Nuevo capítulo, siento haber tardado tanto pero aquí está. Espero que lo disfruten y me lo hagan saber. Les agradezco la gran acogida que tuvo el capítulo anterior. Me hizo extremadamente feliz. Algunos me dijisteis que os extraño la decisión de los personajes que fueron a Marineford y todo tiene su explicación en la historia que descubriréis más adelante.

Sin extenderme más os dejo con el capítulo 2.

En el capítulo anterior…

Dos años atrás, a Marineford… cuando se me cayó la Vivre Card de Ace al suelo y la intenté coger.

–Capítulo 2: Aparición en la Gran Guerra–

Se observaba un panorama desolador, miles de soldados y piratas se encontraban tirados en el suelo cubiertos de sangre. Muchos de ellos ya estaban muertos y jamás podrían regresar a casa, ya sea a vivir aventuras en el mar o con sus adoradas familias a la villa donde solían residir. El cielo estaba oscurecido por el manto de nubes que lo cubrían haciendo imposible que los rayos del sol traspasaran.

En las caras de los piratas se apreciaba la desolación de que la gran figura que tenían como capitán y como padre había decidido morir ahí por ellos, para darles un nuevo futuro, en la nueva era que estaba a punto de comenzar. Sin embargo, no todo era tristeza puesto que el hermano menor del Comandante de la Segunda División de los Piratas de Barbablanca había conseguido liberarlo y estaban preparando la huida del condenado cuartel general de la Marina. Sin duda, sería una victoria agridulce para los piratas, pero al fin y al cabo una victoria.

Todo parecía favorable hasta que Akainu provocó a Ace haciendo que detuviera sus pasos y un Luffy preocupado insistiera, sin éxito, que ignorara al almirante. El pecoso se lanzó sobre Akainu y descargó toda su furia mediante su clásico puño de fuego, pero por desgracia fue derrotado por el marine. Este se giró hacia Luffy para matarlo de un golpe y Ace al ver esto corrió a interponerse entre estos dos.

De un momento a otro, una luz cegadora hizo desparecer a Luffy y a los segundos después lo hizo aparecer en la misma posición, pero ligeramente distinto, a los ojos de su hermano Ace. Dos destellos a unos metros de su posición dieron paso a la aparición de otras dos personas. Ace pudo reconocer al hombre de cabellera rubia sin embargo le fue imposible adivinar quien era la mujer de cabello moreno.

Ace sintió que Akainu venía y sin dudarlo cerró sus profundos ojos negros y esperó el golpe que nunca llegó.

–¡Diable Jambe, Extra Hachis! –dijo Sanji mientras ejecutaba un ataque que consistía en una lluvia de patadas con su pierna en llamas contra el almirante Sakazuki. Esto hizo que el ataque del almirante fuera desviado, evitando golpear a Ace. El pecoso abrió los ojos y se encontró con el rubio detrás suyo. Acto seguido miró hacia abajo y observó como Luffy se levantó y estiró sus brazos hacia atrás preparando un ataque.

–¡Robin! Aparta a Ace de aquí y abrid el paso para la huida –exclamó el capitán de los muwigaras. Robin aprovechando que Ace se encontraba extremadamente confuso como para activar sus poderes logia para ser intangible por alguien que no poseía el Haki de Armamento, hizo florecer una cadena de brazos que atrajeron a Ace hacia su posición. El moreno la observó con desconcierto y la morena solo se limitó a sonreírle.

–Gomu Gomu No… –Luffy continuó estirando sus brazos hasta el límite para conseguir más potencia de ataque y activo su Haki de Armamento para golpear al almirante– ¡Bazooka!

El golpe de Luffy impactó directamente sobre el abdomen de Akainu. Este retrocedió varios pasos y cayó de rodillas agarrándose el estómago, mientras se retorcía en el suelo por el dolor. Era un ataque le había pillado por sorpresa y no había sido capaz de esquivar, ni si quiera de protegerse. Ace observaba a su hermano perplejo al no entender el cambio tan drástico en su fuerza y en su poder, casi podía asegurar que ahora se encontraban al mismo nivel.

–Ace-san, ¿me ayudarías a abrir el camino hasta los barcos? –preguntó Robin amablemente provocando que el moreno desviara su mirada de su hermano y el rubio hacia Robin. Asintió y se colocó junto a la morena en posición de ataque, pensó que después de escapar ya tendría tiempo de hacer todas las preguntas que le rondaban por su aturdida cabeza.

–Mil Fleur… –dos pares de manos aparecieron en el cuerpo de cada soldado alrededor de su cuello, de manera que 500 soldados quedarían afectados por su ataque. Estos brazos, agarraron la cabeza de los soldados por el mentón y por la cabeza– ¡Clutch! –Durante unos segundos se escucharon gritos desgarradores que se convirtieron en un silencio sepulcral en cuanto todos cayeron al suelo, sin vida.

–¡Hicken! –exclamó Ace mientras ponía todo su cuerpo en llamas y dirigía su puño hacía los soldados aún quedaban frente a ellos y obstaculizaron la huída.

Los cuatro empezaron a correr por el camino que habían abierto previamente Ace y Robin para poder escapar. Los mugiwaras sabían perfectamente que el tiempo era oro y que, si no llegaban a los barcos a tiempo, lo mejor era deshacerse del máximo número de soldados.

–¿Cuánto tiempo nos queda, Robin-chwan? –preguntó Sanji más serio de lo habitual mientras pateaba a un par de soldados que habían aparecido para intentar obstaculizar su huida.

–Unos 2 minutos y medio –contestó la morena observando el contador que tenía en su bolsillo.

–Mierda, no nos dará tiempo de subir al submarino de Torao… él llegaba más tarde… –explicó Luffy al tiempo que golpeaba a un marine.

–¿Creéis que si llegamos a los barcos deberíamos zarpar en uno? –cuestionó Sanji.

–¿Por qué lo preguntas? Cuánto antes salgamos de aquí con Ace, más seguros estamos de que no morirá aquí –dijo Luffy un tanto confuso.

–Sanji tiene razón, quizá si no subimos en el submarino de Trafalgar se altere demasiado nuestro presente –explicó Robin. Los cuatro seguían corriendo velozmente hacia los barcos quitándose a los molestos soldados de encima. Ace observaba a los tres mugiwaras sin entender como habían aparecido y de que iba la conversación.

–Siento interrumpir vuestra intensa, pero estoy confuso –dijo Ace mientras alternaba la mirada entre los tres– para empezar, ¿quién eres tú? –dijo Ace mientras miraba a Robin– ¿cómo habéis aparecido? ¿por qué tienes una cicatriz en el pecho de repente, Luffy? Y… –se rascó la nunca y dirigió la mirada a Sanji– ¿por qué tienes el remolino de las dos cejas en la misma dirección?

–¿¡Eso es lo que más te preocupa!? –exclamó Sanji visiblemente molesto por su comentario– de todas maneras… para resolverte alguna de tus dudas… ella es Robin y no la conociste porque se unió después de tu visita a nuestro barco, ni nosotros mismos sabemos como hemos aparecido pero si porqué estamos aquí y lo demás es demasiado largo de explicar.

Robin mientras corría observaba atentamente a Luffy estaba demasiado callado y sumido en sus pensamientos. La arqueóloga se debatió entre si debía preguntarle al moreno la razón de su actitud y al final se decidió a hacerlo.

–Luffy, estás muy callado desde que llegamos… –Robin hizo una pausa al ver que su alegre capitán simplemente la miraba sin un ápice de emoción en su rostro– ¿qué te sucede?

Luffy se detuvo provocando que el resto hiciera lo mismo. Lo miraron con notoria confusión en sus rostros. El moreno escondió sus ojos bajo la sombra de su sombrero y acto seguido, Ace se le acercó hasta quedar frente a él, mirándolo con preocupación.

–Es que… –se oía su voz temblorosa y entrecortada, algo que hizo sonreír a Robin puesto que sabía que Luffy estaba intentando esconder todo este tiempo su alegría y emoción por ver a su hermano una vez más– no puedo creer que después de dos años te vuelva a ver… vivo.

–¿Qué dices, Luffy? Claro que estoy vivo… –el capitán del sombrero de paja se puso a llorar y corrió a abrazar a su hermano importándole bien poco que estuvieran en medio de una guerra.

–Luffy, se nos acaba el tiempo, despídete –dijo Sanji mientras peleaba junto con Robin contra un grupo de marines.

–Por favor, prométeme que no harás ninguna estupidez y saldrás de aquí a salvo –se dirigió Luffy a Ace extremadamente serio. El pecoso sin entender muy bien la situación asintió.

–Quedan 3 segundos Luffy –le comentó Robin a su capitán– estamos a punto de desaparecer.

–¿Dónde…? –no pudo acabar la frase porque una luz cegadora alrededor de los tres mugiwaras volvió a aparecer.

La luz blanca empezó a brillar con más intensidad y cuando los tres pensaban que estaban a punto de marchar ante la atenta mirada de Ace, la luz se esfumó. Sanji, Luffy y Robin cayeron al suelo de rodillas mientras una sensación extraña les embargaba, como una especie de mareo que les impedía mantenerse en pie.

Cuando se recompusieron, miraron a su alrededor perplejos. Seguían exactamente en el mismo sitio, no habían vuelto al presente.

–¿Cómo? Deberíamos estar en el presente –dijo Robin llevándose la mano a la sien.

–No entiendo que ha podido pasar –agregó Sanji mirándose las manos, comprobando que todo seguía en el mismo sitio.

–Quizá tengamos algo más de tiempo –contestó Luffy despreocupado.

–Como sea, ahora no podemos hacer nada. Sigamos adelante y asegurémonos que tu hermano sale sano y salvo de Marineford. Sino esto no habrá servido de nada –acotó Robin mientras volvía a ponerse en guardia.

–¿Por qué tenéis tanta preocupación por que salga con vida? Soy fuerte como para… –fue interrumpido por Luffy que lo miraba con tristeza.

–Porque moriste intentando protegerme y hemos vuelto para que eso no vuelva a ocurrir.

Ace sacó unas pequeñas chispas de sus dedos que luego se convirtieron en grandes llamaradas que dejaron el camino a nuestro alrededor despejado. No quiso preguntar más ni añadir algo, mostraba incredulidad ante la confesión de Luffy pues algo como eso era remotamente imposible. Continuaron avanzando en silencio y al grupo se les unió Jinbei, Ivankov y Marco el Fénix. Ante ellos se apareció uno de los gigantes con rango de vicealmirante que les cortó el paso y tras de si observaron a los pacifistas. Todos se prepararon para atacar, pero Robin los detuvo.

–Encargaos de los pacifistas que se encuentran detrás del gigante, yo me encargo del gigante –ordenó Robin y los demás acataron sin poner ningún impedimento.

–¿Qué piensas hacer? Solo eres una cara bonita, eso no te servirá para ganarme –dijo mientras reía burlonamente y levantaba su gran espada.

–Después de esto, no serás capaz ni si quiera de abrir la boca para pedir disculpas por tus palabras –aseguró Robin con frialdad mientras lo observaba desafiante. Se cruzó de brazos para empezar su ataque.

Jinbei, Marco, Ivankov, Ace, Sanji y Luffy pasaron con agilidad bajo las piernas del marine dejando a Robin detrás enfrentándolo. Los seis se voltearon a mirar a su espalda y observar cómo Robin miraba reprobatoriamente al gigante y se colocaba en pose de ataque.

–¿Seguro que puede encargarse ella sola del grandullón? –preguntaron Ace y Marco al unísono mientras la observaban con preocupación.

–Robin es muy fuerte, confía en ella –concluyó Luffy, mientras recibía una mirada cargada de furia de Sanji mientras le recriminaba su decisión.

Acto seguido, el marine, que previamente había alzado su enorme espada, decidió atacarla y dejarla fuera de combate de un solo golpe. Los muchachos que luchaban contra los pacifistas se deshicieron fácilmente de ellos ejecutando ataques combinados que acabó por destruirlos. Cuando terminaron, se giraron hacia la dirección en la que se encontraba la arqueóloga y miraron la escena con preocupación. Sanji estaba dispuesto a ir a ajudarla pero Luffy lo detuvo y le sonrió.

Cuando la gran arma impactó contra el suelo, el marine se dio cuenta de que Robin ya no se encontraba ahí por lo que, perplejo, empezó a mirar, perplejo, de un lado a otro frenéticamente en busca de ella. Lo único que consiguió visualizar fue unos pétalos desapareciendo ante él. Robin apareció delante del grupo de seis, los que no la conocían la miraban estupefactos pensando en como había podido teletransportarse con tanta rapidez. Por otro lado, Luffy y Sanji sonrieron sabiendo que su compañera había creado un clon suyo.

–Mil Fleur… cuatro manos –susurró mientras cruzaba sus brazos y le daba la espalda al vicealmirante y al grupo de fuga. Instantáneamente, a partir de sus pequeñas extremidades se formaron cuatro manos gigantescas que podían competir con el tamaño del almirante. Dos de ellas estaban colocadas en su espalda, una de ellas en su pecho sujetándolo del mentón y la última alrededor de su cuello. Lo había inmovilizado por completo. Las caras de asombro de Jinbei y los demás eran notorias– ¿cuáles son tus últimas palabras?

Empezó a ejercer presión sobre el cuerpo del marine, haciendo que se retorciera lentamente, hasta el punto de dejar escapar de su boca un grito desgarrador tras un sonoro crujido.

–¡Clutch! –cerró sus puños y el marine sin vida cayó al suelo provocando un gran estruendo. Todos salvo Sanji y Luffy miraron alternativamente del marine a la arqueóloga con expresión de estupefacción.

–Esa es mi Robin-chwan –exclamó el cocinero mientras revoloteaba alrededor de la morena con corazones en sus ojos. De pronto, paró en seco y se giró rápidamente con su pierna en alto armada con haki, evitando una patada a la velocidad de la luz de Kizaru.

–¡Sanji! ¿Estás bien? –preguntó Luffy quien observaba la escena atentamente. El rubio solo asintió e hizo un gesto con la cabeza dando a entender que los alcanzaría luego.

El grupo empezó a avanzar hacia los barcos, cada vez se encontraban más cerca del objetivo. Sin embargo, Luffy se detuvo y se dirigió a Robin con una expresión muy seria.

–Robin, voy a ayudar a Sanji, asegúrate de que Ace sube al submarino de Torao. Que no haga ninguna tontería, está a punto de aparecer alguien que podría hacerle perder el control –la morena asintió y miro al pecoso que los observaba con curiosidad, pero a la vez con fastidio. Pues no le gustaba que lo tacharan de débil siendo él todo lo contrario, extremadamente fuerte.

–Oye Luffy, sé defenderme yo solo –aclaró Ace con una ligera molestia en su tono de voz. Para cuando quiso darse cuenta, Luffy ya no lo estaba escuchando y suspiró.

–Tu hermano no quiere que te suceda nada, al menos no otra vez. Hará todo lo posible por salvarte y cambiar tu destino, el mismo que una vez no pudo cambiar –Ace la miró con confusión, iba a protestar, pero la morena lo interrumpió antes de que pudiera articular palabra– cuando estemos seguros y fuera de aquí, estoy seguro de que te lo explicará todo.

Echaron la vista atrás por última vez viendo como Sanji y Luffy se enfrentaban ferozmente al almirante Borsalino, este los miraba con semblante aburrido, pero tras esa fachada, se podía advertir cierta sorpresa en su rostro. No entendía como el mocoso débil podía haber mejorado tanto en un instante.

El grupo se fue abriendo paso entre los debilitados soldados de la marina que intentaban detenerlos. No eran capaces de hacer sombra a dos comandantes de los piratas de Barbablanca, un ex Shichibukai, un alto cargo del ejercito revolucionario, una tripulante de los mugiwara y múltiples piratas que se habían unido a la huida a pesar de la tristeza de dejar a su amado padre atrás, dando su vida por ellos.

Un sonoro estruendo se hizo presente en Marineford y posteriormente se hizo un silencio donde se podía palpar la tensión y la preocupación. Ese silencio se vio interrumpido por una asquerosa risa que hizo que Ace se girará con furia en su dirección y le empezará a hervir la sangre. Sus puños se cerraron con tanta fuerza que cortaba la circulación provocándole un color blanquecino a sus nudillos. La vena de su frente empezó a hacerse cada vez más notoria y empezó a avanzar con furia. Robin al notar esto, agarró de la muñeca con fuerza a Ace tirando de él y haciendo que desviara, por un instante, su mirada a la de la morena.

–Zehahahahahaha –volvió a sonar esa macabra y repulsiva risa– ¿todavía sigues vivo, Comandante Ace?

Final del capítulo 2, se vienen cosas interesantes en los próximos capítulos. Espero no tardar demasiado en actualizar. Dejadme saber que os ha parecido el capítulo y una vez más agradecer vuestro apoyo y la buena acogida de esta historia.