Celina corría escaleras abajo sujetando a Ian debajo del brazo, él la observaba muy sorprendido por la acción que acababa de realizar. No oían a nadie venir desde arriba, o algún tipo de disturbio que indicara que el lugar se encontraba revolucionado por los recientes acontecimientos.
"Y-ya puedes bajarme, puedo galopar desde aquí…" Dijo Ian.
Celina se detuvo bruscamente soltando a Ian quien rodó en el suelo por ello, ella quedó allí observándolo con una expresión llena de desidia y ladrigas en sus ojos.
"E-este trabajo es para ayudar a mi familia… y lo arruiné por un caballo que habla… soy una idiota." Sollozó.
"N-no tendrías que haber hecho tal cosa."
"¿Y prefieres que vea cómo matan a un poni frente a mis ojos?" Replicó.
"Vamos, tenemos que huir de aquí." Propuso Ian. "Prometo presentarte con gente que puede conseguirte algún trabajo mejor."
"¿De verdad?... no te creo…"
"¿Has oído hablar de Cecilia Rendwick?" Consultó Ian.
"Una de los cinco magos más poderosos del mundo y directora de la más prestigiosa escuela de magia de norte América…" Enumeró Celina.
"Bueno, ella es una de mis cuidadoras, estoy viviendo en su casa, así que puedo pedirle que te ayude."
"No lo puedo creer, g-gracias." Dijo Celina secándose las lágrimas.
Luego del desahogo emocional de Celina, ambos continuaron el descenso por las escaleras de emergencia. Ya comenzaba a pesarle a Ian el agotamiento de todo lo vivido ese día por lo que no utilizó su magia para curar su cuerpo y así poder disponer de energías en caso de ser atacados.
"Espera, debo ir por unas cosas en mi habitación." Pidió Celina.
"¿Es muy importante?" Cuestionó Ian. "Te recuerdo que traicionaste a quien quiere matarme y ahora tal vez tú seas su objetivo también."
"Si no regreso por mi cartera no tendré mi pasaporte o documentos conmigo… no puedo dejar eso atrás." Contestó Celina corriendo hacia su habitación.
Ian quedó resguardando el pasillo mientras que ella recogía en una mochila lo más indispensable para poder huir, documentación, dinero, algo de ropa, su laptop y registros del experimento.
Tres líneas rojas se incrustaron en el suelo detrás de Ian, volteó algo alarmado viendo a Vanessa con un fragmento de cristal incrustado en su frente y las líneas rojas del cristal enroscadas en su brazo derecho con el que señalaba a él. Por detrás de ella apareció Eleonor con otro fragmento en medio de su pecho que brillaba en el escote de su blusa.
"No ustedes dos…" lamentó Ian. "Celina, si no nos vamos ahora, nos atraparán."
"Huye… esta cosa puede usar… mi magia…" Dijo con mucho esfuerzo Eleonor.
Elevó su brazo derecho hacia Ian señalándolo con el dedo y cientos de rayos eléctricos formaron una esfera que destellaba, por su parte, Vanessa realizó algo similar pero con una bola de fuego. Las dos lo atacaron casi al unísono pero desplegando una barrera, bloqueó ambos hechizos protegiendo el acceso a la habitación de Celina que aún juntaba sus pertenencias.
"Ugh… ¡no tenemos mucho tiempo!" Exclamó Ian al ver como su barrera se agrietó con esos ataques.
"¡Chicas!, no…" Lamentó Celina al asomarse por la puerta. "¿C-cómo podemos salvarlas?"
"Si las dejamos aquí el profesor y Antares las utilizaran para crear más cristales." Comentó Ian. "Podemos salvarlas destruyendo esos fragmentos de cristal pero debemos ser cuidadosos de no herirlas."
"Yo me encargo, ellas son mis únicas amigas en esta ciudad." Dijo Celina ajustando su mochila.
Sujetó su cabello atándolo en una coleta para que no estorbe y se preparó para combatir, Ian se adelantó cortando con un hechizo de viento varias de las líneas rojas que salieron del brazo de Vanessa, abriéndose paso hacia un ataque directo pero Eleonor lo sujetó rápidamente del cuello para luego arrojarlo hacia atrás.
Por fuera comenzaron a oírse los truenos de la tormenta que se avecinaba y el cielo reflejaba con sus nubes las luces de la ciudad, en aquel corredor Ian y Celina combatían a las dos jóvenes que se encontraban bajo el control de aquellos fragmentos de cristal a sabiendas de que Ordibrich aparecería en cualquier instante.
Cruzó a Vanessa para intentar flanquearlas, brincó un ataque de hielo que Eleonor le lanzó pero en el aire recibió un ataque de Vanessa por la espalda, provocando que vuele hacia Eleonor chocando y cayendo ambos al suelo.
Algo aturdido notó que tenía su hocico dentro del escote pero al elevar su mirada se encontraba a centímetros del fragmento de cristal, inmediatamente estiró su cuello y así poder morderlo, haciendo todo su esfuerzo para retirarlo. Varias de aquellas líneas rojas que salían del cristal se extendieron clavandose a los lados de la cabeza y cuello de Ian como si fueran agujas, sin importar el dolor que sentía, logró retirar el cristal y escupirlo a un lado.
"Ah… ouch… duele…" Jadeó Eleonor.
"Lo siento, era la única forma que se me ocurrió de quitarlo."
"No es eso, me estas aplastando uno de los pechos con tu pezuña y duele…" Bufó Eleonor. "¡Quítate!" Gruñó.
"Pe-Perdón…" Dijo Ian apartándose de inmediato.
Volteó al fragmento en el suelo que destellaba y las líneas rojas se movían como tentáculos sin control, un a ráfaga mágica salió de la mano de Eleonor destruyendo aquel fragmento.
"Esa maldita cosa me dejará una marca." Bufó.
"No te preocupes, quedará enrojecido unos días y se irá." Desestimó Ian. "Tienes un bonito pecho… digo, escote… digo…"
"¡Dejen de tontear y vengan a ayudarme!" Exclamó Celina.
Vanessa era más grande y tenía una musculatura tonificada, lo que significaba que era mucho más fuerte, Celina apenas podía acercarse a ella. Ian se preparó para ayudar, por su parte Eleonor intentó levantarse con algo de esfuerzo pero sus piernas cedieron causando que caiga arrodillada.
"N-no puedo…"
"Estás débil por el efecto del cristal, déjame esto a mi." Dijo Ian desplegando sus alas luminosas.
Extendió sus alas y aleteó lanzándose hacia Vanessa y Celina que se encontraban casi al otro lado del pasillo, al estar cerca realizó un hechizo de hielo generando una lámina en en suelo y se dejó caer deslizándose a los pies de Vanessa que sostenía a Celina de cuello a punto de clavarle las líneas rojas que salían del cristal. Impactó con su torso en los tobillos de Vanessa desestabilizandola y provocando que caiga sentada literalmente sobre él haciendo que realice un chillido al sentir toda la humanidad de Vanessa sobre su lomo.
"A… ahora…" Pidió Ian casi sin aire.
Celina tomó el fragmento de cristal de la frente de Vanessa y lo arrancó de un solo tirón, una esfera de luz se generó en su mano y el cristal estalló en pedazos.
"N-no puedo… respirar…" Chilló Ian desde abajo de Vanessa.
"Lo siento Ian." Dijo Vanessa levantándose. "¿E-estás bien?" Agregó tomándolo por debajo de las pezuñas delanteras y levantándolo hacia ella.
"So-sobreviviré, ahora debemos irnos de aquí…"
"No puedo permitir eso." Dijo Ordibrich apareciendo frente a ellos luego de que un rayo destellara a la distancia y un apagón dejara todo a oscuras.
Ian elevó con su magia a Eleonor que aún no podía ponerse de pie y la subió a su espalda, los cuatro comenzaron a huir escaleras abajo ante la inesperada aparición del profesor.
"Tengo que contactar a la directora Rendwick de alguna manera." Dijo ian.
"¿Tienes algún teléfono a donde llamarla?" Preguntó Eleonor tomando el celular de su bolsillo.
"N-no sé su número…"
"Entonces no podremos contar con su ayuda." Comentó Celina.
Tres de los ayudantes del laboratorio con cristales incrustados en su cuerpo bloquearon su paso al llegar al décimo piso, por la venta ya caían las gotas de aquella lluvia que prometía ser torrencial.
"¿No deberíamos liberarlos?" Consultó Vanessa.
"Si llegaran a quedar débiles como Eleonor, no podrán acompañarnos. "La mejor opción es ir por ayuda lo más rápido posible."
Ian se lanzó hacia ellos rápidamente lanzando cientos de rayos eléctricos a los lados, aquellos ayudantes quedaron aturdidos dándoles la oportunidad de destruir los cristales con un hechizo de viento cortante.
"Espero que entiendan que no podemos llevarlos con nosotros pero aguarden aquí, la ayuda llegará cuanto antes." Dijo Ian volteando.
"Apresurense…" Pidió uno de los ayudantes desde el suelo.
Los cuatro continuaron su huida por las escaleras ante la mirada de aquellos tres ayudantes que nada podían hacer en ese momento, los cabellos de Eleonor se encontraban extendidos en todas direcciones por la estática que generó el ataque de Ian pero eso no era de importancia; para ese momento la lluvia se había convertido en una tormenta que arremetía contra las ventanas.
Al llegar a la planta baja vieron todo el lugar a oscuras por el apagón, apenas iluminado por algunas luces de emergencia.
"Este es un lugar muy amplio, dadas las circunstancias, parece el cuarto para pelear con un jefe." Comentó Eleonor.
"No me parece divertido." Bufó Celina.
"Yo creo que es muy adecuado." Mencionó Ordibrich apareciendo frente a los cuatro. "No les permitiré pedir ayuda."
"Es raro, porque ahora que lo pienso, esto es lo primero que deberíamos haber hecho." Comentó Ian extendiendo su pezuña a un lado.
Accionó una alarma de incendio que comenzó a sonar en todo el edificio, todos se alertaron al oírla pero Ordibrich extendió su mano hacia ellos lanzando una esfera de rayos. Todos se hicieron a un lado y la esfera impactó contra la alarma destruyendo el accionador pero a pesar de ello, la alarma no se detuvo.
"¿Por qué hiciste eso?" Cuestionó Celina.
"Tanto en la policía como bomberos y paramédicos hay gente con magia en caso de necesidad." Explicó Ian. "Es la mejor manera de hacer que la ayuda venga a nosotros."
Las baldosas del lugar temblaron convirtiéndose en filosas navajas, Ordibrich disponía de un círculo mágico en cada mano, con su derecha elevó las baldosas y con la izquierda generó un torbellino que las hizo volar descontroladamente. Ian volvió a imponer una barrera mágica para protegerlos, el profesor aprovechó que se encontraban inmóviles para atacarlos y así romper su defensa.
"Debemos atravesar por donde el profesor se encuentra para llegar a la calle." Señaló Eleonor.
"Las baldosas voladoras no solo pueden dañarnos, también le sirven de defensa contra cualquier ataque que lancemos." Observó Ian mientras que su barrera destellaba por los ataques.
"Entonces yo haré nuestra defensa." Dijo Vanessa frotando sus manos mientras un destello celeste salía de entre ellas.
Extendió ambos brazos al frente y una fuerte corriente de hielo llenó el lugar, aquella escarcha se hacía cada vez más densa al punto de que las baldosas se cubrieron por completo del hielo. Las esferas de hielo más grandes caían al suelo al ser muy pesadas como para ser sostenidas por el torbellino, a Ordibrich no le quedaba opción más que aumentar la potencia del mismo.
Sus cabellos y mejillas se llenaban de escarcha al igual que su ropa y lentes, exhalo vapor por la boca dado el intenso frío que había allí dentro del hall de entrada. Las bolas de hielo caían una a una en un blanco paisaje de escarcha que cubría paredes, suelo y techo del lugar, salvo aquella pequeña zona cubierta por la barrera de Ian.
"¿Me pregunto cuánto resistirá hasta sucumbir por el frío?" Se preguntó Vanessa. "No puede utilizar el elemental de fuego por lo que no podrá calentar su cuerpo."
"Yo me ocupo de mantenernos tibios." Comentó Eleonor con una esfera incandescente en su mano. "Celina, ábrenos paso e Ian, se un buen poni y mueve tu barrera hacia la entrada."
Las tres conocían muy bien las habilidades de las otras, Celina apoyó su mano en el suelo y este se movió formando un pasillo hasta la entrada. Caminaron lentamente pasando junto a Ordibrich que yacía arrodillado con su cuerpo lleno de escarcha, inmóvil por el intenso frío.
Abrieron la puerta y salieron a la calle, la lluvia continuaba con gran intensidad y todo permanecía a oscuras por el apagón. Un rayo cayó en el pararrayos de un bajo edificio contiguo resplandeciendo todo en un flash y ensordeciendo al grupo, Eleonor cayó de la espalda de Ian al asfalto que comenzó a teñirse con sangre.
Muy asustadas sus amigas voltearon a ella pero Ian giró observando al edificio del que salieron, solo para ver a Ordibrich parado en la escalinata cubierto de escarcha y un arma en su mano. Volvió a gatillar hiriendo a Vanessa en la pierna ante la mirada de Ian, las sirenas de fondo ya se oían acercarse y el destello de las luces de los vehículos de emergencia se reflejaba en los vidrios de las edificaciones.
"¡Maldito!" Exclamó Ian desplegando unas alas rojas.
"Heh, mis manos aún están congeladas, no puedo apuntar bien…" Dijo Ordibrich.
Volvió a gatillar apuntando a Ian pero este disparo impactó en el suelo a su derecha, Ian se lanzó hacia Ordibrich en total ira. El profesor se quitó el cinturón y esquivó a Ian agachándose a un lado, utilizó aquel cinturón como si de un látigo se tratara y acertó un golpe en el cuello de Ian, enroscandolo en el.
Estiró con todas sus fuerzas hacia atrás llevando a Ian frente y colocó su mano derecha en su pecho, un potente destello mágico estalló y envío al poni a volar contra un árbol en la acera, dejando una estela de plumas luminosas color carmesí en su camino, desapareciendo al tocar el suelo. Tomó el arma de la acera y apuntó a Ian que tosía haciendo su mayor esfuerzo para ponerse de pié.
Cerró sus ojos esperando lo peor pero al abrirlos se encontró a Celina arrodillada delante suyo.
"N-no… no Celina… agh…" No podía mover su pierna derecha trasera.
"Hum, sin munición… debí revisar antes de tomar esta arma…" Dijo Ordibrich arrojándola al suelo. "Mejor me deshago de ustedes antes que los bomberos lleguen." Agregó acercándose a Ian y Celina con su brazo derecho estirado hacia ellos.
Una estaca de hielo se incrustó en su antebrazo, de la sorpresa y el dolor volteó viendo a Vanessa arrodillada junto a Eleonor, apuntándole con un círculo mágico en su mano. Una esfera de rayos apareció en la mano de Ordibrich volteando a ellas, listo para darles un ataque letal.
"¡ARRIBA LAS MANOS, ARROJA ESO Y NO TE MUEVAS!"
Dos oficiales de policía bajaron de un auto negro apuntando con sus armas a Ordibrich, este elevó ambas manos en el aire disipando la esfera de rayos rindiéndose ante ellos. El camión de bomberos se detuvo cerca de ellos abriendo sus puertas y descendiendo el personal de él, uno de los oficiales tomó el radio y comenzó a pedir una ambulancia al ver a las dos chicas ensangrentadas en el suelo.
Ian sabía que debía irse de allí cuanto antes pero el dolor de su pierna y todas las heridas de su cuerpo se lo impedían, Celina giró en el suelo sosteniendo su estómago con la mano izquierda que se encontraba cubierta en sangre y lo observó directamente a los ojos a Ian y le sonrió.
"No quiero ver morir a nadie delante mio de nuevo…" Desesperadamente Ian se arrastró a Celina. "¡Ti-tienes que vivir, por tu familia!" Agregó. "Cu-curación…"
Fue detenido por un bombero justo antes de que pueda aplicar su hechizo en Celina, este tomó su pezuña y negó con la cabeza.
"Si cierras su herida, la bala quedará dentro y será peor." Dijo. "La ayuda ya llega, estabilizaré sus signos vitales con mi magia."
Nuevamente no pudo hacer nada, mientras el profesor Ordibrich era esposado, solo quedo alli viendo a aquellas tres chicas mal heridas. Culpandose por haberlas metido en tal predicamento y no haber sido capaz de protegerlas, solo lagrimas caían de sus ojos por la importancia que sentía en ese momento.
