Pasaron dos semanas desde que Isabella se enfermó, ella no estuvo enferma en todo ese tiempo pero tardó mucho en recuperarse. En ese tiempo su madre se había ocupado de comprar todos los útiles escolares que necesitaría para mañana, Isabella no le interesaba en nada que las vacaciones ya hubieran acabado y que la escuela estaba por comenzar, a estas alturas, donde había perdido casi todo, ya nada podía interesarle.
Sus amigas la habían abandonado, apenas y había visto a Buford o a Baljeet, supuso que deberían estar con Phineas y Ferb o simplemente también terminaron cansándose de ella. Y con los hermanastros, Phineas y Ferb, es bastante obvio que no se han visto las caras y sinceramente, ella lo prefería así, si viera a Phineas, seguramente perdería el control como en el centro comercial, y con Ferb… no sabía que haría con exactitud, quizás también perdería el control e intentaría darle una bofetada, acusándolo de ser un traidor, pero Ferb es significativamente más fuerte que ella, no podría tocarlo aunque quisiera, además que obviamente Phineas lo defendería.
Isabella apretó los dientes mientras visualizaba esa imagen.
Phineas poniéndose delante de Ferb, extendiendo los brazos como para impedir que lo toquen, estaba segura que Phineas la miraría con unos ojos llenos de determinación por proteger a su novio pero se vería un sentimiento de total desprecio hacia ella.
La susodicha estaba acostada en su cama, todo su cuerpo estaba tapado por las sabanas, solamente había dejado un hueco para poder tener algo de aire fresco. Se encontraba despierta, pero mantenía los ojos cerrados, intentaba volver a dormir, se sentía demasiado cansada todavía, además que sentía un insistente dolor de cabeza que aunque no era demasiado fuerte, no desaparecía.
En el piso se encontraba Pinky, miraba preocupado a su ama, nunca había visto a Isabella en este estado tan lamentable y sombrío. Siempre, desde que fue asignado a esta ciudad y fue adoptado por Isabella, siempre había visto una gran y cálida sonrisa en el rostro de su ama. Ahora… Para él, le era casi irreconocible.
Ella era tan diferente ahora, algo había cambiado.
Algo en ella se había roto.
-Isabella, ¿Estas ya despierta hija? – Preguntó la señora García-Shapiro entrando silenciosamente al cuarto, miró el gran bulto que estaba debajo de las sabanas, se acercó y se agachó un poco para intentar ver el rostro de Isabella –Hija, arriba, es hora de levantarse –Dijo mientras ponía una mano sobre el hombro de Isabella y la sacudió un poco.
La adolecente solo gruñó en respuesta, se retorció en un intento de ahuyentar la mano de su madre de su hombro.
-Vamos jovencita, hoy es tu primer día de escuela, tienes que levantarte –Exigió pacientemente la señora. Se enderezo y caminó hacia la puerta pero tantas de salir se volteo para ver a la chica debajo de las sabanas –La comida estará lista en unos minutos, ven en cuanto termines de vestirte –Dijo antes de salir.
Isabella ignoró lo que había dicho su madre, siguió intentando dormir, pero desgraciadamente no consiguió nada. Se dio vuelta sobre la cama un par de veces, buscando una posición más cómoda, pero eran intentos fallidos. Con un gruñido leve, se sentó en la cama.
Su cabello estaba enmarañado y revuelto, sus ojos estaban caídos como si no hubiera dormido en toda la noche. Levantó su mano para pasarla por su rostro y quitar algunos cabellos que estaban molestando su vista.
Escuchó unos suaves ladridos a un lado de su cama.
-Hola Pinky – Respondió sencillamente al chihuahua. Dejó a un lado sus sabanas para dirigirse a su espejo, mostró una mueca al ver el estado de su cabello. Con un suspiro resignado, tomó un cepillo y comenzó a arreglarse.
Después de unos minutos, Isabella estaba ya lista y se fue a la cocina.
Estaba usando una falda azul claro, era sostenida en su cintura gracias a un cinturón de cuero con una hebilla de color dorado. Llevaba una blusa rosa con mangas blancas y unos tenis blancos. Su cabello logró verse normal, pero le costó demasiado trabajo poder arreglarse, se encontraba ligeramente enojada por las veces que su cepillo terminó jalándole el cabello.
Junto a ella venia Pinky, el pequeño animal miraba a su dueña con una preocupación evidente en su mirada.
Al llegar a la cocina, Isabella alimento a Pinky primero antes de sentarse, acaricio suavemente la cabeza del pequeño perro cuando acabó de llenar su plato con agua. Le regaló una vacilante y falsa sonrisa al chihuahua antes de sentarse a la mesa.
-Aquí tienes hija –La señora Garcia-Shapiro sirvió la comida –Pan tostado, un huevo, algo de jamón y jugo de naranja fresco o ¿Te gustaría un poco de te?
-No gracias mama –Respondió la adolecente.
Comió tranquilamente, manteniendo su vista sobre su plato, sin ningún interés en realidad. Se sentía aún demasiado cansada por alguna razón y sin ningún deseo de entablar una conversación con su madre.
Su mente la condujo a escenas del pasado, escenas cuando era una simple niña de diez años de edad. Todos los veranos, iba a la casa de los Flynn-Fletcher y ayudaba a los hermanastros Phineas y Ferb con sus inventos y proyectos, pero aunque realmente disfrutaba de las creaciones de los hermanos y que le gustaba ayudarlos con sus inventos, lo cierto es que iba a ayudarlos más que nada por ver a Phineas, poder estar con él, estar cerca de él, poder cruzar unas palabras con él…
Prácticamente, desde el día que lo conoció, sintió un profundo y casi desesperado amor por Phineas Flynn. Desde pequeña, su mente estuvo llena de él, amó el color de su cabello, el sonido de su voz, su gran amor por la construcción, su deseo de hacer cada día algo especial, todo lo referente a él, lo amó. Hasta el punto de obsesionarse con el chico y tener fantasías con él muy seguido, ni podía controlar esas fantasías, aparecían en su mente espontáneamente aun que disfrutaba mucho de ellas o al menos así era…
Trató de buscar en su memoria algo que pasó por alto, algo que le indicara en que momento los hermanastros Flynn-Fletcher pasaron la frontera del amor fraternal y la amistad y terminaron en un romance.
¿En qué momento ella perdió toda oportunidad con el pelirrojo?
-Isabella, lo siento por no poder llevarte a tu primer día de escuela, tengo algo de trabajo el día de hoy, así que te llevará el auto bus escolar –Explicó la madre de la chica.
-Está bien mamá –Hablo sin emoción alguna en su voz.
-Hija, ¿Te sientes bien? ¿Aun te sientes enferma? –Pregunto preocupada su madre.
-"No estoy enferma, pero siento como si lo estuviera" -Pensó Isabella -No, mamá, estoy bien. Es solo que aún tengo algo de sueño –Dijo esforzándose para sonar más animada.
-¿Estas segura linda?
-Si mamá, no tienes que preocuparte – sonrió suavemente.
-Está bien, si estas segura que no te sientes mal. Confió en ti –Dio una pequeña sonrisa mientras se agachaba y besaba la frente de su hija –Es casi hora de irse, será mejor que vayas a la acera a esperar el auto bus.
-Está bien mamá –La chica de cabello negro se levantó de su silla y fue hacia la salida de su casa, a los pies de la puerta se encontraba su mochila. Su madre se tomó la libertad de equiparla con todos sus útiles y dejarla en la puerta para ahorrar tiempo –Gracias, nos vemos en la tarde –Se despidió gritando para que su madre la escuchara desde la cocina.
-Está bien hija, ten un buen día.
Isabella salió de su casa, siendo recibida por los primeros rayos del sol, cerró un poco los ojos al no estar acostumbrada a la luz, pero a pesar de eso, comenzó a caminar hacia la parada de auto bus. Cuando pudo ver mejor, miro a su alrededor, habían varias personas caminando por las aceras a pesar de lo temprano que era.
Al llegar a la parada, se quedó parada solo dos segundos antes de ver el auto bus dando vuelta en la esquina y detenerse justo delante de ella.
-Hola García-Shapiro, ¿Cómo te fue en tus vacaciones? –Preguntó el conductor. Era un hombre delgado, usaba una camisa azul cielo y unos pantalones gris pálido, tenía un sombrero del mismo color que su camisa y un gran bigote ocultándole el labio.
-Estuvieron bien, no tengo mucho que decir. No hice la gran cosa en mis vacaciones – Respondió un poco cabizbaja Isabella, pero intento no mostrar su depresión.
-¿En verdad? Creí que pasabas todas tus vacaciones con los hermanos Flynn-Fletcher.
La mención de los apellidos de los hermanastros, hizo que una mueca irritada apareciera en el labio de la adolecente, pero ella logro cambiar rápidamente su semblante enfadado por uno indiferente.
-Ya no, ellos y yo, ya no somos amigos –Dijo sonando tranquila antes de caminar hacia su asiento. Sin notar que impresionó al conductor por lo que había dicho.
Su relación con Phineas y Ferb era bien conocida en su escuela, todos los miraban como los mejores amigos, por ello, no era de extrañarse que el conductor se quedara algo atónito por escuchar a Isabella decir esas palabras con tanta calma y sin interés.
A medida que pasó el tiempo, el auto bus fue llenándose poco a poco de estudiantes, la mayoría venían en grupos, casi todos con sus amigos.
-Hola Van-Storm, Rai, ¿Cómo están chicos? –Saludó el conductor al par de chicos. Curiosamente, él siempre se refería a las personas por sus apellidos.
El corpulento chico subía al auto bus llevando al hindú con un brazo alrededor de su cuello, ahorcándolo ligeramente.
-¿Qué hay? – Dio un saludo corto al conductor sin dejar de caminar.
-Buenos días – Saludo el chico más pequeño, lo mejor que podía teniendo el brazo de su amigo contra su cuello.
-Buena suerte el día de hoy Rai – Una sonrisa suave y una mirada de pena aparecieron en el rostro del conductor mientras miraba al pobre chico siendo arrastrado por el bravucón.
El par de chicos caminaron por el estrecho pasillo que había entre los asientos, buscando uno para ellos, en su camino, vieron claramente a Isabella, estaba sola y posaba su cabeza contra el vidrio mientras miraba hacia afuera.
Buford siguió caminando, llevándose a su amigo con él hasta un asiento casi al fondo del auto bus, el corpulento chico se sentó cerca de la ventana y soltó de golpe a su compañero para que quedara a su lado.
-Buford… Estoy preocupado por Isabella, creo que deberíamos ir con ella – Opinó el hindú mientras se acariciaba suavemente el cuello y se asomaba para ver a la morena.
Buford solo gruñó en respuesta.
-Buford, en serio, deberíamos…
-No –Dijo cortantemente –Ella no quiere ayuda, lo ha dejado bastante claro con su actitud de bruja –Buford sonaba bastante mal humorado.
El chico de piel oscura miró al otro de una forma preocupada, dejó de acariciarse el cuello y le prestó toda su atención al adolecente junto a él.
Un suspiro salió de los labios de Buford antes de voltearse a ver a su amigo.
-Oye Jeet, tú sabes tan bien como yo que Isabella, ya no es ella misma.
-Lo sé, pero ella se ve tan sola ahora…
-Ella alejó a todos con su temperamento y aun que vayamos a verla, eso no va a hacer que olvide a ya sabes quienes – Desvió la vista hacia la ventana, poso el brazo contra un pequeño hueco que había en la base del vidrio y posó todo el peso de su cabeza en su mano –Además, ya la aguanté suficiente de su locura cuando ella intentaba descubrir quien había enamorado a Phineas y sinceramente no quiero estar cerca de esta nueva Isabella –Dio fin a la conversación con esta última opinión.
Baljeet quería protestar pero… Lo cierto era que estaba de acuerdo con su amigo, Isabella había demostrado ser un caso inútil. Ellos también habían intentado ayudarla al inicio, pero descubrieron rápidamente que no tenía caso.
Isabella estaba demasiada sumida en su propio dolor y angustia para siquiera hacer un intento realista de mejorar, de olvidar y seguir adelante.
Ambos adolecentes dejaron en paz el tema y sencillamente esperaron a llegar a la escuela.
El autobús estuvo pronto lleno de chicos y chicas, hablando, riendo, escuchar tantas voces sonando al mismo tiempo llego a ser sumamente molesto para Isabella.
-Apenas y puedo escucharme pensar –Gruñó al escuchar otra estridente risa cerca de su asiento. Contenía su irritación para no hacer una escena en el autobús, pero su cabeza comenzaba a darle una jaqueca.
Todos en el autobús parecían pasarla bien, nadie notaba como se encontraba Isabella. Con excepción de un grupo de chicas al fondo del autobús.
Las amigas de Isabella.
De vez en cuando, alguna de las chicas se volteaba a ver a su antigua líder, pero pronto volteaba la cabeza y la ignoraba. A todas le dolía mucho ver a Isabella de esta forma pero como muy bien todas lo entendieron, no podían hacer absolutamente nada por ella. Ahora ellas solo podían quedarse al margen.
El viaje en auto bus fue ridículamente largo en opinión de Isabella, la pasó completamente sola y aguantando el escándalo que parecía dominar dentro del vehículo. No sabía cuántas veces gruñó al escuchar cada risa ensordecedora, cuantos aviones de papel golpearon accidentalmente su cabeza o su cara, se acarició varias veces la frente, rogándole a cualquiera que la oyera que le diera paciencia.
Cuando finalmente llegaron a la escuela, Isabella fue la primera en salir. Caminó tranquilamente hacia el edificio, escuchando cientos de pasos y voces detrás de ella, pronto vio a varios chicos pasando a su lado. La morena paseo su vista por el pequeño mar de gente que la rodeaba, logró distinguir a Buford y a Baljeet entre el público, parecía que el bravucón estaba haciéndose de las suyas robándole la mochila a su compañero, salió corriendo con la mochila siendo sostenida por encima de su cabeza para mantenerla lo más lejos posible del chico más bajo, el hindú naturalmente fue corriendo detrás de Buford pero apenas y podía seguirle el paso.
La adolecente se quedó mirando por poco tiempo esa persecución, su atención fue dirigida de vuelta a la escuela. Justo cuando iba entrando a esta, caminó por un pasillo largo, el piso estaba sumamente limpio y los casilleros pegados a las paredes brillaban, se dio cuenta que las paredes habían sido pintadas y las puertas de los salones fueron remplazadas.
-Hicieron muchas remodelaciones – Mencionó para sí misma mientras seguía caminando.
Todos fueron al patio de la escuela para formarse, siempre, a inicios del año escolar, el director daba un discurso a honor al momento, pero como era de esperarse, a casi ningún alumno le interesaba ir a escucharlo e Isabella era una del montón, pero era algo obligatorio.
Antes de ir a eso, decidió a pasar a su casillero para dejar sus cosas. Se alegraba que le dieran el mismo casillero de la última vez, no tendría que molestarse en aprenderse una nueva combinación, pero olvido un inconveniente.
Cuando dio vuelta en la esquina vio a cierto chico de cabello rojo.
-Phineas –Casi grito su nombre cuando lo vio, se escondió rápidamente detrás de la pared, se sintió como una total estúpida, ¡¿Cómo pudo olvidar que su casillero estaba justo al lado del de Phineas?! Esa era una de las razones principales por las que le gustaba tanto ese casillero el año pasado, podía ver a Phineas a diario -¿Cómo pude ser tan tonta? –Se golpeó la cabeza con gran irritación.
Phineas tenía una sonrisa suave mientras abría su casillero y al mismo tiempo hablaba por su celular.
-Entonces nos veremos a cuando terminen las clases. Tengo una idea para un proyecto para esta tarde, ¿Qué te parece si inventamos veinte instrumentos completamente nuevos? Pensé que podríamos dárselos a "Love Hendel" Escuche que pronto volverán de su hija por Europa – Sugirió el chico totalmente entusiasmado y feliz.
Una voz madura y un poco grave se escuchó por el teléfono.
-Me suena bien pero tendrá que ser después de las cuatro, tengo una entrevista de trabajo.
-Así, lo había olvidado, ¿Estás seguro de hacerlo? ¿No consumirá mucho de tu tiempo? –Pregunto algo preocupado.
-No te preocupes Phineas, será solo de medio tiempo, principalmente cuando estés en la escuela. Tendremos las tarde libres para nosotros –Explicó tranquilamente.
-Está bien, eso me suena bien. Perdona pero ya tengo que irme, el director ya va a dar su discurso –Se excusó sonriendo apenado aun que su compañero no podía verlo.
-Lo entiendo. Me sorprende que aun esté haciendo lo mismo después de todos estos años. En fin, nos vemos en la tarde Phineas.
-Adiós Ferb, te quiero –Se despidió el adolecente sonriendo suavemente, colgó el teléfono y corrió hacia el patio. Ferb se había graduado con honores de la academia de Inglaterra, sus estudios habían acabado oficialmente y por tanto ya no era necesario que fuera a la escuela como Phineas.
Siguiendo el lema que él y su medio hermano compartían, Ferb buscó la forma de aprovechar el tiempo. Ya tenía edad legar para trabajar, así que decidió ir a buscar un empleo de medio tiempo, le serviría de mucho el dinero además.
Sus padres pensaron en ayudar a Ferb a buscar una buena universidad ahora que la escuela había acabado pero él se negó, no iría a la universidad hasta que Phineas terminara la escuela también, los dos querían ir allá juntos y por ello, Ferb negó la petición de sus padres.
La muchacha de larga cabellera negra, miró con profunda amargura al chico que alguna vez fue su obsesión. Logró oír casi toda la conversación, pero lo que le importo fue lo último que oyó "Te quiero" Estaba segura que la persona a quien le decía esas bellas palabras era a su hermanastro.
Gruñó con fuerza. Apretó las manos en forma de puños y hundió sus uñas en las palmas. Ver la felicidad de Phineas mientras que ella vivía este infierno, le hacía hervir de rabia, tuvo todos los deseos de volver a abofetearlo.
El discurso del director fue interminable, cuando terminó, todos los chicos se fueron a sus salones, quejándose del dolor en sus piernas por estar parados por tanto tiempo. Isabella también se quejaba por el dolor, pero su atención estuvo posaba más que nada en Phineas, nuevamente lo vio, esta vez en la formación, se le quedo mirando casi todo el tiempo que el director estuvo hablando. Cuando miraba el rostro de Phineas, sentía su corazón saltar pero ahora, en vez de emoción, sentía un desagradable sentimiento que le hacía enfurecer rápidamente.
En el salón, ella logró poder relajarse un poco, por suerte, ella y Phineas parecían no tener el mismo horario así que él estaba en otra aula, también parecía el mismo caso con Buford, Baljeet y las ex amigas de Isabella. Actualmente se encontraba en un salón lleno de perfectos desconocidos, pero no le interesaba, solo quería disfrutar de este pequeño momento de paz mientras le duraba.
En la cafetería, ella comió sola, desviaba su vista de vez en cuando para ver a sus amigos dispersados en distintas mesas. Phineas estaba en una larga mesa, rodeado de chicos preguntándole sobre qué cosas hizo en el verano y como estaba Ferb. Buford estaba en una mesa llena de chicos que obviamente practicaban deportes por la estructura muscular que tenían. Mientras que Baljeet se fue con un pequeño grupo de amigos suyos, todos ellos eran chicos muy delgados y escuálidos, varios de ellos estaban leyendo libros de ciencias.
-Tan solo es el primer día y los cerebritos ya actúan como si estuviéramos a mediados del año escolar –Isabella rodó sus ojos con fastidio. Por un momento se preguntó en donde estaban su ex tropa de exploradoras, sintió un nuevo dolor de cabeza al sentir nuevamente el enojo invadiéndola. Dejó su comida y salió apresuradamente de la cafetería –Necesito aire.
Se fue al campo de entrenamiento que los equipos de deportes usaban, se sentó en una de las bancas que había y soltó un largo y profundo suspiro. Se encorvo un poco para posar sus codos en sus rodillas, sujetó su frente con su mano, el dolor de cabeza había regresado y con más fuerza.
-No es justo… ¿Por qué todos puedes ser felices, pero yo no? –Miraba el piso fijamente, se mordió el labio inferior con fuerza –Esto es tan injusto.
-¿Qué es injusto? –Una conocida voz la hizo enderezarse y ver a alguien parado cerca de ella -¿Estás bien Isabella?
-Jango –Dijo en voz suave. No se esperaba la aparición del joven muchacho de cabello castaño.
Al escuchar la pregunta del muchacho, ella negó con la cabeza.
-No, estoy bien, es solo que me duele un poco la cabeza.
-¿En serio? ¿Aun te sientes mal? –Preguntó preocupado por ella, se sentó a su lado, dejando su mochila en el piso.
-No te preocupes, ya no estoy enferma. Es un dolor pasajero, es todo –Sonrió levemente, era una sonrisa débil pero real -¿Por qué estás aquí?
-No me gusta mucho comer en la cafetería, hay demasiado ruido. Siempre vengo a fuera para comer –Abrió su mochila y sacó una bolsa más o menos grande. Jango sonrió de una manera un poco retorcida al ver el paquete –Papá nuevamente me empaco demasiada comida.
-Es un gran almuerzo –Menciono Isabella al ver de cerca la bolsa.
-Él siempre ha preparado demasiada comida, desde kínder mis comidas siempre han sido… Abundantes –Una pequeña gotita de sudor bajo por su frente al recordar esos días –Oye Isabella, ¿Ya comiste?
-Ah… No, apenas y toque mi comida en la cafetería.
-Ya veo, ¿Te gustaría comer conmigo?
Isabella se sorprendió levemente al escuchar la proposición de Jango, pero mostro una sonrisa pequeña y aceptó.
Ambos pasaron toda la hora del descanso en el campo de deportes, comiendo y charlando, pronto el dolor de cabeza de Isabella pareció desaparecer, casi como por arte de magia. Ella logro sonreír con más naturalidad mientras charlaba con Jango.
La vida llegaba a ser algo injusta era verdad, pero no completamente, Isabella no tenía que olvidar que aún tenía un amigo, alguien que estaba feliz de estar con ella.
Mentalmente, ella se prometió a sí misma no olvidar que no estaba sola.
-Oye Jango… Gracias.
-¿Gracias por qué? –Un momento de silencio pasó antes de que la morena moviera la cabeza lentamente, sin borrar su sonrisa.
-Por nada, solo gracias.
Jango no entendía bien que quiso decir Isabella pero lo pasó por alto.
