"... que su legado sea recordado por sus seres queridos con alegría y su espíritu vuelva al flujo de la vida…"
Un ciervo terminó de recitar cerrando un pequeño libro al pié de una tumba, Lin lloraba mientras era abrazada por Jazmín y sus padres. Al otro lado de la misma se encontraban Ian, Kyara, Gridwin y Elise observando a la familia.
Otros habitantes del pueblo se encontraban allí también para darle la última despedida a Shingo. Ian sentía como si tuviera un nudo en su garganta pero al ver la expresión de Gridwin no pudo evitar inclinar su cabeza al suelo, se encontraba devastado ya que al parecer no se encontraba acostumbrado a esa clase de situaciones.
"Gridwin…" Dijo Kyara abrazándolo. "Va a estar bien, todos lo extrañaremos, no habría deseado que derrames esas lágrimas."
Tras la ceremonia de entierro regresaban a la posada en total silencio, Kyara los observaba y decidió subirse a la espalda de Ian.
"Vamos, el señor Shingo no le habría gustado verlos así."
"Ya basta Kyara, deja de querer animarnos en un momento como este." Espetó Gridwin. "Admito que siempre estás alegre y llena de energía... pero no es el momento."
Kyara bajó del lomo de Ian sentándose a un lado del camino observando todo muy afligida, el resto siguió su camino hasta que la señora Lin la abrazo y animó a seguir adelante.
"Si no les dices, nunca lo sabrán." Susurro Lin a Kyara.
Ella asentó con la cabeza aún algo triste y continuó su camino junto a la señora Lin, le llamó la atención que pese a la pérdida que tuvo aún mantenía la compostura de esa manera para consolarla y alentar que siga adelante con el resto.
Llegaron a la posada, se se encontraba completamente vacía y tan sólo la luz del sol ingresaba por las ventanas iluminando ténuemente el hall. El padre de Jazmín dio un suspiro viendo todo alrededor y luego sonrió a su hija.
"Cuando papá era parte de la guardia, me sentía preparado para algo como esto…" Dijo. "Pero cuando se retiró y decidió vivir pacíficamente creo que era lo menos esperado."
"L-lo siento tanto…" Dijo Ian. "Yo, me acobarde…"
"No querido." Replicó Lin.
"Saben, de donde vengo leí en un libro una frase que decía 'Un gran poder conlleva una gran responsabilidad'." Comentó Ian. "Pero pese a tener el poder… fui un irresponsable al abandonar al señor Shingo."
"No hace falta culparte, te había dicho que el miedo no es razón de vergüenza." Acotó Jazmín.
"¡Tú misma lo viste, tengo mucho poder!" Exclamó Ian desplegando sus alas mágicas y un círculo debajo de sus pezuñas. "Miren, al igual que ese grifo maldito yo también tengo el poder de quitar vidas… ya lo hice una vez." Agregó mientras unas lágrimas corrían por sus mejillas.
"Entonces úsalo para hacer el bien, para proteger a otros." Replicó Lin. "Wirlog utiliza su poder para el mal... pero como siempre pasa, alguien llegará a enfrentarlo y será más poderoso." Agregó. "Es el destino de todos aquellos que hacen sufrir a otros… siempre son derrotados."
No sentía la necesidad de decir nada más, Lin era alguien a quien nunca pudo refutar nada. La mañana transcurrió en total silencio y la temporada había quedado cancelada por las reparaciones del pueblo, ya no recibirían más huéspedes.
"¿Están seguros que desean marcharse hoy?" Preguntó Jazmín.
"La temporada de invierno no llegará a su fin por estos incidentes." Dijo Ian. "Seríamos tan sólo una carga…"
"En ese caso háganse fuertes." Ordenó Lin. "Cumplan sus objetivos y no se estanquen aquí, eso es lo que mi Shingo hubiera deseado."
"Saben, desearía acompañarlos y buscar a ese grifo para vengarme..." Comentó Jazmín. "Pero mi abuelo siempre decía que el odio solo alimenta el sentimiento en otros."
"Lo entendemos." Comentó Gridwin.
"Su majestad…" Dijo Lin acomodando la bufanda a Gridwin. "Aún hace frío afuera… y, sería un honor que nos visiten de nuevo en el futuro."
Esa tarde transitaron por un pequeño sendero que ascendía entre la cadena de montañas y se dirigía hacia Namira, el primer pueblo dentro de Cervaria. Sabían que debían recorrer muchos kilómetros y lo hacían en completo silencio, ninguno se atrevía a decir palabra alguna después de todo lo vivido.
Jazmín prometió que los encontraría en Concordia luego de prestar ayuda en las reparaciones de su pueblo natal, al parecer tenía deseos de vengarse pero no quiso expresarlo frente a su familia.
"¡Sí que hace frío!" Exclamó Kyara.
No recibió respuesta alguna, todos seguían su paso firme al frente, tenían suerte de que ese día casi no soplaba el viento o no había nevada.
"E-Elise, si quieres puedes dormir acurrucada entre mis colas, así tus escamas no se llenan de escarcha en la mañana." Comentó Kyara.
No le contestó algo al respecto pero Elise tan sólo volteó a mirarla a los ojos e intentó forzar una sonrisa, poco a poco recorrían las montañas y la noche no se hizo esperar. Al atardecer acamparon en una pequeña cueva donde Elise encendió una fogata con sus llamas.
"De acuerdo, ¿quien quiere contar una historia?" Preguntó Kyara. "Las noches de invierno suelen ser largas…"
"No estoy de humor…" Contestó Gridwin metiendo su pico debajo de un ala para acomodarse las plumas.
"No hay nada que parezca peligroso en la cercanía…" Comentó Ian con un círculo mágico en su pezuña.
"¿Podrías contarme algo sobre tu magia?" Preguntó Kyara. "A decir verdad me intriga un poco ya que casi nunca la usas."
"Tal vez otro día, estoy algo cansado…"
"Oh… ¡ah! Elise, ¿quieres que durmamos juntas?"
"Estoy bien, tengo una manta gruesa que me dio la señora Lin." Respondió. "Además… sé que puedes meterte en mis sueños así que al menos esta noche…"
"E-entiendo, la próxima vez será." Interrumpió Kyara.
Ian apoyó la cabeza sobre su mochila para usarla como almohada, Gridwin seguía acomodándose las plumas y quitando aquellas que se encontraban sueltas y Elise se acurrucó en la manta.
"Entiendo que esto es duro para todos pero debemos seguir adelante."
"Kyara, no quiero sonar grosero pero esto no es algo fácil de olvidar." Bufó Gridwin.
"Al menos ustedes pueden olvidar."
"¿Qué?" Preguntó Ian levantando su cabeza.
"Muchos piensan que mi habilidad es algo bueno; conveniente…" Dijo Kyara observando el suelo. "Pero para mi es una maldición, no solo memorizo libros, textos o fórmulas con tan sólo leerlos una vez… todas las experiencias quedan en mi memoria y cualquier cosa que me haga recordarlas, se sienten como si lo hubiera vivido hace unos instantes."
"N-nunca pensé en ello…" Comentó Ian casi sin saber qué decir.
"Momentos tristes, incómodos o dolorosos… todos vuelven a mi mente en un instante y en algunas ocasiones si cierro los ojos los siento a la perfección." Agregó con sus ojos brillando por las lágrimas. "Los zorros astrales somos longevos, estoy segura que los veré envejecer y eventualmente morir… eso me entristece, por esa razón siempre trato de estar feliz y animada. Ya que mientras menos recuerdos tristes tenga, mejor será recordar."
"De hecho sentía un poco de envidia por esa habilidad tuya." Dijo Gridwin. "Pero que ahora sé con detalle cómo es, no creo querer tenerla."
"Kyara, esta bien, esta noche dormiré contigo." Comentó Elise al verla triste. "Además, los dragones también vivimos muchos años, seremos amigas por siempre."
"¿N-no me digas que te hice recordar cosas malas?" Preguntó Gridwin.
"Por supuesto… ¡cerebro de paloma!" Espetó Kyara secándose las lágrimas con sus patas.
"Es cierto, si continuamos tristes nos cansaremos más rápido." Dijo Ian. "Es mejor recordar los buenos momentos… como aquella vez que caíste en el baño de las chicas Gridwin."
"Eso fue porque el señor Shingo me pidió que limpie las ventanas…"
"A un grifo que nunca había limpiado nada en su vida…" Comentó Elise.
"¡Ey!"
Una tras otra las historias de situaciones divertidas comenzaron a surgir, cada uno de ellos tenía varias para contar llegando a casi la medianoche cuando lograron quedar dormidos.
"¿Iremos a las puertas de Altaris?" Preguntó Kyara muy animada.
"No, si esas ruinas tienen runas es mejor evitarlas." Contestó Ian. "Las trampas y los guardianes son muchos más peligrosos de lo que supones."
"Doy fé de ello." Acotó Gridwin.
"Pero podría haber gemas." Comentó Elise. "Eso nos ahorraría muchos bits."
"Prefiero usar el dinero que ganamos en gemas antes que en vendajes o medicina." Replicó Ian.
"Si mal no recuerdo... tú tienes magia curativa." Dijo Kyara picando el lomo de ian con la punta de una de sus colas.
"¡Por supuesto que lo recuerdas! pero solo es útil en heridas." Bufo Ian. "No pude curar enfermedades, veneno o infecciones."
"Tendrías que habernos dado las condiciones de uso desde un principio." Comentó Gridwin.
A Ian le causó un poco de gracia eso y continuó con su paso. Transitando por un camino a la ladera de una montaña se pudo divisar que debajo de ellos se encontraba un grupo algo extraño.
"Allí hay varios ponis y unos gatos de diferentes tamaños." Enumeró Elise.
"Lo vemos con claridad, pero algo no esta bien." Comentó Gridwin. "Hay un poni solo y retrocediendo sin darles la espalda"
"Es porque está siendo atacado." Acotó Ian. "Tenemos que ayudar."
"El tapado púrpura y el sombrero gris claro que lleva puesto, esa yegua se hospedó en la posada." Comentó Kyara.
Tras oír eso, Ian saltó por la nevada ladera, antes de tocar la nieve con sus pezuñas una placa de hielo se formó debajo de ellas utilizándola para deslizarse.
Las chicas se subieron al lomo de Gridwin que de un potente aleteo despegó para luego descender planeando.
"¡Ahora recuerdo que no sé esquiar!" Exclamó Ian mientras perdía el control de la placa de hielo
Comenzó a girar sin control hasta que la placa de hielo golpeó una pequeña roca que sobresalía, causando que se rompa en pedazos. Ian salió despedido con mucha fuerza dando vueltas sin control en el aire.
La yegua retrocedía mientras era acorralada hasta que por detrás de ella, salió un tigre de pelaje blanco de la nieve. Brincó con sus garras al frente pero en el aire fue golpeado por Ian que cayó sin control.
"Esta pelea tiene una clara desventaja." Dijo Gridwin aterrizando frente a la yegua.
"¡Ah!" Chilló Ian saliendo de entre la nieve. "¿¡Por qué ese erizo azul lo hacía parecer tan fácil!?"
"Ya se encuentra a salvo señorita Yearling." Dijo Kyara preparando las puntas de sus colas.
Elise saltó de la espalda de Gridwin lanzando dos bolas de fuego de su boca que derritieron la nieve generando un ligero vapor, tomando ventaja de ello, Gridwin atacó a uno de los ponis golpeándolo de lado con su garra y arrojandolo contra dos de los felinos que se encontraban allí.
Ian saltó sobre el lomo de Gridwin y desde el aire extendió su pezuña derecha con un círculo mágico en el casco, recitando "Chilling Spikes", Aquel vapor que Elise había generado se condensó formando una barrera de hielo con púas apuntando a sus adversarios y encerrándolos dentro de ellas.
"Es hora de huir." Propuso Gridwin.
Elise saltó nuevamente al lomo de Gridwin, Ian por su parte desplegó sus alas luminosas y Kyara trepó en su espalda. Dando un salto, Gridwin tomó con sus garras de los lados a la poni y todos salieron volando del lugar dejando a los persecutores encerrados en el hielo.
"Oigan, tenía todo controlado." Exclamó Yearling.
"¿Tanto como para no ver un ataque por la espalda?" Preguntó Ian.
"Ese tigre blanco se había perdido de mi vista unos minutos antes." Respondió. "Supuse que aprovecharía de de su pelaje mimetizándose con la nieve y así realizar un ataque por la espalda."
"Muy inteligente." Felicitó Gridwin. "Pero eso no quita el hecho de que se encontraba en desventaja."
"Es por estas cosas que odio cuando se entrometen en mis asuntos." Bufó Yearling.
Comenzó a forcejear entre las garras de Gridwin haciendo que la suelte, el tapado se extendió a los lados y desplegó unas alas con las que comenzó a volar.
"¿E-eres una pegaso?"
"Por cierto señorita A.K. Yearling…"
"Un segundo, ¿tú eres A.K Yearling!?" Interrumpió Gridwin a Kyara. "Oh, oh… soy un gran admirador de sus libros."
"Yo también." Agregó Elise.
"Lo siento pero como le había dicho antes, sus libros no están en la biblioteca del templo." Comentó Kyara. "Los leeré cuando los consiga."
"Disculpen mi ignorancia… ¿pero se supone que es famosa?" Preguntó Ian.
"Es la autora de Daring Do, la aventurera más intrépida y valiente de todo el mundo." Respondió Gridwin.
"No sé por qué siento que estoy teniendo un Déjà vu." Dijo Ian con algo de irritación.
Gridwin volvió a voltear hacia su nueva compañera de vuelo pero no la vió más junto al grupo, buscó en todas direcciones hasta que notó el tapado púrpura descendiendo entre las montañas. Sin pensar al respecto descendió en búsqueda de A.K. Yearling.
Al descender, Yearling puso un cobertor en su pezuña y la metió en un pequeño bolso buscando algo dentro.
"A-antes de que se retire, quisiera pedirle un autógrafo." Dijo Gridwin descendiendo.
Sin prestarle nada de atención sacó del pequeño bolso una esfera carmesí que comenzó a brillar, ella la observó unos instantes pero una rápida ráfaga pasó destruyéndola frente a sus ojos. Realizó un grito ahogado y al elevar su mirada pudo ver a Ian que descendía con un círculo mágico en su pezuña y apuntando directo a ella.
"No muevas un cabello o pluma." Espetó. "¿Dónde obtuviste ese cristal de Vermillion?"
