El suave sonido de la lluvia golpeando el techo de su hogar era bastante relajante, le invitaba a descansar y dormir arrullado por su tranquilo sonar. Una encantadora idea que Django estaba considerando tomar.
Se encontraba en su habitación, ocupándose de una pintura que desde hace un par de días que no lograba terminar; No sabía si era la paleta de colores que usó, la pose o el diseño de la pareja que decidió pintar, pero sencillamente no le llegaba a convencer.
Dejo el pincel a un lado y retrocedió lo suficiente para ver mejor la pintura.
Eran un par de jóvenes caminando debajo de la lluvia, el muchacho usó su abrigo para cubrir a la chica mientras esta le abrazaba. Era una escena tierna y a primera vista cualquiera diría que la pintura no tenía nada de malo, pero Django no lo sentía así. Con un suspiro y sintiéndose algo cansado, retrocedió más hasta dar con la orilla de su cama, dejo caer su cuerpo sobre el colchón, causando un ligero chirrido por los resortes.
El castaño llevó su vista afuera de su ventana, viendo como las gotas de agua resbalaban lentamente por el vidrio. Pensó que al trabajar en un escenario tan parecido al de su pintura le ayudaría a finalmente terminarla, pero obviamente, sus esperanzas fueron en balde.
La luz que entraba por la ventana bañaba la pintura con su tenue brillo, las delicadas sombras de las gotas de agua parecían bailar sobre el lienzo, como si de verdad pudieran tocar a la hermosa chica de cabellos negros que estaba plasmada; su sonrisa dulce y su alegre expresión al estar al lado de la persona que quería. Aquel rostro... Le recordaba mucho a la persona de la cual el artista se había enamorado. Otro suspiro salió de los labios de Django.
Se preguntaba dónde estaría Isabella justo ahora.
No lo negaba, la extrañaba mucho, pero el decidió darle su espacio y no iba a ir en contra de su propia palabra.
Cuando ella esté lista para hablar, contactara con él. Hasta entonces debe ser paciente.
Cerró los ojos por un momento, intentando relajarse un poco.
Cerca de su cama, descansando sobre una mesa de trabajo, reposaba una libreta de dibujo abierta, usualmente lo usaba para hacer bocetos primero de sus pinturas para después replicarlas en el lienzo, sin embargo y desde hace ya un tiempo, sus hojas ya no eran utilizadas para sus trabajos.
Como cualquier niño evadiendo sus tareas, se distraía de sus deberes garabateando cualquier cosa sobre su cuaderno, aunque tal vez eso sería eufemismo ya que aquellos dibujos eran siempre de la misma persona. Era casi involuntario para el dibujar aquel dulce y femenino rostro, simplemente no podía evitarlo.
Django no lograba sacarla de su cabeza.
Parecía que sus manos solo querían dibujarla a ella.
El silencio colmó la habitación después de eso. Sin darse cuenta, el chico se quedó dormido mientras que la lluvia se detenía poco a poco afuera.
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Cuando tenía diez años de edad acostumbraba escribir en un diario todas las aventuras y juegos que disfrutaba junto a sus amigos, pero después de todos los problemas que acontecieron entre ellos, ella lo había dejado olvidado en lo más profundo de un cajón.
No fue hasta hoy que decidió volver a la costumbre de escribir su vida diaria en él.
Podía charlar de todo con sus amigos ahora, pero de alguna manera se sentía mucho más cómoda al transmitir sus pensamientos en el papel, le era curiosamente relajante escribir sobre sus ideas, alegrías y preocupaciones.
Una sonrisa algo incomoda, aunque al mismo tiempo burlona fue forzada en su rostro.
Después de releer sus viejas memorias se puso a escribir en las páginas que quedaban; Escribió sobre sus amigas, en cómo se reconcilio con Phineas y Ferb, en su vida en la escuela ahora siendo la líder del escuadrón de porristas, pero más que nada, fue escribiendo sobre cierto muchacho de cabello castaño. Página tras página fue narrando como fue que ellos se volvieron tan cercanos, desde el primer día en que él la encontró debajo de la lluvia, hasta la actualidad en donde por primera vez se habían distanciado...
Dejo escapar otra bocanada de aire.
Cuando no tenía a sus amigos con ella, se sentía terrible, pero sin Django, se sentía en verdad sola.
No había día que no pensara en él, preguntándose que estaría haciendo o si hoy finalmente vendría a verla. Esta última idea la ponía un poco nerviosa, pero más que eso, le hacía sufrir una gran ansiedad. No se podía mentir a sí misma, en serio deseaba verlo, pero sabía que no podía plantarle cara hasta no saber exactamente que era el para ella.
Él le dio una mano cuando ya nadie quiso estar a su lado, logro devolverle su sonrisa, le acompañó en los momentos cuando más sola se sentía y le dejo desahogarse sus penas. Se ha convertido en su confidente, un compañero leal, la primera persona en quien pensar cuando necesitas auxilio.
Pero, ¿El seria solo eso?
¿Un salvavidas cuando sienta que se está ahogando?
Poco a poco su mano se fue deteniendo. Cerró los ojos con suavidad mientras respiraba profundamente por la nariz.
Tanta incertidumbre la asustaba; No quería decir que deseara que esto no estuviera pasando, pero si quería ser más fuerte para poder enfrentarlo. Hubiera perdido el resto de la tarde hundida en sus pensamientos si no fuera porque el agudo sonar del timbre le hizo reaccionar.
- ¡Ya voy! - Cerró el cuaderno y lo guardó en uno de los cajones de su mueble antes de ir a atender la puerta.
Ella esperaba encontrarse con los rostros de sus amigas o tal vez de su madre quien regresaba a casa, pero en vez de eso, se encontró con la última persona que se hubiera imaginado.
Al abrir la puerta, se encontró con su vecino pelirrojo, con una camisa roja de mangas cortas, unos jeans azules y unos tenis blancos que contrastabas con el resto de su vestuario.
- Hola Isabella - Saludó con una sonrisa.
- ¡Phineas! - Exclamó sin poder ocultar su sorpresa - ¿Que...? ¿Qué haces por aquí?
- Bueno, pasaba a venir a saludarte - Respondió simplemente - ¿O te interrumpí en algo? - Arqueo un poco sus cejas sintiéndose ligeramente apenado.
- Oh no, para nada - Se apresuró a decir, levantando una de sus manos para negar tal cuestión - Es solo que no me esperaba que nadie viniera a visitarme hoy - Sonrió nerviosa - ¿Puedo ayudarte con algo?
Con un aire un poco incómodo, se acarició la parte de atrás de su cabeza, mientras que su otra mano, la escondía en su bolsillo.
- Pues... Ferb salió con mamá y papá - Soltó como respuesta - No me dijeron cuando volverían, pero han estado fuera desde esta mañana y creo que no volverán hasta la noche - Explicó.
- ¿Estas solo entonces? - Su rostro cambio de expresión a una bastante extrañada - ¿Qué hay de Buford o Baljeet?
- Intenté llamarlos, pero ninguno de los dos se encuentra en casa - Se encogió de hombros - Supongo que tendrían otros planes - Intentó no verse afectado de ninguna manera, pero debería saber que eso era totalmente inútil. Isabella lo conocía bien y sabía que lo que más odiaba Phineas era estar solo y sin nada que hacer.
- No puedes hacer que todos los días sean como si aún estuviéramos en verano, Phineas - Razono la chica.
- Lo sé - Contestó decaído. Rápidamente sacudió la cabeza para alejar esos sentimientos, recuperando su ánimo de antes - Sin embargo, luego de pensarlo un poco, me di cuenta que esta era una gran oportunidad - Exclamó, extrañando nuevamente a Isabella - Si ni tú o yo tenemos nada que hacer... Podemos pasar el día juntos. Volver a compartir como cuando éramos niños y divertirnos - Extendió su mano hacía ella - Así que... ¿Qué me dices?
La joven tuvo la mente completamente en blanco por un momento.
Se trabó completamente su lengua. Por un segundo no tuvo idea de que estaba pasando, incluso creyó que estaba en un extraño sueño muy lúcido.
- Yo... Pues... Yo...
- Descuida, si no quieres, está bien.
- ¡No! - Dio un rápido paso hacia delante, levantando ambas manos, como queriendo detenerlo - Quiero decir... me... encantaría - Le mostro la mejor sonrisa que pudo esbozar en ese momento, sin querer mostrar ni una sombra de duda en sus palabras.
- ¿De verdad? - Los ojos del pelirrojo parecieron iluminarse - ¡Genial! - Exclamó - Vamos entonces.
Phineas se hizo a un lado como dejándole el paso libre a Isabella para que saliera de su casa.
- Seguro. Solo espera un minuto por favor - Giró sobre sus talones y corrió atravesando toda la casa hasta su cuarto. Ahí tomó un bolso que colgaba de la cabecera de su cama; tomó su billetera, celular, llaves y lo guardó todo ahí dentro. Ya todo listo, volvió a emprender la carrera de vuelta a la puerta de entrada. Llego un poco jadeante, pero trató de disimular, mientras al mismo tiempo se arreglaba un poco el cabello con las manos - Listo, andando entonces.
Phineas ignoro por completo todo eso y partieron de la casa juntos.
Mientras caminaban, Isabella no podía evitar sentir como los nervios la comían por dentro. Hace poco había logrado arreglar su amistad con Phineas y tenía mucho miedo que en esta salida terminaría arruinando todo por lo que con tanto esfuerzo había logrado. Incluso tenía miedo de verle al rostro.
El joven la llevo hasta un parque en donde se estaba celebrando una pequeña feria. Había todo tipo de puestos; Juegos, artesanías, peluches, pequeñas figuras de cristal, etc.
Isabella miro con emoción todo lo que ofrecían, deseaba poder comprar tantas cosas, pero sin saber que quería más, no se atrevía a sacar su monedero. Caminaron entre la gente que también paseaban por ahí, hasta llegar a un puesto donde estaban vendiendo unos cuadros.
Los dos se quedaron por unos minutos admirando el arte que vendían. Phineas solo echó un rápido vistazo a los cuadros y estaba listo para seguir explorando el resto de la feria, pero pronto notó que Isabella no le seguía.
La chica de brillantes ojos azules, admiraba las pinturas con una suave sonrisa en sus labios.
- No sabía que te gustaba el arte - Comentó Phineas posicionándose a su lado.
La sonrisa de la chica decayó un poco, al igual que sus cejas.
- Bueno, alguien me enseño mucho sobre el tema.
- ¿En serio? Sabes, estos me recuerdan a esas galerías que pasamos a ver en parís, ¿Recuerdas? Cuando cruzamos por todo el mundo - Llevo una mano a su barbilla mientras los recuerdos venían a su mente - ¡Oye! Tal vez las pinturas de estas obras me sean útiles, tal vez si las filtro podría...
Isabella dejo de escuchar a su acompañante.
-¡Isabella!
La joven se sacudió como si hubiera despertado de un trance.
- ¿Estas bien?
- Por supuesto - Respondió rápidamente la adolecente. Para su suerte, el chico no le tomo importancia a esa extraña pausa y continuaron con su camino.
A unos pocos pasos, el pelirrojo notó a uno de esos heladeros ambulantes al lado de uno de los puestos. Había unas cuantas personas reunidas alrededor de él pidiendo ordenes, la mayoría parejas felices.
- Ya vuelvo - Avisó el joven antes de ir rápidamente hacía el carrito.
Lo que no noto es que Isabella nuevamente lo ignoro por completo. Ahora mismo su atención estaba sobre su teléfono que sacó de su bolsillo poco antes de separarse de su amigo; su dedo iba deslizándose lentamente por la pantalla, mostrando en esta, docenas y docenas de fotografías de (obviamente) cierto chico de cabello castaño.
En la mente de Isabella pasaba continuamente la pregunta de "¿Que estará haciendo ahora?" en serio detestaba no tener la oportunidad para llamarlo.
- ¡Isabella, cuidado!
Sintió como chocaba contra algo un poco por debajo de sus rodillas, perdiendo el equilibrio al instante. Solo alcanzo a emitir un grito antes de caer hacía adelante, desplomándose ruidosamente contra el agua.
Las personas se detuvieron en seco al ver por el rabillo del ojo, como una ola de agua fría se levantaba por los aires.
Phineas se acercó corriendo a la fuente, con un par de helados en las manos.
- ¿Te encuentras bien?
Una de las piernas de Isabella quedo afuera ya que su pie quedo posado contra la orilla mientras que, cómicamente, su brazo derecho quedo completamente erguido sobre la superficie como un mástil, alejando lo más posible su teléfono de la mortal agua.
:::
Sentada en un banco, Isabella se escurría el agua del cabello lo más fuerte que podía. Toda su ropa se sentía incomoda al estar pegada a su cuerpo, sin mencionar el terrible frio que estaba sintiendo.
- ¿Segura que no quieres volver a casa? – Pregunto el pelirrojo preocupado.
- No te preocupes, no es nada – Le sonrió al chico para asegurarle que no le importaba el incidente de hace solo unos minutos. Estrujó su cabello una última vez antes de estirar su mano y tomar uno de los conos.
Phineas decidió no seguir insistiendo y simplemente se sentó a su lado.
Era una situación por demás decir rara para ella y a pesar de lo que le dijo a Phineas, se sentía de todo menos bien, pero sería aún peor si amargaba más esta salida con sus quejas. No podría dormir bien esa noche si hacía eso.
Quería pasarla bien con su amigo. Reír y divertirse igual que cuando eran pequeños.
No desea nada más.
Levantó la cabeza un momento solo para ser cegada por un potente flash.
Cubrió su rostro con su mano libre, soltando quejidos por el inadvertido golpe contra sus ojos. Después de unos instantes cuando intento abrir lentamente los parpados, logro distinguir unas siluetas delante de ella que reconoció de inmediato.
-Miren nada más esto – Una voz aterciopelada y burlona quemo los oídos de la adolecente – Jamás pensé que lo lograrías.
Como si fuera un rayo golpeándole directamente, una corriente de ira, desagrado, frustración y malestar puro recorrió por completo su cuerpo al ver nuevamente esos penetrantes ojos esmeralda.
- ¿Qué están haciendo ustedes aquí? – Cuestionó, haciendo un gran esfuerzo para no sonar mordaz.
-El parque es de todos, si no mal recuerdo. No solo de las porristas, señorita capitana – Aunque Abigail dijo esto con tono evidentemente burlón, también se podía detectar una pisca de rabia reprimida.
Su sonrisa de dientes blancos se mantuvo en su rostro mientras se inclinaba ligeramente hacía adelante.
Phineas estaba confundido, sin embargo, el ambiente tenso que los abrazaba, era suficiente para advertirle que era mejor alejarse.
-Ven Isabella, vámonos de aquí – Iba a dar un paso en la dirección contraria cuando de pronto una de las chicas se posó delante de él.
-Tú eres el famoso Phineas Flynn, ¿No? – La adolecente estudiaba a Phineas con la mirada, de la cabeza hasta los pies – Eres más escuálido de lo que me imaginaba; Nada que ver con el novio de Abigail.
La mencionada puso una expresión orgullosa ante lo oído.
-Por supuesto que sí. Yo siempre voy por lo mejor del mercado – Dijo mientras posaba un dedo por debajo de su barbilla - ¿Y tú que Isabella?
La idea de responderle ni siquiera paso por su mente. Simplemente, tomo el ante brazo de su compañero y lo jalo para irse inmediatamente de ese parque.
Pero nuevamente, una de las muchachas les cerró el paso. Sin darse cuenta, los dos estaban en medio de un círculo, y Abigail estaba justo en el epicentro de este.
- ¿Qué es lo que quieren? – Cuestiono ya bastante molesta Isabella.
-Que buena pregunta, ¿Qué es lo que quiero? – Dio un par de pasos hacia adelante para quedar cara a cara con la de cabello oscuro – Que te mudes a otro estado, para no volver a ver tu infantil rostro otra vez, ¿O te esperabas otra respuesta? – Su sonrisa y mirada se hicieron más agudas.
Silenciosamente, una de las amigas de la ex porrista, se fue acercando poco a poco por la espalda a Isabella y aprovechando un segundo de distracción de esta, tomo su teléfono celular el cual se asomaba por uno de sus bolsillos.
- ¡Oye! – Intentó detenerla, pero la muchacha corrió de vuelta con el grupo rápidamente.
La chica le entregó el teléfono a Abigail y esta, sin perder el tiempo, lo encendió. Lo primero que vio en la pantalla, fue una foto donde aparecía la dueña del dispositivo, junto a Django; Ambos haciendo una señal de paz delante de la cámara.
-No pierdes el tiempo, ¿Verdad Isabella? – Comenzó a jugar con el teléfono, lanzándolo en el aire para luego atraparlo – No me esperaba que fueras una de esas chicas infieles – Las risas de sus amigas no se hicieron a esperar – Pero que hipócrita resultaste ser.
Tragándose sus sentimientos lo mejor que pudo. Dio unos largos pasos para quedar delante de la más alta, pero antes de hacer un ademan para recuperar su celular, Abigail alzo el brazo y sin más arrojo el aparato.
El pánico se apodero de Isabella, sin embargo, una extraña calma le llego al ver su querida posesión en las manos de otra de las ex porristas.
Solo alcanzo a dar unos pasos hacía ella cuando la muchacha imitó la misma acción de Abigail y tiró el teléfono hacía otra de sus compañeras.
"¿Es en serio?" Pensó la oji azul ya hirviendo en rabia.
Las risas y burlas de las adolecentes la rodeaban, nombres tontos y criticas mordaces hacía su persona era todo lo que llegaba hasta sus oídos, pero todo llego a un punto de quiebre, cuando las burlas se dirigieron hacía otra persona.
-Pobre chico, seguro que llorada como un bebe cuando se entere.
-Qué cara más corriente tiene.
-Debe ser verdaderamente estúpido para para haber puesto sus ojos en ti.
-Se ve como todo un niño, ¿Seguras que no va aun a la primaria?
- Nah, solo es un puberto desesperado.
….
Django
….
Una de las chicas que sostenía su cabello con un par de coletas, se preparaba para arrojar el teléfono de vuelta con Abigail cuando su estridente risa fue cortada por agudo quejido de parte suya.
Gracias a los entrenamientos de animadoras, la flexibilidad de su cuerpo había mejorado increíblemente, dejándolo muy en claro cuando levantó la pierna en 180 grados, casi logrando que rosara su rostro. Dándole así una fuerte patada en la mano de la ex porrista, obligándola a soltar el aparato.
Este salió volando justo por encima de las cabezas de todas.
Isabella corrió hacía la misma Abigail, la adolecente quedo paralizada por la confusión y el repentino miedo de ser atacada; Dos factores favorables para nuestra protagonista ya que pudo utilizar a la muchacha literalmente como soporte.
Dio un salto lo suficientemente fuerte para llegar un poco por encima de Abigail; Lo bastante para plantarle el pie en la cara e impulsarse con todas sus fuerzas logrando alcanzar así su teléfono en pleno aire.
Un quejido ronco escapó de entre los delgados labios de Abigail, quien cayó sobre su trasero por inercia ante el impacto. Se cubrió la cara con ambas manos, presionando y frotándose como si eso le ayudara de alguna forma. Obviamente al separar sus palmas, revelo una muy clara huella de la suela del zapato de Isabella, desde su frente, hasta su mentón.
En el aire, ella se encogió sobre si misma quedando en forma de bola, dando así un par de giros perfectos para luego volver a estirarse a solo segundos de aterrizar sobre una banca de madera.
Lentamente se puso de pie, dándole la espalda al grupo de chicas que ahora finalmente guardaban silencio.
Observo con detenimiento su celular, sintiendo un leve alivio al no ver ningún tipo de daño en su carcasa. Sus ojos azules estaban pegados en la foto que había puesto anteriormente Abigail mientras se burlaba de ella.
El ardor de la furia ciega que había arruinado su vida hacía meses volvía a quemar su cuerpo.
Las burlas e insultos a su persona le importaban muy poco, no le interesaba lo que pensaban u opinaran de ella; Lo que la incito a detener todo esto de una vez por todas, fueron las palabras hirientes hacía su querido amigo.
En todo ese momento, solo le llegaba a su mente el rostro sonriente de Django mientras escuchaba de fondo las voces molestas de sus compañeras de clase.
¿Qué derecho tenían ellas en juzgar de esa manera a Django? Ninguna de ellas conocía ni siquiera su nombre.
La furia regresaba a ella como una vieja amiga que no veía desde hace mucho tiempo. Pero junto a ella, la acompañaba una epifanía.
Una luz al final del túnel que no solo la hizo consiente de la chispa que hacía latir su corazón con fuerza, sino que hizo avivar más la llama en su interior.
Las chicas se congregaron alrededor de Abigail. Una de ellas extendió la mano para ver mejor la huella que adornaba todo el rostro de la adolecente, pero esta la alejo con un manotazo, mientras que con su mano libre se tapaba la mitad del rostro.
- ¡¿Quién te crees que eres?! – Grito furiosa. Su cutis se tiño de un rojo oscuro gracias a su tremenda colera.
Estaba dispuesta a soltar un sin número de nuevos insultos hacía su rival tan pronto levantara la mirada, pero en el mismo segundo que sus ojos verdes se posaron sobre la delgada figura de Isabella, esta volteo su cabeza para clavarle una fría mirada que le heló hasta los huesos.
Sin pensarlo, se mordió la lengua, temerosa de soltar algún ruido.
Esos ojos azules de pronto la dejaron petrificada.
-Ni siquiera me causas gracia – Dijo finalmente Isabella mientras bajaba del banco – Dime, ¿Por qué me has hostigado desde que entre al equipo? – Se quedó parada delante de la chica y sus amigas, sin cambiar la expresión de su rostro - ¿Fue por simple superioridad? ¿O te sentiste intimidada?
La oji verde sintió como cada musculo de su cuerpo se tensaba y fruncía con más fuerza el ceño.
- ¿Pensaste que yo pondría en peligro tu fantasía ideal de la típica chica popular de la escuela? – Abigail se alteró e iba a recriminar, pero Isabella se le adelanto al retomar la palabra – No intentes negarlo. Salta a la vista que eso es lo que querías desde el principio.
La manera en que Isabella las estaba viendo a todas, como si fueran unas niñas pequeñas malcriadas estaba poniendo nerviosa a cada una de las muchachas.
-Ropa de moda, cabello arreglado, maquillaje caro. Todo lo que te faltaba para tener la lista completa era ser la líder del escuadrón de porristas; Y por supuesto, un novio, que si no me equivoco, debe ser por obligación uno de los capitanes de los equipos deportivos de la escuela, ¿No es así? – Sus ojos de color esmeralda se abrieron con notoriedad ante esa correcta suposición – No eres más que un estereotipo barato.
Fue caminando hacia ella.
-Alguien que solo quiere cumplir un sueño trillado de novelas viejas, para hacer crecer su frágil ego y sentirse realizada a través de esa ridícula ilusión que solo le durara unos años – Paso a paso Abigail fue retrocediendo, siempre manteniendo al menos un metro de distancia entre ellas – Quiero que entiendas algo. No quiero, ni me interesa saber nada sobre personas como tú, sin embargo, si te voy a advertir algo – La chica tragó pesadamente – No te perdonare si vuelves a hablar mal de Django. Si te a través a si quiera soltar un rumor sobre él, te prometo que te arrepentirás.
Un gélido escalofrió cruzo toda su espalda hasta llegar a sus pies. Los cuales estaban por dar un último paso a atrás.
Fallando al chocar contra algo.
- ¡Ah!
Nuevamente una gran ola se levantó por encima de la hermosa fuente del parque. Las personas otra vez fueron advertidas por aquel grito y fueron deslumbrados por la segunda vista de otra chica bañándose en la fuente de piedra.
Las voces de los presentes cuchicheando entre si rodearon a Abigail. Ella no tenía idea de lo que acaba de pasar, estaba inmóvil en medio del agua, sin que su cerebro pudiera procesar bien lo que pasó de un segundo a otro.
Seguramente se hubiera quedado así, si no fuera por una paloma que decidió unirse a la escena, aterrizando cómicamente en su cabeza.
Ahora era ella la que era cegada por el flash de una cámara.
Una leve pero graciosa sonrisa se dibujaba en el rostro de Isabella mientras sostenía su teléfono en alto.
- No puedo creer que diga esto, pero… Gracias – Dijo sin borrar su sonrisa – Al llevarme a este límite se me han aclarado finalmente las ideas. Y finalmente se lo que tengo que hacer – Sentencio, guardando su celular en su bolsillo.
Giró sobre sus talones para luego alejarse de ella como si nada. Su andar era tan tranquilo, pero a la vez tan animado como si en ese mismo día no hubieran cruzado caminos.
Mientras las adolescentes corrían para socorrer a su compañera, Phineas se acercaba a Isabella completamente confundido.
- ¿Isabella? ¿Qué acaba de…?
-Lo siento Phineas – Lo interrumpió con una expresión de sincera disculpa – Sé que este día no ha sido ideal, pero ahora mismo tengo algo muy importante que hacer – Miró con pena una última vez a su amigo antes de salir corriendo hacía la salida - ¡Te prometo explicarte todo mañana! – Grito antes de alejarse demasiado y perderse de vista.
El peli-rojo se quedó solo en el parque, con el tumulto de personas que rodeaban a las adolescentes a sus espaldas.
