'Hola mis queridos lectores! Me duele tardar tanto en subir nuevo capítulo, pero mis obligaciones me reclaman… Aquí tenéis el capítulo 4, espero que os guste y me seguís dejando tantos comentarios con vuestra opinión e ideas. Me hace inmensamente feliz. Tengo cosas que aclarar que las dejaré al acabar el capítulo para no hacer esta nota extremadamente larga. SI sois seguidores de mis diferentes historias os recomiendo que leáis la nota que dejaré abajo.
Y sin más demora el siguiente capítulo…
En el capítulo anterior…
Con el último disparo que salió del arma de Teach se silenció al hombre que había sido el más fuerte del mundo durante años. Su orgullo se mantenía tras su muerte pues su cuerpo se negaba a caer y su espalda, con el gran emblema de los piratas de Barbablanca, seguía intacta. La insigna de la antigua era había sido acallada, para siempre.
–Capítulo 4: Rescate y problemas –
Marineford enmudeció junto aquel gran hombre. Era un silencio cargado de sentimientos por los múltiples bandos que se encontraban participando en la guerra: ira, rencor, desesperación y una gran tristeza por parte de los piratas que habían perdido a su querido capitán. El ambiente era tenso y nadie se atrevía a romperlo.
Todos en la plaza, marines y piratas, tenían gran respeto por Edward Newgate pues ambos sabían lo que significaba ese hombre para el mundo: el equilibrio, la aparente tranquilidad, el orden. Eran piratas odiados y temidos por personas de todo el mundo que no entendían el papel que jugaba Barbablanca en su aparente calmada vida. Incluso los marines lo sabían, pero su sentimiento de justicia les obligaba a sentir alegría por su muerte. Sin embargo, la sensación que predominaba era la incertidumbre y los dos veteranos de la marina eran conscientes de ello.
–¿Qué pasará ahora? –se preguntó Sengoku mientras miraba atentamente el cuerpo erguido del difunto Barbablanca.
–No sé, lo único que tengo claro es que reinará el caos. La nueva era se acerca con más fuerza que nunca… –comenta Garp mientras limpia los rastros de sangre de su rostro– el mundo caerá en el desequilibrio más absoluto y nosotros no podremos pararlos –el almirante de flota asiente resignado y suspira con pesadez– este hombre, ha hecho mucho para mantener el mundo en calma y contener los primeros piratas de la nueva era. Ahora ya no hay nada que pare a los nuevos piratas.
–¿Eres consciente que uno de los que encabeza la nueva generación de infames piratas es tu nieto? –Garp se rasca la nuca y ríe amargamente mientras observa a sus dos nietos con los rostros desencajados por la escena que habían presenciado.
–Supongo… –reconoce Garp con un ápice de alegría en su tono de voz.
Después de unos minutos que parecieron horas, el silencio se ve turbado por la risotada burlona de Barbanegra. Respirando con pesadez y sujetándose la mano rota con fuerza se levanta del suelo con semblante orgulloso de su acción.
–Aquí acaba tu era vejestorio –ríe con malicia y su tripulación se une a él.
Por otro lado, Marco y los demás no pueden contener las lágrimas. Sabían que tarde o temprano su padre moriría, pero lo que no esperaban es que fuera a manos de la rata de Teach. Traicionados por el que consideraron durante décadas su compañero, amigo e incluso hermano. Ace apretaba sus puños con fuerza para evita romper a llorar por el hombre que tanto ha admirado y tanto le ha dado. Su mandíbula se tensa y las venas de su cuello y su sein augmentan considerablemente de tamaño.
–No puedo creer que ese desgraciado sea ahora un Yonko –musitó Sanji mientras intentaba encender el cigarrillo con exasperación.
–No sabía que fue así –comentó Luffy mientras se acomodaba el sobrero– es un cobarde.
–Sin duda solo alguien tan rastrero haría algo así, solo un ser cegado por el ansia de poder haría tal cosa –sentenció Robin con semblante serio.
Jinbei miraba con incredulidad la escena, se atormentaba por no haber podido detectar las intenciones de Teach durante el tiempo que había estado en el barco de los piratas de Newgate. Pero muy a su pesar, la situación ya no se podía revertir. Ivankov estaba estatico en su lugar sin expresión alguna, ni siquiera su típico humor asomaba.
Ace colmó su paciencia cuando Teach colocó un manto por encima de su capitán y se introdujo bajo él. Empezó a avanzar de nuevo con pasos decididos y la mirada ensombrecida, apenas pudo dar un par de pasos cuando Robin lo tomó de la muñeca y lo detuvo.
–Si vas y mueres, todo habrá sido en vano –dijo Robin con suma seriedad en su tono de voz y sin un ápice de emoción en su rostro– eres la chispa de esperanza para tus compañeros, si sales de aquí con vida, la victoria es vuestra… a pesar de todas las personas que se han quedado en el camino, el objetivo eras tu –Ace aflojó sus puños y sus hombros se relajaron ligeramente. Si lo pensaba fríamente ella tenía toda la razón. Y tenía una responsabilidad añadida que se trataba de sacar a todos sus compañeros con vida de allí.
–Entiendo –contestó Ace dirigiéndose a la morena. Esta al asegurarse de que el pecoso no iría tras Teach, soltó lentamente su muñeca– ¡Chicos! Todos hacia los barcos, no miréis atrás –exclama Ace levantando el puño en señal de retirada.
–Robin-chan vamos, según Luffy Law está a punto de aparecer con el submarino –acota Sanji. Al ver que Luffy y Ace no se movían de su lugar suspiro con pesadez– vosotros dos, salgamos de aquí. Estamos cerca de los barcos.
Sanji cogió la delantera del grupo apartando a algunos soldados que se atrevían a cruzarse en el camino de la huida. Seguido de él se encontraba Robin quien se giraba repetidamente para observar si Luffy y Ace los seguían y asegurarse que no se detuvieran bajo ninguna circunstancia. Marco y los demás se habían quedado más rezagados puesto que querían ver que hacia el maldito de Teach con el cuerpo de Barbablanca.
A unos metros de los barcos se detuvieron y escrutaron el puerto en busca de algún indicio de la aparición de Trafalgar Law.
–¿Por qué no subimos a cualquier barco y nos comenzamos a largar de aquí? –cuestionó Ace con notoria confusión. Se le notaba abrumado, tenía demasiados sucesos que asimilar y aun no estaban seguros de poder escapar todos.
–No podemos, tenemos que marcharnos en un barco en concreto, sino quien sabe lo que pasará en el futuro –le contestó Sanji mirando de un lado a otro en busca del submarino. EL moreno pecoso alzó una ceja. Quería protestar ante lo que había mencionado el rubio porque le parecía una estupidez, pero fue interrumpido por su hermano.
–¡Veo el submarino de Torao! –exclama Luffy con alegría, por fin podrían salir de la condenada guerra y preocuparse de otros problemas que tenían, como por ejemplo no haber vuelto al presente.
–Mugiwara-ya subid al submarino ¡deprisa! –urge el cirujano de la puerta apoyándose en la barandilla de su transporte.
Los tres sombrero de paja se dirigieron hacia la posición donde se encontraba el submarino de Trafalgar Law, era el último paso que les quedaba para completar la misión de rescate que se habían propuesto. Al darse cuenta que Ace no subía, Luffy retrocedió hasta llegar dónde había quedado su hermano que miraba desolado la escena.
–Ace… vámonos –sugirió Luffy a su hermano mayor.
–No puedo dejarlos aquí Luffy, ellos son mis compañeros y mi segunda familia. No puedo abandonarlos –explicó Ace con seriedad y un deje de tristeza en su voz. El pecoso no quería perder a ninguna persona más, se odiaría si dejaba a alguien atrás.
–Todo estará bien, Ace –le dijo Sanji desde el submarino al pecoso. Este alternó la mirada entre los tres mugiwaras que lo miraban sonriente.
–Le di un trozo de la Vivre Card de Luffy a Marco y el otro trozo se lo di al espadachín de vuestra tripulación –informó Robin para tranquilizar a Ace– cuando todos escapen, se reunirán con nosotros.
Los piratas que pasaban a los barcos animaban a Ace a marxharse y le prometían que se reunirían con él en cuanto el conflicto llegara a su fin. Pero que por el momento, debían quedarse para proteger su salida del Cuartel General y así consolidar la victoria, agridulce pero al fin y al cabo, una victoria.
Jinbe se reunió con el grupo pues él se encargaría también de asegurar la escapada. Ace meditó por un momento las palabras de sus compañeros y de los tripulantes de su hermano. No debía ponerse a reflexionar sobre cuál era la mejor decisión puesto que no tenía tiempo.
–Jinbe, Luffy, Sanji, Robin… antes de salir de aquí tengo que hacer algo y necesito vuestra ayuda –comentó Ace girándose hacia la dirección donde se encontraban los nombrados– vamos a abrirles paso y a conseguir barcos para que puedan escapar –todos asintieron y se dispusieron a pelear.
–Hicken –Ace lanzó su poderosísimo puño de fuego que abrió camino desde la plaza hasta el puerto donde estaban atracados los barcos que querían invadir. Al terminar se unió a su hermano en uno de los buques de guerra de la marina para deshacerse de todos los soldados.
–Gomu Gomu No… Gataling –una ráfaga de puños hizo volar a cientos de marines enviándolos al suelo o al mar. Un par de fuertes ataques combinados con su hermano mayor fueron suficientes para liberar dos de los barcos.
–Sky Walk –el rubio se movió rápidamente por el cielo hasta posicionarse sobre uno de los buques– Diable Jambe… Premiere Haché –una lluvia de patadas en llamas calcinó a gran parte de los soldados y estos cayeron del barco.
–Cien Fleur –susurra Robin mientras cruza sus brazos y una gran cantidad de brazos aparecen alrededor de los soldados que quedaban con vida– ¡Cluth!
–Gyojin Karate –un muro de agua se levantó y arrasó con todos aquellos que se encontraban en el cuarto buque de guerra.
De esta manera, habían conseguido liberar cuatro barcos de la marina para que piratas y aliados pudieran escapara rápidamente de Marineford. Ace echó un último vistazo al panorama y clavó su mirada en Marco. Este esbozó una media sonrisa y levantó la Vivre Card de Luffy en señal de que se iban a reencontrar en breve. El pecoso asintió y se dirigió hacia el submarino.
De repente, un destello de luz apareció ante sus ojos y apareció Kizaru para intentar detenerlos. Sanji y Luffy se colocaron delante de Robin puesto que está no había adquirido aún el Haki de Armadura por lo que no tenía ninguna posibilidad.
–ROOM… Shambless –el grupo de cinco apareció en la cubierta del submarino de Law. Sanji y Ace lo miraron con fastidio mientras Luffy reía y comentaba lo divertido que había sido el teletransporte– ¡Dentro del submarino! ¡Ahora! –Robin y Jinbe obedecieron con una sonrisa mientras escuchaban las protestas de Ace por darle ordenes y las de Sanji por haber tratado de forma tan brusca a su querida dama.
Tiempo después, tras muchas maniobras para evitar los ataques constantes de los almirantes, consiguieron salir del Cuartel General sanos y salvos. Solo tenían algún que otro rasguño fruto de alguna caída, pero nada demasiado importante como para que el cirujano debiese preocuparse.
Mientras Luffy, Sanji y Jinbe mantenían una animada conversación con Law, Ace se encontraba recostado en una de las frías paredes metálicas del submarino, observando el fondo marino por el pequeño ojo de buey. Su mirada estaba perdida en la nada, se encontraba pensativo y ligeramente confuso por los acontecimientos recientes.
–¿Una taza de café? –preguntó con amabilidad Robin. El moreno la miró un poco turbado por haber salido de su trance y acto seguido sonrío débilmente.
–Gracias, Robin-san –contestó educadamente.
–Haber podido escapar no te hace del todo feliz ¿verdad? –comentó con voz suave Robin mientras se sentaba en el suelo del submarino y apoyaba su espalda en la pared. Ace suspiró y la imitó.
–No puedo estar feliz… he dejado demasiada gente atrás –apreta sus puños y baja la cabeza– he perdido a mucha gente importante.
–¿Y eso no resuelve una de tus dudas? –cuestiona Robin y posteriormente se lleva la taza de café humeante a los labios. Ace frunce el ceño.
–¿A que duda te refieres? –pregunta extrañado mirándola directamente a los ojos.
–A la de si deberías haber nacido –el moreno abrió los ojos sorprendido.
–¿Cómo sabes…? –fue interrumpido por la morena que sonrió con ternura.
–Luffy nos ha hablado mucho de ti, te admira y siempre has sido su referente –hace una pausa para dar un sorbo– todo lo que nos explicó me hizo pensar que tu te preguntabas eso. Yo también lo hacía… –suspiró y le dirigió una mirada al pecoso que la observaba expectante– ser considerado un demonio por las personas que te rodean te hace pensar cosas y plantearte tu propia existencia. En mi caso, dejé de planteármelo en cuanto conocí a Luffy a la tripulación… pasé de no tener nada a tener una familia que daría la vida por mí.
–Así que… no somos tan diferentes –comentó Ace pasándose la mano por el cabello.
–En realidad no –rio la morena suavemente– gracias a Luffy y a los demás me di cuenta que es estúpido atormentarme con esas cuestiones existenciales. Al final, la gente que no te quiere te juzgará y querrá que no existas, pero… ¿por qué darle importancia a esas personas cuando tienes muchas otras que te quieren y les partiría el corazón perderte? –dirigió una mirada a su capitán y el pecoso repitió la acción.
–Tienes razón y es algo que tengo que dejar atrás –suspira pesadamente.
–¿Por qué saliste al mar? –preguntó Robin dejando un poco sorprendido a Ace por el cambio tan repentino en la conversación.
–Para sentirme libre y para probar al mundo mi existencia –contestó dubitativo. Robin amplió su sonrisa ante la respuesta del pecoso.
–Algo me dice que, en el fondo, no saliste al mar buscando fama, sino que buscabas la solución a tu pregunta existencial –dijo Robin con calma y esa respuesta hizo que Ace reflexionara al respecto. Quizá tenía razón la morena, pero eso es algo que el pecoso descubriría con el tiempo. Robin se incorporó y colocó una manta sobre los hombros del moreno que miraba cada movimiento atentamente– el único consejo que te puedo dar es que sigas viviendo para poder encontrar la respuesta que llevas buscando tantos años –y dicho esto se marchó hacia la posición donde se encontraban sus amigos para darle espacio a Ace para poder reflexionar ya que sabía que serían momentos difíciles para él.
En el presente…
–¡Se va! –grita exasperado Chopper mientras corre frenéticamente de un lado a otro en busca de más medicinas y aparatos médicos.
–Tienes que hacer algo –brama Nami con nerviosismo.
–Estamos en la peor situación posible… –comenta Franky con impotencia mientras dispara proyectiles al barco que se les acerca por estribor.
–Chopper-san, Zoro-san, Franky-san y yo nos encargaremos de mantener alejados a los enemigos –dijo Brook para intentar tranquilizarlo y que se concentre en su labor.
–¡Si Ares muere, Luffy y los demás no podrán volver y no los veremos nunca más! –Exclama con desesperación Usopp mientras se tira del cabello.
La situación para los mugiwaras del presente no podía ir peor…
Final del capítulo! Espero que les haya gustado y me dejéis muuuchos comentarios que me harían super feliz. Aquí van las notas que quería comentar:
Intentaré actualizar más a menudo esta historia, no quiero que se haga extremadamente larga y aquí es donde entran ustedes. Tengo dos ideas pensadas… acabar la historia cuando los mugiwaras regresen al presente (si regresan muajajaja); o hacerla ligeramente más larga para ver que efectos ha tenido que Ace no muriera en Marineford. Dejadlo en algún comentario, siempre os tengo en cuenta.
Para todos aquellos que no solo seguís esta historia, sino que seguís alguna más de la que he escrito (Destinos cruzados, Pétalos de cerezo en llamas y el Legado de Lancaster D) tengo planeado ponerlas al día estas dos semanas si el tiempo me lo permite. ¡Qué nadie se asuste! No las he dejado de lado.
Por último, estoy planteando borrar la historia de "En la Universidad" por falta de inspiración y demasiada complejidad porque hay demasiados personajes.
Nos leemos en el próximo capítulo. Espero que siga habiendo el feedback que ha tenido esta historia hasta ahora.
