CAPÍTULO DOS: Shampain.

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Bebiendo champaña hecha por el ángel
Que va en nombre del brillante Gabriel.

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— Ugh.

Me incorporé lentamente en la cama, estaba acostada sola y (sorprendentemente) vestida con ropas viejas de varón. Sentía como si me estuvieran perforando un agujero en la cabeza. Las estrellas de la noche habían abandonado el cielo para dejar ver el sol de la mañana. Realmente estaba considerando dejar de tomar alcohol por un largo tiempo.

— Buenos días, Butterbabe.

Butch se asomó por la puerta y me tendió sus manos, tenía unas pastillas y una botella de agua. Las tomé casi al instante, pude escuchar su risa de hijo de puta por mi cara de muerta en vida. Bueno, así estaba, esperando algún lugar para morir.


Tal vez no dejaré de tomar solamente para que el idiota este me cuide, aunque normalmente el acabara peor que yo.

— ¿Cómo te sientes? – me dijo.

— ¿Físicamente o psíquicamente?

— Las dos.

— Físicamente: siento como si me hubieran apuñalado el estómago y estampado la cabeza contra la pared millones de veces. Psíquicamente: bueno, como siempre.

— Beber para olvidar, no olvidar de beber.

Reí, era una frase típica que decíamos todas las veces que nos juntábamos con nuestros amigos y había bastante alcohol de por medio. Siempre me había gustado, era ingeniosa y muy real.

Mis ojos ardían y estaban completamente hinchados. Mi nariz también estaba un poco tapada. Supuse lo que había pasado pero decidí preguntarle de cualquier manera.

— ¿He llorado? – Butch se sentó en la cama justo a mi lado.

— Sí, hubo un momento de la noche que te dió una melancolía extrema. Y, bueno, te traje hasta aquí y te escuché hasta que te dormiste – le sonreí pero luego agaché la cabeza, me sentía algo apenada.

— Bebo para olvidar, pero siempre recuerdo.

Bebía para olvidar a mis hermanas, a mi padre, al estúpido de mi ex, a la maldita ciudad, para no recordar mis putos problemas; pero siempre vuelven, siempre están ahí, no importa cuánto lo intente nunca los voy a poder sacar de mi cabeza.

Butch me acarició el cabello y me dió un beso en la cabeza. Había pasado el suficiente tiempo conmigo para saber todo lo que me pasaba. Realmente me gustaba estar con él, ponía mis sentimientos bastante a raya.

— Tranquila, nena, ya va a pasar.

Me lancé sobre él para darle un beso que al instante fue correspondido. Me abrazó la cintura con sus grandes brazos. No éramos una pareja, en lo absoluto, pero a veces nos permitimos gustos como este, que fue subiendo de nivel.

— Oye, oye – me detuvo –, ¿Tan temprano? Tienes que recuperar fuerzas, no has dormido y te has bajado diez botellas de champagne al hilo – reí, sabía que lo decía para fastidiarme. Por supuesto que estaba cansada y con resaca, pero siempre podía dormir más tarde.

— Por favor, sabes bien que el sueño no es mi amigo – me acerque a su oreja y le dije en un susurro –: Feliz año nuevo, bombón.


— ¿otra vez, Blossom?

Rodé los ojos al escuchar su ronca voz. No sabía realmente como hacía para enterarse que estaba tomando, tal vez tiene un súper olfato como Butch o yo que mierda sé.

— Ha sido una semana dura.

— Lo estabas dejando.

Se posicionó en frente mío y me miró suspicaz. Sus ojos quemaban más que mil incendios. Así era el, un fuego arrasador. Miré hacía el cielo, las estrellas se deslizaban en la oscuridad de la noche, estaba sentada en la azotea esperando a que llegue a su fin.

El sueño no es mi amigo.

Lo escuché resoplar, pero luego lo ví sentarse en la silla que estaba desocupada al otro lado de la pequeña mesa. Lo que me dijo a continuación me dejó confundida.

— La champaña si que es tu bebida.

— ¿A qué te refieres?

— Sofisticada, amarga, dorada, capaz de dejarte tonto toda una noche. Sí, se parece a ti.

La situación con Brick no andaba bien, lo sabía, se nos estaba volviendo un poco complicado mantener la relación, pero los dos queríamos. ¿Por qué estaba resultando tan difícil?

Me sacó el vaso de la mano y se tomó el resto de un sorbo.

— A mí me encanta la champaña, pero no por eso la tomo todos los días.

Le sonreí y me levanté de la silla para sentarme en sus piernas, la noche era fría pero él estaba completamente caliente. Era muy agradable que me abrazara de esa manera.

— Tú siempre has sido más de ginebra.

— Yo siempre he Sido más de ti, Blossom. Tu me dejas más borracho que cualquier bebida.

Le sonreí de nuevo y nos besamos. Si había una persona que fervientemente creía que no me merecía, es Brick, no porque sea demasiado buena para él; al contrario, él era demasiado para mí. Demasiado paciente, demasiado comprensivo.

— Sabes, Blossom, el sueño tampoco es mi amigo


— ¡Qué vivan los novios!

Sostenía en mis manos temblorosas la copa de champaña, me sentía completamente débil. No había comido mucho en el día y ya sabía que de eso no salía nada bueno. Cuando me senté en la silla, las cosas comenzaron a tambalearse.

No, Bubbles, no lo hagas, sería un final muy triste.

Bebí de mi vaso, sintiendo el sabor de la llamada "riqueza fabricada". Mis ojos comenzaron a volverse pesados, el sueño no estaba siendo mi amigo. Comencé a preguntarme por qué había confirmado la asistencia a la boda de mi reciente compañera. Boomer me miró preocupado, no me veía bien.

Shampain, ¿sería algo cómo vergüenza y dolor?

— Nena, ¿sucede algo? ¿te sientes mal?

Lo miré por un segundo, quise responderle pero las fuerzas de mi cuerpo se desvanecieron y caí en sus brazos como una bolsa de arena.

— ¡Bubbles! ¡Bebé!

Me tocaba la cara sin parar, mi visión estaba borrosa pero aún así podía visualizar los rostros preocupados de mis compañeros de trabajo y de mi novio. Suspiré, me sentía como si flotara.

Me sentía celestial.


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Bebiendo champaña, hecho por las lágrimas y del dolor de un ángel, pero yo me siento celestial

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