Capítulo 16: You and me we can ride on a star. If you stay with me girl, we can rule the world. You and me we can light up the sky. If you stay by my side, we can rule the world.
Sus planes no pudieron salir de una mejor forma. Tenía que admitir que los krogs eran muy buenos planeando. Todo salió tal y como lo habían predicho. La pelea entra los hermanos príncipes había sido espectacular.
De hecho, moría por saber que era lo que el príncipe Aikka había dicho a Luka cuando lo acorraló contra uno de los pilares. Pero también debía admitir que le hirvió la sangre por esto. Casi no soportó la visión de Aikka agrediendo a Luka. ¿Qué se creía? Ser el heredero no le permitía tratar de esa manera a su hermano por defender a la chica.
Defenderla. La defendió. A pesar de que no había sido testigo (para su suerte) de lo que Cairen hizo para que Laila resbalara, apoyó su historia. Ahí estaba ese sentimiento de nuevo. Saber que en realidad estaba haciendo mal. Algunos seres importantes iban a morir para que ella pudiera acceder al trono. Seres de verdad importantes.
-¡Basta ya! ¡Estúpidos sentimientos! Lo tendrás a él y a Nourasia a tus pies. No te puedes retractar ahora.
Aunque aún estaban ambas princesas. Esas odiosas y presuntuosas princesas. Sobre todo Laila. En cuanto dijera que había sido empujada al abismo, todos los príncipes se volverían en su contra y adiós a todo. Tenía que pensar en una manera efectiva de callar a la menor de los hermanos
-Bueno. Se supone que no debo usar los hechizos de la familia real. Pero soy, de cierta forma, parte de ella. Además, ya he cometido algunas otras "imprudencias". Esto es en realidad algo mínimo.
Dicho esto, se aventuró a buscar en sus maletas, un libro casi prohibido en la cultura nourasiana. Un compendio de todos los hechizos habidos y por haber desde que nació Nourasia.
-Te encontré- susurró victoriosa cuando su vista encontró uno de los hechizo más antiguos- Pequeña Laila, estás a mi merced.
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Aún le faltaba la respiración cuando aterrizó en el piso de su módulo. No estaba totalmente seguro de que es lo que había pasado. Lo último que vio antes de reiniciar la carrera fue la Arrow disparando un extraño proyectil hacia su posición y la de Celt. Apenas pudo hacer que G'dar se levantara del suelo, rematar el atraso de Celt con una flecha hechizada. Cruzar el aro que marcaba el final de la carrera y el avance a las finales en Oban fue el momento que más le brindó esperanzas al joven príncipe. Aun no se había acabado para él y Eva. Para Jason y Amina. El tiempo aún corría a su favor.
-¡Aikka! ¡Por Sekai! ¿Estás bien? Eso fue espantoso- aunque le causó una enorme impresión ver a la figura con la que hace tan solo unos momentos había peleado como nunca, lo cierto fue que no había mayor consuelo para su espíritu que sentirse cobijado por su hermano mayor.
-Algo… no sé. Necesito descansar. Me duele la cabeza- Aikka se apoyó en el brazo que le tendió Luka y, mientras Canaan se encargaba de las leves heridas de G'dar, los hermanos subieron en un silencio más que incómodo hacia la habitación del heredero de Nourasia.
Una vez arriba, Aikka se sentó en la cama y apoyó la cabeza en sus manos.
-Supongo que no quieres oírme o escuchar lo que opino de la carrera. Solo te diré que lo hiciste bien. Y que sigue sin agradarme que el equipo de la Tierra te dispare continuamente- comentó Luka al tiempo que le tendía un vaso de agua.
-Nunca he estado lo suficientemente molesto con alguien de mi familia como para no querer oírlo, y tú no eres la excepción. Y si, a mí también me desconciertan las tácticas de Eva. Pero hablaré con ella en cuanto lleguemos a Oban.
Luka se encogió de hombros y salió de la habitación. Aikka se puso de pie y se acercó a la ventana para observar el módulo terrestre.
-Eva… mi princesa. Me confundes- dijo para sí antes de observar como el módulo de Celt salía en la dirección contraria a la que el módulo terrestre y nourasiano empezaban a recorrer.
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-Orgullosos corredores. Los felicito por vencer sobre su grupo y avanzar a las finales en el planeta madre Oban
Jordan se encontraba en su forma de Avatar sobre su templo. Alrededor de él, los 36 planetas restantes en la competencia se congregaban para escuchar las siguientes instrucciones que el Avatar tenía. En medio de todos, Aikka y Eva estaban tomados de la mano, discretamente. Apenas se habían dicho palabras después de bajar de los módulos, pero sabían que podrían tomarse un momento en la noche para hablar de lo que había acontecido en el día.
-Han llegado a la penúltima fase de las carreras convocadas para celebrar el aniversario del nacimiento del planeta madre Oban. La siguiente carrera se realizará en cinco días. Esta carrera se correrá por parejas. Los dos seleccionados en las carreras por planetas formarán una pareja. Las primeras nueve parejas que lleguen a la meta avanzarán a la gran final de Oban. Las reglas para esta carrera son las mismas que antes: no pueden atentar contra la vida de alguno de los corredores. Podrán intercambiar naves entre las parejas si es parte de su estrategia. Lo más importante, el circuito estará marcado por los portales que ya conocen. Para considerar que han terminado la carrera, las parejas deberán cruzar al mismo tiempo el portal. Si no es así, no contará y serán descalificados. Corredores, aprovechen bien estos cinco días para prepararse con su pareja. El premio máximo valdrá cada sacrificio. Éxito- al terminar las instrucciones, Jordan desapareció en un rayo de luz.
Los competidores se observaron entre ellos. Muchos suponían que el Avatar había enloquecido. Después de todo, los competidores prácticamente se odiaban entre sí y en más de una ocasión se habían intentado derribar o incluso matar.
-¡No estoy de acuerdo con esto!-gritó uno de ellos al fondo.
-¡El Avatar no puede hacer esto! ¡No funcionará! ¡Nos mataremos entre nosotros!- numerosos reclamos al aire se escucharon en protesta por la dinámica que el Avatar había escogido para la carrera.
Pero como era una decisión final y no había nada que la cambiara, algunos de los corredores se fueron silenciosamente del lugar, entre ellos la joven pareja del nourasiano y la terrestre.
Aikka y Eva caminaron un rato más en silencio y tomados de la mano hasta que llegaron al lago. Esa noche no era tan bella como las otras, las nubes apenas dejaban ver las lunas, y el ambiente aún se sentía tenso por las pasadas horas.
-Y… ¿te gustó la Tierra?- intentó decir Eva para tratar de romper el extraño silencio que se había cernido sobre ambos.
-Eh… no lo sé. Entenderás que no tuve mucho tiempo de detenerme a observar tu planeta. Estaba algo ocupado reponiéndome de cañones plasma- Aikka soltó de golpe su molestia y eso tomó por sorpresa a Eva, que le soltó la mano y cruzó los brazos sobre su pecho.
-Oh, lo siento, su majestad. Sólo intentaba ganar tiempo para que aventajara a Celt. Tal vez debí pedir un permiso real para actuar- replicó Eva, molesta.
-Eva, tu disparo nos inmovilizó. G'dar acabó en el piso y fue casi un milagro que pudiéramos retomar la carrera antes que Celt.
-No es mi culpa que no te ajustaras al plan.
-¿Cómo querías que supiera que esa era tu idea?- cuestionó Aikka no sabiendo si sería apropiado reírse para aligerar un poco la situación.
-¿No me conoces? ¿Crees que sería capaz de dispararte?- preguntó Eva, aún más indignada.
-Eva, por Sekai, era una carrera. Sabes que no hay mucho tiempo para detenerse a pensar. Si no actúas rápido, te ganan. Ni siquiera estaba seguro de que tú eras la que había disparado. Te prometo que en futuras competencias no dudaré de tus intenciones de ayudarme- Aikka suavizó su tono y tomó una de las manos de Eva, la acercó a sus labios y le dio un tierno beso, a lo que la chica reaccionó con una sonrisa irónica- no discutamos por esto, por favor.
-No, no lo haremos. Aunque tienes que admitir que aún desconfías de mí por lo de Alwas- respondió la chica con una risita.
-Cree lo que quieras, princesa, pero no es así. Ahora cuéntame, ¿cómo se te ocurrió la brillante idea de disparar?- quiso saber el príncipe, mientras se sentaba a la orilla del lago e invitaba a la chica a seguirlo.
-La verdad… ehh… no fue idea mía- dijo la chica, nerviosa- cuando estaba a punto de llegar a la meta y noté que no lo ibas a lograr, quise regresar a ayudarte pero mi papá me lo prohibió, entonces yo… yo…
-¿Tú qué, Eva?- preguntó Aikka, asustado.
-Yo… le tuve que decir a mi papá lo que sucedía entre nosotros- soltó Eva de golpe y Aikka tensó su cuerpo- cuando iba a regresar para ayudarte, él me detuvo y me dio las instrucciones para que tu obtuvieras ventaja y asegurar mi pase. Aunque no salió exactamente como lo planeó.
-¿Y que ha dicho después de eso?
-Absolutamente nada. Después de ver cómo terminabas la carrera se fue a su cuarto y no lo he visto salir.
-Eva. Esto… no sé qué decir- contestó Aikka después de unos segundos de silencio- Gracias, creo, por haberlo dicho a alguien tan importante para ti como lo es tu padre, a pesar de que ambos sabemos lo que piensa de una relación de un humano con un nourasiano. Supongo que querrá que yo mismo se lo diga, y es algo que no dudo en hacer.
-No te estaba pidiendo eso, Aikka. Entiendo que la situación en tu planeta es difícil, pero supongo que tus padres querrán conocer algún día a la chica con la que sales.
-No creo que eso piensen mis padres, Eva, pero no te preocupes por eso ahora, princesa. Yo lo resolveré después- contestó Aikka para intentar evadir el tema, que no era en absoluto sencillo de tratar- ¿Te parece que nos olvidemos de eso por ahora? He querido hacer una cosa durante todo el día.
-Yo tam…- una vez más, no pudo terminar lo que decía. El más fino par de labios se acopló a los suyos y el intercambio de sentimientos y emociones empezó, seguido de las más tiernas caricias.
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-¡Laila! ¡Oh, querida princesa! ¡Estás bien!- Cairen apretó a la pequeña princesa en un fuerte abrazo cuando la vio llegar al módulo nourasiano de la mano de Amina.
-Sí, está bien. ¿Puedes explicarme que pasó?- pidió Amina a la chica.
-Ya se lo dije a Aikka y tuvimos una fuerte discusión por eso, Amina- Luka apareció detrás de Cairen para volver a defenderla- Laila se entusiasmó y resbaló. Cairen no es la culpable.
-¿Y cómo es que estás tan seguro de esto?- cuestionó Amina, con los brazos en jarras.
-Amina, de verdad no voy a pelear contigo también. Estoy seguro de lo que vi. Con eso basta.
-Pero hermano, yo…-intentó decir Laila, pero inmediatamente Cairen la tomó de la mano, lo cual la hizo no acabar su frase.
-Oh, Laila, te ves en verdad agotada. Hoy fue un día muy duro, pero no te preocupes, te llevaré a tu cama, te haré algo de cenar y descansarás todo lo que quieras.
-Esta vez cuida de ella- soltó Amina a Cairen antes de que se fuera con su hermanita.
-Ya lo hago. Buenas noches, majestad- respondió Cairen entrando a uno de los cuartos con Laila, no sin sentir un fuerte deseo de querer estrangular a la mayor de las princesas.
Cuando Amina se vio sola con Luka, inmediatamente le propinó un golpe en el estómago, que aunque en realidad no causó nada en el fuerte nourasiano, si lo tomó por sorpresa.
-¿Qué fue eso, Amina?
-¡No! ¿Qué fue eso, Luka?- preguntó enfadada Amina- Ni siquiera has oído la versión de Laila y estás defendiendo a Cairen.
-Sé cómo puede actuar Laila a veces, por eso lo digo. Además, Cairen no mentiría a toda la familia, creo en lo que dice. Pero si a ti y a Aikka los tiene más tranquilos que hable con Laila, lo haré ahorra mismo.
-Sí, claro que lo harás. Pero primero quiero saber que pasó entre tú y Aikka. ¿Fuerte discusión?- preguntó Amina, tomando el brazo de su hermano.
-Te lo diré, aunque no creo que Aikka esté de acuerdo. Y, sinceramente, también creo que terminarás odiando a alguno de los dos.
Amina suspiró y se preparó para escuchar.
En la habitación de al lado, la cocina, Cairen había logrado escuchar todo lo que los hermanos habían platicado, y mientras la pequeña princesa disfrutaba de un bocadillo nocturno, Cairen resolvió que tendría que hacer uso del hechizo que haría que Laila dijera la versión que ella y Luka defendían.
-Entonces, pequeña Laila, ¿puedes decirme que fue lo que pasó? ¿Por qué caíste?- preguntó inocentemente Cairen sentándose a un lado de la niña.
-Yo recuerdo que me dijiste que me sujetarías para que yo pudiera ver el inicio de la carrera- contestó Laila entre bocado y bocado- Pero de repente ya no sentí tu mano y empecé a caer. Hasta que Eva, la chica del equipo Tierra, me rescató.
-De acuerdo, pero lo que tú tienes que decir es que eres traviesa y tú sola resbalaste del módulo, ¿está bien?
-Pero Cairen, eso no fue lo que pasó. Tú me soltaste. Y mis hermanos y papás deben saberlo.
-¡Laila! ¡Ven aquí, por favor!- dijo la voz de Amina venida desde el exterior.
Laila inmediatamente se paró, pero antes de atravesar la puerta, Cairen se interpuso en su camino y bloqueó la salida.
-Cairen, soy la princesa, déjame pasar- pidió Laila, asustada.
-Oh, claro que pasarás, molesta princesita. Pero primero me vas a escuchar. Le dirás a tus hermanos y a todo aquel que te lo pregunté que por tu torpeza caíste del módulo, que yo te estaba cuidando muy bien, pero me desobedeciste.
-¡No quiero!- se negó Laila dando una patada al suelo.
-Claro que quieres- replicó Cairen, tomó del brazo a la niña y la sentó a la fuerza en la silla.
-¡Laila! ¡Date prisa!- se oyó la insistencia de Amina.
Rápidamente, Cairen concentró su magia en la palma de su mano, que se tornó de un brillante color morado y que crepitó como el fuego. Sus ojos se iluminaron del mismo color para pronunciar uno de los hechizos que se prohibía para todo aquel que no fuera de la familia real, y por el cual tendría bajo su control a la más pequeña de los príncipes.
-Um Sekai Nuram a tera mendara.
La magia voló por la habitación y, ante el pavor de Laila, penetró en su pecho y también iluminó sus ojos. Cairen se conectó a la mirada de la princesa y repitió en su mente aquello que Laila tenía que decir ante cualquiera que preguntara el origen del accidente.
El hechizo se completó y toda la magia volvió a la palma de Cairen, dejando a la niña desmayada sobre la silla. Cairen le echó una ojeada a su alrededor para que no quedara señal alguna del hechizo, justo cuando escuchó los pasos de los príncipes acercarse a la cocina.
-Laila, te estaba llamando…- Amina y Luka entraron a la cocina a tiempo de ver cómo Cairen cargaba en brazos a la princesa.
-Majestades, me llevaré a la princesa a su habitación, está notoriamente agotada- explicó la chica- no se preocupen, me aseguraré de que duerma a la perfección.
Cairen hizo una ligera reverencia y salió con Laila en brazos, dejando a los príncipes de nuevo solos en la cocina.
-Por favor hermana. Sé que podemos confiar en ella. No concibo que se haya atrevido a intentar un acto tan vil contra nuestra hermana- insistió Luka.
-Yo… no sé. Este asunto está tenso, y la pelea que provocó es abrumadora. Mañana conversaré con Aikka, solo te pido que no bajes la guardia, Luka. Tengamos cuidado. Me retiraré. Descansa
Amina dio el acostumbrado beso en la frente de su hermano y se encaminó hacia el módulo terrestre, con una extraña sensación invadiendo su pecho, desde que Luka le había contado la terrible experiencia de la tarde… y una sensación aún más extraña en la cocina de los nourasianos.
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-¡Eva! ¡Despierta! Debemos empezar a entrenar ahora. Solo tenemos cinco días para que creemos una estrategia con el príncipe. ¡Sal ya!
Don llevaba cerca de una hora tocando la puerta de su hija. Además de que no quería perder un solo minuto de los cinco días que les había concedido el Avatar, también sentía la necesidad de hablar con Eva respecto a lo que le había dicho durante la carrera en la Tierra.
Al principio Don pensó que era una manera de Eva para convencerlo de que tenía que ayudar a su amigo. Pero fue Rick quien le explicó todo lo que en verdad pasaba y como desde el primer día en el que se encontraron en Oban habían iniciado una relación.
Para ser franco con él mismo, no sabía que debía pensar y cómo reaccionar ante semejante noviazgo. Eran tantas y muy variadas las imposibilidades que conllevaba la relación de su hija y lo que menos quería es que ella saliera lastimada. ¿Pero cómo demonios se le ocurría ser novia de un chico… un príncipe… de otro planeta? Tal vez nadie se lo había dicho, pero después de la carrera era prácticamente imposible que se volvieran a ver.
-Hola papá, buenos días- saludó una somnolienta Eva aún en pijama- Eh… mi… el príncipe Aikka, me comentó que llegaría al medio día.
-De acuerdo. Entonces tenemos una hora para hablar- dijo acercándose a la ventana del cuarto de la chica.
-¿Cómo director de equipo o...?
-Como tu padre. Respecto a lo que dijiste ayer durante la carrera en la Tierra.
Eva enrojeció rápidamente, y desvió la mirada a cualquier otro lado que no fuera justo desde Don la observaba con la manos sujetas detrás de la espalda.
-Papá… eso… yo sé que probablemente no te parece lo que está sucediendo.
-En efecto Eva, no lo hace. Pero antes de que yo diga algo, quiero que me expliques cómo es que ambos llegaron a querer ser… pues… novios- pidió Don, aunque la última palabra que dijo la supo un tanto amarga.
-Escucha papá, entiendo que no estés de acuerdo, tal vez ni siquiera lo estuvieras con un chico de la Tierra. Pero, Aikka me gusta desde que lo conocí en Alwas, y sufrí bastante en estos dos años en que no nos vimos. Que él sea un príncipe también me preocupa, pero él me ha prometido que arreglará eso para que no sea un problema.
-Supongo que estás enterada que Aikka se convertirá en rey de su planeta en unos días.
Eva se giró incrédula hacia su padre. ¿Aikka? ¿Rey? ¿Tan pronto? ¿Por qué no se lo había dicho aún? No. Eso no podía pasar. Aikka, en todo caso, le hubiera dicho que eso iba a pasar. ¿Si no se lo había dicho, era porque implicaba un problema en su relación? ¿O el problema era la relación? "Por supuesto que no. Aikka debe saber el momento para decírmelo. No lo está evitando". Pensó para sí misma Eva, aunque una inexplicable opresión en el corazón se instaló y la hizo sentirse intranquila.
-¿Cómo sabes eso, papá?- quiso saber Eva.
-Hablé con Raymond hace unas horas. Ha estado conversando con el rey Lao… el padre de Aikka, y resolvieron que los Tratados estarán listos antes de los siguientes dieciocho días- aclaró Don- Es el aniversario de Aikka, y el día que tendrá que asumir el trono.
-Papá… supongo que puedo preguntarle a Aikka por los detalles, pero por favor, no le des más rodeos. ¿Cuál es tu punto?
-Lo que quiero decir Eva, es que no estoy convencido de que hayas escogido la mejor relación para ti. El… bueno… ustedes, tendrán que separarse tarde o temprano. Ninguno de los dos puede estar en el planeta del otro por mucho tiempo. Y un rey necesita una chica que pueda ser reina junto a él
-Papá, cálmate. No es para tanto, aún no hemos pensado en todo eso- replicó Eva.
-Eva. Lo que quiero que entiendas es que esto no puede ser. Tú y ese muchacho deben entender que esta relación que mantienen tendrá que deshacerse tarde o temprano. Por el bien de ambos.
-¡No! ¡Papá, no!- Eva saltó de donde estaba sentada. Sin siquiera esperárselo, sintió como los ojos se le inundaban de lágrimas, y un grueso nudo en su garganta se instaló dolorosamente.
-Entiende que es por tu bien. No quiero que nada te lastime, y si puedo ahorrar un poco de daño, claro que lo haré.
-Papá, me estás lastimando ahora mismo- replicó la chica, limpiando la lágrima que ya había surcado su mejilla- No lo haré. No ahora cuando todo marcha bien. Así que ahora mismo, me voy a cambiar y saldré a entrenar con mi novio para la carrera.
-Eva, sé razonable, te lo suplico. Esto no puede acabar bien. Detente- pidió Don, tomando del brazo a su hija y posando una mano en la suave mejilla de su hija.
-No, esta vez no, Don Wei- contestó Eva, soltándose de su papá, de una manera brusca, se había exasperado- desde el momento en que te volví a ver no me dejaste hacerlo quería. Siempre pensaste y has pensado que no soy capaz de valerme por mí misma. Incluso te tuve que rogar para que me dejaras seguir corriendo. Pero se acabó. Ya no soy la niña que dejaste en ese estúpido internado. Ya tengo 17, ya quiero tomar mis decisiones- declaró Eva. En su rostro no se podía adivinar otra cosa que no fuera la desolación, el temor e incluso la decepción.
-Eva… yo, no… no sé qué decir- tartamudeó Don, impactado por la declaración, y sintiendo que la vida se le escapaba.
-No, basta ya. No digas nada. Sal de aquí, te veo en el entrenamiento.
Don no quiso seguir empeorando la situación y salió de la habitación de su hija. Al cerrar la puerta, el corazón de padre e hija latió lento, desolados. Eva, aunque sabía que tenía mucho tiempo esperando poder decir lo que había dicho, no había sido ni el momento ni el lugar, y ahora se sentía pésima por hacer sentir responsable a su papá de todo lo que estaba pasando. Afuera, Don se mantenía fuerte como siempre, pero su mente y si corazón se debatían sobre si era lo mejor hacer pasar a su hija por ese trago amargo antes que la situación creciera, o dejar que sus ilusiones crecieran y esperar que Eva pudiera tomarlo de la mejor manera.
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-De acuerdo Aikka, bienvenido al módulo de la Tierra- Kouji guiaba al nourasiano por el hangar de la Wisin Arrow IV.
El príncipe se sentía en verdad impresionado por la toda la tecnología que involucraba poner en el aire al equipo Tierra. Incluso G'dar, detrás de su jinete, lucía, de alguna manera, impresionado.
-¡Kouji, Stan! Ya estoy aquí. Bienvenido aquí, Aikka, estoy segura que te encantará esto- Eva, a pesar del pesado encuentro que tuvo con su papá en la mañana, intentaba lucir lo más fresca posible.
-Ya me impresiona, Eva. Visto de cerca, resulta increíble que puedas pilotear esta nave.
-Es la mejor piloto de la Tierra. Se ha esforzado lo suficiente para alcanzar e incluso aventajar a su madre, que es recordada por marcar una nueva era en las carrera- señaló Don cuando se reunió con todos en el hangar- Buenos días, Aikka. Confío en que podremos hacer una buena estrategia.
-Buenos días, señor Wei- saludó Aikka con una reverencia- yo también así lo espero. Estoy seguro que Eva y yo formaremos un gran equipo y nos posicionaremos en un buen lugar antes de la siguiente carrera.
-De acuerdo. No perdamos el tiempo. Ambos suban a la Arrow. Eva, enseña a Aikka los controles básicos de despegue de la nave y sal a campo. Creo que podemos aprovechar la oportunidad de cambio de naves que nos ofrece el Avatar. Todos a sus posiciones- ordenó Don mientras salía del hangar.
-¡Sí, señor!- para extrañeza de Aikka, todos hicieron un saludo militar, hasta Eva, antes de realizar sus actividades.
Eva tomó la mano del príncipe y lo guio hasta la escalera que se encontraba en la zona trasera de la cabina del piloto.
-Por esa puerta- Eva señaló a la compuerta ubicada atrás de la Arrow- Jason accede a la torreta- luego subieron las escaleras hasta llegar al centro de la nave- Y esta es mi zona. Desde aquí manejo la nave.
-Esto es asombroso. En Nourasia no existe este nivel de tecnología. Estoy de verdad sorprendido- confesó el príncipe dando un paseo por la cabina del piloto.
-Eva, Aikka. Estamos en posición. Ya puedes salir- la voz e imagen de Stan en una pantalla tomó por sorpresa al príncipe.
-Sí, Stan. Inicio el proceso- dijo Eva tomando el mando desde su asiento Rocket- de acuerdo Aikka, aquí conduzco la dirección y la velocidad de la nave. Lo primero que a hacer antes de despegar es que se tienen que calentar los reactores laterales, son estos botones verdes a la derecha- indicó Eva accionando esos mismos botones. Al encendernos, la Arrow produjo un sonido como ronroneo- Ahora, con el pedal izquierdo la Arrow se elevará. Con este botón rojo elevas el tren de aterrizaje, las rueditas de abajo, y cuando estés listo, el pedal derecho es para acelerar.
Lenta y elegante, la Arrow avanzó para salir del hangar y el sol matutino la cubrió.
-Bueno, eso es lo básico para hacer que esta belleza ande. Claro que durante la carrera hay que ocuparse de cosas más complicadas como vigilar la propulsión de los reactores, la hiperpropulsión, los aceleradores de turbinas y cosas así.
-¿Sabes algo, Eva? Esto sólo me hace pensar en la extraordinaria mujer que eres. Va a ser todo un honor correr a tu lado y que por lo menos en una carrera no estemos uno contra el otro- declaró Aikka dando un beso a la mano de la joven- Creo que es mi turno para que conozcas a mi montura.
Eva llevó la nave al suelo y bajaron juntos de ella. Como si Aikka lo hubiera llamado con la mente, G'dar se acercó dócilmente a ellos y se inclinó para que Aikka pudiera montarlo, y aunque al principio se mostró extrañado por la cercanía de la humana, luego volvió a su estado de tranquilidad.
-Princesa, G´dar es una especie de criatura que ha servido para la realeza desde hace miles y miles de años. Son muy fieles y fuertes y darán su vida por ti- comentó Aikka mientras se acomodaba un poco más atrás de su posición habitual- Ven, dame la mano.
Eva trepó con cuidado a la espalda del escarabajo y una vez arriba, Aikka le mostró donde debía poner las rodillas para quedar hincada y que no fuera incómodo. Un leve rubor tiño las mejillas de los dos chicos al darse cuenta de que Eva estaba peligrosamente pegada al cuerpo del príncipe.
-No creo que G´dar tenga controles- bromeó Eva esperando que Aikka le dijera como debía llevar al escarabajo.
-Oh… bueno. Él… intuye lo que quieres. Cuando vayas a iniciar, debes dar un tirón hacia atrás de esto- señaló el mango que tenía el asiento en la parte de adelante- vas a moverlo a la derecha o a la izquierda si quieres que de vuelta. Si solo es una inclinación, basta con que lo muevas junto con tu cuerpo.
-¿Cómo haces cuando tienes que disparar una flecha?- preguntó Eva, aun explorando el domo de G´dar.
-Depende de la estabilidad y el tiempo con el que cuentes. Si vas atrás y quieres detenerlo, lo puedes hacer de pie. Si debes hacerlo rápido como… como cuando competimos en Alwas, en cuanto tomes el arco G´dar entenderá que deberá manejarse por su propia cuenta y puedes disparar hincada.
-Deberás enseñarme uno que otro hechizo- demandó Eva mientras se levantaba para bajar.
-No sé si un humano pueda hacer la magia de un nourasiano. Pero podemos intentarlo con algunos hechizos.
Una vez abajo, todo el equipo de la Tierra y el de Nourasia se reunieron para intercambiar opiniones e impresiones de la próxima carrera. Stan y Kouji en particular estaban muy interesados en todo lo que concernía a G'dar y su forma de reaccionar ante su jinete y la ciencia detrás de los hechizos nourasianos.
Mientras Canaan les explicaba un poco de eso, Aikka vio a Don y a Rick platicar entre ellos, y decidió que era el momento para tener una conversación con el padre de su novia.
-Señor Wei- dijo Aikka cuando estuvo a su lado, intentando controlar la tensión que sentía- me gustaría hablar con usted en privado.
-Iba a pedirte eso mismo. Sígueme. Rick, vigila al equipo- pidió Don al entrenador.
-Querrá decir que vigile a Eva- se burló Rick para molestia del señor Wei- no sea cruel con el muchacho. Hay que reconocer que se necesita valor para intentar algo con la diablilla.
Tanto Don como el príncipe ignoraron el sarcástico comentario, uno por saber que era demasiado cierto, y el otro por no entender si era un halago o algo más como un pésame.
Al llegar a la oficina de Don, este cerró con seguro mientras Aikka observaba con mucha curiosidad la foto sobre el escritorio de Don.
-Esa es Eva cuando tenía seis o siete años. Ese soy yo y la mujer a un lado es mi esposa Maia- describió Don, con una sombra de nostalgia pintando su envejecido rostro- Supongo que Eva te ha contado de ella.
-Lo ha hecho, señor. Y quiero que sepa que lamento profundamente su pérdida. Por la imagen, puedo ver que ella era una mujer alegre, cariñosa y valiente, además de hermosa. Si me permite comentarlo, creo que su hija es un fiel retrato de su esposa-comentó Aikka, con la mirada fija en el señor que sonreía a la foto.
-Lo es, príncipe- contestó Don, dejando la foto, sentándose en su escritorio e invitando a Aikka a sentarse frente a él- Mi esposa tuvo un destino fatal y temo decir que eso me llevó a hacer cosas de las que hoy me arrepiento. Eva… es muy valiente, pero también puede ser sensible al dolor.
-Señor Wei, yo…
-Lo que quiero que entiendas, Aikka- interrumpió Don- es que haré todo lo posible para que mi hija no sufra más.
-Señor Wei, yo jamás querría hacer sufrir a su hija. Yo… yo la quiero demasiado para eso- dijo Aikka.
-Para el infortunio de ambos, el presidente Raymond, por conducto de tu padre, sabe la situación que enfrentas en tu planeta- Aikka levantó la mirada rápidamente y sus manos empezaron a sudar- El rey Lao le ha hecho saber a Raymond que asumirás el trono en tu cumpleaños, que está próximo, pero que para eso, tu Consejo ha exigido que desposes a una nourasiana.
-Señor, déjeme explicarle- pidió Aikka, Don asintió- Lo que dice es cierto, el Consejo de Nourasia quiere que me case con una mujer de mi planeta para ser rey. Pero eso no es lo que deseo. Si me permite decirlo, la única mujer con la que yo desearía gobernar es Eva- Don iba a replicar pero Aikka siguió hablando- Mis hermanos y yo hemos ideado un plan para poder burlar esa ley y así ser rey sin necesidad de casarme y esperar el tiempo que sea necesario para que Eva me acepte como su cónyuge.
-Jovencito, creo que te estás precipitando- interrumpió Don el discurso, contrariado- Nourasia podrá tener sus tradiciones, pero en la Tierra, Eva es aún demasiado joven para pensar con raciocinio. Ella no entiende la magnitud de lo que un enlace con un príncipe de otro planeta significa. Y no pretendo dejar que ella se vaya de la Tierra sin más.
-Yo también comprendo eso. Y no quiero que se sienta ofendido, pero al final es Eva la que va a decidir su futuro. Yo la amo, y mi corazón no puede ni podrá pertenecer a alguien más como ella.
-No la lastimes, Aikka. Es mi hija antes que tu novia. Y si ella sufre por tu culpa puedo asegurarte que tu padre tendrá que buscar otro heredero para su reino- amenazó Don muy cerca del rostro del príncipe, quien a pesar de lucir impasible, sentía como el enojo corroía sus venas, pues nunca nadie se había atrevido a amenazarlo de aquella manera.
-Le prometo que no será necesario llegar a ese extremo. Procuraré siempre el bienestar de Eva aunque eso signifique alejarme, o no darla por enterada del asunto en mi planeta.
-Lo prefiero así. Tienes mi consentimiento para estar con mi hija, pero deberás terminar con todo si el bienestar de ella se ve comprometido- sentenció Don.
-Lo juro por mi honor, señor Wei- declaró Aikka, mientras cruzaban una extraña mirada. Una de complicidad pero también de temor. Temor por el futuro.
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-¡Vamos, Rick! ¡Déjame bajar!- gritaba Eva desde el hombro de su entrenador.
-Por ningún motivo, ratoncita. El viejo zorro de tu padre no quiere que subas.
En cuanto Eva se dio cuenta de que Don entraba a su oficina seguido de Aikka, dejó a Canaan hablando solo acerca de la complejidad de volar con G'dar y quiso ir con ellos, pero Rick se interpuso en su camino. Para diversión de todos los acompañantes de ambos competidores, Eva trataba de mil formas burlar a Rick y el obro terminó por echarse a Eva al hombro y no bajarla de ahí hasta que el príncipe y Don salieran. Incluso la alejo del hangar lo más posible y la puso de espaldas a todo para que no se enterara de lo que pasaba.
-¡Rick! ¡Ya! ¡Déjame ir! ¡Auxilio!- Eva estaba en un punto cercano a la exasperación cuando notó que Rick comenzaba a reír- ¿Es que esto te parece tan gracioso?
-Además de eso. Ya llegó quien te hará quedarte quieta- indicó Rick, al tiempo que la devolvía al suelo.
Antes de que Eva volviera la mirada sintió unas cálidas manos tomando su cintura.
-Princesa, tus gritos se escuchaban hasta la oficina de tu padre- susurró Aikka con una sonrisa en el oído de Eva- Hablaba con él, acerca de lo nuestro.
Eva si giró y una expresión casi horrorizada cubrió su rostro. Instintivamente buscó a su padre y lo encontró hablando con Canaan, mientras todos los que estaban a su alrededor escuchaban y asentían.
-¿Qué fue lo que dijo?- preguntó Eva, temiendo una respuesta negativa.
-Lo lógico. Siendo específicos, amenazó con que Nourasia se quedaría sin heredero si yo te hacía daño alguna vez. Además de eso, me ha concedido permiso para estar contigo- respondió el príncipe que se echó a reír ante la mueca de confusión y alivio de la chica.
-¡Vaya! Esto no me lo esperaba. Debería hablar yo misma con él después. ¿Qué hace con Canaan?
-Le está explicando todo, Eva. Tu padre quiere que ambos equipos estén enterados de la situación para que se pueda manejar- explicó Aikka tomando la mano de Eva.
-Aikka, espero que esto no te cause problemas en tu planeta. Porque sabes que prefiero que estés bien con tu familia y tu reino- aclaró la chica jugueteando con el cabello suelo del príncipe.
-No te angusties por eso ahora. Yo me encargaré de todo y te prometo que vamos a estar juntos el mayor tiempo posible- aseguró el príncipe.
A lo lejos, Don era testigo de cómo el príncipe tomaba el rostro de su hija y lo acercaba al suyo, fundiéndose en un tierno y largo beso. No quería admitirlo, pero además del sentimiento de infinita tristeza por ver a su pequeña crecer y dar un beso frente a él, también lo invadía la felicidad, pues tenía mucho tiempo que no la veía así de alegre y optimista.
Su Eva, que rápido estaba creciendo. Y cada día se parecía más a su madre, a la alegre, cariñosa, valiente y hermosa Maia.
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-Se abre la sesión, preside el honorable Consejero Mayor Berko. Se encuentra presente su Alteza Real el rey Lao, además de su primo Sikar. Todos los consejeros presentes. Iniciamos
Hubo un gran ajetreo toda la mañana en las salas del palacio. Berko había convocado a una apresurada reunión que, según la misiva enviada a todos los consejeros, debía tratar de un asunto de suma importancia en esos momentos.
Ahora, todos estaban en la sala del Consejo, el rey Lao, en su trono, y junto a él su primo Sikar, que había pedido escuchar las reuniones y ofrecía su consejo en caso de que fuese necesario. A unos cuantos pasos de ellos, Aitan, el Consejero más joven, se recordaba a sí mismo que debía proteger el bienestar de los príncipes e intentar liberar un poco el conservadorismo que prevalecía en el reino desde su inicio.
-Señores del Consejo, gracias por su asistencia. El asunto del que quiero hablarles es, estoy seguro, lo más importante por ahora. Y para aquellos que lo piensen, no me estoy refiriendo a los cuestionables tratados con la Coalición Tierra.
-Perdone la interrupción, pero dudo que exista una cosa más importante. El presidente Raymond de la Tierra se comunicó conmigo en la pasada noche para volver a insistir en los Tratados, de los cuales creo que saldremos muy beneficiados- señaló el rey Lao, que ya suponía lo que Berko quería hablar.
-Entiendo eso, su Alteza, pero el tema que quiero discutir compete enteramente a nuestro planeta. Es cuestión de tradición, honor y legado de su propia familia- cuando tuvo la atención de todos los Consejeros, Berko inició el asunto- Quiero que el Consejo recuerde que en exactamente quince días será el aniversario de nuestro bien amado príncipe Aikka y su Alteza el rey Lao deberá ceder el trono.
-Eso ya lo sabemos, Berko. Los preparativos están casi listos para que cuando el príncipe regrese de sus compromisos en Oban pueda subir al trono sin contratiempos- interrumpió uno de los nourasianos.
-Aún tenemos uno muy grande y por el que según nuestras leyes el príncipe Aikka no podría acceder al trono. Nuestro heredero aún no ha contraído matrimonio.
Una oleada de murmullos sonó en toda la sala. Aitan pensaba en cómo defender la libertad del príncipe Aikka cuando notó el color pálido que había adquirido el semblante del rey.
-Lo sabemos, Berko. Pero igual sabemos que se puede atrasar el matrimonio. No es primordial en la sucesión al trono- intervino Aitan.
-Joven Consejero, creo que su escasa experiencia no le permite darse cuenta de la importancia que representa para el pueblo la conservación de sus tradiciones, sobre todo en lo que refiere a la familia real, el pilar de la unidad de nuestro reino- replicó uno de los Consejeros más viejos y conservadores.
-Aun así, creo que no se debería tomar una decisión de esta índole sin que su majestad de encuentre presente- contestó Aitan.
-El príncipe Aikka tiene el conocimiento de que se seleccionará una nourasiana que cumpla las características de una buena esposa. De no aceptar esto, se le negará el derecho al trono y la princesa Amina será la que contraiga nupcias para convertirse en reina de Nourasia- aclaró Berko.
-Y supongo que usted mismo se ha encargado de seleccionar a las nourasianas que considera adecuadas.
-Lo he hecho, Aitan. He seleccionado a tres mujeres nobles que estoy seguro que cumplirían un perfecto perfil de esposa del rey de Nourasia
Berko llevó personalmente un pergamino que llevaba en las manos hasta la silla del rey Lao, se la entregó con una reverencia y esperó a que este la abriera para volver a su lugar.
-Su Alteza, consideró que el tiempo apremia, así que propongo una inmediata votación para que el Consejo tenga una candidata, aunque sea usted quien de la última palabra- sugirió el Consejero Mayor.
El rey Lao, antes de decir palabras, se giró para ver a su acompañante y mostrarle los tres nombres de la lista. Al leerlos, Sikar se mostró sorprendido.
-Querido primo, nada me haría más feliz que seleccionarán a quien encabeza la lista. Pero que se haga tu voluntad. Piensa en la conveniencia del pueblo y la felicidad de tu hijo- susurró Sikar al rey, quien volvió la vista al Consejo y les indicó que continuaran.
Una a una, Berko mencionó el nombre, la posición y las cualidades de las jovencitas, y aunque las tres eran prácticamente de la misma posición y poseían atributos significativos, Aitan no pasó por alto que Berko hacía énfasis en una de ellas, y también le pareció sospechosa el semblante de triunfo que alcanzó a percibir en el acompañante del rey.
-Bien señores, es tiempo de que externen su voto- declaró el Consejero.
Uno por uno, los Consejeros dijeron su decisión, con la excepción de Aitan, quien se abstuvo de elegir a alguna. Para el final de la votación, el resultado era prácticamente unánime y solo faltaba una palabra del rey para que el destino de Aikka estuviera sellado.
-Secundo la moción del Consejo. La esposa del príncipe Aikka y futura reina de nuestro planeta ha sido escogida- promulgó el rey Lao, entre aplausos de la mayoría y un solo protestante.
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-¡No pudo haber salido de una mejor manera, general Kronos!
En la zona más recóndita del palacio nourasiano, cerca del sótano, dos nourasianos mantenían un encuentro secreto con el holograma de una gran figura negra, un krog.
-No pudo ser de otra manera. Lo que tenían que hacer era ridículamente sencillo. Tardaron más tiempo del que esperaba y he tenido que modificar los planes- contestó el general.
-¿Qué ha pasado, general?- preguntó Sikar, temeroso.
-Tu hija, que a decir verdad es bastante lista, está enterada de hasta el más mínimo detalle. Y hemos decidido que conviene más a nuestros intereses deshacernos del príncipe.
-Pero general… el Consejo… todo está listo… El plan era ese- replicó Berko.
-Esa era tú parte del plan. Por ahora seguirán los órdenes que les he dado. La joven nourasiana y yo haremos el resto. ¿El Avatar ha sido notificado de la decisión?
-S…sí- tartamudeó el consejero- el mismo rey le ha mandado una petición para que el príncipe regrese al planeta durante unos días para que se realice la unión, antes de que vuelva a la competencia.
-Esperemos que el humano no quiera pasarse de listo. La Tierra y ese príncipe deben aprender la lección, a la manera del Imperio Krog
El general Kronos dejó ir una risa en verdad macabra, mientras su holograma se desvanecía, dejando a ambos nourasianos con el miedo y la expectación circulando por sus venas.
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Hacia el tercer día de entrenamiento, el equipo de la Tierra y Nourasia tenían toda una elaborada estrategia sobre la cual guiarse en la carrera. Aunque era claro que habría toda clase de sorpresas, ambos tuvieron ideas para saber qué hacer en el supuesto de que la carrera se volviera violenta.
Al príncipe Aikka le habían prestado un audífono con micrófono integrado que Kouji había diseñado especialmente para la extraña anatomía del nourasiano. Con ese dispositivo, Eva, Aikka y Jason podían hablarse entre ellos y con la sala de control de la Tierra, desde donde Don y Canaan dirigirían la carrera.
-Eva, Aikka, giro cruzado. Jason, gira la torreta y apunta hacia una misma dirección con el príncipe.
Instantáneamente, Aikka y Eva giraron sus transportes mientras avanzaban, al tiempo que cruzaban sus caminos formando una "X" invisible. En la torreta, Jason procuraba, por milésima vez, no sentirse mareado por tantas vueltas de la Arrow. Cuando G'dar dejó de dar vueltas, Aikka apuntó con una flecha hacia una de las enormes cumbres de Oban. Jason no perdió tiempo y apuntó hacia el mismo punto.
-¡Ahora!- ordenó Rick por el micrófono.
-Um Sekai Nuram a terra Ubara
La flecha salió despedida del arco de Aikka velozmente, y en cuestión de segundos, uno de los cañones plasma de Jason la había alcanzado, de modo que cuando chocaron contra el objetivo, una gran explosión de color morado iluminó los cielos y retumbó en kilómetros a la redonda.
-Eso no estuvo nada mal, jóvenes. ¿Qué tal si para terminar practicamos el cambio de nave?- propuso Rick.
-Por mí no hay problema- contestó Aikka, que aún no se acostumbraba a parecer que hablaba solo.
-Ahora o nunca- respondió Eva.
-Muy bien, saben lo que deben hacer. Quiero verlos actuar solos- aclaró Rick antes de apagar su dispositivo para solo observar.
Eva y Aikka emparejaron su posición y el espectáculo inició. Aikka se puso de pie en la espalda de G'dar mientras el escarabajo ganaba más altura que la Arrow. Rápidamente, Aikka saltó a la nave terrestre y Eva abrió la cabina del piloto para que él pudiera entrar.
-Toda tuya. Lo harás bien. No modifiques la velocidad hasta que haya llegado a G'dar- dijo Eva antes de salir de la cabina.
-Tú también lo harás bien, princesa. G'dar sabe lo que tiene que hacer- contestó el príncipe ocupando el asiento Rocket
Cuando esta se cerró, la chica caminó con cuidado hacia uno de los extremos de la torreta, con la precaución necesaria para que el viento no la hiciera caer. Una vez a la orilla de la Arrow, y con el corazón en la boca, Eva se aseguró de que G'dar estuviera a la altura necesaria para que pudiera llegar a él.
Ni siquiera contó hasta tres. Lo hizo lo más rápido posible. Dio un brinco y estuvo en el aire tres infartantes segundos, en los que hasta las personas en la sala de control mantuvieron la respiración. Rápido y seguro, G'dar llegó al encuentro de la humana, y esta se sintió extrañamente unida con el escarabajo cuando estuvo en la misma posición de Aikka.
-Muy bien, muy bien ambos- felicitó Don que sentía que la sangre abandonaba su rostro cuando vio a su hija saltar- Escúchame Eva, quiero que tú y G'dar retrasen su vuelo, voy a concentrarme unos minutos en el príncipe.
-Príncipe Aikka, no es momento de perder la concentración. Recuerde sus entrenamientos y canalice el estrés- recordó Canaan a Aikka, quien contestó afirmativamente.
Dentro de la cabina del piloto, Aikka luchaba con todas sus fuerzas mantenerse sereno y recordar todos los pequeños detalles y trucos que Eva le había dado para el manejo de esa enorme nave.
-Aikka, concéntrate y estabiliza la nave. No muevas tu cuerpo a un lado porque la Arrow irá hacia allá. Regresa al centro y presiona el acelerador despacio- Don, bastante serio, también se sentía nervioso en el interior, en parte por su hija y en parte por dejar su única nave en manos de un inexperto.
Pero, contrario a lo que cualquiera que no conocía al príncipe pensaría, lo estaba haciendo muy bien para ser su primera vez. El joven príncipe estaba tomando bien las curvas, y aunque se notaba su tensión, no había entrado en pánico. Hasta Jason había tenido oportunidad de hacer algunos tiros de práctica.
-Vaya, vaya. Aikka, lo haces muy bien. ¿Qué te parece si subes la velocidad e intentas dar un giro?- propuso Stan- Creo que puedes llevar al tope en la velocidad de crucero.
-¿La qué?- preguntó el nourasiano, confundido.
-Se refiere a la máxima velocidad que puede alcanzar la Arrow sin un impulso extra- aclaró Jason- acelera y cuando el indicador de velocidad llegue al tope, da el giro.
Aikka sintió y se preparó. Hizo justo como había observado a Eva que lo hacía. Se aferró al manubrio y poco a poco piso a fondo el acelerador, con unos pocos tirones por la escasa experiencia manejando la nave. Poco a poco, los indicadores aumentaban.
-Estoy listo- indicó Aikka cuando el indicador llegó a tope- Ahora.
De manera impresionante, Aikka logró que en su primer intento, la Arrow girara a la derecha, uniforme y casi sin ninguna complicación. Cuando regresó a su posición original, decidió que era suficiente y poco a poco bajó la velocidad para aterrizar y una vez que soltó el tren de aterrizaje, tocó el piso y detuvo la nave en frente del hangar terrestre.
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-Es un engreído- dijo para sí mismo Jordan cuando observó el espectáculo que había montado Aikka en la Arrow IV.
Se suponía que el mensaje que hacía unas pocas horas le había llegado de Nourasia debía ser entregado al príncipe inmediatamente, pues hablaba de una urgencia en el planeta. Sin embargo, el Avatar se tomó su tiempo para observar como ambos cambiaban de nave, y cómo Aikka lo había hecho estupendamente bien.
Ahora, Eva, montada sobre el bicho del nourasiano, también practicaba la misma rutina de Aikka, poder acelerar con uniformidad y cuando hubiera alcanzado la velocidad máxima de G'dar sin un hechizo, dar un giro sobre él y regresar al suelo.
-No podía ser de otra manera. Eres la mejor- suspiró el joven de cabello bicolor cuando vio como Eva ejecutaba todo el entrenamiento casi a la perfección.
Podría haberse quedado a observar ahí todo el día, pero recordó que tenía que darle un mensaje a Aikka. Se acercó al grupo de chicos que estaban sentados en el pasto, observando también el entrenamiento.
-Buenos días- saludó Jordan.
-Buenos días, gran Avatar- saludaron Luka, Amina, Laila y Cairen al unísono, al tiempo que hacían una ligera reverencia.
-Hola, Jordan. ¿Vienes a observar?- preguntó Alexandra sin moverse de su lugar.
-Tengo que ver al príncipe Aikka. Esperaré a que terminen su práctica- dijo Jordan tomando asiento junto a Alexa.
No tuvieron que esperar mucho tiempo, pocos minutos después, Eva aterrizaba con G'dar y se reunía con Aikka, su padre, Jason, los mecánicos, Rick y Canaan. Charlaron hasta que Eva se percató de la presencia de Jordan junto con sus amigos y fueron todos a reunirse con él.
-¡Jordan!- saludó Eva dándole un abrazo, para gusto del Avatar y molestia del nourasiano-¿Qué te trae por aquí?
-Yo… eh… traigo un mensaje para Aikka.
El aludido dio un paso al frente y recibió de las manos de Jordan un pergamino amarillo. Conforme lo leía, un poco de color se escaba del rostro del príncipe, y para cuando terminó de leerlo, lucía completamente pálido, para desconcierto de Eva.
-Aikka, ¿Qué pasa?- preguntó la chica, asustada.
-Es mi padre- dijo Aikka.
-¿Qué? ¿Papá? ¿Le sucedió algo? ¡Aikka!- gritó Luka.
-No, no es eso. Él quiere vernos a todos en Nourasia e insiste en que es una urgencia- contestó Aikka- Canaan, quiero que todos se prepararen.
-Sí, majestad- respondió el maestro.
-Jordan, espero contar con tu permiso para dejar Oban.
-Por supuesto. Pero tienes que estar aquí en dos días, la carrera no puede postergarse por un competidor y dudo que quieras dejar a Eva sola- indicó Jordan.
-Pero no puedes hacer esto. Aún no acabamos de entrenar. Te recuerdo que somos un equipo- replicó Don totalmente molesto por ese cambio de planes.
-Lo siento señor Wei. Me disculpo con todo el equipo Tierra, pero si me padre ha decidido interrumpir mi estancia en Oban es porque algo urgente debe ser atendido. Pero no los dejaré solos. Yo les prometo estar aquí para el día de la carrera.
-Yo lo entiendo, Aikka- intervino Eva antes de que Don estallara- ve tranquilo y resuelve todo. Entrenaré lo más que pueda para estar lista.
-Gracias, princesa- agradeció el príncipe con un beso en la frente- luego se dirigió a sus hermanos y compañía- Mi padre insiste en que vayamos todos. Amina, ve por tus cosas, partimos en unos minutos.
Aikka y su equipo se alejaron hacia el módulo y Eva y Alexa ayudaron a Amina a empacar rápidamente, porque pensaban que mientras más rápido llegaran a Nourasia, más rápido estarían de vuelta.
Sin embargo, por la mente de Jordan, e incluso de Don, rondaba el mismo presentimiento. Ya había una seleccionada para el príncipe Aikka.
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-Aikka, por favor. Prométeme que no es nuestra relación lo que te lleva urgentemente a Nourasia- Eva sujetaba de manera nerviosa la mano del príncipe, que solo se estaba despidiendo de ella antes de partir a su planeta.
-No sé lo que sea, pero estoy convencido que no es por nosotros- respondió Aikka besando la mano de su chica- Quiero que estés tranquila en mi ausencia y espero que entrenes lo suficiente como para que seamos los primeros en la siguiente carrera.
-¿Volverás, verdad?- preguntó la chica, temerosa.
-Te doy mi palabra de que lo haré. Además, quiero dejarte algo para que estés segura de mi regreso.
Aikka señaló hacia atrás y Eva vio que G´dar aún seguía fuera de la nave, pero estaba acostado, como esperando.
-¿Qué hace? ¿No irá contigo?
-No. Él se rehusó a entrar a la nave, por lo que entiendo que quiere quedarse contigo. Y lo entiendo. Así que se quedará aquí para que tú puedas entrenar con él y será tu garantía de que regresaré en dos días.
Eva no contestó. Vio como G'dar la esperaba y no pudo evitar sentir una horrible punzada en el corazón, como un mal presagio. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas sin que pudiera evitarlo.
-No, Eva, no llores, por favor. No tú, mi fuerte princesa- pidió Aikka aprisionándola en un abrazo y dejando que las lágrimas mojaran su pecho- Jamás estarás sola. Siempre estaré aquí- dijo Aikka tocando con la punta de su dedo el lugar donde se encontraba el corazón de Eva. Cuando hizo contacto con su piel, una chispita azul brotó y les provocó un pequeño cosquilleo- ¿Lo ves? Mi magia ya responde a ti. Y eso no va a cambiar por nada ni nadie.
Eva sonrió un poco, y para despedirse, plantó un apasionado beso en sus labios preferidos. En los labios que no cambiaría por nada en el Universo. En los labios que la hacían sentirse viva y a la vez en al más dulce sueño. Suyos. Eran suyos. Por siempre.
-Te amo- susurró pegada a su boca.
-Te amo, princesa- contestó Aikka acariciando su mejilla- Debo irme. Nos veremos pronto. Cuídate siempre.
Eva corrió hacia G´dar y juntos observaron como el módulo nourasiano despegaba hacia el cielo. El escarabajo hizo un sonido parecido a un sollozo. Acongojada, Eva puso una mano sobre él y lo acarició para que no se sintiera abandonado.
-También lo extrañaré- le dijo a G´dar en su susurro, luego vio como en el cielo, el módulo desaparecía en una estela dorada- Adiós, mi amor. Cuídate siempre.
Hola a todos. Bueno, creo que esta vez no fue tan larga la espera, y los estoy compensando con un capítulo muy largo. Probablemente se estén dando cuenta que las cosas se van a empezar a poner feas aquí, lo que es claramente una señal de que se acerca el fin. Eso me llena de nostalgia pero a la vez me pone muy contenta, porque, por lo menos para mí, la historia me está encantando, y espero que a ustedes igual.
Por cierto, ¿les gustaría que hubiera una secuela de este fic en cuanto lo acabe? Imaginen que se trataría de la vida adulta de nuestros personajes. Por favor, ayúdenme comentándome si es buena idea. Sin más por ahora, me despido de ustedes y prometo que tendrán nuevo capítulo en uno o dos meses, no más, por esto de la Universidad que a veces me atrapa.
¡Los quiero! ¡Saludos!
Gabriel Lopez: ¡Listo! Espero que cumpla con tus expectativas, te juro que me costó algo de trabajo acomodar las ideas, pero creo que resultó bastante bien. Un beso y un abrazo.
Ninfa: Que bueno que te esté gustando. De verdad que me alegra ver tu Review con tus ánimos. No olvides pasar otra vez y contarme que te pareció y apoyarme con la pregunta que dejé arriba. ¡Saludos!
Meggi Usui: De hecho si me sorprendió que no me dejarás Review. Pero me alegra que no me hayas abandonado y que me sigas leyendo. Este capítulo no fue de mucha acción, pero si es importante para lo que viene después. Y sé que te gustará el siguiente porque por fin te diré lo que quieres saber. No olvides pasar otra vez y contarme que te pareció y apoyarme con la pregunta que dejé arriba. ¡Saludos!
Kmarchant: Gracias por todavía seguir aquí, sobre todo cuando esta historia ya casi llega a su fin, pero como te lo prometí, así me lleve toda la vida, voy a terminar este fic. Así que tu tranquila que todavía queda mucho de qué hablar. No olvides pasar otra vez y contarme que te pareció y apoyarme con la pregunta que dejé arriba. ¡Saludos!
P.D.: La canción para este capítulo es "Rule the World" del grupo Take That
P.D. 2: No saben el trabajo que me costó encontrar una canción para este capítulo, les recomiendo que la oigan
