Aquel lugar se encontraba repleto de personas que los observaban desde las tribunas, Ian se encontraba al borde de un ataque de pánico para sorpresa de sus amigos. Gridiwn notó eso de inmediato por lo que estiró sus cadenas parándose en sus patas traseras frente a todos.
"¡Exijo saber qué tiene de justo este juicio, no hemos hecho nada malo!" Exclamó.
"Manhattan y sus alrededores fueron atacadas esta tarde por unas extrañas criaturas que salieron por un portal en el cielo." Dijo esa mujer. "Ustedes cuatro fueron los últimos en salir por allí antes de que se cierre."
"Nos encontrábamos en persecución de quien abrió el portal." Dijo Gridwin.
"Quisiera pedirles que desarrollen para que podamos decidir qué hacer con ustedes." Dijo un hombre sentado a la izquierda de aquella mayor.
"Un malvado unicornio llamado Antares causó mucho daño en nuestro mundo." Explicó Kyara. "Cuando logramos llegar a él, escapó a este mundo para poder esclavizarlo y luego conquistar el nuestro."
"Debo decirles que además de esas criaturas, ustedes cuatro son los únicos seres que son diferentes encontrados en los alrededores del conflicto." Dijo una mujer sentada tres lugares a la derecha del centro.
"Se llaman drenadores y su núcleo es el cristal de vermillion a su pecho, es la única manera de destruirlos." Comentó Elise. "Está hecha de sangre de dragón… él seguramente mató dragones para obtenerla..."
"Y-yo tengo la habilidad de conectar las mentes de otros y así mostrar experiencias… si me permite, puedo..." Pidió Kyara.
"He anulado su magia con un hechizo para evitar que hagan alguna tontería como intentar escapar y me vea obligada a matarlos de inmediato." Dijo firmemente esa señora interrumpiendo a Kyara.
Al oír eso, Kyara intentó realizar un hechizo para comprobarlo pero nada sucedía, pese a ser una zorra con ocho colas, esa humana era lo suficientemente poderosa como para anular su magia y la de Ian sin siquiera sudar una gota. Uno de aquellos que se encontraban a la derecha de la señora se levantó a susurrarle algo al oído, ella asentó con la cabeza y luego volteó al centro del lugar mientras oía lo que le decía.
"Directora, el análisis de las cámaras demuestra que ellos verdaderamente pelearon para defender a las personas e inclusive hubo un policía que dijo que un extraño caballo le contó dónde se encontraba el punto débil de esas criaturas antes de que le borremos el recuerdo del hecho." Le susurró.
"Tú, el caballo." Señaló la directora. "Eres el único que no ha intentado defenderse en este juicio."
Su mente aún se encontraba llena de duda, no sabía qué decir o si le creerían que él fue originalmente un humano, un estudiante de magia de ese lugar y que sus profesores y directora eran quienes se encontraban frente a él. En la tribuna pudo ver cómo Naomi, Charlie y Jade los observaban muy atentos para ver qué sucedía.
"Tu nombre, ¿tienes un nombre?" Preguntó la directora.
"M-mi… mi nombre…" Ian dudó por un instante pero luego, con una mirada decidida elevó su cabeza hacia el estrado. "¡Mi nombre es Ian Newyd!" Dijo Fuerte y claro.
Aquel barullo por las charlas y susurros que habían en lugar se silenció de inmediato tras las palabras de Ian, aquel trío de chicos que fueron a verlos a las celdas se encontraban muy sorprendidos e inclusive Naomi tapó su boca de la sorpresa que tenía. La directora se puso de pie por unos instantes al oírlo y descendió acercándose con una expresión seria y analítica, sin dejar de lucir amenazante ante los ojos de Ian.
"Dílo de nuevo." Pidió estando frente a él.
"Mi nombre es Ian Newyd, usted es la directora Cecilia Rendwick, miembro de la élite de los cinco hechiceros más poderosos del mundo y gran amiga de mi difunto abuelo Brandon Edwards." Dijo Ian viéndola a los ojos.
"No lo creo, no puede ser…" Dijo Cecilia dando un paso hacia atrás.
"Hace dos años, yo intenté utilizar unos amplificadores mágicos que se salieron de control y fui transportado a otra realidad." Agregó Ian. "Ahora, mi cuerpo ya no es humano pero aún conservo todos mis recuerdos y experiencias además de poder hacer uso de toda la magia que me han enseñado."
"Demuéstralo… el Ian que yo conocía había desarrollado tres hechizos que sólo yo tenía conocimiento de su existencia." Exigió la directora. "Muéstrame dos de ellos y te creeré, falla y este lugar será tu tumba y la de tus amigos por intentar sacar provecho de nuestra sensibilidad."
Aquel círculo mágico había desaparecido desvaneciéndose en el aire y tras chasquear los dedos, las cadenas de Ian cayeron al suelo y la directora Rendwick cruzó sus brazos esperando. Ian se paró en sus patas traseras extendiendo su pezuña delantera derecha hacia arriba, "¡Starlight Missiles!", recitó y cinco esferas aparecieron girando alrededor de su casco, "¡Blackbird!" y dos alas negras aparecieron a los lados de su lomo para sorpresa de todos.
"También está mi hechizo de localización que funciona como un radar para encontrar personas." Dijo Ian. "Y por último… un hechizo que iba a mostrarle pero no pude… "Blood Wings", y sus alas se tornaron de un brillante tono carmesí.
Luego de disipar sus hechizos, bajó y se sentó para poder ver a la directora de frente pero ella no quitaba su seria expresión de su rostro. Sin previo aviso se arrodilló y lo abrazó con firmeza ante la sorpresa de todos los presentes que quedaron mudos ante la reacción de la directora, Ian tan sólo giró sus ojos a sus amigos que tampoco comprendían lo que sucedía pero suspiró de alivio al haber probado quién era.
Los cuatro fueron desencadenados y puestos a disposición de una de las profesoras del recinto, Samantha Ortbidge, ella era la encargada de las criaturas mágicas quien muy felizmente accedió a realizarles varios exámenes ya que nunca había tenido la oportunidad de examinar seres como ellos con vida.
"Veamos pequeña, ¿cuál es tu nombre?" Preguntó mientras utilizaba su estetoscopio para oír el corazón.
"Elise, esa cosa está fría…"
"Ya hemos realizado varios exámenes rutinarios, mides noventa centímetros... sólo necesito algo de tu sangre." Dijo preparando una aguja.
"¡No!"
"Le tienes miedo a las agujas, ¿verdad?" Consultó Samantha. "Solo sentirás como si un insecto te picara."
"Esos monstruos están hechas de sangre de dragón…" Replicó Elise.
"Elise, no te haré daño… solo quiero analizarte para que estés sana en este mundo."
Ella dudó pero luego estiró su brazo izquierdo hacia Samantha quien tocó parte de la articulación e insertó la aguja entre las escamas logrando tomar la muestra. Más tarde fue el turno de Kyara quien no representó problema alguno para la maestra quien estudió su fisionomía, la de sus colas y alzada que era de setenta y dos centímetros además de también tomar muestras de sangre.
Gridwin por su parte fué algo más problemático, con una alzada de ochenta y cinco centímetros y una envergadura de alas de casi tres metros, le temía bastante a las agujas por lo que intentaba escabullirse a cada intento de extraer una muestra de sangre.
"Si no te quedas quieto, juro que utilizaré un termómetro rectal para cuando tenga que medir tu temperatura corporal." Bufó Samantha.
Ian por su parte ya conocía el procedimiento así que dócilmente obedeció todo lo que la profesora le pedía, se paró firme para ser medido mientras que ella examinaba su fisionomía.
"Setenta y dos, eres casi tan alto como un perro gran danés." Elogió la profesora.
"Lo mismo pensaba cuando veía a otros ponis en Equestria."
"¿Así que el otro mundo se llama Equestria?" Preguntó pasando su mano por el lomo de Ian. "Y no son caballos sinó ponis, ¿eh?" Consultó. "La estructura general de tu cuerpo se asemeja a un equino pero eres más delgado y tu cráneo es algo diferente, se nota que es una evolución avanzada de la especie."
"Si, y hay otro tipo de po... ¡Hiiii!" Inmediatamente se puso tenso al tener una sensación extraña por debajo. "Pro-profesora… su mano está fría…"
"Sabes perfectamente que debo analizar esa parte también." Replicó Samantha tomando notas en su libreta. "De todos modos, Gridwin realizó un chillido más divertido."
Ingresó en una habitación donde sus amigos lo esperaban, los cuatro habían sido analizados pero aún quedaba una audiencia con la directora Rendwick por lo que fueron escoltados hacia sus oficinas. Se veía la escuela con gran esplendor, las aulas llenas de alumnos y los pasillos llenos de misticismo mágico, casi era la hora de la salida por lo que algunos tan sólo se preparaban para irse.
"Ian, esas ojeras alcanzarán el suelo tarde o temprano, ¿aún no te has tomado un descanso?" Preguntó Kyara al verlo. "Peleaste contra Antares, luego contra los drenadores y por último lo del juicio… debes estar tremendamente agotado."
"No puedo bajar la guardia, aún no sabemos dónde está Antares o el paradero de Aurora y no he tenido un momento para utilizar mi hechizo de loicalización."
La oficina de la directora era una puerta de dos hojas con inscripciones de runas talladas en la madera del marco, en el suelo las baldosas tenían una inscripción de la luna creciente y siete estrellas. Al ingresar, el escritorio de Cecilia era grande y hecho de roble, por detrás de ella había un gran librero que ocupaba casi la totalidad de la pared con diferentes clases de libros, frascos con líquidos de todos colores y algunos con extraños insectos dentro. La directora los aguardaba sentada al otro lado con sus manos juntas frente a su rostro y los codos apoyados en la mesa.
"Me he interiorizado del informe que han dado a los profesores de la situación, de quién es ese Antares y que aún se encuentra perdida una amiga suya llamada Aurora." Dijo. "Pero lamento decirles que las reglas de este mundo no permiten que ustedes cuatro anden libremente… tal vez Ian pueda pero en la ciudad levantaría sospechas."
"¿Entonces cómo podremos localizar a Antares?" Consultó Gridwin.
"Serán asignados como familiares." Contestó Cecilia. "En un momento llegarán."
El timbre sonó y por fuera de la oficina comenzó a oírse el barullo de los alumnos al retirarse, la puerta sonó y tres alumnos con sus uniformes ingresaron a la oficina cerrando rápidamente para que nadie vea hacia su interior. Un muchacho y dos chicas se encontraban parados detrás de Ian y sus amigos, al voltear se encontraron con aquel trío que fue a verlos mientras estaban enjaulados.
"Quiero informarles que serán los encargados de cuidar de estas criaturas." Dijo la directora. "Ustedes son amigos de Ian e irrumpieron en las celdas sin mi permiso."
"Nos descubrió…" Murmuró Charlie.
"Quiero que los ayuden en su cruzada y eviten que se metan en problemas." Continuó la directora. "Ellos se convertirán en sus familiares, los tres recientemente aprobaron el examen que los habilita a invocar uno pero en lugar de realizar la ceremonia como todos, he seleccionado quienes serán sus compañeras de acuerdo con sus personalidades." Explicó. "Charlie Carter, tú primero."
Dando un paso al frente se acercó a la mesa donde la directora puso un pergamino con un sello rojo delante a él, tomó un alfiler y pinchó su dedo índice dejando salir una gota de sangre, luego de ello, aquel alfiler se evaporó en el aire y apoyó su dedo sobre la parte inferior del pergamino que destelló con una espiral de partículas doradas hacia arriba.
"Tú estarás a cargo del príncipe Gridwin." Proclamó.
"Un príncipe, ¿huh?" Preguntó volteando a él.
"Jade Hiragashi." Llamó. "Tú cuidarás de Elise." Dijo tras verla realizar el mismo procedimiento que Charlie.
"Por último Naomi Orpheil, Kyara estará bajo tu cargo."
"Sí abuela." Dijo colocando su dedo sobre el pergamino.
"Te he dicho cientos de veces que no me llames abuela en la escuela…" Bufó Cecilia. "Es su elección si desean realizar el rito de unión pero debo advertirles que la única forma de romperlo es que uno de los dos muera, pueden retirarse."
"Es algo directa con sus palabras…" Comentó Kyara entredientes al oírla decir eso último.
Los seis salieron por la puerta pero Ian quedó allí parado algo intrigado por saber a cargo de quién quedaría, por fuera se veía que ya atardecía, la directora tomó un pergamino y comenzó a escribir en él con una pluma que remojaba en un tintero, tras un largo tiempo escribiendo no dijo palabra alguna o siquiera elevó su mirada para verlo. Él tan sólo examinó el lugar con su mirada tras haber estado dos años en otro mundo, notó junto a la ventana una vara gruesa que salía del pié de un perchero pero a mediana altura disponía de un tronco pequeño clavado de forma horizontal
"E-ese es el lugar de su familiar… ¿cómo era?"
"Rendmond." Contestó Cecilia sin elevar su mirada del pergamino.
"Oh sí... ya recuerdo, un águila imponente… ¿de quién seré familiar?" Preguntó Ian ya algo impaciente.
"Hum… tal vez lo hayas notado pero no hay nadie ocupando ese lugar…" Contestó la directora.
Ian lo observó por unos instantes mientras que su mente procesaba esas palabras pero luego vió cómo la directora colocaba un sello rojo que destelló en aquel pergamino, inmediatamente el pelaje de su nuca y espalda se erizaron al notarlo.
"No… no, no, no… todo menos eso…" Dijo retrocediendo ante la mirada de Cecilia.
De inmediato dio la vuelta saliendo a todo galope del lugar, por la ventana ingresó un águila de plumaje marrón y gris que sacudió sus plumas al pararse en su rama.
"Creo que ese potrillo piensa demasiado." Suspiró Cecilia enrollando el pergamino.
Por debajo el grupo caminaba muy jocoso charlando y conociéndose unos a otros, las clases habían terminado hace ya un buen tiempo por lo que era hora de regresar a casa. Una furgoneta ingresó por la puerta de la escuela y una mujer bajó de ella frente a los chicos.
"Mamá, qué bueno que has venido." Dijo Naomi.
"Bueno, tu abuela me llamó pidiendo que traiga la furgoneta de tu padre porque debía transportar algo grande pero… no pensé que serían animales…" Contestó viendo al grupo.
"Disculpe señora, pero no somos animales." Replicó Gridwin.
"Pu-puede hablar…" Dijo sorprendida y señalándole con el dedo.
"¡CHICOS!" Gritó Ian llegando a todo galope. "¡NO ME DEJEN CON ELLA!"
De inmediato trepó en Charlie colocando sus cascos delanteros sobre sus hombros en total desesperación.
"¡D-déjenme en una granja con caballos normales, en un refugio de animales o donde sea… pero no permitan que sea su familiar…!" Suplicó Ian.
"¿D-de qué estás hablando?" Preguntó Charlie algo confundido.
"Hija, querida, tengo algo muy especial para tí." Dijo Cecilia acercándose con su águila apostada en su hombro izquierdo. "Mel, tú siempre quisiste un niño… ahora tendrás uno."
Tomó la mano de su hija y con un hechizo pinchó su dedo índice y lo apoyó en el pergamino, Mel no entendía nada y volteó hacia su hija Naomi intentando obtener alguna explicación.
"Mamá, felicidades… ya tienes un familiar." Dijo Naomi.
Ian se sentó allí aliviado y a la vez confundido por el anuncio que la directora había hecho, Mel iba a ser su cuidadora para su sorpresa.
El cielo comenzaba a tomar un leve tono anaranjado preparándose para el atardecer, en la terraza de un edificio la puerta que daba hacia la escalera se abrió y un joven niño salió respirando hondo.
"Ben, mama y Luis dijeron que no podemos subir solos aquí." Dijo su hermana desde atrás.
"Pero ya estaba cansado es estar dentro, mañana será sábado y quiero jugar un poco, Andrea."
"¿Qué se supone que hacen aquí arriba?" Bufó una chica joven asomándose por la puerta. "Mamá me dejó a cargo de ustedes dos por ser la mayor y lo primero que hacen es escaparse a la terraza."
"Ehm, v-vine a buscar unos juguetes que olvidé el otro día, lo siento Louis." Se disculpó Ben.
"¿Qué es eso?" Preguntó Andrea señalando hacia un lado.
Aquella terraza disponía de un vallado elevado, mesas y macetas decorativas con diferentes tipos de plantas, los habitantes del edificio lo utilizaban regularmente para disponer de un pequeño lugar agradable cuando hacía buen clima. Una parte del vallado se encontraba destruido al igual que un varias de las macetas, allí vieron entre la tierra y escombros de la cerámica algo con plumas así que se acercaron a ver.
"¡Es un unicornio!" Con mucha sorpresa dijo Louis al asomarse a ver.
"¿De verdad?" Preguntó Andrea muy emocionada.
"Los unicornios no existen y no tienen plumas." Bufó Ben.
"Pero este animal está lastimado." Comentó Louis levantando una de las alas y examinando con más detalle. "Pobrecilla, tiene muchas heridas… ¿De dónde habrá salido?." Agregó poniendo su mano en el pecho notando que respiraba lentamente.
Tenía un raspón en la cabeza, leves cortaduras en el cuello y el pelaje con notorias marcas de estar revuelto por diferentes contusiones, plumas rotas e incluyendo una inflamación en la articulación de su pata trasera izquierda.
"Llevémosla adentro, hay que curarla." Propuso Andrea.
Pese a que Ben tenía apenas diez años y Louis catorce, los tres hermanos se las arreglaron para arrastrar a Aurora escaleras abajo para poder tratar las heridas que tenía.
Arrastraron a Aurora hasta el interior del departamento, en el camino Andrea se ocupó de levantar las plumas que se le cayeron en el trayecto. Una vez dentro, inmediatamente fue al baño buscar el botiquín para que su hermana mayor pueda tratar las heridas.
"Las cortaduras en su piel por suerte son leves pero hay que desinfectarlas." Dijo Louis mojando una gasa con alcohol.
Lentamente y con mucho cuidado se dedicó a limpiar las heridas ante la mirada de sus hermanos pequeños, tenía algo de conocimiento en el tema gracias a que su madre era enfermera en el hospital central de la ciudad pero nunca debió atender a una criatura como Aurora.
"¿Qué haremos con su pata?" Preguntó Ben.
"No lo sé… ni siquiera sabemos si está fracturada." Contestó Louis.
"¿Creen que podemos quedárnosla?" Preguntó Andrea.
"Eso lo decidirá mamá." Respondió Louis terminando de poner una venda en la cabeza. "De momento habrá que encontrarle una cama… esto parece un sueño..."
La puerta se abrió e ingresó su madre viendo a sus tres hijos en el medio del departamento y un animal tendido en el suelo.
"¿Pero qué rayos está sucediendo aquí?"
"La encontramos en la terraza, está lastimada y…"
"Su cuerno y sus alas… son de verdad…" Dijo muy sorprendida su madre acercándose a examinar la criatura. "Habrá que llevarla a un veterinario."
"¿Pero qué tal si el FBI nos la quita?" Preguntó Ben.
"Has estado viendo videos en internet por demasiado tiempo, pequeño." Bufó su madre.
"En parte, algo de razón tiene… hay que llevarla a un veterinario que no divulgue su existencia." Propuso Louis.
"Acabo de llegar de un largo día de trabajo y ustedes me reciben con un animal medio muerto…" Suspiró su madre. "Llamaré a unos amigos a ver si alguno conoce uno que atienda a estas horas." Dijo sacando su teléfono del bolso.
Ella comenzó a realizar unas llamadas mientras que sus hijos atendían a Aurora que aún no abría sus ojos.
