Capítulo 2: Están lloviendo estrellas alrededor de mí t me preguntan, ¿Qué fue de ti?
Un par de pies descalzos recorrían la cocina. Luego caminaron a la sala y justo en el momento en que se iban a subir a sofá corrieron escaleras arriba y entraron en la habitación. La dueña de los pequeños pies descalzos buscaba desesperadamente de dónde provenía el sonido de su celular. Removió la cama aún desarreglada, aparató libros y libretas. Debajo de la cama tampoco estaba. Luego se acordó: después de enviar mensajes toda la noche con Jason, se había metido al baño para darse una ducha, y ahí fue donde le envió el mensaje de "Buenas noches". Estaba tan cansada, que olvidó el celular encima del lavadero. Entró deprisa al baño, justo cuando termino el último acorde de la canción del ton. Maldijo en voz baja cuando vio la pantalla: "Papá… llamada perdida". Se dio una palmada en la frente y procedió a buscar algo que ponerse. Encontró un pantalón ajustado negro, una blusa gris y unos clásicos flats de color azul eléctrico, todo un poco más femenino de lo que acostumbraba. Se apresuró a pasar un peine por su cabello y rojo, tomó el celular, su mochila y salió casi volando su cuarto. Las puertas del garaje se abrieron con la orden del mando en sus llaves. Su nueva moto rocket estaba recargada en una pared. Subió a ella con toda la prisa del mundo. La encendió y escuchó su segundo sonido favorito: el de un motor cuando arranca. Salió de su casa y tomó todos los atajos que le fueron posibles para llegar lo más rápido posible a "Wei Raicing". En la entrada, el mismo guardia que no le había creído la primera vez que estuvo ahí, ahora le abría muy cortésmente la barra para que pasara sin más demora. Hasta él sabía que se le había hecho terriblemente tarde. Atravesó como un rayo la pista de pruebas y aterrizaje hasta que entró al hangar de la Arrow IV. Entró a un vestidor y se puso su propia versión mejorada del uniforme de Alwas y Oban. Ahora la blusa estaba un poco más larga y ajustada a la cintura. Su pantalón lo había llevado por arriba de las rodillas y sus grandes zapatos eran parecidos a unas zapatillas deportivas en color verde. Su atuendo en conjunto, pegado a sus curvas, concedía una buena vista de su privilegiado cuerpo. Si bien, su padre fue el primer opositor al nuevo uniforme, Eva supo usar los términos "aerodinámico" y "movilidad" a su favor, y al final su padre aceptó.
Eva salió del vestidor y buscó con la mirada a cualquier persona del equipo. Su celular volvió a sonar. Esta vez era la divertida cara de Jason haciendo un mohín la que apareció en la pantalla.
-¡Eva!- dijo la voz de Jason al otro lado de la línea- Tu padre comenzará a cortar cabezas si no estás aquí en un minuto.
Eva colgó y salió corriendo a la pista de maniobras donde supuso que estaban todos. Y en efecto, ahí estaba todos. Stan y Kouji estaban revisando la Arrow junto con su equipo de mecánicos. Ellos habían llegado hace un año después de que Miguel se retirará. Don no dudó en ponerlos al mando de todo el equipo, lo cual había traído muchos beneficios, pues nadie conocía a la Arrow mejor que ellos dos.
La torreta de la nave se movía de un lado a otro. Jason ya estaba en ella. Él se había integrado al equipo dos meses después de la carrera de Oban. Él acudió a la petición de Don de buscar un reemplazo para Jordan, y aunque se presentaron muchos, solo Jason, que venía de una academia militar pudo completar las pruebas, y aunque su puntería no era tan perfecta como la del ahora Avatar, todos concluyeron que era sobresaliente y que lo podrán entrenar para perfeccionarlo.
Y junto a la Arrow, con los brazos en jarras y una expresión de enfado total, Don Wei esperaba que Eva estuviera lo suficientemente cerca para comenzar con la reprimenda del día.
-Buenos días a todos- dijo Eva, luego, volteó a ver a su papá con la cabeza baja- Hola papá.
-Trabajar contigo es como trabajar con tu madre otra vez- la chica levantó la cabeza asombrada- Ella también sentía cierto desdén por las reglas. Sin embargo, trataba de cumplirlas, y yo espero lo mismo de ti.
Eva sabía a qué se refería. Don estaba consciente de que ella era de carácter y actitud difícil. Era intrépida y valerosa. Pero también bastante testaruda, y esperaba que eso no irrumpiera en su recién iniciada carrera como corredora profesional.
-Sí papá… te prometo que lo seguiré intentando.
Don Wei vio cómo su hija se alejaba para reunirse con su equipo y bromeaba con el joven artillero. Vaya que su hija era impetuosa y atrevida. Justo como Maia. Y eso le preocupaba. El atrevimiento, la intrepidez, condujo a Maia a esa carrera. Y ahí la perdió. Ese fue el inicio de su desgracia. Pero todo cambió cuando Eva regresó. Eva era la imagen misma de Maia, pero esta vez, Don estaba dispuesto a dar todo de sí para proteger a su hijo. A punto estuvo de perderla una vez y eso no se repetiría.
.Estoy lista, señor- dijo la voz de Eva en el audífono de Don.
-Empieza
La nave se encendió con su característico sonido de los reactores, ese sonido que la hacía sentirse viva y llena de energía. Levantó la Arrow a dos metros del suelo. Esperando la aprobación de Stan para poder avanzar. Ese día, la Arrow despertaba de su descanso forzado de cinco días después de la carrera a la que los nuevos habitantes de Júpiter habían convocado. Esa fue la primera carrera fuera del planeta desde Alwas y Oban. Al principio, Don no estaba convencido de asistir. Pero en vista de que todo el equipo quería ir y todos ofrecían el máximo apoyo, Don no pudo decir que no. Incluso Rick fue. Esa carrera fue la prueba definitiva para el joven Jason y su verdadera capacidad de artillero. La había hecho relativamente bien aunque, claro, si se hubiera encargado de retener a la extraña alienígena para que no los alcanzara, Eva habría tenido tiempo de ver la cerrada curva y la Arrow podría haber conservado la mitad de su reactor derecho. Claro que siendo Eva, siempre tenía algún brillante y arriesgado plan que la llevó al primer lugar. Ahora la Arrow, ya recuperada, esperaba instrucciones de sus mecánicos.
-De acuerdo, Eva. Una vuelta a la pista a velocidad media- indicó Stan mientras Kouji revisaba números en su computadora.
-De acuerdo- Eva presionó el acelerador y giró a la izquierda.
La Arrow parecía pasearse por la pista. No iba a más de cien kilómetros por hora. Dentro de la cabina del conductor, Eva se concentraba en controlar su impulso de acelerar la nave a todo lo que daba. Ya quería sentir esa sensación de libertad y emoción guiadas pos su fabulosa nave de carreras. Una pantalla apareció al costado derecho de Eva.
-Eva ¿Qué tal LA Arrow?
-Igual que antes. Es incluso más ligera- contestó ella con una gran sonrisa. El chico en la pantalla le devolvió la sonrisa.
-¿Crees que algún día me pueda perdonar?
Eva rió, recordando el comentario que hizo cuando concluyó la carrera en Júpiter y habían recogido a la maltrecha Arrow, refiriéndose a que la nave estaba indignada con la acción retrasada de su artillero y que no podría perdonarlo.
-Creo que te dará otra oportunidad.
Eva dio otro giro a la izquierda sin modificar la velocidad. Pasado un minuto, llegó a su posición inicial y regresó la nave al suelo. Kouji se apresuró a conectar su computadora al motor mientras Stan y un grupo de mecánicos abría el reactor derecho para supervisar que no hubiera fallas.
-Todo bien por aquí, señor- indicó Kouji a Don.
-El reactor se encuentra perfecto- dio Stan mientras bajaba del reactor.
Don volteó ver al hombre que estaba a su derecha y que acababa de llegar. Rick saludaba con una mano a Eva, quien había abierto la cabina.
-Buenos días, Don. Disculpa el retraso- saludó Rick cruzado de brazos.
-No hay problema. ¿Tu esposa e hijo?
-Muy bien, Don. Rosalie te envía saludos.
Don asintió con la cabeza y mantuvo su vista al frente. Rick sonrió. Rosalie trabajaba en Wei Raicing como secretaria de Don. Una vez que el equipo Tierra llegó de Oban, Rick accedió a la petición de Don y Eva para que fuera entrenador de los corredores de la empresa, Eva incluida. Ahí había conocido a Rosalie, fiel seguidora de Rick durante el tiempo que estuvo corriendo. Cuando se conocieron, Rosalie concluyó que Rick podía ser demasiado presuntuoso, Rick pensó que Rosalie era vanidosa. Un año después, presuntuosidad y vanidad celebraban su boda en una de las islas del Caribe. Para la carrera en Júpiter, Rick había dejado a su pequeño Logan de un mes esperando en la Tierra para ver a su equipo campeón. Con su pequeño hijo, Rick había recuperado la confianza en sí mismo y las ganas de vivir que en Alwas le habían sido arrebatados.
-De acuerdo ratoncita- dijo Rick cuando tuvo un micrófono por el cual hablarle a Eva- Enciéndela, un reactor a la vez.
La Arrow se volvió a encender y los reactores se activaron uno por uno.
-¿Carta blanca, Don?- preguntó Rick, Don asintió con la cabeza- Listo, ratoncita, otra vuelta de prueba y después toda tuya.
Dentro de la cabina, Eva giró la nave y apretó el acelerador sin ninguna duda, subiendo la velocidad a más de quinientos kilómetros por hora. En menos de diez segundos, la nave regresó a su punto de partida y al ver el pulgar arriba de Stan, viró a ala derecha y salió disparada a la pista de pruebas.
-Bien, Jason. Atento aquí- dijo Eva a la pantalla en su derecha cuando estuvieron en la línea de salida. La pista era enorme. Casi un kilómetro y medio de largo. La pista tenía una temática como el de darle al objetivo, como la carrera en la que corrieron contra Rush del planeta Byrus, combate como la carrera contra Paraíso y unos aros repartidos en toda la pista, como Oban.
La mente de Eva se transportó al Plante Madre y la espectacular Gran Carrera de Oban. Tuvo la sensación de que estaba corriendo la última carrera, en ese sitio lleno de templos, donde el viento y la tierra se mezclaban en el aire. Se vio maniobrando para buscar ese último aro para evitar que Kross la alcanzara. Y adelante de ella, recordó a esa figura montada sobre el poderoso G'dar. La figura que la había extrañado desesperadamente durante dos años. La figura que la había acompañado en sus sueños desde que regresó de Oban. La figura que, sin su permiso, se había adueñado de su corazón. Esa figura…
Un disparo la regresó a la pista. El tiempo había empezado a correr y la misión era supera su arca de 12 aros, 10 kilómetros en dos minutos y 32 segundos y la marca de Jason de 58 objetivos.
La Arrow salió disparada mientras atravesaba el primer aro. Jason abrió fuego ante el avistamiento de los primeros objetivos. Eva viró la Arrow a la izquierda, mientras remataba con otros tres aros y diez objetivos más. Avanzó derecho y lo más rápido posible. Mientras Jason seguía disparando a objetivos. Eva maldijo en vos baja cuando, por la velocidad, no cruzó un aro, y por las reglas no podía regresar. Eva siguió y atravesó dos aros más. Al atravesar una parte de las pista el suelo se baría en pequeños orificios, de donde eran disparadas hacia arriba y a gran velocidad unas esferas de metal que tenían como objetivo entorpecer el vuelo de la Arrow. Si bien un golpe de ellas no significaba ningún daño para la nave, si podía hacer que virara violentamente de un lado a otro e incluso que chocara contra la pared de la pista.
Desde la sala de control, Kouji y Stan monitoreaban en unas enormes pantallas el estado de la Arrow, y todo parecía indicar que el nuevo reactor funcionaba perfectamente. Don y Rick observaban con mucha atención la técnica de Eva y la puntería de Jason, que disparaba a diestra y siniestra para derribar las bolas y evitar que golpearen la Arrow.
Dentro de la nave, Eva movía el manubrio a todas las direcciones en las que por lo menos por un segundo no estuvieran esas poderosas bolas. Una de ellas golpeó el reactor izquierdo, provocando que la nave se desestabilizara, que a su vez provocara que la nave chocara contra otras seis esferas, sin que Eva y Jason pudieran hacer nada. Eva aceleró para salir cuanto antes de aquella horrible trampa. Mientras Jason seguía destrozando objetivos, Eva se concentraba en no dejar pasar ningún aro, aunque en el intento había perdido dos. Eva golpeó el manubrio frustrada.
-Tranquila chica- dijo Jason en la pantalla- terminemos esto como mejor podamos ¿de acuerdo?
-Tienes razón. ¿Listo para la recta final?- preguntó Eva. Jason asintió y Eva apretó el acelerador para acabar con eso de una vez.
Tomó las dos última curvas perfectamente, dándole a Jason un campo de vista perfecto para que rematara los últimos objetivos. Eva estabilizó la nave y frenó en la línea final. Apagó los reactores y regresó al suelo. Con un suspiro abrió su cabina y vio como un grupo de mecánicos dirigidos por Stan se acercaban a la Arrow para hacerle un chequeo. Kouji estaba tecleando en su computadora. A su lado estaba Rick muy sonriente y Don, con una actitud seria, aunque en sus ojos se veía un sentimiento de satisfacción,
-De acuerdo, chicos- dijo Kouji cuando Eva y Jason se encontraron frente a ellos- dos minutos y 29 segundos, superaron la marca de tiempo. Jason…mmm…64 objetivos. Eva…12 aros.
Los chicos se miraron asombrados. Ninguno se imaginaba que les hubiera ido tan bien. Con todo y la distracción que la mente de Eva (no voluntaria) le estuvo jugando en todo el tiempo que duró la prueba, lo había hecho realmente bien. Tal vez tenía que pensar más seguido en eso, al parecer despertaba s espíritu competitivo, o la hacía sentirse más ligera, o era que él la impulsaba a seguir, o tal vez era todo eso junto. La realidad era que la visión de él la hacía sentirse mejor.
-En vista de que la Arrow está bien y ustedes han superado la prueba, creo que fue todo por hoy- concluyó Don con una sonrisa.
-Gracias, señor- Jason saludó como militar, se despidió con la mano de todos y salió corriendo a la entrada de la zona de pistas, donde un auto blanco muy elegante lo estaba esperando.
Desde el auto, Jason le indicó a Eva con los dedos que le hablaría más tarde. Eva levantó el pulgar y lo vio alejarse. Cuando volvió la mirada a su papá, lo vio caminar hacia el gran edificio de Wei Raicing, el único que aún seguía ahí era Rick, que la miraba divertido a través de sus gafas de sol.
-Ve con él, ratoncita- dijo señalando a Don- ha estado un poco preocupado. Tal vez lo puedas ayudar a relajarse.
Eva asintió y salió corriendo para alcanzar a su padre. Cuando lo alcanzó, lo abrazó por la espalda, provocando la sorpresa, un tropiezo y la risa del hombre de traje negro y cabello negro y blanco. Don se volteó para abrazar a su hija por los hombros y caminar juntos a la oficina.
-Vamos papá. Dime que te pasa. Todos estamos de acuerdo en que te preocupa algo- insistió Eva una vez dentro de la oficina de Don, en el último piso del edificio.
La oficina era toda de cristales polarizados, de modo que Don pudiera ver todo lo que pasaba afuera y que nadie lo viera a él. Había varios sillones de color hueso y una bella mesa de centro en madera de cedro. Muchas plantas, cortesía de Eva, hacían que el ambiente en la oficina se sintiera más ligero. El escritorio de Don estaba de espaldas a un enorme ventanal que ofrecía una amplia vista de la ciudad y una parte del frondoso bosque junto al edificio. En el escritorio, aparte de un montonal de papeles, sobresalían tres portarretratos en una esquina junto a la lámpara. En una, una bella mujer de largo cabello rosa, cara tatuada con una franja y una luna, vestida con un ajustado y corto atuendo morado, sonreía a la cámara; en la esquina de la foto se leía "Te amo". En la foto de al lado, una chica de cabello rojo y negro, con el tatuaje de una franja y una estrella, vestida en camisa blanca y una falda corta negra, sentada en el césped, saludaba a la cámara con una mano y una gran sonrisa. En la tercera, la más especial, la mujer del primer retrato y un Don más joven, junto con la versión de Eva en niña sonreían juntos y sin preocupaciones, llenos de la felicidad más pura.
Don, de frente al ventanal, se debatía en decirle o no a su hija acerca de eso que le preocupaba y que no lo había dejado dormir. Don caminó hacia donde estaba Eva y le puso una mano en el hombro.
-No es nada que deba atormentarte, Eva- aseguró Don.
-Me preocupa porque te preocupa a ti- insistió Eva- De verdad, puedes decírmelo, quiero saberlo. No me gusta verte así.
Don suspiró. Vaya que su hija podía usar su poder de convencimiento.
-De acuerdo Eva- Don tomó aire antes de seguir- Ayer por la noche, después de cenar, recibí una llamada. Era el presidente Raymond. Quiere verme mañana para tratar un asunto que él consideró de gran importancia.
-¿Es solo eso? Creo que no veo el porqué de la preocupación- dijo Eva mientras se sentaba en uno de los sillones. Don se situó junto a ella.
-La última vez que un presidente me dijo de un asunto importante, terminamos en Oban y con un humano convertido en Avatar.
Eva sonrió ante la mención de Jordan. Un leve rubor tiñó sus mejillas al recordar su último encuentro. ¿Qué estaría haciendo en ese momento? Probablemente recibiendo lecciones de los creadores.
-Entonces te preocupa que nos involucren en otra cuestión de la galaxia.
-Me preocupa que tú te veas involucrada en lo que sea que tenga que tratar conmigo el presidente Raymond.
-Papá, 9998 años- Don la miró confundido- Digo que faltan 9998 años para la siguiente carrera en Oban. No voy a vivir para verla.
-No pienso que solo sea una carrera. Tal vez sea algo más grande.
Eva se quedó callada. Realmente no podía imaginar que tan grave sería lo que tenía que tratar con el presidente. ¿Es que algo iba a cambiar? ¡No! Su vida desde Oban había sido perfecta... a excepción de eso, claro. Pero estaba bien. Ella y su papá vivían felices. Tenía amigos increíbles, su escuela estaba bien y seguía corriendo en carreras. No podía ser que algo viniera a arruinarlo. Ya no.
-Papá- dijo Eva mientras lo abrazaba- lo que sea, bueno o malo, estamos juntos y lo enfrentaremos juntos, ¿está bien?
-Sí Eva, lo haremos juntos.
Por un rato, padre e hija se mantuvieron abrazados en el sillón, en paz, como siempre debió haber sido. Don Wei aún seguía preocupado, esperando la dichosa llamada, pero tenía la seguridad de que nada cambiaría la vida que llevaba con su hija. Apenas habían recuperado el tiempo perdido; esta vez ninguna dificultad los separaría. Y por sobre todo y contra todo, Eva era lo que más importaba.
-Iniciando transmisión...
Un escáner recorrió el cuerpo de Don Wei en su oficina. Aprovechó la noche para poder platicar con el presidente. Eran las 10 pm. Frente a él se dibujó la figura de un hombre alto, joven y delgado, con cabello negro azulado y piel blanca.
-Buenas noches, Don. Gracias por atender me petición.
-Claro Raymond, aunque me sorprendió. Ahora dime, ¿en qué puedo ayudarte?
-Seré directo. ¿Recuerdas un planeta llamado Nourasia?- preguntó el presidente.
Don tuvo que reprimir un impulso de reír. Inmediatamente pensó en el príncipe Aikka. Vaya que había causado problemas durante las carreras. Eva se había puesto difícil es ese tema. Al parecer, ella confiaba ciegamente en él y se habían hecho de una poderosa amistad, que si bien, a Don no le había parecido prudente, después se había sentido en deuda con él por haber cuidado de Eva en el Templo y haberla regresado sana y salva.
-Sí. Recuerdo a su príncipe de las carreras en Alwas y Oban.
-De acuerdo. Después de eso, ellos rompieron sus tratos con los crogs, y el Avatar intervino para que los crogs salieran de Nourasia, al igual que la Tierra, Byrus y otros varios planetas. Nourasia y Byrus se unieron en una alianza para protegerse entre ellos.
-Es una buena idea- comentó Don con los brazos cruzados.
-Y yo quiero ser parte de ella.- dijo el presidente y Don se sorprendió- Hace dos meses, me entrevisté vía satélite con el rey Lao de Nourasia, y accedió a que visitara su planeta y una vez ahí discutir los términos de una alianza. La cita es mañana misma.
-Creo que es una ingeniosa estrategia, pero o entiendo que tengo que ver yo en todo esto.
-Quiero, o más bien, espero que el rey Lao acceda a enviar un representante de su familia a la Tierra. Y es ahí donde entras tú, y si no es inoportuno, tu hija Eva- Don iba a protestar, pues no quería que Eva se viera involucrada, pero dejó que el presidente terminará- Ambos tienen experiencia tratando con seres de otros planetas, creo que son los adecuados para brindar hospedaje y mostrar algo de nuestra cultura al visitante. Solo si tú estás de acuerdo.
Don cerró los ojos. Así que eso era. Después de todo, no era algo tan grave. Aunque si era un integrante de la familia real, bien podría ser el príncipe Aikka, y eso emocionaría a Eva. Demasiado, tal vez.
-¿Cuánto tiempo?- preguntó Don.
-De una semana a un mes. Entonces Don, ¿accedes?
Don suspiró, y aunque sabía que algo importante iba a pasar, se decidió.
-De acuerdo, Raymond. Puedes contar conmigo y con Eva, haremos lo que podamos.
-Gracias, Don. Llegará mañana en la noche, por la terminal D-6. Tal vez puedas recibirnos- Don asintió- En otro tema, Don, ¿cómo va mi hijo?
-Progresando. Hoy tuvo un muy buen desempeño. Espero que pronto pueda superar con creces nuestras expectativas.
-Perfecto. Eso era todo Don. Te agradezco por el apoyo. Tengo que partir en una hora. Nos comunicaremos mañana.
La imagen del presidente se desvaneció y Don se vio solo en la oficina. No había estado tan mal después de todo. El hombre tomó su maletín y se despidió de la foto de Maia en su escritorio.
-¡Basta Eva! Devuélvemelo.
Alexandra perseguía a Eva, que sostenía en alto el celular de la chica con un mensaje esperando. La habitación de Eva se había convertido en un mini-campamento, lleno de cobijas, almohadas, ropa y comida de todo tipo.
-Hasta que admitas que tienes algo con Harry- decía Eva mientras esquivaba los proyectiles de almohadas que Alexandra lanzaba.
-No tenemos nada, por lo menos aún no- dijo Alexandra sentándose.
Eva se sentó en su cama y le pasó el celular, el cual Alexandra arrebató de sus manos, seguido de una mueca. Eva rió y se movió a donde estaba su amiga, que la recibió con un codazo.
Llevaban planeando la pijamada por más de un mes. Alexandra Oldman era su mejor amiga en la escuela a la que Don la había inscrito. Alexandra era casi tan delgada como Eva, más baja, de color se piel parecido a un ligero bronceado, cabello negro y ojos color miel que destellaban alegría y recato, cosa contraria a Eva, que era más atrevida. Aunque las dos chicas eran muy distintas, se complementaban a la perfección y conseguían ser un dolor de cabeza para quien las provocará. Además, Alexandra era fanática de las carreras y una fiel escucha de todas las historias de Alwas y Oban, cada vez que le pedía a Eva que se las contara. Y por si fuera poco, Alexandra era la única que sabía sobre la razón de los desvelos de Eva, de sus espontáneos suspiros, de que a vece se sintiera triste, de que recorriera los puertos interplanetarios por lo menos una vez a la semana. Sabía quién era el dueño del nombre que estaba escrito en las esquinas de los cuadernos de Eva. Sabía que Eva estaba enloquecida por él, lo había estado desde que lo conoció y los seguía estando dos años después.
-Eva, tengo hambre. ¿Bajamos a tu cocina a buscar algo decente?- dijo Alexandra señalando la comida chatarra.
Eva asintió y juntas bajaron a la cocina. Alexandra se encargó de preparar café mientras Eva cocinaba unos sándwiches asados. Se sentaron en la barra del desayuno a comer su cena y hablar de chicas de la escuela que no toleraban y del apuesto Harry Johnson, que había cautivado a Alexandra
-...y entonces le dije que si quería mi número, se lo daba y así podríamos hablarnos hasta tarde. Entonces me dijo que sí y luego dijo que necesitaría una foto mía para que no se olvidara de mí. ¡Y me tomó diez! Al final me dio un beso en la mejilla y me dijo que era fantástica, ¿puedes creerlo?
Eva negó con la cabeza y rió. Sin duda que ambos acabarían juntos en cualquier momento.
Cuando Alexandra continuó hablando de su segundo encuentro con él, las chicas oyeron que un auto entraba en el garaje de la residencia Wei. Eva fue a servir otra taza de café, pues regularmente eso tomaba cuando llegaba del trabajo. Un vistazo al reloj le hizo darse cuenta de que venía con una hora de retraso.
La puerta se abrió y Don entró junto con su maletín y una expresión seria pero extrañamente alivianada.
-Hola Eva y Alexandra- dijo Don mientras tomaba su taza.
-Hola señor Wei.
-Hola papá. Llegas tarde- hizo notar Eva.
-Sí. Tenía un asunto a tratar, pero ya está resuelto. De hecho, quiero hablar contigo de eso.
Las chicas se miraron entre ellas y Alexandra se puso de pie.
-Los dejo para que hablen. Te espero arriba, Eva.
-No hace falta Alexandra- la detuvo Don- Ahora que lo analizo, tal vez tú también puedas ayudar a Eva con esto.
Don las condujo al sofá de la sala para que pudieran hablar más cómodamente. Los tres llevaban su café en las manos.
-Te dije en la tarde Eva, que el presidente me había pedido comunicación para esta tarde y eso me había preocupado- Eva asintió- El presidente está viajando ahora mismo a Nourasia.
Ante la mención del planeta, Eva casi escupe su café y se atraganta. ¡Nourasia!... ¡Aikka!
-Al parecer la alianza está casi lista y la familia real enviará un representante de su familia como embajador a la Tierra, y el presidente quiere que lo cobijemos en nuestra casa durante su estadía.
Eva apretó con fuerza la mano de Alexandra. Alguien de la familia real. Tenía que ser Aikka. Debía ser él. Seguramente venía a cumplir la promesa que se hicieron cuando se despidieron. ¿Cómo sería ahora? En Alwas, ella lo había considerado bastante guapo. Solo había que ver su rubor las veces que hablaron. Esperaba que él nunca se hubiera percatado de eso. Tal vez ahora era más apuesto y musculoso, e igual de educado. Aunque no sabía cómo lo vería a la cara después del último encuentro con Jordan. Tal vez Aikka lo había visto y no quiso decírselo. ¿Qué tal si Aikka se había ofendido y ahora tenía en su corazón a alguien que no era ella? No. No podía resistir que su motivación, su razón de sentirse ligera, quisiera a alguien más. Tenía que comprobarlo con sus propios ojos.
-¿Cuándo llegarán?- preguntó Eva sintiéndose mareada por todos los pensamientos que la invadieron.
-Mañana mismo- dijo Don levantándose del sillón.
Eva volvió a sentir un vuelco en el corazón. Mañana. Mañana vería a Aikka. Alexandra pudo sentir la emoción emanando de los ojos de Eva, por lo que decidió llevarla arriba para platicar.
-Estaremos en mi cuarto, papá- dijo Eva subiendo las escaleras.
-Sí Eva. Buenas noches a ambas- contestó Don entrando a su estudio.
Las chicas se apresuraron a entrar a la habitación. Alexandra se sentó en la cama viendo como Eva caminaba de un lado a otro con las manos pasándola por su cabello.
-Así que el enamorado vendrá a la Tierra- dijo Alexandra, divertida por el espectáculo en el que se había convertido su amiga.
Eva volteó a verla, ruborizada, y le sacó la lengua.
-No es mi enamorado, Alexandra. Lo aprecio mucho.
Alexandra soltó una sonora carcajada ante la afirmación de Eva y aunque ésta le dijo que se callara, Alexandra seguía riendo. De repente, se paró y abrió la mochila de Eva abandonada en un rincón. Escogió una libreta al azar, y la comenzó a hojear hasta que dio con lo que buscaba en una página, en la siguiente, en tres hojas adelante y muchas otras más, todas marcadas con un extraño símbolo, que por conducto de Eva, Alexandra sabía que era el símbolo nourasiano que el príncipe usaba en su corona, y también el dichoso nombre grabado en las esquinas y los bordes de las páginas. Alexandra le mostró todos, a lo que Eva se mostró indiferente.
-¿Y eso qué?- dijo Eva
-Que es una libreta de nueve- indicó Alexandra- Vamos, Eva, admítelo, sabes que te gusta mucho el príncipe Aikka.
-Yo no dije que no me gustará. Pero gustar y amar son cosas diferentes
-Sí, y las dos tienes- se burló Alexandra dejando de lado la libreta.
Eva la empujó para que cayera a la cama y ambas chicas estuvieron riendo y hablando de una cosa rara que las seguía, llamada amor.
A las tres de la mañana, Eva despertó sobresaltada, empapada en sudor y con el corazón desbocado. La pesadilla verdaderamente la había trastornado. Revisó con la mirada a su alrededor para asegurarse de que había sido un sueño. Alexandra estaba a su lado abrazándola por el abdomen. En la ventana, los rayos de la luna se colaban para iluminar armoniosamente la habitación. Con cuidado, retiró el brazo de Alexandra para levantarse y salió de la habitación. El pasillo estaba tenebrosamente oscuro. Después de su aventura en el Templo del Corazón, la oscuridad la intimidaba. En la habitación de enfrente, un hilo de luz blanca se escapaba por debajo de la puerta. Eva sonrió y supo que su papá ya estaba dormido, pues no podía dormir sin su lámpara de luz blanca. Tranquilamente regresó a su habitación y se acostó. Cerró los ojos, suplicando a su cerebro que no volviera a repetir las imágenes de G'dar dejando en sus brazos a Aikka, horriblemente herido y deshidratado, ni las imágenes de Canaletto atacándolo.
Pero, todos esos sentimientos, la angustia, el dolor y de vez en cuando la alegría, ¿significaban amor? Ella lo creía un gran amigo, se había encariñado fuertemente con él. Era su amigo. Pero... también le atraía. Pero atracción tampoco es amor. Entonces, ¿qué sentía por él? ¿Por qué estaba tan ansiosa por verlo? ¿Por qué aún sentía cosquillas y escalofríos ante su mención? Complicado...
El auto se movía ligero por la terminal D-6. Don se mantenía quieto y serio, mientras Eva se removía ansiosa en su asiento. A las ocho de la noche, el presidente Raymond había contactado con Don Wei para avisarle que toda había salido a la perfección y que un nourasiano de la familia real lo acompañaba a la Tierra, y que arribarían al planeta en dos o tres horas. Puesto que el puerto interplanetario estaba a una hora de distancia de casa, Don decidió salir cuanto antes. Pero no pudieron debido a que Eva cambió tres veces su atuendo hasta que luciera perfecta para encontrarse con Aikka. Por fin, se decidió por unos jeans ajustados, un suéter blanco entallado con el cuello alto, una chaqueta de cuero negra y unas bonitas botas rojas altas, era más o menos su estilo. Con el cambio de ropa, salieron una hora después de lo previsto, y Don odiaba llegar tarde a cualquier sitio. Suponiendo que era alguien de una familia noble, Don decidió llevar una de las grandes limusinas negras de Wei Raicing, de color negro.
Cerca de media hora antes de la llegada del presidente, la limusina se detuvo frente a la enorme explanada de casi un kilómetro de largo que era la terminal D-6. Don y Eva bajaron del automóvil para esperar la llegada de la nave. Don se sentó en una de las bancas que había ahí, pero Eva no pudo mantenerse quieta. Caminando en círculos, mirando al cielo a cada minuto y sintiendo que su corazón se oprimía, no era fácil conservar la calma. La noche cada vez se oscurecía más.
Don estaba a punto de regañar a Eva y obligarla a estarse quieta cuando otra limusina aparcó junto a la suya, al tiempo que varios autos de diferentes dependencias del gobierno se estacionaban. Varios hombres en trajes y muchos cuerpos de seguridad se acercaron a la zona donde llegaría la nave. Policías comenzaron a cercar la zona. Un hombre vestido de negro y en gafas se acercó a Don y Eva.
-¿Don Wei y Eva Wei?- preguntó en una grave voz.
-Claro que sí- contestó Don en su tono altanero que usaba cuando alguien lo desafiaba. Eva solo asintió.
El hombre sonrió y se retiró a otro lugar con las demás personas. Don se volvió molesto hacia el frente de la plataforma.
-Mucha seguridad, ¿eh?- preguntó Eva sarcástica.
-Debe haberla- confirmó Don- es el presidente con un representante de la familia real nourasiana. No quieren ningún altercado.
Eva asintió y se mantuvo al lado de su padre moviendo los pies para controlar su impaciencia.
Pasados unos diez minutos y cuando todos parecían estar impacientes, un destello en el cielo provocó que todos voltearan hacia arriba. El destello se hizo pequeño en el cielo hasta desaparecer y todos se prepararon para el pronto arribo de la nave.
Eva sintió que todo su interior se contraía. Su corazón no latía así desde sus últimas carreras. Tal vez Aikka ya estaba sobre su planeta. Después de dos años por fin lo vería, el cumpliría su promesa. El chico que le ¿gustaba? ¿Amaba?, no estaba segura, pero él estaba ahí.
Unos minutos más tarde, el estruendo de unos poderosos propulsores resonó por todo el puerto. Una nave metálica y más alta que el edificio de Wei Raicing descendía lentamente. Unos aparatos parecidos a unas garras se preparaban para sujetar la nave cuando estuviera cerca de la plataforma. Con el viento que esto generaba, Eva agradeció haber llevado un suéter. Un tumulto de personas se reunió detrás del cerco que los policías habían construido.
Por fin, la nave atracó, los propulsores se apagaron y la nave quedó en posición para que los pasajeros bajaran. Las enormes puertas bajaron y todas las personas dentro del cerco se reunieron en frente para recibir al presidente y al nourasiano. Eva ya casi no podía contener las ganas de arrojarse a la nave y buscar por su propia cuenta.
Una oleada de aplausos se hizo sonar cuando un hombre comenzó a caminar por la rampa de la nave. El presidente saludaba con la mano a las personas atrás del cerco. Se apresuró a estrechar manos con los integrantes del gobierno y se reunió con Don y Eva.
-Don, que alegría verte. De nuevo, gracias por tu apoyo.
-Hola Raymond. Descuida, es un placer para nosotros.
El presidente le tendió la mano a Eva, que se la estrechó con amabilidad.
-¿Y el... mmm... visitante?- preguntó Eva tronándose los dedos.
-Pidió un momento para prepararse, supongo que serán unos minu...
El presidente no acabó la frase, pues una ovación sonó en toda la plataforma. Eva casi se paralizó. Un personaje con las características de un nourasiano descendía, aunque a la distancia en la que estaba, no podía distinguir claramente quien era. Pudo ver que vestía de blanco con detalles cafés y mangas completas, no como las de Aikka. Cuando estuvo más cerca y a la completa visión de Eva, su alma cayó al piso.
No era Aikka.
El visitante nourasiano era una mujer. Notaba ahora su largo cabello negro. Su vestidura era un vestido que se ceñía en su cintura. Llevaba el cuello alto y una delicada corona dorada, parecida a la que usaba Aikka.
El presidente fue a reunirse con ella, la tomó de la mano y la presentó a todos los asistentes.
-Caballeros, señoritas- empezó a decir el presidente con la mano aún sujeta de la chica- ante ustedes, la princesa Amina de Nourasia.
La princesa hizo una delicada reverencia y cuando se levantó, fijó sus ojos en Eva. ¿Princesa? ¿Es que acaso Aikka tenía hermanas? La idea le resultó tierna, pero sin esperárselo, otra idea abrumadora pasó por su mente. Había otra forma de ser princesa.
Eva sintió como el color abandonaba su rostro. La princesa Amina era bonita y agraciada. Se veía de finos modales. Era una chica adecuada para un príncipe. Eva de pronto se sintió mareada y se sujetó al brazo de su padre.
-...y por último- dijo el presidente- le presentó a Don y Eva Wei, quienes la acogerán en su casa
-¿Eva? Había escuchado que la llamaban Molly- comentó la princesa.
-Es Eva. Molly fue solo un nombre temporal.
-Ya veo. Mi querido príncipe Aikka envía a ambos sus más cordiales saludos.
Eva se ruborizó y miró a los verdes ojos de la princesa. ¿Mi querido príncipe? Vaya que eso podía significar varias cosas. Eva sintió emerger dentro de ella una sensación curiosa. De repente, se dio cuenta de que la princesa Amina no iba a ser alguien con quien pudiera establecer una relación de confianza, porque no sabía qué relación tenía con Aikka, y eso la hacía sentir... algo como... celos.
¡Hola! He vuelto con el segundo capítulo que, por cierto, me encantó. Gracias a aquellos que se tomaron el tiempo para leer mi historia. ¡Los amo!
Mystic Demoness 4Eva: Infinitas gracias por leer esto y dejar tu comentario. Me ilusiono mucho que lectores de inglés me estén leyendo. Realmente intenté escribir el capítulo con palabras que el traductor de Google pudiera traducir fielmente. Tal vez en alguna ocasión cuando la terminé pueda traducirla, lo que pasa es que no sé hablar y escribir completamente en inglés, pero haré el esfuerzo. De nuevo gracias por leer y me alegra que te haya gustado.
Molly: Gracias por el review. Yo también amo la pareja, aunque me desesperan. Por favor, no dejes de leer.
Espero hayan disfrutado en el capítulo. Nos vemos como de dos a tres semanas. ¡Los amo de aquí a Nourasia!
P.D.: El título de la canción del primer capítulo es "Llorar" de Camila. ¡Adivinen el de este capítulo!
