VENGANZA II

Después que el Patrón encomendó a Tanjiro que siguiera en su lucha y, además que siguiera cuidando a Nezuko, apareció un cuervo chillón encargándole la nueva misión. Pero esta vez con una advertencia casi enigmática. Le dijo que esta vez debería viajar a los poblados del norte en donde se habían detectado presencia de demonios, pero que no era esa la misión, sino enfrentar a alguien conocido, pero más poderoso. Tanjiro quedó sorprendido sin poder recordar a quien se podía estar enfrentando, pero como el cuervo lo único que hacía era gritar órdenes y no responder consultas decidió no insistir y emprender el viaje, armado con su nuevo sable neblinto reparada después de que el demonio araña la haya quebrado. Pronto lo alcanzarían Zunitsu e Inosuke una vez que se restablecieran del todo, el primero de su encogimiento producto del veneno inoculado de araña, y el segundo, su baja autoestima al verse infinitamente inferior en fuerza y poder no solo del chico de la cicatriz en la frente, sino de los Pilares que lo mantuvieron atado en el bosque de las arañas.

No tardó mucho en distraerse en el camino e ir haciendo un recuento de lo vivido en esos años desde el horroroso ataque a su familia hasta en encuentro con Los 9 Pilares y el Patrón. De quien estaba agradecido de no sacrificar a su amada hermana. Seguía, por tanto, en pie, su deseo de vengar la muerte de su familia y volver humana a su hermana por mano de Muzan Kibutsuji.

Habían pasado un par de días y cada cierto tiempo ambos hermanos miraban hacia atrás esperando ver llegar a los dos muchachos que se habían convertido en grandes amigos y equipo de lucha contra los demonios. ¿Qué demonio deberán enfrentar ahora, será otro de las 12 lunas o será una Creciente? ¿Y qué habrá querido decir el cuervo con que se enfrentaría a algo conocido?

Después de 4 días de camino, se detuvo frente a un río en las afueras de un pueblito que se veía en su orilla contraria. Se sentó un instante en la penumbra a los pies de un gran árbol y miró distraído el movimiento de la gente del lugar. Sólo se veían hombres y mujeres adultos o viejos y muchachas. ¿Por qué no se veían jóvenes ahí? ¿No habían en ese pueblo o estaban trabajando todos en un mismo lugar? Aunque no quiso darle más vueltas en el asunto decidió dormir en las afueras del pueblo e ingresar a él al día siguiente con calma. Preparó un pequeño fuego, armó una bolas de arroz que le habían entregado el personal de Kocho, preparó una sopa de miso. En ese instante, Nezuko apareció abriendo la caja, quien se sentó a su lado apoyando la cabeza en el hombro de su hermano. Indudablemente se sentía tan agradecida del cuidado, protección y confianza que Tanjiro tenía de ella que sentía urgencia por demostrarle que estaría a la altura de las circunstancias en cada ocasión que hiciera falta. El joven sintió esa gratitud y sonrió:

Te prometo, Nezuko que lograremos encontrar a quien te hizo esto y volverás a ser mi hermana humana. No te preocupes… - no alcanzó a completar bien la frase cuando notó que la muchacha se enderezaba bruscamente y miraba hacia el otro lado del río con recelo y desconfianza. Tanjiro se sorprendió porque no olía a demonio conocido ni desconocido, sólo los de los seres humanos que se encontraban en el pequeño pueblo vecino. Giró la cabeza, una multitud de hombres y mujeres se apostaban en la orilla y lo miraban aterrorizados y gritaban todos a la vez frases que se confundían y se hacían incomprensibles. El joven de la cicatriz se enderezó, procurando dejar a Nezuko fuera de la vista de la gente.

Buenas tardes, podrían hablar de a uno, no entiendo lo que dicen – les gritó por sobre el tumulto, provocando que todos callaran bruscamente. Tomó la palabra uno de hombre que parecía como el Jefe de la aldea y gritó alto para imponerse al sonido de las aguas del río.

Muchacho vete de aquí. Corres peligro. ¡Te va a secuestrar! – replicó con lágrimas en los ojos. – No queremos ver a otro joven desaparecer de este pueblo. – el joven Kamado se sorprendió al oírlo y decidió cruzar el río a conseguir mayor información. ¿Será un demonio?

Nezuko ya estaba dentro de la caja, se la colgó en sus hombros y se aprestó a cruzar el río, un alarido de espanto se alzó en el aire, gritos mezclados de horror y asombro iban subiendo de nivel. Aún no llegaba a la mitad del río cuando notó cerca suyo que el agua salpicaba, esto le sorprendió. Levantó la vista y vio, perplejo que los aldeanos le estaban lanzando piedras y palos para evitar que cruzara el río y se acercara al pueblo. Se detuvo asombrado, mientras las voces se alzaban cada vez más casi llegando a la paranoia. Mientras se protegía de los proyectiles, trataba de explicarse. Hasta que ofuscado gritó:

¡BASTA! – esto produjo la misma reacción de la gente cuando alzó la voz por primera vez. Al parecer los aldeanos estaban tan alterados y traumados con lo que estaban viviendo que pasaban del descontrola al mutismo absoluto. – Soy un Asesino de Demonios y lo que sea que les esté ocurriendo los puedo ayudar si se trata de uno de estas bestias. – una exclamación de asombro se elevó alto. El aldeano que había hablado la primera vez tomó la palabra nuevamente:

Eso mismo es lo que creemos que nos ha ocurrido – trató de explicarse – en estos últimos meses han ido desapareciendo nuestros hijos como de tu edad, misteriosamente. Suponemos que es obra de algún demonio, pues no hemos encontrado nada de ellos desde que desaparecieron – esto puso en alerta a Tanjiro, quien ya le faltaban unos pocos metros para llegar a la orilla del pueblo. – Hemos tenido tanto miedo que hemos enviado a nuestros jóvenes y niños a otros pueblos en donde viven familiares nuestros para protegerlos pues no sabemos exactamente qué les ocurre.

¿Esto quiere decir que han desaparecido en las calles, o incluso dentro de las casas? – preguntó el joven espadachín, recordando casos parecidos años atrás.

Así es, - respondió el hombre, mientras los demás pobladores asentían, algunos con la cabeza otros a media voz - ¿Sabes de qué se trata? – inquirió el hombre esperanzado. El joven Kamado entendió que esperaban buenas noticias, pero lo que les debía decir no los tranquilizaría, más bien los llevaría a una gran tristeza.

Creo que sí – respondió cauteloso – recuerdo hace unos años atrás una aldea pasó por algo similar, aunque eran muchachas las que desaparecían… - las madres presentes abrazaron a sus hijas y las que no tenían a sus muchachas cercanas hicieron el amago de ir a buscarlas mientras otras giraban la cabeza o el cuerpo en dirección a sus casas – NO, tranquilos – sonrió el muchacho, tratando de calmarlos – efectivamente eso fue obra de unos demonios, pero que ya los vencimos y ellos no pueden resucitar. – los rostros se suavizaron un tanto, Tanjiro prosiguió – En cambio en un pueblo vecino a aquel, me encontré con un demonio que era hermano del otro, y él sí cazaba a jóvenes de 15 años, aproximadamente, lamentablemente huyó como una rata y no volví a saber de él. – La gente comenzó a llorar quedamente, pues todo indicaba que no volverían a ver a sus hijos.

Tanjiro se sintió incómodo por la situación que había generado, y bajando la cabeza solicitó que lo dejaran hacer su trabajo, pues el demonio que él había enfrentado en ese entonces era solo una rata acorralada y sin ningún gran poder. Después de lo que había enfrentado en el bosque de las Arañas, este demonio de baja estofa no era preocupante. Aunque en su interior la insistencia del cuervo de enviarlo para allá, pese a que el Patrón lo había enviado a buscar a Muzan. Quizás estos años que habían pasado el demonio había incrementado sus poderes, así como él se había ido fortaleciendo en técnicas y destrezas. ¿Habrá avanzado tanto como para volverse poderoso? Como diera lugar, solo podría saberlo una vez que lo viera frente a frente y así sabría si se trataba del mismo o era otro con características similares.

Se encaminó a los linderos del pueblo, y después de un largo momento de reflexión y mediación, ejercitando la respiración que había aprendido en la finca de la Pilar Kocho. Cenó un poco de comida liviana y a medida que bajaba el sol y se iba colocando en el ocaso, se fue oscureciendo lentamente el lugar donde se encontraban, pronto la sombra fue la adecuada para que Nezuko pudiera salir casi tímidamente de la caja que yacía a un costado de su hermano. Sus ojos brillaban alegres.

Hola, Nezuko – veo que descansaste bien. – aseveró el espadachín –Debemos estar alertas. Parece que nuevamente Matiasu está atacando y ahora en este pueblo. – la niña demonio, arrugó el entrecejo, pues recordó muy bien al demonio que se les escapó una par de años atrás. – Hoy intentaremos eliminarlo definitivamente. – calló el joven mirando hacia la ciudad que se iba iluminando poco a poco con farolas que iban colocando los adultos del pueblo, quienes miraban con recelo donde se encontraban los hermanos, muchos sorprendidos al ver a una niña junto al Asesino de demonios, pues no la habían visto cuando lo encontraron la primera vez.

Se puso el sol y Tanjiro, se levantó, colocó la mano en la empuñadura de su nueva niblinto, cerró los ojos un momento, tomó aire y aguzó su olfato hasta ubicar el olor distinto a los de los humanos. El demonio estaba dando vueltas bajo la tierra, el olor le era familiar. Todo indicaba que si era Matiasu quien andaba asolando en esa aldea. Sin perder de vista la calle principal que desembocaba adonde se encontraban ellos, dio un par de pasos al pueblo y notó que el demonio se había internado en dicha calle, su movimiento era errante, al parecer muy molesto por no encontrar muchachos para comérselos como era su preferencia, hasta que sintió la presencia de un joven a la salida del pueblo. Su hambre era tan feroz, que no se preguntó el por qué había un muchacho solo parado ahí, era como si se estuviera ofreciendo. El demonio pensó que los lugareños habían asumido que él estaría depredando el lugar y habían optado por darle un muchacho cada noche como ofrenda con tal de que no hiciera daño a nadie más en el pueblo. Aceleró el paso casi corriendo de avidez y fue apareciendo la conocida mancha negra viscosa en el suelo y surgiendo a medida que iba avanzando hasta quedar a unos cinco metros de su presa, pero se detuvo bruscamente al reconocer la chaqueta típica y el rostro de la frente con cicatriz. Dio un agudo chillido que molestó demasiado en los oídos de los hermanos.

Maldito Tanjiro Kamado – espetó entre dientes Matiasu – nos volvemos a ver. Pero esta vez no saldrás con vida – masculló babeando de rabia – mi Señor me ha encomendado eliminarte – rió descontroladamente – y serás un plato muy sabroso de comer. Dejaré tu cabeza intacta y se la mostraré a mi Señor como ofrenda. – decía con voz cada vez más aguda – me va a convertir en uno de las 12 lunas, ahora que ha muerto uno en manos de los malditos Pilares.

Lucharé como lo hice como cuando enfrenté a ese demonio araña – dijo muy enojado Tanjiro, provocando que el demonio diera un respingo y chilló nuevamente. Nezuko inconscientemente se tapó los oídos y Tanjiro no pudo evitar hacer una mueca de molestia.

Te haré pagar la muerte de mi hermano y de cada demonio que has asesinado – y lanzando un alarido agudo similar al chillido de una rata y girando sobre sí, se hundió en aquella masa negra en el momento mismo que el joven espadachín se lanzaba sobre él cayendo en el suelo duro.

Pensando que había huido nuevamente, relajó un tanto los músculos hasta que su nariz le advierte que el peligro no ha pasado y que Matiasu se encontraba demasiado cerca… de Nezuko! Corrió hacia ella justo en el momento que el demonio había dejado el piso fangoso, dejando a la chica hundida hasta las rodillas, y endureciendo nuevamente el suelo dejándola atrapada. El demonio saltó fuera de piso tras la muchacha.

Tú eres un demonio, deberías ayudarme a eliminar a este asesino, sin embargo, lo ayudas, le dijo en el oído enterrándole las garras en la espalda, provocando que se retorciera de dolor. – Ya me haré cargo de ti y te enseñaré a respetarme una vez que haya matado a tu odioso hermano... – dijo al tiempo que daba un gran salto atrás esquivando el filo de la espada que el chico había lanzado y que Nezuko había sacado el cuerpo empequeñeciéndose, y ovillándose del dolor provocado por el ataque del enemigo.

Deja a mi hermana en paz—grito el joven sin dejar de dar sablazos repetidos que eran esquivados con mucha facilidad por el demonio.

Tanjiro se detuvo resollando, había perdido el control y la concentración al querer defender a su hermana. Se irguió, bajo sus brazos y trató de recuperar la respiración de agua, en el momento que Matiasu, desapareciendo de la vista, asomó el brazo y la cabeza desde un árbol dándole un arañazo en el rostro del muchacho, sacándolo de su concentración. El ardor le fue quemando la cara, comprendió que, efectivamente, ahora no solo contaban con más poderes, sino también con mayor decisión. Tanjiro dio un salto al costado, se limpió la sangre del rostro, alzó su sable listo para emprender la batalla, cuando un olor extraño lo invadió, alertándolo de otro peligro. Buscó con la mirada y solo se veía la oscuridad y nada más. Pronto en las sombras se comenzó a ver movimiento, demasiado y antes de que Kamado pudiera determinar con exactitud qué era una multitud de ratas, más parecido a un ejército de ratas, se abalanzaron sobre Nezuko tratando de morderla, la chica asqueada y sin ningún temor golpeaba con el puño en el suelo donde se hallaba presa aplastando a las ratas cercanas generando un chillido multitudinario y desagradable. Tanjiro intentó socorrer a su hermana pero pronto fue rodeado por otra legión de ratas organizadas, tras ellas y entre Nezuko y él, se encontraba Matiasu con las manos en la cintura, babeando de contento, con una sonrisa perversa en la mirada y ansioso de atacar al joven espadachín una vez que los roedores que estaban, ahora, a su mando, lo dejaran exhausto y sin fuerzas para pelear frente a frente. Sí debía estar muy agradecido de los nuevos dones que le había dado su señor Kibutsuji.

La batalla parecía decidida en esos momentos, Tanjiro Kamado estaba rodeado por una infinidad de ratas rabiosas que le mostraban sus dientes y que lo superaban con creces en número y organización. Por otro lado, Nezuko atacaba a las ratas que se atrevían a morderla causándole grandes heridas y dolor, sobre todo cuando lograban arrancar parte de su piel. LA chica daba vueltas su cuerpo sobre si misma logrando girar casi en 360° atacando sin tregua a ese ejército de feroces roedores. Finalmente, Matiasu, que no dejaba de reír enajenado, estaba sintiéndose triunfante en esta lucha.

Tanjiro comprendiendo que debía hacer algo mejor que inmovilizarse decidió ser el primero en atacar, inhaló profundamente, se concentró y recurrió la segunda respiración de agua, Yako Mizu Guruma, dando un giro en 360° con su espada provocando que las primeras líneas de ratas salieran volando decapitadas. Las siguientes atacaron con furia desatada, dándole algunas dentelladas que Tanjiro a duras penas logró esquivarlas todas recibiendo varios mordiscos y arañazos. Comprendiendo que no había sido suficiente, y que solo había alejado un poco a los roedores que se le venían encima, recurrió a la tercera respiración de agua, San no Kata Ryüryü Mai, comenzando sus movimientos en forma de oleaje y arrasando con aquellos molestos animales que se cruzaban en su camino y que no le permitían librara su hermana del sufrimiento que estaba teniendo. En una renovada lucha, ambos hermanos lograron mantener a raya, pese al agotamiento, a las iracundas ratas. Tanjiro, logró zafarse de las ratas usando la sexta respiración de agua, Nejire Uzu, haciendo desaparecer la última gota de vida de los roedores que lo tenían cercado. Agotado y respirando con dificultad, vio como se le venía encima Matiasu, por lo que velozmente alzó su sable, justo en el momento que el demonio aterrizó a dos metros suyos desapareciendo en el lago fangoso frente a sus ojos. El joven espadachín comprendió que el ataque sería desde bajo tierra, por lo que agudizó los sentidos mientras miraba angustiado a su hermana que aún se debatía ferozmente con las ratas que la atacaban, mientras se encontraba inmovilizada desde las rodillas para abajo. Nezuko, en tanto, vio la situación difícil que atravesaba su hermano, poniendo sus ojos rojos y alargando las garras de sus manos las enterró en el duro suelo, usando toda su fuerza comenzó a hacer temblar la tierra, provocando que las ratas detuvieran un instante sus ataques atemorizadas por lo que estaban viendo y sintiendo. Y antes de que las ratas reanudaran su ataque, logró la chica librarse de la prisión de sus piernas y con feroz velocidad comenzó a patear y pisotear las ratas que la tenían cercada. Y aquellas que saltaban para morderle el cuello o la cara, las atravesaba con sus garras, o las aplastaba con sus manos dando un aplauso con una rata en cada mano. Eso le dio nuevas fuerzas a Tanjiro, que recuperó la respiración y la concentración. Cerró los ojos, ya despreocupado, en parte, de la situación de su hermana, dio un salto muy alto hacia atrás, en el momento que aparecía desde el suelo Matiasu en el mismo punto donde había estado Tanjiro antes de saltar. Chilló molesto y su chillido se hizo ensordecedor cuando vio a sus hermanas ratas muertas o aplastadas por la demonio o degolladas por Tanjiro Kamado. Ese chillido fue tan agudo que el espadachín por poco suelta la espada del dolor penetrante en los oídos. Comprendió el demonio con cara de rata, que eso le podría servir de arma distractora para atacar y asesinar al joven de la chaqueta verde con negro. Sin darle tiempo a prepararse, corrió veloz donde él, y lanzando un chillido agudo, que desestabilizó a Tanjiro, los golpeó con ambas manos en el pecho enterrándole las garras, voló el muchacho por los aires cayendo cerca de un charco de barro. Se levantó, muy mareado, pues el grito del demonio le había hecho perder su sentido de equilibrio, y no podía mantenerse a pie firme, tambaleándose como un borracho. Fue el momento preciso para que Matiasu lo volviera a atacar, arañándole profundamente la mejilla, y lanzándolo al medio del charco de barro y agua. Se puso en cuatro patas el chico con mucha dificultad, pasó su brazo por las mejillas para secarse la sangre y el barro, y al hacerlo, tapó ligeramente su oreja en el instante que el demonio lanzaba otro de sus chillidos agudo y penetrante, pero esta vez de satisfacción, que provocó molestias, aunque bastante menos que las veces anteriores. Comprendió Tanjiro cuál era la mejor forma de enfrentar sus ataques auditivos, y antes que se repitiera el grito agudo y, a la vez, el ataque físico, cogió barro y se taponeó los oídos, sin que se diera cuenta su adversario. El demonio con cara de rata, con exceso de confianza y seguridad, chilla muy agudo, se lanza sobre Tanjiro, quien finge sentirse aturdido con el grito, y al ver a Matiasu casi encima de él, aplica la cuarta respiración de agua, Uchishio, partiendo en dos con un río de agua al demonio. El discípulo de Muzan, gritó de dolor y desconcierto. De la cintura para abajo cayó pesadamente al suelo y del torso hacia arriba, usando las manos se alejó de joven, aterrorizado. Algo perplejo, dio un chillido agudo con la esperanza de que fuera lo suficientemente agudo para aturdir y poder acabar al chico de la niblinto, pero Tanjiro no se inmutó, por lo que comenzó a caminar lentamente en su dirección, el demonio abrió los ojos con espanto y, girando sobre sí, quiso huir, con tan mala suerte que se encontró a boca de jarro con Nezuko, que con violencia y decisión le propinó una feroz patada que lo lanzó directamente adonde se encontraba Tanjiro, que, con limpieza y calma, le cortó la cabeza, cayeron esas partes al suelo, el cuerpo comenzó a desintegrarse rápidamente y de los ojos comenzaron a caer lágrimas.

Si pudiera te mordería hasta hacerte pedazos. - le dijo a Tanjiro Kamado cuando se acercó a él – Hubiera dado todo por darle en el gusto a mi Señor, destruirte sería mi fama en todo el mundo – lloraba desolado y abatido.

Descansa en paz – le respondió el joven espadachín – vete, ya no debes seguir sufriendo ni haciendo sufrir. – la expresión de odio inicial fue desapareciendo mudando a una expresión de paz y gratitud que no pudo verbalizar pues la desintegración total se produjo antes de que alcanzara a expresar sus sentimientos.

Los hermanos Kamado, quedaron mirando el punto en donde había estado la cabeza, ahora convertida solo en cenizas, se cogieron las manos y comenzaron a caminar, alejándose de aquel pueblo y lugar.

FIN