Capítulo 4: La duda en sentimiento transformada

Luka observaba la expectación en los ojso de su hermano, que se había puesto muy tenso desde que el Avatar había aparecido

para darle uh mensaje.

Aikka no sabía que hacer ni como sentirse. El día, de hecho, había comenzado esplendoroso. El sol de Nourasia calentaba el planeta de manera perfecta. No había demasiado calor y el viento que soplaba no era muy frío. El pueblo de Nourasia estaba muy animado y todo parecía ir por excelente camino. Incluso en el tema de Molly, Aikka parecía sopesar las esperanzas que existían.

Pero todo eso desapareció cuando el Avatar, o Jordan, hizo acto de presencia en la sala del trono, frente al rey Lao.

-Exijo la presencia del príncipe Aikka- había dicho el Avatar.

Los guardias lo habían buscado por todo el castillo hasta que lo encontraron en una lejana habitación haciendo meditació le informaron acerca de lo que pasaba, Aikka sintió nacer dentro de él el espíritu competitivo que sentí cuando hablaba con Jordan. En definitiva, aún no olvidaba que le había disparado en Alwas, cómo trató de convencer a Molly que era un aliado de los krogs. Los momentos de relativa paz fueron contados y muy esporádicos.

Aikka entró en la habitación del trono y casi se fue de espaldas cuando vio la extraña e imponente forma de Avatar que había adquirido Jordan. No podía ver su rostro; se veía como algo negro debajo de un turbante morado, solo alcanzando a ver sus ojos. Usaba una túnica morada adornada con hilos dorados y con el nuevo símbolo del Avatar al centro, que tenía forma de una pera, con tres pequeños círculos concéntricos y cuatro ramificaciones terminadas en espiral, mismos que se parecían a las ramificaciones de luz que salían de la espalda de Jordan. Y considerando que durante las carreras era de la misma estatura que Aikka, ahora era cerca de seis veces más alto.

-Hijo mío- habló el rey Lao- muestra tus respetos al amo de la galaxia.

Aikka creyó ver que los ojos del Avatar se empequeñecían, como si hubiera sonreído. Con un suspiro y una bien disimulada sensación de molestia, llevó una rodilla al suelo, bajó la cabeza y dijo solemnemente:

-Gran Avatar, sea bienvenido a Nourasia. Somos sus humildes servidores.

-Príncipe Aikka- dijo Jordan con una voz gruesa y que resonó en toda el salón- Haz sido convocado a la Revancha de la Gran Carrera de Oban, en celebración del aniversario de 13 mil millones de años del nacimiento del planeta Madre Oban. Todos los planetas que compitieron en la pre-selección están obligados a competir en esta nueva carrera.

Aikka levantó la mirada al Avatar y un conjunto de emociones se arremolinaron en su corazón. ¿Cómo sentirse respecto a un evento que había confrontado los cimientos emocionales que había creído fuertes? No sólo arriesgó su propia vida. se jugó su honor y su deber. Casi le cuesta el trono. Pero durante esas carreras, también aprendió a ser fuerte. Comprendió lo que realmente significaba la lealtad. Aprendió a escucharse a sí mismo y lo que el creía correcto. Reconoció sus ideales y decidió seguirlos. Pero, por sobre todo, conoció el amor. Lo encontró en una enérgica humana. Una humana fuerte, decidida y que confió en él antes de que aprendiera a confiar en sí mismo. Y el final lo había hecho sentirse vacío y solo. Todo aparentaba ser más sencillo cuando estaba con ella. ¿Qué podía esperarse de una nueva carrera? ¿Qué tendría que enseñarle este nuevo desafío?

-¿Absolutamente todos los planetas que concursaron hace dos años competirán ahora?- preguntó Aikka poniéndose de pie.

Jordan no contestó inmediatamente, y cuando habló se dirigió el rey:

-Rey Lao. Necesito un momento a solas para hablar con el príncipe Aikka.

El rey asintió e indicó a todos los guardias que salieran del salón. Él se puso de pie, se reverenció ante el Avatar y salió del salón sin mirar a Aikka, que lo siguió con la vista hasta que las puertas estuvieron cerradas. El príncipe giró la cabeza para hablar con el Avatar, pero ya no encontró a la figura omnipotente y resplandeciente del amo de la galaxia. En su lugar, había un chico de cabello bicolor y ojos castaños recargado de uno de los pilares junto a la ventana, por la cual entraba una cálida luz que iluminaba todo el salón.

-Sí, todos deberán participar- dijo Jordan sin ninguna emoción en su voz- sé lo que piensas. Y la respuesta es: claro. Molly también está obligada a participar.

-¿Y el Imperio Krog?

-No perderían una oportunidad así. Estoy seguro de que enviarán a su representante.

-Jordan, ¿no crees que intentarán tomar venganza por la caída de Kross?

-Claro que lo pensé. Y lo voy a considerar cuando los ordene por grupos.

-Supongo que alejarás a Molly de mí.

Jordan se separó del pilar y quedó de frente a Aikka y se miraron, desafiantes. Jordan sonrió.

-Nada me tranquilizaría más, Aikka, te lo aseguro. Pero estoy consiente que eres de los pocos que se preocupan en protegerla.

-¿Qué quieres decir?

-Ella es mi prioridad. Pero yo no puedo intervenir en el resultado ni en la integridad de los concursantes. Pero tú sí. Sé que te interesa tanto como a mí, por lo que no dejarías que le sucediera nada.

-Quieres que la proteja en tu lugar- sentenció Aikka caminando hacia la ventana- Es decir que me pondrás en el mismo grupo que ella.

-Puedes tener la esperanza de eso. Pero Rush, de tu planeta aliado Byrus, incluso Espíritu, se han ofrecido a cuidarla- añadió Jordan.

-Puedes escoger a quien quieras, Jordan. Pero sabes que nadie la cuidará mejor de lo que yo podría hacerlo- Replicó Aikka con un tono retador que ni él mismo se había escuchado.

-Eso lo veremos- dijo Jordan, desafiante

Tocaron a la puerta del salón y Aikka habló para que las puertas se abrieran. Había un guardia del otro lado.

-Perdone la intromisión, majestad, pero el rey Lao quiere saber si ya ha terminado su charla con el gran Avatar.

Aikka giró para ver a Jordan, y se encontró con que ya había regresado a su forma de Avatar, gigantesco e impresionante.

-Hemos terminado- anunció Jordan con voz fuerte.

El guardia asintió y salió. Unos segundos después, el rey Lao entraba con expresión de curiosidad.

-Rey Lao, es momento de que me retire- indicó Jordan, luego se dirigió a Aikka- Esté preparado, príncipe Aikka. Podrá llevar toda la compañía que desee. un módulo vendrá por usted en siete lunas.

-Una cosa más- dijo Aikka-¿lo considerará?

-Lo consideraré- conestó el Avatar, antes de desaparecer en un destello de luz dorada.

Incluso seis horas después, en su habitación y con la compañía de Luka, Aikka se sentía consternado por las palabras de Jordan. Tal vez no lo había admitido, pero si Jordan quería que protegiera a Molly, era porque le preocupaba que algo pasara. Aikka tenía la sospecha de que se relacionaba con los krogs, pues se comentaba en varios planetas que los habitantes del Imperio Krog aún se sentía ofendidos e iracundos por la caída de su líder Kross en la última carrera, haciendo responsable a la Tierra de su propia decadencia.

-No creerás que intenten matarla, ¿o sí?- preguntó Luka adivinando los pensamientos de Aikka.

-Yo... no lo sé. Esas criaturas no sienten piedad.

-Me consta- dijo Luka mientras se le ensombrecía la mirada.

Aikka lo miró y un viejo sentimiento que no había experimentado en casi dos años, renació. Culpabilidad. Sin esperárselo, recordó el espantoso escenario con el que se encontró cuando estuvo de regreso en Nourasia. No sólo Dahl, la ciudad sagrada, había sido tomada, sino todo el pequeño planeta. La familia real, es decir, el rey, la reina y sus tres hermanos habían sido confinados a una zona del palacio, sin poder comunicarse con nadie en el exterior. Informado por los guardias, Aikka no tuvo más opción que esconderse en su propio planeta y enviar a Canaan de nuevo a Oban, para solicitar la ayuda del Avatar. Jordan no tardó relativamente nada en acudir a Nourasia. Tras una simple orden y una amenaza, los krogs liberaron el planeta y a la familia real, no sin antes asegurar que el conflicto aún no había terminado. Si bien. el rey Lao y la reina Nuri parecían estar tranquilos, sus tres hermanos, sobre todo Amina y Laila, estaban desconcertados y totalmente traumatizados. Amina había desarrollado terror por la zona del palacio donde estuvo cautiva y Laila había declarado su odio gigantesco a los krogs y no se cansaba de repetir que algún día se vengaría. Y Luka, antes jovial y alegre, se había vuelto taciturno y hasta desconfiado, seguro de que no podía confiar en cualquiera. Aikka incluso sintió que Luka tenía cierto rencor hacia él, aunque este lo negara. Aikka sabía que si su familia había vivido semejante trauma, había sido por culpa de él mismo, por haberse negado a cumplir con los acuerdos establecidos por los krogs. Tal vez por eso aún no se atrevía a seguir completamente sus instintos y forjar sus propios ideales. Porque una vez lo intentó y el precio por ellos lo pagaron los seres a los que más quería. Sufrieron totalmente por su culpa. Y nada le aseguaraba que la historia no se repetiría si intentaba ser liberal otra vez.

-Luka, ¿vendrás conmigo a la carrera?- preguntó Aikka después de un alrgo silencio.

-Claro que iré. Quiero comprobar con mis propios ojos si es cierto lo que se decía.

-¿De qué hablas?- cuestionó Aikka.

-Que, sin contar a Kross y Sul, fuiste el mejor piloto.

-Eso lo dice el pueblo de Nourasia porque yo era su representante, pero la verdad es que Molly fue mejor. Ella ganó.

-Porque la ayudaste- replicó Luka.

-Tenía que hacerlo, yo no podía ser Avatar.

-Sí, ya conozco la historia, pero ahora que la galaxia no está en manos del resultado de una carrera, tal vez está vez si podrías esforzarte al máximo.

-Si Molly compite, será difícil, pero prometo que G'dar y yo haremos lo que mejor sabemos hacer.

-¿Perder por una humana bonita? Ya no, por favor.

Luka y Aikka rieron tontamente, como no lo habían hecho en bastante tiempo, y se sintieron relajados.

-¿Crees que Amina asista?- preguntó Luka.

-Espero que sí. Por lo visto, su visita terminará antes de lo que tenía planeado.

-¿Ya viene Amina?- preguntó una dulce y pequeña voz.

Laila se asomaba a la habitaciión de su hermano, ansiosa de escuchar que Amina volvería a su lado.

-Ven aquí- dijo Luka extendiendo los brazos como para dar un abrazo. Laila corrió, atorándose un par de veces con su vestido- Estoy seguro de que pronto la veremos. Tú confía, ¿me lo prometes?

-Prometido- contestó ella levantando su infantil y delicada mano, subiendo sus ojos llenos de esperanza a sus hermanos, unos ojos que, pensó Aikka, pudieron haber perdido su brillo angelical porque el se rehusó a seguir instrucciones.

Era difícil decidir entre lo que todos decían que estaba bien y lo que su corazón le decía que era lo correcto. Había intentado seguir cada una de las dos opciones, pero al final, alguien a quien él amaba resultaba lastimado. ¿Cuál se suponí entonces que era el camino para la felicidad de todos?

SSSSSSSSS

Jordan, después de visitar el penúltimo planeta, lucía pálido en su forma humana. Eso había sido intenso. Bueno, sabía que los krogs estaban enojados, pero jamás se imaginó con que intensidad. Todos y cada uno de los miembros del gobierno del Imperio Krog lo acusaron de no ser imparcial. Ellos creían que el Avatar había apoyado de manera preferencial a la Tierra, teniendo los antecedentes de su repudio a los krogs durante las carreras y su participación en la eliminación de Kross.

Cuando les notificó su obligación de participar en la carrera, todos enfurecieron y gritaron un sinfín de injurias. Jordan no tuvo más remedio que lanzar una onda expansiva de poder para acallar las acusaciones. Todos guardaron silencio, pero uno de ellos, el que había tomado el lugar de Kross se encaró al Avatar.

-Yo, el general Kronos, competiré en la revancha de la carrera de Oban y haré que los responsables paguen por la caída de Kross. Y Nourasia, por traicionar los acuerdos, también recibirá lo justo.

-Suficiente- dijo el Avatar- He escuchado bastantes amenazas. Saben que no pueden atentar contra la vida de algún competidor- terminó de decir el Avatar realmente enojado. Su voz había subido varios niveles de intensidad.

-No habrá necesidad. Ellos se destruirán solos- sentenció Kronos saliendo de la sala en donde estaba.

Jordan miró al resto de los krogs que se encontraban ahí, y todos y cada uno lo observaban con furia abrasadora.

-Siete días- les dijo el Avatar para después desaparecer en su destello dorado.

Apareció unos segundos más tarde en su nave, ubicada fuera de la órbita del planeta.

Vio, receloso, por un momento el planeta de los krogs, e inmediatamente bajó la vista a la lista de planetas que le quedaban por visitar.

-Byrus, ya. Nourasia, ya. Imperio Krog, ya. Solo queda...- un brillo recorrió sus ojos castaños en su forma humana, consecuencia de la emoción que la situación le provocaba- la Tierra.

La nave giró para ponerse en posición y salió disparada, dejando como rastro su brillo dorado resplandeciente.

SSSSSSSSSS

No recordaba lo bello que se veía su planeta azul desde el espacio. Esa esfera que giraba y giraba, como si no fuera a parar nunca, contenía toda una vida de recuerdos y sueños, mismo que tuvieron que ser cancelados por la nueva obligación que había adquirido. Pero él había prometido no reprocharse nada, pues, como se lo había dicho a Molly, esa había sido su decisión, producto de la necesidad de querer hacer algo verdaderamente grande con su existencia.

Jordan, en su forma humana, dejó escapar una lágrima al verse de regreso en casa, una lágrima que contenía los sentimientos que guardó durante dos años.

En el centro de su cuarto había un gran espejo sobre una mesa, regalo de los Creadores. Jordan lo comparó con una grabación en vivo. Así, él podía buscar el lugar más apropiado para aparecer y dar su mensaje.

Después de buscar un rato decidió que la sala de conferencias del presidente sería lo más adecuado, pues justo en ese momento, el presidente (que no conocía) se encontraba en una junta con altos mandatarios. Con un suspiro, pensó en volverse el Avatar y al instante ya era la gran figura que regía la galaxia. Antes de desaparecer, sonrió para sus adentros al pensar en lo que iba a hacer cuando la tarea de la convocatoria a la carrera estuviera terminada.

SSSSSSSSSSS

La limusina negra recorría la larga y transitada calle que llevaba a Wei Racing. Lo que normalmente era un viaje d minutos, ya había consumido 25 minutos y Eva comenzaba a sentir que las paredes se le iban encima.

-...entonces fui al lugar que me había dicho y tenía una cena con velas y una orquesta esperándome, ¿puedes creerlo?- Alexandra había parloteado todo el camino su encuentro con Harry, que la había invitado la noche anterior a una cita. Para cuando Harry la regresó a su casa, ya eran una acaramelada pareja.

-Lo que no puedo creer, Alexa, es que lleves conociéndolo unos días y de repente son novios- dijo Eva con los brazos cruzados.

-A veces, solo unas palabras bastan para saber que ese es el ser con el que quieres pasar toda tu vida- intervino Amina.

-Claro, gracias Amina. Vamos, Eva. Es como lo que sentiste cuando...-Alexa no terminó la frase porque recibió un codazo de Eva- ¿Pero qué...? ¡Ah! Lo siento. Bueno, ya sabes de que hablo.

-Eres una calamidad- dijo Eva negando con la cabeza.

-No seas tan dura con ella, Eva. ¿Acaso tú no haz sentido algo como eso?- preguntó Amina, mirando de reojo a Alexa.

-No, bueno, sí, algo parecido. La verdad es que no lo sé, tal vez en algún momento- contestó Eva con la mirada perdida en el cielo.

Ninguna de las tres dijo nada en lo que quedó del viaje, aunque las miradas de complicidad entre Amina y Alexa se posaron más de una vez en Eva, que seguía distraída.

Por fin, después de otros diez minutos, la limusina entraba en el edificio y atravesaba la zona de pruebas para estacionarse frente al hangar. Antes de bajar, Eva se aseguró de que Don no estuviera ahí, pues no tenía ganas de dar alguna clase de explicación a su retraso. Al percatarse de que Don no estaba ahí y los únicos que la esperaban eran Rick, Stan y Kouji, Eva bajó tranquilamente y le encargó al chófer que buscara algún sitio en la zona de pistas para que la princesa Amina y Alexa pudieran ver todo el entrenamiento. Se despidió de las chicas y corrió hacia el hangar.

Casi se va de espaldas cuando vio que no solo eran sus amigos los que estaban en el hangar, sino también un grupo de jóvenes que revisaban las naves, se probaban guantes y uno que otro se aseguraba un casco. Y recargado de la Arrow IV, Jason observaba a Eva con diversión.

-Rick- dijo la chica dirigiéndose al hombre con un micrófono en el oído- ¿Me perdí de algo?

-Lo olvidaste, ratoncita. Por órdenes de Don, hoy hay una carrera de prueba entre todos los corredores de Wei Racing.

-¡Es cierto!- dijo Eva dándose una palmada en la frente- ¿Cuánto tiempo tengo?

-Cinco minutos y contando- dijo Rick para todos en el hangar y salió hacia la zona de pruebas.

Eva corrió al vestidor y pasó saludando a Jason, que no pudo reprimir una carcajada.

En un tiempo récord, Eva salió del vestidor con su atuendo de carreras. Jason seguía en el mismo lugar, con la misma diversión.

-Podrías haber revisado la nave en lugar de estar holgazaneando.

-Lo hice, dos veces. En serio, Eva, un piloto era lo único que nos faltaba- dijo Jason señalando la nave.

-Muy gracioso. ¿Qué tal si dejas de hablar con mi nave y entras a la torreta?

Jason guiñó un ojo al tiempo que levantaba un pulgar. Luego abrió la compuerta posterior de la Arrow que llevaba a la torreta.

Un equipo de mecánicos había puesto una escalera para que Eva pudiera subir. Ella se ajustó sus guantes y subió las escaleras hacia la cabina del conductor. Eva observó que todos los conductores estaban ya listos en sus naves. Frente a ella, había una chica de cabello rubio natural, corto del lado derecho y largo del lado izquierdo. Se llamaba Zoe y era la única de todos los competidores que no tenía artillero. Ella controlaba la nave y los cañones. Su nave era de un estridente color naranja. Casi nunca entablaba alguna palabra con ella. Y siempre era un dolor de cabeza en las carreras porque era muy agresiva.

Más allá reconoció a los hermanos Trevor y Thomas, ambos artilleros del piloto Robert, en una nave pintada con flamas.

También estaban la piloto Allison y su artillero-novio Mark. En otra nave Merabet y su artillera Doreen.Y por último la piloto Sara y su artillera Katy.

A todos los conocía, y sabía que todos tenían el deseo de poder vencer a Eva en una carrera, pues ella siempre terminaba ganando, por mucho que intentaran tomarla por sorpresa.

Pero, sinceramente, ya no había nada que no hubiera aprendido y visto en las carreras de Oban. Sorpresa, ataque, alianzas. Casi todo lo que había que saber de las carreras la habían forzado a poner a prueba en esas carreras verdaderamente feroces. Había pocas cosas que la pudieran sorprender.

Rick regresó al hangar y con una señal con su mano, les indicó a los seis pilotos que encendieran las naves.

Las naves se encendieron al mismo tiempo, y el sonido de los motores rugiendo despertó en cada uno de los pilotos el espíritu competitivo.

-Eva- dijo Jason a través de la pantalla lateral- arrasemos con todos, chica.

Rick hizo otra seña y las naves comenzaron a salir. El desfile de las naves se veía muy curioso. Todas las naves tenías más o menos la misma forma, pero la diversidad de colores ayudaban a identificar la personalidad del piloto.

El conjunto de seis naves se acomodó en la línea de salida. Eva buscó con la mirada a Alexa y Amina. Las encontró en las gradas, platicaban y a veces la señalaban. Eva pensó que Alexa había congeniado muy rápido con Amina. Prefirió ignorar eso, pues no quería que la distrajera.

Decidió que era mejor buscar a su papá, que generalmente observaba ese tipo de carreras desde las gradas.

Y, en efecto, ahí estaba, junto con una comitiva de veinte personas, todas vestidas de negro. Había una mota de color que no podía distinguir a quien pertenecía desde donde estaba. Pero a quien sí pudo notar, fue al inconfundible presidente Raymond. ¿Pero qué estaba haciendo ahí?

-Jason- dijo activando su pantalla para ver al chico- ¿Qué hace tu papá aquí?

-¿Qué? ¿En dónde está?- preguntó él.

-Arriba en las gradas. Hay alguien más con él y mi papá.

-Te juro que no tengo idea. Me dijo que tenía un conferencia importante- contestó Jason encogiéndose de hombros- Que no te distraiga, Eva. Ten la mente puesta en la carrera.

-¿Con Alexa, la princesita, mi papá y tu papá, el gran presidente, observándome? Sí, será sencillo- dijo Eva irónicamente.

Jason negó con la cabeza y cerró la pantalla.

Eva decidió hacerle caso a Jason y concentrarse en la pista. Con un trayecto de 3 kilómetros por vuelta y un total de diez vueltas, era la carrera más larga que se hacía en Wei Racing, y al ser larga, cualquier resultado podía cambiar de un momento a otro.

El semáforo de carreras se posicionó en rojo. Las naves se alzaron y guardaron las ruedas.

El semáforo pasó de amarillo y algunas naves hicieron rugir al motor. "Esta carrera es tuya, Molly". Eva se sobresaltó. ¿De dónde vino eso? El audio con Jason y su papá, incluso con Rick, estaba apagado. Esa voz... conocía esa voz. Nadie la llamaba Molly desde hace dos años, solo...solo...

El semáforo pasó a verde, y mientras todas la naves salían disparadas, la Arrow se quedó flotando en la línea de salida.

SSSSSSSSSSSSS

Durante diez minutos en el auto, el sonido de las sirenas le había parecido casi siguientes veinte minutos fueron suficientes para recordar que podía llegar a ser un fuerte dolor de cabeza.

-¿Es necesaria tanta seguridad?- preguntó.

-Sí, Avatar, no queremos que le pasé algo durante su estancia en su propio planeta.

-Ahora no soy el Avatar. Sólo Jordan, presidente Raymond, por favor- dijo el chico.

-Es difícil acostumbrarse, Jordan. Pero es un gran honor que vinieras en persona a extendernos tu invitación.

-Extrañaba mi planeta. Tenía que aprovechar la oportunidad. Además, usaré la visita para ver a mis padres y a mi antiguo equipo de carreras.

-Cuenta con cualquier automóvil de gobierno para su uso.

Jordan asintió y se dedicó a mirar los paisajes de la Tierra que tanto había extrañado y que ahora le resultaban extraños.

Pasaron junto a un parque, y Jordan recordó que su padre lo llevaba a jugar ahí cuando era más pequeño. Bordearon el bosque en el que acostumbraba acampar.

Y, por fin, resaltando de entre varios árboles, se encontraba de vuelta en la propiedad de Wei Racing. Mientras se acercaban, pudo observar el edificio de oficinas que anunciaba Wei Racing en grandes letras blancas. También pudo ver el hangar de las naves abierto y un sinfín de personas ahí. Vio las pistas y las zona de pruebas, que no había podido visitar por su salida tan apresurada.

El auto se estacionó a un lado de la zona de pruebas. Jordan tuvo problemas para bajar, pues en más de una ocasión, su larga túnica morada de Avatar se enredó en sus pies.

Cuando estuvoa afuera, recorrió todo el lugar con la vista y descubrió, con nostalgia, el último lugar en el que estuvo. La casa que parecía una cabaña, donde todo había comenzado. Ya estaba totalmente reconstruida del ataque del krog.

-Jordan , por aquí, por favor. Tenemos que hablar con Don Wei- indicó el presidente.

Jordan sonrió y se encaminó hacia el edificio con el presidente, rodeados por una veintena de guardaespaldas.

Las oficinas, por dentro, eran fríos y muy elegantes. Tod estaba en tonos de azul y blanco y Jordan pensó que parecía cosa menos una agencia de carreras.

La recepcionista pudo haber sufrido un infarto cuando vio al presidente y a la máxima autoridad de la galaxia pidiendo una cita con el dueño de la agencia.

-Se...señor Wei- dijo la recepcionista al teléfono, muy nerviosa- es el presidente Raymond y Jordan C. Wilde...Claro que no es una broma, señor. Es Jordan...¿Señor? Creo que colgó.

Jordan y el presidente rieron y esperaron. Al cabo de un minuto, Don bajó del elevador notablemente sorprendido.

-Raymond, buenos días- dijo Don estrechando la mano del presidente.

-Buen día, Don. Estoy seguro que lo recuerdas, pero aún así te lo presentaré. Te presento a Jordan C. Wilde, universalmente conocido como el gran Avatar- terminó Raymond con una mano en el hombro de Jordan.

-¡Muchacho!- dijo alegremente Don- ¡Qué sorpresa!

-Señor Wei, no tiene idea de la alegría que siento al verlo otra vez.

Don y Jordan se palmearon la espalda entre una que otra risa.

-¿Qué te trae de vuelta en tu planeta, Jordan?- preguntó Don.

-Señor, creo que deberíamos hablarlo en un lugar más privado.

-Vamos a mi oficina- dijo Don señalando el elevador.

Raymond, Don y Jordan entraron el elevador. El presidente indicó a sus guardaespaldas que esperaron ahí.

-¿Y cómo está Molly, señor Wei?- preguntó Jordan mientras el elevador subía.

-Es Eva. Muy bien. Aunque ahora mismo viene retrasada para su entrenamiento.

-No cambia- rió Jordan negando con la cabeza.

El elevador llegó a la oficina de cristales, y Don invitó a Jordan y al presidente a sentarse frente al también se sentó frente a ellos.

-De acuerdo, muchacho ¿Qué asuntos de la galaxia quieres tratar conmigo?- bromeó Don entrelazando las manos y poniéndolas sobre el escritorio.

-Puede encontrarlo irónico, señor Wei. Pero la misma razón que nos permitió conocernos, nos vuelve a juntar.

-¿De qué estás hablando?- preguntó Don un poco más serio.

-Seré directo. Se ha convocado a una nueva carrera, similar a la ocurrida hace dos años. Y todos los concursantes, incluyendo a Mo... digo, Eva, deberán participar por decisión de los Creadores. Un módulo de carreras recogerá al equipo en una semana.

Para cuando Jordan terminó de hablar, Don lucía pálido y con ganas de estrangular a todo el Universo.

-¡Raymond!- gritó Don- ¡Este no era el trato! Se suponía que Eva no se vería involucrada en nada- caminaba de un lado a otro con las manos en la cabeza.

-Don escúchame- pidió Raymond levantándose de su silla- esto no tiene nada que ver con los Tratados.

-¿Cuáles tratados?- preguntó Jordan, aún sentado.

-Unos que se están realizando con Nourasia- contestó el presidente.

-Incluso la princesa nourasiana está en el planeta- contestó Don irritado.

-¿Por qué no fui notificado?- cuestionó Jordan en tono acusativo.

-Porque aún no son un hecho- contestó Raymond- pero volvamos al asunto de la carrera. Don, tu hija debe competir en esa carrera, no podemos quedar mal.

-¿Y si no asistiera?- cuestionó Don a Jordan.

-Señor Wei, esa no es una opción- dijo Jordan poniéndose de pie- Señor, Eva podrá contar con todo el apoyo que desee. Mecánicos, director, incluso podrá llevar amigos para que la animen.

-Ese no es el problema, Jordan. Nadie está seguro en esa carrera- reiteró Don.

-Confié en que me he encargado de eso. Tengo a quien cuidará de su hija. No pregunte, señor, es mejor que se mantenga en el anonimato para que no se piense que existen preferencias. De lo contrario, si tendríamos de que preocuparnos.

-Sin ofender, muchacho, pero no me tranquiliza demasiado- dijo Don de espaldas a las visitas, recargado con una mano del ventanal que daba a la zona de pistas.

-¿Recuerda cuando en Alwas no teníamos piloto y usted confió en mí para que condujera la Arrow?- dijo Jordan al lado de Don.

-¿Cuál es tu punto?

-Quiero que confié otra vez en mí. Fallé porque era una máquina y no estaba capacitado para conducirla. Pero ahora se trata de Eva, y usted ha sido testigo de lo mucho que me importa. Esta vez, no fallaré.

-Don, vamos- susurró el presidente Raymond.

Don guardó silencio un minuto. Jordan temió que cuando hablara fuera para echarlos a patadas de ahí, pero lo que dijo hizo que soltara aire de alivio.

-Eva ha llegado. Vayamos a notificarle acerca de su nueva obligación.

De acuerdo bellos mortales, llegó con la super mega padrísima entrega del quinto capítulo. Me ha costado un riñón y la mitad del otro terminarlo, pero es que los trámites universitarios son una locura. Y he decidido mi carrera: Lengua y literaturas hispánicas. Habrá que ver cómo me va. Esta vez les pediré un favor, a todos los que lean el capítulo, por favor déjenme review y díganme si les gusta mi manera de escribir, si lo hago bien y que me falta, además de sus habituales comentarios del capítulo y se les está gustando el desarrollo de la historia.

Utatane Armstrong: Tus reviews siempre me alegran. Gracias :) Y de hecho, vas a terminar queriendo sacar a Cairen de la historia para matarla, pero eso será para después, incluso yo comienzo a odiarla. Saludos y sueña con mi bello príncipe Aikka (Aún espero tus capítulos).

Me despido de ustedes. Feliz mes, y nos vemos en Marzo.

P.D.: La canción de este capítulo es "Aire soy" de Ximena Sariñana y Miguel Bosé.