"Supongo que ya es suficiente, en dos días comenzarán las clases." Decía Cecilia mientras acomodaba unas cosas en su bolso. "Has aprendido mucho en un corto periodo de tiempo y el control de tu flujo mágico es casi perfecto."

"Quisiera poder probar cuanto he mejorado contigo, una vez más." Pidió Ian.

Su cuerpo se encontraba sucio y lleno de marcas, raspones y heridas varias, claramente se notaba en su expresión que ya se encontraba fatigado pero aún así demostró determinación en su pedido.

"Sabes perfectamente lo que sucedió la ultima vez." Suspiró Cecilia. "El lunes reuniré con los maestros y otras autoridades mágicas para preparar un accionar contra Antares."

Continuó con sus cosas pero Ian puso su pata sobre el bolso obstruyendo que pueda introducir nada más, la observó fijo esperando una respuesta.

"Esta bien pero quiero que sepas que no te lo haré fácil." Gruñó Cecilia.

"Eso espero." Dijo Ian. "Si no puedo darte batalla, significa que aún no estoy a la altura de Antares."

"¿Eso crees?" Cuestionó. "Para mí será más fácil llevarte inconsciente de regreso a casa."

La situación no tardó mucho en ponerse activa, aprovechando que se encontraban en una zona de montañas y alejados de cualquier pueblo o vestigio de civilización, no escatimaron en fuerza al pelear. El cuerpo de Ian voló contra unas corcas al ser impactado por un hechizo de la abuela Cecilia, una estela de plumas luminosas que se desprendieron de él caían lentamente. Al reincorporarse, tosió sacudiendo su cabeza mientras escupía un poco de sangre. Al elevar su mirada vio a la abuela que flotaba varios metros sobre él con cuatro alas luminosas rosadas, dos hacia arriba y dos hacia abajo.

"Aún no has sido capaz de acertar ninguno de tus ataques." Dijo Cecilia.

Desde el suelo, Ian desplegó sus alas rojas con las puntas levemente desteñidas a blanco, en un último intento de contratacar. Al ver esto, Cecilia extendió su mano izquierda y un círculo mágico apareció frente a ella. Cientos de rayos comenzaron a dispararse de allí como si de una lluvia de estrellas fugaces se tratara, Ian voló intentando rodearla pero la lluvia no cesaba.

Al verse acorralado, encaró directo hacia la abuela Cecilia esquivando los proyectiles uno a uno a gran velocidad.

"Los veo… ¡puedo verlos con claridad!" Se dijo Ian a sí mismo mientras comenzaba a eludir los ataques para hacerse paso.

Al llegar al final del recorrido, se preparó para atacar pero se encontró con la abuela que tenía su brazo derecho a un lado, listo para acertar un potente ataque con un circulo mágico en su mano. Era inevitable, su expresión cambió a total resignación con sus orejas hacia atrás mientras que veía en cámara lenta a Cecilia lanzar su hechizo.

Un cegador destello seguido de un sonido extremadamente fuerte se oyó, el cuerpo de Ian recibió un muy potente ataque mágico que lo envió a volar hacia abajo, deslizándose al ras del agua de un pequeño lago y chocando contra unas rocas al final del mismo.

Una nube de polvo y tierra se elevó a su alrededor, sitió su cuerpo entumecido y tosía escupiendo sangre, intentó incorporarse pero no pudo abrir su ojo derecho que se encontraba cubierto de sangre. Cayó nuevamente al suelo jadeando y sintiendo un intenso dolor recorrer cada centímetro de su ya herido cuerpo mientras que Cecilia aterrizaba frente a él.

"Creo que me pasé de fuerza." Dijo agachándose junto a Ian con un destello en su mano.

Tan sólo unos segundos más pudo mantenerse consciente hasta que todo se volvió oscuro.


El domingo por la mañana era soleado y con algunas nubes en el firmamento, la puerta delantera se abrió levemente y Cecilia ingresó dejando su bolso a un lado seguida por Ian que tenía su cabeza gacha.

"¡Mamá!" Exclamó Mel al verla. "¿Cómo estuvo su viaje? Oh…"

Al acercarse a ellos, vio a Ian que se encontraba muy lastimado, con heridas en todo el cuerpo, el pelaje revuelto y una mirada perdida que expresaba encontrarse muy cansado.

"Supongo que fue algo duro para ambos, pude sentir la frustración de Ian a través de la conexión de la unión del familiar." Comentó Mel agachándose frente a Ian y acariciando su crin. "Les prepararé algo para desayunar."

Dio media vuelta para dirigirse a la cocina cuando Ian la vio, intentó abrir su boca para decir algo pero su cuerpo se encontraba entumecido por el dolor y tremendamente agotado, así que al dar un paso al frente, se desplomó cayendo al suelo.

"¡Ah, Ian!" Exclamó Mel al voltear por el ruido.

"Uuuf…" Bufó Cecilia. "Espera un segundo."

Se agachó poniendo ambas manos en el pecho de Ian generando un destelló rápido que le causó un espasmo y comenzó a toser y jadear.

"¿Qué acabas de hacerle?" Muy sorprendida preguntó Mel.

"Una combinación de hechizos, creo que su corazón se detuvo… de nuevo…" Contestó muy tranquila. "Este tonto no hizo más que llevar su resistencia más allá del límite con tal de hacerse fuerte, ¿puedes creer…"

No terminó de decir nada más cuando recibió una bofetada de Mel que observaba a su madre muy enfadada.

"¿¡Cómo puedes ser así!?" Espetó. "¿Acaso no te preocupa su bienestar?"

"Ian mismo fue el imprudente, él me pidió ir por el camino difícil y este es el resultado." Contestó Cecilia.

"Tú enseñas magia, debiste haberlo persuadido." Replicó Mel. "Mi magia es prácticamente nula, apenas puedo hacer pequeños hechizos de curación y levitar algunos objetos no muy pesados, por eso nunca pudiste enseñarme." Dijo. "Pero él tiene un gran potencial y tú deberías ayudarlo, no torturarlo."

"Está bien, es tu familiar… ahora es tu problema…" Bufó Cecilia cancelando el hechizo de curación. "Iré a la escuela a preparar todo para el inicio de clases de mañana."

Inmediatamente se teletransportó de allí dejando a Mel con Ian herido e inconsciente en el suelo.

Abrió sus ojos estando completamente desorientado mientras sentía que colocaban algo húmedo en su cuello que le ardía un poco, giró sus ojos divisando a Mel arrodillada junto a un botiquín con vendajes y unos frascos en el suelo.

"¿D-dónde estoy?" Preguntó.

"En el sofá, ya casi termino, quédate quieto." Contestó Mel. "Mi madre te dejó todo magullado…" Suspiró.

"No, fue mi propia culpa." Contestó Ian. "Yo insistí en que no se contuviera, no la culpes."

"Creo que le debo unas disculpas cuando vuelva." Mencionó Mel terminando de poner el último vendaje. "Quiero que descanses, mañana debes asistir a clases."

No tenia muchas más opciones, aún se sentía adolorido y cansado. Recostó su cabeza en el almohadón viendo el reloj que marcaba las diez de la mañana, lentamente cerró sus ojos hasta quedar completamente dormido.

"¿Por qué eres así de imprudente?" Oyó.

"¿L-Lauren?" Preguntó Ian al oírla.

"Mis hijas saben que estás en el mundo humano y se encuentran preocupadas, pero si sigues así, dudo que regreses a Equestria en una pieza." Comentó.

"Sobreviviré, tan sólo debo encontrar a Aurora y Antares…" Dijo Ian sin abrir sus ojos con una débil voz.

"Siento no poder ayudarte, a diferencia de Equestria, el flujo de magia de este mundo es nulo y no puedo explorarlo demasiado." Lamentó Lauren. "Me duele pensar que tú y tus amigos deben sufrir por mi incapacidad."

"N-no te preocupes, con saber que velas por nosotros es suficiente, dile a Celestia y Luna que volveré tan pronto como pueda…" Comentó Ian quedando dormido casi de inmediato.

Ya el reloj marcaba las dos de la tarde, la tía Mel decidió no despertar a Ian mientras que ella se ocupaba de sus quehaceres en su día libre. La puerta sonó varias veces y se asomó a ver quién era, al abrir la puerta se encontró con una mujer que tenía en sus lados dos niñas pequeñas.

"¡Ellen!" Exclamó Mel. "¡Qué sorpresa!"

"Hola Melissa, estábamos en el vecindario y decidí pasar a saludar." Contestó Ellen.

"Ashley y Casandra crecieron mucho, pasen, pasen." Dijo Mel invitándolas a pasar.

Fueron directamente hacia la parte de atrás, Melisa abrió el refrigerador sacando de allí una jarra de jugo de limón. Tanto Mel como Ellen comenzaron a charlar dado que hacía mucho tiempo que no se veían dejando de prestar atención a las gemelas. Como no encontraron mucho con qué entretenerse, comenzaron a recorrer la casa llegando al sofá que se encontraba frente al televisor.

Al asomarse, ambas vieron a Ian que dormía cómodamente allí.

"Un poni." Dijo Ashley.

"Un poni." También dijo Casandra.

Al tocarlo, Ian se movió y continuó durmiendo, claramente no era de peluche cosa que las emocionó mucho. Lo tomaron de las patas y lo bajaron a la fuerza del sofá. Ian despertó de repente pero no tuvo mucho tiempo para reaccionar, Casandra saltó sentándose sobre su lomo y Ashley lo tomó de las orejas estirando con fuerza.

"¡Cabalga, poni no se mueve!" Dijo Ashley estirando con fuerza.

"¡Arre, arre caballito, muévete!" Dijo Casandra dándole golpes a los lados del cuello.

No entendía qué sucedía, apenas pudo comprender que esas dos niñas que salieron de la nada se encontraban golpeando su ya adolorido cuerpo, no estaba muy seguro de cómo reaccionar pero sólo se le ocurrió una cosa dadas las circunstancias.

"Y no creas que no olvidaré aquella vez que quedamos encerradas en esa extraña habitación por culpa de tu madre…" Dijo Ellen entre risas.

"No parabas de llorar, creo que fue algo…"

Antes de que Mel terminara su frase, ambas oyeron muy fuerte el relinchar de un caballo, eso causó que se detengan súbitamente dado que venía desde el living de la casa.

"¿E-eso fue un caballo?" Preguntó Ellen.

"¿En este vecindario?" Cuestionó Mel. "No creo que… ¡oh cielos!" Exclamó. "¿¡Dónde están las niñas!?"

Ambas se levantaron y fueron de inmediato hacia la parte de adelante encontrándose con la peculiar escena de Ashley y Casandra torturando a un animal que tenía vendajes en su cuerpo.

"¡Niñas, ba-bájense de ese poni!" Las regañó Ellen de inmediato. "Lo siento Melisa…"

Las pequeñas se colocaron a los lados de su madre con una expresión de culpa esperando ser regañadas pero Melissa se agachó junto a Ian que se encontraba muy aturdido.

"Es un poni dócil, no les hará nada." Dijo Mel acariciándole el crin a Ian. "Pero miren sus vendas, el pobrecillo está lastimado, no puede caminar."

"Vengan niñas, trátenlo con cuidado." Dijo Ellen agachándose junto a Ian y acariciando también su crin.

Sus hijas hicieron lo mismo tal vez sintiendo culpa por lo que acababan de hacer, Ian observaba a las tres sin saber siquiera quienes eran pero estaba seguro que no podía hacer ningún sonido extraño.

"¿Qué le sucedió?" Preguntó Ellen tomando a Ian a los lados del mentón.

"Mi madre lo encontró y lo trajo." Improvisó Mel.

"Pobrecito, debe haberte pasado algo muy malo para terminar así." Comentó Ellen.

"Niñas, ¿quieren unos batidos?" Preguntó Mel. "También pueden comer unas galletas mientras ven las caricaturas." Agregó encendiendo el televisor.

Ambas mujeres se dirigieron a la cocina mientras que las gemelas quedaron allí con la consigna de no molestar a Ian que aún continuaba tendido en el suelo, una de ellas se sentó a su lado y le pasó sus brazos alrededor del cuello abrazándolo sin quitar su mirada del televisor. Era la sensación más extraña que le tocó vivir hasta ahora.

Mel colocaba todo lo necesario para hacer los batidos para las niñas mientras que Ellen la ayudaba, al momento de encender la batidora, Ellen se asomó a ver a sus hijas para luego voltear a Mel.

"Sabes, mi vecina tiene una hembra muy similar a este poni." Comentó Ellen. "Deben ser de la misma raza de equino."

"¿Q-qué cosa?" Muy sorprendida preguntó Mel.

"¡Sí! es igual, he visto a sus hijos jugar con ella aunque le ponen unos extraños adornos como un cuerno o alas falsas." Agregó Ellen.

No tenía idea qué decir al respecto, se supone que en ese mundo sólo había tres ponis de ese tipo y hasta donde ella recordaba, Aurora es la única que encaja con esa descripción.

"S-sería bueno ponernos en contacto." Dijo.

"Debe ser una clase de poni doméstico, nunca los había visto antes." Mencionó Ellen. "Irene trabaja como enfermera en el hospital central, justamente donde tú trabajas." Agregó. "Tal vez puedan coordinar para… no lo sé… juntarlos a ver qué pasa."

Sin salir de su asombro, Mel pensaba en cómo podría llegar a Aurora, Ellen pasó por varios borrados de memoria por haber estado en contacto con situaciones mágicas por culpa de su madre y no quería que vuelva a suceder.

"T-te encargo proponerle esto, tal vez sea beneficioso."

Al acercarse al living encontraron a los tres durmiendo y las gemelas utilizando a Ian como almohada, al ver eso, no hicieron más que chocar las copas del batido y beber.