Llevaban un día vagando por esas tierras sin indicios de caminos o civilización alguna, Gridwin optó por no tomar el hacha de Wirlog por ser un instrumento creado para quitar vidas. Sabía que ese era un camino sin retorno.

"Ian, ¿que se siente?" Consultó Gridwin observando la fogata. "Matar…"

Kyara y Elise dormían, ellos dos fueron los únicos que quedaron despiertos haciendo guardia hasta más tarde. Aquella cueva les provenía del escondite perfecto para no ser vistos por la luz de las llamas.

"Tu pregunta es ambigua, puede variar según a quien se lo preguntes." Contestó Ian moviendo las brasas con una vara.

"L-lo sé, pero… oí lo sucedido en la meta de la gran carrera."

"Sentí miedo y desesperación…" Contestó Ian observando a Gridwin a los ojos. "Nunca tuve el valor para quitar una vida, pero en ese momento, tenía una seria herida en mi estómago." Agregó. "Debía detener a Orión y no se me ocurrió otra cosa."

"Yo…"

"No pienses en eso, harás que las chicas se preocupen." Interrumpió Ian. "Mejor duerme y déjame la guardia a mí."

Ya en la mañana, volaban sobre un valle nevado, se veían arroyos y a lo lejos cerros con árboles. Tras sobrevolar esa zona, notaron cómo la vegetación aumentó, el bosque nevado por debajo indicaba que la vida regresaba lentamente al desierto.

"Oigan, ¿que es eso?" Consultó Elise señalando a la derecha.

Parecía el techo de una casa, claramente no era algo natural, viraron en esa dirección para investigar. Llegaron a una choza que tenía una pequeña planta alta, hecha con rocas acomodadas, se veía vegetación trepada entre las piedras, las ventanas sucias y la madera de la puerta y marcos muy descuidados.

"Notoriamente esto está abandonado." Dijo Gridwin.

"Pero aun asi, seria bueno investigar, tal vez encontremos un mapa o libro que nos ayude a ubicarnos." Propuso Kyara.

"Solo espero que no esté embrujada la casa…" Comentó Elise frotándose los hombros.

El ambiente por dentro era deprimente, cortinas viejas y rasgadas, mucho polvo en el suelo y una chimenea con abundante ceniza. Unas escaleras de madera vieja llevaban hacia arriba y una puerta conducía a una pequeña cocina.

"Aquí hay algo raro…" Dijo Elise parada frente a la chimenea.

"Si, esta cocina tiene muchos platos y ollas sucias." Comentó Kyara asomándose al lavadero. "Parece que se olvidaron de lavarlas antes de abandonar este lugar."

Tomó una sartén y la levantó para examinarla, su mango era de madera y el metal muy sólido pero eso no fue lo que le llamó la atención. Al observarla con más detenimiento, notó que no estaba oxidada y que el aceite que tenía era reciente.

"Ehm… chicos…" Dijo.

"Esta chimenea… tiene brasas encendidas." Dijo Elise tomando una pequeña con su garra.

"Tal vez alguien utilizó este lugar como refugio en la noche." Comentó Gridwin parado en el descanso de la escalera. "Voy a revisar arri…"

Al elevar su mirada, dispuesto a subir hacia la planta alta de la casa, un mueble se inclinaba sobre la escalera, este se precipitó hacia abajo y se deslizó golpeando a Gridwin contra la pared de la chimenea.

"¡Ahhhgg… dueleeeee!" Chilló debajo de la cajonera.

"Hay alguien aquí…" Dijo Ian activando su hechizo de localización.

Brincó sobre el mueble haciendo que Gridwin vuelva a chillar y se dirigió hacia arriba, el lugar se encontraba en penumbras, con la luz bloqueada por unas gruesas cortinas.

"No hay nadie…" Dijo Ian observando sus alrededores.

Era una habitación grande, contra una de las paredes se encontraban tres camas individuales, un gran armario abierto con ropa que se la notaba muy descuidada y algunos juguetes y peluches rotos esparcidos por el suelo. Preparó su hechizo para ubicar a quien atacó a Gridwin pero algo cayó súbitamente del techo golpeándolo con fuerza en la cabeza, cayó inconsciente tras el fuerte golpe y una escoba cayó a su lado.

"¿Ian?" Llamó Kyara al oír el sonido de la madera. "¿Encontraste algo?"

Ella junto a Elise ayudaban a Gridwin con aquella cajonera, era muy pesada ya que se encontraba repleta de ropa.

"Ow… suban ustedes, creo que me lastimé una pata…" Dijo Gridwin saliendo de debajo del mueble.

Ambas se prepararon para subir cuando la puerta principal se abrió súbitamente, una joven unicornio ingresó dejando caer el canasto con verduras que cargaba por la sorpresa de ver un grupo de extraños.

"¿¡Q-quienes son ustedes!?" Chillo muy atemorizada.

"No representamos ningún peligro… solo somos unos viajeros que están perdidos." Apresuró a decir Gridwin.

"¿Q-qué han hecho con mi hermana?" Reclamó alzando una vara de metal con su magia.

"Nada, no sabemos dónde está…" Replicó Kyara algo alarmada por el nerviosismo de esa yegua.

"No les creo nada a un sucio grifo, un vil dragón y lo que sea que eres tú." Dijo señalando a cada uno de ellos.

"Si no nos crees, ¿por qué nos preguntas?" Cuestionó Elise.

Ian cayó rodando por las escaleras, aún se encontraba inconsciente por el golpe.

"¡No nos esclavizarán como a mamá y papá!" Exclamó una potranca desde arriba en las escaleras.

Pasó levitando frente a todos rápidamente por acción de su propia magia, se colocó junto a su hermana y sus cuernos comenzaron a brillar al unísono.

"Ese despreciable poni terrestre debería estar arando la tierra como los demás." Dijo la potranca. "Esta es una casa de unicornios, ¡vallanse!"

"Tan solo queremos saber dónde nos…"

Aquella vara de metal pasó a gran velocidad a centímetros del rostro de Kyara mientras intentaba hablarles, se incrustó con fuerza en la madera haciendo un fuerte sonido al sacudirse. Ella quedó congelada ante tal acción, sin siquiera respirar de la sorpresa.

"M...m-mejor vamos…" Dijo volviendo a parpadear. "S… saldremos por la puerta de atrás…"

Tomó a Ian con una de sus colas y el equipaje con el resto. Elise ayudó a Gridwin salir de allí que cojeaba con su pata trasera derecha, no querían problemas con esas dos jóvenes potrancas así que salieron sin decir palabra alguna ante la tajante mirada de las dos unicornios.

Caminaron por el bosque sin rumbo alguno, Ian aún gimoteaba y el sol comenzaba a ocultarse. Lograron recolectar una gran cantidad de leña durante el camino y Elise se encargó de generar la fogata.

"Uhhhgg.. ¿qué me pasó?... ¿d-dónde estamos?" Preguntó Ian completamente perdido.

"Bueno, digamos que ninguno era bienvenido en ese lugar…" Dijo Kyara.

Se tomaron un buen tiempo explicando lo sucedido a Ian luego de que fuera noqueado en la planta alta, e inclusive detallaron el desprecio que esas dos ponis tuvieron hacia los cuatro.

"Recuerdo haber leído sobre esto, una historia que contaba que como antes los ponis eran xenofóbicos, inclusive entre ellos." Comentó Ian terminando de aplicar su magia curativa en la pata de Gridwin. "Antiguamente unicornios, pegasos y ponis terrestres se despreciaban unos a otros, no cooperaban entre sí o convivían como sucede en Equestria."

"En otras palabras… ¿este mundo se encuentra de esa manera?" Preguntó Elise.

"¡Exactamente!" Exclamó Jazmín.

"¡Jazmín!" Exclamaron los cuatro al unísono.

"Ya teníamos registros de mi abuelo sobre estas tierras, pero después de muchos años desde que él las visitó…" Explicó. "No sabemos cómo es en la actualidad."

"¿¡C-cómo nos encontraste!?" Preguntó Gridwin.

"El escuadrón de elite de Dalmasia tiene la misión de realizar un reconocimiento de estas tierras." Respondió. "Ocho lobos nos encontramos dispersos y dentro de un mes debemos reportarnos en las costas cercanas al Imperio de Cristal para dar información de cómo es el terreno, la sociedad y de ser posible el estado militar de Antares."

"E-eso no responde mi pregunta…" Bufó.

"Lo siento su majestad." Se disculpó guiñándole un ojo. "Ayer sentí su aroma en unas cuevas al sur y al caer la noche vi el humo de su fogata. Mala idea hacerla a la intemperie si quieren pasar desapercibidos."

"¿Osea que viajarás con nosotros?" Preguntó Elise muy entusiasmada.

"No lo sé, aunque iría en contra de las órdenes de mi capitán..." Dijo dándoles las espalda. "Aún tengo una presa que perseguir."

"Ehm… ahora que lo mencionas…" Comentó Ian algo afligido.

Le contaron todo sobre el encuentro con Wirlog y la revelación de Antares, ella los observaba fijo a cada palabra moviendo levemente sus orejas. Al concluir la explicación, ella agachó la cabeza unos instantes y luego la elevó aullando profundamente.

Aquel aullido duró varios segundos pero no era potente o demostrando valentía, coraje o determinación, se encontraba inundado de tristeza y desahogo.

"L-lo siento…" Dijo al terminar. "N-no me esperaba esto…"

"No te preocupes, espero que ahora tu abuelo pueda descansar en paz." Comentó Ian.

"Es lo hizo desde un principio, supongo que esta tonta convicción fue una idea mía." Replicó Jazmín.

"¿Entonces te irás?" Consultó Kyara. "No hemos pasado un momento de tranquilidad contigo."

"Ya es tarde y creo que sería bueno para tí quedarte con nosotros esta noche." Propuso Gridwin. "Somos un equipo y nos cuidamos entre todos."
"No lo sé… no quiero ser una molestia."

"¿Estás bromeando?" Cuestionó Elise. "Es lo mejor que nos podría pasar si nos acompañas al menos esta noche."

"Gracias." Agradeció Jazmín recostándose junto a la fogata.

Ya en la madrugada, Ian despertó con un círculo mágico bajo su pezuña, buscó tan lejos como pudo hasta que una pequeña roca le dio en la frente. Jazmín se encontraba acostada mirándolo fijo con su pata delantera izquierda extendida a él, Elise dormía acurrucada con ella para cambiar la rutina de dormir con Kyara.

"No hay nadie cerca…" Dijo olfateando un poco hacia arriba. "¿Qué te preocupa?"

"Cada vez que bajo la guardia un segundo, algo pasa." Suspiró. "No quiero que les suceda nada."

"Primero, deja de hacerte el fuerte." Dijo Jazmín tajantemente. "Segundo, tú mismo te estas desgastando por querer ser el soporte del grupo. Como el príncipe lo dijo, son un equipo." Agregó. "Yo soy una loba solitaria y es así como nos entrenan en el escuadrón de elite, para valernos solos. Pero por algún extraño motivo, ustedes me dan alegría, deseo acompañarlos y formar parte de su manada."

"Una manada algo extraña…" Cuestionó Ian. "Pero… claro que puedes venir con nosotros, nos sería de mucha ayuda tus habilidades."
"N-no lo sé..."

"Elise está encariñada contigo." Dijo Ian. "Si te alegra estar con nosotros, ¿por qué no tomar tanto de ello como puedas?"

El día brillaba en su esplendor, no había nubes en el cielo y la escasa nieve se había derretido, caminaban por aquel bosque con la precaución de ver a otra criatura que habite esas tierras en caso de que sea hostil. Gridwin observaba fijo a Jazmín algo pensativo y ansioso a la vez, le fue algo extraño que decidiera acompañarlos como si nada, regularmente abría el pico intentando decir algo para romper el hielo pero luego lo cerraba y volvía a pensar.

"¿Crees que falte mucho hasta encontrar algún pueblo o algo?" Consultó Elise a Jazmín. "Me alegra que hayas decidido venir con nosotros."

"Siento un ligero aroma en aquella dirección." Dijo señalando al este. "¿Qué dicen?"

"Realizar un reconocimiento no sería mala idea." Confirmó Ian la propuesta de Jazmín.

Siguieron el olfato de Jazmín, caminaban charlando de cualquier cosa, tomaban pequeñas vallas de los árboles e inclusive recolectaban algo de leña para la noche.

"Su majestad." Dijo Jazmín frenando de golpe y deteniendo a Gridwin mientras que el resto avanzaba. "¿Qué desea decirme?"

"¿Yo?, no… debes estar imaginando cosas." Excusó de forma muy poco creíble. "Además, si decidiste venir con nosotros no quiero que me llames como realeza, tan sólo dime Gridwin… somos amigos aquí."

"De acuerdo, Gridwin, pero es muy notorio que algo te preocupa." Remarcó poniendo su pata en el pecho de Gridwin.

"Dime… ¿qué se siente matar?"

"Creeme, no quieres saberlo." Contestó Jazmín dando media vuelta.

"Eh… ¡te exijo darme una respuesta!" Ordenó Gridwin algo frustrado.

"Tú acabas de pedirme que no te trate como realeza, ¿eso aplica a órdenes?" Ironizó Jazmín.

"Yo…"

El resto de detuvo de golpe al oír a Gridwin gritar de esa manera, lo observaron algo confundidos por estar de frente a Jazmín con una notoria expresión de enfado.

"Te lo simplificaré de la siguiente manera…" Suspiró Jazmín. "La primera vez que quité una vida, mi intención era atraparlo pero realicé un error de cálculo al lanzar mi kunai." Relató. "Lloré mucho, cualquier cosa me ponía nerviosa, perdí el apetito y el sueño por varios días. Esa fue la primera y última vez…."

"Disculpa que pregunte." Se acercó Kyara algo preocupada. "Pero, ¿Por qué quieres saber algo tan tétrico?"

"Tan sólo quiero comprender qué llevó a Wirlog a ser como es… a tener la sangre fría en sus acciones." Respondió Gridwin.

"En el mundo humano, eso es moneda corriente." Dijo Ian. "Es una triste realidad y nadie sabe qué orilla a esas personas a hacer esa clase de cosas, pero tú debes ser quien sepa diferenciar entre el bien, el mal y las consecuencias de tus acciones."

"Es algo por lo que espero no tengas que pasar, pero en algunas ocasiones… hay que hacer cosas que uno no quiere." Comentó Jazmín. "En ocasiones, no tienes alternativa."

"Te has vuelto muy valiente en este viaje Gridwin." Remarcó Elise. "No tienes que hacer esas cosas para demostrarlo."

"Tienen razón, ser valiente no implica realizar esas atrocidades." Reflexionó Gridwin algo satisfecho.

Volvieron al camino, en la dirección que Jazmín les había indicado y así ver qué encontraban pero ella quedó atrás por unos instantes, observando al grupo algo sorprendida.

"Ian, ¿Qué quisiste decir con… mundo humano?"


UF! he estado mucho tiempo sin continuar esta historia, no porque no quisiera, sino que porque no visualizaba cómo sería el mundo de Antares. Desde siempre tuve en mente ciertas cosas puntuales que sucederían pero llegar a ellas se volvió un problema, sumado a varios proyectos personales que coparon mucho de mi tiempo. (Ojalá hubieran sido tan sólo videojuegos)
Debo decir que se han cruzado situaciones que me ayudaron a ver la continuidad de la historia sumado a que he conocido una par de personas quienes me ayudaron con ideas y cosas que no había notado como el hecho de que cada personaje cuasi representa un elemento de la armonía.
Gridwin es el adecuado para la lealtad, Elise sería la generosidad, Kyara la risa (Algo creo que obvio), hablando de cómo sería Jazmín lo más probable que sea la Bondad e Ian... no, él no es la magia... el más adecuado sería la honestidad (es muy directo como Applejack).
No voy a abusar de ese recurso pero me agradó descubrir algo que inconscientemente estaba haciendo.