"¿Cómo buscar a alguien que no podemos identificar adecuadamente?" Se preguntaba Kyara.
"¿Por qué lo dices?" Consultó Naomi.
"Bueno, he leído muchos libros de los que tienen en tu casa y la biblioteca de la escuela y creo que ya entiendo un poco a la sociedad humana." Contestó. "Pese a ser un equino, Ian es muy diferente al igual que yo soy un zorro de casi del triple de tamaño al de aquellos que habitan este mundo… sin mencionar las colas."
"Entiendo tu punto pero creo que podremos encontrar alguna pista antes de que oscurezca."
Llegaron a una esquina a esperar a que el semáforo les habilite el paso, Kyara volteo a ver unos arreglos florales que le llamaron la atención notando que en esa esquina había una florería. Se acercó observando uno de esos arreglos que disponía de unas flores amarillas que le recordaron cómo conoció a Ian, Gridwin y Elise.
"No irás a comerte mis flores tú también, ¿verdad?" Dijo un joven de cabello negro y levemente ondulado hacia arriba.
"Oh, ella no come esas cosas." Inmediatamente acotó Naomi.
"Hoy una especie de poni se comió varias flores y se fugó, casi pude notar que hasta le dio gracia." Dijo guardando los floreros.
"Y… ¿qué dirección tomó?" Consultó Naomi.
"Si preguntas por él es porque alguna conexión tienes, ¿o no?" Bufó. "Si es así deberás pagarme lo que se comió."
"Oh, vamos, no sea así señor…" Dijo Naomi cambiando un poco el tono de voz y exponiendo un poco el escote de su top. "¿No puedo simplemente preguntar?"
"Ahem… lo vi irse hacia Central Park." Contestó viéndola de reojo.
"¡Muchas gracias señor!" Exclamó retirándose de allí al ver que el semáforo ya le había dado paso.
Kyara la siguió por detrás para no perderla de vista mientras que el florista quedó observando la voluptuosa figura de esa chica irse por el cruce peatonal.
"Hoy aprendí que esas tienen otros usos…" Comentó Kyara trotando al lado de Naomi. "Dos grandes objetos para persuadir machos humanos, podría decirse."
"Es un recurso para momentos especiales, no esperes verme hacer eso seguido…" Bufó Naomi.
En la terraza de un edificio, Charlie observaba con unos binoculares la zona, Gridwin aterrizó a su lado y retrajo sus alas tras sacudirlas un poco.
"¿Has logrado ver algo?" Preguntó Charlie.
"Lo siento pero por muy buena vista que tenga, me es imposible distinguir algo entre los edificios." Contestó Gridwin. "Son pocas las ciudades de mi mundo que son como esta y allí también es un problema para pegasos y otras criaturas voladoras."
Ambos observaban desde allí el panorama intentando pensar qué le había sucedido a Ian, el teléfono de Charlie sonó de inmediato y al levantarlo notó que era su padre quien lo llamaba.
"Hola hijo." Oyó por el altavoz.
"Papá, ¿qué sucede?" Preguntó.
"Tu madre me dijo que debiste salir urgente por unos asuntos mágicos buscando a un familiar perdido..." Contestó. "Y pensé que podría ayudarte."
"No sé de qué manera… tú no tienes magia." Replicó Charlie.
"No me subestimes, esta tarde hubo una extraña y densa niebla en Central Park, los medios dicen que fue una fuga de un gas no tóxico que salió por las sumideras del metro y alcantarillas." Comentó. "Pero un compañero del trabajo estuvo allí y aseguró ver un poni correr hacia la niebla mientras que todos huían."
"EH… y-ya vamos hacia allí… no debí dudar de ti…" Inmediatamente dijo Charlie. "Vamos a Central Park."
Corrieron hacia la parte de atrás del edificio lanzándose hacia el estacionamiento, Charlie accionó un hechizo de torbellino que redujo su descenso permitiéndole caer con normalidad al suelo en lo que Gridwin aleteo a su lado para aterrizar. Un mensaje de Naomi confirmó que debían dirigirse al parque, allí encontrarían a Jade y Elise también.
"Ya casi son las siete de la tarde…" Comentó Jade viendo la pantalla de su teléfono. "Pronto oscurecerá y será más difícil buscar a Ian."
"Ya estamos en el parque pero no hay ningún indicio de Ian." Mencionó Elise. "Ni siquiera está flotando en medio del lago como aquella vez."
"¿Eh? esa historia deberás contarmela cuando terminemos, apuesto que podremos mofarnos de Ian con ello."
Considerando que aún no lo desataban, Ian se mecía de un lado a otro mientras tarareaba una canción, pudo inclusive girar sobre sí mismo para poder tener un panorama de qué había en esa habitación. Mientras tonteaba, Celina ingresó en la habitación cargando dos pequeños platos que traía para Ian.
"¿Qué rayos haces?" Preguntó al verlo girar.
"Es aburrido estar aquí colgado…" Contestó Ian.
"Te traje algo de comida y agua." Dijo Celina mostrando la avena. "Apuesto que debes tener hambre."
"De hecho… mi más ferviente deseo en este momento es ir al baño…"
"¿¡Eh!? ¿Baño?"
"¿Acaso crees que soy un animal incivilizado?" Bufó Ian. "De acuerdo… actuaré como uno, apuesto a tendrás un bonito tiempo limpiando la alfombra…"
"E-espera… t-te desataré y podrás ir… pero si intentas algo raro tendré que encargarme de ti…"
"Mira, tengo tantas ganas de ir al baño que no creo poder realizar algún movimiento brusco sin que algo indeseado suceda." Replicó Ian.
Lentamente lo desató dejando únicamente la atadura del hocico, se agachó a su lado y volvió a colocar el frenillo en su boca y tiró de las riendas para que lo siga. Lo acercó al baño donde le abrió la puerta con algo de desconfianza ingresando a su lado.
"¿Vaf a farme alfo fe fribfafidaf?" Preguntó Ian.
"No entiendo nada de lo que dices…" Dijo Celina quitándole el frenillo.
"¿Que si te vas a quedar aquí conmigo viéndome hacer mis asuntos o esperarás afuera?" Preguntó Ian. "En mi mundo tambien tenemos baños para potros y yeguas por separado."
"Eh, oh… l-lo siento, aguardaré afuera." Salió sonrojada Celina del baño cerrando la puerta.
Cerró la puerta dando un profundo suspiro mientras pensaba qué hacía cuidando de una criatura así, debía continuar con el proyecto cuanto antes. Por el pasillo vino caminando el Profesor Ordibrich con uno de los asistentes charlando de los avances.
"Celina, qué raro verte aquí." Dijo. "Pensé que cuidarías del caballo."
"¡Soy un poni, maldita sea!" Bufó Ian desde el baño.
Muy sorprendido observó la puerta pero de inmediato giró sus ojos llenos de cuestionamientos a Celina quien incómodamente le sonrió al no saber cómo excusarse porque Ian estaba en el baño, no le dijo nada y continuó su paso en la dirección que había tomado. Al otro lado de la puerta se oyó el sonido del excusado e Ian salió unos instantes más tarde con mucho alivio, Celina lo observaba furiosa por haberla hecho quedar mal frente al profesor así que elevo su mano con el dedo índice emitiendo brillo pero nada sucedió.
"Oh, pude desactivar el hechizo de las riendas, ya no tienes control sobre mi…" Dijo Ian.
De inmediato Celina se puso en guardia pero Ian quedó allí observándola fijo, ella le apuntaba con un círculo mágico en su mano en lo que él bostezó ya sintiendo el cansancio del arduo dia.
"Sabes, no eres peligrosa…" Comentó Ian. "Puedo saber que eres buena, no me habrías dado de comer o ayudado." Agregó. "Aunque apuesto que no me permitirás contactarme con mis amigos, ¿verdad?"
"¡Claro que no!" Exclamó. "No van a interferir con la investigación."
"De acuerdo… al menos dime de qué se trata todo esto…" Bufó Ian con apatía.
"Los prismas pueden beneficiar a la humanidad al ser una fuente de energía que el profesor Ordibrich descubrió recientemente." Explicó Celiba mientras caminaban. "El profesor desarrolló cinco prismas y nos dio uno a cada uno para que realicemos pruebas… o al menos eso es lo que creía hasta que tú dijiste que son de otro mundo."
"Lo son, lo importante aquí es saber cómo los obtuvo y evitar que haga algo tonto." Dijo Ian.
Caminó al lado de Celina quien regularmente lo observaba muy intrigada del poni parlanchín, llegaron a una habitación donde ingresaron y el cristal de vermillion se encontraba dentro de un denso tubo de cristal, completamente sellado. Ese laboratorio disponía de muchas herramientas convencionales al igual de libros de magia, escrituras de runas y pentagramas mágicos utilizados para la investigación, hasta tenía una pequeña cama donde seguramente dormía Celina y un pequeño armario con ropa.
"Bonito desorden…" Comentó Ian levantando un sostén de entre la ropa desparramada en el suelo.
"¿¡Qué haces!?, ¡deja eso!" Bufó Celina quitándoselo del casco. "E-el profesor quería que te maten pero lo persuadí de ello… no hagas que me arrepienta."
"Debo agradecerte y como noté que te emocionó el que venga de otra dimensión, te contaré la historia de esos cristales."
Ian inmediatamente le relató su experiencia con los cristales de vermillion, la ciudades que visitó y las aventuras que tuvo cuando estuvo en contacto con ellos. Celina oía cada palabra atentamente con sus verdes ojos brillando de la emoción, casualmente preguntaba detalles externos que Ian respondió con extremo cuidado de no revelar que él mismo provenía del mundo humano, siguió con su relato hasta cuando cruzó con sus amigos el portal en persecución de Antares.
"Sangre de dragón… es ese liquido que surge cuando los cristales están activos… ewww…" Dijo Celina observando el cristal con asco.
"Sí, yo pensé lo mismo la primera vez…" Comentó Ian.
La puerta de la habitación sonó un par de veces, quien había tocado ingresó aunque no haya recibido respuesta alguna. Una señora alta, de cuerpo tonificado y cabello ondulado hasta los hombros ingresó seguida de una chica bajita y rellenita, ambas vieron a Celina sentada en su cama y a Ian sentado en un cojín en medio de la habitación.
"¡Santo cielo, es muy bonito!" Exclamó la mujer abalanzándose hacia Ian y abrazandolo.
"Chicas, ¿qué hacen aquí?" Preguntó Celina.
"Iremos a buscar algo para cenar." Contestó la más bajita. "¿No te has percatado de la hora?"
"Cielos, casi las nueve de la noche…"
"Iremos por unas pizzas, ¿de que quieres?" Preguntó la mujer alta.
"La mía sin pepperoni…" Pidió Ian.
"E-el… el…"
"El poni…" Completó Celina al ver a su compañera tartamudear.
"¡El poni acaba de hablar!" Chilló soltando a Ian.
"Vanessa, Eleonor, él es Ian." Presentó Celina. "Nosotras iremos a comprar comida, prometo traer una pizza para ti, así que no salgas de la habitación y no toques nada."
"¿Segura que se quedará aquí solo?" Consultó Vanessa.
"Me ha demostrado ser de confianza, ha tenido oportunidades de escapar y no las ha tomado." Contestó Celina.
Las tres salieron de allí pero un cerrojo mágico apareció en la cerradura de la puerta tras cerrarla, Ian se acercó a inspeccionar detectando varias combinaciones de hechizos y no lo podía forzar ya que Celina lo sabría de inmediato además de darle una descarga por el contrahechizo.
La ventana de la habitación también se encontraba cerrada aunque a través de ella por ya se veían las luces de la ciudad, ya había oscurecido y pensó que sería severamente castigado por la directora. Se acercó al cristal de vermillion que destelló dentro de aquel tubo en el que permanecía suspendido, por un instante temió que atacara pero este destello se volvió sincronico cada tres segundos.
Dentro del tubo que iba desde el suelo hasta el cielo raso, brilló con intensidad y salió despedido hacia arriba, sin saber a dónde se dirigía aquel tubo transparente.
"Espero que esto sea normal o Celina se enfadará." Murmuró Ian.
"Lo es, a esta hora los prismas suelen ser recolectados en el contenedor principal." Oyó Ian resonar en el cuarto.
"¿¡Quién eres!?" Preguntó Ian. "¿Y por qué tienes un micrófono en el cuarto de una chica? eso está mal a varios niveles…"
"Estoy estableciendo una conexión telepática contigo…" Bufó. "Soy el profesor Oswald Ordibrich."
"Muy bien, profesor… lo escucho." Dijo Ian.
"El proyecto que llevábamos a cabo en Central Park era para purificar el agua del estanque utilizando los prismas pero aparentemente algo se salió de control." Comentó el profesor. "Tu amigo no quiso cooperar en darnos información de cómo se utilizan los prismas pero supongo que tú cooperarás sin problemas."
"¿Amigo?" Preguntó Ian. "Ninguno de mis amigos fue capturado."
"Entonces… tu no conoces a un unicornio blanco, ¿verdad?"
"Antares… ¿¡te has encontrado con Antares!?" Preguntó Ian algo exaltado. "¡Él no es amigo… es enemigo!"
"Ya veo, ¿qué tal si cooperamos?" Propuso Ordibrich.
"Lamento decir que no tengo motivos para cooperar contigo." Replicó Ian. "¿Sabes dónde está Antares, sí o no?"
"¿Por qué estás obsesionado con ese unicornio?"
"El es peligroso, causó mucho daño de forma directa e indirecta en los reinos de la otra realidad y lo perseguí hasta aquí para evitar que haga lo mismo con los humanos." Contestó Ian.
"Lamento informar que desconozco su paradero." Comentó Ordibrich. "Aunque fue un hueso duro de roer, logré quitarle estos cristales."
"No conozco los detalles de su fabricación, su exacto funcionamiento o límites de los cristales de vermillion…" Dijo Ian. "Pero sé que son peligrosos y tal vez Antares hará lo que sea para recuperarlos."
No recibió respuesta de parte de Ordibrich u oyó algo más, pese a que aguardó algún comentario adicional, no volvió a oír de él. La puerta se abrió de repente causando que se ponga en guardia de inmediato, las chicas ingresaron riendo y cargando cuatro cajas de pizza y dos botellas.
"Asustamos al pobre poni." Dijo Vanessa entre risas.
En su cabeza retumbaba esa conversación con Ordibrich, fue capaz de enfrentar a Antares pero no de derrotarlo, tal vez la directora Rendwick tenía razón al decir que los humanos se encargarían de la amenaza y que ellos no se encontraban a la altura. Esto en parte lo deprimía y sentía que su esfuerzo era en vano, que era aún demasiado débil e inexperto como para proteger a otros.
