Capítulo 24: He declarado mi vida en soledad
Al mismo tiempo en el que Aikka era escoltado fuera del palacio, despojado de su libertad y de sus derechos, una nave despegaba de la Tierra con destino fijado en Nourasia.
Eva había prácticamente suplicado porque se le dejara ir al planeta nourasiano para defenderlo, pues no importaba si no habían logrado conciliar sus diferencias. Se amaban y eso era lo que importaba. A pesar de todo, Don no dejó que Eva abordara la nave y solo partieron a Nourasia el presidente Raymond junto a su hijo, sin saber que al llegar al pequeño planeta se encontrarían con una situación monumentalmente caótica.
—¿Crees que podamos hacer algo por el príncipe o por… Amina? —preguntó el chico, apenas despegó la enorme nave terrestre.
—No lo sé. No estoy esperando que lo salvemos, pero si podemos hacer algo para que se reconsidere su sentencia o…
—¿No se te ocurre nada más? —inquirió el chico al percatarse del silencio de su padre.
—Me preocupa que sea demasiado tarde. Jason… yo sé que la princesa Amina roba todo tu interés, pero mi prioridad es él —le aclaró, queriendo que se hiciera a la idea de que si iba a defender a alguien empezaría por Aikka.
—Si, papá. Soy consciente de eso, a pesar de lo que le hizo a Eva, creo que merece que lo ayuden. Pero ella es un caso completamente distinto. Yo si defenderé a Amina porque… porque la amo.
—Jason… no quiero arruinarlo, pero…—Charles posó una mano en los hombros de su hijo, confiriéndole un ligero apretón —¿Amarla? Sólo se conocieron unos días.
—También sé eso. Pero a ti también te bastaron unos momentos para darte cuenta de que querías a mamá, aun conmigo.
—No fueron unos días.
—Papá… fueron unas semanas, si acaso dos meses.
Ambos rieron al darse cuenta de la ironía de la situación, y porque era lo único que podían hacer ante el complicado panorama.
—Defiende lo que tengas que defender. Cada día te pareces más a ella, casi sin importar la poco lógico que parezca.
—Le dicen enamorarse —contestó Jason de modo irónico, arrancando una sonrisa a su padre en medio de lo nervioso que estaba.
El silencio volvió a ellos, esperando, casi rogando que el tiempo fuera el preciso para que lograran hacer algo no solo por Aikka y Amina, sino por todo Nourasia.
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La poca cordura que quedaba en la reina Nuri y en Amina se desvaneció en cuanto vieron que Aikka estaba siendo escoltado, cual criminal, fuera del palacio, con la guardia encabezada por Luka. Primero pensaron que era un error, pero cuando se percataron de que era, precisamente, el mayor de los hermanos él que daba las órdenes, supieron que algo no mal, sino que era completamente catastrófico.
—¡Luka! ¿Qué está pasando? —su madre salió al encuentro del mayor de los príncipes, pues apenas pudo ver como los guardias se alejaban con Aikka hasta el fondo de los pasillos.
—No, madre. Ahora no —Luka la evadió, pero una mano lo sostuvo del hombro con una fuerza que apenas él podía imaginarse en el cuerpo de su hermana.
—Mamá te preguntó que es lo que estaba pasando. No seas insolente —Amina lo fulminó con la mirada, como si así pudiera sentir toda la severidad de la que era capaz.
—No me hables así, Amina. Tú, Laila y mi madre quédense aquí —ordenó, soltándose de un tirón del agarre de su hermana.
—No iré a ninguna parte hasta que me digas que es lo que está pasando. ¿Por qué Aikka va a la explanada del palacio? ¿Por qué lo estás tratando como si fuera un criminal?
—¡Porque eso es lo que es! —gritó, exasperado —¿Te parece poco que haya matado a nuestro padre?
—¡Tú no crees eso! ¡Sabes qué el no sería capaz de matar a nadie!
—Entonces, ¿cómo explicas que hace unos instantes trató de asesinar a la próxima reina de Nourasia? —Cairen apareció detrás de Luka, con una expresión en su rostro de congoja.
—Aikka… ¿qué? —Amina se alejó unos pasos, incrédula, no de lo que decía Cairen, sino de que Luka fuera capaz de creer lo que, a luces, era un engaño —Luka… no puedes estar hablando en serio… ¡Ella está mintiendo!
—Señorita Amina —Berko llegó caminando desde la habitación de Aikka, atento a la conversación y exaltación de la princesa —No tendríamos que decirle esto, ya no es la princesa de este planeta. Sin embargo, si sirve de lección para que usted y su hermana aprendan cual es el camino que deben seguir, entonces creo que lo más conveniente es que sepa toda la historia.
—¿Pero de qué están hablando?
—La guardia encontró a tu hermano apuntando su flecha a la Cairen cuando ella solo fue a ofrecerle su apoyo frente a la situación.
—Así es. Yo solo fui a mostrar mi apoyo y él… él… —Cairen no terminó la frase, pues el llanto acudió a sus ojos y buscó refugio en el regazo de Luka, quien no dudó en reconfortarla.
—Esto no puede ser cierto… —Luka apartó la mirada al escuchar que era su madre la que le recriminaba su actitud —Hijo mío… ¿cómo puedes creer en alguien más antes que en mi hijo, tu hermano?
—Creo en lo que vi y en lo que me muestran las evidencias. Es por eso por lo que…
—¿Qué hiciste, Luka? —la reina pareció entender la funesta decisión de su hijo.
—Ma casaré con Cairen y…
—¿Y Aikka? ¡Luka! ¿Qué has hecho con mi hermano? —Luka negó y Amina no pudo tolerarlo más. Fue como si una nueva Amina naciera, una que era capaz de hacer lo que sea por las personas que ella quería, aun si eso se trataba de defenderlos de alguien que, se suponía, debía estar de su lado y se estaba comportando como un traidor. Tomó del brazo a Cairen y la apartó con fuerza, ante la mirada atónita de Berko y Luka. Después, tomó a su hermano de los hombros y lo estampó contra la pared. A pesar de menor estatura que él, estaba tan enojada que resultaba intimidante —¡No me importa lo que hagas con Cairen! Si no quieres darte cuenta de que está jugando contigo, no me importa. Pero de ti depende Aikka, y sabes tan bien como yo que él no es capaz de hacer nada de lo que se le acusa.
—Yo solo estoy diciendo lo que vi.
—¡O lo que ella quería qu vieras! ¿Cómo puedes ser tan tonto? —Amina estaba al borde del llanto, mientras que su madre apenas podía contemplar la escena, pues que sus hijos pelearan de ese modo la estaba consumiendo por dentro —¿Cómo puedes…?
—¡Basta! ¡Amina, es suficiente! ¡Vas a hacer lo que yo te…!
—¡No! ¡No haré nada de lo que me ordenen! ¡No eres mi dueño, aunque quieras creerte un príncipe! —Amina estalló en lágrimas. Toda la frustración y la impotencia se habían acumulado en su corazón y escaparon en forma de surcos de agua por sus mejillas —¿Qué va a pasar con Aikka?
—Él se va a ir a cualquier lugar donde no pueda hacernos daño de nuevo —espetó, apartando a su hermana y viendo como el pánico cundía en ella y su madre.
—Luka…
Amina no esperó a que el mayor le respondiera a su madre a que era a lo que se refería. Lo entendió inmediatamente y tan rápido como pudo, se echó a correr hacia el lugar por el que momentos atrás Aikka había pasado con la mirada gacha, derrotado.
—Lo siento, madre —se disculpó Luka, antes de tomar la mano de Cairen e indicarle a Berko que lo siguiera —Sabes que los reyes y príncipes toman decisiones difíciles.
—No es lo mismo a que sean equivocadas —le respondió, con lo poco que le quedaba de voz.
—¿Equivocadas para quién? ¿Para él? Él es la razón de que todo este problema haya surgido. Y mi padre hubiera querido que, aunque duela, se hiciera lo que fuera necesario para solucionarlo. Eso es lo que yo haré, madre. Y lamento no tener tu apoyo, pero no hay alternativa. Con tu permiso.
La reina Nuri cayó de rodillas, consumida por la desolación. No podía concebir que todo se complicara de esa manera, que todo lo que tenía y lo que amaba se le esfumara de las manos como si siempre hubieran sido tan frágiles como el viento. Ya no estaba su amor y eso la destruía, pero perder a sus hijos, ver como entre ellos se lastimaban, la estaba aniquilando. Ya no podían pedirle ser fuerte. El mundo de la dulce reina Nuri ya no era más que castillos de arena que una infernal ola había destruido.
Por otra parte, Amina corría tan rápido como sus piernas se lo permitían hasta que llegó al enorme patio del palacio, mismo en el que habían arribado las naves que los llevaron a Oban, cuando ni siquiera se imaginaban el infierno que de desataría después.
—¡Aikka!
El aludido se giró a tiempo de ver a su hermana corriendo a toda velocidad. Frente a él, una enorme nave de piedra que lo llevaría a un destino incierto hasta para él. Sin embargo, a pesar de toda la incertidumbre que lo invadía, todavía tenía la suficiente fortaleza para detener a su hermana de hacer alguna locura.
—Amina, no —dijo en cuanto la chica estuvo frente a él.
—No… ¿Qué? ¡No voy a dejar que comentan esta injusticia!
—No, sí lo vas a hacer. No tienes porque arriesgarte tú también —Aikka seguía estando apresado por la guardia, pero pensó que, de estar libre, le hubiera gustado abrazara a su hermana una última vez en un tiempo que ni él mismo podía estimar —Por favor, Amina. Deja que esto pase.
—¿Por qué? ¿Por qué me tengo que quedar de brazos cruzados mientras hacen esto contigo? ¡Todo el pueblo tiene miedo porque sabe que tú no serías capaz de…!
—Lo fue —los gemelos levantaron la vista hacia el lugar por donde se acercaba Luka, siendo sujeto del brazo por Cairen y respaldado por Berko y Sikar que, para rabia de la princesa, tenían cierto aire triunfante —Amina, es la última vez que te lo pido. Deja esto por la paz. Bastante se ha comprobado la culpabilidad de… tu hermano. Permite que cumpla su castigo con la nobleza que le queda.
—¡Eres un idiota, Luka! —gritó la chica, conteniendo las lágrimas que pugnaban por salir —¿A dónde lo vas a mandar? ¡Dime!
—Al Imperio Krog.
No hizo falta una palabra más para que la piel de Amina se tornara pálida de un modo casi enfermizo. Las lágrimas recorrieron el sendero de sus mejillas y lo vio todo rojo. Ya no le importaba si alguna vez había llamado hermano a Luka, porque el cruel nourasiano que estaba frente a ella difícilmente podía asemejarse al chico tierno y leal de hace unos pocos días atrás.
Sonidos de exclamación, y un tanto más de pavor en algunos de los espectadores, llenaron el lugar cuando vieron que en la mano de la princesa se formaba una esfera blanca y en extremo luminosa. Los que conocían de magia sabían que, por ser tan brillante, estaba cargada de una magia poderosa, tanto, que era uno de esos peligrosos hechizos que solo la Familia Real estaba autorizada a usar.
Como si una entidad se hubiera apoderado de su cuerpo, Amina extendió su brazo en dirección a Luka. Este, entre furioso y temeroso de cualquier mal movimiento, apartó a Cairen de él y se puso frente al hechizo, como una especie de reto.
—¡Amina! ¡No! ¡No hagas nada de lo que te puedas arrepentir! —Aikka forcejeaba con los guardias para que le dieran unos momentos de libertad y así pudiera detener a su hermana. Estos dudaban, pero dada la espantosa situación en la que nadie más se atrevería a intervenir, lo dejaron ir. Aikka, que estaba bastante alejado, corrió tan rápido como pudo, mientras, en su mano, él también preparaba un hechizo —¡Luka! ¡Aléjate de ahí!
—¡No me voy a ir a ningún lado! —le contestó, confiando en que su hermana se arrepentiría en el último minuto —¡Baja ese hechizo, Amina!
—¡No! ¡Te mereces todo esto! ¡Tú eres el verdadero traidor! ¡Mi padre se decepcionaría de que el hijo que tomó como suyo le hiciera esto a la familia!
Luka vio en cámara lenta como la enorme esfera de luz se soltaba de la palma de Amina en su dirección. Certera, poderosa y mortal. Estuvo a punto de aceptar su destino, pensando que moriría él también defendiendo la integridad de su planeta, cuando una explosión se produjo a escasa distancia de su cuerpo. Al mismo tiempo, dos esferas de igual forma y tamaño se absorbían la una a la otra en medio de un estallido, para desaparecer en un poderoso resplandor.
Agazapado, y algo tembloroso, Luka lo entendió. Ese chico que ahora sujetaba el cuerpo trémulo de Amina, rogándole que se controlara y secando sus copiosas lágrimas. Ese, quien sujetaba a su hermana en un abrazo y la sacudía para que no cayera desmayada, le había salvado en el último momento.
No tuvo tiempo de detenerse a reflexionar, pues otro espectáculo en el cielo avivó el pánico que, de por sí, ya sufrían los nourasianos al ver a sus príncipes enfrentarse. Un destello dorado y esplendoroso se acercaba al planeta a una velocidad prodigiosa, dejando apenas el tiempo suficiente para que la población evacuara el espacio y se pusiera bajo resguardo.
No hizo falta que aterrizara para que, con asombro, descubrieran la procedencia de esa nave de roca y extraños grabados. Era la nave del Avatar la que, en menos tiempo del que cualquiera se pudiera haber imaginado, descendía sobre Nourasia, causando un fuerte estruendo cuando atravesó la delicada atmósfera y tocó tierra segundos después.
—Aikka… ¿qué está haciendo al Avatar aquí? —Amina, aferrada a los brazos de su hermano, miraba consternada el aterrizaje de la nave, y evitaba cruzar una mirada con Luka, quien ya había llamado a la guardia real para que se apostaran a su lado.
Una vez que estuvo en suelo nourasiano, el módulo del Avatar iluminó el símbolo que representaba al guardián de la galaxia y las compuertas se abrieron lentamente, con soberana elegancia. Aikka esperaba ver que de él descendiera Jordan, en la forma que más le acomodara, pero el antiguo humano no se hizo presente y solo bastó su estruendosa voz para que los nourasianos que estaban presentes, incluso los de la realeza, se paralizaran.
—Príncipe Aikka… aborde la nave.
—¡No! —Luka se apartó de la guardia y se dirigió hacia el módulo, no importándole que pareciera que le hablaba a la nada —¡Aikka es un prisionero de Nourasia! ¡Debe cumplir la condena que se le ha impuesto aquí!
—Me estaba dirigiendo al príncipe Aikka —dijo calmadamente la voz de Jordan —Aikka, aborda la nave.
—¡Te prohíbo que te muevas de donde estás! —ordenó el príncipe, ante el movimiento casi automático de su hermano —¡Gran Avatar! Aikka ha sido acusado de asesinar a nuestro padre. Nuestro Consejo ha decidido que debe ser exiliado al Imperio Krog para cumplir su castigo y…
—Y yo he decidido que será exiliado a Oban.
—¡No puede hacer eso! —gritó Luka, frustrado.
—Jordan… no puedes hacer eso. Mi penitencia es…
—¡Silencio! —Jordan interrumpió a ambos. Años atrás, Aikka no hubiera dudado en contestar a la interrupción, pero el nuevo y grandioso puesto que el humano se había conseguido le infundía demasiado respeto —¿Es que acaso los nourasianos no saben que le deben respeto al Avatar?
—Eso no es lo mismo que obediencia, Gran Avatar —replicó Luka, bajando un poco la cabeza —Aikka no puede responder a sus órdenes si primero no cumple las de su príncipe.
—Para mí, el único príncipe será Aikka —declaró el Avatar, generando conmoción entre los presentes, además de ganarse el profundo resentimiento en Luka —Yo sé lo que sucedió, pero no voy a intervenir en ese asunto.
—Entonces no tiene porque llevárselo a un lugar que no es de su castigo. No puedo permitirlo.
—¡Soy el Avatar! —su voz resonó hasta el último rincón de ese lugar —Puedo no tener injerencia en las decisiones de Nourasia, pero mi deber es preservar la justicia más allá de los límites de cada planeta. Y tú, Luka, lo estás traspasando.
—Pero…
—¡Silencio! Aikka se ha ganado no el exilio, si no el asilo del planeta Madre. Es suyo por derecho.
—¿Cuál derecho?
—El de… —Aikka pareció estar impactado por recordar y razonar los hechos antes de que todo se descontrolara —… gané la carrera de Oban.
—¡No! ¡Eso no puedo aceptarlo! —esa vez fue Berko el que exclamó, aturdido porque los planes se estaban saliendo de su cauce. Además, hizo memoria del premio que el gran ser había prometido al que resultara triunfante —¡No solo se escapara de la justicia! ¡Ese traidor va a recibir parte del poder del Avatar! ¡Es un ultraje!
—¿Van a desafiarme? Soy el Avatar, y mi autoridad está por encima de cualquier gobernante de un planeta.
—Jordan… tengo que aceptar lo que impone la justicia de Nourasia —dijo Aikka, dejando atónitos a sus hermanos y furioso al Consejero Mayor —Si… el príncipe Luka cree que debo pagar por… por ese crimen, debo aceptarlo, hasta que se demuestre lo contrario.
—Aikka. No estaba preguntando a nadie en este lugar si aceptaban o no lo que estoy diciendo. Es una orden.
—¿Y qué si no la asumimos? —retó Luka, sabiendo que estaba a nada de perder la "justicia" que él planeaba para su acaecido padre.
—Me llevaré a Aikka de cualquier modo, pero, además, retiraré la protección de Nourasia frente a cualquier amenaza.
—¡No! ¡Jordan, no puedes hacer eso! —Aikka se exaltó de inmediato, pues era consciente de que Nourasia, a pesar de ser importante, era minúscula en comparación con los demás planetas de la galaxia, y sería de las primeras en caer ante cualquier problema, pues las alianzas no eran suficientes.
—Tú decides. Irás a Oban quieras o no, pero aun puedes decidir un poco por Nourasia.
Aikka no pudo decir nada más. Con su hermana colgada de su brazo, Luka y Berko retándolo con la mirada y siendo observado por todo el pueblo nourasiano, tuvo que cuestionarse si ese era su destino. Alejarse de todo aquello que alguna vez conoció y que representaba, más que su reino, su hogar.
Memorias de épocas pasadas se aglomeraron su mente. Se vio feliz, amado, protegido. Se encontró aceptando una responsabilidad muy fuerte, pero que lo hacía sentir satisfecho. Recordó todo lo que tuvo que pasar para poner a salvo a la pequeña Nourasia. Todo a lo que renunció.
Y entonces, en medio de todo, apareció ella. Hermosa, tenaz y testaruda. Pero infinitamente valiente. Ella, que le había enseñado casi todo acerca del valor y la lealtad, de escucharse a si mismo antes que a los demás. Eva, que, junto con su pequeño secreto, representaban para él no solo un anhelo, sino toda su vida y su motivo para luchar, para no dejarse vencer y hacer todo lo que estuviera a su alcance para ser digno de ellos.
Nadie dijo nunca que el camino y las decisiones iban a ser sencillas. Nadie prometió que no iba a doler. Pero eran parte de las pruebas de la vida, de comprobar que su nobleza era suficiente.
Algún día tendría que regresar a ellas. A su madre, a sus hermanas, a Eva. Pero no era ese el momento, no cuando tenía que reconstruirse. Solo por eso, iba a aceptar su partida a Oban. Porque era necesario, aunque el tiempo fuera demasiado. La vida siempre alcanzaría para remendar los lazos rotos, o aquellos que eran débiles.
En ese momento, Aikka deseó dos cosas con todo su ser. Que algún día la redención llegara a su hermana, y que Eva y su secreto le perdonaran la inestimable ausencia. Ojalá supieran que pensaría en ellos cada día de su vida, que, si quería solucionarlo, era precisamente por y para ellos.
—Está bien, Jordan —dijo por fin, exaltando a sus hermanos —Iré contigo.
—¡No! ¡Yo no te dejaré hacer eso! —Luka fue al encuentro de su hermano y lo sujetó del brazo, iracundo al ver que nada de lo que planeaba estaba resultando como se esperaba.
—¿Entonces tú vas a responder por lo que sea que le pasa a Nourasia? —Amina se acercó a ambos y sujetó de la misma forma a Luka para apartarlo de su gemelo.
—Supongo que es algo que aprenderás cuando seas rey, hermano —le dijo Aikka al príncipe mayor, tratando de ser noble hasta en los últimos momentos.
—No me digas lo que tengo que hacer. No quiero saber que eres mi hermano —Luka lo soltó, rindiéndose a lo que inevitablemente iba a pasar —Si te vas, nunca vuelvas. Este no es más tu planeta, Aikka.
—Tal vez, pero pertenezco a él. Cuídate siempre, Luka —el aludido se alejó de él, sin responder nada más. Sin saber que era la última vez en años que cruzarían una palabra.
Completamente distinto fue la situación de Amina quien, apenas entendió que eran los últimos instantes con su hermano, se abrazó a su cuello y dejó que las lágrimas siguieran su natural curso, hasta empapar el hombro del nourasiano. Sintió como los brazos de él se aferraban a su delgada cintura y la estrechaban a su cuerpo.
—Te vas a ir mucho tiempo. Lo sé. Puedo sentirlo —confesó la chica.
—No puedo mentirte, Amina. Pero no puedo estar con ustedes si no he solucionado mi propia vida —la abrazó todavía más fuerte. Iba a extrañar el suave y reconfortante contacto que su hermana siempre ofrecía —Me prometiste algo.
—Cuidarme, cuidar de mamá… y cuidar de Eva…
—No lo olvides, por favor. Eres… la única a la que le confiaría esto.
—Pero Eva…
—Pronto sabrás de ella y de una cosa más. Por ahora está bien así —la apartó de su lado y le dio un beso en la frente —Te quiero, hermana, por favor nunca lo olvides.
—Y yo a ti. No tardes, ¿está bien? Siempre te voy a esperar.
—Gracias, Amina. Cuídate siempre.
Con esas últimas palabras, con ambos pares de ojos abnegados en lágrimas de dolor y una fuerte esperanza, se separaron. Aikka caminó con tranquilidad, sabiendo que todo su pueblo lo miraba. Tal vez muchos de ellos no le creían, quizás unos cuantos confiaban en él, pero por todos sentía un profundo agradecimiento por haberle permitido ser su príncipe.
La explanada llena de nourasianos, su hermano rencoroso, el consejero traidor, la nourasiana ambiciosa, su hermana llorosa, el Palacio, los jardines, Sekai y Nuram encontrándose como cada noche, en eterna promesa. Todo se quedó en su memoria mientras las compuertas de la nave del Avatar se cerraban.
Dolía, no podía no admitirlo. Pero era necesario, por todos aquellos que lo amaban y lo esperaban. Aunque Jordan aún le debía una explicación, le estaba agradecido por esa oportunidad de redimirse.
Por su planeta. Por su familia. Por Eva y su diminuto secreto.
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—A eso me refiero cuando dije que es un traidor —espetó Luka en cuanto la nave del Avatar desapareció de la vista de todos.
—¡Luka! ¡No te atrevas a decir semejante cosa de tu hermano! —todos se sobresaltaron cuando escucharon la voz de la reina Nuri acercarse, llevando de la mano a Laila.
—Madre, esta vez no puedo apoyarte. Aikka ha huido de su castigo, ¿cómo le podemos llamar a eso si no es traición a todo el pueblo?
—Tu futura esposa es la traidora —dejó ir Amina, fulminando con la mirada a Cairen, que los ignoraba magistralmente.
—No, Amina. Para co esto si no es que…
Una vez más, fue interrumpido por un estruendoso sonido proveniente del cielo. Esa vez, todo los nourasianos que se encontraban en el gran patio corrieron a sus casas en el pueblo ante el temor de que fuera un invasor, incluso de que fuera un krog.
La realeza esperó en la explanada a que la nave terminara de bajar para exigir una explicación. Pero ninguno en ese lugar pudo imaginarse lo que vería. Era una nave terrestre y el corazón de Amina latió esperanzado de que fuera la ayuda que necesitaban en esos momentos
Y en efecto, así fue. Las figuras imponentes de Charles y Jason Raymond descendieron de la nave, escoltados por su guardia. Cuando las miradas del joven militar y la hermosa princesa se encontraron, supieron que, aunque complicado, todo iba a estar bien.
SSSSSSSSSSSSSSSSS
¡Hola! Exactamente un mes después, les traigo capítulo nuevo. ¿Qué opinan? Cómo puedes ver, estamos demasiado cerca del final y ahora han llegado los terrestres a terminar de cerrar este problema. Creo, solo creo, que ya se dieron cuenta de que es lo que pasa con Eva y porque es lo que más lamenta Aikka. Sin embargo, les prometo que todo esto va a tener solución y que Luka (que ya vi que no se esperaban que fuera el que arruinara todo) va a recibir su castigo de una forma muy dolorosa *inserta risa malévola*.
Bien, eso es todo por hoy. Nos vemos en la próxima y de las últimas entregas. ¡Los amo! Gracias por seguir hasta aquí.
PinkAngel90: Jajajaja casi puedo sentir a través de la pantalla un rencor por los pobres hombres de este fic. En su defensa, voy a decir que están asustados. Pues mira, solo porque quiero mantener la incertidumbre, no te diré si es eso lo que le pasa a Eva… pero como te puedes dar cuenta, Aikka no va a estar con Eva, y eso se va a tornar demasiado complicado (alguien se va a quedar sola). ¡Te juro que me he reído de lo lindo con tu sueño porque me lo he imaginado todo! ¡Que imaginación tan mas loca tienes! Respecto a tus preguntas, pues Aitan es muy guapo y bastante buen mozo, pero después daré una descripción de él. Luka va a darse cuenta de la clase de persona que es Cairen cuando las cosas vayan muy mal para él, y sí, el hechizo sobre Laila se va a romper, pero alguien lo va a revelar antes de que se lo quiten. Eva… pues va a ser todo un caso que mejor espérate a ver. Espero que este capítulo te haya gustado y se merezca un review. ¡Saludos!
P.D.: La canción para el título de este capítulo es "Déjame llorar" de Ricardo Montaner.
