El primer mes de clases pasó, todos los alumnos ya estaban acostumbrados a sus nuevos horarios, materias, maestros y casilleros. Cuando los estudiantes ya estaban más familiarizados con todo, el director de la escuela decidió que era el momento de poner en acción las actividades extra curriculares, o sea, los clubs.
Esa misma mañana, los profesores fueron dejando los papeles para inscribirse en la entrada de la escuela. Usualmente ponían las inscripciones por medio día, pero los estudiantes siempre se amontonaban para escribir sus nombres en las hojas, por eso, el director decidió que se haría esto en la mañana, para que los profesores no tuvieran tantos problemas innecesarios.
Esa mañana en el auto bus, varios estudiantes discutían entre ellos sobre que clubes querían inscribirse.
En los asientos al fondo del vehículo, estaba Phineas Flynn, rodeado de sus amigos.
-Oigan chicos, ¿Ya decidieron cual club escoger? –Preguntó Phineas a sus amigos.
-Que pregunta, yo me inscribiré en el equipo de futbol americano –Dijo Buford sonriendo casi con arrogancia.
-Si no mal recuerdo, el capitán del equipo de futbol se graduó el año pasado, ¿No? –Preguntó Baljeet sin despegar sus ojos del libro que leía.
-Exactamente y ahora, están viendo al futuro capitán del equipo –Se notaba una gran confianza en la voz de Buford, el matón de la escuela había decidido en ser el líder del mejor equipo deportivo de la escuela cuando recién había iniciado el año escolar.
-Seguro que lo conseguirás Buford –Menciono Phineas.
-Oye, ¿Y tú a que piensas inscribirte sabiondo? –Pregunto casualmente Buford al voltearse para ver al pelirrojo detrás de su asiento.
-Pues… No estoy muy seguro si quiero inscribirme a algo –Dijo rascándose distraídamente detrás de su oído izquierdo.
-¿Y por qué no? –Pregunto Baljeet.
-Pues, si tomo alguna actividad extra curricular, me quitara tiempo para mis proyectos –Explicó el chico.
-O más bien, te quita tiempo con tu novio, ¿Verdad? –Dijo Buford entre cerrando los ojos.
Phineas solo agacho la cabeza y se sonrojo casi por completo.
-¡Oh por favor! Que seas parte de un club no te separara de tu noviecito como si fuera la gran muralla china –Se quejó Buford alzando los brazos al aire.
Phineas y Ferb estaban en esa parte de la relación en la que quieren pasar el mayor tiempo posible juntos, en sus mentes, únicamente podían pensar en el otro, ignoraban por completo el mundo a su alrededor y a toda persona que viviera en él. En sus mentes parecía que solo había espacio para su respectiva pareja, todo lo demás parecía no existir.
-Buford tiene razón Phineas, que tengas una actividad extra curricular no te hará ningún daño, es más, te ayudara a tener puntos extras y eso te ayudara mucho para ir a la universidad –Aconsejó Baljeet, dejó su libro en el asiento para prestarle toda su atención a su compañero.
-Bueno… Lo pensare –En ese momento el teléfono celular de Phineas sonó. El pelirrojo saco su celular del bolsillo de su pantalón para contestar -¿Hola?
-Hola Phineas –Respondió una voz conocida.
-¡Hola Ferb! ¿Tienes ya alguna idea para esta tarde? –Preguntó emocionado.
Buford suspiró con algo de fastidio. Que ellos dos salieran no le molestaba o le importaba de hecho, pero desde hace semanas que ellos dos estaban absortos en su propio mundo, sin querer, llegaban a olvidarse de que sus amigos estaban allí.
Se acomodó en su asiento, poniendo las manos detrás de su cabeza.
-Caramba, ya lo perdimos –Se quejó.
- Relájate Buford, es el amor, ¿Qué se puede hacer? –Respondió el chico de piel oscura con una sonrisa suave.
-Como sea… Oye, ¿Qué tienes para el almuerzo? –Olvidándose del tema, pasó al asiento del hindú y tomó su mochila tan pronto como se sentó, con una mano mantenía a su amigo alejado y con la otra revisaba las pertenencias de Baljeet, en busca de cualquier cosa que fuera comestible.
Sin duda el ambiente que había en el fondo del autobús era muy animado.
Todos los demás también estaban hablando del mismo tema, pero no todo el mundo estaba interesado en los clubes de la escuela.
Isabella estaba sentada, dos asientos a tras del conductor, estaba usando una blusa sin mangas, era de color rosa, pero las orillas de la parte superior de la prenda eran blancas, al igual que los tirantes, llevaba una chaqueta celeste con un par de bolsillos a la altura del pecho, las orillas del cuello de la chaqueta también eran blancas, las orillas de las mangas también. Usaba unos jeans del mismo color que su chaqueta, tenía un cinturón delgado alrededor de la cintura de color negro, la hebilla de esté tenía el dibujo de una rosa. Tenía unos zapatos deportivos de color blanco, pero tenía una franja gris que iniciaba desde el talón hasta la punta de los pies.
No prestaba atención a los griteríos de sus compañeros de clase, su atención, estaba puesta en un libro pequeño que sostenía. Iba leyéndolo desde que se subió al auto bus, no era muy interesante, pero era mejor que aguantar los balbuceos de los demás.
Tenía su mochila junto a ella, durante varias semanas había puesto su mochila en el asiento junto a ella porque normalmente cuando uno hacia eso, significaba que estaba reservando el asiento para alguien más, pero Isabella lo hacía únicamente para no compartir el asiento.
Desde que inicio la escuela, ella se ha mantenido apartada de prácticamente todo el mundo, no se acercaba a nadie, no parecía tener deseos de hablar con nadie y las pocas veces que ella entabló una conversación con alguien, solo duraba un par de minutos.
A varias personas les parecía muy inusual el nuevo comportamiento de Isabella, tomando en cuenta que su carácter era normalmente alegre y además servicial. A los ojos de cualquiera que la haya conocido, Isabella Garcia-Shapiro era una chica muy decidida y fuerte, gracias a esas dos cosas fue que Isabella siempre fue vista como una líder nata. Su reputación era básicamente ser una persona amable, servicial y muy feliz, pero ahora todo se había puesto de cabeza.
-Hola Isabella –Cuando esa voz sonaba, parecía ser lo único que podía hacer que la sonrisa de la chica de cabello negro volviera.
-Hola Django, creí que tu padre te llevaría hoy a la escuela.
-Si pero se le presentó un asunto importante en el trabajo y por eso tuve que tomar el auto bus –El chico llevaba una chaqueta de color rojo oscuro, estaba cerrada, así que no se podía ver que camisa llevaba. Usaba unos pantalones algo holgados de color negro y unos zapatos algo viejos de color blanco -¿Puedo sentarme?
Ella dudó por un momento en cederle el puesto. Había puesto su mochila allí precisamente para estar sola, pero…
No solo sus viejos amigos ya no se acercaban a ella. Desde que ella tenía esa nueva actitud, todo el mundo en la escuela se había alejado de ella, casi como si fuera una desconocida. Pero Isabella no hizo nada para cambiar eso, ella no deseaba la compañía de gente que no la quería, pero por suerte, si había alguien que quería estar junto con ella.
Sonrió suavemente y dejó su mochila en el suelo.
-Adelante –Invitó a Django a sentarse.
El muchacho de cabello castaño se sentó junto a la adolecente, y tan pronto estuvo a su lado, comenzaron una conversación.
-Sabes, últimamente han llamado mucho a mi papá por lo de su trabajo y varias veces ha tenido que salir de la casa en diversas horas.
-¿En serio? ¿Por qué? –Preguntó con una peculiar curiosidad.
-Es que papá va a abrir una nueva galería en la ciudad. El mismo está administrando la recepción para cuando lo inauguren, también se encarga de los lugares precisos donde tienen que poner su arte en el museo, incluso tiene que ayudar en las invitaciones a los críticos y reporteros de televisión.
-Increíble, tu padre está muy ocupado –Estaba impresionada por todo el trabajo que tenía que hacer el señor Brown.
-Lo sé, normalmente él no tiene tanto trabajo cuando inaugura una nueva galería pero los del museo siempre quieren su opinión sobre cada cosa. Se nota que quieren que todo este perfecto para el gran día.
-Lo entiendo, pero eso quiere decir que no has visto mucho a tu papá, ¿no? –Preguntó con cautela, estaba un poco preocupada de que sonara algo grosera al preguntar eso.
Pero Django solo suspiró y descanso su espalda contra el asiento.
-Lamentablemente sí, pero así es el trabajo de mi papá, no se puede hacer nada –Aunque el chico mostró una sonrisa, se notaba en sus ojos que él estaba decaído por la falta de atención de su padre.
El chico era muy comprensivo, no estaba disgustado con su padre por estar tan ocupado, ¿Cómo podía estarlo? Él tenía la inauguración de esa galería, era su responsabilidad y tenía que cuidar que todo estuviera en su lugar. Todo esto eran gajes del trabajo.
Isabella inmediatamente mostró una mueca al notar la tristeza en la mirada de Django.
-Descuida, tan pronto como termine con sus pendientes, seguro que te lo compensara– Dijo intentando animar a su amigo.
El peli castaño miro a los ojos a la chica a su lado, una sonrisa pequeña apareció en sus labios en respuesta a las palabras de aliento de Isabella.
-Gracias. Bien, dime, ¿Qué estabas leyendo? –Preguntó inclinándose un poco hacia adelante para poder ver mejor el libro que Isabella había dejado a su lado cuando el apareció.
-¿Esto? Lo leía solo para matar el tiempo, pero si quieres verlo, adelante.
-¿En serio? Gracias –Tomó el libro que le ofrecía la chica, lo abrió en el primer capítulo y rápidamente comenzó a leer.
Isabella conservó una pequeña sonrisa antes de desviar su vista hacia la ventana. Había pensado que esta iba a ser una pesada mañana al intentar ignorar el bullicio de todos los chicos del autobús, que ahora gracias a los clubes ya abiertos, eran más incesantes que antes, pero la llegada imprevista de su amigo le alegró la mañana.
Llegaron a la escuela después de unos diez minutos después de recoger al último estudiante, en cuanto el conductor abrió las puertas del autobús, salió toda una estampida, todo el mundo corrió hacia la entrada de la escuela únicamente para llegar primero a las inscripciones de los clubes.
Todos estaban amontonándose unos sobre otros para llegar a las hojas de inscripción, varios se empujaban con fuerza para abrirse paso, otros incluso intentaron abrirse paso por entre las piernas de todos, solo para terminar siendo pisoteados.
Los últimos en bajar del autobús fueron los mismos Isabella y Django, los dos miraban aquel espectáculo desde el umbral de la puerta del vehículo. El chico tenía una expresión entre temerosa eh incrédula, lo primero era por lo increíblemente violentos que estaban siendo todos, solo para poner sus nombres en una hoja y lo segundo porque no pensó que a todo el mundo le preocupara tanto que se llenaran tan rápido los puestos. Isabella por otra parte, no se veía impresionada, ella ya sabía que todos se comportarían así una vez que pusieran un pie a fuera.
-Vaya. Buena suerte por encontrar alguna actividad aun libre –Mencionó el chofer.
-Je Gracias, nos vemos más tarde –Se despidió el peli castaño, bajando del autobús y siendo seguido por la muchacha.
-Nos vemos Brown. Buena suerte Garcia-Shapiro –Cerró las puertas del bus tan pronto como sus últimos pasajeros salieron de él.
El par de adolescentes pasaron de largo a todo ese circo y se fueron directamente hacia sus casilleros.
-¿Puedes creerlo? –Mencionó Isabella apuntando con su pulgar a todo el caos que acababan de pasar.
-Sinceramente… No. Sabía que todos estaban emocionados, pero no creí que iban a ser tan eufóricos –Pararon primero en el casillero de Django, el chico siguió hablando mientras ponía la combinación y luego metía sus cosas adentro del casillero –Las inscripciones estarán llenas, pero también la enfermería.
Isabella intento contener una risa por el chiste de su amigo.
-Oye, ¿Tenemos la misma clase la primera hora, no?
-Creo que si –Contestó la morena.
-¿Te gustaría que nos sentáramos juntos? –Preguntó mientras cerraba su casillero.
-Claro, por mi está bien –Ambos adolecentes se alejaron por el pasillo, sonreían y hablaban, ignorando el griterío de todos sus compañeros que a cada momento se hacía más fuerte, pero ello no lo notaron gracias a que se iban en dirección contraria.
En la clase, Django se sentó justo detrás de Isabella. Estaban en la clase de historia, el profesor estuvo por más de una hora escribiendo en el pizarrón mientras leía en voz alta un libro que sostenía con su mano libre.
Isabella estaba escribiendo en su cuaderno todo lo que estaba poniendo el profesor en la pizarra, ella tenía una expresión tranquila pero un tanto seria en el rostro mientras trabajaba, sus ojos estaban entre cerrados mientras escribía palabra tras palabra, casi parecía una máquina que solamente estaba cumpliendo con su funcionamiento. Las personas que le rodeaban también escribían, pero a diferencia de ella, ellos tenían una emoción en su rostro, algunos estaban felices por estudiar algo que les interesaba, otros estaban aburridos y algunos pocos tenían una mueca en sus labios ya que la materia les parecía difícil, todos sus compañeros mostraban una emoción, pero ella solamente se ocupaba de escribir todo, nada más.
Django golpeo suavemente el hombro de Isabella con su dedo para llamar su atención, la chica delante de él se volteo para verlo y cuando lo hizo le entrego inmediatamente un pedazo de papel doblado. Notó que su amiga se halló confundida, pero tomó el papel.
Ella tomó su libro de historia y lo levantó para que estuviera parado en su escritorio, lo hizo para ocultar el papel de la vista del profesor. Sin mucho cuidado lo abrió y leyó unas cuantas palabras escritas.
"Oye Isabella, ¿Cuánto tiempo crees que el maestro se dé cuenta que su cierre está abajo?"
La morena parpadeo algo confusa por la leyenda que acaba de leer, levantó la vista hacia el único adulto de la sala y cuando lo hizo se dio cuenta que Django tenía razón, el cierre del pantalón de su maestro se encontraba abajo, se podía ver su ropa interior de color gris pálido.
Isabella se tapó rápidamente la boca cuando estaba a punto de soltar una carcajada, hizo un esfuerzo para calmar su risa pero solo consiguió poder ahogarla manteniendo su mano en su boca. Dejó el papel que le entrego Django entre las hojas de su cuaderno, luego, del mismo cuaderno, rompió un pedazo pequeño de una de las hojas y escribió. Cuando terminó, sigilosamente pasó el mensaje por detrás de ella.
"No tengo idea, ¿Tu cuanto crees que el tarde en descubrirlo?"
"Si la mitad de la clase ya se dio cuenta, entonces él lo notará tarde o temprano… O probablemente lo note cuando finalmente vuelva a casa" Fue la respuesta que le dio al romper otro pedazo de papel.
Django e Isabella siguieron hablando en secreto, mientras que el resto de la clase intentaba no reírse y delatar el vergonzoso descuido del profesor.
La clase pasó rápidamente para la alegría de todos, tan pronto como sonó la campana, todos salieron del salón. Todos tomaron dirección hacia la cafetería, algunos estudiantes llevaban unas bolas de papel en sus manos, lo que significaba que llevaban con ellos sus almuerzos, solamente iban a la cafetería para comer su propia comida.
Isabella y Django también llevaban un par de bolsas, pero ellos iban a una dirección diferente.
Ellos salieron afuera.
Desde esa vez en que comieron en el patio de la escuela, decidieron que comerían allí siempre, era un lugar muy tranquilo, era perfecto para poder charlar calmadamente, además, ambos disfrutaban comer al aire libre, era mucho mejor que dentro de la cafetería donde llegaba a hacer mucho calor. Fueron al campo de futbol y se sentaron en las gradas.
Charlaron por un rato, discutían de cualquier tema que se les viniera a la mente, se reían de los comentarios del otro, en resumen, estaban pensándolo muy bien.
Cuando iban por la mitad de su comida, vieron a un grupo de chicos saliendo de la escuela y dirigirse hacia donde ellos estaban.
Isabella gruño al ver eso. Lo último que quería era que unos desconocidos vinieran a arruinar su comida. Por suerte ellos estaban en un asiento elevado de las gradas, no llegarían a escuchar bien al grupo de muchachos que acababa de llegar. La chica de cabello negro, miraba molesta a todos ellos, pero entonces su mirada se detuvo en un muchacho corpulento que ella reconoció inmediatamente.
-Isabella, ¿El de allá no es Buford? –Preguntó Django.
En efecto, Buford venía con ese grupo, el no parecía haberse dado cuenta que ellos estaban aquí, de otra manera ya hubiera reaccionado de alguna manera, en especial al ver a Django en compañía de Isabella.
-¿Por qué Buford estará aquí? ¿Y en compañía de esos grandulones? –Se preguntó el muchacho de cabello castaño.
Uno no tenía que analizar profundamente a esos muchachos para describir su físico, todos ellos tenían una estupenda musculatura, algunos eran algo gordos, pero eso no les hizo parecer menos fuertes. Todos ellos estaban sonriendo de manera confiada y arrogante, charlaban entre ellos y de vez en cuando se reían ruidosamente, no podían comprender sus palabras por lo alejados que estaban de ellos.
Pasaron unos quince minutos y entonces, una nueva persona apareció en el campo.
El entrenador.
-Ah, ahora lo entiendo –Dijo Django –Deben de estar haciendo las pruebas para el equipo de futbol americano.
-¿Harán las pruebas tan pronto? Las inscripciones fueron apenas esta mañana –Comentó la chica a su lado.
-Lo sé pero se dice que el entrenador quiere entrenar al equipo temprano este año para tenerlos listos para el campeonato y para eso tiene que escoger a los nuevos miembros ahora –Explicó.
Ella no comprendió bien porque tenía el entrenador tanta prisa por escoger al nuevo equipo, pero tampoco era para sorprenderse, el entrenador de la escuela, que también es conocido como el maestro de gimnasia, era un hombre muy impaciente, siempre exigía lo máximo en sus estudiantes.
Cuando el entrenador llegó, todos los adolescentes se callaron y prestaron su atención al adulto que estaba presente.
-Vaya, vaya, vaya… Así que ustedes serán mi nuevo equipo de futbol… ¡Patético! –Gritó con fuerza –Escúchenme bien señoritas, en este equipo, no voy a aceptar debiluchos, solo voy a aceptar a lo mejor de lo mejor, así que cuando les diga "Fuera", eso significa justamente, ¡QUE ESTAN FUERA! ¡¿Lo entendieron todos?!
-¡Si entrenador! –Gritaron todo al unísono.
-¿Ese hombre piensa que están en el ejército o algo así? –El comentario de Isabella causó una breve carcajada de parte de su amigo.
Estuvieron ahí sentados por unos veinte minutos mientras que observaban como el entrenador sacaba algunos muñecos de práctica de la bodega y los colocaba estratégicamente en el campo de juego.
-Su primera prueba será la siguiente, tienen que usar toda su fuerza para tirar abajo a estos muñecos. Ok, ¿Quién será el primero?
-¡Yo entrenador! –El primero en ponerse de voluntario fue el propio Buford.
El entrenador se acercó a él con una plantilla en su mano, en ella tenía registrado todo los nombres de los estudiantes que estaban haciendo la prueba, junto con una pequeña fotografía de ellos.
-"Van Storm" ¿Cierto? De acuerdo, ve, ¡Ya! ¡Ya! ¡YA! –Dio medio paso a un lado y apuntó hacia donde estaban los muñecos, al mismo tiempo que le gritaba a Buford.
Sin chistar, corrió directamente hacia uno de los muñecos de prueba, cuando estuvo a solo un metro de distancia, golpeo su mano con el puño para luego poner en posición su brazo derecho de tal forma para golpear con él con fuerza al objetivo.
Cuando el muñeco recibió el golpe, cayó al suelo en menos de un segundo, una nueve de tierra y polvo se levantó cuando el muñeco y Buford impactaron contra el suelo. El adolecente se levantó sin problemas, se sacudió un poco la tierra de su camiseta, sin notar que el entrenador se acercaba a él.
-Lo reconozco, esa fue una estupenda tacleada Van Storm.
-Gracias entrenador –Le dio una rápida mirada al mayor, pero rápidamente la desvió hacia los asientos del otro lado del campo, el levantó el brazo y lo sacudió en el aire.
Isabella y Django observaron eso, confundidos, guiaron su vista hacia donde Buford miraba. En el primer asiento de las gradas, lograron ver a una persona sentada.
-Oye, ¿La persona de ahí no es… Baljeet? –Cuestionó Django.
Agudizó más su vista, logró notar que aquella persona tenía la piel algo oscura y un cabello ondulado de color negro.
-Sí, creo que es Baljeet, ¿Qué estará haciendo aquí? –Dijo arqueando la ceja.
-Probablemente vino a ver las pruebas. Ya sabes, él y Buford son buenos amigos a pesar que Buford sea un bravucón.
Ella mantuvo una mirada de extrañeza por un momento antes de mostrar nuevamente una mirada de indiferencia, a pesar que no había pasado tiempo con esos dos, ella había notado que la amistad entre ellos se había hecho más estrecha al paso de estos años.
Ellos se quedaron allí, viendo las pruebas del equipo, al final, Buford fue el primero que el entrenador acepto como nuevo miembro del equipo, escogió a otros cinco chicos más y al resto, los mando al olvido.
Ellos tiraban sus bolsas de papel a la basura cuando terminaron de comer, al mismo tiempo que el nuevo equipo de futbol americano de la escuela celebraba por haber entrado. Todos ellos chocaron sus fuertes pechos unos contra otros, gritaban y se vitoreaban. Buford terminó alejándose del grupo para ir hacia el hindú que lo esperaba aun en las gradas. Lograron distinguir a Baljeet charlando y sonriendo, le extendió la mano a Buford para felicitarlo por haberlo logrado, pero el nuevo jugador del equipo, respondió a eso de otra manera, pasó su fuerte brazo por el cuello del hindú y se lo llevo de vuelta a la escuela mientras este seguía celebrando.
El resto de las clases pasaron sin mayor sorpresa, Isabella y Django no tenían todas las clases juntos. Pero se divirtieron mucho, cuando acabó el último periodo, ambos se fueron juntos por el pasillo, con rumbo a la salida.
-¿Tomaras el auto bus para volver a casa Django?
-No, creo que hoy caminare un poco, ¿Te gustaría acompañarme?
-Seguro –Ellos pasaron al lado de las inscripciones de las actividades extra curriculares, Django solo les pasó una rápida mirada hasta que notó que uno de los papeles aún tenía un lugar libre y fue cuando se le ocurrió una gran idea.
-Oye Isabella, ¿Qué te parece si eres parte de este club? –Le entregó la hoja.
-¿El equipo de porristas? –Preguntó un poco sorprendida sobre esta sugerencia -¿Crees que yo podría ser porrista?
-Claro, cuando eras niña exploradora conseguiste absolutamente todas las insignias y la mayoría de ellas tenían retos físicos muy complicados, si lograste hacer todo eso, seguro que ser porrista es pan comido para una chica como tú –Afirmó Django con gran seguridad y admiración en su voz.
La chica de cabello negro sonrió ante el alago y un pequeño rubor apareció en sus mejillas.
Volvió a mirar la hoja de inscripción.
-¿Seguro que podría hacerlo? –Dijo dudosa.
-Por supuesto.
Isabella miró a Django y de nuevo a la hoja, se dio vuelta para poner la hoja de vuelta al muro pero… sus ojos azules se quedaron mirando el único espacio libre que quedaba.
¿Ella? ¿Una porrista? Nunca se lo había imaginado, pero mentiría si dijera que no le sonaba interesante.
Contempló por unos minutos esta oportunidad antes de tomar una decisión.
Ambos salieron de la escuela, hablaban y reían juntos mientras caminaban uno al lado del otro. Dejando a atrás la hoja de inscripción pegada nuevamente en la pared, con el último espacio que quedaba disponible, ahora sustituido por el nombre de Isabella.
