"¿Tienes todo lo que necesitas?" Preguntó la abuela Cecilia.
"S-sí…" Afirmó Ian.
"Querido, ten cuidado y no sobrepases demasiado tus límites." Pidió Melissa abrazando a Ian.
"Tenemos todas las vacaciones de verano por delante." Comentó Cecilia. "Aprovecharemos este periodo para mejorar tus habilidades."
Todos se encontraban reunidos en el jardín trasero de la casa, Ian cargaba sus bolsas a los lados del flanco y Cecilia un morral. Ambos iban a partir para comenzar un muy duro entrenamiento para hacer a Ian más fuerte.
"Es una pena que te pierdas el verano en esto." Lamentó Naomi.
"Si no me hago fuerte, Antares podría causar estragos en este mundo."
"Eres una ternura Ian… hasta se olvida que yo estoy aquí." Ironizó Cecilia. "Mejor vámonos."
Estiró su brazo con la mano abierta y la palma apuntando hacia abajo, un destello apareció alrededor de ella mientras Cecilia murmuraba algo en voz baja y un círculo mágico apareció en el césped con inscripciones de runas y marcando la tierra. Una esfera dorada los envolvió y un segundo círculo más pequeño apareció sobre ellos.
"Volveremos el viernes previo al regreso a clases." Notificó Cecilia.
"¡Adios Ian, espero que te hagas fuerte!" Exclamó Kyara ondeando su pata delantera derecha.
La esfera se dispersó en cientos de pequeños orbes que comenzaron a girar dentro del círculo mágico superior, ya no se los veían a Ian y Cecilia, ambos sellos se unieron y un destello bastó para que desaparezcan de allí.
"Odio esos hechizos…" Bufó Melissa al ver el césped marcado con el círculo mágico como si hubiera sido quemado.
"Típico de la abuela, se enfada por los descuidos de otros pero no le importan los que ella comete…" Suspiró Naomi.
"¿Por qué no llamas a tu amigo Charlie para que lo arregle con su magia?" Pidió Mel.
"No es mala idea, además puede venir con Gridwin y podremos buscar a Aurora juntos." Mencionó Kyara.
"Y no olvides ponerte algo bonito."
"¡Mamá!" Bufó Naomi.
Aparecieron en un terreno boscoso, las montañas nevadas se veían a lo lejos y el aire era mucho más fresco.
"Bien… creo que aquí está bien para comenzar." Dijo Cecilia.
"¿Dónde estamos?" Consultó Ian.
"Lo suficientemente alejados de cualquier vestigio de civilización." Contestó la abuela Cecilia.
Caminaron bajando del cerro donde aparecieron hasta un pequeño cañadón donde había un lago y un terreno llano lo suficientemente amplio como para comenzar.
"Aprenderás a utilizar tu magia de forma eficiente, algunos nuevos hechizos y veré cómo mejorar tu forma de pelear." Enumeró Cecilia.
"Muy bien, ¿ya comenzaremos?"
"Antes de que te emociones, debo informarte que hay mucha teoría que explicar." Contestó Cecilia. "Sabes perfectamente que el uso de la magia va atada al alma del usuario y la energía corporal a la capacidad, potencia y resistencia de la misma." Explicó. "Por esa razón alguien que no se encuentre bien físicamente, realiza hechizos débiles o tiende a agotarse con facilidad."
"Duh… cuando mi cuerpo cambió a este, era muy débil y tuve que entrenar de nuevo para poder hacer magia adecuadamente." Comentó Ian.
"Perfecto, ya que conoces el concepto… ¿por qué no me demuestras que puedes hacer?" Pidió Cecilia. "¿Ves esa roca? utiliza magia de luz para destruirla."
Ian apuntó a ella con su pezuña delantera derecha y recitó "Starlight Missiles" generando cinco orbes dorados que giraron alrededor del casco.
"Utiliza sólo uno de ellos." Pidió Cecilia. "Y asegurate de utilizar mucha potencia."
Ian asentó con la cabeza y los misiles mágicos comenzaron a girar nuevamente, al detenerse, uno de ellos se disparó a aquella gran roca que se veía a unos doscientos metros, al impactar, estalló rompiendo una importante sección de la misma y esquirlas volaron en todas direcciones.
"Oh, eso fue bastante fuerte." Felicitó Cecilia. "Pero no lo suficiente, observa." Dijo generando una esfera en la punta de su dedo índice del mismo tamaño que aquella que Ian disparó. "Este proyectil mágico es similar a tus misiles aunque aún no puedo replicar cómo los haces, usaré la misma cantidad de poder."
Luego de decir eso este se encogió del tamaño de un balón al de una gran canica, apuntando con su dedo a una roca aún más grande, lo disparó y la canica se incrustó allí ingresando a la roca. Inmediatamente la gran roca estalló en pedazos con mucha más fuerza y abarcando un radio de destrucción aún mayor.
"Un hechizo grande puede ser sorprendente pero uno concentrado es más destructivo." Dijo Cecilia. "Tu ataque rasgó la superficie pero el mio lo destruyó desde el interior con la misma cantidad de poder, esto también se aplica a las barreras mágicas."
"¡Wow! ¿entonces le enseñarás a hacer eso?" Muy entusiasmado preguntó Ian.
"Ehhh… sí, pero aún no…" Divagó la abuela haciendo círculos en el aire con una mano. "Lamento decirte que deberás controlar aún mejor tu magia y eventualmente podrás hacerlo."
"Oww…. de acuerdo, comencemos…"
"Para empezar quiero que cruces el lago nadando y vuelvas a mi unas cuantas veces…" Pidió Cecilia. "Recuerda que debes hacerte fuerte físicamente también."
Un poco a regañadientes, Ian comenzó a hacer los ejercicios que la abuela le pedía. Voló a través de las montañas con Cecilia montando en él mientras le aumentaba la presión, apagó un incendio que había sido reportado por los guardabosques, luchó contra osos y debía quedarse oyendo varias horas de teoría mágica sin siquiera poder ir a lo que le interesaba que era aprender nuevos y más poderosos hechizos.
La habilidad de poder teletransportarse a cualquier lugar del mundo que utilizaba la abuela Cecilia fue muy práctica para poder aprender sobre diferentes terrenos, ventajas y desventajas, al igual que dormir a la intemperie era moneda corriente. La primera semana fue extremadamente pesada por la cantidad de entrenamiento físico que debió pasar.
"Cielos… ¡una playa del Pacífico!" Muy feliz exclamó Ian al ver las aguas cristalinas y la blanca arena. "Por favor dime que nos tomaremos un dia de descanzo aquí…"
"Ni de broma… es hora de testear que tan bien utilizas tu magia." Replicó Cecilia. "Quiero que hagas un iceberg."
"Pero, estas son aguas del Pacífico…"
Cecilia no dijo nada a la réplica de Ian, quedó allí con los brazos cruzados observando fijo. Al notar que no tenía otra opción, se concentró al borde del agua y una pequeña montaña de hielo se formó pero se desmoronó al instante como si fuera sólo escarcha.
"No entiendo… es agua, debería ser fácil de congelar…" Dijo Ian observando sus cascos mientras una pequeña ola pasaba a la altura su pecho.
"Entre los adultos existen muchos que creen que cada elemental no se encuentra conectado con sus opuestos." Dijo Cecilia desde la playa. "Pero si lo piensas un poco… existe una razón por la cual no puedes congelar esta agua."
"La salinidad del mar…"
"Exacto, no es imposible congelar agua de mar, pero tampoco es como congelar agua dulce." Explicó Cecilia. "Así como cuando utilizas el fuego, puedes avivar las llamas con viento; Puedes utilizar chispas eléctricas para iniciar fuego o agua con electricidad para ampliar el rango de conductividad del ataque." Agregó. "Es una pena que no puedas utilizar el elemental de tierra porque tus posibilidades serían aún mayores."
"Esto es pura teoría, aunque haga estas pequeñeces… no me ayudarán a hacerme fuerte… ¡necesito ser mejor que Antares!" Reprochó Ian a la abuela.
"No estás listo para el siguiente nivel…"
"Hace una semana que estamos viajando alrededor del mundo y lo único que hacemos es esto, es muy poco lo que puedo mejorar con sólo clases básicas de magia." Espetó Ian casi como si hiciera berrinche.
"Así que quieres saltar varios escalones…" Suspiró Cecilia elevando sus hombros. "Mi intención era evitarte los problemas por los que pasé de joven pero si quieres hacerlo de la forma difícil…"
"Por favor…"
"De acuerdo… pero sólo te daré un último consejo… trata de no morirte."
Tras decir eso, en la espalda de Cecilia apareció un círculo mágico rosado que se partió al medio y se posicionó al los lados como si fueran dos alas extendidas. Ian sintió un inmenso poder mágico que lo hizo retroceder un paso, por un instante dudó de lo que había pedido pero luego dio un paso adelante.
"Yo me hice fuerte enfrentando situaciones que eran superiores a mí casi de la misma manera que lo haces tú." Dijo Cecilia. "Pero en la mayoría de las ocasiones tu abuelo me salvó por ser un gran estratega, la experiencia es algo que normalmente no se puede apresurar…" Agregó. "Pero como llevamos prisa... te enseñaré los hechizos adecuados en escenarios reales, atacame con todas tus fuerzas así podré ver tu nivel."
Se paró firmemente en la arena analizando la situación, la abuela se encontraba parada con ambas alas mágicas a los lados lista para recibir su ataque. Siempre oyó de lo temible que era Cecilia Rendwick pero esa sería la primera vez que la vería en acción y lo peor de todo era que en ese momento ella sería su oponente.
Se lanzó con todas su fuerzas hacia ella desplegando sus alas rojas, lanzó un golpe pero antes de darle una potente aura mágica lo golpeó lanzándolo violentamente hacia atrás, rebotando una vez al raz del agua y cayendo a varios metros de la playa.
"¿¡Qué rayos fue eso!?" Regañó Cecilia flotando sobre el agua donde cayó Ian. "... hum… era de esperarse…" Suspiró al notar que Ian no salía a la superficie.
Varias horas pasaron, Ian despertó tosiendo y escupiendo agua. Sentía como la abuela le frotaba la mano contra su espalda para ayudarlo a respirar, al elevar su mirada, notó que se encontraban de nuevo en la montaña y la noche estrellada deslumbraba con una imponente luna llena.
"Ehm…"
"Fuiste un imprudente, te lanzaste hacia mi sin medir consecuencias, sabiendo que soy más poderosa que tú y sin siquiera pensar qué puede hacer tu adversario." Lo regañó Cecilia.
"Lo siento, no volve.. auch… ah…" Ian intentó levantarse pero su cuerpo le dolía mucho.
"Más te vale que no vuelva a suceder… utilizaré mi magia de curación sólo si el daño que recibes es crítico, caso contrario…" Advirtió Cecilia. "Estás sólo… un enemigo no te dará tiempo o tendrá consideración de ti."
"¿¡Acaso crees que no soy capaz de sobrevivir!?" Espetó Ian ya irritado por esas palabras.
"Exacto… creo que morirás rápidamente por ser un caballo idiota." Replicó frívolamente Cecilia. "Esto no es acerca de lo que has hecho, es por lo que debes hacer en el futuro y tener lo necesario para superar la adversidad."
Ian quedó allí con el ceño fruncido observando a la abuela que tampoco decía palabra alguna, luego de unos instantes de verse a los ojos, Ian inclinó su mirada al suelo presionando sus dientes.
"No tengo otra opción, lo haremos despacio."
"Perfecto, porque no hay ninguna solución mágica que te haga fuerte de un dia al otro." Con algo de alivio dijo Cecilia. "Aunque de todos modos, tenía pensado comenzar con el entrenamiento de combate antes de este berrinche tuyo."
"Pro-prometo ser más obediente…"
"Por supuesto que lo serás mi pequeño poni, ahora necesito que descanses, el verdadero infierno comenzará mañana." Dijo Cecilia.
"Andrea, ¿Qué haces?" Preguntó Ben a su hermana pequeña.
"Lili es fuerte y siempre quise hacer esto." Contestó.
Andrea montaba sobre Aurora al tener la estatura y el peso adecuados para no lastimarla, tenía sus piernas por debajo de las alas y se sostenía de los lados del cuello de Aurora. Ambas se paseaban de un lado a otro de la casa alegremente e inclusive Andrea tenía una espada de juguete en su mano mientras jugaba a ser un caballero, todo era diversión hasta que Autora corrió hacia el balcón y brincó ante la mirada de su familia.
Todos realizaron un grito ahogado al ver eso pero no se esperaron verla salir volando hacia arriba como si nada hubiera sucedido con Andrea aún es su espalda. Todos corrieron hacia la terraza muy asustados, Louis no tenía idea de qué hacer mientras veía a su hermana pequeña revolotear alrededor del edificio.
"¡Vengan aquí ya mismo!" Gritó su madre.
"¡L-Lili!" Exclamó Louis. "¡A-Andrea, no te sueltes de Lili!"
"Nunca pensé que esas alas le permitirían verdaderamente volar…" Comentó Ben que no salía de su asombro.
Luego de una pequeña voltereta final, Aurora se dirigió hacia el jardín de la terraza y descendió suavemente allí tras dar un par de aleteos finales.
"¿¡Pero cómo se te ocurre hacer algo tan peligroso!?" Exclamó su madre.
Ambas inmediatamente cambiaron su expresión de alegría a la de dos niñas siendo regañadas, Aurora y Andrea evitaban ver a Irene a los ojos puesto que su expresión de enfado les daba miedo.
Irene levantó a su hija y la colocó en el suelo, no dejaba de estar enfadada pero a su vez le preocupó que alguno de los vecinos haya visto a su mascota volar con una niña.
"Vamos adentro, no es bueno que armemos alboroto por esto." Dijo acomodando la ropa de su hija.
"¡Má!"
Realizaron una pausa al oír eso, los cuatro se miraron extremadamente confundidos por ese sonido y voltearon hacia Aurora que tenía sus alas entreabiertas y una expresión de felicidad.
"¡Má!" Exclamó luego de relinchar.
