"Primera parada, la casa de Charlie." Anunció Mel deteniendo la furgoneta.

Era una gran casa de dos plantas, en la entrada había un vallado de baja altura y las plantas muy bien arregladas. Ayudó a Gridwin a bajar de la furgoneta y se despidieron del resto.

"Los veré el Lunes, seguramente querrán que llevemos a nuestros familiares los primeros días." Dijo Charlie.

"Ehm… no sé qué decir…" Dijo Gridwin algo confundido.

"Sólo sigue las instrucciones de Charlie y todo saldrá bien, verás que el mundo humano no es tan peligroso como parece." Desestimó Ian.

"¿Tan?"

Cerraron la puerta y la furgoneta partió con el resto dentro, Charlie volteó a Gridwin que se encontraba allí sentado observando los alrededores algo desorientado, ninguno de los dos tenía idea de qué hacer a continuación.

"No sé cómo haré para que mi madre no me mate…" Comentó Charlie. "Nunca tuvo afinidad con los animales grandes, ¡y tú eres enorme!"

"Tan sólo deja que me presente y todo irá bien." Dijo Gridwin. "Además, yo no soy un animal…"

Ingresaron por la puerta principal casi a hurtadillas, Charlie aún pensaba qué le diría a sus padres ya que ante el conocimiento de las familias que tenían algún estudiante de magia, los familiares solían ser animales medianos o pequeños por lo que normalmente se decía que tenían una mascota exótica para ocultar el secreto de la magia.

"Charlie, ¿eres tú?" Oyó desde la cocina.

"M-mamá…" Balbuceó algo nervioso asomándose. "T-tengo algo que decirte."

"¿Y qué puede ser?" Comentó.

"Es sobre mi familiar en la escuela de magia…"

"¡Oh! Apuesto que será algo bonito, mientras que no sea una rata, un murciélago o una araña, creo que no habrá problemas." Dijo su madre.

"Bueno, ya lo tengo… y no es nada de eso."

"¿De verdad?" Preguntó entusiasmada. "Bueno, ¿dónde está?"

Charlie ingresó en la cocina y detrás de él entró Gridwin caminando, su madre que se encontraba preparando algo para comer pero se petrificó al voltear a ver el el familiar que su hijo le iba a mostrar.

"Buenas tardes, mi nombre es Gridwin." Se presentó haciendo una pequeña reverencia y estirando su ala derecha hacia adelante acompañando el movimiento.

La madre de Charlie abrió bien grande la boca soltando de inmediato el bowl con el batidor que tenía en su mano desparramando todo en el suelo y cayó sentada al suelo tras oírlo presentarse, no podía salir de su asombro por la criatura que tenía enfrente. Charlie acudió a ayudarla mientras que Gridwin quedó pensando que causó una mala impresión, volteó a su derecha encontrándose a una niña que tenía casi su estatura, ella tenía el cabello corto hasta los hombros, lacio y de color castaño al igual que Charlie.

"Ho-Hola.." Saludó.

"¡Es muy bonito!" Exclamó la niña abrazándolo.

"I-Iris, no molestes a Gridwin… m-mamá, ¡reacciona!" Pidió mientras sacudía a su madre.

"¡Ya llegué a casa!" Se oyó desde la entrada. "Muero de hambre, ¿hay algo para comer?

Su padre ingresó asomándose en la cocina al oír el barullo que provenía de allí viendo un panorama algo inusual, Charlie sacudía a su madre que no reaccionaba con una expresión de haber entrado en estado de shock, en el suelo los utensilios y comida desparramada por doquier y su hija Iris abrazando una extraña criatura que parecía un águila gigante.

"Creo que pediré unas pizzas…" Dijo volteando mientras marcaba en su teléfono.


La furgoneta se detuvo frente a un muy bonito edificio en una zona residencial, allí descendieron Jade y Elise. Tras despedirse del resto que continuaron con su viaje, las dos subieron en el ascensor hasta el departamento donde Jade vivía con sus padres.

"Bueno esta es mi casa, tendrás que compartir la habitación conmigo." Dijo Jade colgando su chaqueta en un perchero.

"Es muy bonita, ¿qué es esa cosa negra de allí?" Preguntó señalando algo rectangular y grande.

"Eso es un televisor." Contestó encendiéndolo.

"Wow, este mundo sí que tiene cosas geniales, es como un proyector de películas pero esto es a color." Comentó Elise muy sorprendida.

"Sabes, los dragones son mis criaturas favoritas, creo que seremos muy buenas amigas." Felizmente dijo Jade . "Ven, vamos a mi habitación a prepararte un lugar para que descanses esta noche."

La puerta del departamento se abrió e ingresó una pareja, la mujer se dirigió a la cocina abriendo la heladera tomando una lata que abrió y comenzó a beber de ella, mientras que el hombre dejó su mochila en el sofá y aflojó su corbata luego de un día agotador.

"Querida, nuestra hija se encuentra escuchando música a todo volumen en su habitación, de nuevo." Dijo al oírla.

"La paredes tienen una muy buena protección sonora ya que los vecinos nunca han tenido problemas pero esa música que escucha es… algo estridente." Dijo la señora.

La madre se acercó a la puerta que se encontraba cerrada y tocó un par de veces esperando que su hija salga pero claramente no podía oírla, el volumen de la música se encontraba algo elevado pero repentinamente la puerta se abrió un poco y Jade salió por ella.

"Te traeré algo de be… ¡oh, mamá!" Dijo sorprendida intentando evitar que la puerta se abra del todo.

"Hola hija, ¿tienes la visita de una amiga?"

"Ehm, algo así… no me di cuenta cuando entraron." Dijo intentando desviar la conversación.

"No me extraña, con esa música de rock a todo volumen." Replicó el padre desde el sofá.

"Es metal…" Bufó Jade.

"Sí, con las letras de esas canciones y el hecho que tú estudias magia… no me extrañaría que uno de estos días salga un dragón de tu habitación." Rió su padre.

"¡Jade, esta música es genial!" Exclamó Elise asomándose por la puerta.

Jade quedó sin saber qué decir, su madre con la boca abierta se encontraba petrificada junto a su hija y su padre dejó caer el control remoto de la sorpresa.

"Ho-hola… mi nombre es Elise y soy un dragón." Se presentó.


"Nunca pensé que regresaría a este lugar…" Dijo Ian en voz baja con algo de melancolía.

El sol aún no se había ocultado, la furgoneta ingresó a la casa y estacionaron abriendo la puerta dejando que Ian y Kyara desciendan. Cecilia junto a su hija descendieron mientras que Naomi estiraba sus brazos hacia arriba, el pelotón caminó hasta la entrada de la casa pero Ian aminoró su marcha viendo el pórtico y la puerta.

"Ian… entiendo que este lugar te traiga malos recuerdos pero sábes que es también tu hogar." Dijo Cecilia.

"Me sorprendió mucho saber que eras tú." Dijo Mel agachándose junto a Ian. "Imagino que has pasado por mucho en estos últimos dos años pero ahora permítenos…

"No hace falta, tía." Bufó Ian. "Tengo una misión, la de encontrar a Antares y luego regresar a Equestria… ya nada me ata a este mundo."

Cecilia suspiró indignada abriendo la puerta, Ian ingresó seguido por Mel pero Kyara quedó allí algo confundida tras ver toda la escena.

"¿Tía?"

"Mi madre y la madre de Ian eran muy buenas amigas, él solía decirle tía a mi madre." Contestó Naomi. "Es una historia algo larga pero luego de perder a su familia, él vino a vivir aquí un tiempo pero tras unos meses fue a los dormitorios de la escuela... al parecer, se sentía una carga."

"Oh… nunca lo había visto así… pero tal vez, las cicatrices de su corazón volvieron a abrirse al volver al mundo humano." Comentó Kyara.

La casa por dentro era verdaderamente grande, un espacioso living conectado a la cocina y unas escaleras que llevaban a las habitaciones. Ian observó el lugar tomando aire para sentir el aroma que le era familiar, parpadeó lentamente algo cansado pero luego sacudió su cabeza para despabilar.

"La habitación que utilizaste la convertimos en un estudio pero…"

"Estará bien, no necesito mucho espacio." Interrumpió Ian a Mel. "Iré allí a preparar un hechizo para intentar localizar a Antares." Agregó subiendo las escaleras.

"También tenemos tus cosas." Comentó Cecilia apoyada en el pasamano de la escalera. "Tu computadora, tu ropa, aquellas cosas preciadas para tí…"

"No recuerdo siquiera la contraseña de mi computadora…" Dijo Ian subiendo las escaleras.

"K-Kyara, déjame mostrarte la casa." Dijo Naomi para intentar cambiar el ambiente.

Ian abrió la puerta viendo aquella habitación por dentro, tenía unos libreros llenos de libros y ficheros, algunos eran relacionados a la magia y un escritorio con pergaminos y una computadora, al acercarse notó que un estante se encontraba la suya cubierta de polvo. pero negó con la cabeza y activó su hechizo de localización. Dedicó un gran tiempo a extenderlo tanto como podía pero no encontró nada, ni el aura de Aurora o el de Antares.

"No te presiones tanto." Oyó en su cabeza.

Eso lo desconcentró ya que esa voz le era familiar aunque no la había oído en un largo tiempo, volteó hacia la puerta de la habitación y allí había un ser hecho de aura color blanca, con un cuerno y alas a medio extender.

"Lauren…"

"Lo siento, lo siento mucho pero la ruptura de las realidades fue muy brusca y hecha con una cantidad muy grande de energía, me fue imposible detenerlo." Dijo en la cabeza de Ian.

"Yo decidí perseguirlo y te prometo detener lo que planea."

"Nuevamente estás involuntariamente cargando con una gran responsabilidad." Dijo Lauren. "Aquella vez sobrepasaste tu propio límite y casi fue fatal, por favor… cuidate en esta ocasión y recuerda que no estás solo."

Aquella entidad de aura se disipó como si fuera hecha de humo ante la mirada de Ian que regresó a utilizar su hechizo de localización, al otro lado de la puerta, Cecilia Rendwick negó con la cabeza indignada y caminó en dirección de la escalera.

"¡La tecnología de este mundo es increíble!" Exclamaba Kyara. "Por cierto, pude ver que los humanos son muy distintos entre sí, pero hay algo que me llama la atención."

"¿Qué es?" Consultó Naomi.

"Bueno… ¿Qué son esas bolsas que tienes al frente en tu pecho?" Preguntó. "Son mucho más grandes que las del resto de las hembras humanas que he visto hasta ahora."

Inmediatamente Naomi se sonrojó sin saber qué responder mientras que su madre y su abuela reían casi a carcajadas por la inoportuna y a la vez inocente pregunta de Kyara.

La noche pasó en total tranquilidad, Kyara compartió la habitación con Naomi donde le prepararon una cómoda cama para que duerma. Amanecía temprano por estar acercándose el verano, Mel bajaba las escaleras bostezando cuando sintió el sonido del televisor del living encendido, se asomó viendo a Ian sentado en el sofá y el control remoto levitando a su lado mientras que cambiaba de canal. Cuando llegaba a un canal de noticias esperaba un poco para oír qué decían y luego volvía a cambiar, no parecía estar buscando algo en particular para ver pero por debajo de él había un pequeño círculo mágico que giraba lentamente con una débil luz.

"Buenos días Ian." Saludó Mel.

Ian volteó con un rostro completamente deteriorado, se notaban sus ojos enrojecidos y unas bolsas oscuras debajo de ellos, su melena desarreglada y una completa expresión de desánimo.

"Buenos días, tía…"

"Wow… ¿quieres un poco de café?" Consultó viéndolo bostezar con la bocaza abierta. "Díme que has dormido un poco…"

"A-aún no he podido localizar a Aurora… o… o algún indicio de Antares…" Contestó con una muy débil voz.

"Nos encargamos de borrar los recuerdos del incidente de la otra noche y reemplazarlos con una fuga de gas que causó los destrozos así que los medios no darán alguna información extraña." Comentó Cecilia saliendo de su habitación. "Como hoy es Sábado habrá poco movimiento en la ciudad pero iré a ver con otros profesores si hay alguna irregularidad por lo de ese unicornio."

"Yo voy con ust…"

"¡Tú te quedarás aquí! eres el familiar de Melissa y debes estar a su lado." Ordenó Cecilia picando a Ian con el dedo índice en la punta de su hocico.

Luego de preparar el café, la tía Mel colocó las tazas en una bandeja junto a unos panecillos con mantequilla y dulce. Caminó hasta el sofá sentándose junto a Ian y puso esa bandeja en una pequeña mesa, Cecilia tomó uno de los panecillos y salió por la puerta de la casa. Ian continuaba haciendo zapping por los diferentes canales intentando encontrar algo que le de un indicio de que algún tipo de irregularidad que había sucedido, pero solo veía el inicio de los programas matutinos mientras que el reloj marcaba las ocho de la mañana.

"Ian, deberías descansar, mi madre se encargará de la búsqueda." Pidió Mel.

No le contestó nada o siquiera se tomó un tiempo para beber el café que tenía enfrente, comenzó a sentir una agradable sensación detrás de su oreja derecha por lo que inclinó su cabeza y cerró sus ojos pero repentinamente volteó sorprendido hacia la tía Mel que tenía su mano cerca de él. Ella no esperó que le diga nada y volvió a pasar su mano rascándole suavemente el cuello provocando que mueva su pata trasera derecha dando unas pequeñas patadas, rindiéndose ante la sensación.