Pensó que nunca más pasaría otra noche en vela por culpa de sus propios sentimientos.

Casi le daba gracia que pasara nuevamente por esto, pero esta vez era diferente. Ahora no se encontraba despierta por un sentimiento combinado de odio, celos y tristeza.

No.

Esto era diferente.

Confusión, sorpresa y un poco de miedo. Esos eran los sentimientos que ahora le impedían descansar tranquila:

Confusión por no entender que su mejor amigo sintiera algo por ella, sorpresa por enterarse de la existencia de estos sentimientos y miedo por lo que fuera a pasar ahora.

Esta noche, Django le confeso que estaba enamorado de ella y le pidió ser su pareja.

En ese momento la mente de Isabella se apagó por completo y su corazón le golpeo dolorosamente en el pecho, se encontró completamente confundida al inicio. Como si literalmente no entendiera las palabras que el chico delante suyo acabara de pronunciar.

Comenzó a tartamudear y a ponerse sumamente nerviosa, no tenía idea de como contestar a esa petición, pero tenía aún más miedo de dar una respuesta.

Rechazar su propuesta destruiría la amistad que habían formado y que la había salvado de la soledad, pero no sabía si aceptar por que no estaba segura si quería tanto a Django como el a ella. Para su suerte, él se dio cuenta de lo atemorizada que estaba, puso sus manos suavemente sobre sus hombros y le regalo una sonrisa comprensiva.

"Sé que es muy precipitado, no quiero asustarte o comprometerte a nada…. No tienes que darme una respuesta ahora mismo. Esperare unos días para que tomes una decisión, tomate el tiempo que necesites. Y no te preocupes, te estaré esperando"

Esas fueron las palabras que Django dijo.

Fue un acto bastante gentil el darle un tiempo indefinido para procesar todo lo que había pasado y poner en orden sus pensamientos, pero…. Ni todo el tiempo del mundo lograría que su mente se aclare.

No supo cuándo, pero logro quedarse dormida en alguna parte de esa larga noche. Gracias a que el día siguiente era sábado, no tuvo que preocuparse de despertarse temprano.

Aprovechando eso, uso todo el tiempo de esa mañana en dormir y descansar por horas, pero cuando se levantó, como por el medio día, sentía todo el cuerpo terriblemente pesado y su cabeza estaba igual.

Se obligó a salir de la cama para ir a tomarse una ducha. Esperaba que el agua caliente le ayudara a sentirse mejor.

Ella quería quedarse en casa y meditar sobre este asunto con Django, pero no podía. Se pasó toda la mañana en la cama durmiendo y esa tarde tenía practica de porristas en el gimnasio. Después de la ducha fue a su cuarto por su uniforme de animadora, sus pompones y su mochila.

-Isa, ¿No quieres comer algo antes de irte? –Preguntó su madre desde la cocina.

-No gracias mamá, ya es tarde –Se detuvo al lado de la puerta que daba a la cocina para saludar a su pequeño chihuahua que descansaba en el piso, recargando un costado de su cuerpo contra la pared.

-Oye hija, ¿Te sientes bien? Te vez cansada –Mencionó preocupada.

-Solo tuve problemas para dormir, no te preocupes, me encuentro bien –Mostró la sonrisa más radiante que pudo, ignorando por completo el cansancio que se presentaba por todo su cuerpo.

-¿Estas segura? Tal vez sería mejor que te quedaras en casa.

-Descuida mamá, solo tengo un poco de sueño, no es para tanto -Isabella acariciaba la cabeza de su fiel mascota mientras que este daba leves gemidos de gusto –Además, hoy tengo que ir a entrenar con las chicas, no puedo faltar –Le dio una pequeña palmada en la cabeza a su pequeño perro como una forma de despedirse de el –No volveré muy tarde mamá. Hasta pronto.

Se fue antes de que su madre pudiera decir alguna objeción.

Aunque su hija no actuaba igual que en aquellos tiempos sombríos en que sufría por Phineas, tampoco podía decir que era la misma de antes. Algo le preocupaba a ella, pero no quiere decirlo.

Un suspiro cargado de preocupación se escapó de los labios de la señora Garcia-Shapiro. Era frustrante no poder hacer nada por su hija, pero aún tenía la esperanza que su pequeña Isa recuperara su viejo espíritu.

Fue a pie hasta la escuela y durante el camino fue pensando en Django.

Él era un chico tan atento, amable y creativo. Ha sido un maravilloso amigo y le tiene un gran aprecio y cariño pero… ¿Podía decir que lo quería?

Se detuvo abruptamente en la esquina de una calle cuando escucho unas voces que ella conocía bien, desde el otro lado de la acera, iban caminando Buford y Baljeet, ambos charlaban entre ellos sin fijarse que Isabella se encontraba cerca de ahí.

La adolecente se apresuró y se escondió de la vista de sus antiguos amigos, pegando su espalda contra la cerca. El hindú y el bravucón pasaron de largo. Tan concentrados en su charla que ignoraron por completo todo lo que se encontraba a su alrededor. Para alivio de la morena.

Ella sostenía el aliento hasta que los dos chicos desaparecieron de su vista. Se dejó caer de hombros mientras suspiraba aliviada, pero una parte de ella se sentía muy triste.

Ellos dos han sido sus amigos desde que tenía memoria y aun después de todo… los extrañaba mucho. A juzgar por la dirección que tomaron, no le costaba descifrar que iban hacía la casa de los Flynn-Fletcher…

Cabizbaja, continúo con su camino.

Al llegar, se encontró con todo el equipo sentado en la banca hablando entre ellas o revisando o escribiendo algo en sus celulares.

Respiro hondamente para darse ánimo y entro al gimnasio.

-Bien, ya era hora que aparecieras –Se quejó la joven que destaco en las pruebas de porristas, aquella chica de largo cabello que respondía al nombre de "Abigail" –No me digas que pasaste toda la mañana echada en la cama.

Isabella la observó algo desconcertada.

-Tu cabello te delata, no importa cuanto lo peines, es obvio que estuviste echada como vaca todo el día.

Las demás se rieron por lo bajo por la broma de su compañera

La mirada de Isabella pasó a una enfadada, estaba por responderle a esa chica, pero en ese instante la entrenadora entro de golpe por la puerta.

-¡Atención jovencitas! ¡Hora de entrenar!

Todas inmediatamente corrieron hacía la cancha para comenzar las practicas.

La oji azul solo negó con la cabeza antes de ir con ellas.

Pasó aproximadamente una hora, Isabella se encontraba saltando en el trampolín, dando piruetas, volteretas y maniobras en el aire. Por momentos paseaba su vista por el gimnasio para ver al resto del equipo, un numero bastante grande estaba con la entrenadora, practicando las poses, la voz de la pobre mujer se estaba cansando por gritarles al grupo de adolescentes que tenía al frente.

Ellas no estaban mostrando el mismo entusiasmo que cuando hicieron las pruebas, parecían distraídas, se cansaban rápido y a más de una la atrapo mirando hacía el reloj que colgaba encima de la puerta, seguramente preguntándose cuanto faltaba para ir a casa.

¿Qué les pasa a estas chicas? ¿Acaso pensaban en solo entrar al equipo y no hacer nada más después? – Pensó arqueando una ceja y dibujando una leve mueca en sus labios al verlas.

La otra mitad del equipo se encontraba mirando a Abigail, la peli larga estaba dando unas vueltas de carro por el piso para luego impulsarse por el aire usando sus pies como apoyo, dio un par de vueltas en el aire para luego aterrizar de pie en una pose de "Y"

Todas le aplaudieron, le gritando elogios y alabaron su gran talento.

Durante toda la tarde fue así, una mitad se obligaba a entrenar por órdenes de la entrenadora y luego miraban a Abigail totalmente embelesadas por su gran agilidad.

Después en los vestidores, la cosa continuo, todas sus compañeras rodeaban a la oji verde, todas le preguntaban cómo era que podía hacer piruetas tan impresionantes, si realizaba algún entrenamiento secreto y cosas así.

-¿Entrenamiento? ¿Quién necesita eso? Aprendí a hacer todo esto mucho antes de aprender a hablar –Su voz sonaba tan petulante que Isabella no podía evitar gruñir por lo bajo al escuchar las exclamaciones de admiración de las otras.

¿Acaso no les molestaba lo engreída que era?

Se apresuró en cambiarse de ropa y salir de allí. Esperaba que en los siguientes días, las cosas cambiaran. Tenía demasiadas cosas de las que preocuparse como para que ahora su nuevo "Equipo" le diera nuevas razones por las cuales angustiarse. Tristemente no hubo suerte.

En los próximos días fue la misma historia repitiéndose una y otra vez. Ninguna ponían entusiasmo en las prácticas y buscaban toda excusa para irse más temprano o descansar en las bancas y ver de paso a la oji verde dar un pequeño espectáculo de sus habilidades para todas.

En poco tiempo Isabella se vio a si misma obligándose a ir a los entrenamientos, ella acepto ser parte de esto y no iba a dar vuelta a atrás. Aunque cada vez se hacía más difícil cumplir con ese compromiso.

Paso una semana y la rutina fue exactamente la misma.

Su relación con las otras integrantes no era mala, pero tampoco podía decir que eran sus amigas, apenas y cruzaba unas palabras con alguna, pero con quien más tuvo problemas fue con la aclamada porrista del equipo.

Como Isabella era la única que podía rivalizar con ella en talento, esa muchacha se metía con ella cada vez que podía.

Le enseñaba "Como" se debían de hacer las piruetas. Le criticaba cuando intentaba dar alguna opinión o idea a la entrenadora, hasta la acuso de no mostrar verdadero esfuerzo en los entrenamientos.

La paciencia de Isa tenía un límite y una tarde, llego a ella.

Estaba usando los aros, daba vueltas y vueltas en el aire, manteniendo las piernas extendidas a los lados en todo momento, este movimiento causaba un poco de dolor en las articulaciones, pero después de un tiempo el dolor desapareció mucho antes de que siquiera se percatara de ello. Aumento la velocidad de sus movimientos para el gran final, se soltó de los aros, dio varias vueltas en el aire, para al final aterrizar de pie sobre el colchón.

La entrenadora le dio un breve aplauso para luego anotar algunas cosas en su libreta.

-Muy bien hecho. Has estado practicando –Elogió con una pequeña sonrisa, sin apartar la vista de sus papeles.

-Muchas gracias.

Ese día era muy especial para todas, era el día de las pruebas para escoger a la capitana del equipo de animadoras. Sorprendentemente, todas las jóvenes mostraron mucho entusiasmo en esta prueba, muy diferente a los días anteriores durante las rutinas.

Entre todas, las que más destacaron fueron Isabella y claro, Abigail.

La peli larga miraba con recelo a Isabella desde las bancas. Durante toda la prueba ella aprobó cada desafío que le puso la entrenadora: El trampolín, los cajones de gimnasia, en las barras, incluso probó la flexibilidad de su cuerpo haciendo unas poses. Y finalmente llegamos a los aros donde obviamente tuvo una puntuación perfecta.

Ella también tuvo una buena calificación por parte de la profesora, pero tener a alguien que igualara tan bien sus habilidades era peligroso para ella. Para sus ojos, la señorita Garcia-Chapiro era un peligroso obstáculo que tenía que desaparecer permanentemente.

-Muy bien, escuchen todas –Levantó la voz con mucha fuerza, forzando a todos los presentes que le prestaran atención –Mañana por la noche, se llevara a cabo el primer partido de futbol americano de todo el año y ustedes señoritas tendrán su gran debut –Guardó silencio por un momento, escuchando las exclamaciones de todas –Así que, mañana no abra entrenamiento, descansen el cuerpo y no lleguen tarde. El juego será por la noche a las nueve en punto, lleguen con una hora de anticipación –Guardo su lápiz en el bolcillo y sostuvo su libreta por debajo de su brazo –Esto será todo por hoy. Daré la noticia de quien será la capitana del equipo después del gran juego.

Sin más se fue, dejándolas a todas solas.

Todo el grupo se fueron a las regaderas para limpiar el sudor de sus cuerpos. Mientras se duchaban, todas hablaban entre sí de sobre el anuncio que acabaron de escuchar, todas se oían diferentes, algunas sonaban emocionadas, pero otras muy nerviosas, casi asustadas. La única voz que sobresalía en calma, hasta el punto de sonar pedante, era la voz de Abigail.

Por su parte, Isabella sentía como varias mariposas volaban por todo su estómago, ella iba a actuar delante de toda la escuela y no solo eso, delante de las familias y amigos de los jugadores, no solo de su escuela, sino de la rival también.

Trago pesadamente, no creía que estuvieran listas para ese gran evento, pero… Lo estuvieran o no, no se podía cancelar el juego hasta que estén preparadas, eso era completamente absurdo.

Respiro hondamente por la nariz, al mismo tiempo que cerraba la llave del agua.

Mientras se secaba, tomo su celular para ver la hora, no quería llegar demasiado tarde a casa y perderse la cena o su madre se enfadaría.

Pero en el instante que desbloqueo la pantalla para ver el reloj, su corazón se hundió hasta el fondo de su pecho al ver la foto que era su protector de pantalla. Allí estaba ella junto con Django, las expresión de los dos era tan alegre en esa imagen que un sentimiento de tristeza y una curiosa nostalgia se apodero de su corazón.

Le echaba mucho de menos.

Desde la noche de la inauguración de la nueva galería de su padre que no lo veía.

Sus ojos se perdieron en el rostro sonriente de Django, sin notar que la sombra de cierta adolecente de ojos verdes y piel bronceada se cernía sobre ella.

-Lindo chico –Aquella voz la trajo de regreso al mundo real, al voltearse, vio el rostro de Abigail sonriéndole con insolencia -¿Es tu novio acaso?

Rápidamente guardo su celular dentro de su bolso y se puso de pie.

-Eso no te interesa –Se apresuró a ir a la salida.

-Oh, por supuesto que no. Después de todo, tú estás perdidamente enamorada de Phineas Flynn.

Sus piernas se congelaron en su lugar en cuanto escucho el nombre del peli rojo.

-Oh si, lo sé todo sobre tu loco amor por ese chico genio –Su sonrisa se ensancho cuando vio la cabeza de la morena voltearse lentamente para verla –No soy ninguna tonta querida, todos en la escuela saben de tu enamoramiento por él y obviamente, me contaron de ello.

Las otras se encontraban aun en las regaderas, pero todas se acercaron sigilosamente a las puertas de las duchas para intentar escuchar o si era posible, ver lo que estaba pasando afuera.

-Es un joven muy apuesto, lo reconozco, pero no importa lo lindo que sea, en verdad que es un bicho raro –Cerró los ojos antes de transformar su sonrisa en una mueca -¿Enamorarse de otro muchacho? Y más aún, ¿De su hermano?... ¡Puaj! Qué asco.

La rabia comenzó a burbujear dentro de la peli negra.

Ella al inicio también pensó que eso no estaba bien, pero solo fue porque siempre vio a esos dos como si en verdad fueran hermanos, siempre tuvieron una unión muy fuerte entre ellos, es más, estaba segura que muchos pensaban igual.

Pero… Esperen. ¿Por qué se estaba molestando tanto por ese comentario? Fue eso justamente lo que le hizo pasar todos esos días hundida en su enojo.

-Eso debió de doler mucho. Que el chico de tus sueños se fuera con su hermano –Su voz sonaba tan tranquila, pero tan burlona a la vez…

-Nada de esto te incumbe –Forzaba su propia voz para que no se notara la ira creciendo dentro de ella. Dio solo unos de pasos más hacía la puerta antes de que la otra volviera a hablar.

-Espero que tengas mejor suerte con este muchacho –Dijo en el mismo instante que Isabella tomo la perilla de la puerta para salir –El si se ve normal. Seguro que si la historia se repite, alégrate que te deje por solo otra chica y no por alguien de su familia, ¿No tiene hermanos verdad?

Una risa burlona hizo eco por todo el baño y pronto fue acompañada por las risas de sus demás compañeras que a pesar que se esforzaban por no ser tan obvias, fallaron miserablemente, riendo a carcajadas.

Isabella se mordió el labio inferior con tanta fuerza que logro probar el sabor metálico de su sangre. Sin resistir ni un segundo más, salió corriendo tan rápido como pudo. Sintió el ardor de sus lágrimas quemando sus mejillas.

Corrió y corrió hasta salir de la escuela, no le importaba hacía donde iba, solo quería alejarse lo más posible.

::::::

Un grupo de amigas iban caminando por la acera despreocupadamente, todas estaban entretenidas con una charla que divagaba entre distintos temas, todas sonreían y se reían a cada cuando de algún comentario lanzado por alguna de ellas. El ambiente entre todas era muy alegre y animado. La única que no participaba en la charla era una chica de cabello castaño y corto, que miraba el camino delante de suyo.

Aunque no participara en la charla, escuchaba a sus amigas con una sonrisa suave en los labios.

Todas planeaban ir al centro comercial para comer todas juntas en algún restaurante que hubiera por allí. Pero el andar de la joven de cabello corto se detuvo abruptamente al fijarse en una silueta por el rabillo de su ojo.

Se paró en seco, dejando que las demás pasaran de largo. Pero eso no duró ya que todas notaron su estado estático.

-¿Gretchen? –Una de ellas de cabello rubio la llamo por su nombre.

Pero no contesto a su llamado. Solamente mantenía la cabeza ladeada, mirando algo con mucha atención.

Al seguir con la mirada que tanto miraba su compañera, todas dieron un resoplido cuando vieron a su vieja amiga, sentada en uno de los columpios del parque. Notaron claramente como varias lágrimas se asomaban por las esquinas de sus ojos y caían velozmente al suelo al no resistir su propio peso.

Nadie sabía que hacer exactamente ante esta situación. Todas acordaron alejarse de su antigua jefa de tropa ya que se rindieron en intentar hacer que ella olvidara el pasado y recuperara sus ánimos, pero a pesar de la pelea que tuvieron con ella hace meses atrás, aún era su amiga, era su líder. Y sin portar que, no soportaban verla llorar de esa manera, como si algo le doliera inmensamente.

Harta de la indecisión de que hacer, Gretchen, dio los primeros pasos para encontrarse con la peli negra.

Por más que intentaba secarse las lágrimas con las manos o con las mangas de su blusa, sus mejillas no se secaban, con cada lágrima que se limpiaba, otras dos aparecían. Esas palabras se resonaban dentro de su mente incesantemente.

La idea de que Django la abandonara también… dolía… dolía mucho más que cuando supo lo de Phineas con Ferb… ¿Pero porque?

-¿Isabella? –Su cabeza se disparó hacía arriba cuando escucho una voz conocida. Al reconocer a la joven de los lentes, bajo nuevamente la cabeza, intentando ocultar su rostro con su cabello -¿Te… encuentras bien? –Preguntó un poco asustada de que la otra se enojara.

-Si… estoy bien –Contestó en voz baja.

Hubo unos instantes en que solo se escuchó silencio entre ellas. Gretchen se volteo a ver a sus amigas para luego volver a ver a la morena.

Se arrodillo en el césped para poder verla a la cara.

-Isabella… -Susurró su nombre, pero no recibió ninguna respuesta.

Las otras se quedaron mirando un poco más sin hacer nada antes de finalmente decidirse en acercarse también. Un par se paró al lado derecho de la adolecente y las otras tres a su lado izquierdo. Los ojos de todas mostraban, incomodidad, un poco de miedo pero más que nada, angustia.

La cabeza de Isabella volvió a ponerse arriba al sentir la cálida mano de alguien posándose en su hombro. Al voltearse, vio a todas sus amigas rodeándola. Confundida, regreso su cabeza hacía Gretchen, buscando respuestas.

-¿Qué hacían aquí?

La del cabello corto respiro honda y suavemente por la nariz, para luego soltar el aire por el mismo. Por su mente pasaban mil y un palabras que descartaba de inmediato al decidir que no eran las apropiadas para esta situación. ¿Qué podía decirle? Un simple "Hola" era ridículo, un "¿Qué te ha pasado?" No parecía correcto después de alejarse de ella…

¿Cómo de pronto hablar con alguien a quien respetaba y quería se volvió tan difícil?

-… Yo.

-Lo lamento –Esas dos palabras hicieron que todas las presentes abrieran los ojos tanto que parecían salir de sus órbitas. La mirada de la oji azul se volvió gacha, evitando siempre cualquier contacto visual con cualquiera de las jóvenes que se encontraban a su lado -Lamento mucho haberlas alejado… Me deje consumir por mi rencor hacía Phineas y Ferb y… Yo me desahogue con ustedes, mis amigas… En serio lo siento mucho -Nadie pronuncio ni una palabra, nadie se atrevía a mover ni un dedo -Sé que una disculpa no es suficiente por todos los problemas que les hice pasar… Pero… En serio las he extrañado mucho.

Un silencio absoluto se hizo presente después que Isa terminara de hablar.

Aun se encontraban un poco enfadadas por el trato que la peli negra les dio en el pasado cuando solo pensaba en Phineas y lo molesta que estaba con él, pero por encima de eso, ella seguía siendo su amiga. La de todas y sin importar lo que pasó, aun le tenían un gran aprecio.

Lo siguiente que paso fue que todas se pararon delante de la adolecente para que ella las viera de frente.

Al verlas, todas le sonreían amigablemente y Gretchen, que estaba justo delante de todas, le extendió la mano.

La oji azul miró aquella mano abierta por unos instantes. Levanto su brazo y con la manga de su ropa se secó las lágrimas que aún quedaban en su rostro. Una sonrisa suave y llena de felicidad se dibujó en su boca antes de tomar la mano de su vieja amiga y levantarse de los columpios.

-Muchas gracias chicas.

Después de un abrazo grupal entre todas, retomaron su rumbo hacia el centro comercial. Ahora con Isabella de regreso a su lado.