Capítulo 22: No escape from reality
Vivir es apenas un suspiro en el largo aliento de la eternidad. Y no lo entiendes hasta que presencias el escape de una. Ese día, Aikka entendió el valor de cada segundo y momento, de cada alegría y de la más profunda tristeza. Porque hasta la tristeza tiene su valor.
No tenía idea de cómo había pasado. Fue consciente de que, por error del destino tal vez, Jason y él dispararon a Kronos al mismo tiempo, y quería suponer que fueron su flecha y la bala de la Arrow las que habían chocado en el aire, creando esa impresionante esfera de energía que los cubrió y los cegó unos instantes. Aunque en realidad, no tenía modo de saber cuál de ambas saetas era la que había salido de la explosión. O lo que era más importante, ¿dónde había caído?
No supo cuánto tiempo pasó, hasta que su visión fue medianamente buena. Aunque, tal vez, hubiera sido mejor ver… o escuchar nada. Primero fue un grito de la reina Nuri, después conmoción en las gradas, y para rematar, la visión de la Arrow IV en el suelo, separada de su reactor izquierdo que yacía muchos metros más allá, envuelto en fuego. Y lo que fue más sorprendente, era que la nave krog también había sido derribada. Aikka era el único en el aire y el que debía cerrar la carrera. ¿Pero a quién le importaba eso cuando la humana podía estar en una urgencia?
—¡Eva! -el nourasiano dio la orden a G'dar para que se dirigiera a la posición de la chica. Tan preocupado estaba, que no notó la agitación en las gradas.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, pudo ver como Jason ayudaba a Eva a salir de la cabina de piloto, cuyo cristal estaba hecho añicos. La chica levantó la mirada hacia la montura de príncipe. Él sintió una opresión en el corazón a ver la mueca de pánico en el rostro apacible de ella,
—Aikka… tu… tu… ¿por qué sigues aquí? -tartamudeo Eva, en cuanto Aikka bajó de G'dar para auxiliarla.
El príncipe detuvo sus movimientos al sentir el rechazo. Pero había más en la actitud de Eva que no estaba bien, a pesar de la situación.
—¿Qué pasa? Eva… déjame ayudarte. Tú estás…
—¡No! ¡No, Aikka! ¡Tu padre…! ¡Una flecha! -Aikka no estaba entendiendo la actitud de la chica, pero ante la mención del rey Lao, todo en él se tensó.
—¿Qué pasa con mi padre? -preguntó, con la voz trémula.
—Aikka… -Jason acunó a Eva en sus brazos, porque la chica estaba al borde de un colapso nervioso, tanto, que le costaba hablar. Sin embargo, él, como militar, tenía la facultad de decir cosas difíciles -… nosotros… vimos una de tus flechas salir de… no sé de donde… pero… impactó en las gradas. Lo último que vimos a través de las cámaras antes de que el reactor explotara… fue que se dirigía a la posición de tus padres… no estoy seguro de que está pasando.
—Mis padres… -Aikka sintió como si el alma hubiera abandonado su cuerpo. ¿La flecha… le había dado a alguien? ¿Por eso su madre había gritado? La reina… o el rey… ¿Ellos estaban…?
Fue entonces cuando actuó solo por inercia, únicamente por que tenía que resolver lo que estaba pasando. Tomó la mano de Eva, quien solo atinó a sujetarse de Jason y dejarse, prácticamente, arrastrar hasta donde G'dar los estaba esperando. Los tres subieron al lomo de la montura y esta siguió las órdenes implícitas del príncipe.
Mientras se dirigían al lugar donde estaban todos los espectadores, alcanzaron a notar cierto tumulto en las gradas. Había un número importante de seres reunidos en un solo punto, y los pasajeros de G'dar notaron que algunos se veían impactados, como si hubieran sufrido alguna fuerte impresión.
Caos podría ser lo que se generó cuando el escarabajo aterrizó en la piedra y los humanos y el nourasiano descendieron de él. Tanto representantes de algunos planetas como los propios competidores que ya se hallaba ahí le dirigieron extrañas expresiones y miradas a Aikka. Pudo distinguir en ellas algo como la incredulidad, en algunos la expectación y hasta compasión, pero no tuvo modo de saber por qué.
El primer nourasiano que vio fue el principio de lo que serían los peores momentos de su vida. Su mirada gélida y furiosa lo recorrió de pies a cabeza y las palabras que gritó Aikka jamás las esperó.
—¡Ahí está! ¡Guardias! ¡Arresten al príncipe Aikka por alta traición! ¡Es el asesino del rey Lao!
La realidad nunca fue tan aplastante. Apenas los centinelas del rey se movieron para ir en su captura, Aikka fue consciente de que había un cuerpo tendido, atravesado por el material y la magia de una flecha nourasiana. Su sangre azul corría como un río por los surcos de la piedra y había manchado las delgadas y temblorosas manos de su esposo.
Sintió como si su corazón se partía al ver a su madre llorando desconsolada sobre el cuerpo sin vida del rey Lao. El príncipe Luka luchaba contra su propia destrucción interna sujetando a Laila para que no corriera con su madre, mientras que el consejero Aitan apresaba a la princesa Amina, consumida en llanto y luchando con todas sus fuerzas por que la soltaran.
Apenas escucharon las órdenes del consejero mayor Berko, la familia real dirigió sus destrozadas miradas a Aikka, a tiempo de ver como la guardia emprendía un arresto contra el heredero de Nourasia.
—¡Al suelo!
Uno de los nourasianos sujetó sus manos a la espalda y lo obligó a ponerse de rodillas para ser atado. Tal vez era la enormidad de la situación, que aún no se recuperaba de la impresión de ver a su familia aniquilada por el dolor, que su padre estaba muerto frente a él, pero no opuso resistencia a nada. Dejó que lo apresaran sin que pareciera importarle. Y una de las presentes vio cómo la chispa de sus ojos se apagaba casi al instante.
Probablemente Eva no entendía lo que estaba pasando, aunque era consciente de que el rey acababa de fallecer. pero poco le importaba. Amaba a ese hombre y no iba a permitir que le trataran de esa manera.
—¡Suéltenlo! -gritó, empujando a uno de los guardias que sujetaba las manos del príncipe. Ella se aferró a su brazo, y cuando se encontró con los ojos de Aikka, lejos de ver en ellos algo de apoyo, lo que vio rendición.
—No. No, Eva. Déjame, yo… estos asuntos no te conciernen.
—Pe.… pero Aikka… tú no lo hiciste… quiero ayudarte… por favor.
—¡Eva! -la chica se tensó al escuchar la voz desesperada de su padre, pero no podía dejar al nourasiano, no en esos momentos.
—¿Qué están esperando? ¡Llévense al traidor! -exclamó Berko, señalando con ahínco mientras caminaba hacia el príncipe.
—¿Qué haces, Sikar? Es mi hijo y es tu príncipe -la reina Nuri detuvo al consejero. Sus ojos vidriosos clamaban por un poco de paz, por creer que Aikka no era el responsable de eso.
—Lo siento, majestad. Pero usted sabe la condena por esto -contestó el nourasiano, soltándose del agarre de la reina y llegando hasta donde estaba el joven príncipe. Nunca llegó a pensar que se ganaría una mirada tan arisca como la que la humana le dirigió. Pero sólo la ignoró y habló con el hijo menor del fallecido rey, a quien unos guardias se encargaban de cubrirlo -Fuimos demasiado condescendientes contigo, pero acabas de matar al rey, a tu propio padre. Perder el derecho al trono no será nada comparado a lo que te espera.
—No te atrevas, Sikar. No puedes culparme hasta que lo demuestres -retó Aikka, que agradecía sentir el contacto de Eva, ayudándolo a no quebrarse en ese momento.
—No te preocupes por eso, príncipe. Tú tiempo terminó. ¡Guardias, llévenlo a la nave!
—¡No! ¡No! ¡Aikka, no! -Eva se exasperó cuando un nourasiano apartó su mano del príncipe al tiempo que se lo llevaban.
—Eva, por favor, tienes que controlarte -Don llegó al lado de su hija y la aprisionó en un abrazo, dejando que las traicioneras lágrimas escaparan sin control alguno.
—No le pueden hacer nada, fue un accidente… -sollozó la chica, cerrando sus puños con tal fuerza que sus nudillos se tornaron blancos.
Tal vez fue ese el preciso momento en el que Eva se dio cuenta de que no valía nada una mentira por proteger, un secreto para no lastimar. Al final, todo se resumía en un mismo sentimiento que seguiría tan latente como cuando lo descubrió. Ella amaba a Aikka. No importaba si le decían que era joven, que él era de otro planeta, o si era un príncipe. Al corazón no le importa eso. Simplemente escoge.
Su corazón simplemente escogió al príncipe Aikka. Y no lo dejaría ir sin luchar.
Eva se soltó del abrazo de su padre y no le interesó que hubiera algunos individuos en su camino. Empujó a todos los que se le atravesaban, incluso a uno de los guardias y al príncipe Luka, que trataron de detenerla. Llegó hasta él y con las fuerzas que le quedaban debido a lo que corrió, apartó a los centinelas y estrechó al príncipe contra su pecho.
—No estás solo. Por favor, no lo olvides. No estás solo. Haré todo lo que puedo para ayudarte…
—Eva…
—¡Yo sé que tú no lo hiciste! -exclamó, comenzando a llorar de nuevo.
—Con eso es más que suficiente para mí, princesa. Por favor, no trates de hacer nada. No toleraría que tú te vieras afectada.
—¡Terminen con eso y vámonos! -gritó Sikar, siguiendo la comitiva en la que se llevaban al rey hacia la nave nourasiana.
—¡No, no! ¡No quiero! -gritó ella, hasta casi lastimarse la garganta cuando uno de los guardias la tomó del brazo para apartarla del príncipe.
—Eva… no te resistas… yo…
Las palabras se quedaron en el aire cuando, con el último esfuerzo que le quedaba, la humana logró hacer lo que tanto valor les iba a infundir a los dos. Sus labios se juntaron apenas unos segundos. El contacto fue tan suave y efímero, pero fue suficiente para que sus corazones latieran llenos de un sentimiento que se asemejaba a la esperanza. Para eso, y una cosa más, algo que descolocó por completo a Aikka y que le dio, en tan solo unos segundos, un verdadero motivo para resistir.
—Eva… -murmuró, mientras lo alejaban de ella -Tú estás…
—¡Aikka! ¡Lo solucionaré, lo prometo! -gritó, mientras Don la sujetaba de los brazos. Se quedó casi paralizada cuando escuchó la última frase que oiría de él en mucho tiempo.
—Te amo, Eva. Los volveré a ver. Cuídate, cuídense siempre.
Al tiempo que se lo llevaban, Aikka sintió nacer dentro de él una emoción completamente nueva. En una batalla por el terrible dolor que sentía al ver su mundo derribarse, al saber que su padre estaba muerto, nacía un pequeño rayo de esperanza. Apenas lo podía creer, apenas lo pudo sentir. Pero no había forma de que la magia que residía en Eva lo engañara.
Mientras él, apresado, y su impactada familia abordaban la nave que los llevaría de vuelta a Nourasia, trataba de poner en orden y priorizar sus pensamientos. Tenía que demostrar su inocencia a como diera lugar. Porque no dejaría su reino a merced de una posible traición, porque no dejaría a la deriva a su familia. Y por ella.
Era el momento de que Aikka demostrara que todos los años de entrenar su fortaleza no habían sido en vano. Iba a ser fuerte por todos, incluso por los que aún no estaban presentes.
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—Eva, por favor, tranquila.
Don intentaba por todos los medios posibles consolar a su hija. La chica estaba sentada en uno de los escalones de las gradas mientras su padre tomaba sus manos. Wei llevaba más de diez minutos tratando de hacer que las lágrimas de ella cesaran, pero no podía. Y, de hecho, la entendía. El dolor de perder a la persona que más se ama es inmenso, y a veces llorar es lo único que sirve para tratar de controlar a un corazón destruido. Aunque nunca era suficiente. Siempre dolería, la herida cerraría, pero seguiría ahí, latente y molesta, recordando a cada oportunidad que esa persona especial ya no está.
—Señor Wei, si me permite, creo que debe dejarla un momento sola. No se preocupe, yo cuidaré de ella -Alexa, que hasta ese momento se había mantenido apartada de todo, llegó junto a Don y después de recibir un asentimiento fue a sentarse junto a su amiga. Sin esperárselo, Eva sujetó su mano con fuerza -Lo siento. No supe que hacer.
—¿Qué… qué fue lo que pasó? -preguntó la pelirroja con voz trémula.
—Fue tan rápido… -Alexa se pasó una mano por el cabello, tratando de recordar la mayor cantidad de detalles que pudiera -Todos aquí entramos en pánico cuando vimos la explosión. Pensamos que algo malo había pasado. Amina y yo nos levantamos… queríamos ir a dónde ustedes estaban para… para saber si estaban por lo menos vivos. Pero… pero nadie vio la flecha.
—¿Ni lo reyes la vieron?
—Sólo el rey Lao.
—¿Y no hizo nada para evitarla? -inquirió Eva, incrédula.
—Es que… si nadie se hubiera movido… hubiera sido la reina Nuri la que habría… habría… pues… muerto.
—¿La reina? -Eva paró de llorar y sus ojos rojos se abrieron en gran sorpresa.
—Sí… el rey Lao reaccionó a tiempo para quitarla del camino, pero… pero él la recibió y… todo fue gritos después. Jamás vi a ninguno de ellos tan… heridos. Amina estaba vuelta loca y Laila también -Alexa se talló los brazos porque el recuerdo le provocaba escalofríos -Luka trataba de calmarlas, pero él estaba… acabado.
—¿Qué sucedió después?
—La guardia trató de reanimar al rey, pero el nourasiano, ese alto y gordo, dijo que el rey estaba muerto y culpó de inmediato a Aikka.
—¿Bajo qué pruebas? Ni siquiera habíamos salido.
—Eva… era una flecha de Aikka. No las necesitaban, es obvio que…
—No -interrumpió la chica Wei, levantándose de dónde estaba -No, no es así. Kronos… él estaba hablando con Aikka unos momentos antes de la explosión. Me pidió que me alejara, pero… no sé por qué.
—¿Pero de quién más pudo ser la flecha? Sólo Aikka las tiene. Y sólo él sabe lo que pasó ahí.
—Claro que no. Sólo hay alguien más que puede saberlo.
Las chicas se miraron entre ellas y supieron que tenían la respuesta. Con cuidado de no ser vistas por su equipo y evitar así que las interrogaran y las hicieran perder tiempo, se fueron alejando poco a poco de todo el tumulto.
Sin darse cuenta de eso, Don, Rick, los mecánicos y Jason discutían de lo que pasaba, hasta que el presidente Raymond regresó a reunirse con el equipo, seguido muy de cerca por sus guardaespaldas.
—¡Jason! -gritó en cuanto vio a su hijo. Corrió a su lado y antes de que dijera cualquier cosa, lo aprisionó en un enorme y desesperado abrazo. Unos segundos después, lo sujetaba de los hombros para encararlo - ¿Qué demonios pasó allá? La explosión… ¿tú estás bien? ¿Esto es sangre? ¡Estás herido!
Jason respingó de dolor cuando su padre pasó la mano por su sien, en donde un hilo de líquido rojo bajaba hasta su cuello y se perdía entre su camisa.
—Calma, papá. Es sólo un rasguño, estoy bien. Me fue peor en la academia, te lo prometo -bromeó, tratando de aligerar el ambiente y fracasando rotundamente - ¿Dónde estabas?
—El equipo de seguridad me sacó de aquí después de que cundió el pánico al darse cuenta de que Aikka había apuntado contra su padre.
—¡No! Eso no es cierto, papá -contradijo el chico para sorpresa de todos -Sea lo que sea que haya pasado, Aikka no mató al rey.
—Jason… era una flecha nourasiana. No hay modo de que…
—Sí, pero no era la única -indicó el chico, pensando en cómo explicar lo que él había visto -La explosión no fue algo que Kronos provocara. De hecho, hasta él se vio sorprendido.
—¿Entonces que fue?
—Fuimos Aikka y yo. Su flecha chocó contra los cañones plasma de la Arrow y eso fue lo que produjo la explosión. Yo lo vi. ¿Entienden que no hay modo de que la flecha de él sobreviviera a eso y aun así llegara hasta aquí? -la explicación de Jason dejó a todos casi helados. Lo que estaba diciendo era la prueba de que el príncipe era inocente y se le estaba culpando por una atrocidad que él no había cometido -Tenemos que apoyarlo, papá. Su situación puede ser peor de lo que ya está.
—Nosotros los apoyamos. Las cámaras fueron destruidas, pero… podemos apoyar la versión de Jason -opinaron Stan y Kouji.
—Todo el equipo Tierra está dispuesto a apoyar al príncipe Aikka -dijo Rick, secundado por Don.
—Aunque me gustaría ayudarlo, dudo que nuestra palabra tenga algún valor frente a ellos -sentenció Charles, resignado -Entiendo que se preocupen por él, pero… pero la Coalición Tierra no puede intervenir en asuntos que no nos conciernen.
—¡Papá! Se trata de salvar a un inocente. Él, Amina y…
—Lo siento, Jason. No porque quieras a una nourasiana pondré en un predicamento a todo el planeta. Si no somos llamados a apoyar a alguna de las partes, no voy a intervenir.
—¡Pero no puedes quedarte de brazos cruzados! También es el chico que Eva…
—Muchacho… -Don interrumpió a Jason para que dejara de discutir con su padre -Aprecio que te preocupe mi hija y es admirable que quieras defender a alguien, pero… tu padre tiene razón.
—¿De qué están hablando?
—Los Tratados con Nourasia tienen que seguir. La seguridad de la Tierra con ese acuerdo sería reforzada. Si nos quedamos sin él por ir en contra de las nuevas autoridades en su planeta, seremos vulnerables a todo -explicó Raymond, tratando de no enojarse con su hijo, pues él se sentía igual o aún más frustrado -A mí también me molesta no hacer nada. Pero no puedo intervenir.
—¡Pero la Tierra no se quedaría sola! ¡Jordan es el Avatar, él nos protegerá!
—Para cuando Jordan actué, los krogs o cualquier otro planeta ya nos pudo haber atacado -replicó el presidente.
—Pero… -de pronto, una chispa de una idea iluminó los ojos del joven artillero -Jordan tuvo que haber visto lo que pasó, ¿no?
—Sí, él estaba presente y es capaz de ver lo que nosotros no -indicó Don, entendiendo lo que pensaba el chico.
—¿No podría abogar en favor de Aikka?
—Claro que podría, él debería saber qué es lo que en verdad pasó -reflexionó Kouji, analizando todas las posibilidades -Debemos ir a buscarlo. No importa que no le agrade Aikka, no puede permitir una injusticia.
—¿Oíste eso, Eva? Vamos a ver a… -las palabras de Jason se quedaron en el aire al notar que tanto ella como Alexa ya no estaba ahí. Incluso Don se alteró por perderla de vista -Ella ya lo entendió, seguro que ya fue en busca de Jordan.
—¡Entonces vamos nosotros también! -incitó Stan, y el chico y los mecánicos empezaron a correr desenfrenados hacia el templo del Avatar.
Los tres adultos se quedaron un momento ahí. Don estaba esperando una reacción del presidente y lo único que quería Rick era ir con la ratoncita y comprobar que no estuviera haciendo alguna locura. El hombre de cabello negro y blanco se tensó cuando percibió que Raymond negaba para sí mismo, al tiempo de que empezaba a caminar con rumbo hacia el templo.
—¿Qué pasa, Charles? -inquirió Don.
—No es tan sencillo como que el Avatar diga lo que se debe hacer. Hay reglas y protocolos para eso.
—¿Cree que ni él pueda hacer algo en favor del muchacho? -le preguntó Rick al presidente.
—Sinceramente lo dudo. Pero… no perderemos nada con intentar.
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—¡Jordan! ¡Jordan! ¡Ni se te ocurra esconderte!
Apenas llegó al templo del Avatar, Eva comenzó a buscar como enloquecida al Amo de la galaxia. No quería perder un solo segundo. El tiempo podía estar corriendo en contra de Aikka y eso sólo la desesperaba más. Aunque no faltó mucho para que el Avatar atendiera a su llamado.
—Eva… aquí estoy -hizo acto de presencia frente a la chica en su forma humana. Por algún motivo, a ella le pareció verlo conmocionado - ¿Qué pasa?
—¿Qué pasa? ¿Es en serio? -espetó Eva, casi ofendida -Todo se está derrumbando allá afuera y, ¿tú preguntas que está pasando?
—No, Eva. No todo se derrumba allá afuera. Ese es un problema que sólo concierne a Nourasia.
—¿Entonces te vas a quedar aquí sin hacer nada?
—Sólo puedo intervenir si ellos solicitan que lo haga.
—¿Eso significa qué vas a dejar que se cometa una injusticia? -tanto Eva como Jordan se giraron hacia la puerta, sorprendidos por la comitiva de humanos que había asistido a una audiencia con el Avatar. Pero entre todos, Jason tenía una expresión que parecía de decepción.
—¿Es así, Jordan? ¡Responde! -exigió la pelirroja.
—¿Por qué te importa tanto? -inquirió Jordan, frustrado - ¿Qué no te mintió? Ayer los dos estaban completamente enojados. ¿Por qué quieres ayudarlos ahora si él dejó que todo esto pasara?
—No sabes de lo que hablas…
—Lo sé perfectamente. ¿Tú crees que no sabía todo lo que pasaba en Nourasia? ¿la Tierra, incluso en el Imperio Krog? ¡Todo, absolutamente todo estaba destinado a fracasar!
—¿Eso que tiene que ver, Jordan?
—¡Todo! Desde el hecho de que no iba a funcionar lo tuyo con Aikka. ¡Incluso era de esperar el atentado de los krogs!
—¿Lo sabías? -preguntó Jason, al ver que Eva se había quedado prácticamente paralizada ante la declaración de su ex artillero. Incluso los adultos lucían impactado y el Avatar no tuvo más que apartar la mirada de todos.
Probablemente pocos entenderían la reacción de Jason. Tal vez sólo Eva lograría saber todo lo que implicaba que Jordan tuviera pleno conocimiento de que lo que había pasado en la carrera. Sólo por eso, Eva comprendía que Jason se hubiera lanzado contra Jordan y lo sujetara de la solapa de su túnica, apresándolo contra uno de los pilares y con completos ánimos de golpearlo si era necesario.
Y es que no sólo se jugaban la integridad y la seguridad de Aikka, sino que lo hacía de toda la familia real. Y eso, obviamente, incluía a Amina. Eso era algo que Jason no toleraría, y menos si era por un capricho del Avatar.
—No sabía que iba a pasar, sólo lo supuse -aclaró Jordan, quitándose a Jason de encima de un empujón -De cualquier forma, no esperaba que fuera contra los reyes.
—¿De qué hablas? ¿También el equipo era el objetivo? -esa vez, fue Don el que intervino, pues comprendió que su hija estuvo a nada de ser eliminada.
—Sí. Resultaba más lógico que ellos quisieran atacarlos a ustedes que a sus ex aliados -Jordan caminó hacia Eva y buscó que sus miradas se encontraran -Tienes que saber que no hubiera dejado que eso pasara. Si ellos trataban de hacer algo contra ti… yo los habría detenido.
Todos callaron al ver que la mano de Jordan buscaba la de Eva. Aunque Don podía estar hirviendo por dentro, decidió contenerse. Al tocarse, Jordan sintió la piel fría de la chica, y también como su puño estaba tenso. Pero también percibió algo muy extraño, algo que no llegaba a entender del todo.
Había algo diferente en Eva.
—¿Qué lo hace diferente? -murmuró Eva, con la mirada fija en el piso. Sólo para Jordan fue perceptible la delgada lágrima que atravesó sus mejillas y chocó contra la piedra.
—No entiendo, Eva. Yo…
—¿Por qué Aikka o cualquier otro tiene que ser diferente? Si ibas a protegerme a mí, ¿por qué no evitaste que el rey muriera?
—Supongo que…
—Los sentimientos no tienen cabida en tu deber como Avatar, ¿no crees? -soltó Jason, entendiendo el punto de Eva y estando completamente de acuerdo con ella.
—Pero… lo que yo quería… Eva… yo quería protegerte sólo a ti…
—¿Te das cuenta de que ya no es válido un pretexto? Ya no es una estúpida disputa de quien quiere a quien. ¡Alguien acaba de morir, Jordan! -exclamó la chica, sintiendo que su sangre hervía por la ira -Fallaste en la responsabilidad que tú mismo elegiste. ¡Pusiste tus sentimientos antes que la vida de alguien! Eso fue… fue demasiado vil y egoísta.
Entonces Jordan se encontró acorralado, las miradas reprobatorias de todos lo fulminaban y se sintió mísero. Porque ella tenía razón. Fue estúpidamente egoísta y cruel. Una ridícula pelea por una chica hizo que olvidara su deber para con la galaxia y sus habitantes. Peor aún, el simple hecho de pertenecer a Nourasia había impedido que actuara en el último momento. Lo mucho que detestaba a Aikka lo había cegado y más de un individuo sin culpa iba a pagar las consecuencias.
—Lo sé, Eva. Y yo… yo en verdad lo siento. Los Creadores… ya hablaran conmigo.
Nadie supo que hacer y decir. Incluso los que siempre tenían palabras para cualquier ocasión, callaron. Hasta Rick veía con reprobación a Jordan, quien estaba dispuesta a irse en esos momentos, pues era preferible escuchar las terribles reprimendas de los Creadores que soportar las miradas fulminantes del grupo de humanos. Por lo menos, eso era lo iba a hacer hasta que Eva decidió hablar.
—Jordan… no puedes irte. Debes hacer algo.
—Eva, yo… no puedo.
—No, yo sé que puedes aún puedes actuar. Y si para eso yo… tengo que hacer algo… lo haré. No me importa. Sólo quiero que ayudes a Aikka.
Jordan se quedó como piedra cuando Eva tomó sus manos, ante la vista incrédula de todos. Don estuvo a punto de ir para reclamar o hacer algo, pero Rick lo sostuvo por los hombros y se lo impidió.
Jordan podía jactarse de conocer muy bien a Eva. Sabía lo determinada y terca que podía ser a veces. No dudaba en que diera todo por lo que en verdad quería. Por esa misma razón, al verla ofreciendo lo que fuera por que él intercediera por Aikka, comprendió lo que tanto dolor le costaba admitir,
Eva era de Aikka, y él ya le pertenecía a ella. En ese complicado juego, había un perdedor, y Jordan tenía que asumirse como tal. No tenía oportunidad alguna. Pero si amar a alguien es querer verlo feliz a costa de lo que sea, entonces él podía hacer él último acto de amor por Eva.
—No… no necesitas hacer nada. Intentaré hacer algo -le dijo, soltando sus manos.
—¿Puedes hacerlo? -preguntó el presidente, que llegó a sentirse como si sobrara en esa conversación.
—No lo sé, pero lo voy a intentar.
—¿Qué te impide que les digas que hacer? -quiso saber Jason, casi sin creer que Jordan estaba falto de autoridad.
—No es tan sencillo como llegar y decir lo que se tiene que hacer. Los planetas tienen sus leyes y el Avatar debe respetar eso. Mi autoridad consiste en cuidar a los planetas que se encuentran bajo mi protección y cuidar de las relaciones entre todos, además de proteger a la galaxia.
—¿Entonces qué vas a hacer?
—Apelar al único recurso que le queda al príncipe -respondió, después de pensar un poco -Quieran o no, él ganó la carrera. Partiré a Nourasia de inmediato. Tal vez llegue a tiempo de ayudar.
—¡Yo voy contigo! -sentenció Eva, dando un paso adelante y causando, por milésima vez en la tarde, la exasperación de su padre.
—Por supuesto que no. Este no es un asunto en el que te quieras seguir viendo involucrada -respondió Jordan, buscando apoyo de los demás.
—Pero…
—Eva, si lo piensas bien, fue precisamente por ti y por tu relación con Aikka que empezaron los problemas -interrumpió Raymond, secundado por Don -Si apenas podemos hacer algo, no vamos a arriesgarnos a que tu presencia lo arruine todo.
—Así es. Y, además, yo no estoy dispuesto a dejarte ir -terminó Wei, dejando a Eva sin argumentos.
—¿Y qué vamos a hacer nosotros? -cuestionó Jason, quien lo único que quería era ir por Amina.
—Nosotros nos volvemos a la Tierra -sentenció el presidente, enviando a sus subordinados a tener lista la nave para volver a su planeta de origen -Una vez que estemos ahí decidiremos que hacer.
—Entonces vayámonos ya -pidió Jordan, volviéndose a su forma de Avatar, poderoso y omnipotente.
La comitiva de humanos asintió y se dirigieron a la salida, hasta que Jordan pidió un momento a solas con Eva. Solo tenía una cosa que decir antes de que todos partieran.
—¿Qué pasa, Jordan?
—Lo lamento. En verdad lo hago.
—Solo resuélvelo. Yo… creo que entiendo, pero… pero sabes que Aikka es…
—No lo digas, ya lo sé. Te… te agradezco que lo entiendas.
Jordan asintió y desapareció en un resplandor dorado, dejando a Eva con algo de esperanza. Mientras su esencia viajaba hasta el lejano planeta de Nourasia, pensaba en lo que había descubierto en Eva.
Eso era, tal vez, otro de los motivos por lo que había cedido. No podía creerlo, y era probable que le pidiera algunas explicaciones. Posiblemente Eva aun no lo sabía, pero si algo lo motivaba a protegerla, era eso. Si algo lo movía a querer ayudar a su mayor rival, era eso. Ese pequeño secreto que ni su potadora conocía.
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En la Tierra aún era de madrugada cuando la nave aterrizó, y para fortuna de todos, no había nadie esperándolos. Ninguno de los pasajeros tenía el humor para recibir halagos o gritos. Las únicas personas que se encontraban en el lugar eran la esposa y el bebé de Rick, quienes fueron a su encuentro apenas lo vieron llegar.
Mientras se encontraban con ellos, Jason y Eva, que se mantenían a la expectativa de todo, vieron como Raymond se alejaba del grupo para contestar una llamada. Tal vez no le habrían puesto la suficiente atención su no fuera porque vieron que su expresión mudaba en una mueca de preocupación. Cuando vieron que colgaba el teléfono, se acercaron a él con la esperanza de que tuviera noticias de lo que pasaba en Nourasia.
—¿Qué pasa, papá? -se animó a preguntar Jason.
Charles hubiera preferido no contestar, pues sabía que alteraría a la chica Wei. Pero era preferible eso a que no lo supiera y enterarse después fuera aun peor. Pese a las circunstancias, sabía que era el momento en que la Tierra debía intervenir, y no sólo por fijar una postura, sino porque era necesario que supieran que la Coalición no iba a apoyar una completa injusticia.
—¿Presidente Raymond? ¿Sabe algo de Aikka? -cuestionó Eva, y al ver su semblante apesadumbrado, supo que era así, y que no era nada bueno.
—El príncipe Aikka… fue hallado culpable de la muerte del rey. No sé qué más ha pasado en ese tiempo. Jordan llegó y dice que… su condena es el exilio.
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¡Hola! Sé que les debo una explicación por esta enorme ausencia. Y si la tengo, aunque si quieren no me perdonen. Primero, sabía que quería que pasara en este capítulo, pero me costó lo indecible llegar a eso. Segundo, universidad. Simplemente me vuelve loca y consume mi tiempo. Y tercero, podrán darse cuenta de que en mi perfil hay dos nuevas historias que si son actualizadas constantemente. Resulta que las ideas las tengo frescas y es más fácil plasmarlas. Con Oban, aunque sé lo que quiero y como debe acabar esto, me cuesta hilar bien las ideas por el motivo de la ciencia ficción y que busco que todo concuerde.
Pero bueno, aquí está el capítulo. Yo espero que se estén dando cuenta de cuál es el secreto de Eva que ni ella misma conoce. Y sí, en el siguiente capítulo, que espero que sea pronto, veremos qué fue lo que pasó con Aikka desde que se lo llevaron de Oban. Va a estar bueno, muy bueno. Y si, ese beso fue lo último que tendrán Eva y Aikka del otro durante mucho tiempo. Bueno, Eva otra cosa, pero dejo que lo piensen. Y gracias a la lectora que me hizo reconsiderar la idea y terminar por aceptarla de nuevo.
Paso a responder los comentarios del capítulo 20 que no pude responder porque tenía el tiempo encima y sólo corrí a actualizar. Nos vemos pronto, prometo que me esforzaré y discúlpenme de nuevo. Saben que los amo,
Ninfa: Para mí, esto ya alcanzó el punto de máxima tensión. Ahora sí, la tienen muy difícil. Lamento la tardanza, pero espero que el capítulo lo haya valido. ¡Saludos!
IiIAelitaIiI: No creo que Eva se haya pasado de dura con Jordan. En lo personal, y por lo que puedes leer aquí, él se lo tenía merecido de alguna manera. Por cierto, sí. Fuiste tú la que me hizo pensar de nuevo en el asunto de Eva, Aikka y como podrían conservar el trono (ya sabes a lo que me refiero). Gracias por eso. Lamento la tardanza, pero espero que te haya gustado el capítulo. ¡Saludos!
Meggi Usui: ¡Es genial verte de nuevo por aquí! Y yo tardando en actualizar. En verdad lo siento, pero qué bueno que sigues la historia. Y sí, yo también grité como loca cuando supe lo de la secuela. En verdad que ya nos la debían. Será genial poder verlos de nuevo, en serio que esta serie es fantástica. ¡Saludos!
EternalLove94: Creo que… pues sí. El rey Lao murió, aunque ahora sabes que no era precisamente él quien debía morir, sino que salvo a su querida esposa. Algo trágico tenía que pasar, lo siento. Me alegra que te haya gustado ese momento de Alexa y Aitan, y tranquila que se vienen más de esos. Y no te preocupes, todas las dudas que me déjate en el mensaje privado se resolverán muy pronto. En serio que lamento haber tardado tanto. Espero que este capítulo lo valga. ¡Saludos!
P.D.: El título de este capítulo es de la canción "Bohemian Rhapsody" de Queen.
