Ya había oscurecido y los grillos sonaban por doquier, algunas luciérnagas danzaban cerca de las plantas y las tenues luces de las cabañas permitían ver el perímetro del pequeño pueblo.

Jazmín regresaba siendo sigilosa como siempre mientras olfateaba buscando a sus compañeros.

"¿No has tenido problemas?" Consultó Gridwin a Jazmín al verla llegar.

"No hay que ser un genio como para no darnos cuenta que rompías las reglas al viajar con nosotros." Comentó Ian.

"Si, lo saben y he recibido la orden de acompañarlos un tiempo más." Contestó Jazmín. "Obtuvieron más información del terreno y situación general que ocho miembros del escuadrón de élite."

"Se siente bien saber eso." Dijo Kyara.

"¿Qué pudieron averiguar?" Consultó.

"El último contingente de ponis no regresó." Contestó Ian. "Siete ponis llevaron el último cargamento de minerales antes de que desbaratemos todo."

"Sus familias están muy preocupadas." Comentó Kyara.

"Conociéndolos a ustedes, supongo que el próximo objetivo será rescatar a esos ponis, ¿verdad?" Consultó Jazmín.

"De hecho, está en nuestros planes dirigirnos hacia donde llevaban los minerales." Respondió Gridwin.

"Existe la posibilidad de que estén de regreso en este preciso momento, si se encuentran con la mina abandonada, regresarán aquí." Explicó Ian. "Pero también cabe la posibilidad de que hayan sido utilizados como energía para los cosechadores."

"Ese extraño mineral tenía el mismo color que los cosechadores." Dijo Elise. "Tal vez sea de lo que están hechos."

"Partiremos al amanecer, así que lo ideal será dormir en las camas que nos dieron." Dijo Ian acostándose en una de ellas. "Son cómodas." Suspiró algo cansado.

Gridwin se colocó de lado en su cama mientras que Elise daba pequeñas vueltas para luego recostarse y así dormir, Kyara se acercó a Jazmín que no se movió del lugar en que se encontraba desde que llegó. Se la notaba perdida y pensativa en su mirada, como si hubiera algo que la preocupara.

"Tu rostro expresa cansancio." Destacó Kyara observando a Jazmín a los ojos. "No te descuides o dejarás de estar bonita." Agregó tocándole la frente con una de sus colas. "Y dormir con tu equipo puesto no ayudará."

"Sí, mamá…" Rezongó Jazmín.

Ambas quebraron en risas por tal escena, sabía que no debía preocuparlos por lo que iba a suceder. Aquella cabaña donde dormían era cómoda y cálida, los dueños de ella les permitieron utilizar una segunda habitación que utilizaban como taller de alfarería.

-Crash- el sonido de una vasija romperse despertó súbitamente a Jazmín por el estruendoso sonido, Gridwin había empujado lo que había sobre una mesa con sus alas que se encontraban bien extendidas hacia arriba mientras que murmuraba algo dormido y daba pequeñas patadas con una de sus patas traseras.

"Espero no ser parte de ese sueño, su majestad." Susurró.

"¿Quieres ver?" Preguntó Kyara sin abrir sus ojos.

"Creeme, no quieres..." Acotó Ian también sin abrir los ojos y sonando medio dormido.

"Es obvio que no puedes dormir." Dijo Kyara bostezando. "Puedo inducir el sueño con magia si quieres…"

"N-no gracias, los lobos dormimos poco…"

"¿Entonces por qué estás bostezando?" Cuestionó Kyara abriendo un ojo.

Sonrojarse fue lo único que Jazmín pudo hacer en ese momento, Ian había vuelto a dormir y Gridwin seguía murmurando cosas dormido.

"¿Me lo dirás o debo averiguarlo mientras duermes?" Preguntó Kyara.

"Supongo que no puedo superar a un zorro astral de cinco colas…" Suspiró Jazmin.

Kyara sonrió al notar la rendición del hermetismo de Jazmín hacia ella, agachó su cabeza en total señal de que le permitía conectarse a su mente.

Ya en la mañana, se encontraban listos para continuar, Gridwin comía una manzana dorada y Elise contaba sus gemas.

"Ustedes han demostrado ser confiables." Dijo Honeysuckle. "Por favor, rescaten a esos ponis."

"¡Alguien se aproxima!" Exclamó un vigía.

Un pegaso de largas alas doradas descendió repentinamente frente al grupo, al retraerlas, observó fijo a Honeysuckle a los ojos con una seria expresión.

Su melena oscura contrastaba con su pelaje y sus ojos eran los de un potro que había pasado por mucho.

"Cumulus Nimbus… ¿qué te ha obligado a llegar de esta manera a mi aldea?" Dijo Honeysuckle.

"Nos enteramos que has aumentado las provisiones a los unicornios." Contestó. "Ellos no hacen nada y nosotros los pegasos brindamos agua a las plantas."

"Pues yo no he visto caer una gota de lluvia en semanas." Replicó la gran poni.

"Sabes perfectamente que enviar a los pegasos acarreadores es peligroso." Espetó Cumulus.

"¿De verdad?" Cuestionó Honeysuckle. "Sin agua no hay comida, hemos tenido que utilizar lo poco que nos sustenta el arroyo para regar las plantas de las huertas."

"¿Por qué es peligroso acarrear las nubes de lluvia? Consultó Elise.

"¿Un dragón?" Cuestionó Cumulus al verla pero luego elevó su mirada hacia el resto. "¿Y ustedes quienes rayos son?"

"Ellos son quienes liberaron a los ponis de las minas y derrotaron a los monstruos." Respondió Honeysuckle. "Ya es seguro para los pegasos volar y acarrear las nubes."

"Imposible, nadie podía contra ese grifo escupe fuego."

"Ahora podrán hacer las paces y entre las tres razas de ponis coexistir." Dijo Gridwin.

"Eso es imposible, y mientras Antares siga por aquí… esos monstruos volverán." Bufó Cumulus.

"Nuestra intención es derrotarlo, él atacó nuestras tierras." Dijo Jazmín. "Si pueden enviar a un grupo de pegasos a reconocer el área por donde llevaban los minerales, nos ahorrarían tiempo."

"Yo iré con ellos." Propuso Gridwin.

"Nunca pensé que aceptaría la compañía de un grifo…" Bufo Cumulus Nimbus. "Sígueme y no hables a menos que yo lo haga."

Ambos emprendieron vuelo al instante, Ian lo observaba dudando de si debía acompañarlo o no.

"Estará bien." Dijo Jazmín pasando a su lado.

"Siempre pensé que los príncipes eran unos mimados, inútiles y cobardes. Comentó Honeysuckle. "Pero su amigo es todo lo contrario, me agrada."


La citadel de los pegasos era un gran cúmulo de nubes apostados en la punta de una rocosa y puntiaguda montaña, A medida que se aproximaban a la ciudad, docenas de pegasos salieron cargando lanzas, palos y todo tipo de elementos como si fueran un enjambre dispuesto a dar batalla a quien se acercaba.
Instintivamente Gridwin tomó su bastón que se encontraba plegado pero Cumulus Nimbus le hizo una seña negando con la cabeza de que no era necesario.

"¡Cumulus!" exclamó un joven pegaso. "¿Por qué vienes acompañado de un grifo?"

"Cosas pasaron y pasarán, debemos reunirnos ya que nos encontramos a punto de lograr algo que durante mucho tiempo deseamos."

"Oye, yo te recuerdo de la mina…" Comentó una pegaso de pelaje turquesa y crin marrón oscuro. "Eres el grifo que estaba con ese poni raro, las cosas peludas y el dragón."

Ingresaron en la citadel observados por los pegasos que la habitaban, no eran muy numerosos y se los notaba cansados, hambrientos y enfadados de que haya un extraño dentro. Llegaron a una cueva donde terminaban las nubes, disponía de dos pilares tallados en ella e ingresaron a un tenue corredor apenas iluminado por antorchas.

Al final del mismo se encontraban tres grandes sillas de nubes flotando y tres pegasos ancianos sentados en ellas.

"Te pedimos que traigas comida y llegas con un sucio grifo…" Bufó un anciano.

"Dinos, ¿qué significa esto?" Consultó el segundo.

"Mi presencia aquí no es por hostilidades pues me acerco a ustedes ofreciendo ayuda." Dijo Gridwin fuerte y claro. "Mi nombre es Gridwin, hijo de Winsail, rey de Griffonia." Agregó haciendo una reverencia.

"Estás muy lejos de Griffonia, pequeño emplumado." Comentó la pegaso sentada en la silla del medio.

"Lo sé, pero mi presencia en sus tierras es para hacer pagar a Antares por el mal que nos ha hecho." Dijo Gridwin.

"¿Y qué piensas hacer, un ataque kamikaze?" Cuestionó un anciano. "Nadie se ha acercado a Antares como para hacerle daño alguno."

"Me encuentro con unos muy fuertes y confiables compañeros, estamos en la cruzada de ayudarlos y hacerlo pagar por crímenes que ha cometido en nuestra tierra." Contestó Gridwin. "Pero necesitamos la ayuda de todos ustedes para lograr nuestras metas y minimizar los riesgos."

"Si son tan fuertes, entonces vayan, no tienen asuntos con nosotros."

"De hecho, quisiera pedirles realizar un reconocimiento de la zona hacia donde llevaban los minerales y prometo enseñarles a derrotar a los cosechadores." Propuso Gridwin. "En este momento mis amigos deben estar convenciendo a los ponis terrestres que les den un poco más de alimentos."

"Cumulus, irás con él." Ordenó la anciana."Lleva a dos pegasos contigo pero no corran riesgos innecesarios." Agregó. "Jovencito, espero que lo que prometes se cumpla."

Se dirigieron hacia donde se encontraban los guardias de la ciudad, aquellos encargados de defenderse de los cosechadores. Dos pegasos se ofrecieron a ir con Cumulus y Gridwin, sus nombres eran Rain Dancer, un pegaso de pelaje celeste claro y crin dorada, el segundo pegaso se llamaba Crisp Winter y se caracterizaba por tener motas celestes y marrones en su pelaje blanco.

El grupo se detuvo al ver a Gridwin preparar su lanza, de un solo tirón de su garra, esta se extendía y formaba un arma pero luego girando su muñeca se desarmaba en partes que reunía para guardarla.

"Parece que los que viven pasando las montañas nevadas tienen mejores armas que nosotros…" Comentó Rain Dancer.

No tardaron demasiado en alejarse, los bosques por debajo se encontraban de un color opaco por la falta de agua y la nieve en pequeños cúmulos contrastaba con el paisaje rocoso. Sobrevolaron aquel volcán aterrizando por donde los pegasos extraían los minerales para ser transportados por los ponis terrestres.

"Según comentarios de mi hermano, los carruajes eran llevados al este." Señaló Rain Dancer.

"Este lugar me da escalofríos…" Comentó Crisp Winter observando hacia abajo.

"Sí, es tétrico…" Comentó Cumulus. "Debemos continuar, al parecer nadie ha regresado."

Volaron en esa dirección siguiendo el trazado del camino marcado por los carruajes, la zona era montañosa pero la vegetación variada. Uno de los contenedores se encontraba volcado a un lado del camino, contra la ladera de un cerro y sostenido por una roca.

"Esta boca abajo, como si fuera un refugio improvisado." Señaló Cumulus Nimbus.

"Debemos investigarlo." Propuso Gridwin descendiendo.

"Yo iré con él, ustedes dos vigilen desde arriba." Ordenó Cumulus a sus compañeros.

Gridwin descendió justamente frente a la entrada del lugar, inmediatamente fue tacleado por un poni que salió de allí dentro gritando despavorido.

"¡HUYAN, YO LO DETENDRÉ LO QUE PUEDA!" Gritó.

"¿Detendrás qué cosa?" Preguntó Gridwin sin ofrecer resistencia estando boca arriba bajo las pezuñas del poni. "¿No quieres ser rescatado?"

Cuatro ponis intentaron salir corriendo y dos más eran eran cargados y uno de ellos tenía una tabla atada de forma improvisada en su pata trasera izquierda, su camino fue bloqueado por Cumulus que descendió frente a ellos con sus alas extendidas.

"N-no nos hagan daño." Chilló una yegua muy asustada.

"Ciel, soy yo…" Bufó Cumulus.

"imposible, ¿los pegasos vinieron a rescatarnos?" Cuestionó un potro.
"¿Dónde están los demás ponis terrestres?" Preguntó quien cargaba a Ciel. "Se supone que deberían llegar con otro carruaje por estas horas."

"Todos fueron liberados, ya nadie vendrá." Contestó Gridwin desde el suelo.

"Explícate, grifo…" ordenó quien lo sostenía.

"Honeysuckle pidió que los busquemos, ustedes son los últimos." Respondió.

Aquellos ponis se alegraron y uno derramó lágrimas de felicidad, notaron que era un buen momento de calmarse ya que volverían a sus hogares.

"Ciel, yo te llevaré." Propuso Cumulus Nimbus. "Debes recibir atención rápido por tu pierna."

"Si mis padres te ven cargándome, harán un cojín con tus plumas…" Replicó.

"Rocksteady enfermó, no ha dejado de tener fiebre, por ello descanzábamos aquí." Comentó un poni terrestre.

"Al descargar el carro, esos monstruos intentaron atacarnos… como si ya no les fuéramos de utilidad…" Comentó otro de ellos. "Lo atraparon pero logró liberarse por ser el más fuerte de nosotros."

"En la aldea encontraremos a una amiga que es experta en preparar pociones medicinales, le pediremos a Honeysuckle lo que haga falta." Propuso Gridwin.

Regresaron con paso firme, Gridwin cargaba al enfermo en su espalda y Cumulus Nimbus se enfadaba de las burlas de todos los demás al cargar a Ciel, pese a ser de dos grupos diferentes y enemistados, era muy notorio el cariño que se tenían, aunque lo negaban ante los demás.

Pasaron cerca del volcán donde fueron esclavizados los ponis terrestres, no dejaban de quitarle los ojos de encima esperando a que algo suceda. La llegada a la aldea fue anunciada al instante que ingresaron al bosque, grupos de vigías se acercaron muy felices y otros corrían a abrazar a sus familiares.

"Rocksteady…" Dijo una anciana al ver a su hijo jadear en la espalda de Gridwin. "T-tiene mucha fiebre… ¿qué sucedió?"

"Eso hay que ver… ¡Kyara, Ian… necesito su ayuda!" Exclamó bajando al poni.

"¿Será lo mismo de Krisaward?" Preguntó Kyara.

"Sí…" Afirmó Ian con un círculo mágico en el pecho de Rocksteady. "Intentaré limpiarlo…"

Sin activar el hechizo, Rocksteady comenzó a gimotear y retorcerse de dolor, una esfera roja salió de su boca elevándose en el aire unos metros, todos se alertaron e Ian junto a Kyara y Gridwin se colocaron en guardia preparados para el frenético ataque.

Nada sucedía, la esfera parpadeaba dos veces cada tres segundos y luego se detuvo, como si hubiera sido hervida, se evaporó en el aire disipandose hacia arriba..

"E… esperaba algo más."

"Continúa esperando…" Acotó Jazmín. "Eso pareció una señal."

Inmediatamente los vigías anunciaron la llegada de un enjambre de enemigos, los cosechadores rodearon la aldea tanto por tierra como por aire.

"S-son muchísimos…" Señaló Elise.

"Nunca enfrentamos tantos." Comentó Kyara.

"Nos tendieron una trampa… los utilizaron para localizar la aldea." Dijo Ian.

Ante la emboscada, muchos corrían por refugio a sus chozas, pese a que los cosechadores podían romperlas como si fueran de cartón, era un mero intento de sobrevivir ante la amenaza.

Un círculo mágico apareció debajo de Ian y unas alas rojas como la sangre se desplegaron en su espalda, las colas de Kyara brillaban hacia arriba, Elise exhalaba fuego azul mientras respiraba, Jazmín preparó sus armas y Gridwin extendió su bastón; la batalla era ya inevitable.