Capítulo 3: Todo se desvaneció, de repente ya cambió.

"Tal vez Amina ya ha llegado a la Tierra. ¿Quién la habrá recibido?" Se preguntaba Aikka mientras observaba las aguas cristalinas del agua. Desde que su hermana se había ido se sentía nervioso y no pudo conciliar el sueño cuando estuvo en su recámara, por lo que decidió despertar a G'dar para que lo llevara la lago, que estaba alejado del palacio. Si bien G'dar protestó ante la interrupción de su descanso, llevó a su jinete a donde este se lo pidió y en el mayor silencio posible.

Ahora G'dar reanudaba su sueño junto a un grupo de árboles mientras Aikka pensaba en lo que estaba sucediendo en la Tierra.

Sekai y Nuram recorrían su camino para verse como todas las noches. Dichosas ellas que cada noche se encontraban.

Amina había prometido que regresaría a Molly, que volvería a darle su felicidad. Aikka hubiera querido creer en lo que su hermana le había dicho, pero conocía las imposibilidades que conllevaba unir a dos personas que se amaban cuando eran de dos mundos completamente diferentes... ¡Ahí estaba! Claro, él la amaba. Desde la primera vez que la vio, su sarcasmo, su actitud, su energía, la manera en la que se levantaba de la derrota, toda ella, lo había atrapado. Él estaba enamorado de Molly. Lo estuvo desde el primer día en Alwas. Por eso sufrió tanto cuando rompió su promesa, porque su amor (aunque en ese momento no supiera que lo era) lo había traicionado, y por esa misma razón fue que la pudo perdonar. Por eso sintió una estocada en el corazón cuando Kross lo obligó a derribarla, por eso se sintió morir cuando Molly perdió la fe en él y le dijo en la cara lo que pensaba. Porque la amaba, decidió dejar de lado por un momento su honor y su deber, porque ella defendía lo que creía correcto. Él mismo debía empezar a hacerlo. Pero como todo, había impedimentos.

Sabiendo que donde estaba, nadie lo vería ni lo oiría, comenzó a sacarse la ropa hasta que quedó con el torso desnudo y una prenda parecida a un bóxer, pero más holgado. Acto seguido, se arrojó al lago. El agua estaba fría, pero no tanto como para un corazón adolorido. Para Aikka no había cosa más relajante que nadar, estaba en su elemento. Cuando salió a la superficie, las gotas de agua recorrían su rostro, aunque dos de ellas no provenían del agua del lago.

-Vaya que tu caso es desesperado- una voz sacó a Aikka de la ensoñación que tenía observando las lunas Sekai y Nuram.

Luka caminaba hacia la orilla. Iba vestido con su ropa del día y, extrañamente, llevaba sus sandalias en la mano, por lo que sus pies crujían contra la vegetación del piso. Aikka salió del agua y se sentó en la orilla.

-¿De donde vienes, hermano?- preguntó una vez que Luka se sentó a su lado.

Luka volteó a verlo con una expresión mezclada de sarcasmo y dolor.

-¡Ah, claro!- dijo Aikka al recordar la "situación" de su hermano.

Los chicos, con los pies sumergidos en el lago, permanecieron en silencio unos minutos, y aún sin decirse palabra, entendían lo que sentía el otro.

Unos pasos detrás de ellos los alarmó y saltaron de donde estaban para ponerse en una posición defensiva, pero se relajaron cuando de entre los árboles una figura delgada emergió caminando con la vista posada en Luka y Aikka. Detrás de ella, otra figura armada con arco y flechas se detuvo en los árboles.

-Madre, ¿qué hace aquí?- preguntó Luka.

-No he podido dormir desde que mi hija se fue. Decidí consolarme con mis amados príncipes, pero la única que estaba en su habitación dormida era Laila. Tuve mis sospechas, así que llamé a un guardia para que se cerciorará de que G'dar estuviese en su guarida, y no estaba. Entonces supe que Aikka estaría aquí.

Aikka dio una risita al verse atrapado por su madre mientras se vestía.

-Pero lo que no comprendo es en donde estabas tú, mi querido Luka- continuó la reina acariciando la mejilla de su hijo mayor.

-Madre, yo...- empezó Luka- no sé como explicarte.

-Yo me retiraré madre. Dejaré a G'dar para que el guardia los lleve en él al palacio- dijo Aikka a su madre.

-¡No!- gritó Luka, luego se aclaró la voz- quiero decir, que si nuestra madre quiere saber lo que hago, me gustaría que estuvieras aquí para escucharlo, si a ella no le importa.

-Aikka, quédate con nosotros- indicó la reina Nuri.

Aikka asintió y fue a reunirse con ellos. Sabía que para Luka sería difícil explicar lo que tenía que decir. Tal vez la fría noche con las dos bellas lunas y el lago que se mantenía impasible podrían ayudar a que el corazón de Luka pudiera liberarse.

SSSSSSSSS

Los humanos eran unas criaturas muy curiosas. En algunas cosas se parecían a los nourasianos, pero en otras eran tan diferentes. Su cabellos, su piel, sus ojos y hasta sus vestiduras. Todo era tan diferente y ajeno a lo que ella conocía que se maravilló de la más mínima cosa.

Incluso esa curiosa máquina negra y alargada en la que ahora viajaba era todo un espectáculo. Los asientos eran muy suaves y era como si se movieran solos y livianos. Podía ver lo ventana los curiosos paisajes que atravesaban en camino a la residencia Wei.

Molly o Eva Wei se había dormido minutos después de salir del puerto y ahora descansaba tranquila sobre las piernas de su padre.

La noche en la Tierra era muy bonita, fascinante, con su única luna. Los humanos tenían una vista privilegiada del cielo, aunque no se vieran tan bien las estrellas.

Amina comenzaba a sentirse cansada, los párpados le pesaban. De manera sorpresiva, Amina fue deslumbrada por una serie de luces que venían del exterior del auto. Cuando volteó a ver que eran los destellos, descubrió unas enormes estructuras rectangulares, negras y muy altas, adornadas con luces amarillas y blancas, aunque había algunas construcciones más pequeñas.

-Don edificios, princesa Amina- comentó Don al ver el rostro maravillado de la chica- Ahí viven o trabajan los humanos.

-Son construcciones muy curiosas- contestó ella con una sonrisa.

Un sonido se hizo sonar en todo el auto. Amina vio como Don Wei luchaba por sacar algo de su bolsillo izquierdo para no que Eva no se despertará. Amina observó con asombro un aparato cuadrado, de donde venía el sonido y que brillaba con una luz blanca. Don deslizó el dedo por aquel extraño objeto y se lo puso al oído.

-Don... Estoy regresando del puerto... ¿Qué el edificio qué?... ¿Y dónde estabas?... ¿Y las naves?... Espera- Don tapó con una mano el objeto y se dirigió a la princesa- Su majestad, ¿le importaría hacer una parada antes de llegar a casa? Me ha surgido un contratiempo.

-No señor Wei, adelante- contestó ella sonriendo.

-Gracias- Don volvió a hablar a la caja- Estaré ahí en cinco minutos. Notifica al conductor.

El señor Wei guardó de nuevo su aparato y comenzó a sacudir suavemente a Eva para que se despertara. La chica abrió un ojo y comenzó a estirarse en las piernas de su papá. Lenta y perezosamente se sentó y observó a su alrededor.

-¿Qué? ¿Ya llegamos?- preguntó observando por la ventana.

-No. Iremos a Wei Racing- contestó Don fríamente.

-¿Porqué?- preguntó Eva mientras miraba de reojo a la princesa.

-Al parecer, alguien entró sin autorización al hangar de las naves y...

-¡Mi Arrow! ¿Está bien? ¿Se la robaron?- gritó Eva a su padre, provocando el sobresalto de Amina.

-Nos enteraremos ahora. Hemos llegado.

El auto atravesó al entrada del edificio, pasó por la zona de pruebas y se dirigió al hangar, donde un grupo de patrullas estaba estacionado. La limusina aparcó junto a ellos y Don bajó rápidamente de ella. Eva iba a seguirlo, pero se detuvo al recordar que la princesa estaba con ellos y podrías parecer descortés dejarla esperando en el auto. Pero tenía que asegurarse de que su nave estaba bien.

-Princesa Amina...mmm... ¿Quiere bajar del auto o prefiere esperar a que regresemos?

-Esperaré, no es mi intención ser un molestia en este problema- contestó la princesa educadamente.

Eva asintió y salió del auto. Su padre conversaba acaloradamente con alguien de la seguridad del edificio y con unos policías.

En la puerta del hangar, Stan y Kouji le hacían señas con la mano para que se acercara. Eva corrió hasta donde estaban y los abrazó para saludarlos. Kouji le indicó que los policías les habían pedido que revisaran las cinco naves que estaban ahí, pero que hicieran un examen exhaustivo a la Arrow para asegurarse de que quien había entrado no hubiera hecho daño a la nave.

-Entonces puedo intentar encenderla y dar una vuelta para asegurarme- se ofreció la joven piloto.

-Ni hablar- dijo Don mientras se acercaba seguido de un oficial- Si ha sido alterada, podría haber problemas en cuanto la encendieras.

Eva pudo ver el miedo en los ojos de su padre al decir esa frase. Comprendió que le preocupaba que sucediera algo como otra explosión que terminara en una tragedia como la de sus dos primeros y mejores pilotos. Don quedaría devastado si algo le sucedía a Eva. Definitivamente no se arriesgaría a esa clase de dolor otra vez.

-Lo siento señor, pero tampoco podemos dejarla aquí. Si tiene un dispositivo explosivo podría afectar al resto de las naves. Tenemos que sacarla de aquí- dijo Stan, preocupado.

-¿Y cómo planean hacerlo?- dijo Don cada vez más exaltado.

-Podríamos usar el piloto automático- sugirió Eva.

-No, tendríamos que encenderla y también puede ser peligroso- aseguró Stan con la mano en la barbilla.

-Tal vez podríamos hacer que otra nave remolcara a la Arrow a la zona de pruebas y subirla a una grúa para alejarla lo más posible- propuso Eva de nuevo, comenzando a desesperarse- y la revisamos en una zona apartada.

-Puede ser igualmente peligroso- afirmó Kouji negando con la cabeza- y registrarla aquí también supone un riesgo.

El silencio se hizo presente en todos los que estaban ahí, y aunque era casi de madrugada, el sueño había sido sustituido por una tormentosa preocupación acerca del riesgo al que la Arrow IV, las demás naves e incluso ellos mismos se estaban exponiendo. Y los más peligroso, era que tal vez el tiempo estaba en su contra.

SSSSSSSS

Una expresión de profunda melancolía había ensombrecido el delicado rostro de la reina Nuri. Su corazón latía deprisa y estaba nerviosa.

-Lu...Luka, hijo mío- dijo la reina con lágrimas en los ojos- si fuera por mí, no habría permitido que lo supieras.

-Madre, yo hubiera preferido que me lo hubiera dicho antes de que todo se hubiera complicado- dijo Luka sujetándole las manos- pero ya lo sé y ahora entiendo muchas cosas. Por favor, no se angustie.

La reina Nuri tomó a Luka por los hombros y lo estrechó contra su pecho, y aunque era más alto que ella, Luka se dejó envolver por los brazos de su madre, y tampoco él pudo tolerar tener que seguir soportando esa carga de dolor, y cayó al suelo de rodillas con el rostro empapado en lágrimas silenciosas y con la frente apoyada en le vientre de su madre, mientras ella le acariciaba tiernamente el cabellos mientras ellas lloraba, porque ella misma también se sentía liberada.

Recargado en un árbol, Aikka se encontraba tenso y confuso. La escena que ante sus ojos se estaba desarrollando era desconcertante. Lo que Luka acababa de decir fue algo que no se esperaba. Claro que había tenido sus sospechas cuando Luka le habló de una conversación entre él y el maestro Canaan. Pero escuchar que era verdad, fue devastador.

Tantos años de haber vivido con él y ahora se suponía que no era... Bueno, aún lo sería, pero no se sentía igual.

Aikka decidió que lo mejor era dejar que Luka y su madre tuvieran un rato a solas para que en caso de que necesitaran hablar más, pudieran hacerlo a sus anchas. Buscó la mirada de su madre y cuando la encontró, notó con preocupación sus ojos ligeramente hinchados y la profunda tristeza que estos revelaban. Su madre asintió, comprendiendo lo que Aikka pretendía y volvió a bajar la mirada a Luka que, aunque había cesado de llorar, su cuerpo todavía sufría ligeras convulsiones.

Aikka tomó su flecha que había abandonado en el suelo y se dirigió al castillo, no sin antes darle la instrucción al guardia que los acompañaba de no dejarlos solos, llevarlos en G'dar cuando ellos lo vieran conveniente, y lo más importante, no mencionar ni una palabra de lo que había oído y visto.

Aikka caminó a paso lento hacia el castillo, iluminado por enormes antorchas colocadas en puntos estratégicos. Estaba un poco lejos como para que las antorchas iluminaran su camino, por lo que le susurró unas palabras a su mano para que apareciera una esfera de luz que iluminara el trayecto a la puerta principal del palacio.

Un recuerdo llegó a su mente, cuando vio la esfera encendida. Él, angustiado, montado en G'dar, buscando la recién derribada Arrow. Sintió una pesadez en el corazón al recordar el grito de Molly cuando perdió el control de la nave. Aikka había perdido de vista el lugar donde había caído Molly, y se sintió como un perfecto idiota cuando buscaba en las oscuras grutas y no encontraba rastro de la joven piloto y el artillero. Pero bueno, se las arreglaron para regresar sin su ayuda, justo a tiempo para revelar al verdad del Premio Máximo.

Aikka se detuvo ante la puerta del palacio. Dos guardias salieron a su encuentro y llevaron una rodilla al suelo cuando estuvieron frente a él. El príncipe asintió con la cabeza y se apresuró a entrar al enorme patio lleno de árboles muy altos y flores coloridas y aromáticas, que por las sombras de la noche daban un aspecto tétrico al mismo.

Al llegar a la puerta del salón principal, notó que a pesar de que era muy tarde, las luces seguían encendidas y había personas dentro. Por un momento, supuso que tal vez Luka y su madre ya habían llegado, pero descartó la idea al recordar que no había oído llegar a G'dar.

Con cierta precaución, tocó a la puerta para que los guardias le abrieran.

-Príncipe Aikka, anunció uno de los guardias en el interior del salón, una vez que estuvo dentro del recibidor principal.

Sus ojos se abrieron en señal de sorpresa cuando, junto a su padre en el trono, distinguió a un nourasiano casi tan grande como el rey, ataviado de ropas blancas y con una enorme barba que cubrías sus largas orejas. A su lado, una nourasiana joven, de su edad, con la cara delgada, ojos azules como el mar y cabellos castaño con rizos muy bien definidos, miraba a Aikka con una mirada llena de emoción y una sonrisa larga y ansiosa. La chica tenía una figura parecida a la de Amina, aunque con menos curvas "favorecedoras".

Aikka decidió caminar hacia el trono y saludar a su padre, sabiendo que este le presentaría a las visitas.

-Majestad, padre- dijo Aikka llevando una rodilla al suelo cuando estuvo al frente del rey Lao.

-De pie, hijo mío. Quiero que conozcas a mi primo, hijo de la hermana de mi abuelo el rey Raku.

-Mi nombre es Sikar, príncipe Aikka- dijo el enorme nourasiano reverenciándose ante el joven príncipe- y ella es mi hija Cairen.

La muchacha también se reverenció con gestos de una nourasiana de familia noble. Cuando estuvo recta, sonrió a Aikka de una manera que él interpretó como coqueta.

Definitivamente, la señorita Cairen era bella, joven y atractiva. Tal vez...

-Bienvenidos al palacio real- dijo Aikka con un ademán.

La nourasiana se sonrojó y provocó que Aikka se sintiera incómodo, aunque ninguno de los otros dos presentes pareció notarlo, pues comenzaron a charlar de su gran familia y de la gran sabiduría del rey Raku, de quien Aikka había oído hablar innumerables veces en sus lecciones de política. Al parecer, había sido uno de los mejores reyes que Nourasia había conocido. Podría ser que algún día fuera como él.

El rey Lao invitó al noble Sikar a recorrer el palacio para buscar un cuarto para él y uno para la joven Cairen.

-Aikka, hijo mío, acompaña a Cairen a su habitación e índica los horarios del palacio.

-Así lo haré padre. Buenas noches- luego se dirigió a la chica que no paraba de sonreír- Sígame por favor- dijo Aikka mientras le tendía un brazo para conducirla a las habitaciones.

La chica tomó el brazo de Aikka y sus mejillas se tiñeron de carmín cuando rozó con su mano los musculosos brazos del príncipe. Aikka fingió no darse cuenta del color de la cara de Cairen y comenzó a guiarla a la habitación para huéspedes que se encontraba a un lado de la ahora abandonada habitación de Amina.

-Una dama vendrá a buscarla en la mañana para llevarla a desayunar- indicó Aikka una vez que llegaron a la habitación con una bella puerta verde y dorada.

Aikka susurró unas palabras y las puertas se abrieron y un artefacto parecido a una lámpara que despedía luz se encendió, revelando un acogedor cuarto. Había una cama con telas verdes de espalda a un gigantesco ventanal, por donde ambas lunas podían verse en todo su esplendor. Un ropero precioso de madera se encontraba en una pared a la derecha de la cama, y a la izquierda un tocador que contaba con un prominente espejo reflejaba a la joven Cairen, quien ya había entrado para explorar su brillante habitación de tonos verde esmeralda.

-Espero que sea de su agrado, señorita Cairen- dijo Aikka

-Es precioso, gracias majestad- contestó Cairen con una reverencia- Perdone mi atrevimiento príncipe, pero ¿se siente bien? Lo noto un poco pálido.

-Sí, sí claro. Estoy cansado, es solo eso- respondió Aikka sorprendido por la pregunta de Cairen- Ahora mismo me retiro. Si desea algo, toque la campana que está en el tocador.

Aikka hizo una reverencia y Cairen contestó con el mismo gesto. El príncipe salió y las puertas se cerraron dejando a Cairen sola, en medio de la habitación y con una curiosa sensación.

El príncipe Aikka. Joven, atractivo y... Bueno, era un príncipe. No es que su papá le hubiera dicho específicamente a que se debía la repentina visita al palacio, pero se lo podía imaginar perfectamente. Entrar sin nada, sin fortuna, sin madre, sin suerte. No salir jamás y conseguir que el heredero del trono nourasiano se fijase en en ella, o ese era el plan. Y es que si no lo lograba, su familia se hundiría, ella se hundiría. Todo se acabaría. Claro que estaba dispuesta a hacer lo que sea para no irse a la ruina. Cuando su mamá murió, le había dicho que hiciera lo que pudiera para ser feliz. Que aquella que necesitara para alcanzar su felicidad, debía de conseguirse con esfuerzo y algunos sacrificios, pero al final, todo tenía su recompensa. Tal vez era a esto a lo que se refería.

Cairen caminó hasta el enorme ventanal y observó un rato como se cruzaban las lunas. Era increíble como la vista cambiaba en el palacio. Si tan solo hubiera un balcón... Sí, ahí estaba, una discreta puerta junto a los cristales, que daba a una impresionante terraza de color blanco con gruesos pilares al final. El viento que corría le alborotaba sus finos cabellos castaños. Era precioso, magnífico. Cairen llegó hasta el final de la terraza para admirar la bellas vista que se extendía ante sus ojos, un frondoso bosque con árboles de inmensas ramas. Más allá, las imponentes montañas se alzaban majestuosas, como gigantes negros en la noche. El viento siseaba como si le susurrara secretos al oído. Por momentos, parecía como si las corrientes del viento sollozaran.

-Vaya, que extraño- dijo Cairen al notar el peculiar sonido en el aire.

Bueno, no era común oír que el aire llorara. Cairen comenzó a caminar por la terraza buscando de donde provenía el sonido de los sollozos. Miró a las terrazas de la derecha y las vio todas oscuras. Buscó en las de la izquierda y descubrió que la penúltima terraza tenía a alguien recargado en el pilar y el rostro pegado en sus rodillas. Cairen se escondió detrás de un pilar, por miedo a verse como una entrometida. Pero ese chico estaba llorando, era obvio. Su llanto estaba viajando por el viento y ahora sentía que le oprimía el corazón. Cairen cerró sus ojos y llevó a su mente a identificar a ese joven. Sus orejas se levantaron y comenzaron a vibrar, emitiendo una serie de ondas que buscaban llegar al muchacho en la terraza. Y aunque llegaron a él, no pudo distinguir quien era. Solo sintió un corazón oprimido, ahogado en dolor, como si lo hubieran noqueado. Claro que Cairen conocía el sentimiento. La chica asomó la cabeza por detrás del pilar y vio detenidamente al chico. Se parecía a Aikka. Iba peinado de la misma forma y usaban ropas similares.

Cuando estaba con el príncipe, pudo distinguir que tenía un aura de tristeza y preocupación, algo le estaba molestando. Quizá ya no pudo resistirlo y ahora sus sentimientos estaban siendo externados.

Cairen decidió que había visto suficiente y ya era momento de entrar a la habitación y dejar a quien sea que estuviese ahí. Cairen podía apostar lo que sea que aquel chico era Aikka.

Cuando se vio acostada, envuelta es sus suaves cobijas color verde esmeralda, recordó la imagen del pobre chico sentado en el suelo, ahogándose en su dolor. Y sintió un abrasador sentimiento de lástima y compasión.

-La tristeza es siempre opcional- se dijo a sí misma antes de quedarse profundamente dormida.

SSSSSSSSSS

La curiosa máquina negra flotante no se había movido de su lugar durante varios minutos, y ella comenzaba a sentir como el sueño la invadía, obligándola a cerrar los ojos unos segundos y abrirlos abruptamente por temor a la descortesía que pudiera parecer que le encontrasen dormida.

Afuera, muchas luces rojas y azules brillaban siguiendo un curioso ritmo. Las luces venían de unas máquinas parecidas a la máquina en la que ella estaba. Unos hombres hablaban con Don Wei, y Molly o Eva acababa de entrar a un edificio con puertas gigantescas. Después de otros varios minutos, vio la expresión de Don Wei. Preocupación y miedo. Entonces supo que debía ayudar a resolver lo que sea que pasara. Su madre se lo había recomendado y era momento de ponerlo en práctica. El problema era que la máquina estaba cerrada y no sabía como salir.

Buscó con la mirada y se percató de que había un hombre sentado al frente. No había dicho nada en todo el viaje, por lo que no se percató de su presencia.

-Disculpe, buen hombre- dijo Amina tocando el hombro del humano y éste so volvió rápidamente hacia ella.

-¿En qué le puedo servir, princesa?- preguntó él muy amablemente.

- Quiero salir a respirar un poco de aire fresco. ¿Me puede abrir?

El hombre dudó un poco, pero al final bajó de la máquina y abrió una puerta junto a Amina. Le tendió la mano y la ayudó a bajar. Amina se dio el tiempo para respirar el fresco aire de la Tierra, no tan frío como el de Nourasia. Que estrellas tan bellas se observaban desde ese espacio abierto. Era hermoso el contraste del cielo negro bañado de titilantes puntos blancos.

-¿Qué es ese edificio?- preguntó Amina al hombre que le había abierto la puerta.

-El hangar de naves de Wei Racing- contestó el muy seguro.

Amina asintió, aunque no había entendido muy bien lo que el hombre había dicho. Observó como Don Wei caminaba hacia el interior del edificio. Amina decidió seguirlo, pero el hombre intentó detenerla.

-Princesa Amina, recomiendo que esperemos aquí a Don Wei.

-No se preocupe, no molestaré, quiero ayudarlos.

Amina siguió su camino hasta la puerta del hangar y se colocó atrás de las paredes para enterarse de lo que se hablaba. Si su padre viera que estaba escuchando sin permiso, probablemente recibiría una terrible reprimenda. Pero ahora no importaba, ella debía ayudar.

El silencio se había hecho presente en las personas que estaban dentro del hangar. Y Amina sabía lo que tenía que hacer.

-Disculpen, creo que puedo ayudarlos- dijo ella entrando en el edificio, provocando que todas las miradas se fijaran en la princesa.

-Su majestad, perdón por hacerla esperar- dijo Don- pero no es conveniente que esté aquí. Daré órdenes al chofer para que la lleve a nuestra casa lo más pronto posible.

-No será necesario. Perdonen mi imprudencia, pero creo que puedo ayudarlos si así me lo permiten.

Eva se acercó al oído de su padre y le dijo algo. Don suspiró.

-Está bien su majestad. Aceptamos su ayuda. Pero por favor, no se vea obligada a hacer esto- reiteró Don.

-Es un placer y lo hago en gratitud por su hospitalidad. ¿Podrían indicarme que es lo que debo buscar en la nave?

-¿Usted va a buscar?- preguntó Eva. Amina asintió.

-Está bien- dijo Kouji- debe ser algo que no parezca propio del sistema de la nave.

-¿Cómo un intruso?- cuestionó Amina.

-Sí, algo como eso. Probablemente esté muy escondido- aseguró Stan.

La princesa volvió a asentir con la cabeza y ante la expectación de todos los presentes, caminó hasta el centro del hangar, donde se encontró rodeada por naves de carreras.

-Hay que revisarlas todas, su majestad- indicó Kouji.

Amina sonrió y cerró los ojos. Dio un largo suspiro y cuando los abrió, dijo unas palabras que hicieron que a Eva le brincara el corazón lleno de recuerdos.

-Um Sekai Nuram tekaar.

La princesa extendió su brazo y abrió la mano hacia la imponente nave negra con adornos azules fosforescentes, la Arrow IV.

En la palma de Amina se hizo una esfera de luz azul. Todos ahí se encontraban boquiabiertos de ver como una energía fluían por el cuerpo de Amina y se concentraba en su mano. Eva recordó que muchas veces había visto algo parecido.

De pronto, Amina lanzó la esfera hacia la Arrow, y cuando chocó contra ella, se expandió como una piel alrededor de la nave. Amina giró sobre sus talones y cada vez que una nueva esfera se formaba, la lanzaba contra cada una de las cinco naves, hasta que todas se vieron envueltas en una piel azul. Amina dejó de hacer esferas y todo su brazo se pintó de azul. Don Wei se sentía impresionado por esta forma de "ayudar" de la princesa.

Amina tocó la Arrow y la energía comenzó a fluir entre ambas. Ella tenía los ojos cerrados y respiraba lentamente. Eva hacía tronar sus dedos en señal de nerviosismo.

Unos segundos después, la capa azul que envolvía la Arrow se contrajo nuevamente en forma de esfera y se abalanzó sobre el cuerpo de Amina, introduciéndose en su pecho.

-Esta no tiene nada. Está perfecta.

Eva soltó el aire que no sabía que retenía cuando escuchó a Amina decir que su querida Arrow estaba bien.

Amina continuó revisando las naves una por una y todas las capas volvieron a su cuerpo.

Cuando llegó a la última nave, una pequeña y que parecía que aún no se terminaba de construir, pasó algo.

Amina se separó bruscamente de la nave y la esfera que se produjo, en lugar de azul brillante, se volvió de rojo intenso, no volvió al cuerpo de Amina y se mantuvo flotando sobre la nave.

-Esta no es normal. Tiene algo raro- dijo Amina señalando la nave.

Stan y Kouji se apresuraron a revisar la nave, estando protegidos por un aura azul que Amina les había colocado.

-¿Qué nave es esa? No la había visto- preguntó Don, preocupado.

- Es "The Witch", señor. Un proyecto en el que Stan y yo trabajamos- dijo Kouji abriendo el motor.

-¡La encontré!- gritó Stan sacando un pequeño objeto negro y redondo, con un punto rojo en el centro. Amina lo observó detenidamente. Era curioso como ese pequeño objeto tuviera una energía que sentía familiar, como si alguien se la hubiera dejado impregnada; incluso, podría jurar que era de Aikka, aunque eso fuera totalmente imposible, porque en primer lugar, él se encontraba a miles de años luz, en segundo lugar, Aikka sería incapaz de querer hacer daño a alguien y de una forma tan deshonesta, y en tercer lugar, había otra energía que no reconocía. Era extraña, extrañamente vivaz y enérgica, pero estaba asustada. Curioso.

-¿Pero qué cosa es eso?- dijo Don, furioso por tener que pasar esa situación.

- Un evaporador, señor. Conectado a los controles de la nave. En cuanto se encendiera, se desintegraría- dijo Stan, revisando el aparato- pero si no está conectado a nada, no es ningún peligro.

-¿Quién querría poner un evaporador en una nave que aún no está lista- preguntó Eva acercándose a Stan para ver el aparato.

-Mañana revisaremos las cámaras de seguridad. No pudo hacer ningún movimiento sin ser grabado- concluyó Don.

Todos asintieron y después de que Amina les asegurara de que no había nada más en todo el hangar, salieron y aseguraron todo el edificio.

Una vez en la limusina y habiendo mandado a todos a casa, Don aprovechó para agradecer a Amina, que ya estaba instalada en el auto con una sonrisa un tanto diferente.

-Señor Wei, mi misión en la Tierra es representar a Nourasia como lo que es, una planeta que se aliara con el suyo para ayudarse mutuamente. Vengo a aprender y a instruir. Así que para mí, es un deber y un honor brindar mi apoyo en lo que se necesite- contestó ella con ademanes propios de la princesa más educada.

Eva, que tenía la cabeza recargada en el hombro de su padre, miró a la princesa con agradecimiento por haber ayudado a asegurar las naves, y esta le regresó la mirada. Pero en el fondo, justo en el estómago, un sentimiento de celos seguía floreciendo rápidamente.

Encantadora, hermosa, servicial, fina. ¿Qué otra cosa se podría pedir para un príncipe? ¿Qué más podía esperar Aikka de alguien? Amina era simplemente perfecta. Eva no lo era.

SSSSSSSS

Cerca de las dos de la mañana, la limusina negra se estacionó frente a la residencia Wei. Una casa blanca de dos pisos, con una terraza enorme y de paredes de cristal, con un jardín lleno de bellas flores cerradas por acción de la luna y toda pintada de color hueso.

La puerta del auto se abrió. Eva, más dormida que despierta, bajo torpemente, seguida de Don Wei, que una vez afuera tendió la mano a Amina para ayudarla a bajar. Don abrió la casa mientras Amina la observaba detenidamente por fuera, en especial el jardín, en el cual se agachó para tocar cuidadosamente una flor roja, con pétalos pegados uno sobre el otro y que despedía un aroma que jamás había olido.

-Es una rosa, princesa Amina- dijo Don desde le pórtico por el cual Eva acababa de desaparecer- muy apreciadas en la Tierra.

Amina sonrió y se puso de pie para seguir a Don hacia el interior de la casa. Detrás de ella, el chofer cargaba unas bolsas en las que Amina llevaba su equipaje.

Si la Tierra había sido sorprendente, una casa humana fue toda una novedad. Desde el sofá, el televisor y hasta la tetera fue todo un descubrimiento y durante la siguiente media hora, Eva pasó resolviendo dudas de los objetos que se encontraban en la casa.

-... y en ella puedes ver...mmm... programas o series, ¿lo entiende?- dijo Eva terminando de explicar la dinámica de la televisión.

-Creo que no lo suficiente, pero no se moleste en seguir explicándome Eva. La veo cansada y, ciertamente, yo lo estoy.

-Su habitación está lista, princesa. Junto a la de Eva. Ella puede conducirla- dijo Don entrando en la sala.

-Gracias, señor Wei.

-Buenas noches papá- dijo Eva dándole un abrazo y un beso en la mejilla- Sígame su majestad.

-Buenas noches, señor Wei- dijo Amina subiendo las escaleras detrás de Eva.

Mientras avanzaban, reflexionaba acerca del hermoso espectáculo que había presenciado. No podía existir un amor más puro como el de un padre a un hijo. Debajo de esa máscara de elegancia y frialdad que caracterizaba a Don Wei, Amina pudo descubrir a un hombre cariñoso y que amaba entrañablemente a su hija, y ella le demostraba lo mismo.

En Nourasia, no se le habría permitido ser tan efusivo. Aunque amaba a sus padres y a veces tenía ganas de demostrárselos abiertamente, ese mismo recato era su manera forzada de decirles que los apreciaba. Ahora se sentía sola sin ellos y sin sus queridos hermanos.

-Esta es su habitación princesa- dijo Eva sacando de sus pensamientos a Amina- se abre girando el picaporte y junto a la puerta hay un interruptor que activa la iluminación.

Amina entró y observó la habitación por un momento. Era cerca de 15 veces más pequeña que su cuarto real, aunque para un humano pareciera bastante espaciosa.

-Su equipaje lo puede acomodar en el ropero, aunque si lo prefiere, en la mañana puedo ayudarla a desempacar.

-Preferiría su ayuda, si no es molestia- dijo Amina.

-De acuerdo. La cama está lista para que descanse. Si prefiera las cortinas abiertas, oprima esta botón. El botón junto a la puerta también apaga los focos. ¿Quisiera tomar un baño?

-No gracias. Quisiera descansar. Creo que entendí lo que me dijo. El botón junto a la puerta para la iluminación, el botón junto a la ventana para abrir las cortinas y una cama lista- enumeró Amina con sus delgados dedos.

-Así es. Creo que me retiro princesa. Pase buena noche. Si me necesita, toque en la puerta de al lado- dijo Eva al tiempo que se despedía agitando la mano y saliendo del cuarto.

Eva se apresuró a entrar a su cuarto, y una vez adentro, casi sin pensarlo, abrió la boca como para gritar, luego la cerró bruscamente y pateó el suelo, como en una rabieta e hizo sonidos extraños con la garganta, como protestando.

Sin esperárselo, las lágrimas saltaron de sus ojos, desesperadas al sentirse traicionadas. Ella tomó una de las almohadas y la proyectó con toda la fuerza que su brazo de piloto le permitía hacia la pared ele cuarto vecino.

Cuando la almohada rebotó de nuevo a la cama, Eva se abalanzó y enterró la cara en ella para que absorbiera las lágrimas. Un puño chocó una y otra vez contra las cobijas.

Cuando las lágrimas pararon, Eva se sentó en la cama, dio una gran bocanada de aire y comenzó a sacarse la ropa y quitarse los piercings.

-Vamos Eva- decía la tiempo que se ponía la pijama- Ella no te quitó nada. Además, ni siquiera lo amas.

Claro que no. Ella no amaba a Aikka. El jamás la amaría a ella. Lo obvio es que Aikka quisiera a alguien refinada, amable, con modales y femenina, una princesa. Justo como Amina. Aikka, claro, había encontrado lo que necesitaba.

"Mi querido príncipe Aikka". La frase de la princesa había suficiente para darse cuenta de la realidad.

¿Cuándo se habrían casado? Después de todo, Aikka era relativamente joven. Un año nourasiano podía ser un poco más que un año terrestre. ¿Habría sido una gran ceremonia? Vaya, ni siquiera conocía las costumbres de Nourasia. ¿Porqué no la habría invitado o por lo manos avisado?

-¡Eva! No seas tonta- se dijo a sí misma- después de dos años y con todo lo que pasaron, tal vez haya decidido olvidar.

¿Pero si envió saludos? Entonces no se había olvidado por completo.

-¡Basta, estúpidos pensamientos!- dijo en voz alta y se tapó rápidamente la boca.

Sopló hacia su fleco para apartarlo de su frente y se aventó sobre su almohada. Se tapó con la cobija hasta el pecho, sacó un brazo, y con un último suspiro, cayó rendida al sueño, sin sospechar que del otro lado, una nourasiana que había captado todo el espectáculo con sus orejas sensoriales sonreía satisfecha, mientras se iba dormir, de que su plan se había vuelto una realidad. Ya no importaba si entrometerse era correcto. El amor lo era y eso bastaba.

Bueno, después del abandono de más de un mes y de terminar mis horribles exámenes, aquí les tengo el capítulo tres. De nuevo muchas gracias a quienes me están leyendo y me tienen paciencia.

Meggie992: Gracias por tus bonitos comentarios. De hecho, a Aikka jamás lo imaginé como hijo único, pero va a haber lago especial en ese asunto se los hermanos. En el próximo capítulo, te doy una descripción de Jason, tú no te preocupes.

Ojalá disfruten estas fiestas decembrinas y les deseo un feliz año 2015. Nos vemos el próximo año.

P.D.: La canción del capítulo anterior es "Lloviendo estrellas" de Cristian Castro. La de este capítulo es "Por siempre tu amistad" de Mijares para la película de "El Dorado".