Capítulo 23: Pero me voy, me marcho porque fue tu decisión
El pueblo de Nourasia sentía la pérdida de su rey. Los rostros desencajados de los habitantes del pequeño planeta, su llanto, su incredulidad, su miedo. Sus sospechas. Todo pesó sobre Aikka cuando descendió de la nave, escoltado por la guardia del fallecido rey Lao. Apresado como si de un criminal se tratase.
Dolía la indiferencia de su gente. Dolía la inmensa pena que su madre y sus hermanas sufrían desde que salieron de Oban, llorosas y pegadas al cuerpo carente de vida de un padre y esposo. Amina apenas podía articular palabra sin que el llanto rompiera con su entereza. Laila no entendía del todo lo que sucedía, pero sabía que su papá estaba muerto, y que culpaban a su hermano. Su mamá, la pobre reina Nuri, lloraba en silencio, su corazón sufría, pero su alma de madre estaba más preocupada por la agonía de sus hijas, y por la situación de Aikka. Ella estaba segura de que su hijo no podría haber cometido semejante atrocidad. A pesar de todo, amaba a su padre. Que lo hubiera asesinado era algo sencillamente imposible.
Luka pensaba lo mismo. Aikka no atentaría contra su padre, no de manera consiente. Sus pensamientos estaban intranquilos. Anhelaba creer que Aikka no había matado a su padre. Pero esa flecha, su flecha, no ayudaba en nada. ¿De dónde más podría haber venido el arma que terminó con la vida de alguien? El único que la tenía, era Aikka. El único que podía haberla disparado, era Aikka. Eso hacía de él el único sospechoso, y probablemente el único culpable, aunque Luka, como su hermano, no quisiera pensarlo.
Nourasia misma parecía estar triste. Sus cielos azules se opacaban en una enorme cortina de nubes casi negras, hasta tétricas. El viento soplaba con fuerza y parecía ulular un lamento de desconsuelo. Gris se veían los horizontes que usualmente brillaría con verdes y frondosos bosques. Era como si el planeta entero hubiera perdido su eterna vitalidad.
Cada persona y pedazo de Nourasia sentía en lo más profundo de su ser la pérdida del rey. Y estaba conmocionado y abrumado por la probable culpabilidad del príncipe heredero.
En cuanto descendieron de la nave, una nueva comitiva de guardias, enterados de la funesta noticia, se ocupó de recibir a Aikka, asegurando sus manos a la espalda y despojándolo de su arco y sus flechas.
—Irá directo a la Corte —indicó Berko a la guardia —Reúnan a todos los consejeros para el juicio contra el príncipe Aikka por el asesinato del rey.
—Haz lo que quieras, Berko. Pero mi padre merece los honores de su muerte —interrumpió Luka, antes de que se llevaran a su hermano —Toda su familia debe estar presente, el juicio no puede…
—Perdone que lo contradiga, príncipe… —hizo énfasis en la última palabra de un modo sarcástico y burlón —… pero creo que no se da cuenta de la magnitud del crimen que su hermano acaba de cometer.
—Berko, mi hijo no es culpable hasta que…
—Hasta que se demuestre lo contrario —espetó el Consejero Mayor, cortando las palabras de la reina Nuri —Si tiene alguna manera de demostrar que su hijo es inocente, espero que la presente. Yo, por el contrario, tengo de sobra razones para comprobar su culpabilidad. Y me disculpara que sea con su hijo, pero… —Berko echó una última mirada a Aikka, triunfante y llena de un sombrío alarde —… yo soy la autoridad provisional hasta que se escoja un nuevo gobernante. Para mí, y para todo Nourasia, Aikka ha dejado de ser príncipe de este planeta, y se le tratará como cualquier otro criminal.
Tal vez fue en ese momento en que la reina Nuri comprendió que algo estaba mal con Berko. Para su desgracia, tenía razón. Al faltar el rey, él se hacía con el poder de Nourasia hasta que resultara elegido un nuevo soberano de la familia real. Además, sus hijos habían renunciado al poder y la familia real estaba prácticamente condenada a perder cualquier poder sobre el planeta.
Detrás de ella, viendo como la reina estaba desconcertada y casi desesperada por buscar una opción para sus hijos, Cairen descendía de la nave, seguida de su padre, caminando orgullosa y felicitándose a sí misma porque, en cuestión de momentos, el trono de Nourasia sería solo de ella, pues era casi un hecho que Luka aceptaría casarse con ella para, por lo menos, tener a alguien de confianza dentro del palacio. Sólo faltaba ejecutar la última parte del perfecto plan de los krogs para que Nourasia estuviera a merced de su Imperio y ella tuviera todos los privilegios que acarreaba ser una reina.
—Esto no tenía que salir así —escuchó murmurar a su padre —Cairen… los krogs han…
—Lo sé. Pero tú y Berko creen que pueden hacer todo por su cuenta, pero no tienen la menor idea de lo que en verdad deben hacer.
—¡No había manera de que supiéramos que quería asesinar al rey! ¡Esto no estaba en los planes! ¡El rey no tenía que…!
—No, padre. Tú no te diste cuenta de que tenía que morir para que nosotros pudiéramos ascender. Fue obvio desde el inicio, así que ahora debes acoplarte al resto del plan y apoyarme en todo. Sólo falta que caiga una más y tendremos todo Nourasia para nosotros.
—¿Alguien más? Cairen… —Sikar bajó la cabeza ante la penetrante mirada que le dirigió su hija —¿No crees que…?
—No. No es suficiente. Fuiste tú quien quería todo esto, ¿no es así? Tú me hiciste venir aquí para casarme. Pues bien, conseguí eso y más. Pero aun no lo es todo.
—Cairen… pero matar… esa no era la idea inicial. Era el rey…
—¿Y? Eso no te importó para manipularlo como quisiste. Ni que yo fuera tu hija para prácticamente trataras de venderme a la familia real. Pues es lo mismo. Me enseñaste a hacer lo que fuera necesario para tener lo que quiero. Atente a las consecuencias.
Las palabras de la joven fueron dolorosamente certeras para Sikar. Ni él ni Berko tenían la mínima idea de que estaba dentro de los planes que el rey muriera, y temía aun más de lo que fuera a pasar. Cairen se había vuelto una nourasiana insensible ante sus ojos. Y dolía que él fuera el responsable de ese abrupto cambio en una chica que antes fuera dulce y tímida. Si no supiera que estaba a punto de ser el padre de la reina de Nourasia, era posible que el arrepentimiento floreciera en su corazón.
Pero ya estaba hecho. Y arrepentirse era como ganarse la enemistad de los krogs. Y si ellos iban a controlar el pequeño planeta, entonces no podía ser su enemigo.
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—El Consejo Mayor inicia el juicio contra Aikka, por el cargo de asesinato del rey Lao.
—Presunto, Berko. Aun no se comprueba nada —intervino Aitan, dispuesto a defender la inocencia que, estaba seguro, merecía el príncipe.
—No estoy seguro de que el Consejo necesite más pruebas que las que son evidentes —replicó Berko, levantándose de su asiento y dirigiéndose a la silla en donde, a mitad del salón, se encontraba Aikka, silencioso y esperando su momento.
—Si tus pruebas son contundentes, habla ahora —exigió uno de los viejos consejeros.
—Antes que eso, ¿tienes algo que decir, Aikka? —preguntó Aitan, y el príncipe negó con la cabeza.
Atrás de él, sus hermanos y su madre aguardaban intervenir en el momento en que fuese necesario. Todos, excepto Luka, cuya única intención era la de escuchar y generar su propio veredicto. No quería ir en contra de su hermano, pero su sangre hervía al recordar que su padre estaba muerto, y sólo había un posible culpable.
—Si no quiere defenderse, eso deja esto todavía más obvio, ¿no creen? —Berko se dirigía a todos los presentes, que ya habían comenzado a murmurar entre sí —Hace unas horas, mientras estábamos en el planeta madre Oban, nuestro querido rey Lao fue asesinado de una manera vil y despiadada —más murmullos, y Aikka elevó su mirada molesta al Consejero Mayor. Sus palabras eran ciertas, pero las estaba diciendo de una manera en la que sonaban demasiado punzantes —¡Una flecha! Una sagita de su propia familia atravesó su corazón —se llevó una mano a su pecho e hizo, para sorpresa de Aikka, una fantástica actuación melodramática —¡Nuestro pobre rey! Asesinado… por su una flecha de su propio hijo.
—¡Objeción! —gritó Aitan, en medio de palabras, susurros y quejas —Berko, no puedes hacer tales declaraciones. El príncipe…
—¡Él ya no es un príncipe! Perdió cualquier derecho cuando…
—¡Él no mató al rey Lao!
—¿Entonces esta flecha de quién es? —Berko arrojó a los pies de Aikka la delgada saeta, que repiqueteó contra el piso, e hizo que su eco silenciara a todos —Esta fue la flecha que terminó con la vida de rey. Aikka… ¿es tuya? —las manos y labios del príncipe temblaron al reconocer en ese objeto una de las tantas flechas que se elaboraban solo para él. No había modo de que no fuera suya. Su garganta temblaba y no dejaba salir un atisbo de voz. Berko estaba desesperándose —¡Aikka! ¿Esta flecha es tuya? ¿Tú mataste a tu padre?
—Claro que no… —murmuró Aikka, dejando a toda la sala en silencio y a su familia a la expectativa —Es mi flecha, la reconozco y la siento. Pero yo no maté a mi padre. Jamás cometería semejante crimen y yo mismo aún no lo creo.
—Entonces… ¿tienes alguna forma de explicar que fue lo qué pasó?
—No. Pero, como todos ustedes, quiero saberlo. No pueden culparme por matar al rey, a mi propio padre. Lo amo aun después de su muerte y nada justificaría…
—¿Nada? —interrumpió Berko, y Aikka casi pudo sentir su condena acercarse. No se podía imaginar cual iba a ser el arma que con la que el Consejero Mayor lo atacaría —Yo creo que si tienes motivos por los que querrías ver a tu padre muerto.
—Esa es una acusación muy grave, Berko. Mi confianza está con mi hijo —intervino la reina Nuri, sintiendo que la invadía la impotencia frente al nourasiano que, antes de tener la seriedad de juicio, lucía como si se estuviera divirtiendo a costa de Aikka.
—Entiendo la posición de su majestad, pero, si el Consejo me lo permite, expondré las razones por las que ese muchacho… —su dedo regordete y firme apuntó a Aikka —es el culpable de la muerte del rey.
—Dígalos entonces —pidió otro de los consejeros, y la sonrisa que se ensanchó en los labios de Berko provocó escalofríos en la decadente familia real.
—Como ustedes saben… -empezó, llevando las manos a su espalda y caminando alrededor de Aikka —… hace unos días, cuando nuestro buen rey estaba vivo, el entonces príncipe Aikka se negó a casarse con la noble Cairen para la conservación de su familia en el trono. Recuerden que él se negó a eso porque ha formado un lazo poderoso con una simple humana.
—¿Eso qué tiene que ver aquí, Berko? Aikka…
—Aikka apeló a su última esperanza. Pero el rey se negó y retiró todos los derechos de herencia a su hijo. No sólo eso, sino que todos sus descendientes se negaron a aceptar un matrimonio para mantenerse gobernando.
—Yo no mataría a mi padre para conservar el trono, y lo sabes. Renuncié a él —replicó Aikka, dándose cuenta cuáles eran las intenciones y el argumento de Berko.
—Yo tampoco creo que lo hicieras por eso, dado tu escaso interés por tu propio planeta. Pero sí creo que, como el traidor que resultaste ser, hayas arremetido contra tu padre por esa mujer. Como el traidor que resultaste ser desde el principio, prefieres a una terrestre por encima de tu pueblo.
—¡Berko! ¡Tus acusaciones…!
—¡Silencio, Aitan! ¡Tú al igual que todos lo sabemos! ¡Aikka quería deshacerse de su padre para poder estar con la humana! ¡Quiere que pensemos que fue un accidente!
—¡Eso no es cierto! —gritó Aikka, incapaz de creer que estuvieran usando a Eva para inculparlo —Ella no es culpable de nada. Cualquier decisión es completamente mía.
—Como la de acabar con tu padre, está claro —para sorpresa de todos, uno de los consejeros más viejos tomó partido por los argumentos de Berko —Aikka… lamentablemente tus actitudes me hacen pensar que tomaste esa decisión para poder hacer lo que te conviniera.
—Pero…
—Berko tiene razón. Con el caos que se habría sembrado, te hubiéramos cedido el gobierno de Nourasia. Pero estás señalado como culpable y no sé si fue porque no lo planeaste bien o porque en verdad fue un accidente. Pero aquí solo hay dos hechos, el rey está muerto y es tu flecha la que lo atravesó.
—Creo que sabría si he matado a mi propio padre —espetó Aikka, no queriendo rendirse —Ustedes saben que la conexión…
—Una que nosotros no tenemos, por cierto —arremetió de nuevo Berko, secundado por las voces detrás de él —Aikka… si confiesas, probablemente tu sentencia sea menor. Puedes cooperar con nosotros o…
—¡Jamás! —gritó, poniéndose de pie para sorpresa de todo —Condéname si quieres, Berko, pero no vas a hacer que confiese algo que yo no hice. Ni intencional ni accidental. Yo no maté a mi padre. Cree lo que quieras.
El silencio se hizo presente entre todos. Detrás de Aikka, Amina y la reina Nuri contenían la respiración. Pocas veces habías visto al chico tan determinado. Ellas no necesitaban de alguna prueba para saber que era inocente. Sin embargo, les atormentaba pensar que los demás no creyeran lo mismo. Y lo más probable es que no lo hicieran, y eso estaba por demostrarse.
—Creo que eso fue suficiente para todos —indicó Berko, volviendo a su lugar y tomando una postura bastante ceremoniosa —Si es todo lo que tienes que decir, Aikka, solo queda que los demás consejeros nos digan cual es su resolución para que generar un veredicto —algunos murmuraron, otros más guardaron silencio, pero la decisión en cada uno de ellos estaba siendo tomada —Señores del Consejo, es momento de que nos digan lo que piensan.
—Culpable.
—Culpable.
—Culpable.
—Culpable.
Uno a uno, dejaron sin palabras a toda la familia. Las lágrimas en las mujeres resbalaron por sus mejillas y el príncipe mayor se sintió abatido al pensar que, en efecto, su hermano había asesinado a su padre.
—Inocente —la voz de Aitan fue la que sonó más firme entre todas, y Aikka agradeció con todas sus fuerzas que por lo menos él demostrara un poco de sensatez. Sin dudar, confiaría a ese joven la protección de su familia ahora que, estaba seguro, no estaría con ellos.
—Con solo un voto en contra, y convencido de que sabes cual es mi postura, Aikka, este Consejo te encuentra culpable del asesinato del rey Lao. Creo que sabes cuál es la sentencia para quienes atentan contra la familia real.
—Lo sé y… lo acepto. No huiré de las responsabilidades que se me atañen, aunque sea de una manera injusta.
—Muy inteligente, Aikka —expresó Berko, ocultando como mejor podía su expresión de triunfo —Entonces… la guardia te acompañará a tu antiguo hogar para que tomes algunas pertenencias. Pero antes de que el sol se oculté, serás conducido a prisión para cumplir la condena, porque, como bien lo dices, tu condena es la prisión hasta el último de tus días.
—Algún día se hará justicia —dijo para sí, mientras algunos soldados bajo el mando de Luka se encargaban de tomarlo, mientras lo escoltaban fuera del salón del Consejo.
—Lamentable en verdad —dijo Berko para todos los que estaban en el lugar, observando con desprecio como la madre y hermanas de Aikka abandonaban el lugar en medio de un fuerte llanto de dolor y desesperanza —Sin embargo, debemos aclarar el futuro de Nourasia. No podemos quedarnos sin gobernante.
—Ya teníamos algo acordado, y se encuentra bajo la bendición de nuestro acaecido rey —mencionó el consejero más viejo de todos.
—Así es. La noble Cairen sigue siendo la siguiente en la línea de sucesión real y ya fue llamada a gobernar.
—Siempre que tuviera esposo. Y el príncipe Luka aún no ha decidido si quiere tomar la responsabilidad como su consorte y rey de Nourasia —Aitan volvió a tomar la palabra, sintiéndose culpable por no poder defender a Aikka, y esperando hacer lo posible para que alguien de la confianza de todos en el mando del planeta.
—Pues que mejor que él está aquí para que nos comparta de su decisión. Príncipe Luka, por favor, díganos que es lo que va a hacer.
Luka levantó la mirada después de que la mantuvo baja desde que sacaron a su hermano del salón del Consejo. Estaba sin poder creer, quería no creer que su hermano había cometido esa atrocidad, pero al igual que los demás, las evidencias lo hacían dudar y temer que, en efecto, él también culpaba a Aikka del deceso del rey Lao. De ese nourasiano amoroso que lo había tomado como su hijo sin serlo, que le otorgaba un título tan importante como príncipe y que le había cedido un cargo poderoso como jefe del ejército. Más aún, de esa persona que le había dado el amor que cualquier padre podría ofrecer. No podía hacer menos por él que buscar justicia para ese crimen en su contra. Y tal vez…
—Yo no… no lo sé —Luka tartamudeó, sintiendo que aceptar también significaría una especie de traición a su familia y a su hermano. El trono no era de él por derecho, su sangre no era real, aunque ostentara el título, y se veía a sí mismo como un usurpador —Tengo que pensarlo porque…
—No tienes demasiado tiempo. Si Cairen no contrae nupcias contigo, entonces el Consejo escogerá a otro esposo o a otro nourasiano de familia noble para el trono.
—No creo que eso sea necesario, señores —calmó Berko al noble que tomó la palabra—El príncipe Luka solo necesita de unos momentos. Recomiendo que todos nos marchemos y que por la noche escuchemos lo que el joven Luka y la señorita Cairen tengan que decir.
Uno a uno, los consejeros y el príncipe dejaron el lugar que momentos antes había sido testigo de una de las peores injusticas y siniestras conspiraciones que se podían cometer. Lo único que quedó fue el instrumento que desató todo ese caos, abandonado en el piso. Y nadie fue testigo de como una escurridiza joven entraba para tomar posesión de él, sabiendo que en unos momentos cumpliría su último propósito. Uno que había sido destinado desde que había sido tomada en una de esas brutales carreras.
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—No.
—Pero Aikka… no podemos…
—No vas a hacer nada, Amina. Ya sabré que hacer después, pero no quiero que ni tú mi madre intervengan.
—¡No voy a quedarme haciendo nada, Aikka!
De un momento a otro, Amina se vio envuelta en los brazos de su hermano. El abrazo fue tan firme y desesperado, que la hizo quebrarse en llanto de nuevo. Apenas tenían unos momentos a solas antes de que fuera llevado a una especie de prisión para nourasianos nobles. Aunque casi no era ocupada, pues en Nourasia todos eran seguidores de las justicias, esa cárcel estaba habitada por algunos que participaron del lado de los krogs en la primera invasión. Era casi una ironía que fuera el mismo príncipe quien terminara en ese lugar.
—Sí, vas a estar tranquila y cuidarás de mamá y Laila, hasta que yo pueda hacer algo.
—¿Y si eso nunca pasa? ¡Tú no hiciste nada por lo que deban llevarte ahí! —sollozó en el hombro de su hermano, incapaz de soltarlo.
—Tú lo sabes, y eso es suficiente para mí —Aikka la separó de su pecho y tomó el delicado rostro de la princesa entre sus manos —Por favor, no trates nada.
—Aikka…
—Escucha… yo sé que no lo hice. No tengo la menor idea de que fue lo que pasó, pero sé que yo no disparé la flecha que mató a nuestro padre. Pero haré todo lo que esté en mis manos para descubrirlo.
—¿Y cómo lo vas a hacer desde ese horrible lugar?
—No te preocupes por eso. Yo… me encargaré. Solo tengo que pedirte un favor —Aikka tomó las manos de Amina y uno de los recuerdos más recientes, más esperanzadores acudió a su mente.
—¿Es sobre Eva?
—Sí. No quiero que pierdas el contacto con ella. Debes saber como está, lo que le sucede, cualquier detalle… como si fueras su guardiana. Y en lo posible hacérmelo saber.
—Tú sabes que lo haré, aunque no me lo pidas. Pero, Aikka… ¿qué hay diferente? ¿No se supone que…?
—No. Podemos no estar juntos, pero… —una sonrisa, más nostálgica que de felicidad se ensanchó en su rostro, y un suspiró salió de sus labios, pesado y ligero al mismo tiempo —… la amo, Amina. Ella es... bueno… soy más suyo de lo que ella es mía, pero ahora hay algo aún más fuerte…y por eso voy a aferrarme a todo lo que tengo, incluso a la más remota esperanza.
—Pero… ¿qué es?
—Princesa Amina —un guardia entró a la habitación, no dejando tiempo para que Aikka le explicara a la chica lo que pasaba en Eva —El tiempo ha terminado y hay alguien más que quiere ver a su hermano.
—Vete —pidió Aikka cuando Amina se aferró a su brazo —No olvides lo que te he dicho. Y sé fuerte, sé muy fuerte por mamá y por Laila.
Amina asintió y después de dejar en la frente de Aikka el más prometedor de los besos, salió acompañada del guardia, quien dejó la puerta abierta. El joven se giró para terminar de guardar las pocas pertenencias que le serían permitidas llevar. Escuchó algunos pasos y cerrarse la puerta después.
Cuando volteó para encontrarse con el visitante, estaba seguro de que vería a su hermano o a su madre. Pero en su lugar, una nourasiana de penetrante y filosa mirada se acercaba, con las manos en la espalda y una sonrisa demasiado altiva surcando sus labios.
—Cairen… ¿qué haces aquí?
—Oh, solo pasaba a despedirme, querido Aikka —caminó hasta él hasta casi quedar de frente —No tienes idea de como lamento que todo esto esté pasando. El pobre rey, su pobre hijo. Es una completa lástima.
—¿Por qué suena como si fuera gracioso? Fue mi padre el que murió.
—Y no será el único, Aikka. Eso te lo aseguro.
—¿De qué estás hablando? —el chico se alejó unos pasos y se aseguró de tener algo con lo que protegerse. Sentía que no todo estaba bien, y que podría empeorar.
—Vamos, cariño. No me digas que no recuerdas esto —la visión de una de sus flechas en las manos de Cairen dejó enmudecido al príncipe, incapaz de decir o hacer algo —Te voy a dar una pista. Cuando corriste en el Imperio Krog, había un par de amigos míos esperando que cometieras la tontería de atacarlos. Y no tuvieron que aguardar mucho, pues hiciste todo lo que ellos esperaban.
—La flecha que no explotó…
—¡Correcto! Les fue muy sencillo recuperarla antes de que tu magia se revelara. Y la tuvieron guardada hasta hace unos días, cuando por fin cumplió su propósito.
—No… Cairen… lo que estás diciendo… ¿tú sabías que los krogs? No, espera… ¿fue Kronos? ¿Kronos…?
—¿Qué si el asesinó a tu padre? Sí. Y yo lo sabía todo desde el inicio. Hubiera sido más fácil si hubiera sido tu hermanita la primera en morir. Pero tu novia intervino, así que hubo que hacer un cambio de planes.
—¡Traidora! —Aikka jamás había sentido la furia correr por sus venas de esa manera, tan impotente e iluso. Lo habían engañado desde el interior de la familia y ahora la autora intelectual de ese desastre se burlaba de él —¿Cómo te atreves?
—No, no te confundas. Yo sólo quiero velar por el bien de Nourasia. Tú y tu patética familia son un estorbo —espetó Cairen, apuntando amenazadoramente la flecha al pecho de Aikka —Pero sólo bastó un hechizo para que tu hermana no hablara y unas palabras bonitas a tu hermano para que los krogs y yo lo tuviéramos todo controlado.
—Eso es traición, Cairen. Tú eres la que está cometiendo un crimen…
—Pero eso nadie lo va a saber —rió, deteniendo su andar —Me voy a casar con Luka, gobernaré sobre Nourasia bajo la protección del Imperio Krog y tú…
—Cairen, no lo hagas…
—Tú… estarás como tu pobre padre… ¡Muerto!
Aikka no esperaba la reacción de Cairen, pero por lo menos pudo hacer algo por evitar el certero ataque con su contra. La nourasiana, con toda la fuerza de la que era capaz, se abalanzó sobre el príncipe, empuñando la flecha, que se coloreó de color morado brillante, y estado dispuesta a atravesarlo con ella. Él sostuvo sus muñecas a centímetros de que la punta afilada tocara su piel, pero ella era más fuerte de lo que suponía.
—¡Imagínalo! ¡Que se diga que el príncipe Aikka se quitó la vida! ¡El pobre no pudo con la culpa de haber matado a su padre!
—¡No lograrás eso! ¡Baja el arma, Cairen!
—¡Nunca! ¡Todo lo que era tuyo es mío! ¡Y ahora debes morir!
Aikka podría jurar que vio a la chica casi desquiciada por el poder. No quería lastimarla, pues ella tenía toda la verdad, peo tampoco iba a dejar que lo lastimara. Decidió que, si recuperaba el control de la flecha, podría someterla y obligarla a confesar. Pero jamás contó que, incluso para esa situación, ella tenía algo planeado.
Con la habilidad que años de entrenamiento le habían dado, Aikka usó su pierna para hacer que Cairen perdiera el equilibrio y se fuera de bruces sobre él, debilitando su agarre de la saeta. Cuando la sintió sobre su pecho, Aikka aprovechó para rodarla, de modo que Cairen terminó tendida sobre suelo, con el príncipe sobre ella y forcejeando por la flecha, cuya punta ahora se dirigía al cuerpo de la nourasiana.
—¡Dámela! ¡Suelta esto y acepta que eres tú la verdadera asesina! —un escalofrío recorrió todo el cuerpo tenso de Aikka cuando la vio sonreír con suficiencia y gritar lo que desencadenaría la ruina del príncipe.
—¡Auxilio! ¡Guardias! ¡Luka! ¡Quiere matarme!
No tuvo tiempo de moverse. En cuestión de segundos, la guardia irrumpió en la habitación, tomando a Aikka de los brazos y estampándolo contra el suelo para inmovilizarlo. Se dio cuenta de que, detrás de ellos, ingresaron con rapidez Luka y Berko.
El mayor lucía para nada sorprendido, y aun así hizo alarde de estar escandalizado. Quien le preocupó fue Luka, pues su rostro era una oda a la decepción y la ira en uno solo. Entonces lo supo, justo cuando Cairen se levantó del suelo, llorosa. Su hermano no iba a estar de su lado. Lo había perdido.
—¡Luka! ¡Oh, querido! —balbuceó la chica en brazos del príncipe mayor —Aikka… yo quería asegurarle que… Nourasia se encontraría bien en mis manos… Pero… pero… él se enfureció y arremetió contra mí. ¡Quería asesinarme! ¡No soportaba el enojo contra mí y quiso acabar conmigo!
—¡Esto sólo comprueba lo que dije! ¡Él es culpable de asesinato de un rey e intento de homicidio contra la futura soberana! —exclamó Berko, señalándolo, haciendo muecas de perfecta indignación —¡Tráiganlo aquí!
La guardia obedeció y, luchando contra los forcejeos de Aikka, lo llevaron frente a Luka, que se mostraba impasible, pero que destilaba furia por sus ojos. Hicieron que el menor de hincara frente a las tres figuras ante él.
—¡Luka! ¡Luka! ¡No puedes dejar que hagan esto! ¡Confía en mí! ¡Ella es la verdadera culpable de que mataran a papá! ¡Quiso asesinar a Laila! ¡Te va a usar…!
—¡Silencio! —exclamó Luka, y todos se paralizaron cuando la bofetada que chocó contra la mejilla de Aikka resonó por toda la estancia. Luka regresaba su mano ardiente a sus costados, mientras que la expresión sorprendida, iracunda y decepcionada de Aikka lo taladraba.
—¿Cómo te atreves?
—¡Cállate! ¡Los traidores como tú no tienen derecho a hablar!
—¡Esa mujer que está junto a ti es la verdadera traidora!
—¡No vuelvas a hablar así de la reina de este planeta! —Luka se acercó a su hermano, y casi podían sentir como sus miradas quemaban —Seré el hijo que jamás pudiste ser para mi padre. Honraré su memoria y haré justicia para él. Me casaré con ella y haremos lo que tú nunca podrías por Nourasia.
—¿Cómo puedes creer más en las palabras de esos dos que en la mía? ¡Soy tu hermano! —espetó Aikka, desesperando, sabiendo miserable a su hermano por la estupidez que estaba cometiendo.
—¡Medio hermano! No voy a creer en el asesino de su propio padre, de mi padre… —sentenció Luka —… intentaste matarla. Eso jamás te lo perdonaré.
—Luka…
—Tu sentencia fue cadena perpetua, pero ahora creo que ni siquiera tienes derecho a estar en Nourasia. Este planeta no te merece.
—¡No digas tonterías! ¡No puedes…!
—Claro que lo haré. Como futuro rey… yo te condeno, Aikka, al…
—¡Luka, no!
—¡Exilio de Nourasia!
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¡Hola! Esta vez casi no me excedí del plazo del mes que tengo para subir capítulo. ¿Qué opinan? Como ven…esto se puso intenso. Pero aún falta saber que fue lo que hizo Jordan y que papel jugará la Tierra en este asunto, pues Raymond no se va a quedar de brazos cruzados. ¿Ya pensaron en que es lo que pasa con Eva que le dio esperanzas y fuerzas a Aikka? ¿No? Si tienen alguna teoría, me gustaría escucharla.
Bien, creo que eso es todo y espero que lo hayan disfrutado. ¡Les prometo que nos veremos pronto, pues ya empecé el siguiente capítulo y también está muy bueno! ¡Saludos y los amo!
PinkAnegl90: Bueno, ya viste quien es la verdadera mente macabra detrás de todo. Estarán juntos, lo prometo, pero antes deben pasar algunas cosas y dejar que el karma actué por cuenta propia. Con la aparición de Jordan en Nourasia, te resolveré esa duda de si Aikka va a recibir algunos poderes especiales. Eva si tiene una especie de poder que Aikka le pasó cuando mantuvieron relaciones. Pero no es lo único que él le dejó, así que puedes pensarlo un poco. Ya te daré más momentos de Alexa y Aitan, pero tienes que contarme ese sueño. ¡Quiero saber! Gracias por las recomendaciones, te prometo que las voy a considerar. ¡Un saludo y espero que me digas si te gustó este capítulo!
Guest: Calla y finge que no sabes nada…
IiIAelitaIiI: Me gusta cortar todo en la mejor parte, pero espero que este capítulo haya cubierto tus expectativas y también que te hayas dado cuenta de cual es ese secreto que Eva no sabe (y que conste que tú me diste la inspiración para eso). Ojalá te haya gustado. ¡Saludos!
Ninfa: A mí también me encanta Queen. Espero que te siga gustando porque nos acercamos rápidamente al final.
P.D.: La canción para el título de este capítulo es "Intocable" de Aleks Syntek.
