solo copos de nieve caían en la oscuridad y el silencio fue inundado por el llanto y dolor de Jazmín.