"Debes concentrarte, joven Ian." Recomendó el profesor Charles. "La precisión de tus movimientos es vital a la hora de enfrentarte a un peligro."
Tomaba una taza de té mientras observaba a Ian luchar contra un rombo flotante color púrpura, este poseía algo de magia de ataque a distancia, comenzaba a girar utilizando sus puntas como método ofensivo y defensivo además de tener una barrera mágica para repeler algunos ataques. Dentro del salón donde llevaban a cabo esa práctica, otros alumnos observaban perplejos la intensidad del entrenamiento a sabiendas que ellos debían enfrentar en cierto punto a ese artefacto.
"No podrá con mis escamas, creo que será fácil de derrotar." Dijo Elise.
"Que el abuelo te haya enseñado algo de artes marciales, no significa que ahora seas invencible." Replicó Jade.
El cuerpo de Ian golpeó de lleno contra la barrera mágica que protegía a aquellos quienes espectaban al unánime sonido de "uuuhhhh…" que hicieron todos al ver como ondeó la barrera ante tal impacto.
"¡Alto, ya es suficiente!" Impuso el profesor con un destello en su dedo índice para desactivar aquel artefacto. "No cualquiera puede derrotar al britxel en su máxima dificultad."
"A-aún puedo seguir… guh…" Dijo Ian gimoteando de dolor mientras se levantaba con esfuerzo.
Cayó rendido ante la mirada de sus compañeros de clase, ni siquiera aquellas chicas que se burlaron de él en un inicio se atrevieron a decir algo al respecto. Elevó su mirada llena de determinación y dos alas rojas se desplegaron a los lados de su espalda, Brincó implusándose al frente para atacar de nuevo, el artefacto realizó un destello en una de sus puntas y un rayo salió de ella.
Tras eludir el ataque, Ian rodeó el britxel en el aire y desde atrás con su pezuña retraída generó una larga espada hecha de aura mágica en la punta de su casco, realizando un corte transversal rebanando a aquel artefacto. Cayó al suelo jadeando de cansancio mientras disipaba sus alas rojas y el britxel lanzaba chispas mágicas ya destruido.
"Re-redujo la dificultad en el último segundo…" Bufó Ian volteando al profesor.
"Mi trabajo es enseñar y ayudar a que ustedes mejoren en sus habilidades." Replicó. "No el permitir que salgas lastimado por tener la cabeza dura y posiblemente hueca." Agregó. "Tal vez hayas pasado por situaciones en la que tu vida pendía de un hilo pero déjame recordarte que soy tu maestro y guiarte para que evites eso es parte de mi trabajo."
"Ser fuerte no significa simplemente derrotar enemigos más poderosos que uno, es saber cuando retirarse para regresar en mejores condiciones, saber utilizar las habilidades que uno tiene y conocer bien los límites a los que se puede llegar." Dijo la directora desde la puerta.
Toda la clase se puso de pie de inmediato al verla ingresar, por detrás de ella ingresó la profesora Mystral cargando unos libros entre sus brazos. La directora caminó directo a Ian que se encontraba aún jadeando del cansancio y sus piernas temblando.
"E-estoy listo para su clase…" Dijo Ian.
"Oh, no… clarramente no lo estás…" Replicó Mystral.
"Irás al patio a tomarte una hora de descanso." Ordenó la directora Rendwick. "Y no vuelvas a comer las flores del jardín… no creas que no lo noté."
Casi con el rabo entre las piernas salió del salón ante la orden de la directora, quería hacerse más fuerte porque no sabían cuando atacaría nuevamente Antares. Ya pasaron varias semanas y nada sucedía, apenas oyeron de unos casos aislados de los fragmentos de los cristales de vermillion pero no habían obtenido noticias de Aurora o Antares.
"¿A dónde irás estas vacaciones de verano?" Preguntó una chica a un compañero mientras cargaban varios blocks de hojas por el pasillo.
"No lo sé, depende de mis padres, ellos siempre quieren ir a lugares diferentes."
Apenas faltaba una semana antes de las vacaciones, debía apresurarse en su misión o pasaría demasiado tiempo atorado en el mundo humano. Al pasar junto a los canteros con flores, activó su hechizo de localización notando que no había nadie cerca y quitó una rosa de un mordisco mientras avanzaba hacia los jardines.
Brincó en un árbol y reduciendo la gravedad sobre sí mismo, se impulsó hasta la terraza que daba contra el patio frontal de la escuela, viendo con claridad la entrada donde runas brillaban ofuscando la mirada de todos aquellos que pasaban al frente para que solo vean una edificación corriente.
Una mujer caminaba con una llamativa cartera color púrpura cuando un joven delgado se acercó a ella y la sujetó forcejeando para quitársela, nadie siquiera se acercaba a ayudar a esta señora así que Ian decidió hacer algo al respecto. Descendió de la terraza y pasó galopando por la entrada de la escuela desde donde se teletransportó, galopó en dirección de ese malandrín que justamente le había quitado la cartera a la señora y le propinó un cabezazo de lleno en el estómago, cuando cayó al suelo se dio a la fuga de inmediato dejando tirado al ladrón y muy sorprendida a aquella señora que recuperó su cartera.
Tenía una hora para descansar así que decidió recorrer un poco la ciudad y tal vez jugar un con el hecho que era un poni deambulando entre la gente. Unas mujeres con traje de oficina se asomaron al verlo y se tomaron fotos con él, inclusive una lo abrazó metiendo su cara en el prominente escote que tenía para tomar una selfie, en el parque unos niños le dieron helado y una anciana le convidó unas deliciosas croquetas de arroz. Jugar a ser un animal suelto no era tan mala idea y disponía de ciertos beneficios, mientras trotaba lentamente por la acera algunas personas le rascaban la cabeza o revolvían el crin.
Decidió escabullirse entre la gente para divertirse un poco, pasando por una florería ubicada en una esquina donde se vio obligado a huir por comerse unas flores, gracias a ello llegó a un parque que se le hacía muy familiar. Muchas personas trotaban por los senderos, otras paseaban en bicicleta e inclusive el imponente lago al centro brillaba con el resplandor de sol.
"Llegué a Central Park…" Se dijo a sí mismo. "Oh, cielos…"
Observó un reloj que marcaba las doce y media del mediodía, habían transcurrido más de dos horas desde que dejó la escuela. Había perdido por completo la noción del tiempo y por ende su clase con la profesora Mystral, seguramente la directora estaría furiosa con él por no encontrarse dentro del campo mágico de la escuela.
Dio media vuelta para regresar, pasando por una vereda que bordeaba el lago separado por un pequeño vallado de metal, un resplandor carmesí en medio del agua le llamó la atención por lo que se detuvo a ver con más detalle. Varios tentáculos de agua salieron intentando atraparlo junto a aquellas personas que se encontraban cerca. Un enorme monstruo hecho de cinco cristales de vermillion intactos salió del lago ante la aterrada mirada de la gente que se encontraba paseando por allí, una estampida sin precedentes se vió en Central Park donde todos corrían despavoridos del monstruo que había aparecido.
Un círculo mágico apareció debajo de Ian y sus alas luminosas se desplegaron elevándose en el aire para tener un mejor acercamiento al monstruo.
"Nunca vi uno compuesto de varios núcleos…" Dijo al esquivar varios tentáculos.
Cuando lanzó su primer ataque, el agua se congeló generando una barrera que protegió los cristales, luego de ello mucho vapor comenzó a salir de la base del monstruo generando una bruma que redujo la visibilidad general del parque pese a ser pleno día.
"Qué rayos, se supone que estas cosas no puede utilizar las propiedades del agua de esta manera." Cuestionó Ian al verlo.
Un proyectil mágico lo golpeó de lado con mucha fuerza enviándolo a volar hacia una pequeña isla en medio de la laguna, rodó en el césped y elevó su mirada para ver si no había un ataque inminente del monstruo pero nada pasó, activó su hechizo de localización para ver dónde se encontraba la criatura notando que habían siete auras, dos humanos y los cinco cristales alejándose del parque.
Desplegó nuevamente sus alas mágicas para perseguir a aquellos que se encontraban con los cristales, por algún extraño motivo, los cristales giraban alrededor de ellos y debía saber por qué.
Logró ver con claridad cómo ingresaron en el último piso de un edificio antiguo al Este de Manhattan, cruzando el río. Ingresó rápidamente allí sin medir las consecuencias siendo recibido por cuatro descargas eléctricas ubicadas en los extremos del piso.
"¿U-un caballo?" Cuestionó una mujer con una sotana cuya capucha le cubría la cara.
"G… ¡GAAAHH!" Gritó Ian de dolor antes de caer rendido al suelo.
"E-el caballo acaba de gritar…" Oyó a un joven muchacho entre ellos.
"Más importante aún, puede hacer magia y fue lo suficientemente inteligente como para atacar al proyecto y seguirnos hasta aquí." Dijo un anciano.
Todo se volvió oscuro antes de perder por completo el conocimiento por lo que no pudo oír nada más de la conversación, al despertar, colgaba atado a una altura que no le permitía alcanzar el suelo con sus pezuñas y disponía de un ronzal y un frenillo en su boca evitando que pueda mover su mandíbula adecuadamente.
"Ya has despertado, tranquilo." Dijo una chica al notar que Ian comenzó a moverse.
"¿Dognde eghtoy y guién egues tú?" Preguntó Ian sin poder mover bien su boca por el frenillo.
"¡Cielo santo, puedes hablar!" Exclamó la chica muy sorprendida. "Ya me parecía que eras algo diferente a los caballos normales." Agregó quitando la vara de metal del hocico de Ian.
"Puagh… ¡es porque soy un poni, no un mendigo caballo!" Espetó cuando pudo mover bien su boca. "¿¡Qué rayos piensan hacer con esos cristales de vermillion!?
"Vermi… ¿así es como le llamas a los prismas?" Inocentemente preguntó.
"Siento que estoy hablando con una idiota…" Suspiró Ian. "Dime, ¿dónde consiguieron los cristales?"
"Esa información la tiene el profesor Ordibrich, yo soy alguien que le ayuda en su proyecto." Contestó quitándose la capucha. "Mi nombre es Celina."
Esa chica tenía el cabello negro con reflejos púrpura en las puntas, era de estatura mediana y sus ojos brillaban en un radiante verde. La observó detenidamente pero luego notó algo en su mirada muy familiar, intentó hacer magia pero aquellas ataduras destellaron dandole unos choques eléctricos.
"¡AH! no hagas magia o los amarres te lastimaran." Advirtió Celina.
"E-esos cristales son muy peligrosos, son tecnología de otro mundo…" Advirtió Ian.
"¿Significa que son extraterrestres?"
"N-no exactamente… vienen de otra dimensión." Contestó Ian.
Los ojos de Celina se llenaron de un brillo que demostraba admiración y emoción a la vez, Ian notó de inmediato que dijo algo no solo confidencial sino que le traería posibles problemas con ese grupo de personas que lo mantenían cautivo.
"Y… ¿y tú eres de esa dimensión?" Preguntó Celina.
"Ajá…" Asentó Ian con la cabeza.
"¡Cielo santo, la prueba de que otras realidades existen, una realidad donde los equinos evolucionaron al punto de poder hablar y ser igual de inteligentes que los humanos!" Chilló de emoción.
"Antes de que tu cerebro explote… también hay dragones y otras criaturas consideradas mitológicas en ese mundo… y todos pueden comunicarse como yo." Comentó Ian viendo una posible ventaja.
"No lo creo, esto parece un sueño…" Chilló Celina.
"Un grifo, un dragón, un zorro de nueve colas y un unicornio están dispersos en este mundo." Enumeró Ian. "Si me ayudas, puedo llevarte con ellos."
"Oh… por mucha emoción que me dé querer verlos… no puedo." Lamentó Celina. "Como tienes una conexión con los prismas, tal vez arruines nuestro proyecto."
"¿¡Eh!? ¡no, no, no…!" Sorprendido dijo Ian por el cambio de ánimo de Celina. "Eh… sí son peligrosos pero… ehm…"
"Estás divagando, lo siento pero no puedo confiar en ti… aún."
Vio a Celina retirarse de la habitación casi en silencio y algo atónito por la forma en que su plan para convencerla de que lo desate falló, aquella habitación no disponía de ninguna ventana o por lo poco que podía observar la puerta, las estanterías con libros y los sillones, tampoco divisó algún reloj cerca para saber la hora. Pensó que más que enfadados, podrían estar preocupados por él y sobretodo la tía Mel quien siempre fue la encargada de su bienestar, debía estar muy preocupada.
"¡MALDITA SEA… SIEMPRE LO MISMO!" Exclamó furiosa Cecilia.
En la pantalla del televisor se veía un fondo negro con unas letras rojas que decían 'HAS MUERTO' mientras que Cecilia hacia un berrinche por ello.
"Mamá, es solo un juego." Consoló Mel. "Creo que no deberías estar jugando esas cosas."
"Es mi recompensa por trabajar duro." Bufó.
"Por cierto, ya es algo tarde, pronto oscurecerá e Ian aún no ha regresado." Comentó Mel algo preocupada.
"Mañana lo buscaré en las perreras de la zona..." Dijo cambiando de juego en la consola.
"¡Mamá! tómatelo más en serio, tal vez necesita ayuda."
"Aún debo castigarlo porque se escapó de la escuela." Replicó Cecilia.
"Por favor, me preocupa que esté perdido o le haya sucedido algo." Suplicó Mel. "Él es mi familiar y si no me ayudas, yo saldré a buscarlo así que olvídense de la cena."
"Uuhhhg… de acuerdo..." Refunfuñó Cecilia arrojando el control en el sofá. "¡Naomi, Kyara!" Llamó de un grito.
"¿Sucede algo abuela?" Preguntó Naomi asomándose. "No puedes ganarle a uno de los jefes faciles."
"He, he, he… sigue burlandote y cancelaré tu magia por una semana a ver como te las arreglas…" Bufó Cecilia. "Ian está perdido, no hemos tenido noticias de su paradero desde esta mañana."
"Oh, no… ¿se habrá topado con Antares?" Dijo Kyara.
"Quiero que te contactes con Hiragashi y Carter de inmediato para que formen parte de la búsqueda junto a Gridwin y Elise." Ordenó Cecilia. "Mel, tú quédate aquí por si regresa, yo participaré también de la búsqueda."
Ya estaba decidido, mientras que Kyara alistaba su magia y extendía sus colas, Naomi llamaba a Jade y Charlie para notificarles lo que sucedía.
