"... y entonces, golpeé la roca con todas mis fuerzas desprendiendo aquel trozo que cayó sobre el mamut de metal." Dijo Gridwin para luego tomar una taza y beber de ella.

"Ohhhhh, ¡GENIAL!" Exclamó Iris.

"Y dices que pasaste de ser un chico tímido y miedoso a tener estas aventuras, ¿por una chica?"

"Sí señora Carter, ella me rechazó por no ser un grifo fuerte, valiente e intrépido." Contestó Gridwin. "Eso lo oía mucho en el castillo inclusive pero ahora me he ganado el respeto de la guardia y de los otros reyes."

"Sabes querido…" Dijo la señora Carter. "Creo que tú deberías rechazar a esa tal Gilda, si no te quiso antes sería hipócrita de su parte quererte ahora…"

"Bueno… yo… en ocasiones he pensado si tanto esfuerzo valió la pena pero luego surgieron varias responsabilidades y deberes, como ahora, que es detener a Antares." Intentó excusarse Gridwin mientras observaba su reflejo en la taza de té.

"Yo creo que ahora que has alcanzado esa libertad que anhelabas, deberías pensar que hay mejores posibilidades para ti." Comentó la señora Carter. "Iré a ver si ya está horneado el pastel."

"¿Pastel?" Consultó Gridwin.

"Suelo preparar dulces y pasteles a pedido." Contestó la señora Carter. "Por esa razón estoy siempre horneando algo."

"Eso explica mucho…"

"Gridwin, ¿quieres venir al parque conmigo?" Preguntó Iris.

"No lo sé… Charlie…"

"Mi hermano no vendrá hasta tarde y tú te quedarás aburriendote aquí mientras miras a mamá cocinar." Interrumpió Iris.

"Ve con ella, no creo que sea un problema." Dijo la madre.

Sin cuestionarlo mucho, ambos salieron de la casa caminando por la acera hacia la esquina y cruzaron la calle. Gridwin observaba sus alrededores con mucho detenimiento, hasta ahora sólo había salido de la casa en auto camino a la escuela o por lugares específicos, los vehículos lo sorprendían y el sonido algunos de los motores lo ponía alerta, a lo lejos se oía la turbina de un avión que surcaba el cielo dejando una estela blanca a su paso y al llegar una avenida, la cantidad de personas que andaban por allí entre los diferentes locales comerciales lo sorprendió.

"Es muy bonito…" Dijo una anciana parada junto a Iris y Gridwin. "¿Que raza es?"

"Eh… m-mi hermano lo trajo de Europa, no recuerdo su raza pero él se llama Gridwin." Contestó Iris.

Ambos cruzaron rápidamente cuando el semáforo les dio paso, tuvieron suerte de que esa anciana no tenía buena vista.

"Unas amigas vendrán a jugar, tú escóndete en esos arbustos y sal cuando te diga." Pidió Iris.

"De acuerdo."

Rápidamente se escondió allí tapado por un árbol que se encontraba junto a ese gran arbusto, la idea de Iris era tomar por sorpresa a sus amigas y luego irían todos juntos a jugar. Iris se sentó en una banca a esperar, de vez en cuando volteaba a Gridwin para hacerle señas de que debía seguir aguardando.

Dos chicas aparecieron con unas pequeñas mochilas y saludaron a Iris, ellas eran sus amigas, Gridwin se preparó a la señal hasta que tres chicos más altos que ellas se acercaron con un gran perro negro sujeto de una cadena.

"Pero que bonito, las tres tontas por aquí un sábado." Dijo uno de ellos sujetando su gorra y a la cadena con el perro.

"Boris, no molestes…" Bufó Iris.

"¿Molestar? claro que no…" Desestimó Boris. "Aquí mis amigos y yo queremos que nos presten su dinero porque se nos terminó y necesitábamos un poco más."

"Abby, Saya, no les prestemos atención a estos tonos." Bufó Iris dando la vuelta.

"¿Acaso quieres que mi rottweiler Rocko se quede sin sus croquetas favoritas?" Amenazó Boris con su perro que comenzó a gruñirles.

Desde el arbusto Gridwin vio toda la secuencia desde el inicio, inclusive, en un momento el perro saltó con sus dientes y garras hacia Iris que cayó sentada mientras que Rocko era sujeto por la cadena para que no continuará. Al momento de ver a Iris caer y sus amigas retroceder del miedo, Gridwin se movió pero noto que Iris estiró su brazo hacia él en señal de que no interceda pese a que ella y sus amigas lloraban.

No estaba seguro de qué hacer, era verdad, no podía atacar a ningún humano y si intervenía se metería en serios problemas. Sin más preámbulos ellas cedieron el poco dinero que tenían a esos bravucones quienes se fueron riendo.

"¿Estás bien?" Preguntó Saya.

"Esos tontos… siempre abusan de los más débiles…" Bufó Abby.

"Iris… ¿por qué no me permitiste interceder?" Preguntó Gridwin.

Saya y Abby inmediatamente se alejaron de un salto de aquella enorme criatura que se encontraba junto a ellas, era algo que nunca en su vida habían visto pero Iris se levantó abrazandolo en llanto.

"Está bien, estoy aquí para protegerte." Consoló Gridwin envolviéndola en sus alas. "Ustedes son sus amigas, ¿verdad?"

"Ehm… mi… mi nombre es Saya…" Saludó una chica delgada de cabello corto y ojos marrones.

"Yo soy Abby, u-un gusto." Dijo la segunda chica de cabello claro, largo y rizado al punto de tener bucles.

"Yo soy Gridwin, príncipe de Griffonia, hijo del rey Winsail… es un placer conocerlas." Saludó. "Aunque mi preocupación es por esos abusivos que les quitaron su dinero."

Ambas quedaron estupefactas ante la formalidad del saludo de Gridwin, una criatura así y que podía hablar además de ser un príncipe era algo inédito para ambas, casi como un cuento fantástico. Una vez calmada, Iris montó en la espalda de Gridwin de regreso a casa, los plantes que tenían quedaron frustrados por esos bravucones que les quitaron su dinero por lo que decidieron volver a juntarse otro día.

Un par de días habían pasado, Iris se despedía de su padre tras cerrar la puerta de la camioneta en la entrada de la biblioteca de la ciudad. Tras recibir a Saya y Abby en la entrada del hall, a la distancia pudo ver a Boris reír con sus amigos mientras las observaba de reojo.

"Ya estoy cansada de ese abusivo…" Bufó Saya entre susurros.

"Apuesto a que todo el colegio lo está…" Agregó Iris.

"Pero es más grande y fuerte, además, siempre está con su perro." Susurró Abby. "Y me da mucho miedo."

"Hay que cobrarse todas las que nos ha hecho pero..." Comentó Iris en voz baja.

"¿Y cómo piensas hacerlo?" Cuestionó Abby.

"A-aún no se me ocurrió nada…" lamentó Iris.

Ya en la tarde las tres regresaban juntas, atravesando el parque donde normalmente se separaban cada una a su respectiva casa cuando fueron abordadas por Boris, sus dos amigos y aquel gran rottweiler.

"Pareciera que ustedes siempre buscan que les quite su dinero." Dijo mientras que su perro gruñía.

"Sabes, haz lo que quieras, ya no te tenemos miedo." Espetó Iris. "Si nos lastimas mi hermano te buscará y te dará una paliza."

"Tu hermano entrena con el sensei Hiragashi, si se entera que atacó a otros lo expulsará del dojo." Replicó.

Sus dos amigos pasaron a su lado observando hacia atrás, ellos dieron la vuelta y comenzaron a correr ante la mirada de Boris. Noto que una gran sombra lo cubría desde atrás, su perro también volteó agachando su cabeza con temor.

Boris nunca había visto actuar así a su perro hasta que volteó por la curiosodad, se encontró con dos enormes alas extendidas hacia arriba, un enorme y filoso pico y dos penetrantes ojos como los de un depredador acechando. Del susto dio unos pasos hacia atrás notando las enormes garras que marcaban el suelo y el resto del cuerpo con las garras traseras y cola de león.

"¿Q-que es esta cosa?"

Gridwin no dijo nada, tan sólo acercó su cabeza a Boris observando de lado con uno de sus ojos y dio un paso al frente clavando su garra en el suelo. Él retrocedió pero tropezó con su perro que se encontraba inmóvil, al caer este se dio a la fuga dejando a su dueño a merced de esa criatura desconocida para él.

Inmediatamente le realizó el chillido de un águila para intimidarlo provocando que moje sus pantalones, no esperaba eso pero siguió con su acto, elevó su garra delantera derecha cuya sombra cubría la cabeza de Boris.

"¡Alto!" Exclamó Iris. "¡Ya es suficiente!"

Esa orden fue suficiente para que Gridwin se siente y sacuda las plumas de su cuerpo mientras retraía sus alas sus alas.

"No olvides que Iris te salvó… la proxima vez serás mi bocadillo." Dijo Gridwin sin quitarle sus penetrantes ojos de enfadado a Boris.

"Eh… ah…"

Tras un par de espasmos y reaccionar del estado de shock, se levantó y comenzó a correr tan rápido como le daban sus piernas, se alejaba del lugar corriendo y llorando por aquella extraña criatura.

"¿De verdad tenías pensado comertelo?" Preguntó Iris con algo de asco.

"Ni de broma… los grifos no comemos porquerías como esa."

"¡Gracias por salvarnos!" Exclamó Iris abrazándolo.

"¿E-Está bien que te hayas mostrado así?" Consultó Saya.

"Al parecer la gente de esta ciudad está tan concentrada en sus cosas que no me prestan mucha atención." Contestó Gridwin.

"Entonces mañana nos dedicaremos a jugar." Propuso Iris montando en la espalda de Gridwin.

Tuvieron suerte de que el día siguiente fue soleado y casi sin nubes, las tres niñas acordaron encontrarse en el parque y desde allí las tres serían llevadas volando en la espalda de Gridwin. Descendieron en un campo con muchos árboles, estos tenían manzanas y a lo lejos se veían caballos, un corral y un granero rojo.

Abby lanzaba un frisbie que Gridwin atrapaba con el pico en el aire mientras que sus amigas preparaban el picnic bajo uno de los manzanos, los cuatro se dedicaron a divertirse intentando bajar unas manzanas del árbol. Todo eran risas y diversión, Gridwin utilizó sus garras para trepar por el tronco y alcanzar las manzanas más altas pero una figura con sombrero apareció caminando mientras él se encontraba allí arriba.

"¿Pero qué diantres hacen aquí?" Cuestionó esa chica algo enfadada. "¿Acaso no saben que esto es una propiedad privada?"

"E-estamos jugando… nada más." Contestó Saya.

"Y veo que entre sus juegos tomaron unas manzanas de mis árboles…" Agregó clavando sus brillantes ojos verdes a las tres.

"¡Chicas miren!" Dijo Gridwin bajando de golpe. "Tengo muchas manzanas y... oh…"

Se detuvo al ver a esa chica con sombrero que los observaba con una expresión llena de enfado, inmediatamente cruzaron sus miradas en una muy incómoda situación.

"E-esa criatura acaba de hablar." Dijo muy sorprendida.

"Es mejor volar." Dijo Iris montando en la espalda de Gridwin

Saya y Abby también montaron de inmediato tras tomar rápidamente sus cosas y un par de manzanas. Tras un par de aleteos, Gridwin despegó de allí provocando que le caiga el sombrero a la chica que no salía de su asombro tras ver semejante criatura.

Los cuatro reían por la situación que acaban de tener mientras surcaban el cielo atravesando las nubes, al llegar a la ciudad, descendió rápidamente al restar llegando a la casa de Iris pero frente a su casa, se encontraba Boris y sus padres hablando seriamente con la madre.

Al notar eso, giró rodeando la casa rápidamente y aterrizó en el patio trasero para no ser visto, los cuatro intentaron ingresar a hurtadillas en la casa pero una figura los detuvo de inmediato.

"¿A dónde crees que vas?" Dijo la profesora Samantha Ortbidge parada junto a Charlie.

"Conque ibas a reunirte con Kyara…" Remarcó Charlie. "Creo que no pensaste que ella podría venir con Naomi mientras no estabas."

"L-lo siento Gridwin…" Lamentó Kyara asomándose por el borde del sofá.

"¡No le hagan nada!" Exclamó Iris parándose frente a él, Saya y Abby hicieron lo mismo. "Ese bravucón siempre le roba su dinero a los más pequeños, ya era hora que alguien le haga frente."

"Sí, fue Gridwin quien nos salvó." Agregó Saya.

"Y aunque me dio miedo al principio, es divertido jugar con él." mencionó Abby.

"No me importa si mi hermano se enfada pero no permitiremos que lo castiguen." Terminó de decir Iris.

"Yo… no tenía idea de nada de esto." Dijo la profesora Samantha. "Vengo porque hoy era el chequeo médico que Kyara, Elise y Gridwin debían hacerse." Explicó. "Y claramente tú te escapaste de él." Dijo apuntando con el dedo a Gridwin.

"Ehm… bueno…" Balbuceó Gridwin con nerviosismo.

"Ya terminé los análisis de sangre de ustedes y tengo preparadas unas vacunas." Dijo la profesora tomando su bolso y colocándose unos guantes de látex azules. "Sólo quedas tú por aplicar sus dosis, Gridwin."

"Sí, mamá está hablando por lo de Boris." Comentó Charlie. "Pero ambos sabemos lo que ese bravucón hacía y nos parece bien que por fín obtuvo algo de justicia poética."

"Le borraremos la memoria del incidente y esta noche entraré a sus sueños para darle una pesadilla donde tú serás el protagonista." Dijo Kyara. "Así recordará lo sucedido de manera indirecta y no volverá a molestar a nadie."

"¡Fantástico!" Exclamó Gridwin.

"Eso no quita que debes ponerte las inyecciones." Dijo la profesora Samantha clavando la jeringa en un pequeño frasco y llenando el tubo con un líquido amarillento.

Inmediatamente dio media vuelta intentando huir del lugar pero fue detenido por la magia de la profesora, al notar eso, Kyara hizo brillar sus colas bloqueando el sonido hacia afuera para que los alaridos de Gridwin no salgan de la habitación.


Luego de un intenso momento, jadeaba con la cabeza hacia abajo, completamente adolorido. Su cuerpo le temblaba y apenas podía mover sus piernas.

"Ian, aún es temprano así que debes resistir." Ordenó la abuela Cecilia a varios metros de distancia mientras disipaba un círculo mágico en su mano derecha.

"Ya no… ya no puedo más…" Dijo Ian muy débil y casi sin poder recuperar su aliento y con su lengua hacia afuera.

Un círculo mágico apareció muy borroso debajo de él pero este se disipó de inmediato, apenas podía levantar su cabeza para ver a la abuela mientras se concentraba tanto como podía para no desvanecerse. En los últimos días el entrenamiento mágico había sido incrementado al punto que a veces caía rendido cerca del mediodía, el método extremo de la abuela lo llevó a unos niveles de agotamiento que nunca había experimentado.

Entre las cosas que realizaron se encontraba realizar barreras mágicas concentradas, canalización de flujo de magia a puntos muy específicos de su cuerpo, hechizos nuevos que eran muy complejos y desgastantes entre otras. Apenas tenía tiempo para tomarse un tiempo para comer o relajar su cuerpo luego de las prácticas.

"Aún no llegamos a la mitad de las vacaciones, no me digas que este es tu límite…" Despectivamente dijo la abuela.

"N-no… intentaré hacerlo una vez m-más… so-sólo déjame…"

No pudo siquiera concentrarse para poder iniciar el hechizo, se desplomó al suelo de inmediato con los ojos cerrados, la abuela Cecilia lo vió caer y se acercó arrodillándose a su lado. El cuerpo de Ian se encontraba lastimado y respiraba de manera acelerada pese a encontrarse inconsciente, apoyó su mano derecha en su pecho y con un pequeño destello comenzó a curarlo.

"Está bien, has logrado mucho en poco tiempo." Dijo Cecilia. "Tu abuelo estaría orgulloso… y enfadado conmigo por hacerte pasar por esto." Agregó.

." Agregó. /span/p