Antes de empezar con el capítulo me gustaría que supieseis que hago todo lo que está en mi mano para que los personajes tengan su personalidad lo más canon posible. Quizá me quedan totalmente desdibujados y son completamente OoC, pero no será por falta de empeño. Ahora sí, enjoy.


Cuando Hermione despertó, el anillo todavía estaba allí.

Ese fue su primer pensamiento al recuperar la consciencia. El segundo fue la terrible confirmación de que por mucho que lo intentase no conseguía sacarlo de su dedo. Ahora formaba parte de ella.

Un escalofrío recorrió su espalda ante las posibles implicaciones de algo tan aparentemente inofensivo como eso.

—Señorita Granger, me alegra que por fin esté despierta —la voz serena de Dumbledore la sobresaltó.

Hermione se obligó a abrir los ojos. Estaba en una de las camas de la enfermería de Madame Pomfrey, y cuatro caras expresivas la observaban atentamente. De izquierda a derecha la fingidamente calmada de Dumbledore, luego la de McGonagall que era la antítesis de la del director, la de Harry de profundo alivio, y por último la de Ron, que era una mezcla entre sorpresa e indignación.

No quería que le afectase, pero su corazón dio un pequeño vuelco al ver al pelirrojo a su lado.

—¡Hermione!. ¿Cómo estás? —Exclamó Ron.

—Pues un poco…

—Vamos a quitarte esa cosa del dedo antes de que te mate, ¿vale? —añadió de nuevo, sin darle tiempo a responder.

—¡Señor Weasley! —Regañó Mcgonagall— dele tiempo a recuperarse, no la agobie.

—Voy a acomodarte un poco —se ofreció Harry, que la ayudó a incorporarse en la cama.

Aún estaba mareada. Fuera lo que fuese el anillo, estaba prácticamente convencida de que había absorbido parte de su energía.

—Señorita Granger —empezó Dumbledore—, me gustaría saber si se encuentra en pleno uso de sus facultades mentales. Necesito su total capacidad de comprensión para ser capaz de procesar lo que voy a decirle. Si lo considera necesario, puedo esperar un poco más para que termine de recuperarse.

—Puede decirme ya lo que sea.

No supo cómo se las ingenió para sonar tan segura, ya que por dentro era un manojo de nervios.

—Bien, me gustaría entonces que Harry y el señor Weasley tomasen asiento, creo que les convendría dada la… particularidad de la situación. Y por favor, eviten las interrupciones innecesarias hasta que termine —dijo, lanzando una mirada acusadora a Ron.

Se hizo un silencio especialmente tenso hasta que finalmente habló.

—El profesor Severus Snape ha fallecido —sentenció

Nadie dijo una sola palabra, hasta que finalmente fue Ron quien habló.

—Pues si eso es todo tampoco era tan grav…

—¡Ronald! —exclamó Hermione.

—Aún no he terminado, señor Weasley. Podrá expresar su profundo dolor por la pérdida cuando se encuentren en privado. Afortunadamente, antes de perderlo del todo conseguimos salvar su esencia. La única forma de hacer que sobreviviese fue encerrándola en ese anillo que ahora porta usted en la mano derecha, señorita Granger.

Hermione pensó que había soltado aquella bomba con tanta tranquilidad que cualquiera que no comprendiese el significado de las palabras hubiera creído que se trataba de algo completamente normal.

Pero ella, que lo entendió todo perfectamente, casi se desmayó de nuevo.

Ron se puso blanco en menos de un segundo.

Harry se agarró fuertemente a los bordes de la silla.

—¿Cómo dice? —la castaña fue la primera en reaccionar.

Esta vez fue McGonagall quien habló

—Me temo, señorita Granger, que no había otra forma posible de salvarle la vida a Severus.

— Pero… ¿por qué tiene que llevar el anillo Hermione? —preguntó Harry

—¡Eso! —exclamó Ron, que había estado inusualmente callado—. Que se lo ponga cualquier otro. Póngase usted a Snape en el dedo.

—Créame cuando le digo, señor Weasley, que si hubiera existido cualquier otra manera nunca hubiésemos recurrido a un alumno. Lo primero que intentamos fue ponérnoslo nosotros y el resto de profesores. También lo probamos con el resto de miembros de la Orden, pero el anillo nos rechazó igual que rechazó al resto de sus compañeros, y necesita de un portador para sobrevivir. —afirmó McGonagall muy seria.

—Tengo unas cuantas preguntas para usted, Director. —dijo Hermione ya más calmada, y tratando de analizar racionalmente la situación.

—No esperaba menos de usted, señorita Granger. Pero antes me gustaría que entendiese la seriedad de este asunto. No sabemos exactamente cómo puede reaccionar el anillo, ni qué va a encontrarse a partir de ahora. Me temo que nos estamos adentrando en un tipo de magia experimental desconocida que ha sido empleada como último recurso. Lo que sí sabemos es que si usted se quita el anillo, el profesor Snape desaparecerá para siempre. Por supuesto, no podemos obligarle a acarrear con la responsabilidad de algo tan grande. El anillo no puede ser removido de forma natural, pero si nos lo pide, podemos romperlo ahora mismo y aquí se acabará todo.

Hermione suspiró resignada. Así que era una encerrona.

Ellos sabían perfectamente que no iba a dejar morir a nadie que tuviese la oportunidad de salvar. Ni siquiera a Severus Snape, ni siquiera a costa de su propia vida. Por eso empezaron con los alumnos de séptimo. Era más fácil "pedir" algo así a un adolescente que es prácticamente un adulto que a un niño de doce años.

Que astuto. En ocasiones como aquella se planteaba si Dumbledore no sería un Slytherin disfrazado de Gryffindor.

—Bueno, pues ya está. La respuesta es un rotundo no, ¿verdad Hermione? —preguntó Ron.

No hubo contestación.

—¿Hermione? —insistió.

—Me temo que esto es algo que tiene que decidir por sí misma, Ron —dijo Harry no muy convencido.

—Pero somos sus amigos, nosotros deberíamos…

—No es necesario, Ron —interrumpió Hermione mirando fijamente al anillo—. Ya he decidido que lo voy a hacer.

—Escelente, excelente —respondió el Director, dando por finiquitado cualquier posible debate al respecto.

—¿Está segura de esto, señorita Granger? —preguntó McGonagall—. Una vez que haya aceptado no hay vuelta de hoja.

—Completamente. Pero antes me gustaría saber un par de cosas, empezando con por qué ha reaccionado así ante mí, teniendo por ejemplo a un alumno tan apegado al profesor Snape como es Draco Malfoy.

—Me temo que eso no lo sabemos —contestó el Director— con este tipo de magia tan primaria nunca se puede estar seguro. Al parecer el alma de Severus ha reaccionado ante usted instintivamente. Hay conexiones y vínculos que la magia efectúa por sí misma más allá de nuestro propio entendimiento.

A Hermione esa respuesta la dejó totalmente desarmada. Esperaba algo lógico, cualquier cosa, no lo sabía. Algún gen oculto que solo tuviesen ellos dos, cualquier explicación medianamente racional servía, pero no estaba preparada para la posibilidad de que Snape involuntariamente la hubiera elegido a ella. A ella. Seguramente la segunda persona que encabezaba su lista negra del odio. El chiste se contaba solo.

—A mí me gustaría saber qué se entiende por "esencia" del profesor Snape —sentenció Harry—. ¿Qué demonios está dentro del anillo exactamente?

—Es Severus Snape tal y como lo conocéis, Harry. Su pensamiento, su alma, su mente, todo él está recogido en ese anillo, lo único que le falta es su cuerpo como recipiente. —explicó Dumbledore.

—¡Espere un segundo! —exclamó Ron, que había estado muy pensativo y parecía haber dado con algo importante—. Si Snape está en ese anillo, ¿dónde demonios está el cuerpo? ¿Está por ahí suelto pudriéndose?

—Esa información está restringida a los límites de su conocimiento, señor Weasley, pero basta decir que Madame Pomfrey se está ocupando bien de ello mientras buscamos una forma de devolverlo sano y salvo a su propio cuerpo. —esta vez fue McGonagall la encargada de responder.

—¿Tiene alguna duda más, señorita Granger? —preguntó Dumbledore amablemente.

¿Dudas? ¿Qué si tenía dudas? ¿Cómo se atrevía? Tenía todas las dudas del mundo, pero por el bien de su nueva misión se tranquilizó un poco antes de hablar.

—Me gustaría saber si podría comunicarme con él de alguna manera.

—No lo sabemos, señorita Granger, creemos que es posible, y que ahora mismo se encuentra dormido. Es probable que el desmayo de antes fuese provocado porque estaba sustrayendo energía de usted. Es posible también que necesite alimentarse de cierta cantidad de la energía de su portador para seguir viviendo.

Justo lo que ella había sospechado.

—Puto parásito —soltó Ron tan campante.

—¡Señor Weasley, esa boca! —Regañó McGonagall.

—Bien, si eso es todo, ya pueden retirarse. Le ruego que me informe de cualquier posible cambio que perciba en el estado de Severus. Harry, si eres tan amable, cuando puedas me gustaría que te pasaras por mi despacho. Hay algo importante que debo confiarte.

Y sin más dilación se fueron de allí, dejándolos solos.


Decidieron hablar más calmadamente del tema en la biblioteca, era mucho más seguro, y puesto que ahí normalmente solo pasaba las horas muertas Hermione, era el sitio perfecto para mantener una conversación privada. Así que entre Harry y Ron la ayudaron a llegar hasta allí sujetándola por los codos mientras Hermione disfrutaba secretamente del contacto con la piel del pelirrojo.

—Hermione, ya sé que era tu decisión, pero… ¿Por qué jugarte tu salud por alguien como Snape? —escupió Harry en voz baja.

—Estoy segura de que tú hubieras hecho exactamente lo mismo, Harry. Es nuestra responsabilidad salvar una vida siempre que esté en nuestras manos hacerlo. Tú tampoco lo hubieras dejado morir.

Harry torció el gesto ante su respuesta, pero no dijo nada más.

—Hermione, escucha, aun podemos librarte de ello. A lo mejor lanzándole un incendio se te cae solo.

—¿El anillo o el dedo, Ronald? —preguntó Hermione con sorna.

—Yo solo digo que merece la pena probar —insistió—. Además, mi padre tenía un libro muggle muy raro en la estantería, iba de un anillo maldito que hacía que quien se lo pusiera se volviese loco y deforme, y entonces una especie de gnomos pero más gordos y con más pelo lo tiraban a una montaña de fuego y se lo cargaban.

—Una versión interesante del señor de los anillos, Ron —dijo Hermione riendo.

—A mí me parece una señal, lo mismo se funde y adiós al problema —continuó Harry con la broma.

La tensión de la situación se alivió un poco, y no pudo más que estar agradecida a sus amigos por ser exactamente como eran, pero si tuviera que elegir un clásico de la literatura para compararlo con su situación, veía más paralelismos con la Cenicienta. Igual que aquel zapatito de cristal sólo le cabía al pie de la protagonista, el anillo parecía estar hecho a medida exclusivamente para su dedo.

Solo que aquí no había baile, y definitivamente no había príncipe. Pensó con sorna.

Estuvieron un rato más hablando y al final Harry se fue a hablar con Dumbledore, y Ron acabó despidiéndose de ella en la sala común. Podrían haber aprovechado para pasar un tiempo juntos a solas, o eso pensó Hermione, pero por supuesto ninguno de los dos dijo nada.

Así que aprovechó para volver un rato más a la biblioteca e invertir el tiempo en buscar cualquier libro útil que sirviese para transmutar un alma a un cuerpo, pero no encontró nada, y al final se quedó dormida entre una pila de libros, dándose por vencida completamente exhausta.


La luz del nuevo día sorprendió a Hermione en la biblioteca, quien casi voló literalmente hasta su habitación para ir a la primera clase de pociones del año. Esa misma mañana decidió que iba a intentar sacarse un poco de la cabeza el tema del anillo, estaba determinada a lograr que aquel inconveniente no interfiriese demasiado en su vida normal.

Al fin y al cabo los exámenes no se paraban por nadie, ni siquiera por Severus Snape.

Decidió que el profesor Slughorn le gustaba, y a la vez no. Era un buen profesor, y reconocía el talento de Hermione, cosa que agradecía mucho tras tantos años siendo brutalmente despreciada, pero había algo en él que no le terminaba de convencer.

Cuando el nuevo profesor ofreció un vial de Felix Felicis a la primera persona que consiguiese elaborar una muestra decente del filtro de muertos en vida, supo instantáneamente que sería suyo. Así que se puso a trabajar.

Quizá beberlo le ayudaría a encontrar algo que hiciera que Snape se soltase de su dedo.

Tras un rato intentando cortar el sopóforo para extraer su jugo se quería suicidar. Por Merlín, aquello era imposible. Imposible. Simplemente se deslizaba por la hoja de su cuchillo como si fuese un tobogán.

Entonces vio a Harry exprimiendo alegremente unas gotas dentro de su caldero y tuvo una lucha interna entre su orgullo y sus ansias de conocimiento. Ganó el conocimiento.

—¿Cómo lo has hecho? —preguntó.

—Aplástalo, no lo cortes.

—No, las instrucciones dicen específicamente "cortar" —respondió irritada.

—No, en serio.

Hermione miró su libro de texto, después al caldero, luego al libro de texto otra vez, y decidió que merecía la pena intentarlo. Cuando estaba a punto de usar el cuchillo para aplastar un grano, una voz engañosamente sedosa susurró en su oído.

—¿Copiando a Potter, señorita Granger? Suerte que estábamos ante la mejor bruja de su generación.

El bote que dio hizo volar el caldero por los aires y con él su contenido, haciendo que todos los alumnos la mirasen durante un segundo y rompieran a reír, pero a Hermione nada de eso le importaba lo más mínimo, puesto que dentro de su mente acababa de escuchar nada más y nada menos que la inconfundible voz de Severus Snape.


Y ya. Espero que os haya gustado. Referencias a un microrrelato que dice "cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí" que encajaba sorprendentemente bien con el texto, a Cenicienta, y a Tolkien.

Solo paso a comentar que estuve un buen rato riéndome yo sola con Ron diciendo "Póngase usted a Snape en el dedo". Me hace MUCHA gracia escribir sus partes, así que seguramente el fic contenga un poquito más de humor de lo previsto.

Hasta la próxima.