"Ya estamos llegando." Dijo Cadence.
"¡Wow" Exclamó Kyara. "El Imperio de Cristal es hermoso."
El barco volador aterrizaba lentamente en una plataforma especial, allí unos ponis de cristal realizaban señas con unos bastones luminosos para que el piloto realice las correspondientes maniobras.
"Es la primera vez que vengo." Dijo Gridwin. "Y me encuentro admirado por la belleza de este lugar."
"Era más conveniente para ustedes ir a Marel Coast desde aquí que desde Manehattan." Comentó Shining Armor.
En la plataforma habían varios ponis que ayudaban a descargar las valijas y otros objetos de la nave, Shining Armor se acercó a un grupo de guardias que se encontraba allí para decirles varias cosas a lo que respondieron a la orden de forma inmediata, un pegaso de pelaje anaranjado y crin celeste alzó vuelo.
"Envié un guardia al paso Norte, si ven a un potro con la descripción de Ian, lo demorarán para que podamos alcanzarlo." Comentó acercándose nuevamente al grupo.
"Es algo…" Dijo Gridwin. "Nosotros nos dirigiremos a Marel Coast en ese caso."
"Aaauuu…" Lamentó Kyara. "Yo quería conocer la ciudad, ver los ponis de cristal y tal vez estar frente al corazón de cristal." Dijo. "He leído historias sobre él y la princesa Amora."
"¿Por que no descansan un poco?" Propuso Cadence. "Ya llevan varios meses sin relajarse."
"Por favor Gridwin…" Suplicó Elise.
"De acuerdo." Suspiró Gridwin. "Mentiría si dijera que no deseaba lo mismo." Comentó. "Además, debemos buscar información de qué rumbo tomar."
"Perfecto, ¡a la biblioteca!" Exclamó Kyara.
Recorrieron la ciudad en su camino a la biblioteca, la guardia había sido notificada y si veían a Ian darían aviso de inmediato. Las vidrieras de los comercios exponían toda clase de cosas y los ponis de cristal iban y venían inmersos en sus quehaceres.
La biblioteca era inmensa, dentro, los incontables estantes se encontraban llenos de libros de toda clase, Kyara no pudo evitar contener el aire para evitar dar un grito de alegría.
"No armen alboroto, las bibliotecas deben ser lugares silenciosos que ayudan a la concentración." Dijo Gridwin mientras se acercaba al mostrador.
Presentó una credencial que le había sido entregada por Cadence para utilizar allí, en ella figuraba como el príncipe de Griffonia, la yegua anciana que se encontraba en el mostrador realizó una mirada llena de sorpresa por ello.
"¿Q-qué se le ofrece?" Consultó acomodando sus lentes.
"No sé siquiera qué se nos ofrece…" Dijo observando a Kyara.
"¡Oh, oh! necesitamos información sobre las tierras del norte, y la migración de los ponis." Dijo muy eufórica.
"Oh, esta mañana un jovencillo solicitó todo lo que teníamos al respecto." Dijo.
"¿Qué?" Preguntó Kyara. "¿A dónde podemos encontrarlo?"
"No crees que sea…" Comenzó a susurrar Elise.
La bibliotecaria señaló hacia la primera planta, subiendo las escaleras. Caminaron en esa dirección buscando a quien había solicitado los libros hasta que vieron una mesa con pilas de ellos, lentamente se acercaron viendo los lomos de los libros, tenían escritos títulos o nombres referentes a lo que necesitaban.
"Como el joven no disponía de una credencial, no está prohibido estudiar los libros dentro de la biblioteca." Dijo la bibliotecaria.
Ninguno de ellos dijo nada, Gridwin juntó sus garras delanteras y separó repentinamente los libros a los lados tirando algunos de ellos al suelo. Al otro lado de la mesa no había nada, se encontraba vacía con un par de libros abiertos y otros con pequeños trozos de papel marcando ciertas páginas.
"N-no está…" Dijo observando los alrededores.
"No sé a quién buscan, pero les pido que no causen desorden o alboroto alguno." Regañó la bibliotecaria.
"Lo siento…" Dijo Gridwin.
"¿Gridwin, Kyara, Elise… qué hacen aquí?"
Voltearon ante tal pregunta encontrando a Ian parado con una expresión de sorpresa, y con un sándwich a medio comer en su casco derecho. Parpadeó encontrándose con un puño a centímetros de su hocico, Gridwin le propinó un golpe con todas sus fuerzas en medio de su rostro enviándolo hacia atrás y desparramando el sándwich en el suelo.
"¡Maldito ingrato!" Gritó. "¿¡Por qué nos abandonaste en Concordia!?"
Todos aquellos que se encontraban en la biblioteca dejaron sus libros o actividades volteando muy sorprendidos y otros algo curiosos por los gritos.
"C-cuando te conocí… nunca pensé que lograrías darme un golpe así de potente…" Dijo escupiendo un poco de sangre. "Príncipe cobarde…" Agregó generando un círculo mágico debajo de él.
Unas alas rojas se formaron a sus lados y al ponerse de pié pasó su pezuña por su rostro curando por completo el golpe y el sangrado de su nariz. Avanzó lentamente hasta posicionarse frente él sin dejar de mirarlo a los ojos, con una expresión de enfado total.
"¿Cómo enfrentarás a alguien que posee grandes cantidades de magia y la habilidad de regenerar sus heridas?" Preguntó.
"Y-yo… encontraría la manera, con mis amigos… porque eso es lo que hacemos, superar las adversidades juntos… cosa que tú has olvidado." Contestó sin despegar sus ojos de los de Ian.
Disipó su magia por completo sentándose allí, suspiró profundamente cerrando sus ojos y su cabeza hacia el suelo.
"Me lo merecía, el golpe…" Dijo. "No quería involucrarlos en esto porque no pude siquiera tocar a Antares, es muy poderoso."
"¿Y a qué ibas tú solo?" Preguntó Kyara.
"A intentar desbaratar sus planes... " Contestó.
Las siguientes horas las pasaron en un pequeño bar ubicado frente al castillo con una clara vista del corazón de cristal, Ian les contó todo lo sucedido en la cima del Árbol de la Vida y la razón de Antares para haber hecho eso.
"...y no tenemos idea a qué se refirió con -invocar- algo más poderoso." Dijo Shining Armor dejando su taza de café sobre la mesa.
"No estoy muy seguro si la magia de los unicornios dispone de invocaciones pero, en mi magia, es algo sumamente peligroso." Dijo Ian.
"¿Qué tanto?" Preguntó Kyara.
"No quiero entrar en detalles pero se pueden traer criaturas extremadamente poderosas controladas por el invocador."
"¡No quiero eso!" Dijo Elise con algo de miedo.
"¿Y qué tanto buscabas en la biblioteca?" Preguntó Gridwin.
"Algún registro del camino tomado a través de las montañas Rondarias durante la migración." Contestó. "Algo que nos lleve hacia Antares."
"Tendrías que pasar por las tierras de los Yack y ellos…" Comenzó a contar Cadence. "Digamos que no son muy amigables con los poni, si tienen problemas, ellos no los ayudarán."
"Ir hacia una tierra hostil, enfrentando un clima hostil y pasando por un territorio hostil…" Dijo Gridwin. "Al menos tenemos como alternativa el barco en Marel Coast."
"No lo sé… cada vez que he viajado por mar la mala suerte ha estado de mi lado." Comentó Ian con algo de duda.
"¡Dos de tres!" Exclamó Kyara. "Te aseguro que en esta ocasión las cosas irán bien."
Aunque no se lo notaba muy convencido, Ian aceptó la decisión mayoritaria de ir a Marel Coast. Al día siguiente, tomaron un tren directo al pequeño pueblo costero, Ian se apresuró a llegar a la plaza central y sin decir nada se dirigió a una pequeña casa golpeando la puerta con su casco.
"¿Si?" Consultó un poni con unas gafas protectoras y un delantal cubierto de hollín. "¿Qué se le ofrece?"
"¿Mercury?" Preguntó Ian.
"Nos habíamos visto antes, ¿Joven?"
"E-esto será algo complicado de explicar… pero sí…" Contestó Ian. "Tú forjaste una armadura de aleación junto a tu hermano para mi."
"¿D-de qué hablas?" Preguntó algo confundido. "No recuerdo tal cosa."
"Mi nombre es Ian Newyd… tal vez eso te refresque la memoria."
"¡I-Imposible!" Exclamó. "¡T-tu no eras un poni! de hecho no tengo idea de qué eras…" Murmuró. "No te creo una palabra… ¿quién te envía?"
"Escamas de dragón dorado, amatista púrpura, diamantes en bruto… puedo seguir nombrando los materiales y el hecho de que tu hermano Cristal Dusk suele utilizar el antiguo taller de su abuelo." Enumeró Ian. "Esa armadura fue un secreto, ¿Recuerdas?"
"I-increíble…" Dijo poniendo sus lentes en su cabeza en total asombro. "¿C-cómo?"
"Prometo contarte la historia, aunque… necesito pedirte un favor."
Sus amigos no entendían absolutamente nada de lo sucedido, Ian charlaba con un completo extraño para ellos. Los pequeños potrillos del pueblo observaban al inusual grupo con mucha curiosidad, inclusive uno de ellos se colgó de una de las colas de Kyara.
"Así que un barco…" Dijo Mercury algo pensativo.
"Supongo que conoces a alguien."
"Una vieja amiga, tal vez pueda decirles cómo llegarllegar a esa zona." Contestó. "Se llama Beachball, suele viajar de playa en playa buscando las mejores olas."
"¿Y dónde se encuentra?"
"Tal vez en la playa como de costumbre, usando su tabla de surf como siempre." Señaló Mercury.
"¡M-muchas gracias!" Agradeció Ian. "¡Es hora de irnos!"
"Lo siento niños, tal vez la próxima." Dijo Kyara dejando su magia de ilusiones. "No hagan travesuras."
"¡AWWW!" Lamentaron todos los potrillos al unísono.
La playa se encontraba abarrotada de ponis disfrutando del buen clima, no era demasiado caluroso y la brisa del mar se sentía muy agradable. No tenían idea de por dónde comenzar a buscar pero la única pista que disponían era que esa yegua disponía de una pelota de playa como cutie mark.
Un grupo de potrillos se encontraban congregados y con una pequeñas tablas de Surf, en el centro se podía oír a una yegua dándoles indicaciones de cómo utilizarlas. Se aproximaron para ver notando que quien les enseñaba coincidía con la descripción dada por Mercury.
"Sus piernas deben mantenerse firmes en la tabla y flexionenlas un poco, así podrán mantener el equilibrio." Mostraba parada sobre su tabla en la arena.
Los pequeños realizaban la misma acción, era complicado pero se divertían intentándolo. Esta yegua era de pelaje marrón, su crin y cola eran rubios y poseía un muy notorio lunar debajo de su ojo izquierdo.
"¿Tú eres Beachball?" Preguntó Gridwin.
"Si, ¿quien pregunta?"
"M… mi nombre es… " Divagó Gridwin volteando a sus amigos.
Era la primera vez que podía andar con total libertad pero al mismo tiempo no se encontraba seguro de si debía utilizar su verdadero nombre o no.
"Si me permites…" Dijo Ian en voz baja tomando el lugar de Gridwin. "Somos unos viajeros y Mercury nos dijo que tú conoces las playas hacia el norte."
"Oh, así que Mercury los envía… ¡Cotton no coloques tu piernas así o te harás daño!" Exclamó a una pequeña que estaba a punto de caer de la tabla. "En esas playas se encuentran las mejores olas, ¿acaso son surfistas?"
"No, no… de hecho queremos llegar a alguna costa ubicada más allá de Rondarias." Contestó Ian.
"Ustedes están dementes, ¿verdad?" Ironizó.
"¿A qué te refieres?" Consultó Kyara.
"Las olas antes de Rondarias son divertidas pero a su vez enormes y peligrosas." Explicó. "Imaginen que la cosa empeora a medida que se va más al norte."
"Bueno… iremos a través del territorio Yack…" Dijo Ian dando la vuelta.
"Espera un segundo." Lo detuvo Kyara atrapandolo con sus colas. "Ya estamos aquí y creo que aún así es mejor que atravesar una interminable cadena montañosa."
"Yo… no sé nadar…" Dijo Ian.
"Es broma, tienes que estar bromeando." Cuestionó Gridwin.
Caminó alejándose hacia el mar, las pequeñas olas mojaban la arena en sus pezuñas y Gridwin se ubicó a su lado al notar que habían tocado una fibra sensible en él.
"Cuando era un humano, sí podía nadar... fue el cuerpo con el que nací pero… como poni, mis habilidades en el agua se igualan a las de un ladrillo." Dijo en voz baja para evitar que lo oigan los demás.
"Tampoco es para tanto…"
"¿Recuerdas cuando casi me ahogo en aquel lago?" Preguntó Ian.
"Buen punto…"
"En el caso de que no sepas nadar, hay unos flotadores para potrillos, con ellos podrás patalear." Comentó Beachball. "Y tal vez, pueda enseñarte."
"Llevamos algo de prisa y no sería bueno quitarte mucho tiempo." Replicó Ian.
"Vamos, ayudar a un guapo potro como tú siempre es un placer para mi."
Los pelos en la nuca de Ian se erizaron ante tal comentario y Gridwin no pudo disimular cuando retuvo su risa. Se sentía un idiota varios minutos más tarde cuando llevaba puestos los flotadores infantiles en sus cuatro patas y alrededor de su estómago.
"Te ves apuesto…" Le dijo Gridwin con una burlona y chillona voz.
Ian dio un pisotón con su casco derecho y una corriente de aire descendente golpeó a Gridwin en la cabeza enterrando su pico de punta en la arena.
"Pero tú puedes usar magia para volar." Comentó Kyara.
"Mi magia tiene un límite." Explicó Ian. "Si agoto mis energías antes de llegar a tierra, estaría retrasando lo inevitable."
Ambos caminaban hacia Beachball que los aguardaba junto a Elise, por detrás, Gridwin se sacudía la arena mientras que aún escupía un poco de ella.
"¿Listo para las lecciones?" Preguntó Beachball.
"Debe haber algo interesante para hacer por aquí…" Dijo Elise caminando hacia el pueblo.
Las lecciones de Ian comenzaron, Kyara no pudo evitar jugar con los pequeños en la playa, construyendo montículos de arena, en cambio Gridwin se relajaba bajo una sombrilla con sus alas extendidas en la arena. El pueblo no era muy grande, casi como el lugar del que Elise provenía.
Vió un joven unicornio crear con su magia algo que parecían gemas mientras caminaba charlando con Mercury. Esto le llamó mucho la atención, al ver una fuente ilimitada de gemas como esa, no dudó en seguirlo dado que ya estaba teniendo hambre.
