"Fascinante…" Decía Jazmín.
Pasaba sus patas por las alas luminosas de Ian, cruzaban un acantilado donde por debajo un río corría con gran fuerza. Elise y Jazmín eran cargadas por Ian mientras que Gridwin cargaba a Kyara y las pertenencias de todos.
A lo lejos se veían unas montañas y claramente unas edificaciones alrededor y sobre la ladera, era una gran posibilidad de saber dónde se encontraban. Aterrizaron poco después de cruzar y continuaron a través de lo que quedaba de bosque.
"No quiero alarmar a nadie, pero me quedan pocas gemas." Comentó Elise hurgando en su bolso.
"Supongo que es un buen momento para que aprendas a racionalizar." Dijo burlonamente Gridwin.
"Mire esa edificación…" Señaló Kyara.
En un claro del bosque, se encontraba un gran edificio con grandes puertas, este se encontraba íntegramente hecho de rocas talladas y disponía de un escudo en la entrada.
"¿Será una especie de barracas para los soldados?" Supuso Jazmín.
"Ingresando es la única forma de averiguarlo." Comentó Ian. "Al menos me alegra que no haya inscripciones de runas."
Ian con Gridwin empujaron cada uno un lado de la puerta sin poder abrirla, hicieron su máximo esfuerzo pero los lados no se movían en absoluto.
"¿Estará bloqueada?" Consultó Gridwin.
"O tal vez se abren hacia el otro lado." Dijo Jazmín estirando y abriendo una de las hojas de la puerta.
"Bueno… ahora sabemos que tan idiotas somos." Comentó Ian a Gridwin.
La madera crugió por el movimiento, polvo y astillas cayeron al abrirse un poco y la tierra amontonada en la parte inferior se acumuló al abrir. Por dentro se veía una mesa en el centro y sillas alrededor, unos pilares sostenían unas tribunas en la planta alta y escaleras ubicadas a los lados daban paso hacia ellas.
"¿Qué clase de lugar es este?" Consultó Kyara.
"Luce como un parlamento." Contestó Gridwin.
"No me extraña, miren esos escudos." Señaló Ian.
En la tribunas superiores se divisaban tres escudos, uno colgado en cada pared a excepción de la salida. El primero disponía de un emblema con alas y plumas, el segundo disponía de estrellas y el cuerno de un unicornio y el tercero marcas de herraduras.
"Entonces… no es una simple leyenda…" Dijo Ian al notarlo.
"¿Qué cosa?" Preguntó Elise.
"Cada escudo representa un tipo de poni…" Contestó Kyara. "Unicornios, pegasos y poni terrestres."
"Yo también pensé que era una historia de invierno… pero al parecer, aquí se reunían a tener sesiones donde decidían o discutían sobre diferentes temas." Comentó Jazmín. "Aunque se sabe que no se llevaban bien entre ellos."
"Muy cierto, señorita."
Se sorprendieron al oír esa voz venir desde la puerta de entrada, un unicornio anciano ingresó cojeando y sujetando un pequeño bastón con su pezuña delantera izquierda, llevaba una túnica desgastada con agujeros, su pelaje se encontraba maltratado al igual que su crin y su ojo derecho completamente blanco.
"Los visitantes de otras tierras son extremadamente raros por aquí." Dijo. "Sobretodo cuando es un grupo tan mixto como ustedes."
"¿Quién es usted?" Preguntó Ian.
"Sólo contestaré esa pregunta si tú quitas el hechizo que tienes preparado y la loba su para de ese cuchillo." Dijo señalandolos con el bastón.
"De acuerdo, bajaremos la guardia." Accedió Ian haciéndole señas a Jazmín. "No somos una amenaza."
"Oh, bien… mi nombre es Chalk, un gusto." Se presentó. "Solía ser carpintero por aquí."
"E-es bueno saberlo… ¿dónde estamos?" Consultó Gridwin.
"Este es el gran salón donde los antiguos ponis debatían y negociaban por bienes, comida y necesidades básicas." Contestó. "Aquella silla más grande es donde se sentaba quien hacía de mediador, Starswirl el barbudo."
"Wow, si Twilight estuviera aquí se volvería loca." Dijo Ian tocando la silla.
"Disculpe pero, ¿hay algún pueblo en la cercanía?" Preguntó Kyara.
"Un lugar seguro donde podamos dormir y reabastecernos." Consultó Jazmin.
"Y no olvidemos darnos un baño caliente." Agregó Elise.
"Muchachos, parece que las chicas se encuentran muy demandantes…" Dijo Chalk casi entre risas. "No niñas, tan sólo encontrarán ruinas y alguna que otra casa a medio destruir."
"Oh…" Lamentó Elise.
"Pero, existe un castillo no muy lejos de aquí." Comentó dando la vuelta. "Se encuentra al borde de una cascada, así que hay agua y el bosque por debajo provee de algunas bayas y leña."
Lo siguieron lentamente por un sendero del bosque, este pasaba por unos arroyos que los cruzaban tan sólo brincando sobre ellos al ser muy pequeños. A la distancia se veía un castillo casi en ruinas, con enredaderas secas en las paredes y aquel arroyo pasando a varios metros de la pared.
"Está siendo muy hospitalario con nosotros." Dijo Kyara. "Ayer en nos trataron muy mal."
"Ustedes viajan con un unicornio que al parecer tiene grandes habilidades mágicas." Dijo. "A nadie le gustan los extraños por aquí."
Inmediatamente Kyara golpeó en el rostro a Ian con una de sus colas, él retrocedió por la sorpresa pero antes de que pueda quejarse, ella le hizo una seña con la pata para que guardara silencio.
"Pero es muy curioso que no tenga cutiemark y su cuerno es muy pequeño, cubierto por su crin." Dijo acercándose a Ian.
"En realidad, su cuerno se rompió hace mucho tiempo, en una batalla." Comentó Kyara.
El anciano levantó el crin de Ian con el bastón, allí vio un pequeño trozo de cuerno sobresaliendo de su frente.
"Debe haber sido muy doloroso…" Dijo.
"Ca-casi pierdo la vida ese dia…" Improvisó Ian.
"Es raro que un unicornio pueda siquiera utilizar su magia normalmente con una rajadura." Comentó Chalk volviendo al paso.
Gracias a la rápida acción de Kyara, lograron ganar completamente la confianza de Chalk. Ahora tenían acceso al castillo y así poder obtener información de qué camino tomarían. Golpeó la puerta con su bastón y las puertas se abrieron por la acción de la magia de un unicornio al otro lado, caminaron por un pasillo en penumbras, ya se había hecho tarde y no faltaba mucho para el atardecer.
Al entrar fueron inmediatamente rodeados por varios unicornios, estos se veían amenazantes y sus cuernos brillaban con intensidad.
"No somos una amenaza." Dijo Kyara.
No mediaron palabras, lanzaron sus hechizos de ataque hacia ellos de inmediato pero Ian extendió sus pezuñas frontales hacia arriba generando una barrera mágica. Los atacantes se detuvieron al ver los círculos mágicos que tenía en sus cascos.
"¿¡Por qué nos atacan!?"
"U… utilizan la misma magia que ellos…" Dijo uno.
"¡No nos esclavizarán!" Exclamó una yegua.
"¿A-a qué rayos se refieren?" Preguntó Gridwin.
"¡Somos unos viajeros!" Gritó Elise.
"Creo que antes de comenzar una gresca aquí dentro, deberíamos calmarnos y charlar las cosas." Dijo Chalk. "Mirage, ven aquí."
Una unicornio de pelaje blanco, largas patas y crin plateado, largo y sedoso se acercó, los miró fijo sin dejar de tener el ceño fruncido para luego prestar atención a lo que Chalk tenía para decirles.
"Ellos no son de estas tierras y al parecer, se encuentran perdidos." Dijo.
"No tengo motivos para confiar en ellos, ya muchos fueron llevados como esclavos en las minas."
"Sería muy agradable si nos ponen en contexto, por favor." Pidió amablemente Gridwin.
"No hablarle con un sucio grifo…" Espetó. "O un poni terrestre."
"En realidad, es un unicornio con su cuerno roto." Dijo Chalk levantando el crin de Ian.
"Mirage, necesitamos saber dónde estamos y de ser posible, reabastecernos un poco." Solicitó Jazmín.
"El unicornio es bienvenido, el resto dormirá afuera." Sentenció dándoles la espalda.
"Yo…"
"Nosotros iremos fuera." Interrumpió Kyara a Ian. "Si hace frío, siempre podremos dormir debajo de las alas de Gridwin." Agregó metiéndose debajo de una de ellas. "Tres hermosas chicas acurrucadas entre tus alas, un récord para este pollito."
"Ahem, no te preocupes por nosotros, tú descansa bien." Dijo Gridwin intentando no verse avergonzado y contento a la vez por el comentario de Kyara.
"Averigua todo lo que puedas." Susurró Jazmín a Ian mientras salían. "Contamos contigo."
Una vez fuera, un unicornio les cerró la puerta de inmediato, Ian volteó a Mirage que aún lo observaba con desconfianza y el resto de los unicornios lo vigilaban. Ingresó al castillo detrás de ellos, el lugar se veía como un refugio, muchas familias amontonadas bajo una manta dándose calor, muchos acurrucados alrededor de una gran chimenea para no pasar frío.
"¿Hubo algún tipo de desastre?" Consultó Ian.
"Hace varias lunas que vivimos así, en este refugio, lo único que nos queda para sobrevivir." Contestó Mirage.
"¿Qué sucedió?"
"Las criaturas de Antares, se llevan a los unicornios para trabajar en unas minas." Contestó Chalk. "Cada poni tiene su función, los pegasos son obligados a limpiar el clima para evitar que afecte la extracción de minerales en las canteras y los ponis terrestres cargan los carros sin parar hacia quién sabe dónde."
"¿Hace cuanto que esto sucede?" Consultó Ian.
"Varios años." Contestó Chalk.
"Sabes, no sé por qué te estamos contando estas cosas." Bufó Mirage. "Tú eres un extranjero por lo que estos problemas no deberían importarte."
"No obstante, ustedes están sufriendo con pocas provisiones, ocultos y en constante temor." Replicó Ian viendo a dos potrillos jugar con una especie de balón hecho con telas atadas.
"¿Quieres un mapa?" Consultó Mirage. "Entonces cierra el hocico."
Ese improvisado balón rodó frente a las pezuñas de Ian, él lo tocó con su casco y observó a los dos potrillos que lo observaban tristes y distantes. Volvió a patearlo hacia ellos esbozando una sonrisa, cosa que los alegró volviendo a jugar.
La biblioteca era grande, había muchos libros en el suelo, otros rotos con sus hojas esparcidas por doquier y varias estanterías destrozadas. Se notaba una gran abertura en la pared por donde entraban los últimos rayos del sol y sobre a una chimenea, un gran retrato de una yegua de pelaje blanco y crin púrpura oscuro llevando una corona y capa real.
"Esa yegua es preciosa." Dijo Ian admirando el cuadro.
"Según nuestras historias, ella es quien regía a los unicornios antes de la gran migración." Relató Chalk.
"Hay algo que no entiendo…" Dijo Ian observando el atardecer. "¿Por qué no migran hacia el sur?" Preguntó. "Serían bienvenidos en Equestria."
"El terreno es muy hostil y apenas tenemos provisiones para un día aquí, sería una locura." Replicó Mirage.
"Los ponis terrestres también son esclavizados y son ellos quienes, a regañadientes, nos dan algo de provisiones." Comentó Chalk.
"¿Y si voy a pedirles provisiones?" Consultó Ian.
"Al instante que vean que eres un unicornio te aplastarán con sus pezuñas." Contestó Mirage. "Así como fueron atacados cuando ingresaron aquí."
"¡Humo!" Oyeron fuera. "¡Hay humo!"
"¿¡Qué!?" Exaltó Mirage corriendo hacia la puerta. "No podemos encender fogatas en la noche o nos encontrarán."
"Son esos forasteros, están a varios metros del castillo…" Comentó unicornio entrando por la puerta.
"¡Tus amigos harán que nos esclavicen a todos!" Exclamó Mirage muy enfadada.
Corrieron rápidamente hacia la entrada, todos observaban muy furiosos a Ian que seguía a Mirage por detrás. Abrieron levemente la puerta y salieron para apagar la fogata, Ian formó un montículo de hielo que lo lanzó con su magia sobre las llamas.
"¡Ey!" Bufo Elise.
"No hay mucho que explicar, pero algo los ataca y el humo de la fogata puede darles la ubicación de este refugio." Comentó Ian ante la mirada de sus amigos.
"Vayanse… no queremos problemas y apuesto que ustedes tampoco los desean." Dijo Mirage muy seria al grupo.
"No hay nada que negociar, vámonos…" Señaló Ian hacia el bosque. "Gracias por el mapa."
Tomaron sus cosas y comenzaron a caminar hacia la penumbra del bosque, en dirección contraria al arroyo. Kyara quitó la ilusión de la frente de Ian mientras que aquellos pocos unicornios los observaban irse.
