¡Guau! Realmente estoy gratamente sorprendida de la acogida que está teniendo esta historia. Os agradezco mucho el apoyo y me alegra que os esté gustando la historia. Se agradecen todos los comentarios y os animo a que me dejéis más con alguna idea que pueda incluir, alguna teoría de como creéis que va a ir la historia enfocada, criticas (siempre constructivas…) Y sin entretenerme más, os dejo con el capítulo 3.

En el capítulo anterior…

Zehahahahahaha –volvió a sonar esa macabra y repulsiva risa– ¿todavía sigues vivo, Comandante Ace?

–Capítulo 3: Revelaciones–

El ceño de Ace se frunció aún más, si eso era posible, y sus facciones de endurecieron mostrando en su rostro la cara de un auténtico demonio capaz de aniquilar a cualquiera que se cruzara en su camino. Apartó la mano de Robin de su muñeca con cierta brusquedad, pero sin dañarla y comenzó a avanzar peligrosamente para encarar a Teach mientras su cuerpo se prendía en una intensas llamas. Los compañeros y subordinados del comandante de la segunda división de los piratas de Barbablanca lo miraban con temor y preocupación pues sabían de lo que había sido capaz Teach una vez.

La arqueóloga miró a los lados en busca de algún aliado que pudiera ayudar a contener la rabia de Ace y hacer que el moreno entrara en razón, pero para su desgracia todos se encontraban luchando contra fuertes y duros oponentes, convirtiéndola a ella en la única que debía aplacar su ira. Sin pensarlo demasiado corrió hasta la posición donde se encontraba Ace y se interpuso en su camino. Ace la miró con furia y un deje de confusión a lo que ella le respondió con una mirada fría y desafiante.

–No eches a perder el esfuerzo que están haciendo todos por ti –le dijo Robin sosteniéndole la mirada.

–Tu no lo entiendes –contestó Ace entre dientes intentando no estallar en cólera contra ella puesto que lo único que pretendía era ayudarlo.

–Tienes razón –suspiró Robin mientras bajaba los brazos y los colocaba en cruz para quitarse a un par de enemigos que tenía Ace detrás– pero lo que sí sé, es como se sentiría Luffy si te perdiera. Mira a tu alrededor, todos te quieren vivo. Incluso tu capitán ha decidido sacrificarse para que podáis tener un futuro –la arqueóloga suavizó su tono en cuanto percibió que Ace relajaba ligeramente sus hombros y se destensaban sus músculos.

–¡Volvamos a casa juntos, Ace! –gritaron a pleno pulmón todos sus amigos que habían escuchado la conversación y lo único que querían era que su comandante desistiera de la idea de enfrentar a Teach.

El moreno miraba a su alrededor dándose cuenta que todos tenían razón, que debían escapar. Parecía recapacitar, aún así algo en su pecho le quemaba y algo dentro de él le decía que debía actuar contra ese miserable que solo había traído desgracias a su amada tripulación. Internamente se debatía entre vengar a su hermano fallecido y la traición o hacer caso omiso a las provocaciones del bastardo de Barbanegra y salir de ahí. Ace desvió la mirada hacia su hermano que se encontraba enfrascado en una brutal pelea contra el almirante Kizaru, con la ayuda del rubio. Se los observaba cansados y el pecoso no deseaba que su pequeño hermano y su amigo sufrieran daños. Las pequeñas dudas que tenía se disiparon cuando Luffy habló:

–¡No puedes morir aquí, Ace! –grito Luffy– ¡tienes que ver como me convierto en el Rey de los Piratas! ¿Me oyes? –el moreno con el sombrero de paja recordó las últimas palabras de Ace en las que decía que el único arrepentimiento que tenía era no poderlo ver convertirse en el Rey. Pero eso esta vez no pasaría, quería que su hermano viviera y se sintiera orgulloso de él.

–Está bien, Luffy –contestó Ace con una pequeña sonrisa. Sintiendo una calidez en su pecho que lo calmó casi por completo. Robin suspiró aliviada y sonrió.

–Zehahahahaha que escena más enternecedora –comentó Teach con malicia intentando volver a provocar a Ace. La sonrisa de Barbanegra se ensanchó cuando desvió la mirada hacia Robin que se encontraba al lado del pecoso– que bien acompañado estás, comandante Ace.

Todos los presentes se giraron a mirar a Robin con confusión. La pelea entre Kizaru y ambos mugiwaras había finalizado en cuanto Teach había pronunciado palabra. El almirante se había alejado hasta situarse cerca de donde se encontraba Sengoku puesto que estos estaban alertados de la traición y la peligrosidad del pirata.

–Oye estúpido, no te atrevas a hacer nada contra Robin-chwan o te patearé –dijo Sanji mientras exhalaba el humo del cigarro para intentar no perder la poca paciencia que le quedaba.

–Zehahahaha –rio ante el comentario del rubio y lo ignoró para acto seguido dirigirse a la morena que lo observaba con una mirada gélida– ¿por qué no te unes a mi tripulación? –la paciencia de Sanji colmó y la vena de la frente de Luffy comenzó a hacerse cada vez más notoria. Antes de que se dispusieran a lanzarse contra él, Robin les puso la mano en sus hombros y les sonrió.

–¿Qué te hace pensar que me uniría a tu tripulación? –contestó Robin arqueando una ceja y cruzándose de brazos.

–¿Qué hace una mujer inteligente, bella, fuerte y con la virtud de poder leer los poneglyph con un grupo de niños idiotas? –Robin frunció el ceño, visiblemente molesta por los halagos de este hombre y por los comentarios ofensivos hacia sus compañeros y amigos, pues le parecían algo perturbadores.

–¿Qué quieres de mí? –preguntó Robin con frialdad mientras lo miraba desafiante.

–Tu poder –contestó Teach con voz ronca, como si aquella situación le pareciera placentera. Tenía sus ojos inyectados en sangre, su mirada estaba nublada por el éxtasis de imaginarse con todo aquel poder. Ace, Sanji y Luffy se colocaron delante de ella para protegerla por si se atrevía a atacarla– Conviérteme en el rey.

–Pobre iluso –comentó Robin con una sonrisa cínica– al único que convertiré en rey será a mi capitán, Monkey D. Luffy –Teach bufó molesto.

–Eres una estúpida, al igual que tu madre, las personas como tu están destinadas a morir si no se unen a personas poderosas –espetó Barbanegra. Esas palabras habían crispado a la imperturbable morena que frunció el ceño y apretó la mandíbula con impotencia. Por desgracia, ella no era lo suficientemente fuerte como para matarlo, pero si para hacerle daño. Una idea pasó fugazmente por su mente, pero al final acabó por desecharla.

–Vámonos de aquí, ignorémosle –propuso Jinbei acercándose al grupo. Teach era una persona extremadamente manipuladora y traicionera, capaz de vender a su propia madre por conseguir algo de poder. Era una sucia rata oportunista y todos lo sabían, hasta los que no lo conocían personalmente.

Todos empezaron a voltear hacia los barcos y comenzaron a avanzar, salvo Robin que se encontraba estática en su lugar desafiando con la mirada a Barbanegra. El cocinero al percatarse de ello, la tomó de la muñeca con cuidado y la arrastró suavemente para que empezara a correr con la finalidad de huir. Al final ese era su objetivo, ayudar a escapar a Ace sin alterar demasiado el pasado. Pues una cosa tenían clara, y es que no podían salvar a Barbablanca ya que el curso de la historia quedaría totalmente modificado. Edward Newgate debía morir en la guerra, sin embargo, Ace no tenía por qué hacerlo.

–¿Vas a seguir huyendo como has hecho toda tu vida? –preguntó Teach con una sonrisa socarrona refiriéndose a Robin, esta vez ella no caería en sus provocaciones– eres capaz de revivir las armas ancestrales, saber la historia, descubrir la localización de la última isla donde se encuentra el gran tesoro que todos los piratas ansían y… ¿decides ponerte de parte de Mugiwara? Que decepción –comentó con fastidio al tiempo que hacia una mueca burlona. Realmente parecía que esa situación le resultara divertida y eso era algo que a la arqueóloga le crispaba.

Siguieron avanzando sin mirar atrás, cada vez más piratas se unían al grupo para huir del lugar. Algunos de ellos informaban a sus comandantes o superiores de la situación de la bahía. Comunicaron a Ace y a Marco que un grupo de piratas aliados había conseguido asaltar dos buques de la marina para permitir la huida.

Por otro lado, la arqueóloga se encontraba perturbada por el hecho de que Teach supiese tanto de ella y de su pasado. La curiosidad le carcomía y se debatía internamente entre encararlo o dejarlo pasar. Ella era una mujer fría y calculadora que no perdía los nervios absolutamente por nada irrelevante. Sin embargo, le resultaba extraño que Kurohige tuviera conocimiento de los Road siendo que ellos recientemente habían descubierto su existencia en Zou. Y para más inri, como era posible que supiera que esos poneglyph llevaran hacia Raftel.

–¿Cómo sabes tanto sobre mí? –preguntó Robin parando en seco y dándole la espalda a Tach. No lo veía, pero pudo suponer como esté plasmaba una sonrisa en su maldito rostro.

–Un amante de la historia como yo, no puede obviar la existencia de una mujer tan valiosa como tu –hizo una pausa mientras soltaba una sonora carcajada– además, aliarse con los perros del gobierno a cambio de información y la entrega de un prisionero fue un buen trato.

Luffy abrió los ojos desorbitadamente y a Sanji le cayó el cigarrillo de la boca. Eso solo significaba una cosa y es que su objetivo macabro y rocambolesco era convertirse en Shichibukai no era únicamente el de captar tripulantes de Impel Down, sino que también querían información de una de las tripulantes de los mugiwaras.

–¿Has causado toda esta guerra solo por información del paradero de Robin-chwan, bastardo? –cuestionó Sanji realmente enfurecido– ¿causaste dolor a mi estúpido capitán para obtener poder? –apretó sus manos fuertemente hasta dejar sus nudillos sin circulación sanguínea.

–Es algo más complicado que eso –respondió Teach con tono divertido– no esperaba encontrarla tan pronto, pero… –un aura negra empezó a envolver su cuerpo, como una especie de sombra oscura que pasó a su mano derecha– la quiero a ella.

La arqueóloga se tensó y retrocedió unos pasos hasta que chocó contra el torso de Ace que la sujetó con fuerza, con la intención de evitar que Teach hiciera alguno de sus ataques y la alehara de ellos. No iba a permitir que ningún amigo de Luffy resultara herido, y menos su pequeño hermano.

–¡Black hole! –un remolino de oscuridad se fue acercando lentamente a Robin quien poco a poco sentía una fuerza de atracción demasiado fuerte como para poder resistirse.

De repente, Ace la empujó hacia un costado haciendo que el torbellino lo absorbiera a él y lo atrajera hacia Kurohige. El pecoso intentó ponerse en llamas, pero sabía de antemano que con el poder que le daba esa fruta del diablo le sería imposible luchar de otra manera que no fuera físicamente. Armó su brazo con Haki y antes de que pudiera cruzar la gran grieta que había provocado Barbablanca tiempo antes, el remolino de oscuridad se detuvo dejando a Ace confundido en el sitio.

–Cuatro Fleur –susurró Robin mientras cerraba sus ojos. Los hermanos y el rubio se giraron a observar a Teach para ver que demonios había pasado y se encontraron con que las cuatro manos se encontraban inmovilizando el brazo de Kurohigue– ¡Twist! –el brazo del susodichó comenzó a retorcerse, empezando por su muñeca, soltando un desgarrador crujido seguido de un grito de Teach.

–Es extraño, ¿Cómo puede ser tangible para alguien que no posee Haki? –se preguntó Sanji más para si mismo, pero siendo escuchado por los presentes.

–A decir verdad, en Impel Down me pasó lo mismo –contestó Luffy muy serio.

–Es un tipo de Logia especial –comentó Ace– es tangible, pero su cuerpo absorbe más daño, más dolor del que un humano podría soportar –añadió recordando las palabras del propio Kurohige cuando se enfrentaron– ve con cuidado, él es capaz de anular el poder de las frutas del diablo.

Sin previo aviso, una sombra apreció tras Teach que se resistía a que esas manos continuaran partiéndole los huesos del brazo. Era Shilliew y en un rápido movimiento cortó aquellas manos de la extremidad de su actual capitán provocándole a Robin un intenso dolor en sus brazos. Comenzaron a sangrar desbocadamente mientras la morena hacía una mueca. Luffy la miró horrorizado y corrió hasta la posición de su compañera para inspeccionar más de cerca sus heridas que, afortunadamente, no eran demasiado profundas.

En este descuido, Barbablanca que seguía de pie junto a Teach sin poder moverse por el inmenso dolor que le provocaban las centenares heridas que tenía en el cuerpo, levantó su arma e hizo un profundo corte que atravesó todo el abdomen de Teach. Este cayó de rodillas al suelo y gritó de dolor y su tripulación se alarmó. La Marina parecía haber dejado de actuar en cuanto apareció Teach y solo observaban el enfrentamiento que se estaba llevando a cabo.

–Maldito viejo –jadeó mientras se ponía en pie con dificultad. Se metió la mano que tenía intacta en el pantalón y sacó un arma que apuntó contra el cuerpo del Yonkou– vete al infierno.

Disparo tras disparo chocaba contra el torso del gran Barbablanca que lsabía que su fin estaba cerca y lo único que podía hacer era aguantar cada bala incrustada en su pecho, cada desgarro por arma blanca en su torso y, lo más doloroso para él, los desgarradores gritos de sus amados hijos que lo llamaban con desesperación. El gran Edward Newgate sintió un gran alivio en su pecho tras rememorar todos y cada uno de los momentos en los que sus hijos le habían demostrado cuan fuerte era su amor hacia él, un pobre viejo con la única ambición de tener una familia que lo quisiera. Se sentía completo y listo para dejar descansar de una vez su alma, sabiendo que sus hijos estarían viejos y sabrían cuidarse. Sin lugar a dudas, había sido extremadamente dichoso por tener a esa gran familia, su mayor orgullo por encima incluso de su bandera.

–¡Vivid y haced que vuestro nombre y vuestra bandera perdure en la nueva era! –respiró con dificultad– os esperan aventuras increíbles y descubrir el gran tesoro que, mi gran amigo y rival, Roge, dejó para uno de vosotros… ¡el One Piece! –dirigió una mirada gélida y cargada de desprecio– y estoy seguro de que tu no serás el Rey, te falta mucho para serlo.

Con el último disparo que salió del arma de Teach se silenció al hombre que había sido el más fuerte del mundo durante años. Su orgullo se mantenía tras su muerte pues su cuerpo se negaba a caer y su espalda, con el gran emblema de los piratas de Barbablanca, seguía intacta. La insigna de la antigua era había sido acallada, para siempre.

FINAL DEL CAPÍTULO!

Espero que os haya gustado, es un capítulo intenso que me ha costado bastante de escribir (de ahí a que haya tardado tanto en actualizar). Se han revelado ciertas informaciones que tendrán un papel importante en el futuro de la historia… ¡y las que quedan por llegar!

Agradecer muchísimo los comentarios de apoyo y los que me comentáis que os gusta la historia o que tenéis ganas de más. También, por supuesto, a los que han añadido a favorita la historia o la que la siguen. Os animo a que comentéis más para que haya más feedback entre lectores y escritora, para mejorar la calidad de la historia, compartir ideas, teorías o, simplemente, contarme que os ha parecido.

¡Os espero en el siguiente capítulo!