Capítulo 26: Somos lo que somos, estamos solos, y nos entendemos a lo lejos

Desde el primer día en que la comitiva de la Tierra había partido a Nourasia, Eva sintió que el nerviosismo y la ansiedad la consumían. Podían haber pasado solo dos días, pero era el tiempo suficiente para sentir que algo no estaba bien. Eso, aunado a que no había una sola noticia de lo que pasaba en el exterior, estaban haciendo que se sintiera perder la cabeza.

—Vas a volverte loca en cualquier momento —comentó Alexa cuando, en la tarde del segundo día, entró a la casa Wei y vio a su amiga dar vueltas en la sala con un comunicador en la mano —¡Eva! ¡Hazme caso!

—¿Eh? ¿Dijiste algo? —Alexa rodó los ojos y la tomó de los hombros, obligándola a sentarse en el sofá.

—Ya contrólate. No sirve de nada que estés alterada.

—Es que no entiendes. No hay noticias de nadie y… eso me tiene…

—Demente —interrumpió su amiga, con una sonrisa que pretendía hacerla sentir tranquila.

—Sí. Es como un mal presentimiento… no sé. Sólo quiero que me digan que están bien. Aunque… aunque se quede en Nourasia —la mirada de Eva se tornó sombría, apretando sus manos. Alexa se preocupó cuando una lágrima descendió de sus ojos.

—Eva…

—Sólo quiero que esté bien —dijo, sollozando y enterrando su rostro en el hombro de su mejor amiga —Lo quiero bien…

—Así va a hacer. Ya lo vas a ver. Dentro de poco van a llegar todos juntos y verás que Aikka estará bien, Amina también —la pelirroja se aferró con aún más fuerza a la figura de Alexa, temblando —Ya, de acuerdo, llora si es lo que necesitas —Alexa rió un poco y Eva levantó su mirada enrojecida, confundida por la actitud de su amiga.

—¿Porqué te ríes? ¿Qué sucede contigo?

—Es que me pareces un poco más melodramática de lo normal —hizo notar, ganándose que Eva se separara de ella y se moviera hasta el otro extremo del sofá, cruzando los brazos —¡Eva! ¿Qué pasa?

—Nada, nada —la piloto le restó importancia al asunto con un gesto de manos, y fijándose de nuevo en el comunicador que dejó en la mesa, esperando que hubiera algo nuevo, pero no pasaba —Necesito hacer algo, no quiero quedarme aquí.

—Tu papá dijo que tenías que descansar de los días que estuviste en Oban. ¿No quieres acostarte y ver una película?

—No, ya dormí demasiado. Todo el día de ayer estuve acostada y dormí no sé cuantas horas. Si sigo en esta casa voy a entrar en pánico, te lo juro.

—¿Y qué hacemos? ¿Vamos a Wei Racing y robamos una nave? —Alexa rió cuando recapacitó en su pregunta, y Eva también soltó una risotada —Ya sé, ya sé.

—No estoy robando nada. Es mi nave… y Wei Racing es como… un poco mía. Así que no pueden acusarnos de eso.

—Y yo que quería quedarme en casa —Alexa suspiró, pero sabía que no tenía más remedio si quería ver a su Eva un poco más alegre, así que tomó las llaves de la moto de su amiga y le indicó que la siguiera.

Sin embargo, mientras se movían hacia el edificio de Don Wei, un repentino pensamiento atacó a Alexa. ¿Eva había llorado y segundo después estaba bromeando? ¿Qué diablos pasaba con su amiga? Seguramente ya habían enloquecido después del estrés de la carrera y el asunto de Aikka.

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—No, definitivamente no —dijo Don Wei en cuanto su hija le pidió, o más bien exigió, usar la Arrow IV para entrenar.

—Pero papá…

—Dije descanso. No estoy para caprichos, Eva, y tampoco te estoy preguntando si quieres. Ve a la casa y sencillamente no hagas nada. La próxima semana hablaremos.

—¡La próxima semana vas a querer que deje las carreras! —replicó la chica, pateando el suelo ante la mirada ofuscada de su padre.

—Y si fuera así sería una orden, no te estaría preguntando si estás de acuerdo. Pero me considero benevolente, así que no haré eso. Solo quiero que te sientas mejor hasta que vuelvas a tomar los controles. Además, ya casi anochece y todos nos vamos a ir de aquí.

El gritito de frustración que sacó Eva hizo reír a todos los que veían la escena. Algunos de los otros pilotos de la empresa de carrera pasaron al lado de la joven y sacudieron sus cabellos, diciéndole que, ni porque fuera su hija podría ganarle una batalla a Don Wei, lo que solo hizo que Eva rabiara aun más, para diversión de su amiga y los mecánicos por excelencia de la empresa.

—Vamos, Eva. Te prometo que la próxima semana te dejaré probar el nuevo sistema de propulsores y reactores de la Arrow, y hasta un nuevo tipo de nave —animó Kouji, tomándola por los hombros e incitándola a caminar hacia el edificio alto y negro, dejando atrás las pistas.

—¿Puedes creer que salvamos el reactor? —Stan llegó al lado de los chicos y los abrazó por la espalda, queriendo generar un poco de mejor humor —El fuego no afectó la maquinaria y pude hacer mejoras. Cuando vuelvas a las carreras, te vas a dar cuenta de que aceleración tan uniforme.

—¿Eso que significa? —preguntó Alexa, que algunas veces solo gritaba para apoyar a su amiga, no porque entendiera muy bien la lógica de una nave y las carreras.

—Que subirá la velocidad constante y suave —explicó Eva, rodando los ojos y riéndose con sinceridad —Recuérdame darte un curso rápido de esto.

—Mientras no me hagas conducir esa máquina del demonio, puedo aprender lo que sea.

Todos en el grupo rieron a más y mejor porque, en efecto, las naves de carreras podían ser el mismísimo diablo si no se les trataba con el cuidado y profesionalismo que requerían. Delante del grupo que seguía bromeando, Don caminaba tenso, pero sintiéndose ligeramente más aliviado al escuchar reír a su hija por primera vez en dos días. Sabía lo mucho que la chica estaba mortificada por Aikka.

Apenas podía creer que ambos eran pareja, le costaba asimilar que su niña había escogido alguien a quien quería amar, sobre todo por quien era. Porque si de algo estaba seguro, es que había amor entre ambos. ¿Pero porque precisamente un príncipe… de otro planeta? Aunque tampoco hubiera estado del todo feliz con un humano, por lo menos habría sido más sencillo. Pero ya estaban metidos en un gran embrollo, y sabía que, si algo resultaba mal, la que peor se sentiría sería Eva. Quizá solo por eso, esperaba que el asunto de Aikka tuviera el mejor resultado. Casi podía jurar que cerraría la boca y no diría nada acerca de su relación con tal de verlos felices, de que ella volviera a ser a misma de siempre, sin las preocupaciones que no deberían aquejarle a su edad.

—¡Don! ¡Don Wei!

Todos se giraron hacia el lugar de donde provenía la inconfundible voz de Rick Thunderbolt, que apenas descendió de la limusina de la empresa en la que viajaba, corrió al encuentro del dueño de Wei Racing.

—¿Qué diablos te pasa? ¿No puedes saludar como la gente normal? —se quejó Wei, que no estaba del humor adecuado para que alguien llegara vociferando su nombre, aunque claro, eso a Rick no le importó.

—Llevo horas llamándote a la oficina y a tu casa —reclamó el ex campeón, haciéndole una seña a Eva para que se acercara a ellos.

—¿Ha pasado algo? —inquirió, casi exigió saber la joven, no pudiendo evitar que su padre notara que las ansias la carcomían por dentro.

—Es el presidente Raymond. Requiere que el equipo Tierra esté en la plataforma de aterrizajes interplanetarios para que recibamos a la comitiva nourasiana —explicó, haciendo que el cuerpo entero de Eva se inyectara en una vivificante energía.

—¿Vienen alguien de Nourasia con él? ¿Quién? —fue el turno de Don para cuestionar, esperando, de manera increíble para él, que Rick dijera que era el príncipe Aikka quien se encontraba a punto de aterrizar en la Tierra.

—No lo sé. El secretario del presidente sólo me dijo que se acercaba un grupo de nourasianos, no sé quiénes. Pero en verdad parece importante.

—¿Entonces que estamos esperando? ¡Vayámonos ya! —Don solo pudo negar con la cabeza al ver que su hija arrastraba al resto del equipo hacia uno de los autos destinados para la empresa.

Por el bien de todos, y aunque el príncipe iba a tener que escuchar un buen sermón acerca de lo que debía y no debía hacer con su pequeña, esperaba que ambos encontraron un punto de conciliación. Que se dieran cuenta de que se necesitaban para ser felices.

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—¿Te sientes mejor? —Jason se acercó a Amina, que acababa de despertar de una necesaria siesta después de todo el espectáculo que había pasado Nourasia.

—No mucho. Pero sé que estás aquí así que te prometo que me sentiré mejor pronto —el joven artillero sonrió y la encerró en un abrazo, cuidando de no incomodarla por su educación reservada y de escaso contacto.

—Claro que aquí estaré, el tiempo que sea necesario y más allá —apoyó la palma de su mano en la mejilla de la princesa, quien se recargó con gusto, aunque en su garganta se estuviera formando un nudo —Te prometo que no te dejaré sola y te ayudaré a que veas la Tierra como un nuevo hogar. Sé que no es Nourasia, pero…

—Pero Nourasia siempre estará en mí. Y… quiero que la Tierra sea una nueva versión mía. De verdad quiero sentirme una con ella, pero… pero siempre voy a extrañar a Nourasia. Espero que algún día pueda volver, siendo libres todos.

—Así será. Sé que todos los planetas saben lo que en verdad pasó y tarde o temprano la justicia será presentada. Quizás era una lección para tu familia o algo así, no lo sé.

—Quizás era la manera en que mis diosas querían que me encontrara y quedara contigo —Jason sonrió. Tenía la idea de que la enorme diferencia entre sus culturas podía ser una dificultad para su relación, pero no era nada que el amor no lograra superar.

—Puede ser. Lo que sea que haya pasado, no sabes lo feliz que soy por tenerte aquí.

Casi sin que le importara que alguien lo viera, o que su novia fuera una recatada princesa, tomó el rostro femenino entre sus manos y lo acercó hasta que sus frentes estuvieron juntas. "Te amo", salió de los labios del humano antes de que buscara unir sus labios en un beso necesitado, ansioso, pero tan recatado como podían ser los primeros. Los movimientos de Amina eran temblorosos, y poco a poco se abandonaba al ritmo que le marcaba Jason, estando segura de que él sería el caballero más cuidadoso y cortés, con el que podía estar segura de que sus sentimientos serían correspondidos y apreciados.

—Disculpe, majestad… —se separaron a regañadientes para encontrar a el consejero Aitan y al presidente Raymond en la puerta de la improvisada habitación de la princesa. El nourasiano se encontraba visiblemente tenso, y el humano solo tenía una enorme sonrisa que casi partía su rostro —Quería… quería decirle que… ya estamos por llegar a nuestro destino. Creo que es conveniente que esté con los que decidieron venir con nosotros. Usted conoce la Tierra y será nuestra realeza en tanto que…

—Aitan, tranquilo —Amina suspiró y caminó hacia su consejero, que se veía nervioso y aun conmocionado —Sé lo que nos espera, pero no quiero que me vean como una autoridad. Eso solo le corresponde a Aikka, yo solo voy a cuidar de lo que le pertenece y trataré de que nos habituemos a ese lugar.

—Yo personalmente he gestionado para que se les asigne un territorio de la ciudad a la que llegó en la ocasión pasada, para que sea una especie de ciudadela nourasiana. Ahí contarán con todo lo que necesitan para vivir dignamente y esperando el momento en que Nourasia les sea devuelta.

Amina tomó las manos del presidente y le agradeció con una leve reverencia. En realidad, no supo muy bien que especie de energía se poseyó de ella, pero de un momento a otro, se encontró abrazando con fuerza al padre de su novio, quien, a pesar de la sorpresa, le dio un beso casto y rápido en la frente y la abrazó por la cintura.

—No sabe cómo se lo agradezco —le dijo la princesa con suavidad —Es lo mejor que pudo haber hecho por nosotros y siempre estaremos en deuda con usted y la Tierra.

—No, Amina. No tienes que agradecerme nada. Es solo un acto de humanidad —el presidente y la princesa se separaron y él le acarició el cabello con ternura —Soy yo quien te debe agradecer por hacerlo feliz —indicó Charles, señalando con la mirada a su sonrojado hijo —También ustedes tienen todo mi apoyo.

—Señor presidente, estamos sobre la Tierra. Empezaremos el proceso de aterrizaje —interrumpió uno de los guardias, ante lo cual todas los que estaban en el lugar acudieron a sus respectivos lugares para prepararse para el ajetreo final.

Jason y Amina se mantuvieron sujetos de la mano, a la vista de todos los nourasianos, los 396, que viajaban con ellos, y no hubo individuo alguno que pensara que estaban haciendo algo incorrecto, sino todo lo contrario. El pueblo estaría feliz si uno de sus monarcas lo era. Amina era como la esperanza viviente de que tiempos mejores vendrían.

Media hora después, Jason sintió el típico movimiento de cuando el módulo se anclaba a las bases del puerto espacial, justo en la orilla del mar. Su novia, aunque nostálgica, se veía emocionada. A pesar de su prematuro amor, iban a tener tiempo para conocerse más, para pasar un buen tiempo juntos y para decidir su futuro, ambos esperando que fueran los indicados.

—Es tiempo de descender —anunció Amia junto con el presidente a los nourasianos que se veían entusiasmados y nerviosos por descubrir un nuevo mundo junto a una de las princesas más valientes que la historia recordaría.

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Cuando las rampas se abrieron, Eva y su equipo quedaron impactados por la enorme cantidad de nourasianos que descendieron de la nave, y a la cabeza de ellos, estaba la princesa Amina junto con un nourasiano de porte gallardo, Jason y el presidente Charles.

En otro momento, Eva hubiera reído por la coloración roja que habían adquirido las mejillas de Alexa, pero una sensación de vacío en el estómago no la dejaba estar en paz. Se estaba esforzando por buscarlo, casi podía jurar que revisó cada rostro de cada nourasiano en ese lugar, pero no lo vio, y cuando el último de los pobladores de Nourasia dejó el enorme módulo, una sola aseveración la golpeó con fuerza y acabó con todas sus esperanzas y alegrías. Aikka no estaba ahí, Aikka no había escapado de su destino.

—A todos los presentes y a quienes nos ven por los muchos medios de comunicación, les pido su completa atención —pidió Charles, compartiendo una fugaz mirada con Eva —Ustedes saben, porque así he decidido que sea, las eventualidades que se atravesaron durante las carreras de Oban, donde la señorita Eva Wei nos representó, también están enterados del fatídico desenlace de estas. Como lo supondrán, el rey Lao de Nourasia murió y su hijo fue culpado injustamente en su planeta por este atroz crimen. La dirigencia del joven reino quedó en manos de un grupo de déspotas y usurpadores, y yo no pude dejar desamparada a la princesa Amina y la familia legítimamente real, ni a su pueblo.

—¿Dijo desamparados? —Eva sintió que su corazón latía dolorosamente, mientras guardaba la esperanza de verlo.

—Tranquila, seguramente Aikka está bien —trató de calmar Alexa, abrazándola por los hombros —Tal vez sigue adentro o… o no lo vimos. Tiene que estar por aquí, Amina no estaría tranquila si fuera lo contrario.

—Quiero agradecer la infinita bondad y misericordia de los terrestres. Yo… yo no sé que haríamos si no fuera por la gentileza de su presidente —Amina tomó la palabra, y hasta ese momento, Eva pudo adivinar el deje melancólico que tenía la voz de la princesa —Nuestra situación es penosa en este momento, pero queremos mantener nuestra tradición. Ante cualquier ser, autoridad y planeta, mi hermano, el príncipe Aikka, siempre será el legítimo heredero al trono de Nourasia, sin que importe que alguien más lo ocupe. Tengan plena confianza de que seremos pacíficos y siempre agradecidos con su generosidad y el favor les será devuelto al retorno del único rey.

—¿Dónde está? ¿Dónde está Aikka? —tanto humanos como nourasianos se giraron hacia el lugar donde la angustiada pregunta de Eva había salido. Su corazón latió como si quisiera abandonar su pecho cuando Amina y ella hicieron contacto visual. La mirada de Amina se tornó demasiado triste de un momento a otro, además de verla negar imperceptiblemente.

—En cuanto… en cuanto nos reunamos con la comitiva designada, prometo que hablaré de los pormenores de la situación del joven príncipe, por ahora es todo lo que tenemos que decir —Raymond tomó del hombro a la princesa para que no se esforzara en dar explicaciones —Le pido a toda la sociedad que mañana escuché el informe oficial que la presidencia preparará acerca de este acontecimiento. Grupo designado, por favor empiecen con la ubicación de los nourasianos. Equipo Tierra, vengan conmigo.

Poco a poco, la multitud de humanos comenzó a dispersarse, dejando correr murmullos, entre los cuales Eva distinguió algunos de admiración, otros de conformidad y unos tantos de desacuerdo. Tuvo ganas de ir a gritarles algunas cosas en la cara, pero lo cierto es que lo que más necesitaba era saber que había pasado con Aikka, pues no quería resignarse a que no estaba ahí hasta que alguien se lo dijera.

Al grupo que se le había encargado el cuidado de los nourasianos les estaba tomando bastante tiempo explicar a los foráneos el concepto que tenían de una ciudadela para refugiados, además de que no había forma de dejar en claro que el autobús que había ido por ellos no les haría ningún daño. Se resignaron a esperar a que su princesa terminara con lo que estaba haciendo para que los ayudara a ubicar a los nourasianos y solo se ocuparon de entregar comida, agua y algunas mantas para que se cubrieran del frío que se cernía sobre la explanada.

—¡Equipo Tierra! —gritó el presidente Raymond para llamar su atención. Los guardias, tanto nourasianos como humanos, los dejaron pasar hacia donde se encontraba el dirigente humano y las dos autoridades nourasianas.

—¡Eva! —apenas la vio, Amina se echó a correr hacia donde estaba el amor de su hermano. No pudo evitar que las lágrimas se le salieran antes de que llegara a su lado, pero esa chica representaba todo lo que Aikka amaba y en lo que creía.

—¡Amina! —del mismo modo, Eva fue al encuentro de la hermana de Aikka tan rápido como sus piernas y un repentino mareo lo permitían. No sabía porque, pero estaba experimentando una fuerte necesidad de sentirse protegida por alguien tan cercana a Aikka como lo era Amina.

Cuando se encontraron, Eva se sintió morir al ver a la princesa llorosa, temblando como si de una hoja se tratase. Sintió las malas noticias avecinarse.

—Oh, Eva… nos has hecho tanta falta —murmuró la princesa en su oído.

—¿Nos? ¿A… a quiénes…? —Eva se separó del abrazo de Amina y buscó que la mirara a los ojos, resultando un trabajo difícil para la que seguía llorando —¿Amina? ¿Dónde está Aikka?

—Eva yo… yo… lo lamento. Te… juro que traté de evitarlo y… Aikka… fue culpado por la muerte de nuestro padre…

—¿Qué? —Eva se cubrió la boca con las manos ante la impresión y sintió que su cabeza martilleaba ante esa decisión tan injusta —¡No es posible! ¿Quién demonios piensa que Aikka es culpable? ¡Nosotros lo vimos! ¿Por qué no nos llamaron? Sé… sé que las grabaciones fueron destruidas en la explosión, pero… ¡pero está la palabra de todos lo que lo vimos! ¡Fue Kronos!

—Lo sé, Eva. Y para Aikka, es bastante con que nosotros, y sobre todo tú, lo sepamos. Fue nuestro hermano quien inculpó a Aikka y lo…

—¿Lo… qué, Amina? ¡Dímelo!

—Lo sentenció al exilio. Quería enviarlo al planeta de los krogs para que cumpliera una especie de sentencia…

—¿Qué?

—Así es. Claro que a mí también me parece de lo más injusto. Es por eso por lo que… ¡Por Sekai! ¡Eva!

Todas las noticias fueron demasiado para la cordura de Eva, que se sintió débil, aunque se tenía a si misma en un concepto más alto. Sus piernas flaquearon y apenas fue consiente de que estaba por desvanecerse, a tiempo de ser sostenida por los brazos de Amina.

—Aikka…

—¡Eva! —Don, Rick y el presidente Raymond, que estaban conversando en un lugar apartado, corriendo a donde estaban ambas chicas. Alexa, Jason y los mecánicos también se unieron al rescate de la joven piloto.

—Aikka…

—No, Eva, tranquila. ¿Qué tienes? —Don Wei tomó rápidamente a su hija de los brazos de la princesa, quien tomó entre sus manos las de la humana —¡Alguien traiga un doctor!

—Está muy pálida. Consigan un poco de agua —Jason también se acercó a Eva para intentar averiguar a que se debía el casi desmayo de su amiga.

Todo indicaba a que las noticias habían sido demasiado para ella, aunque aun no se explicaban como a alguien tan fuerte y con tanto pasado le hubiera afectado de ese modo. O por lo menos así fue hasta que todos notaron que la tez de Amina bajó de intensidad y que se quedaba estática en su lugar,

—¿Amina? ¿Qué sucede? —su novio la tomó de la mano antes de que ella también se desmayara, asustándose al verla temblar como si hubiera visto un fantasma.

—E… Eva… ¿tú y Aikka…?

—¿Eh?

—¿De qué hablas?

—¿Aikka… Aikka lo sabía…?

—¿Él sabía qué? —preguntó Eva, desesperada, porque no podía descifrar la expresión de Amina, que una vez más estaba al borde de las lágrimas, pero con una extraña sonrisa pintada en su rostro.

—Ellos…

—¿Ellos quiénes, Amina? —inquirió Alexa, que podía palpar la exasperación de su amiga.

—Los… los bebés.

—¿Los qué? —Don casi pierde la razón ante la mención de eso, pero las palabras se atoraron en su garganta cuando vio que Eva no decía nada, sino que se quedó observando a Amina como si tuviera la respuesta a todo.

—¡Eva! —Alexa también entendió al instante, levantándose de un salto sin saber si felicitar a su amiga o solo quedarse callada —¡Tiene lógica! ¡Tú y el príncipe…!

—¡Silencio! —ordenó la piloto, sabiendo que la joven podía decir alguna imprudencia frente a todos, además de que ya estaban llamando la atención de los nourasianos. Tanto Aitan como la Guardia Real se habían apostado a un lado del grupo que atendía a Eva —Ya… ya dime que es lo que pasa.

—¿En serio no… no lo sientes?

—¡Amina!

—Eva tú… tú… estás esperando unos bebés… de mi hermano.

—¿Disculpa? ¿Pero de que demonios están hablando? —Don se puso de pie de un salto solo por la impresión que le provocaron las palabras de la princesa —¿Quién está…?

—¿Eva está embarazada? —preguntó Jason a su novia, diciendo lo que todos querían saber, pero que nadie se atrevía a mencionar.

—Sí… creo que sí.

Después de eso, la mente de Eva ya no pudo procesar nada más y el mundo entero se tornó oscuro, sus pensamientos terminando en una última pregunta. ¿Ella… tenía un bebé en su interior?

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—¡No pueden estar hablando en serio! ¡Tiene que ser una mala broma!

—Don, cálmate ya —Rick tomó al hombre que daba vueltas de un lado a otro en la habitación del hospital en el que se encontraban. De hecho, él mismo quería pensar que el doctor que estaba frente a ambos tenía errado su diagnóstico, pero a juzgar por su mueca de espanto ante la furia de Wei, dedujo que no había error y que estaban frente a una irreal situación —Doctor… entienda la situación. Eva… es casi una niña, si hay una sospecha de que es otra cosa lo que…

—No. La señorita Wei tiene un embarazo de apenas unas semanas, no más de tres —ante la mirada fulminante del padre de Eva, el médico se apresuró a tender unos papeles que guardaba en un folder —Mire. Son los ultrasonidos que le realizamos hace unos momentos, y así puede ver que no hay duda del embarazo y de que son mellizos. Lo puede comprobar.

Don aceptó el ultrasonido y estuvo viendo la imagen demasiado tiempo, pero no el suficiente como para asimilarlo. En afecto, en la imagen que mostraba el interior de Eva, había dos manchitas negras con medidas, una forma que comenzaba a definirse y el señalamiento de un corazón. ¿Pero cómo querían que aceptara tan fácil que su hija iba a ser mamá? ¡Y el padre era un príncipe nourasiano exiliado! Sencillamente no podía solo saltar de felicidad y de una u otra forma esa jovencita iba a recibir una muy buena reprimenda.

No había forma de que no estuviera por perder la cabeza. Un Don de años atrás hubiera armado todo un escándalo y más de una cabeza habría rodado, la del príncipe antes que todos. Pero el Don de ese momento simplemente no sabía que hacer o decir. Y en cuanto Eva despertara de su letargo, estaba seguro de que todo se podía complicar todavía más. En momentos como ese, extrañaba aún más a Maia. Ella sabría qué decir.

—Vaya… así que la ratoncita tendrá dos ratoncitos —dijo Rick con un tono demasiado sarcástico cuando recibió las ecografías de manos de un exasperado Don —Lo va a hacer bien.

—¿Ahora de qué estás hablando, Rick? —exigió saber el padre de Eva, al notar que el médico estaba revisando a su hija.

—¿Cuántas veces no le confiamos a Eva cosas que la sobrepasaban? ¿Cuántas de ellas no asumió y cumplió como su fuera una adulta?

—Esto es diferente.

—No lo es, Don. Es un reto más que estoy seguro de que ella va a aceptar con la misma entereza que los demás. ¿Qué no ya salvó la galaxia una vez?

—Pero es su cuerpo el que…

—Don, ya deja de subestimarla, porque esa niña siempre termina por cerrarnos la boca.

—Me va a matar un día de estos —exclamó Don, dejándose caer rendido en uno de los mullidos sillones de la habitación.

—Procure que sea después de que conozca a sus nietos.

Don pudo fácilmente haber echado a Rick del cuarto con todo y su risa irónica, pero el doctor los interrumpió, diciendo que solo sería cuestión de unos minutos para que la joven despertara, recomendándole que no la hicieran alterarse pues, aunque el estado de los tres era bueno, era un embarazo especial y debía de tenerse el máximo de cuidados.

—Te dejo a solas con la mujercita, Wei. No la presiones, bastante asustada debe estar ya.

Don se dirigió hacia la cama de Eva y se sentó en ella. Su mano tocó la suave mejilla de la chica, regalándole de algunas caricias tiernas pero temblorosas. Seguía sin tener idea de como enfrentar eso, de como asumir que su hija tendría hijos. Pero si de algo estaba seguro, es de que jamás la iba a dejar sola. Después de que aclararan unas cosas, le iba a prometer que ella y sus nietos podían contar con él por la eternidad.

—Mmhh… ¿dónde… dónde estoy? —Eva abrió los ojos con lentitud, enfocando la vista primero en el techo y luego en el hombre que la observaba a su lado.

—Estás en el hospital. ¿Cómo te sientes?

—Mareada, pero… pero bien. Yo… ¿Porqué…?

—Te desmayaste en la explanada después de… —Don dudó y vio que los ojos de su hija se abrieron, recordando y reconociendo lo que había pasado —Después de que nos enteremos de lo que sucede contigo…

—Yo… bueno… los… los…

—Ellos está bien. Incluso… obtuvieron sus primeras imágenes —Don le tendió la misma ecografía que le había mostrado a Rick y observó algo de lo que más le impresionaría en toda su vida.

Apenas vio la prueba de que había dos pequeñitos creciendo dentro de ella, rompió a llorar y dejó escapar algunas risitas. Por puro instinto, Don la tomó de la mano, y se contagió de los mismos sollozos que estaba dejando ir su hija. La mano de Eva se posó sobre su vientre, acariciando con tanto amor como le era posible.

—Eva…

—Entonces… ¿si… si están… aquí dentro?

—Sí. Son mellizos… así que… quizás tengamos un niño y una niña… Eso… sería lindo, ¿no?

—Papá…

—Creo que podemos hablar de esto cuando volvamos a casa, ¿está bien?

—No, papá espera —Eva lo tomó de la mano antes de que se levantara de la cama. Suspiró antes de buscar la mirada de su padre, que tenía un matiz extraño de miedo —Yo… quiero hablar de esto ahora.

—No creo que sea el momento indicado.

—¡Te equivocas! Es el mejor momento para que platiquemos y… y que yo te… te expliqué lo que sucedió en Oban.

—Eva… acabas de despertar y tus… bebés… necesitan tranquilidad.

—Estaremos bien… y quiero decirte todo…

—Con algunas reservas, te lo suplico —Don y Eva rieron un poco antes de que el silencio los envolviera —Bien… entonces di lo que quieras decirme.

—Lo siento —fue lo primero que salió de los labios de Eva, en voz firme —Yo sé que… que esto no es lo que esperabas de mí. Las carreras y… todo lo demás… tendré que…

—A su debido tiempo. Puedes terminar la competencia mundial y retirarte todo el tiempo que necesites.

—No es solo eso. Siento que… te fallé o…

—No, Eva, no pienses eso. Si… si tienes razón al decir que no era lo que esperaba o quería que pasara. Si fuera por mí, serías mi niña para siempre. Pero… pero obviamente no puede ser así y ahora tendrás que velar por tus niños.

—Papá… siempre voy a ser tu hija.

—Una que no hace caso de lo que le digo y que, por lo visto, siempre quiere complicarse —Eva bajó la cabeza, pero sabía que Don tenía razón. Si lo lamentara, sería su culpa por no escuchar las eternas recomendaciones de su padre, no estuviera en esa situación. Por suerte, no lo lamentaba —¿Porqué lo hiciste, Eva? Hablo de… de escoger a Aikka. ¿Por qué él?

—Quizás por… por la misma razón por la que tú escogiste a mamá. Yo… o bueno… nosotros nos… amamos. Y… bueno… esto pasa, ¿no? Cuando hay amor las cosas solo surgen.

—No es como un milagro. También pudieron haber pensando un poco mejor las cosas antes de hacerlas. No digo que esté mal, pero… pero eres joven y la situación de Aikka no es la mejor. Un par de bebés no lo hace más fácil.

—Pero…

—Quiero que entiendas que es una imprudencia por donde lo veas. Yo… yo no quiero saber en que condiciones hicieron lo que hicieron, porque obviamente no estaban pensando con raciocinio.

—Es que…

—Sí, sí lo entiendo. Pero no te justifico por eso y ya veré de qué forma te castigo. Y Aikka va a tener que darme una excelente explicación y hacerse responsable en cuanto pueda de esto —Don se levantó y antes de que Eva dijera cualquier cosa, la abrazó con la fuerza que el amor fraternal le proporcionaba. Se sentía como el suave contacto de Maia, y sabía que, desde donde estuviera, los miraba con orgullo —Pero eso será después y, aunque no soy el hombre más contento del mundo por esta precocidad, si sé que te apoyaré hasta el final y que estos pequeñitos tendrán en mí al abuelo más protector del mundo.

—Gracias, papá. En verdad… lo siento. Pero gracias por quedarte conmigo —murmuró, enterrando su rostro en el hombro de su padre, como el mejor refugio.

—Nunca más te dejaría sola.

—Papá… —fue entonces cuando algo hizo clic en la mente de Eva, y la imagen del amor de su vida golpeó con fuerza sus pensamientos —¡Papá! Aikka… ¡Amina dijo que lo habían exiliado al Imperio Krog!

—¡Qué estés tranquila! —reprendió Don, sujetándola de os hombros, pues ya se había comenzado a remover inquieta en la cama —Ya nos han explicado. Y puedes estar serena. El príncipe no está en el Imperio. Su seguridad está garantizada con su permanencia indefinida en Oban.

—¿Qué? ¿En Oban?

—Disculpen… ¿puedo pasar? —Eva tuvo el impulso de seguir moviéndose para ponerse de pie ante la vista de Amina, pero su padre la detuvo de inmediato.

—Sí, creo que Eva necesita que le expliquen unas cuantas cosas.

—De hecho… preferiría que lo hiciéramos en su casa, si no es una molestia —pidió Amina mientras dejaba ver que llevaba la ropa de la humana en sus manos —El hombre de blanco dice que traerá un… ¿papel?... para que ya puedas irte. ¿Me dejas ayudar a cambiarte?

—La dejo solas, yo iré por el alta de Eva. Con permiso.

En cuanto Don dejó la habitación, las chicas se observaron como si tuvieran que tener precaución de la otra. Sin embargo, esa extraña atmósfera de desconocimiento se desvaneció en cuanto Amina dejó ir la primera sonrisa. Antes de que Eva se levantara, Amina fue a su encuentro y la abrazó con firmeza y delicadeza. En ese abrazo, Eva pudo sentir más que solo cariño. Había miedo, pero también esperanza.

—Por favor… —murmuró la piloto sin deshacer el contacto que mantenían —Dime que él está bien.

—Lo está, ya está a salvo. Pero quiere ser libre y digno de sus responsabilidades para venir a ti —Amina suspiró, le encantaba sentir el cosquilleo en su cuerpo que le indicaba que había alguien de su familia cerca, dos miembros para ser específicos —Él… dejó un mensaje para ti y para ellos.

—¿Ya lo sabía?

—Así es. Y Aikka pide su perdón, pero quiere que sepan que los ama más que a otra cosa en el universo —Amina se separó y vio el rostro iluminado y los brillantes ojos de la pareja de su hermano —Va a volver, Eva. Por ti, y por ellos, haría lo que fuera. Solo démosle el tiempo que requiere.

Y para Eva, podía ser toda la eternidad. Pero cuando se está seguro del amor que se profesan, los años pueden ser apenas un respiro. Estaba dispuesto a soportarlo, a ser fuerte. Ambos librarían sus propias batallas para que, al final, la recompensa fuera estar juntos, los cuatro, como siempre debió haber sido.

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¡Hola! Sé que no tengo manera de decirles que me perdonen. Tuve problemas para tener la inspiración para seguir escribiendo e hilar los hechos que van a dar por resuelto este fic. Sin embargo, para fortuna de todos, ya por fin lo logré y sé como va a seguir esto. Daré un super esfuerzo para que pueda actualizar cuanto antes, lo prometo.

Por ahora, espero que les haya gustado el capítulo. Ya saben que serán dos lindos bebés. ¿Qué género serán y como se llamarán? Eso también ya lo decidí.

Espero verlos pronto. ¡Les mando un enorme abrazo!

PinkAngel90: ¡Espero que esta vez no hayas gritado en medio de una clase! Aunque créeme que sé lo que es gritar de emoción al ver una actualización. Dile a tu amiga que en verdad amo que me esté leyendo. ¡Debería hacerse una cuenta de FanFiction! Sigan apostando por como va a estar la cuestión de los bebés, no están muy lejos. Espero que les haya gustado el capítulo. ¡Les mando un enorme abrazo hasta aquel lado del mundo!

Ninfa: Lamento enormemente el abandono, pero no quería escribir a lo loco y sin sentido. Por eso me tomé todo este tiempo, pero espero hacerlo más deprisa ahora que sé como va a continuar todo. ¡Gracias por seguir leyendo! ¡Un abrazo gigante!

IiIAelitaIiI: ¡Si serán gemelos! Lamento muchísimo la tardanza, pero espero que me entiendan un poco. Por otra parte, también espero que te haya gustado el capítulo. En la próxima habrá una explicación de porque esos bebés son tan importantes. ¡Saludos inmensos!

P.D.: La canción para el título de este capítulo es "Háblame" de Beto Cuevas.