He tenido esta idea loca soñando. No sé ni cómo saldrá ni cuántos capítulos tendrá, pero espero acabarla. Enjoy
Disclaimer: Nada me pertenece, blablabla, solo la historia es mía. Este aviso vale exactamente igual para todos los capítulos, así que me voy a ahorrar volver a escribirlo.
Hermione Granger cursaba el inicio de su sexto año en Hogwarts particularmente preocupada, principalmente porque su mejor amigo no se había dignado a aparecer aun en el banquete de apertura del año escolar, y Ron Weasley, que sí se había dignado y estaba a punto de devorar la segunda bandeja de pollo, parecía demasiado ocupado lamiendo el tuétano como para prestarle atención.
¿Cómo podía gustarle tanto? Admiraba su valor, su lealtad incuestionable, y su sentido de la amistad, pero en aquellos momentos lo hubiera asesinado repetidas veces golpeándolo en la cabeza con uno de los huesos más contundentes.
A todo esto Ginny Weasley la miraba con el pánico absoluto de quien cree fervientemente que el amor de su vida ha muerto.
—Ronald Weasley, —regañó Hermione con tono severo— ¿Podrías dejar de comer un segundo y preocuparte por Harry? Ni siquiera lo hemos visto entrar en el comedor.
—No te preocupes, Hermione. Estará bien, verás como en cualquier momento…
En ese momento el niño que vivió entró por la puerta de la gran sala mucho más entero de lo que cabría esperar para las manchas de sangre que salpicaban su cara.
—¡Harry! ¿Se puede saber dónde estabas? Estábamos preocupadísimos. —inquirió Hermione.
—Eso, eso, preocupadísimos —dijo Ron, mordiendo otro pedazo de pollo de una bandeja que no daba abasto en reponerse a sí misma mágicamente.
Hermione solo pudo rodar los ojos
—¿Y esa sangre? —preguntó Ginny espantada, mientras se daba prisa en buscar un pañuelo para limpiarlo.
—Luego os cuento lo que ha pasado. No me fío de Draco Malfoy, siempre ha sido increíblemente imbécil, pero este año me da aun peor espina.
Iba a responder cuando la poderosa voz del director inundó la sala, anunciando que este año habría cambios en el profesorado, y que el profesor Slughorn se encargaría de la clase de pociones, mientras que Snape impartiría la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Se sorprendió a sí misma observándolo, inmutable como siempre, sin un atisbo de una sola emoción que reflejase su estado de ánimo, sin una sola muestra de regocijo cuando todo el mundo sabía que llevaba años deseando ocupar el puesto. Aquel hombre era impenetrable.
Hermione, perspicaz como era, no pudo evitar preguntarse por qué aquel cambio de profesorado tras tantos años, pero cambió el hilo de sus pensamientos cuando Dumbledore mencionó el nombre de Tom Riddle, y que ellos eran la mejor arma que existía contra él.
Eso solo podía significar que la guerra estaba a punto de estallar. Ya había comenzado hacía tiempo, claro estaba, pero esta vez les iba a salpicar a todos ellos, y pronto. Debían estar preparados.
Con esos pensamientos rondando en la cabeza se fue al dormitorio. Tenía demasiadas cosas en las que pensar, Dumbledore nunca decía nada por decir, nunca daba puntada sin hilo, Aquel año no iba a ser fácil, no podía distraerse con Ron, no podía permitirse tonterías románticas de adolescentes con las hormonas revolucionadas. Tenía que estar pendiente de todo y de todos. Especialmente de Harry
La primera clase del año no podía ser otra que Defensa Contra las Artes Oscuras, y todos los alumnos de sexto curso menos los de Slytherin se habían levantado con el ánimo por los suelos. Hermione, en cambio, sentía cierta curiosidad por ver cómo impartiría la clase el profesor Snape. ¿Expondría sus conocimientos de forma práctica? ¿Harían duelos de varita? ¿O por el contrario se centraría más en que adquiriesen conocimientos teóricos?
Aun recordaba el duelo con el profesor Lockhart en segundo. La elegancia con la que lo desmontó y el poco trabajo que le costó hacerlo habían sido admirables. Sería de gran ayuda para la guerra si pudiera enseñar a sus alumnos si quiera la mitad de esos conocimientos.
Era una verdadera lástima que su talento para la enseñanza fuera inversamente proporcional a su humanidad. Era tan buen profesor como mala persona. Los temblores del pobre Neville caminando hacia el aula lo confirmaban.
De repente Harry y Ron la pillaron por sorpresa caminando por el pasillo, así que dejó sus pensamientos para otro momento y se unió a ellos.
—Hola Hermione —Saludó Harry, contento de verla
—Buenos días, Harry. Buenos días, Ron.
—No sé por qué tenemos que perder el tiempo en clase de Snape cuando tenemos que entrenar para el partido de Quidditch de la semana que viene —Dijo Ron muy reivindicativo, sin molestarse en darle los buenos días.
Definitivamente era invisible para él.
—Claro, Ronald, porque por supuesto es mucho más importante volar con la escoba que prepararnos para saber responder correctamente ante un ataque. —Espetó ella, empezando a enfadarse.
—Mira, Hermione —Respondió Ron —Tú no lo entiendes porque para ti la forma correcta de usar una escoba es fregando con ella en la cocina.
A Hermione se le encendió la cara de la ira.
—Chicos —se apresuró Harry— mirad. El profesor Snape no ha llegado aún al aula. Qué raro, suele ser repugnantemente puntual.
La castaña sabía que la estaba distrayendo para que no elaborase un discurso sobre los derechos de las mujeres y la igualdad de género, pero esta vez funcionó. Aquello era inusual. El profesor Snape nunca, y se repitió a sí misma, nunca, llegaba ni siquiera un segundo tarde de su hora.
En lugar de entrar él por la puerta apareció Albus Dumbledore. Las profundas ojeras que surcaban sus ojos significaban que había pasado algo. Algo malo.
—Buenos días a todos —empezó el Director— lamento comunicar que por diversas circunstancias tenemos que prescindir de los servicios de nuestro querido Severus. Por favor, no os preocupéis por él.-Las caras de felicidad de la mayoría de los alumnos indicaban todo menos preocupación- Me gustaría, sin embargo, contar con vuestra colaboración para un asunto importante. Aun no os puedo explicar de qué se trata pero agradecería que todos vosotros os presentaseis sin mayor dilación en el gran comedor.
Y sin más, solemnemente, tal y como había entrado, desapareció.
El revuelo y los cuchicheos no tardaron en hacerse oír y pronto llegó McGonagall para impartir orden y silencio.
— ¿De qué va todo esto? —Preguntó Harry en voz baja, mientras caminaban hacia el comedor.
—No lo sé, Harry, pero debe haber pasado algo gordo. Algo muy gordo —Respondió Hermione, preocupada.
— ¿Qué decís? Es la mejor noticia del año —Ron estaba prácticamente dando botes de alegría— ¿Creéis que ha muerto? ¿Creéis que nos hemos librado de él para siempre? —Su sonrisa se ensanchó imposiblemente.
Harry no pudo evitar sonreír y Hermione no pudo evitar horrorizarse.
—Chicos —regañó— esto no es una buena señal.
Ambos se miraron y se encogieron de hombros.
Cuando llegaron al gran comedor no solo estaban allí los alumnos de sexto, si no todos los de los demás cursos, desde primero hasta séptimo, estaban sentados en sus respectivas mesas, callados, y expectantes. El resto de profesores también estaban allí, y en el centro de la mesa de los profesores, allí donde en la ceremonia de las casas habría estado el sombrero seleccionador, no había más que un pequeño anillo.
Albus Dumbledore se levantó, y todo el mundo sin excepción escuchó atentamente.
—Queridos alumnos, sé que lo que os voy a pedir es extrañamente inusual, pero os agradecería que pasaseis por aquí, como si de ir hacia el sombrero seleccionador se tratase, y uno por uno os fueseis probando este anillo. Os aseguro que no hay peligro alguno. Iremos diciendo todos vuestros nombres para que vengáis y os levantéis. Muchísimas gracias por vuestra colaboración. Si tenéis preguntas, que entiendo que así sea, las responderé gustoso en privado. Bien, empezaremos con los de séptimo año e iremos bajando hasta primero. Betty Claw, por favor, pasa por aquí.
La cara de la muchacha de Ravenclaw de séptimo era un poema, pero lívida y muy lentamente, se fue acercando. Cuando se probó el anillo todo el mundo contuvo la respiración un segundo, esperando que algo mágico pasase. Sin embargo, nada ocurrió.
—Muy bien, ya te lo puedes quitar. —Dijo Dumbledore.
Betty dejó el anillo con cuidado en su sitio y poco a poco fueron pasando todos los alumnos de séptimo.
Durante unos instantes Hermione pensó que su mente le estaba jugando malas pasadas, puesto que el anillo parecía reaccionar de forma casi imperceptiblemente diferente ante unas u otras personas, casi como si tuviese vida propia. Sabía que era absurdo, porque solo era una sensación, y además era un objeto sin alma, pero realmente sentía que el anillo apreciaba más a unos alumnos que a otros.
Se lo comentó a Harry y a Ron. La tildaron de loca.
—Harry Potter —Llamó el director.
Harry se acercó hasta el anillo, y cuando lo iba a coger, el pequeño objeto se alejó velozmente de su mano. Harry lo intentó atrapar, pero el anillo no se dejaba. Era casi como un nuevo tipo de snitch que hubiese adquirido consciencia propia.
—¿Ves como no estoy loca, Ron? Algo le pasa al anillo, es casi como si estuviese…
—…vivo —completó él la frase.
—Ya es suficiente, Harry. —Dijo Dumbledore, que miraba tristemente como el chico intentaba coger el pequeño objeto mientras el resto de alumnos se reían. —Ronald Weasley, por favor. Si fueras tan amable de acercarte…
Ron tragó saliva ruidosamente, miró a Hermione y visiblemente acongojado fue hacia allí.
Al menos esta vez el anillo se dejó coger, pero cuando Ron se lo puso en el dedo este empezó a hincharse y a ponerse rojo.
—Señor, creo que el anillo intenta matarme. —Masculló Ron.
—Ya es suficiente, señor Weasley —McGonagall salió en su ayuda y entre los dos consiguieron que el anillo saliese del dedo de Ron, que parecía una morcilla.
—Y decían que no era peligroso —vociferó Ron, mientras volvía a su sitio.
—Hermione Granger —Llamó el Director.
Hermione se levantó de su sitio y fue lentamente hacia la mesa. Cuando llegó donde estaba el anillo se tomó su tiempo antes de cogerlo, inspeccionándolo cuidadosamente. Era sencillo, plateado y elegante, con multitud de muescas alrededor de toda la superficie. Estaba dañado. Lo miró desde un ángulo diferente y tuvo que parpadear varias veces, pues la plata arrojaba pequeños destellos esmeralda. Hermione no era una mujer de joyas, no se dejaba impresionar por esos superficiales complementos, pero ésta sin duda era de alguna forma peculiar la más bonita que había visto en toda su vida.
Pidió mentalmente a la vez perdón y permiso al anillo por ir a colocarlo en su dedo. No sabía si podía oír sus pensamientos, o entender si quiera lo que estaba diciendo, tampoco sabía exactamente si aquello estaba vivo o tenía alma, pero le pareció correcto hacerlo.
Encajó como si estuviese hecho a medida para ella en el dedo anular de su mano derecha, y en el mismo momento en el que acabó de colocarlo sintió una explosión de emociones que nunca había experimentado en toda su vida. Una calidez profundamente tierna la recorrió de arriba abajo, y a la vez una explosión de dolor emocional inmenso, como si le rompieran el corazón en mil pedazos, la llevó a ponerse de rodillas para poder soportarlo. Se quedó sin respiración un segundo, y cuando consiguió levantarse la envolvió la mayor sensación de paz que había conocido nunca, y algo muy parecido a gratitud
Hermione tuvo que parpadear varias veces para contener las lágrimas. No sabía que era aquello, pero era profundamente intenso, y estaba vivo.
—Señorita Granger —Llamó McGonagall. Su cara era la viva imagen de la preocupación— ¿Cómo se encuentra?
—Yo… creo que estoy bien. —dijo.
Y acto seguido, se desmayó.
Una escritora muy sabia dijo una vez que un fanfic con reviews es un fanfic feliz. Así que si os gusta os lo agradeceré eternamente si me lo hacéis saber con un comentario y un fav, y os responderé siempre por privado. Además estaré más motivada, escribiré más, mejor, y más deprisa. Esta nota como el Disclaimer, que vale igual para todos los capítulos.
