Capítulo 17: I remember the lies. Caught up in building Paradise. The angels were slaves, and demons behaved, and everything was alright. Here I am, living a dream that I can't hold. Here I am on my own

Aikka nunca había reparado en el esplendor de Nourasia al amanecer. Desde el módulo, que cada vez estaba más próximo a llegar al pequeño planeta, los príncipes gemelos presenciaron una vista del amanecer nourasiano desde el espacio, y el espectáculo los conmovió. Que maravilloso era su reino.

-Vale la pena luchar por esto, ¿cierto? - preguntó Amina a su hermano.

-Sí, hermana, lo vale. Lucharé por esto y por ella- aseguró el joven príncipe sin poder apartar la vista del cada vez más cercano planeta.

-Tengo la sensación de que por fin entendiste que no pueden hacer contigo lo que quieran. Ni siquiera nuestro padre. No eres de su propiedad- dijo la chica mientras golpeaba con su puño la pared y haciendo referencia a la decisión del matrimonio de Aikka.

-Lo sé, lo sé. Cálmate. Encontraré la manera de salir de esto.

-Encontraremos, Aikka- replicó la chica tomando su mano- Todos juntos. Incluso Luka, aunque esté enojado ahora mismo.

Aikka sonrió y le dio un beso en el dorso de la mano a su hermana, en señal de agradecimiento.

El módulo de Oban no tardó en aterrizar sobre la superficie de Nourasia, donde los habitantes comenzaban a despertar ante los primeros rayos del sol. Una vez abajo, Aikka recorrió con la mirada el paisaje y alcanzó a ver cómo Nuram desaparecía en el horizonte, y también como una guardia del Rey salía del palacio a su encuentro.

-Sus majestades- dijeron los guardias al tiempo que se ponían de rodillas- El Consejo, el Rey Lao y la Reina Nuri los están esperando en una reunión, y desean que todos los que los acompañan se reúnan con ellos. Por favor, sígannos.

Los príncipes mayores intercambiaron miradas de extrañeza. Podían entender que los cuatro, incluyendo a Laila, estuvieran en una junta de Consejo. Pero no comprendían para que querían a Canaan y a Cairen en la misma junta con ellos.

Sin embargo, no podían cuestionar las órdenes de sus padres y los recién llegados caminaron detrás de la guardia, saludando de vez en cuando a los pobladores de Nourasia que iniciaban a sus actividades.

Al llegar a la entrada principal del palacio, todos aquellos que estaban ahí, tanto la servidumbre como los guardias, llevaron una rodilla al piso, en señal de respeto a la figura de los cuatro príncipes. Pero en cuanto ellos pasaron, todos se pusieron de pie, sin darse cuenta que detrás, Cairen se desilusionó porque no esperaron a que ella pasara para levantarse.

Al llegar a la sala del Consejo, y antes de que se abrieran las puertas, Aikka escuchó un gran murmullo dentro del salón, e incluso podía jurar que era la voz de su madre la que se escuchaba por encima de otras.

-Hey, tranquilo, todo estará bien- intentó calmarlo Luka, poniendo una mano sobre el hombro de su hermano menor.

Aikka se giró para verlo, y aunque se sentía profundamente agradecido con su hermano por apoyarlo a pesar de que estaban peleados, una horrible sensación lo estaba invadiendo, como si supiera que todo estaba por venirse abajo. Su mente y su corazón viajaron inmediatamente, no a un lugar, sino a una persona, donde sabía que podía depositar sus miedos, donde estaría siempre bien

SSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

-De acuerdo, ¿y qué se supone que hagamos con el gigantesco escarabajo?

Jason daba vueltas alrededor de G´dar. No había tenido la oportunidad de estar tan cerca de él, pero lo cierto era que le causaba una muy fuerte impresión. Estaba acostumbrado a los animales de la Tierra, y, aunque había superado su irracional miedo por las arañas, los insectos en general le producían incomodidad, y G´dar estaba haciendo que se sintiera nervioso.

-No es un escarabajo. No sé cómo se llame su especie, pero "escarabajo" no- defendió Eva a la montura nourasiana mientras le acariciaba el lomo- Y no tenemos nada que hacer más que entrenar los dos días restantes.

-En realidad, solo tenemos el resto de la tarde y mañana- señaló Jason entrando a la torreta de la Arrow- Vamos, nena, una hora más y ya.

Eva resopló, dejó a G´dar descansando en una esquina y siguió a Jason hacia la nave, para hacer la prueba de las velocidades máximas que podía alcanzar la Arrow IV. Cuando salieron a campo abierto, Eva se sintió decaída de repente. Había estado muy ilusionada los días pasado por pasar todo el tiempo entrenando con Aikka. Y aunque G´dar estaba dentro de su módulo como una hermosa promesa, la chica sentía que algo estaba marchando terriblemente mal.

-Eva, pon atención a la prueba, por favor- pidió Stan desde la sala de control- quiero que esto salga bien y debo cerciorarme de que la instalación del nuevo sistema de enfriamiento y el nuevo sistema de turbinas en racimos funcionen al cien por ciento.

-Lo siento, chicos- dijo Eva dándose unas palmadas en las mejillas y tratando de sacar los pensamientos distractores de su mente- Ya está. Vamos a hacer esto. Quiero ver que nuevos trucos tiene mi bebé- una vez más, sonaba como una chica bastante animosa, refiriéndose a la Arrow.

Todo el resto de la tarde, el equipo Tierra voló por todo el bosque de Oban, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no pensar en Aikka y concentrarse al máximo en la superación de su nave. La motivaba pensar en lo mucho que el nourasiano se sorprendería al ver sus grandes avances y como la estrategia resultaba prácticamente perfecta y a prueba de todo. Sin duda, ganarían el primer lugar, ¿verdad? Es decir, entre ellos mismos se complementaban, era impensable que las cosas no resultaran.

-Será todo por hoy, Eva. Te aconsejo que descanses, mañana tendrás que practicar con dos… ehh… medios de transportes- indicó Kouji no sabiendo como referirse a G´dar cuando Eva aterrizó en el piso del módulo.

-Y cuando queremos que descanses, lo decimos en serio, no más escapadas nocturnas. Es sano dormir de vez en cuando- bromearon Jason y Alexa dándole unos pequeños codazos, a los que la chica respondió amistosamente con empujones.

Don veía a los chicos desde arriba y vio a Eva tan cómoda y alegre con sus amigos, que no lograba comprender que era lo que su hija pretendía al estar con alguien que no era de su misma… especie. Se le veía tan jovial que por la mente de Don se recreaban mil maneras de conciliar su dolor cuando supiera que todo se iba a venir abajo más temprano de lo que tenía planeado.

-Atención todos. Mañana será un entrenamiento crucial. Eva tendrá que esforzarse por dos debido a la ausencia de Aikka, así que todos tendremos que trabajar el doble. Descansen hoy y los quiero despiertos a primera hora de la mañana- indicó Don mientras bajaba de las escaleras.

-Sí, señor- dijeron todos a la vez. Se despidieron entre ellos y uno a uno fueron desapareciendo en sus habitaciones, hasta que solo quedaron Don y Eva, que estaba junto a G'dar.

-La orden era para todos, Eva- aclaró Don al ver que su hija no iba a dormirse.

-Lo sé, lo sé. Es solo que me angustia verlo solo. Lo extraña- dijo la chica acariciando la cabeza del animal, que poco a poco se estaba quedando dormido.

-No solo él- respondió Don, tomando el hombro de Eva. Ella volteó a ver a su papá con una diminuta lágrima queriendo escapar de sus ojos.

-Sí, yo también- Eva soltó a G'dar y se refugió en los brazos de su a veces demasiado estricto padre. Pero, aunque fuera así, sabía que siempre podía darle todo el amor y consuelo que pidiera.

Por su parte, a Don lo abrumaba toda la situación. Ahí estaba la primera prueba de que el príncipe solo traería una serie de eventos desafortunados a la vida de ella. Eva, su Eva, estaba sollozando. Y eso no estaba en absoluto bien. Pero lo prometió, no sería él quien interviniera, Aikka debía hacerlo en persona para dejarle totalmente claro a Eva cual era la situación, y porqué eso mismo les impedía, de cualquier modo, estar juntos.

-Eva- la chica se separó del abrazo de Don y le devolvió una mirada graciosa, como si nada estuviera pasando, a lo que su padre no pudo más que reír- ve a descansar, mañana hay mucho que hacer.

-Sí, sí. Ya lo hago. Solo me aseguraré de que G'dar esté cómodo y me voy a la cama- dijo Eva antes de plantar un enorme beso en las mejillas de su padre- Descansa, gracias.

Don le devolvió el gesto en la frente y se fue a dormir. La chica esperó hasta que Don desapareció dentro de su alcoba, y nada más dejo de verlo, sacudió a G'dar hasta que lo despertó, y fue como si el animalito entendiera la complicidad, porque ambos salieron muy silenciosamente del módulo, y cuando estuvieron afuera, la criatura se agachó para que Eva pudiera subir sobre él. Con mucho cuidado, y algo de miedo porque no estaba Aikka ahí para ayudarla, la chica se acomodó lo mejor que pudo y cuando G'dar sintió que se había sentado, emprendió el vuelo, hacia el destino que su dueño le había mostrado antes de irse, a aquel lago que era la perfecta escapatoria para la joven pareja.

Cuando llegaron y G'dar la dejó en suelo, Eva sacó de su bolsillo una carta escrita en un pergamino amarillento y de aspecto antiguo. Escrito sobre él, una elegante caligrafía humana recién aprendida y escrita por el joven príncipe nourasiano, dejaba claro, para empezar, que la amaba más de lo que ella se pudiera imaginar y reafirmaba la promesa de que estaría presente en la mañana de la carrera. Pasando a otros asuntos… "estoy seguro de que G'dar te habrá hecho llegar estar carta para esta misma noche. Él sabe lo que tiene que hacer, así que cuando lo encuentres oportuno, úsalo para llegar hasta el lago. Una vez que te encuentres ahí, revisa la montura, encontrarás el carcaj con mis flechas y mi arco".

Así lo hizo Eva, y, justo como la carta lo decía, detrás del asiento, estaba el equipo de Aikka. La chica se sorprendió de verlos, en parte porque nunca los había tocado, y porque pensó en como algo tan ligero y delgado podía causar el daño que tantas veces había visto.

"Ahora, lo primero es que aprendas a disparar un arco. Confío en que ya lo sepas hacer" Eva soltó una carcajada de victoria porque, por fortuna, había sido de las mejores arqueras en el campamento de verano de un año antes, justo al que se había mostrado renuente a participar porque no tenían el nivel de tecnología que ella consideraba adecuado para mantener su atención por más de una hora. Se saltó la parte en la que Aikka detallaba los modos de disparar una flecha de forma certera, hasta que llegó a la parte que la había entusiasmado. "Supongo que tal vez pienses que es imposible que tengas magia propia. En efecto, los humanos no tienen esa capacidad. Pero los nourasianos tenemos el potencial de transmitir nuestro poder por otros medios. Dejaré que tu imagines el medio por el que ahora portas un poco de mi magia" Eva se ruborizó a más no poder y casi sintió que la cabeza le iba a estallar, antes de seguir leyendo, procuró no olvidar darle un buen golpe a Aikka "Creo que no podrás hacer hechizos muy complicados, pero puedes tratar con dos básicos. Um Sekai ubara y Um Sekai Nuram a safa. Son hechizos de luz y dejaré que descubras lo que hace cada uno. Recuerda pronunciarlo claro y fuerte. Imagina que la magia rodea tu cuerpo y la transportas en la flecha. Llámala desde tu corazón y te aseguro que saldrá perfecto. En ti, todo siempre saldrá bien. Debo irme, princesa. Practica y no te agotes o desesperes si no lo logras, ya habrá tiempo de que yo te enseñe. Te amo, linda princesa de la Tierra. Cuídate siempre. Aikka"

Eva leyó y releyó la última línea de la carta. "Te amo, linda princesa de la Tierra". Que maravilloso era todo. Claro que ella también lo amaba. Más de lo que creía posible. Lo iba a enorgullecer mostrándole que era capaz de aprender por si misma los hechizos. Bueno, era más por su actitud competitiva, pero también era un poco por él.

- ¡Um Sekai Nuram a safa! – gritó Eva en cuanto puso una de las flechas en el arco y disparó. El objeto salió despedido hacia donde estaba G'dar, sin ningún tipo de magia que lo acompañara. La montura se percató del peligro, lanzó un ruido como de pánico y corrió hacia Eva, que atinó a moverse de donde estaba antes de que G'dar la aplastara.

Eso había sido frustrante. A pesar de que era su primer intento, Eva arrojó el arco al piso, gritó unas cuantas maldiciones y dejó que la frustración la consumiera unos cuantos minutos, hasta que G'dar llegó a su lado, lo que le ofreció un poco de calma. La montura hizo uno de sus particulares sonidos y señaló con la cabeza hacia donde estaba el arco y el carcaj.

-Vaya, que remedio. Está bien- suspiró Eva, mientras volvía a tomar el arma. Acomodó sin ganas la flecha en el arco y apuntó hacia una de las elevaciones rocosas. Tomó una gran bocanada de aire y se imaginó que la flecha se vestía de azul- Um Sekai ubara- recitó el hechizo lo más tranquila que pudo, aunque sintió que se le desbocaba en corazón con cada palabra que articuló, y aún más cuando sintió un extraño escalofrío recorriendo desde su pecho hasta su brazo, pasando por su mano y, de alguna manera increíble, transfiriéndose a la punta de la flecha, la cual centelleó un poco, hasta que se formó una pequeña y brillante luz azul.

Eva casi se va de espaldas por la emoción, pero recordó serenarse y sostener la flecha. Tensó el arco y, como si lo estuviera viendo en cámara lenta, dejo ir la flecha hacia las rocas. Escuchó un silbido cuando salió del arco y cortó el aire hasta tocar su objetivo, que tembló y se hizo varios pedazos cuando recibió el impacto.

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Justo antes de entrar a la sala del Consejo, Aikka sintió un vuelco en el corazón y después un cosquilleo en su brazo derecho. Se sintió muy extrañado por la sensación, y aunque al principio no le encontró alguna explicación, después pensó que tal vez, a unos cuantos cientos de años luz de distancia, una humana había logrado hacer una magia inalcanzable para ella. Sonrió para sí, y la extraño más de lo que ya lo hacía.

-Sus majestades, señorita Cairen, maestro Canaan, pueden entrar- anunció uno de los guardias que custodiaban la puerta.

Aikka tomó una gran bocanada de aire y entró a la sala del Consejo. Todos estaban en silencio y lo seguían con la mirada, lo cual hizo sentir a Aikka aún más incómodo y nervioso. Distinguió a sus padres sentados en la cabecera de la sala. A un lado de ellos, estaba Sikar, que indicó con la mirada a Cairen que ocupara el lugar que tenía junto a él.

Los príncipes llegaron al frente de sus padres, hicieron una ceremoniosa reverencia y se sentaron en los cuatro lugares dispuestos para ellos. Canaan saludó a los reyes y ocupó su lugar atrás de los herederos de Nourasia, como un fiel guardián. Una vez que todos estuvieron dispuestos, Berko habló:

-Mis queridos príncipes, bienvenidos a Nourasia y les ofrecemos una disculpa por hacerlos venir tan apresuradamente, pero las circunstancias no nos dejaron opción- los cuatro chicos asintieron y Berko lanzó una mirada a Aikka que no dejaba relucir ninguna emoción- Una felicitación, su majestad, por sus victorias y por avanzar en la competencia.

-Le agradezco, consejero Berko. Pero como puede ver, mañana continúa la contienda, y el equipo Tierra, ahora también mi equipo, debe estar esperándome. Así que recomiendo que seamos rápidos con los asuntos que haya que tratar, para encontrar una rápida solución y así pueda volver a partir a Oban para representar a Nourasia- contestó Aikka lo más tranquilo y sereno que pudo.

-Si esa es su voluntad, así será- asintió Berko, que seguía hablando solo para Aikka, con un tono de voz que, aunque pretendía que fuera recto, resultaba bastante mordaz- con motivo de su muy cercano ascenso cumpleaños y ascenso al trono, el Consejo se dio a la tarea de revisar que cumpliera los requisitos que nuestras leyes estipulan, y volvimos a toparnos con el mismo problema. No ha contraído nupcias.

-Eso parece- dijo Aikka tragando saliva- pero en vista de que tenemos menos de un día, mis hermanos y yo hemos pensado que…

-Oh, no se molesten majestades- interrumpió Berko- el Consejo ya se ha dado a la tarea de solucionarlo.

-Deberíamos escuchar la propuesta de los príncipes- aconsejó Aitan, que aún tenía esperanzas de contrariar todo.

-El príncipe Luka y yo hemos pensado en la posibilidad de que nuestro hermano gane la carrera de Oban, y mientras se presentan los festejos, dar tiempo a que encontremos la manera de que converjan todos nuestros intereses- explicó Amina, sabiendo que a ella no la podía hacer guardar silencio.

-Es muy razonable, su majestad. Y le agradecemos el gesto. Pero como les decía, el Consejo ha encontrado un camino viable, a sabiendas de que el príncipe Aikka ya ha declarado que aceptaría las resoluciones- todos en la sala murmuraron, recordando el desvanecimiento del príncipe el día que tuvieron una fuerte discusión. Berko decidió que era el momento de que se diera a conocer la noticia- Rey Lao, ¿puedo proceder a leer el acuerdo al que llegamos ayer?

-Adelante- contestó fríamente el rey Lao, tratando de esquivar las continuas miradas que sus hijos le dirigían.

Berko sacó un pliego de pergamino amarillo, y con aire triunfal, leyó:

"El día de hoy, a nueve lunas del decimocuarto ciclo del año, el Honorable Consejo Nourasiano ha decidido, con 29 votos a favor y una abstención, que el príncipe Aikka VI, heredero a la corona de Nourasia, despose a la noble nourasiana Cairen hija de Sikar, para asegurar la continuidad del linaje real, preservar las tradiciones y como requisito indispensable e ineludible para su ascenso al trono. Aprobado por el rey Lao II en el ocaso de su reinado."

Aikka no pudo articular una sola palabra. Estaba atónito, sin habla, impactado. El alma se le había escapado y ahora se sentía más como un muerto en vida. Se hundió en su asiento y apenas fue consciente de que Aitan había levantado para la voz para tratar de impedir la injusticia, secundado por la reina Nuri.

-Majestad, consejero Aitan, la decisión fue tomada y el príncipe Aikka ha aceptado hacer caso a lo que el Consejo diga. De lo contrario, perderá su derecho al trono- intentó calmar los ánimos uno de los consejeros.

Luka y Amina también sentían que una tragedia se cernía sobre ellos. Luka apenas pudo mirar hacia donde estaba Cairen, que se mantenía impasible, sin decepción o emoción en su rostro. Nada.

Amina sabía que no solo acababan de condenar a Aikka, sino también a Luka y a Eva. No podía ser posible. Todo el esfuerzo y el trabajo, habían valido nada.

Aikka pensó en Luka. En cómo se había ilusionado con Cairen. Él sabía que la chica estaba destinada para su hermano. Ya no solo se estaban metiendo directamente con la vida de Aikka, esto iba más allá.

-Caballeros, señoritas. Por favor, mantengamos la calma y sigamos con el protocolo- pidió el rey Lao, a lo que todos callaron inmediatamente- Berko, continúa.

-Gracias, su majestad. Señorita Cairen, príncipe Aikka, por favor pasen al centro de la sala. Mientras más rápido oficialicemos el compromiso, más rápido celebraremos la boda y el príncipe podrá volver a Oban sin preocupaciones.

Cairen, sin vacilar, bajó de donde estaba, con una mirada orgullosa de su padre, y alcanzó a Berko. Del lado de los príncipes, Aikka llamó a todas las fuerzas de fortaleza que poseía y se puso de pie.

-No, no. ¿Qué haces? Esto no está bien. No vayas- suplicó Amina jalando de la mano de Aikka.

-Aikka… hermano, no- pidió Luka, sin poder siquiera mirarlo a los ojos- nadie aquí quiere esto.

-Voy a ir- sentenció Aikka, soltándose del agarre de su hermana, quien ya estaba sollozando y trataba de ser consolada por Laila que apenas entendía la situación.

Pasivo, autoritario, con gallardía, como el buen príncipe que era, Aikka bajó las escaleras para encontrarse con Berko y Cairen. El consejero mayor sonreía a más no poder, como si de un gran triunfo se tratara. Cuando el príncipe estuvo frente a Cairen, ella le tendió la mano, en espera de que él la tomara y la besara, pero lejos de eso, Aikka apartó la fémina mano, para sorpresa e incluso indignación de todos, y la miró con frialdad antes de lanzarle la pregunta:

- ¿Es esto lo que quieres? ¿Soy yo lo que quieres?

La sala entera quedó en silencio y las miradas se concentraron en ellos dos. El azul confrontó al verde y podía sentirse la tensión que entre los dos había. Por un momento, Aikka creyó ver la intención de negarse, pero fue solo una centésima de segundo, cuando la mirada de Cairen se volvió abrasadora y altanera.

-No es lo que deseemos, majestad. Es la decisión del Consejo- dijo, para no mentir, pues en el fondo, muy en el fondo, sabía que eso no era lo que ella quería- Yo seré obediente y me atendré a las leyes de nuestro planeta.

-Príncipe Aikka, por favor, acepte la mano de la señorita y hoy mismo estarán casados. Incluso hoy mismo podrían regresar a Oban para no decepcionar a sus amigos del equipo Tierra- el tono de Berko ya se había elevado para parecer una burla.

-No.

- ¿Qué has dicho? – el imperturbable rey Lao se levantó de su trono al escuchar la respuesta de su hijo.

-He dicho que no. Estoy cansado de que hagan de mí lo que quieren- replicó Aikka, con los puños cerrados, y más convencido que nunca de que esa era la única salida. Luchar, luchar por lo que él creía y quería- ¿Por qué tengo que casarme para ser rey? ¿Es que acaso si no tengo esposa, significa que gobernaré mal?

-Las tradiciones y las leyes…

-Las tradiciones y las leyes se pueden cambiar- interrumpió a su padre, que se veía incrédula por la manera en la que Aikka hablaba- Le recuerdo al Consejo que las tradiciones y las leyes no me hubieran permitido asistir a la primera carrera en Oban. Sin embargo, se modificaron y obtuvimos grandes beneficios por mi participación, como la separación del Imperio Krog.

-La fuerza que motivó a ese ajuste fue superior. Era el Avatar quien convocaba al cambio.

-Y yo soy tu hijo, padre- retó Aikka, aún más seguro de lo que decía- y este no es el camino que quiero para mí. Amo Nourasia y anhelo gobernarla y ser un ejemplo de rey algún día. Pero por fin, alguien me hizo entender que no solo es cuestión de responsabilidad, también debo pensar en lo que yo quiero, y lo siento, pero el matrimonio con Cairen no es una elección para mí.

-Debo suponer que este descontrol lo aprendió de su compañera terrestre- dijo Berko sarcásticamente, a lo que Aikka solo asintió- Muy bien. Perdone que me entrometa en su intimidad, joven príncipe. Pero, ¿podría decirle al Consejo que es esa mancha azul que asoma en su espalda? ¿También es de parte de la señorita terrestre?

- ¡Eso no es posible! ¡Que inmoral! ¡Este muchacho no puede ser nuestro rey! ¡Es indigno! ¡Una falta a las tradiciones! – las voces de la mayoría de los consejeros gritaban indignadas por los actos de Aikka.

- ¡Alto! Saben que eso no es motivo de privación del trono- gritó Aitan entre el cúmulo de voces.

-Por supuesto que no, siempre que el príncipe se muestre arrepentido de sus actos y prometa solo entregarse a su futura esposa, la señorita Cairen- alegó Berko.

Aikka pasó la mirada por sus hermanos, hasta toparse con Luka, quien casi no había dicho palabra en toda la sesión. Lo vio abatido, perdido, desesperanzado. No. Definitivamente no podía hacerse eso. Ni a él, ni a Eva, ni a sí mismo.

-No. No me arrepiento y no prometo. Porque ahora pertenezco en cuerpo y alma a Eva, la chica terrestre. Eso es lo que deseo, padre. Eva nunca ha ambicionado nada más allá que el amor sincero y honorable que le he ofrecido. La Tierra está dispuesta a hermanarse por medio de los Tratados con Nourasia. Podemos hacernos aún más hermanos, padre. Por favor, no te cierres al cambio. Así Nourasia no avanzará.

La sala entera, incluso Berko, quedó en completo silencio. Nadie se movió de sus asientos, y las miradas viajaban del rey al príncipe, buscando adivinar una decisión, pues con solo una palabra de Lao, se podía modificar todo. Cairen mantuvo la respiración, esperando que saliera todo de acuerdo al plan, uno muy ingenioso. Sikar y Berko desbordaban nerviosismo por las consecuencias de que no saliera según lo planeado. Amina y Luka rezaban en el interior. Laila había corrido a los brazos de su madre por el miedo. La reina Nuri sentía que en cualquier momento rompería a llorar al ver a su hijo tan fuerte pero tan a merced de todos.

Después de tortuosos minutos, que parecieron horas, el rey Lao se levantó de su trono y se dirigió a Aikka, como si no hubiera nadie más en todo ese enorme espacio:

- ¿Es esa tu decisión final?

-Lo es, padre. No la cambiaré

-Un buen rey vela siempre por el bien de su pueblo, príncipe Aikka- dijo el rey, cerrando los ojos y negando con la cabeza casi imperceptiblemente- señores del Consejo, tomen nota que a partir de este momento el príncipe Aikka, mi hijo- una breve y dramática pausa- ha perdido el derecho de acceder al trono de Nourasia y la orden es irrevocable hasta que yo muera.

Nadie se atrevió a decir una sola palabra. Lo único que se oía era la respiración agitada del rey y los sollozos de la reina. Sikar y Berko enmudecieron y su piel se tornó casi blanca. Eso no había sido lo que esperaban ni lo que debía pasar. Al contrario de ellos, Cairen regresó a su lugar con total calma y serenidad. Nadie más hizo algún movimiento o ademán de hablar.

-Berko- llamó el rey, y este inmediatamente se reverenció para recibir instrucciones- ahora mismo harás los preparativos para que la princesa Amina esté lista a ascender al trono.

Una vez más, la sorpresa invadió el recinto y las miradas se posaron en la gemela de Aikka, que no cabía en sí de la estupefacción.

-Mi rey, para que la princesa pueda ser reina debe, aún con mayor razón, casarse con alguien de la nobleza. Lamentablemente no tenemos candidato alguno- replicó Berko, intentando torpemente reparar el error.

-Yo tengo un candidato- Berko calló y esperó el nombre de la persona propuesta por el rey- Consejero Aitan, es de mi conocimiento que su linaje se remonta a las primeras familias nobles de Nourasia. Por lo que recurro a usted para salvar a nuestro planeta de quedar sin heredero.

-Padre, no hagas esto- pidió Aikka.

-Silencio, vuelve a tu lugar. Nos ocuparemos de ti después- Aikka optó por obedecer y la atención volvió al consejero más joven de la sala y a la princesa- Amina, hija mía, ven aquí.

Ella suspiró y bajó hasta el centro de la sala, donde ya estaba Aitan, bastante tranquilo.

-Princesa Amina, confío en tu buen juicio, y a sabiendas de que estás sujeta a los mismos deberes que tenía tu hermano, queda en ti la decisión. ¿Aceptarías al noble Aitan como tu esposo para que puedas tomar el trono de Nourasia?

-Querido padre, las cosas que han pasado hoy me dejaron atónita. No pensé, o me negué a creer que, entre nosotros, entre lo hermosa que es Nourasia, pudiera existir la posibilidad de que un padre obligue a su hijo a hacer algo que no quiere- Aikka asintió, orgulloso de su hermana, y Cairen dio un respingo desde su lugar- lo que nos obligas a hacer, padre, no es digno de la realeza, ni la nobleza, ni del pueblo. Sencillamente no es justo y me parece inconcebible. Pero hoy, por fin, alguien ha levantado la voz contra la injusta ley de Nourasia y sus injustos gobernantes. Me niego a aceptar un matrimonio impuesto. Estoy del lado de mi hermano, no acepto ser parte del juego.

-Y si me permite añadir, majestad- dijo Aitan, colocando su mano sobre el hombro de Amina en señal de apoyo- yo tampoco hubiera aceptado. Y no es por la princesa, sino porque desde que empezó este debate me he pronunciado en contra de esta clase de decretos.

El rey, como si la impresión lo hubiera helado, no dijo nada. Solo fulminó con la mirada a su hija y al consejero, que volvían a sus lugares.

-El Consejo podrá darse cuenta del problema- dijo al fin el rey, después de unos momentos de completo silencio- Nourasia se ha quedado sin heredero. La princesa Laila es aún demasiado joven para asumir esa responsabilidad.

Todos seguían sin hablar, y aunque Cairen hervía en deseos de saber porque Luka no era llamado a ocupar el trono, se dispuso a hacer lo que estaba en los planes de los krogs, que seguían saliendo a la perfección.

-Majestad, Consejeros, pido su atención- llamó Cairen, de pie desde su asiento- Ante la comprometida situación en la que se ve la sucesión al trono, es deber de los representantes de Nourasia buscar en el árbol genealógico de la familia real, para saber quién es el heredero, no de la realeza, más bien de la nobleza, que puede ser llamado a gobernar.

- ¿Y a encontrado ya a alguien? -cuestionó Aitan, que no se fío de esa repentina intervención.

-Por supuesto- aseguró la chica- han de saber que el rey Raku, quien ya no tiene familia directa más que los príncipes, tuvo solo una hermana, y esa hermana tuvo solo un hijo, que es mi padre. Siendo yo única hija de mi padre, y estando él en ya avanzada edad, puedo asegurar que soy la única nourasiana que puede ser llamada desde la nobleza para gobernar.

Inmediatamente, varios de los consejeros acudieron a los archivos que guardaban la descendencia de los reyes y sus parientes más cercanos. Y, en efecto, Cairen era la única descendiente viva que podía ocupar el trono de Nourasia.

-Es cierto, rey Lao- dijo uno de ellos- en vista de la incapacidad de gobernar de sus hijos, este Consejo llama a Cairen, sobrina nieta del rey Raku, a protestar como heredera a la corono nourasiana.

El rey Lao se sintió contrariado. Sabía que sus hijos habían recibido el justo castigo por anteponerse ellos antes que a su pueblo. Pero creyó que era una exageración llamar a alguien que no era propiamente de la familia real a gobernar, pues se perdería toda una tradición de sucesión de padres a hijos. Pero tampoco podía dejar a Nourasia a la deriva.

Cairen volvió al centro de la sala, sin sonreír, recta, sabiendo que todos la miraban y que, dentro de poco, le deberían obediencia. Todos y cada uno de ellos, desde el Consejo, hasta los presuntuosos príncipes y el mismísimo rey.

-Cairen, querida- habló el rey- con todo lo que ha pasado, debes saber que un rey o reina no puede serlo si no está casado, según lo dictan nuestras leyes. Así que espero que también hayas pensado en eso.

-Lo he hecho, rey Lao- contestó ella recorriendo con la vista el lugar de los príncipes- he escogido al príncipe Luka como mi futuro esposo. Sabiendo que el aceptará, creo que cumplo con todo lo que la ley pide para que se me corone como reina.

Una vez más, los consejeros se sumergieron en el enorme pergamino de la ley de Nourasia, y descubrieron, para su asombro, que todo lo que decía Cairen estaba justificado.

-Mi rey- dijo uno- la señorita está en lo cierto. A pesar de que todos conocemos la… eh… situación del príncipe Luka, es príncipe, después de todo, lo que lo convierte en un candidato elegible para ser esposo de Cairen, lo que le da todo el derecho de ser reina.

La familia real se quedó pasmada, incluso Canaan. Aikka y Amina no quitaban la vista de encima de Luka, quien aún no sabía cómo reaccionar ante la precipitada propuesta de matrimonio. ¿ÉL? ¿Rey? Nunca se le cruzó por la mente que pudiera alcanzar ese grado. Con todo lo que acababa de descubrir acerca de él, aún se sentía agradecido porque portar el título de príncipe Luka I. No, no podía tomar el trono. Se sentiría como un usurpador, un traidor a la familia que todo lo había dado.

-Hagamos esto rápido- pidió Berko, estando el borde de la desesperación- Príncipe Luka, ¿estaría dispuesto a desposar a la noble Cairen, para que ella pudiera convertirse en reina y, por la tanto, convertirlo a usted en rey?

-Yo…yo no… quiero decir- Luka no sabía que decir cuando sintió que la mano de Aikka se posaba sobre la suya. Lo miró a los ojos y su hermano menor solo asintió, como aprobando la unión. Tomó una bocanada de aire y se puso de pie- Yo sé por conducto de la propia Cairen que su cumpleaños no es sino hasta dentro de cuatro ciclos lunares, por lo que pido una prórroga al Consejo para que se me permita pensarlo. No estoy diciendo que no. Solo quiero consultarlo con mis padres.

-En vista de que el rey Lao ocupará el trono más tiempo del previsto por el aniversario de la nueva heredera, creo que es prudente conceder la petición- decretó Berko, con la aprobación del rey- Por hoy, cerramos la sesión.

Aikka, Amina y Luka se levantaron como resortes de sus asientos y salieron lo más rápido posible de la sala. Los recibió el fresco aire de los jardines del palacio. Apenas dieron un respiro, echaron a correr a la habitación de Aikka. No hicieron caso ni del furioso llamado de su padre ni de la súplica de su madre.

Solo corrieron, necesitaban sacar cuanto antes todas las emociones que estaban conteniendo. Una vez dentro del cuarto y con los cerrojos y seguros puestos, se miraron entre ellos, sin poder creer lo que había pasado hace unos instantes. Amina fue la primera que soltó una gran carcajada, que poco a poco se fue descomponiendo en un llanto abrumador. Ambos príncipes la abrazaron inmediatamente, dejando que se desahogara. Incluso ellos dejaron escapar algunas lágrimas.

- ¿Por qué a nosotros? – lloriqueó Amina- ¿Nuestro pecado fue enamorarnos? ¿Por qué no podemos ser libres de estar con quien queremos sin tener que renunciar a todo lo demás?

-Basta, Amina- pidió Aikka- entiendo tu frustración, pero debemos ser fuertes. Acabamos de perder el trono de Nourasia, pero no del todo. Luka, hermano. Eres nuestra esperanza.

-No, Aikka, no. Yo no soy quien para aceptar. Si somos estrictos, ni siquiera puedo ser considerado de la realeza, yo no soy…

- ¡Si lo eres! -gritó Amina- Eres nuestro hermano, digan lo que digan, eres miembro de la familia real y eres la única esperanza que tenemos de que haya alguien de confianza siendo rey de nuestro planeta -al ver que Luka iba a protestar, la princesa puso una mano delante de él- Ya sé lo que vas a decir. Pero ninguno de nosotros conoce a Cairen a ciencia cierta. Y es la verdad. Perdona por dudar de ella, pero desde que la conozco hay algo que me inquieta en su persona.

-Siento lo mismo que Amina. Luka, eres el único con el que contamos ahora. Debes aceptar la propuesta de Cairen. Además, ambos sabemos que tú ya la habías escogido.

-Sí, esperaba que fuera un contexto más normal, sin jugarnos el futuro de Nourasia- ironizo Luka. Por fin, suspiró- Denme tiempo, ¿de acuerdo? Por lo menos hasta que Aikka finalice su participación en la carretera.

Ninguno de los tres respondió. Los gemelos tomaron las manos de Luka y asintieron con una sonrisa. Aunque Aikka y Amina se sentían más fuertes que nunca, sabían claramente que acababan de dejar caer sobre los hombros de Luka una fuertísima responsabilidad. Pero querían dejarle claro que siempre los tendría ahí para él. Aunque pelearan mil veces, aunque se enterara de las peores cosas, eran hermanos después de todo. Y eso es lo que hacen lo hermanos, están ahí, siempre, para todo.

SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

- ¡Ni se te ocurra decir algo, padre! – gritó Cairen cuando vio que su padre y Berko se acercaban a ella, cuando la sala del Consejo quedó vacía- Kronos tenía razón. El odio que tiene contra Aikka los haría arruinar todo el plan.

- ¿Desde cuando tienes contacto con Kronos? – preguntó su padre, exaltado.

-Desde el primer día en Oban. Ya lo sabías. Ese krog es lo suficientemente inteligente para darse cuenta de los errores de ambos. Si él no hubiera planeado otras cosas, lo habrían echado a perder.

-Que tu hijita no se ponga altanera, Sikar- dijo Berko, bastante irritado y fulminando con la mirada a Cairen.

-Tú no me des órdenes, Berko. Fuiste tú el que se emocionó calumniando el mocoso. Y tú, Cairen, no olvides que somos nosotros quienes estamos detrás de esto, y al final somos nosotros quienes tomaremos las decisiones sobre Nourasia.

-Hagan lo que quieran. Yo sé cuáles son mis intereses- replicó Cairen saliendo de la sala y dejando a los dos discutiendo.

La chica caminó por todo el palacio. Dio más de dos vueltas a los jardines del palacio. Su mente no estaba tranquila. ¿De verdad había pasado todo eso hace un rato? Kronos le había dejado muy claro lo que debía hacer y ella estaba lista para hacerlo. Pero después de ver la reacción de Luka, una sola pregunta bombardeó su mente y su corazón ¿Era eso lo que quería? Su mamá, justo antes de morir le había dicho que luchara por sus sueños. Pues era eso lo que hacía, ¿no? Ese era su sueño, ¿verdad?

Escuchó que una puerta se abría y se escondió detrás de unos arbustos. Discretamente, vio como los príncipes Aikka y Amina salían de la habitación de Luka, diciéndole que lo verían en un momento más, pues tenían que volver a Oban lo más pronto posible. Cairen esperó a que los gemelos salieran del pasillo para acercarse a la habitación del príncipe. No sabía porque, pero en serio necesitaba saber algo. Suspiró antes de tocar a la puerta dos veces.

-Adelante, está abierto- dijo Luka desde adentro.

Cairen abrió la puerta y Luka prácticamente saltó de su cama, donde estaba sentado, cuando vio a la chica cerrar la puerta a sus espaldas.

- ¡Cairen! Lo siento, yo… estaba ocupado. ¿Te puedo ayudar en algo?

-De hecho, si puedes- contestó ella acercándose peligrosamente al rostro del chico- podrías, por ejemplo, casarte conmigo.

-Cairen, pedí tiempo, necesito pensarlo- replicó él haciendo un poco más de distancia- De hecho, me sorprendió bastante tu propuesta. Quiero decir… no me lo hubiera esperado jamás.

- ¿Y por qué no? Yo sé que desde que te vi quería compartir mi vida contigo. Y me atrevo a pensar que sientes lo mismo. Por eso pensé en ti para ser mi pareja, pero Luka, algo está mal aquí- insinuó la chica acunando la mejilla de Luka en su mano, a lo que él no se opuso- Cuando privaron de sus derechos hereditarios a Aikka y Amina, y se dijo que Laila tampoco podía ser heredera, inmediatamente buscaron un heredero ajeno a tu familia. ¿Por qué no te consideraron a ti? ¿Por qué nunca has sido llamado al trono? ¿De verdad es tu decisión o la de ellos?

-Cairen, querida, es mejor no tocar ese tema, en serio.

-No, Luka. Si existe la posibilidad de que nos casemos, no puedes tenerme secretos. Quiero que confíes en mí.

-Y lo haré, te lo prometo. Pero ese tema, ni me gusta y es preferible que no se comente. Quienes deben saberlo lo saben y eso es suficiente.

-No, claro que no lo es- insistió Cairen- Yo debo saberlo

-No, no debes. Y para con esto o tendremos un problema- pidió Luka, soltándose de ella. Pero se vio acorralado de nuevo- No.

-Sí. Dímelo, ya. Por favor

-No...

-Sí, Luka, lo necesito.

- ¡No! ¡Claro que no! ¿Para qué quieres saber mis problemas? Son míos

-También serán míos.

-Este no, Cairen. Por favor, para.

-No hasta que me lo digas, de lo contrario esto no funcionará.

-No tiene que ver…

-Si lo hace. Luka, esto no…

- ¡Ya! – interrumpió Luka. La fuerza de su grito hizo que Cairen quisiera abandonar el cuarto, pero lo vio tan destrozado, tan abatido, sus ojos inundado en lágrimas que corrían por sus mejillas sin control, que no pudo más que quedarse estática donde estaba- Yo no merezco nada de esto. Ser príncipe, ser de la realeza, tú, ahora poder ser rey. Esto no me corresponde. No es mío y jamás lo va a ser.

-Pe… pero…

- ¿Por qué no? Es bastante sencillo. Por mis venas no corre la misma sangre real que la de mis hermanos. ¿No es obvio?

-Para mí no- replicó Cairen, entrando en pánico, temiendo lo que pudiera decir.

-No soy hijo del rey Lao, ¿de acuerdo?

¡Aplaudan! Capítulo nuevo. Con esto de los trabajos finales y un pequeño bloqueo de inspiración me costó avanzar en este capítulo. Pero me fascinó. Ahora por fin saben que es lo que tanto abruma a Luka, y el asunto de Aikka… y todo lo demás ¡Hasta yo que ya sé cómo va a acabar todo me emociono! Lo bueno es que ya tengo parte del siguiente capítulo avanzado y espero que no pasen más de quince días para que vuelva a actualizar, ahora que ya pasé todas mis materias y estoy de vacaciones. Y a mis lectores desaparecidos espero que no me hayan abandonado y me dejen review para saber que siguen conmigo

Nos vemos en una próxima, muy próxima entrega. Espero que lo hayan disfrutado. ¡Nos leemos pronto!

Gabriel: Si, mi favorito. Espero que te haya gustado y tú también sabes lo que opino de Jordan. Así que resígnate a que será Aikka y Eva. ¡Besos!

Ninfa: Espero que me perdones por la larga ausencia, pero no me gusta entregar capítulos en los que no me haya esforzado. Espero que este te haya gustado y emocionado como a mí. ¡Mil saludos! No olvides dejarme tu review.

P.D: El nombre del capítulo es de la canción "Top of the world" de Greek Fire