Ya era tarde, aquellas tres chicas charlaban de sus cosas muy alegremente mientras devoraban las pizzas sin piedad. A Ian, pese a poder hablar y razonar, no dejaban de tratarlo como a un lindo animal al punto de que decidieron cambiarse a sus pijamas frente a él. No reaccionó al respecto e intentó disimular tanto como pudo, la discordia dentro de su cabeza de si debía aprovechar esa rara oportunidad o voltear por pudor batallaban en sus pensamientos, hasta que ganó simplemente apreciar el espectáculo de tres jóvenes adultas cambiando su ropa frente a él.
"Ian, por favor, da la vuelta…" Pidió Celina.
"Es solo un poni, ¿por que sientes vergüenza?" Cuestionó Vanessa.
"Él es un chico…"
"L-los estándares de belleza de las hembras de mi raza s-son otros… no tengan problema de m-mi presencia." Dijo Ian.
"¡Estás meneando tu cola!, da la vuelta en este instante." Ordenó Eleonor.
Su plan había sido frustrado por lo que no le quedó otra más que acatar el pedido, realizaron una especie de pijamada allí quedando las tres dormidas en el suelo luego de beber varias cervezas.
La puerta no tenía ningún cerrojo mágico por lo que Ian la abrió lentamente y se aventuró al tenue pasillo, iluminado únicamente por las luces de la ciudad. Aparentemente todos aquellos quienes trabajaban ese edificio ya se habían retirado a sus hogares o dormían en sus habitaciones como lo hacía Celina, eso le daba una mejor oportunidad para saber dónde se encontraban los cristales de Vermillion y conocer con exactitud qué planeaba el profesor Ordibrich.
Subió unas escaleras para intentar llegar al último piso donde había sido sorpresivamente atacado cuando ingresó allí pero oyó unos pasos por detrás y vio la luz de una linterna al final del corredor, justo al doblar la esquina. No sabía qué hacer, no tenía hacia donde ir o esconderse, sus cascos harían un notorio ruido al intentar correr y un círculo mágico delataría su presencia.
Giró repentinamente chocando su hocico contra alguien, era un señor calvo con lentes y poco pelo a los lados de su cabeza. Retrocedió de la sorpresa pero el guardia llegó a aquella esquina iluminando a ambos, ya lo había decidido, de ser necesario, utilizaría la fuerza.
"Profesor, que raro verlo deambular a estas horas." Dijo el guardia.
"Mi mascota no dejaba de rascar la puerta así que decidí llevarlo a la terraza." Comentó.
"Es una noche agradable pero se avecina una tormenta, tenga cuidado." Saludó el guardia pasando junto a ambos.
"Si, yo soy Ordibrich… sigueme…" Pidió a Ian avanzando.
Lo siguió escaleras arriba, de momento lo observaba desde atrás con desconfianza por ser quien manipulaba los cristales. Ingresaron a una habitación vidriada donde se veían varios equipamientos de análisis, computadoras y herramientas de uso mágico.
Avanzaron a lo largo de ese lugar pasando por el pasillo central hasta una puerta con inscripciones de runas y un círculo mágico al centro, el profesor apoyó su mano allí y la puerta se abrió a los lados.
"Después de ti…" Ofreció a Ian.
"Prefiero ingresar detrás del anfitrión." Replicó.
Accedió detrás del profesor Ordibrich a aquel habitáculo rectangular, no poseía ningún panel o botones pero vio que un destello verde apareció en la mano derecha de Ordibrich. No sintió ningún ruido, vibración o la sensación de estar en movimiento tras cerrarse la puerta, unos instantes bastaron para que la puerta vuelva a abrirse en un lugar completamente diferente.
Aquel lugar era mucho más lúgubre y la poca iluminación ayudaba a que se sienta más tétrico, varios tubos de gran tamaño se encontraban alineados contra una pared, estos eran de vidrio y contenían un líquido oscuro. Al final de la habitación los cinco cristales giraban en sincronía dentro de un contenedor especial que se encontraba conectado a una tubería de vidrio como la que había en la habitación de Celina.
"Aquí están, es lo que querías ver, ¿verdad?" Consultó Ordibrich.
"¿Qué piensas hacer con ellos?" Preguntó Ian.
"De momento hemos descubierto que pueden filtrar agua, que pueden acumular electricidad y que pueden trabajar de manera individual o en sincronía para maximizar su potencial." Explicó. "Obtuve uno y a partir de él fui capaz de replicar los otros cuatro."
"E-espera… ¿cómo que has replicado cuatro de ellos?" Cuestionó Ian.
"No es necesario entrar en detalles tediosos, porque el beneficio de estos cristales será para toda la humanidad." Esquivó la pregunta Ordibrich.
"Entonces dime, ¿que sucedió con Antares?"
"Lo encontré la noche en que estos cristales aparecieron, noté que los utilizaba para acumular la energía de la gente así que lo enfrenté, fue el oponente más poderoso al que me he enfrentado en toda mi vida pero logré derribarlo y quitarle uno de los cristales." Relató Ordibrich. "Tal vez te preguntes, qué sucedió con ese unicornio… bueno… en ocasiones es mejor conservar el trofeo.
Del centro de la habitación emergió un tubo que se iluminó desde el interior, este poseía un extraño líquido verde y Antares se encontraba dentro de él con sus ojos cerrados y flotando en medio.
Ian se sorprendió mucho al ver eso retrocediendo unos pasos y tocando uno de aquellos grandes tubos a los lados del salón, una serie de runas se iluminaron en la base del mismo y una luz iluminó aquel tubo desde el interior notando a una persona allí dentro con intravenosas que se encontraban clavadas en diferentes lugares de su cuerpo.
"Q-qué rayos significa esto…"
"Es la cosecha de los futuros drenadores." Oyó Ian retumbar en su cabeza.
Volteó muy alarmado hacia Ordibrich notando que sus ojos brillaban en un tono rojizo pero lo que más le llamó la atención fue que Antares lo observaba fijo.
"Dejé que este humano me capturara para poder jugar con él y aprovechar sus amplios conocimientos de la magia y tecnología de este mundo." Dijo Antares a través de Ordibrich.
"Pe… pero… ¿¡cómo conseguiste replicar los cristales!?" Exclamó Ian. "En este mundo no hay dragones o remanencia de esa tecnología."
"La sangre humana comparte las mismas propiedades, es curioso pero efectivo." Explicó Antares.
El resto de los grandes tubos se iluminaron mostrando hombres y mujeres en la misma situación que el primero, todos con intravenosas extrayendoles la sangre. Había alrededor de veinte de ellos, diez a cada lado pero el mayor problema era tener que enfrentar a Ordibrich y potencialmente a Antares.
Al no tener idea de dónde se encontraba, convertía en completamente inutilizable su magia de teletransportación además de no conocer el hechizo que activaba el elevador.
"¿Qué has hecho con Aurora?" Preguntó Ian intentando ganar algo de tiempo.
"Nada, no la he encontrado… tal vez los humanos acabaron con ella." Contestó con frialdad. "De todos modos, ya no me es útil… su rol fue completado."
Ordibrich elevó su mano al frente y un círculo mágico apareció allí, lanzó una bola de fuego a Ian que la contuvo con un escudo mágico, galopó intentando rodearlo pero él abanico causando un torbellino que lo atrapó desgarrando parte de su pelaje, cola y crin. Gritó del dolor mientras pensaba en una forma de contraatacar pero un fuerte impacto de viento le dio de lleno lanzándolo hacia atrás.
Era la primera vez que se enfrentaba a un mago adulto en una situación de vida o muerte y lo peor era que lo superaba ampliamente en fuerza.
"Debo admitir que los humanos se han vuelto mucho más fuertes de lo que solían ser hace unos mil quinientos años y su tecnología es sorprendente." Comentó Antares retumbando en la mente de Ian. "En este momento me encuentro recuperando fuerzas tras abrir el portal a este mundo pero, controlando a los humanos adecuados, tal vez mi plan pueda regresar a su rumbo más rápido de lo que pensaba."
Eso sonó extremadamente extraño pero de una cosa estaba seguro, era que Antares se encontraba débil y por esa razón utilizaba a Ordibrich como escudo.
Retrajo sus piernas concentrando su magia con un círculo debajo de él y dos alas rojas aparecieron en su espalda, brincó en línea recta hacia el frente recibiendo de lleno un hechizo de viento de Ordibrich pero cruzó hacia el ascensor donde chocó en el interior, comenzó a canalizar su magia de todas las maneras posibles hasta que las runas destellaron y se cerró la puerta, inmediatamente volvió a abrirse apareciendo en el último piso de aquel edificio.
Brincó hacia la ventana intentando huir de allí pero Ordibricho lo interceptó en el aire golpeándolo desde atrás y un nuevo torbellino lo empujó hacia el interior del edificio, rompió varios tubos de ensayo y equipamientos en su brusco ingreso golpeando contra escritorios y rompiendo varias cosas.
"Uh… duele mucho… *cof*…" Gimoteó Ian al levantarse.
Por detrás de él ingresaron a través de la puerta otros dos de los científicos con trozos de los cristales incrustados en su cuerpo, uno de ellos lo tenía en el cuello y el otro del lado derecho de su cabeza.
"Lo siento potrillo, pero no puedo permitirte escapar luego de lo que has visto." Dijo Ordibrich.
Vio que el profesor apoyó su mano en una mesa metálica y esta se convirtió en una espada, era un usuario del elemental de tierra y dado que se encontraban en un laboratorio, todo podía ser un arma.
"Thunder bolt." Recitó Ian al verse rodeado.
Lanzó una potente esfera eléctrica hacia aquellos dos científicos que tenían los trozos de cristal de vermillion, inmediatamente los aturdió y se abrió paso hacia la escalera de emergencia para huir de allí. Bajo dos pisos pero al girar en el descanso de la escalera, chocó contra Celina, Vanessa y Eleonor, cayendo los cuatro rodando escaleras abajo.
"Owww…" Gimoteo Ian adolorido.
"¿¡Pero qué te sucede!? Bufó Celina.
"Santo cielo, estás sangrando." Exclamó Eleonor.
"Oímos un estruendo escaleras arriba y ahora tu bajas herido, ¿qué has hecho?" Cuestionó Celina.
"E-el profesor Ordibrich… utiliza…"
Antes que pueda terminar su frase, una oleada de arena los empujó hacia el pasillo y se solidificó alrededor de él, se encontraba inmóvil y a merced del profesor.
"Intentó destruir los prismas, te dije que no era conveniente dejarlo con vida." Dijo el profesor a Celina.
"Maldito…" Gruño Ian.
"¿Es cierto?" Preguntó Celina.
"Sí, este poni intentó…
"No me refiero a eso, los prismas… o mejor dicho, cristales de vermillion... son tecnología de otra dimensión." Interrumpió al profesor. "Usted nunca los creó, ¿verdad?"
"¿Le creerás a una criatura parlanchina de otra dimensión o a tu jefe directo?" Cuestionó Ordibrich.
Observó el suelo pensando la situación, volteó a sus amigas que se encontraban tan estupefactas como ella pero luego inclinó su mirada a Ian que aún forcejeaba dentro de aquella prisión de arena, recordando aquella historia que le había contado sobre los cristales.
"... ah…" Suspiró Celina. "No me vine desde México por esto…"
Dio un golpe lateral al bloque de arena que encerraba a Ian con un círculo mágico en su puño, el bloque se desarmó de inmediato liberandolo.
"¿P-pero qué haces?" Cuestionó Eleonor.
"Lo siento chicas…" Se disculpó Celina tomando a Ian y corriendo.
"Captúrenlos." Ordenó Ordibrich.
"¿Que sucedió profesor?" Consultó Vanessa sin prestarle atención a la orden.
"... veo que no acatan órdenes de inmediato."
Elevó su mano derecha y de su bolsillo se elevaron dos fragmentos de cristal de vermillion, estos destellaron y se dispararon hacia Eleonor y Vanessa.
