En el camino, mientras comían y de regreso a casa. Isabella les contó todo lo que le había pasado: Lo feliz que fue con su amistad con Django, que ahora era parte del equipo de porristas, que se presentarían durante el gran juego de esa noche y justo al día siguiente se anunciaría a la capitana.

No sabía si comentarles lo de los sentimientos de Django hacía ella. Ya tuvieron suficiente drama de su parte con lo de Phineas como para que ahora soltara algo como eso. Por lo que decidió no decir nada… Al menos por ahora.

El resto de la tarde pasó sin mayores problemas o conflictos. El estar con su antiguo grupo de amigas, le hizo olvidar por completo las duras palabras de Abigail.

Mientras tanto, el equipo de animadoras recién iba saliendo de la escuela, todas caminando a un metro por detrás de la peli larga.

-¿Y estas emocionada por ser la futura capitana? –Preguntó una de ellas que tenía el cabello ondulado.

-¡Si yo fuera tú me moriría de la emoción! -Exclamó una con muchas pecas en el puente de su nariz.

-¿Tienes pensado hacer alguna fiesta cuando te nombren capitana? –Preguntó otra, llena de euforia.

La susodicha estaba caminando con la espalda recta, como todo soldado que iba de regreso a casa después de una lucha exitosa.

-No exageren chicas, ser la capitana no es la gran cosa, haremos fiesta cuando ganemos el juego –Dijo con una falsa modestia.

-Hablando de otra cosa, Isabella sí que sabe correr. Seguro que ganaría la competencia de los cien metros planos –Ese chiste fue recompensado por varias risas estridentes de parte de todas las jóvenes del equipo.

-Ella es demasiado sensible.

La peli larga mantenía una sonrisa llena de satisfacción en sus labios, si quería deshacerse de Isabella, tenía que humillarla lo más que podía para que quisiera irse del equipo o mejor aún, que la echaran. En eso, una idea se empezó a formar dentro de su mente.

Una "pequeña" broma que esperaba que todas apoyaran.

-Escuchen. Se me acaba de ocurrir una gran idea –Se detuvo, volteándose por completo para ver a las demás –Una pequeña jugarreta.

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Siguió al pie de la letra las instrucciones de la entrenadora. Su madre la llevo a la escuela una hora antes del gran juego para prepararse y en el camino, notaron la gran cantidad de autos que se estacionaron frente, al lado y cerca de la escuela, sin duda alguna, vendría muchísima gente y solo para el primer partido del año.

La porrista trago un poco de saliva al ver todos esos vehículos, tendrían muchísimo público esa noche…

-Sera mejor que te bajes aquí hija –Dijo la señora Garcia-Shapiro acercándose a la orilla con el auto –Me va a tomar bastante tiempo encontrar algún lugar para estacionarme.

-Está bien mamá, nos vemos en las gradas entonces –Se despidió de ella con un rápido beso en la mejilla y se bajó del carro.

Esquivó a todas las personas que iban entrando para luego ir al campo de futbol. Le costó bastante tiempo salir de ese mar de gente, pero por suerte, la zona donde estaban los vestidores estaba totalmente desierta… Pero eso también la extraño mucho.

-¿Dónde están todas? –Se paseó por ahí, buscando con la vista a alguna de las porristas de su grupo, pero por más que busco, no encontró a nadie -¿Todavía no han llegado? Bueno, quedan aún unos 30 minutos antes del partido, supongo que tarde o temprano aparecerán.

Dentro de poco ya no había ningún asiento libre en las gradas. Los jugadores de ambos equipos se encontraban encerrados en sus vestidores, solo esperando la señal para salir, en esos momentos eran iguales que animales enjaulados, dando vueltas y vueltas cerca de la puerta de la jaula, esperando el momento que alguien la abriera y saltar a la libertad.

La emoción y la adrenalina eran sentimientos que tanto los jugadores como los espectadores estaban experimentando. Pero Isabella en esos instantes, sentía un gran pánico.

¿Dónde rayos estaban todas?

Ella ya estaba vestida con su uniforme de animadora y estaba esperando a las demás en la puerta, pero no había ni señal de ellas.

-¿Dónde están? No me digan que se olvidaron que el partido era hoy –Dijo para sí misma.

Salto del susto cuando escucho una bocina resonar por toda la instalación. Este anunciaba el inicio del juego. Los gritos de los fanáticos explotaron en el aire en cuanto el primer jugador puso un pie en el campo.

La peli negra estaba por morderse las uñas, ¡Ya ha comenzado juego! Y era la única del equipo que estaba allí.

Espero en la entrada de la escuela lo más que pudo en busca de cualquier señal de alguna de las animadoras, pero para su desgracia, no vio nada. Cada auto que se aparecía pasaba de largo o daba la vuelta en alguna otra calle. Cada vez que veía eso, la pequeña esperanza de que alguna de las muchachas estuviera dentro de alguno de esos vehículos era aplastada de inmediato.

La ansiedad estaba carcomiéndola por dentro. Llevaba mucho tiempo afuera, esperando por cualquiera de ellas, ¡Incluso por esa creída de cabello largo! Miro el reloj de su teléfono, no faltaba mucho para el medio tiempo e iniciara su espectáculo. Sabiendo que no tenía otra salida, se fue a buscar a la entrenadora para decirle de las terribles noticias.

En vez de entrar a la escuela para ir después al campo, se ahorró eso y se fue directo al sitio en cuestión. Corrió justo delante de las gradas, dirigiéndose directamente hacía la profesora de educación física cuando de pronto se tropezó con el pie de uno de los espectadores.

-¡Ah!

-¡Cuidado! –Ese alguien se paró rápidamente y la atrapo antes de que cayera.

-Gracias –Al levantar la cabeza, se topó con sus ya reconciliadas amigas -¡Chicas!

-Isabella, ¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan alterada? –Preguntó la hermana de Stacy.

Se tomó un rápido instante para recuperar el aliento por la carrera antes de contestar esa pregunta.

-Son… Son las otras porristas. Nadie vino –Dijo entre resoplidos.

-¡¿Qué?! – Exclamaron todas a la vez.

-¿Pero cómo? El medio tiempo está por comenzar –Exclamó Holly.

-¿Qué vas a hacer? –Cuestionó angustiada Gretchen.

-¿Qué más puedo hacer? Tengo que avisarle a la entrenadora que cancele la presentación.

-¿Qué?

-Pero Isabella, trabajaste tan duro para llegar hasta aquí.

-No puedo hacer otra cosa, no puedo hacer toda la rutina yo sola –Desilusionada y cabizbaja, volvió a correr hacia su maestra.

La mujer mayor miraba con los ojos entre cerrados el reloj de muñeca. También se preguntaba dónde estaban todas sus porristas, no vio ni huella de alguna de ellas en toda la tarde.

-Señora –La voz de la joven de ojos azul le llamo la atención.

-Finalmente, comenzaban a preocuparme –Miro a su alrededor, notando de inmediato que la peli negra era la única presente -¿Y las otras? –Preguntó demandante.

-Ellas… Creo que no vendrán…

-¡¿QUE?! –Gritó tan fuerte que su grito retumbo dentro del pecho de Isabella – ¡¿NO VAN A VENIR?! ¿Cómo qué no? ¡Entrenamos todos los días para su primera aparición! ¡¿Qué se supone que hagamos ahora?!

-Yo… Yo… No lo…

-¡Entrenadora! –Al dirigir sus vistas hacía el origen de esa voz, vieron a todas las amigas de la adolecente cerca de ellas –Si nos permite, nos gustaría sustituir a las porristas.

-¿Ah? –Exclamó -¿Están locas? ¿Cómo van a reemplazarlas? Ninguna de ustedes tiene entrenamiento básico, sería una estúpida si las dejo salir al campo a la vista de todos.

-Con todo respeto señora, todas tenemos una excelente condición física y somos amigas muy cercanas de Isabella Garcia-Shapiro, sabremos coordinarnos muy bien –Expreso sabiamente la joven de los anteojos.

-Además, no hay otra opción –Menciono Ginger.

No había mucho tiempo para pensar, el medio tiempo comenzaba en solo unos cinco minutos y no tenía un plan de respaldo ante una catástrofe como esta.

Gruño por lo bajo al verse ante la espada y la pared.

-Muy bien. ¡Garcia-Shapiro! –Se volteo a ver a la susodicha –llévalas a los vestidores, dales los uniformes de repuesto e intenta explicarles lo mejor posible la rutina. No importa si no lo memorizan perfectamente, solo enséñales lo básico.

-Si señora. ¡Andando! –La siguieron hacía el interior de la escuela para comenzar de inmediato.

Pasaron unos pocos minutos antes de que los jugadores se fueran a la banca a descansar. Fue entonces que el locutor hablo por el alta voz.

-No se relajen tanto amigos por que ahora vamos a ver a un grupo de hermosas y talentosas jovencitas, con ustedes, ¡Las porristas de la segundaria de Danville!

La bocina de antes se volvió a escuchar para anunciar la entrada de las animadoras.

Una música estilo tecno se comenzó a escuchar y en ese momento el escuadrón de porristas apareció. Todo el grupo salió en una línea recta, unas al lado de las otras. Haciendo una fila y dejando a Isa en el medio

El primer movimiento de su rutina fue mover sus pompones sincronizadamente mientras que al mismo tiempo daban una vocalización al ritmo de la música. En poco tiempo la música fue yendo más rápida, pero no perdieron no perdieron el ritmo, ni mucho menos.

De forma rápida pero hábil, las chicas se movían, siguiendo el paso y las pocas instrucciones que su líder les logró dar en tan poco tiempo. Su sincronía era casi perfecta, como si nunca hubieran pasado un día separadas.

Todas extendieron sus brazos, sacudiendo sus pompones y formando un semicírculo.

Con un trote constante, las siete chicas fueron retrocediendo hasta quedar justo detrás de Isabella. Estando delante, comenzó a hacer trucos con los pompones y justo detrás de ella, sus amigas seguían sus pasos.

El público miraba el show impresionado. En algunas ocasiones, copiaban los movimientos de su líder con algunos segundos de retraso para que ella sobre saliera más y después copiaban sus movimientos perfectamente. A pesar de la confusión que creaba en algunos espectadores, todos disfrutar del show.

Al terminar con los trucos con los pompones, Isabella se agacho, teniendo cuidado de no doblar las rodillas, tomando el tamaño exacto de los cajones del gimnasio y por detrás, todas las demás animadoras se alinearon detrás de ella para luego ir corriendo, una por una hacía ella y saltar por encima de su espalda, igual como con los cajones. Con cada muchacha que pasaba al otro lado, aterrizaban dando una pose diferente, hasta que solo quedo Isabella para el gran final.

Dio varias volteretas, de frente y de costado hasta que se impulsó con sus manos, dando un gran salto en el aire, por igual, otras dos chicas daban acrobacias similares. Las demás se dividieron en grupos de dos para recibir a las tres chicas que usando sus manos como impulso, se elevaron por el aire y para el final siendo recibidas por sus compañeras, atrapándolas desde los pies con las manos. Las dos chicas se pusieron en una posición como presentando a la porrista del centro. La peli negra levantaba el brazo izquierdo lo más que pudo por encima de su cabeza, el derecho lo mantenía doblado, pegándolo al pecho y sus piernas mostraron una posición parecida, pero a la inversa, con la pierna derecha levantada y la izquierda posándose en las manos de las dos muchachas debajo de ella.

La música se cortó en ese último movimiento y lo siguiente que ocurrió fue la explosión de aplausos y ovaciones por parte del público. Incluso la maestra de gimnasia estaba de pie aplaudiendo con ganas.

Las chicas respiraban hondamente por la boca, los labios de todas se curvaban en una gran sonrisa al recibir los aplausos de todas las personas que les rodeaban. Isabella se encontraba igual que ellas, con una sonrisa imborrable en su boca y con un brillo en sus ojos idéntico al que tenía cuando era niña.

Ese momento fue maravilloso para todas. Un sentimiento con el cual disfrutaron el resto del juego.

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Días después del partido en donde la escuela de los chicos ganó. Phineas, Ferb, Buford y Baljeet caminaban con rumbo a la escuela, aunque el peli verde ya no tenía por qué ir allá, quería acompañar a su pareja hasta las puertas.

-Oigan, ¿Escucharon las ultimas noticias? –Preguntó el de piel oscura –El grupo de las porristas se desintegro.

-¿En serio? –Preguntó el peli rojo.

-Si, al parecer las integrantes originales del equipo no fueron al juego, las que participaron fueron otras –Explicó.

-¿En verdad? Ja, ni lo note –Dijo como si nada Buford, quien en el juego estuvo tan ocupado tacleando a los otros jugadores que no presto atención al show del medio tiempo.

El hindú solo le mando una mirada incrédula.

-¿Entonces no habrán animadoras este año? –Preguntó el británico.

-Oh, no. Si habrá equipo. Solo que ya no formado por ellas –Dijo señalando a un grupo de jóvenes que baja del auto bus con caras de pocos amigos, en especial por cierta muchacha de piel bronceada que tenía aspecto de matar a la primera persona que le hablara, un carácter que le siguió desde que fue echada del equipo por su "ingeniosa broma" Junto con todas las demás.

Phineas dio una sonrisa nerviosa al ver el ambiente fúnebre de esas adolecentes que iban a paso lento al edificio.

-Pero si ellas ya no serán las porristas. ¿Quiénes lo serán?

-¡Vamos chicas! – En ese momento se escuchó un grito de ánimo desde el patio de la escuela y al asomarse para ver, los cuatro tuvieron expresiones en blanco al observar la visión delante de ellos.

La nueva líder de porristas, Isabella Garcia-Shapiro y su escuadrón, practicaban pasos de baile combinados con maniobras y volteretas. Terminaron dando la clásica pose piramidal, pero en vez de estar unas hincadas en otras, todas estaban de pie, soportando el peso de su compañera en las manos.

-¡Excelente señoritas! – Felicito feliz la entrenadora –Estoy muy orgullosa, en poco tiempo se han aprendido bien los pasos.

-¡Gracias señora! –Gritaron todas.

Sin nada más que decir y con una mirada llena de orgullo, la mujer mayor se retiró hacía el colegio.

Deshicieron la pose tan pronto como la entrenadora se fue.

-Estupendo desempeño chicas –Dijo feliz la líder.

-Gracias, ahora vayamos a las regaderas, quiero una ducha –Dijo con una sonrisa algo cansada Holly.

-Hey, ¿Quién quiere un refresco después? –Sugiero Ginger.

-Solo si tú invitas –Dijeron todas a la vez, haciendo que su compañera expresara un angustiado "¡¿Eh?!" Todas rieron divertidas por la reacción de su amiga, pero la risa que más resalto fue la de Isabella, tan alegre, tan linda, tan radiante.

Phineas y los demás se quedaron mirándola, con las mandíbulas caídas y sin poder pronunciar palabra alguna.