Capítulo 25: Tenía que elegir otro camino
Cuando las miradas del joven hijo del presidente terrestre y la princesa de Nourasia se encontraron en la explanada del palacio, supieron inmediatamente que lo que sea que sucediera en ese momento, iba a ser lo mejor.
Jason escuchó a su padre suspirar con fuerza antes de empezar a descender por la rampa de la nave. En el gran patio, el príncipe Luka y los demás nourasianos, aun crispados por el encuentro con el Avatar y la partida de Aikka, vieron con mala cara a los visitantes no invitados, casi obviando a lo que venían.
—Bienvenido, presidente Raymond… —Luka fue el primero en acercarse a la comitiva de la Tierra, amable pero serio —No contábamos con su visita, pero imagino que tiene un buen motivo para haber arribado a nuestro planeta.
—Así es, su majestad. Aunque debo disculparme por la premura de nuestra llegada y por hacerlo sin avisar, creo que era imperativo que nos encontráramos aquí.
—Si lo que quiere es hablar de su Tratado, puede darse cuenta de que este no es el mejor momento para esas banalidades —Berko se colocó al lado del príncipe, como queriendo que escuchara fuerte y conciso lo que tenía que hacer —Nuestro Consejo aún no ha decidido que quiere hacer con ese asunto.
—Confío en que encontrarán la oportunidad perfecta para eso, pero ese no es el motivo de nuestra visita —Raymond encontró a la reina Nuri entre todos los presentes, quien lo miró con esperanza, casi una súplica —Yo, en nombre de toda la Coalición Tierra, he venido a ofrecer nuestra evidencia si con eso logramos expiar la culpa del príncipe Aikka por la lamentable muerte del rey Lao.
Una risa lacónica se escuchó detrás de Luka, dejando estupefacto al presidente, la reina y Amina. El consejero Berko se había reído un poco y estaba negando con la cabeza, como si lo que oyera le pareciera en extremo divertido. Cuando se controló un poco, dirigió sus palabras al presidente de la Tierra, como si lo creyera un ingenuo.
—Apuesto a que Aikka, desde su exilio, debe estar lamentando su tardanza, buen terrestre —Raymond se extrañó, pero el nourasiano siguió hablando —Lamentablemente, aquí no pedimos su ayuda y no nos interesa aceptarla.
—Pero… ¿exilio? Con el debido respeto, creo que es una completa injusticia —se atrevió a intervenir Jason, en tanto que los ojos de Amina brillaron —Mi compañera y yo estuvimos ahí, no había manera en la que Aikka…
—Eso ya no importa. Nosotros hemos juzgado a… Aikka. Y lo hemos encontrado culpable —espetó Luka, percatándose de las miradas que intercambiaban su hermana y el terrestre.
—¿Y su castigo fue el exilio? —preguntó Charles, pensando lo peor y poniéndose nervioso cuando Luka lo confirmó.
—Así es. Al Imperio Krog.
—¡No es justo! —gritó Jason, casi sin pensar y causando que su padre se tensara —¿Ustedes como saben que fue lo que pasó en esa carrera? ¡No estaban ahí! ¡Yo estoy seguro de que Aikka no lo asesinó! Mucho menos fue su intención.
—En primer lugar, no eres quien para intervenir en estos asuntos —interrumpió Luka, ganándose una fulminante mirada del humano —Ni tú ni nadie externo a nuestro planeta.
—No queremos entrometernos en sus decisiones —Raymond apartó a su hijo con la mano, esperando que se calmara —Lo único que tratamos de hacer es brindar material para que se obre con justicia.
—O para seguir preservando los privilegios que el príncipe Aikka les hubiera asegurado cuando subiera al Trono.
Charles casi palideció ante la aseveración contundente de Berko, cuyas palabras tuvieron repercusión en el pensamiento de Luka. El joven príncipe creyó entender que era lo que pretendían los representantes de la Tierra, así que resolvió que tenía que defender el bien de su planeta.
—Eso no… no es de ese modo. Le aseguró, Su majestad, que nuestra intención no es esa. El propósito de los Tratados es el mutuo apoyo, no que la Tierra obtenga algún beneficio sobre Nourasia —aseguró el presidente.
—Le recuerdo, príncipe Luka, que yo nunca estuve de acuerdo con esos Tratados —Berko ignoró que Raymond lo estaba escuchando y le dio la espalda para encarar al príncipe nourasiano —Esto solo comprueba lo que le dije. Los humanos solo buscan aprovecharse de nuestra complicada situación. Si dejamos que intervengan en nuestros asuntos, les daremos poder sobre nosotros y después nos tendrán a su merced.
—Por supuesto que…
—Justo como lo hicieron con los krogs —Amina se cansó de ser solo una observadora de la situación y decidió intervenir, interrumpiendo al presidente de la Tierra y llamando la atención de su hermano el consejero mayor.
—Amina, este no es el momento para que interfieras en estos asuntos…
—¿Por qué? ¿Por qué soy mujer? ¿Por qué no opino lo mismo que tú? ¿Por qué yo si tengo el suficiente cerebro para darme cuenta de lo que quieren hacer contigo?
—¡Amina! No es nada de eso. Simplemente este… cariño… —vio con desprecio a Jason, que parecía a punto de explotar —… que sientes por el humano y tu devoción a Aikka no van a dejarte pensar con claridad.
—¡Eres tú el que no está ni siquiera pensando! Te está cegando tu supuesto amor por Cairen y la necesidad que tienes de demostrar que eres mejor que Aikka.
—¡Basta! Lo estoy diciendo en serio, Amina —Luka tomó con fuerza la muñeca de su hermana, lastimándola un poco y obligándola a que no apartara la mirada de él.
—¡Suelta a mi hija, Luka! —la reina Nuri iba a intervenir, pero el príncipe hizo una seña a los guardias para que la detuvieran —¡No te atrevas a hacerle daño a tu hermana! ¡Luka!
—No, madre. Lo siento, pero no voy a dejar que sus sentimentalismos afecten a Nourasia. Nuestro padre…
—¡Mi padre creía en eso que tú llamas sentimentalismos! —gritó la joven nourasiana, forcejeando para soltarse y solo consiguiendo que el agarre sobre ella fuera más fuerte.
—Y terminó muerto, por confiar en los equivocados.
—Tienes razón. Confió en ti, en tu prometida y en su consejero —espetó la chica, causando la cólera en su hermano —Él creía en la paz entre los planetas, aunque costara. Sabía que la Tierra era nuestra alternativa.
—Estaba cegado.
—Entonces yo también lo estoy, porque creo en lo que él también creía.
—¡Lo que tú quieres es ir a revolcarte con ese humano! —vociferó Luka, perdiendo los estribos. No midió sus palabras, pues su ira era más fuerte que su razón, aunque no contaba que Amina podía ser igual y todavía más mordaz que él.
—Y si así fuera, ¿qué? Lo único que estaría haciendo es confiar en mis instintos y honrar lo que mi padre creía —con su muñeca apresada con más fuerza, y el rostro casi pegado al de su hermano, le lanzó una sonrisa que era completamente retadora —Porque él es nuestro padre, no tuyo.
—Calla… —murmuró el príncipe entre dientes, furioso.
—Nosotros somos legítimos herederos al Trono, tú y tu mujer son solo unos viles usurpadores.
—He dicho que calles…
—Serás nada comparado con los que te antecedan.
—Cállate.
—No serás nadie comparado con él.
—Suficiente…
—¡Que viva el legítimo rey Aikka! —gritó a los cuatro vientos, causando vítores en algunos de los nourasianos que observaban la escena.
Después de eso, todo fue demasiado rápido y tan repentino, que apenas pudieron asimilarlo. Unos segundos iban a cambiar los años venideros de todo un planeta.
—¡Traidora!
Luka empujó a la princesa Amina hacia donde estaba la comitiva terrestre, haciéndola caer en el suelo estrepitosamente, a los pies de los humanos y, aunque seguía iracunda, las lágrimas de impotencia se escaparon de sus tristes ojos. Charles, que había observado la escena horrorizado y pensando si lo mejor hubiese sido que no fueran a Nourasia, se agachó inmediatamente para ir al rescate de la joven princesa. Supuso que Jason haría lo mismo, pero cuando no lo vio a su lado, supo a donde había ido y cómo iba a terminar ese asunto. Desastroso.
—¡Alto! ¡No se acerque al príncipe! —un guardia trató de impedir el avance molesto e imponente de Jason, pero fue apartado bruscamente por el humano, alterando a Luka.
—¡No te permito que…!
—¡Idiota! —la voz de Luka fue inmediatamente apagada cuando el puño certero y fuerte de Jason se estampó contra su mejilla, causándole un dolor agudo inmediatamente y desequilibrándolo tanto que terminó en el piso, sin nadie que fuera en su auxilio —¿Quién te crees que eres para tratar a tu hermana así? No eres más que un imbécil que cree tener la razón por un estúpido capricho.
—¡Jason! —Raymond estaba rígido ante las palabras de su hijo. Temía las represalias, pero hasta él entendía que Jason tenía razón, aun en sus formas no tan ortodoxas. No había manera de que permitieran una injusticia sin tratar de llevar paz, pero cuando eso se volvía imposible, lo mejor era defender a los que estaban vulnerables.
—Salgan de Nourasia ahora mismo —ordenó Luka, poniéndose de pie y limpiando con el dorso de su mano la sangre que escurría de las comisuras de los labios —No quiero saber nada de la Tierra, así que pueden olvidar cualquier vestigio de Tratado.
—Mejor. ¿Quién querría hacer un trato con un ser tan nefasto como su majestad? —dejó ir Jason, dándole la espalda y regresando a su posición junto con su padre y Amina, que estaba sujeta del brazo del presidente.
—Es una lástima que todo esto termine así, príncipe Luka —dijo Raymond —Pero mi hijo tiene razón. No podemos aceptar una relación con un planeta que se niega a la justicia.
—Piensen lo que quieran de Nourasia. Solo váyanse —pidió Luka, mientras que Cairen corría a su lado para ofrecerle consuelo.
—Sin embargo, sabemos que no todos los nourasianos deben ser castigados por las decisiones de sus regentes —al oír esto, el semblante de Luka se desencajó, pues entendió a donde quería llegar Raymond y eso le provocó temor —Así que, en atención a la situación, en nombre de la Coalición Tierra, ofrezco refugio político a todo aquel habitante de Nourasia que se niegue a vivir bajo el mando de la injusticia y la represión. En nuestro planeta se les brindará la ayuda, si es lo que desean.
—¡No puede hacer eso! —esa vez, fue Berko el que se reveló al notar la duda en el rostro del pueblo que se encontraba en la explanada del palacio. El presidente Raymond negó en la dirección del consejero.
—Esta es una cuestión de ayuda. No intervenimos en nada, son sus ciudadanos los que decidirán cuando quieran lo que deseen hacer. Siempre estaré presto a acudir en auxilio de quien lo necesite.
—Nadie iré con usted…
—Yo lo haré. Yo acepto la oferta de refugio político en mi calidad de princesa legítima de Nourasia —interrumpió Amina, generando conmoción en todo aquel que la escuchó. Por primera vez en la noche, la expresión de Luka no era de odio, sino de temor —No quiero vivir en un planeta en el que es más importante el poder que la justicia o la lealtad. Mi Nourasia seguirá viva en el corazón de cada uno de los habitantes que recuerden y sepan que el príncipe Aikka era inocente y entregado a su planeta. Pero no puedo decir lo mismo de quienes van a gobernarla sin escrúpulos.
—Si te vas ahora, te prohibiré el regreso a Nourasia, igual que a cualquiera que se vaya a la Tierra —amenazó Luka, esperando que eso fuera suficiente para hacerla quedarse.
—Yo no sigo las órdenes de un rey usurpador. Al único al que le debo mi respeto es a Aikka y serán sus mandamientos los que siga cuando ocupe el Trono que le corresponde por derecho —sentenció la chica, suscitando admiración en todo aquel que presenció ese momento. Acto seguido, se incorporó con entereza y entrelazó sus manos a las de Jason, ante el rostro estupefacto y lleno de resentimiento de su hermano.
—Yo seguiré el ejemplo de su Majestad —todos se giraron hacia donde estaban los nourasianos miembros del Consejo, y de entre todos ellos, la figura de Aitan avanzó hacia el frente, erguido y orgulloso de su decisión —Ahora mismo me declaró protector de la realeza refugiada en la Tierra, representada por las únicas dos princesas a las que voy a reconocer, Amina y Laila. Espero que también reina Nuri y su pequeña hija tengan a bien unírsenos.
Mientras Aitan se colocaba a un lado de Amina y Jason, ganándose una mirada llena de gratitud y hasta cariño por parte de ambos, la reina Nuri junto con la menor de sus hijas dudó antes las posibilidades que se le ofrecían. Por un lado, podía librarse, con todo el dolor de su corazón, de la complicada situación que, estaba segura, caería sobre Nourasia. Podía ir con sus hijas a ese planeta y rezar desde ahí porque su hijo se reformará y se dará cuenta de sus errores.
Pero no. Eso no era lo que hacía una reina y una madre. Ella tenía que velar por el planeta que su esposo fallecido y su hijo exiliado habían dejado. Procurar que se mantuviera la paz y el espíritu de cordialidad y honor que distinguían a Nourasia era una de sus mayores labores, y la reina Nuri, aun si era despojada de ese título, sabía que era su responsabilidad. Esa, y quedarse al lado de su hijo más vulnerable, que, aunque no lo pareciera, era Luka.
—Me quedaré en Nourasia. Y la princesa Laila permanecerá conmigo —declaró, con el corazón partiéndosele en mil pedazos, al ser consciente de la inminente separación de su familia.
—Pero, su Alteza…
—No —Amina interrumpió la petición de Aitan porque la reina fuera con ellos. Le dolía, por supuesto que lo hacía, pero también entendía las razones de su madre, por lo que no hubo mayor opción que aceptar su voluntad —Mi mamá sabe lo que hace.
Madre e hija compartieran una mirada que encerraba demasiados sentimientos para ser descritos. Sabían que cada una cargaba con un dolor inmenso, con la desilusión de ver ceder a uno de sus miembros a los malos convencimientos. Había añoranza desde ese momento, pero también estaba la firme esperanza de que se reunirían en un mejor lugar, en un mejor momento, cuando la vida volviera a sonreír.
—Nosotros también iremos. Le debemos lealtad al príncipe Aikka —Amina suspiró con un tanto de alivio y otro tanto de pesadumbre cuando una familia completa, salida del centro en donde estaba aglomerado el pueblo nourasiano, dio un paso al frente, decididos.
—Y nosotros.
—También yo.
—Yo iré.
La sorpresa y la frustración de Luka no podían ser más grandes. Vio con una expresión atónita y la respiración agitada, como más de un centenar de nourasianos se reunían alrededor de la nave terrestres, siguiendo a su nueva líder, en ausencia de Aikka. Todos y cada uno se veían determinados a dejar su planeta de origen si con eso mostraban apoyo al único al que reconocerían como su legítimo rey, hasta el día de su regreso.
—No van a regresar nunca a Nourasia. Todo aquel que se vaya, será considerado un traidor —sentenció el príncipe, desesperado y esperando que fuera suficientemente amenazador como para que dieran marcha atrás en sus decisiones.
Surgió el efecto contrario, pues otro grupo de jóvenes del pueblo se acercaron a la princesa para asegurarle que la seguirían hasta el fin de la galaxia si era necesario.
—La Guardia Real también ha decidido seguir a la princesa Amina y brindar su antiguo servicio a ella y a todo aquel miembro de la familia legítimamente real —mencionó el líder de los guardias. Los mismos que habían apresado a Aikka, se mostraban arrepentidos y consideraban que esa era la forma en la que podían sanar sus culpas y demostrar en donde estaba su lealtad.
—Están abandonando su planeta. Nourasia nunca los va a perdonar —espetó Cairen, anonada de las acciones que los nourasianos podían tomar, sintiéndose ofendida al comprender que el pueblo no la iba a reconocer como la reina en la que estaba pronta a convertirse.
—No. Ustedes son los que no nos van a perdonar —por primera vez en esa tarde, Amina no sintió enojo contra aquellos que se iban a quedar a cargo del pequeño planeta, sino que la lástima fue lo que surgió para ellos, pues eran los que más abandonados iban a sentirse —Lo que no van a poder entender, y esa será su perdición, es que Nourasia vive dentro de nosotros, y nosotros somos Nourasia. Mientras mantengamos nuestra nobleza y verdadero honor, Nourasia será aquí o en la Tierra.
—Amina…
—Lo siento, hermano. Si no lo comprendes, te sentenciarás a ti y a los que se queden contigo.
Raymond dio la orden inmediata de abordar la nave de la Tierra, pues ya no había nada más que pudieran hacer en ese lugar. Poco a poco, los autoexiliados entraron al enorme transporte. La mayoría de ellos llevaba lágrimas en los ojos y nudos en la garganta, pues era doloroso tener que decidir dejar el hogar de un momento a otro. Pero no se quedarían ahí a esperar a que se viniera abajo, y no le iban a dar el gusto a los usurpadores de gobernarlos bajo injustas leyes. Cuando Aikka volviera a donde pertenecía, ellos lo harían y juntos iniciarían la construcción del gran reino.
—¿Estás completamente segura de lo que estás haciendo? Acabo de sentenciarte a una vida fuera de este planeta —dijo Luka, cuando solo quedaban afuera de la nave su hermana y Jason.
—No lo has hecho —ella sonrió, con la misma dulzura que siempre había utilizado para él. La misma sonrisa de las travesuras, los juegos y la complicidad. La expresión de la pureza y la nostalgia de dejar atrás su dulce alma infantil y suplantarla por una adulta y madura —Espero que hagas lo que en verdad dicte tu corazón, como nos enseñó papá.
—Amina… no trates…
—Cuídate siempre, Luka —el príncipe cerró los ojos cuando los agrietados labios de su hermana, lastimados por las incesantes mordidas por los nervios, se posaron en su mejilla, justo donde rondaba una lágrima. Un diminuto resplandor azul salió del contacto.
Cuando Luka abrió los ojos, fue el momento preciso en el que su hermana le daba la espalda y dirigía sus pasos hacia el interior de la nave terrestre. Su mano se había entrelazado a la de Jason, y a pesar de que no veía su rostro, sabía que su sonrisa debía estar empapada por lágrimas.
Los nuevos dirigentes de Nourasia se quedaron en la explanada hasta que el transporte de la Tierra desapareció en medio de un resplandor dorado, fijando su destino a un planeta lejano de ellos. Luka bajó su vista apenas dejó de verlos, y sin dirigirle la mirada a nadie, se adentró al palacio, ignorando que Berko y Cairen lo llamaban con insistencia. En la únicas que reparó fue en su madre y su hermana, quienes estaban algo más que derrotadas y angustiadas. Se veían completamente destruidas y, a pesar de eso, la expresión que le dedicaron no fue de odio, sino de un hondo sentimiento de compasión.
Ignoró eso y entró al castillo, cerrando la puerta detrás de él y recargando su espalda en ella. Entonces, sin llanto ni reclamos, se deslizó hasta el piso, sintiendo por fin la enormidad de sus actos y el vació que había hecho en su vida. Un grito quiso salir de su garganta, pero lo ahogó con sus manos. Durante todo ese rato, y hasta mucho tiempo después, se iba a hacer la misma pregunta, acosándolo noches enteras y entorpeciendo su buen juicio.
¿Qué he hecho?
SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS
Desde que salieron de Nourasia y hasta que Oban se adivinó en el horizonte de la galaxia, Jordan no se apareció frente a Aikka y no cruzaron una sola palabra. Así, el príncipe no pudo sentirse más solo en esos momentos, a pesar de que sabía que el Avatar estaba con él en la misma nave.
Se negó a ver su planeta mientras partía, pues sabía que podía flaquear y pedir volver al lado de sus hermanas y su madre. Incluso al lado de Luka. Casi podía creer que entendía a su hermano. Él también estaba asustado, y había perdido a su amado padre. También estaba preocupado por Nourasia y él, más que nadie, se encontraba entre la espada y la pared en las decisiones de las que dependería el futuro de todo un planeta. Tal vez Luka no había tomado las elecciones correctas, tal vez el dolor y un falso amor lo habían cegado, pero Aikka sabía que detrás de todo eso, estaba el mismo chico bondadoso, gentil y amoroso que era su hermano. Pero eso no podía enseñárselo Aikka, sino que su hermano tendría que redescubrirlo por su propia cuenta. Nourasia estaría bien. Pasarían por una época difícil, pero su planeta siempre podía resurgir de las cenizas y alzarse gloriosa cada vez que cayera. Por eso mismo, no estaba del todo angustiado, sino más bien melancólico y con una fuerte añoranza hacia aquellos que amaba.
Sobre todo, hacia Eva y todo lo que ella significaba. Solo esa chica representaba lo que en verdad lamentaba de toda esa situación. Que la estaba obligando a afrontar grandes retos por su cuenta, sin que él estuviera para ella en los momentos en que más lo iba a necesitar. La iba a dejar sola frente a los buenos y los malos momentos, frente a la dicha y el temor. Sin embargo, Aikka sabía que Eva, aunque fingiera que sí, no era rencorosa. No con los que quería, por eso iba a conservar esa mínima esperanza de que lo siguiera amando cuando el momento de reencontrarse llegara, cuando su amor por fin pudiera ser sin que nadie se opusiera. Los tres juntos.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando la nave aterrizó en la superficie del planeta Madre, justo frente al templo del Gran Avatar. Oleadas de sentimientos lo invadieron. Ese paisaje, la fresca brisa con olor a flores, el cielo azul y sus tintes rosados, las lunas altas y majestuosas, le traían los mejores y los peores de los recuerdos. Porque en ese planeta había sido tremendamente dichoso y se había enfrentado a las peores de las pesadillas. Pero ahí estaba de nuevo, ahora buscándose a sí mismo, buscando esa mejor versión de él mismo que Eva le había enseñado que podía ser. Todo para poder volver a ellos, a donde pertenecía su mente y su corazón, para ser quien ellos merecían.
—¿Vas a bajar o te quedarás ahí toda la vida? —por fin, Aikka vio en su forma humana a Jordan, vestido con esa enorme túnica púrpura, parado donde la rampa para descender terminaba.
Aikka tomó las pocas pertenencias que llevaba, su arco, las flechas y una pequeña bolsa con artículos personales, entre ellos, la corona que lo distinguía como príncipe y que no pensaba usar hasta que retornara a Nourasia.
—Bien, ya estamos aquí —dijo el nourasiano cuando estuvo frente al humano —¿Qué sigue?
Jordan no dijo nada, y antes de que Aikka pudiera siquiera preverlo, le dio un no tan fuerte golpe la mejilla, que lo hizo girar el rostro hacia un costado. No fue doloroso, pero si lo desconcertó por completo, no sabiendo si tenía que devolver la agresión o preguntar porque había hecho eso.
—Pero… ¿qué te sucede? ¿A qué viene esto?
—Es por Eva —afirmó Jordan, cruzándose de brazos, bastante ofendido.
—¿Por Eva? ¿Qué tiene que ver ella aquí?
—¡Que eres un jodido abusivo! —gritó el humano, caminando hacia el templo y murmurando una sarta de insultos hacia el nourasiano, que lo siguió con precaución.
—¿Por qué dices eso? —se atrevió a preguntar cuando estuvieron dentro de la gran sala principal del recinto.
—Yo no sé que diablos piensen en Nourasia, pero no es lo mismo en la Tierra —dijo al fin Jordan, después de dar unas cuantas vueltas como león enjaulado —¡Por Dios! Sólo tiene diecisiete años. ¡Diecisiete!
—No te estoy entendiendo —lo decía sinceramente.
—¡Oh, vamos! No quieras verme la cara de idiota. ¡Sé lo que le hiciste! ¡Pero ella es muy joven para eso!
—Jordan… ve al grano.
—Hablo de… —el chico enrojeció, un tanto por la incomodidad que le provocaba el tema, y otro tanto por la molestia que tenía contra Aikka —… eso
—¿Eso? —Aikka tenía una perfecta cara de confusión en su rostro. Lo que Jordan no podía saber, era que el nourasiano se estaba regocijando de eso pues, aunque estaba más que seguro a lo que se refería Jordan, quería que lo dijera con sus propias palabras —No sé qué es "eso".
—¡Lo sabes y solo quieres enfurecerme!
—No puedo estar seguro de que es lo que quieres decirme si tú no lo hacer.
—¡Deja de fingir!
—No lo estoy haciendo.
—¡Entonces deja de ser un cretino!
—Eso tal vez sí, pero no ayuda a que yo sepa lo que…
—¡El bebé, carajo, el bebé! —explotó el humano, maldiciendo de todas las formas posibles y nada ortodoxas a Aikka, que ya tenía una sonrisa de suficiencia en sus labios.
—¿Era eso? No pensé que fuera tan complicado para ti decirlo, Jordan. Es más, creí que estarías feliz por nosotros —Aikka sonrió y se recargó en uno de los pilares del templo —¿Qué te tiene tan molesto?
—¿Y te atreves a preguntarlo? —Jordan, cansado de todo eso, se recargó del mismo pilar del lado contrario al príncipe —Eva es casi una niña.
—No lo es… nunca lo ha sido. Tiene la fortaleza de toda una mujer —aseveró, recordando que, en más de un aspecto, Eva le había demostrado eso.
—No me refiero a eso. Lo que estoy diciendo es que es muy joven para todo lo que está por venir y, asumo, va a vivir sola porque tú no te vas a mover de aquí en un muy buen tiempo.
—¿Joven? Pero si dices que tiene diecisiete…
—Eso es ser joven en la Tierra. ¿Acaso en Nourasia…?
—Pues… una chica o un chico normal se estaría casando a esa edad. Supongo que por eso el Consejo se desesperó conmigo.
—¿Qué edad tienes?
—En las medidas de la Tierra, veintiuno.
—¡Diablos, Aikka! Eso no ayuda a mejorar su situación. Don Wei va a querer asesinarte cuando se dé cuenta.
—¿Tan serio es lo que hice? —el nourasiano comenzó a preocuparse, pues no lograba encontrar rastro de broma en la voz de Jordan.
—No tienes idea. En todos los sentidos, está mal que una chica que ni siquiera es mayor de edad vaya a ser mamá… ¡y de un nourasiano, demonios!
—¿Ella estará en peligro? —Aikka estaba dispuesto a mandar al diablo sus primeras intenciones y reunirse con ella si era necesario para protegerla.
—No… tiene muchas personas que los cuidarán, estoy seguro. Pero eso no quita que se escuche mal —Jordan se rindió con él y se deslizó hasta el suelo, donde suspiró cansadamente.
—No pensé en eso.
—Eso es obvio.
—Jordan, por favor. Si hubiera sabido que ella… iba a complicarse con esto… yo tal vez… no lo hubiera permitido… o me hubiera contenido, no lo sé.
—¿Contenerte? ¿Es que acaso tú puedes controlar…?
—Algo así…
—¿Cómo?
—¡No voy a responder a eso! —gritó Aikka, con los calores carmín subiéndole al rostro.
—Bien, no lo digas. Ya lo averiguaré. El punto aquí es que ya está hecho y… bueno… habrá un bebé.
Aikka soltó la sonrisa más llena de esperanza y anhelo que había dejado ir en mucho tiempo. Si, sería un precioso bebé con la madre que tenía, además de que esperaba que obtuviera su valentía, su coraje y si, hasta esa necesidad implacable de siempre superar las expectativas. Antes de darse cuenta, tenía a Jordan sentado en el piso frente a él, observándolo curioso y resignado.
—¿Los quieres?
—Los amo, Jordan. Más de lo que te puedes imaginar. Aunque no haya nacido y aunque ella no sepa de mí, estaría dispuesto a dar mi vida y más si se requiere para que ellos estén felices y seguros.
—Eva no sería feliz si tú no estás con ella y su hijo. También te ama… y mucho.
—¿Cómo lo…?
—Ella estuvo aquí antes de que yo fuera por ti a Nourasia. Literalmente, me restregó en la cara que su corazón solo a ti te pertenece, y estaba dispuesta a hacer lo que sea para que yo fuera en tu ayuda.
—¿Hiciste que suplicara?
—No con una mala intención. Solo quería estar seguro de que tan fuerte era lo que decía sentir por ti, y lo que tú sientes por ella.
—¿Y cómo te diste cuenta?
—¿De que la amas? Tenía ya la horrible sospecha —el Avatar bufó, como si pensarlo le molestara de sobremanera, pero luego, sus facciones su suavizaron hasta que se formó una tímida sonrisa en su rostro —El Avatar es… demasiando perceptivo, sobre todo con la vida. No me preguntes cómo, pero apenas la toqué, lo supe. El brillo en su mirada, su firme y suave contacto… la sensibilidad con la que me hablaba y un poco de mi poder hizo que fuera demasiado obvio. La vida crece dentro de ella, y fue creada con amor, uno que solo tú podías darle. Si te ayude, aunque de cualquier forma iba a hacerlo, fue porque ellos te van a necesitar.
—También sentí al pequeño la última vez que la vi. Es solo un atisbo, pero la magia de Nourasia me permite reconocer a los míos, y me… me sentí lleno de fuerza cuando entendí lo que pasa en ella.
—Aunque Eva tal vez se aterre y quiera estrangularte cuando lo descubra —ambos rieron juntos, tímidos y asustados ante la perspectiva de la humana enojada —Eva siendo mamá… es complicado de imaginar.
—Yo creo que es algo hermoso. Será igual de grandiosa como lo es en todo lo que se propone. Y nuestro hijo… o hijos… serán igual de bellos que ella.
—¿Hijos? ¿Más de uno?
—Bueno… yo tengo una gemela. Y en la familia real hay muchos antecedentes de más de un bebé en un solo embarazo. A veces dos o tres… creo que una vez fueron cuatro.
—¡Dios, no! Eso si la pondría en un peligro considerable… su cuerpo no es tan fuerte como para resistir eso y…
—Si fuera así, no serían más de dos, te lo aseguro. Es humana… también eso juega a su favor. Ella estará bien, te lo prometo.
—Vaya… aunque no entiendo como fue posible —Jordan se llevó una mano a la barbilla para pensar, al tiempo que Aikka se sonrojaba ferozmente.
—¿Cómo de que cómo fue posible? Eso ya lo… lo deberías de saber. También en la Tierra… ustedes tienen… o hacen…
—¡No me digas lo que hiciste con ella! ¡Claro que lo sé! —el humano se tapó inmediatamente los oídos —¡No me refería al "proceso"!
—¿Entonces?
—Me preguntaba como era posible que se diera entre un humano y un nourasiano y una humana pudiera darse esto. La genética…
—Es casi la misma —aclaró Aikka, evadiendo el rostro acalorado de Jordan —Tenemos un mismo… ancestro en común, por lo que se puede decir que somos… parientes o algo así.
—Ya, ya. Entiendo. No volveré a preguntar nada al respecto.
El silencio se hizo presente entre ambos. Miraban a cualquier lado y a la nada, no sabiendo que decir a continuación, aunque había una duda que rondaba la mente de Aikka, y tenía que decirla antes de que la olvidara.
—Así que… además del refugio… por ganar la carrera también soy dueño de una parte de tu poder…
—Protector es la palabra. Y sí, ahora custodias un poco del gran poder del Avatar. Es suficiente para que, si algo me sucediera, tu puedas o devolvérmelo o asumir la dirigencia de la galaxia. Los Creadores piensan que… después de lo que pasó con Canaletto, lo mejor es que haya una especie de respaldo.
—Comprendo. Y… ¿Cuándo lo voy a recibir?
—Ya lo tienes. Desde el momento en que cruzaste ese último aro, el poder se adhirió a ti, perfectamente protegido por la magia nourasiana, y ahí se quedará siempre.
—Cuando muera…
—Convocamos otra carrera o escoges un heredero del poder. Pero no puede regresar a mí a no ser que en serio lo necesite. Trata… de que no te maten antes de que el poder esté seguro.
—Te doy mi palabra de que lo protegeré hasta el último de mis días —aseguró, poniendo la mano en su corazón.
—Más te vale, o yo personalmente me encargaré de aplicar algún buen castigo que se me ocurra —Jordan se levantó al descubrir que muy pronto anochecería y en verdad que necesitaba un descanso, al igual que Aikka —¿Qué vas a hacer a partir de ahora?
—Redimirme aquí. Serte útil en lo que pueda para sentirme digno de poder presentarme a mi gente y reclamar mi inocencia, que sabes que la tengo.
—Lo sé, lo sé. ¿Y después?
—Ir por ella y por mi hijo. Demostrarles que soy capaz de enmendar mis errores y que merezco su amor, y que ellos son lo que más me importa en toda la galaxia.
—Vas a necesitar un discurso genial si no quieres que te corte la cabeza después de ausentarte varios años. ¿Cinco serán suficientes para redimirte?
—Supongo que sí.
—Bien, entonces que ese sea el tiempo. Cuando haya terminado, yo mismo te pondré en una nave a la Tierra —Jordan abrió las puertas del gran templo con la fuerza de su mente y señaló una construcción a un lado de este, con su misma forma, pero más pequeño, menos de la mitad, aunque seguía siendo de un tamaño considerable, casi como el de un módulo de carreras —Ese será tu hogar el tiempo que decidas quedarte. Todo lo que necesites está ahí y puedes pedirme lo que quieras. Mañana veremos cuales serán tus funciones aquí.
—Gracias, Jordan. En verdad aprecio esto que haces —el humano se encogió de hombros e hizo una leve despedida con la mano. Sin embargo, Aikka lo detuvo por el hombro y lo hizo girar, para encontrarse de frente y con una mano extendida —Oye… ¿tregua?
—Humm… —Jordan quiso ver en él algo como una burla o broma, pero no. Había un verdadero sentimiento de querer hacer las cosas bien, de limar las asperezas y empezar una verdadera relación fraterna. ¿Había opción? No. Y por primera vez, no lo hizo por Eva, sino por él mismo —Tregua.
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¡Hola! ¡Capítulo nuevo y largo! Con toda la nostalgia de que este fic ya está en sus últimos capítulos. ¿Ya se habían dado cuenta de que era lo que pasaba con Eva? Espero que les haya gustado la sorpresa, porque a mí, a pesar de que Eva está muy joven, se me hace de lo más tierno, y tengo preparada una genial reacción para cuando se entere.
Bien, eso es todo. Les prometo esforzarme para actualizar rápido, pero mientras, saben que se pueden ir a dar una vuelta en los otros dos fics que hay en mi haber. ¡Los quiero mucho, lectores que siguen hasta aquí! ¡Abrazos enormes!
PinkAngel90: ¡Me encantan tus geniales palabras! Pero créeme que si me interesa saber que estoy haciendo un buen trabajo y que a ustedes les agrada, y espero que del mismo modo te haya gustado este capítulo. Ahora puedes ver que Luka, a pesar de que está haciendo las cosas mal, si tiene idea de lo que hace y de que está mal. Claro que no va a morir, a mi también me encanta. Alexa y Aitan van a tener su historia, lo juro, por eso decidí que él debía ir a la Tierra con Amina. ¡Mucho amor para ti también y espero tus siempre bellos reviews!
IiIAelitaIiI: ¡No mates a Luka! Si se portó mal, pero lo va a entender, de la peor manera, pero lo hará, y va a reparar sus errores. Espero que te haya gustado como intervino Jordan con Aikka, y que también te haya gustado la sorpresa de Eva. Sobre todo, que el capítulo entero te haya gustado. ¡Mucho amor de mi parte! Espero ansiosa ver uno de tus lindos reviews.
P.D.: La canción para el título de este capítulo es "¿De qué me sirve la vida?" del grupo Camila.
