Capítulo 28: Quisiera amarte en la eternidad. Te llevo conmigo, en mi alma estás
—Rush… no quiero suplicar, pero tendré que hacerlo si no me dejas opción.
—No, joven amigo. Eso no va a ser necesario. La decisión ya lo tomaron los gobernantes de Byrus.
—¡Pero no pueden dejar a la deriva a Nourasia!
El silencio se hizo presente entre la comunicación que mantenían Rush en Byrus y Aikka desde Oban. El nourasiano había golpeado con fuerza una mesa que tenía frente a él. Estaba más que frustrado. Se encontraba en un verdadero estado iracundo y no era contra él representante de su planeta amigo.
Estaba enojado consigo mismo y contra Luka. ¿Cuándo los problemas familiares habían acabado afectando a todo su planeta? Un aliado más estaba cortando las relaciones con Nourasia, y era solo por su culpa. Si lo pensaba bien, Aikka si se sentía agradecido por el inesperado apoyo de todos aquellos a los que apreciaba, pero si tuviera que escoger, preferiría el rechazo de la galaxia antes de que abandonaran a Nourasia a su suerte. Sin aliados, el planeta estaba desprotegido contra muchas cosas y habría escasez.
Y, por si fuera poco, momentos antes se había enterado de la boda de su hermano hace apenas unos días; no tenía palabras suficientes para expresar que tan enojado estaba con él porque, en lugar de tratar de solucionar la crisis que se avecinaba sobre su reino, celebraba su compromiso por todo lo alto, como si no hubiera cosas más importantes que atender. Por si eso no hubiera sido suficiente, se hablaba de que una comitiva de los krogs había hecho acto de presencia en la ceremonia, donde los nuevos reyes los habían recibido como al más digno invitado. Algo debía estar muy mal en la cabeza de Luka.
Haciendo un sobreesfuerzo por controlar su exaltación, se giró hacia Jordan, que se encontraba observando la escena desde el anonimato, en la oscuridad, solo contemplando el cómo Aikka trataba de solucionar ese asunto. El príncipe sintió que todo en él se paralizaba cuando el Avatar negó rotundamente. No había nada que él, aun con todo su poder sobre la galaxia, pudiera hacer para ayudar a Nourasia. Las decisiones del pequeño planeta y sus aliados eran internas, y él no debía intervenir.
—Lo siento, su Majestad —habló uno de los gigantes seres, el que parecía estar a cargo de Byrus —Pero no podemos quedarnos del lado de Nourasia. Si su propio hermano lo ha traicionado, nada nos asegura que no hará lo mismo con nosotros. La confianza en el rey Luka no es posible, menos aún cuando se dice que se ha vuelto a aliar con el Imperio Krog
—¿Y si yo doy mi palabra? Yo responderé por cualquier asunto y asumo las consecuencias de todo lo que suceda después, incluso si los rumores son ciertos.
—Pero usted está en Oban, no en Nourasia. Y el rey es su hermano, mientras que usted se encuentra exiliado.
—Pero…
—No. La decisión ya fue tomada, y nuestra condición para reanudar la fraternidad con Nourasia es que usted, príncipe Aikka, esté gobernando su planeta. De otra forma, no conviene a Byrus y nosotros no podemos arriesgarnos cuando nuestro pueblo apenas se recupera.
—Entendemos eso, señores —Jordan intervino, antes de que Aikka siguiera insistiendo, pues sabía que no llegaría a ningún lado —Solo les pediré que mantengan su palabra. Yo mismo ayudaré a que el príncipe Aikka vuelva a Nourasia.
—Seremos los primeros en respaldarlo, se lo aseguro gran Avatar. Byrus siempre será un fiel aliado y amigo del príncipe Aikka. Es un juramento.
—Lo sabemos y lo agradecemos. Es todo por ahora, pero les prometo que en tiempos próximos iré a Byrus para supervisar el avance en la reconstrucción del planeta. Que tengan un excelente día.
Jordan cortó la transmisión de una manera un poco apresurada, pues solo le bastó una mirada al príncipe de Nourasia para saber que estaba próximo a explotar en un ataque de desesperación. Se quedó de pie y no pudo reprimir una risita divertida cuando lo vio golpear con fuerza uno de los pilares que sostenía el gran templo. Por supuesto, retiró la mano inmediatamente para tallarla, sin quitar su expresión de molestia.
—Mi casa no tiene la culpa de que estés enojado —le dijo, sabiendo que eso lo irritaría más de lo que ya estaba.
—Jordan… cállate. Ahora no —Aikka empezó a caminar en círculos por la estancia bajo el escrutinio del amo de la galaxia. Ya no sabía exactamente que estaba pensando; si debía partir de ahí e ir a recriminarle a Luka las estupideces que estaba cometiendo o hacer lo que se pudiera para contrarrestar el daño. Pero nada venía a su mente y eso lo desesperaba, tanto como para buscar ayuda en el único que podía hacer la gran diferencia —¿Qué hago, Jordan? Me siento tan… impotente.
—No podemos hacer nada, no por ahora. Te lo he dicho, no puedo decidir en estas cosas. Puedo apoyar, e incluso dar mi opinión y respaldo a un planeta. Pero si Luka está siendo tajante con lo que quiere…
—Déjame partir a Nourasia entonces. No quiero recuperar nada, lo único que haré es hacer entrar en razón a Luka.
—No.
—¡Jordan!
—Eres un exiliado, genio. Y ya trataron de arrestarte. Tanto porque no puedes arriesgarte de una forma tan estúpida, como porque no puedes poner en peligro el poder que el Avatar te cedió.
—¿Y pretendes que me quede aquí? ¿Solo observo como mi planeta se acaba por que mi hermano es demasiado orgulloso?
—Más o menos. La mejor manera en la que puedes ayudar es siendo un ejemplo —explicó Jordan, saliendo del lugar hacia los jardines, seguido de cerca por Aikka —Puedes demostrar a los planetas que abandonaron a Nourasia que eres tú en quien pueden confiar. Sabes mejor que nadie que las alianzas no se hacen entre los planetas, sino entre quienes los representan.
—Quieres decir que…
—Que cuando recuperes a Nourasia, tendrás la confianza de los que necesites y podrás ayudar a tu hogar a salir de los problemas en los que se ha metido.
—Aún así, debería confrontar a Luka. ¿Cómo se casa mientras Nourasia es abandonada por sus aliados?
—Tenía que asumir el trono con un matrimonio, ¿no? Eso no es lo que me molesta —de repente, el semblante de Jordan trasmutó en seriedad, que no era propia de él.
—Te refieres a los krogs —afirmó el príncipe.
—Obvio. ¿Qué no se supone que hasta tu hermano los odiaba? ¿Por qué estaban en su boda?
—Cairen —espetó Aikka sin siquiera pensarlo —Ella misma dijo que había planeado el asesinato de mi padre. Tal vez era esto lo que quería, que los krogs regresaran a tener el control sobre Nourasia.
—¿Para qué?
—Ambición, supongo —respondió, ofuscado —Lo cierto es que logró que todos le creyéramos al principio. Pero Luka está demasiado… cegado por el amor que dice sentir por ella.
—¿Crees que también le mienta a él?
—No. Si sentí que lo amara, pero también es más fuerte su vanidad que todo lo que siente por Luka. Y ese… idiota debió haber cedido ante sus palabras. Me gustaría solo poder advertirle del peligro del Imperio Krog.
—Él debe saber lo que significa estar cerca de los krogs.
—No creo que esté pensando con claridad. Algo tuvo que haber pasado para que tomara estas decisiones. Y… te confieso que estoy preocupado por mi madre y mi hermana. Ellas aún estaban temerosas por la época en la que fueron rehenes, no creo que hayan estado tranquilas.
—Yo… supongo que puedo hacer algo.
—¡Dijiste que no podías!
—Le estás gritando al Avatar, Aikka —ironizó Jordan, poniéndole la mano enfrente para que no dijera nada —Dije que no podía intervenir, pero creo que puedo ir a hablar con él, o por lo menos con tu padre. Quizás si le exijo que diga sus motivos puede darse cuenta de que está haciendo las cosas mal.
—Lo ibas a hacer, en cualquier caso, ¿cierto? —inquirió el príncipe, cuidando de que sus nervios no lo dominaran.
—Por supuesto. No porque sean de los pueblos más viejos en la galaxia deben tener un trato especial. Tu hermano va a tener que darme buenas explicaciones para traer un enemigo que yo mismo me había ocupado en sacar de su planeta.
—¿Y yo que haré?
—Esperar aquí, supongo. Puedes pensar un poco en como recuperar aliados, o como hacerte ver bien frente a los demás.
—Ya te dije que no necesito eso. Lo hago por Nourasia, no por quedar bien con…
—¿Ni con Eva? —el tono pícaro con el que hablo hizo que Aikka sufriera de un leve sonrojo.
—Ella ya está… o bueno… espero que siga…
—Sí, claro que te sigue queriendo y recordando. ¿Cómo diablos te van a olvidar cuando llevará, literal, un pedazo de ti toda su vida?
—¿Tú crees eso?
—Estoy seguro. Por cierto… Eva, por sugerencia de tu hermana, va a hablar con todos los nourasianos que están en la Tierra.
—¿De verdad? —Aikka estaba impresionado y orgulloso en partes iguales. Estaba por demás enterado que el fuerte de Eva no era hablar en público, menos aún si el tema era ella misma. Que lo hiciera frente a su pueblo, lo hacía aun más especial. Estaba seguro de que, en su momento, Eva sería una reina de la que todos estarían asombrados.
—Sí, o bueno… por lo menos se presentará y dirá que es lo que esta pasando entre tú y ella y… pues… ahora el bebé de ambos.
—¿Cuándo sucederá eso?
—En una hora, mas o menos —Jordan hizo un movimiento de cabeza y en un solo instante ya estaba convertido en la gran y omnipotente figura del Avatar, ataviado de su túnica morada y rayos dorados en su espalda. Solo de esta manera, el humano podía lograr algo de respeto de parte del nourasiano —Puedes verla a través del espejo, claro.
—Gracias, Jordan. Yo… espero que logres algo con mi hermano.
—¿Nada más eso?
—Dile a mi madre que estoy bien, y que no debe preocuparse. Nada le pasara en tanto se aleje de los krogs. Sé que Luka ha fallado, pero ni él permitiría que le sucediera algo a ella o a Laila.
—Por su bien, espero que así sea. De lo contario, estoy seguro de que no te importaría nada más —el cuerpo de Jordan fue envuelto por un resplandor dorando, al tiempo de que se volvía etéreo, de un transparente pulcro —Nos vemos en la noche, Aikka.
—Aquí te espero.
Una vez que Jordan se hizo nada en un segundo, Aikka se fue directo a la habitación del humano, en donde, al centro de todo, se encontraba un espejo brillante, con rebordes plateados y adornos delicados. Por medio de él, el Avatar podía ver el punto en la galaxia que el deseara, no importando que tan lejano estuviera. Solo con pensarlo, eso aparecía en el reflejo el tiempo que quisiera.
A Aikka le tomó toda la semana aprender a usarlo. Era difícil, no solo porque el uso del espejo se restringía a aquellos que poseyeran el poder del amo de la galaxia, sino porque la fuerza mental que se requería era impresionante. Para su fortuna, la magia natural de Nourasia le había sido de gran ayuda, y solo requería que se concentrara por unos momentos para poder traer la imagen de las personas a las que amaba.
Y en ese momento, en que su mente y su corazón se ponían de acuerdo, la imagen de cierta pelirroja valiente era lo primero que era lo que primero se dibujaba en el cristal.
Sonrió. Su Eva, y su bebé. A nadie iba a amar tanto como lo hacía con ellos. A pesar de todo y todos.
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Una semana le tomó a Eva aceptar que tenía que presentarse ante los muchos nourasianos que ya residían en la Tierra, pero había llegado el día a enfrentar. No era porque no quisiera hacerlo, sino porque ni ella misma estaba segura de que haría o diría. ¿Solo se quedaría parada mientras la observaban? ¿Tendría que hablar con ellos? ¿Qué diablos iba a hacer con la propuesta de ser una princesa?
Después de eso, ya no estaba ni segura de lo que quería con respecto a Aikka. Si lo seguiría a donde fuera, si no le iba a perdonar que se hubiera desaparecido y la estuviera dejando embarazada de sus dos bebés, si lo perdonaría, pero no lo seguiría. Su mente estaba hecha un completo caos y lo único en lo que quería concentrarse era en sus pequeños, y un poco más en lo que iba a pasar con su carrera de piloto.
—Supongo que no pasará nada si compito en la final —le dijo a su reflejo en el espejo una vez que estuvo vestida y abrigada. Vio su vientre un momento, donde sus pequeños acababan de cumplir un mes de vivir en su interior —A ustedes no les importa, ¿verdad? Sólo es una carrera… y voy a ganarla por ustedes y por… por su papá.
—Yo dije que lo iba a pensar —Eva dio un pequeño respingo cuando escuchó la voz de Don y luego lo vio por el reflejo del espejo, con el ceño fruncido —Aún tenemos que valorarlo y no voy a ponerlos en ningún riesgo solo por un premio.
—Vamos, papá. Es solo un campeonato mundial. Nunca nada malo pasa en esas competencias —replicó la chica, terminando de abrochar su gabardina negra.
—Eso no garantiza nada, Eva —Don se adentró a la habitación y antes de que su hija dijera algo para contradecirlo, la arropó en un abrazo cálido, el disfrutando del suave contacto y ella reconfortándose de la protección que su padre le brindaba —Es peligroso en más de un sentido y yo no me perdonaría si algo te pasara. A ti o a ellos.
—¿Mamá no compitió cuando me estaba esperando? —preguntó la joven, a la vez que escuchaba a su padre suspirar con pesadez —Papá…
—Lo hizo. Pero en defensa de ambos, no sabíamos de tu existencia hasta que cumpliste los tres meses —alegó el futuro abuelo, sonriendo para sus adentros.
Él y su esposo estaban llevando un matrimonio encantador, y fueron todavía más dichosos cuando supieron que tendrían una hija. Claro, Maia también protestó por tener que dejar las carreras hasta que su bebé naciera, pero sabia que tenía que hacerlo si quería mantenerse segura para su pequeña.
En el fondo, eso era lo que Don había esperado para el futuro de Eva. Que encontrara un amor sincero, que la amara casi tanto como él amo a su madre, que su hija viviera todas las aventuras que le fueran posible, que se casara con quien más amara y que pudiera formar una familia amorosa. Por supuesto, no contaba con la intervención de cierto príncipe nourasiano y como esto echaría abajo todo lo que planeó para su hija. Ahora ella estaba esperando a su pareja mientras estaba embarazada de él. Eso, de ninguna manera, era lo que quería para ella. Pero ya que las cosas estaban así, no podía hacer otra cosa mas que quedarse a su lado hasta que todo volviera a su lugar, aunque eso implicara tener que esperar y no asesinar a Aikka cuando este volviera.
—Yo solo tengo un mes, papá. Si mamá pudo, estoy segura de que yo también puedo lograrlo —dijo Eva, abrazándose más a su papá.
—¿Vale la pena solo por un premio?
—No es solo por eso. Es porque… sé que pasará más de un año para que puedo volver a subirme a la Arrow, ¿verdad?
—Más, si es posible.
—Entonces déjame despedirme de ella y de la pista —Eva se separó y Don notó lo vidriosos que estaban los ojos de su pequeña —Yo… yo sé que debo cuidarlos —pasó su mano por la ligerísima curva que se hacía en su vientre.
—Entonces si has madurado.
—¡Si fuera solo yo claro que seguiría compitiendo! —retó la chica Wei, tragándose el nudo que se formaba en su garganta —Pero tengo que proteger a mis hijos, ¿no? Eso hizo mamá por mí, y eso es lo que haré yo por ellos. Así que… solo será una última carrera y prometo no insistir más.
—¿Prometes no ser tan testaruda en un futuro?
—Ni que tuvieras tanta suerte. Solo hasta que seas abuelo —Don rió y dejó un beso en la frente de su hija.
—Hasta que cumplan seis meses. Es eso o no hay carreras.
—¡Papá!
—También hay tiempo de recuperación, así que piensa que estoy siendo benevolente.
—Cuatro meses.
—Seis, Eva.
—Cuatro meses y medio.
—Entonces hasta que cumplan un año.
—¡No! —Eva rápidamente tapó la boca de Don con sus dos manos, exasperada y rendida —Bien, bien. Seis meses. Pero entrenaré en cuanto me recupere.
—Eso suena más razonable —Don le ajustó la bufanda que la protegería —Ya verás que poco a poco tú misma sabrás entender tus límites y los de ellos. Por ahora, tenemos que irnos con la hermana de…
—Del papá de tus nietos, déjalo así por ahora —pidió Eva, antes de soltar una muy cálida sonrisa —Cuando vuelva resolveré eso. Solo… no lo juzgues antes. Ni a él ni a nadie. Creo que todos se van a preocupar por mi y por mis bebés lo suficiente para no perdonar errores, ¿no crees?
—Igual va a tener que darme explicaciones —replicó Don antes de salir de la habitación, antes de anunciar desde afuera —¡Ya baja!
Eva suspiro antes de abandonar su habitación. Seguía sin tener una mínima idea de o que diría o haría, pero en su corazón, se alegraba de no saberse sola. Y por extraño que pareciera, aún desde que se separó de Aikka, no se había sentido sola o desamparada. Sentía como si alguien cuidara cada uno de sus pasos. Si conocía bien al dueño de sus sueños y pensamientos, era posible que eso no fuera una sensación, sino una completa realidad.
Después de todo, Aikka sabía que ambos habían formado vida. Si lo conocía bien -de hecho, lo hacía -estaba segura de que no la dejaría sola, aun en la distancia.
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—Dije a solas, con el rey Luka.
Jordan lanzó una mirada molesta a todos los que ocupaban la sala del trono en el palacio de Nourasia. No habría tenido objeciones en que la nueva Guardia Real se quedara para custodiar a sus reyes, sino fuera porque el verdadero problema residía en la presencia de cerca de unos cinco krogs, que conversaban, o más bien negociaban, con demasiada cordialidad con Luka y Cairen cuando hizo su aparición en medio del salón.
Inmediatamente exigió que lo dejaran a solas con el rey de Nourasia, pero todos los presentes, sobre todo Cairen y los krogs, se negaron a retirarse. Jordan comenzó a fastidiarse con ellos, pues casi no creía que la nourasiana y los habitantes del Imperio Krog tuvieran la osadía de contradecirlo.
—No me iré. Lo que sea que tenga que decir, gran Avatar —dijo Cairen con altivez —dígalo en frente mío y de mi esposo. Le recuerdo que yo soy la que tiene el mayor poder sobre nuestro planeta, así que yo debo estar enterada de todo.
—Tendré consideración por usted, señorita Cairen. Porque es la reina y porque deseo ser amable con una futura madre, como ya lo he notado. Pero a los krogs —les dedicó una mirada muy severa —los deseo fuera de esta conversación.
—¿Y puedo preguntar por qué? Cómo puede observar, estábamos en medio de…
—No me importa —interrumpió Jordan a un krog que no había visto antes, que lucía bastante joven —Soy el Avatar y estoy ordenando una audiencia privada con los reyes de Nourasia. Es una orden.
Ante las palabras del Avatar y la expresión enfurecida que llegó a todos los que la observaron, los nourasianos se reverenciaron ante sus reyes y el Avatar y salieron con prisa de la sala. Los habitantes del Imperio krog simplemente asintieron a los gobernantes y al amo de la galaxia y se retiraron con la dignidad que les caracterizaba.
Jordan esperó a que estuvieran completamente a solas para volver a su forma humana, de modo que estaba al mismo nivel de Luka y Cairen. Manteniendo su forma original, el palacio de Nourasia se veía realmente imponente con sus altas paredes de cuarzo blanco y sus lustrosos techos de cristales transparentes. De alguna forma, le recordaba a las construcciones monárquicas de la Tierra, y le daba algo de nostalgia.
—Creo que entiende que la última vez que nos vimos, no nos despedimos de la mejor manera, gran Avatar —empezó a decir Luka, al tiempo que se levantaba de su trono y caminaba hacia Jordan, para estar a la misma altura.
—Porque así lo decidió, rey Luka. Si hubiera acatado las órdenes que les di desde un principio, pudimos habernos evitado esta… molesta situación.
—Su Alteza, solo le quiero recordar que usted se llevó a Aikka y lo ayudó a desobedecer las órdenes que ya se habían dado. Dígale como quiera, Avatar, pero lo que usted tiene en el planeta Madre no es un ganador, es un fugitivo.
—Es una victima de tu juego de… codicia.
—¡Es el asesino de mi padre!
—Eso no es lo que yo sé, rey Luka —Jordan habló en un tono tranquilo pero severo, esperando que fuera suficiente para que el nourasiano bajara la intensidad de su voz —No tengo que decirle que sé lo que pasó ese día, pero por pedido del príncipe Aikka, me reservaré las pruebas hasta que sea necesario.
—Yo no permitiré que Aikka vuelva a este planeta, mucho menos que se le dé el trato de un príncipe —intervino Cairen, caminando al lado de su esposo y tomándolo de la mano —Yo, mi esposo y nuestro futuro hijo somos los gobernantes de Nourasia y nos negamos a recibir a Aikka. Es culpable del asesinato de su padre.
—No voy a discutir eso, Cairen. Y ustedes saben a quien es a quien yo reconozco como el rey de Nourasia —sentenció Jordan, y ambos reyes lo miraron como si quisieran deshacerlo en pedazos de Avatar.
—¿A qué vino, Alteza? —inquirió Luka, fastidiado. Aunque estaba cerca de odiar al Avatar, estaba consiente de que era el que más tenía autoridad en todo ese lugar, así que tenía que guardar la compostura —No quiero ser descortés, pero los asuntos de mi planeta requieren atención, y no lo necesitamos a usted para que se logren.
—Precisamente a eso he venido. ¿Qué asuntos pueden tener los nourasianos con los krogs? Si no mal recuerdo, hace dos años vine a liberar a toda tu familia cuando eran rehenes de ellos. Tú estabas entre lo que juro no acercarse nunca al Imperio Krog, Luka.
—Y si yo no mal recuerdo, fue Aikka el que rompió el acuerdo que teníamos. Si mi familia pasó por eso, fue porque él se decidió seguir el ejemplo de una humana.
—Tu mejor que nadie sabe que los krogs no son un pueblo en el que se pueda confiar. Tu padre lo sabía.
—No me diga que no sabe como todos los planetas que eran nuestros aliados nos están abandonando. Todos están…
—Ofendidos por el destierro y la sentencia de Aikka —interrumpió Jordan, caminando con fingida tranquilidad por lo largo y ancho del salón —Lo sé. Hace unas horas tu hermano estaba casi rogado a Byrus que no los abandonaran.
—¿Hizo qué? —la tez de Cairen palideció cuando Luka se giró hacia el Avatar, en tanto que en su mirada había un brillo de esperanza —Aikka…
—No lo logró. Los gobernantes de Byrus se niegan a hacer cualquier trato en tanto tú estés en el poder. Ya debes suponer que tu hermano está furioso por eso.
—Es su culpa. Aikka es el culpable de que nos estén dejando —Cairen se le adelantó a Luka en la réplica. El rey no decía nada, pues de un momento a otro s había quedado callado y pensativo. A la reina le aquejaban malos presentimientos cuando Luka adoptaba esa actitud, pues parecía como si se arrepintiera de todas las decisiones que lo habían llevado hasta donde estaba —Lo que los krogs están haciendo es darnos una esperanza de no caer en la miseria.
—Luka…
—Nourasia es grande, cada día crece más. No nos podríamos abastecer solo con lo que produce nuestro planeta. Necesitamos del apoyo exterior. Aikka debió haber pensado en las consecuencias de sus actos —Luka solo escuchó lo que su esposa decía, en uno de esos momentos en los que su interior le gritaba que cuidara en quien confiaba —Además de matar a su padre, dejó a Luka como un rey cruel. ¡Por supuesto que no van a confiar en nosotros!
—¿Y de todos los planetas en la galaxia, los krogs eran los únicos a los que podían recurrir? ¿Justo al Imperio que los oprimió? ¿Luka?
Tanto el Avatar como la reina de Nourasia se giraron a ver a Luka, que se había quedado observando a la nada.
—Son los únicos que nos brindarían su ayuda, porque son los únicos que no creen en Aikka, por ya haberlos traicionado una vez —Luka suspiró y con paso lento y cansino fue hacia el trono que alguna vez ocupó su padre, y que, él lo sabía, le arrebató a su hermano —Estoy consciente de que todo aliado que hayamos tenido y que esté del lado de Aikka debo darlo por perdido. Pero yo no voy a doblegarme ante aquellos que siguen a un traidor, gran Avatar.
—¿Ni siquiera cuando tú mismo eres un traidor? Pensé que tu padre defendía a su familia como una unidad. Traicionaste lo que él pensaba.
—¡No! Él también estaba demasiado cegado por el amor que le tenía a Aikka. Debió haber visto que su hijo iba a traer mal cuando rompió los tratados con quienes nos protegían.
—¡Pero si eran solo unos sirvientes más de ellos! ¡Como unos perros falderos!
—¡No somos perros falderos de nadie! Es una alianza, ellos nos van a proteger y solo con ellos podemos garantizar que Nourasia sobrevivirá a lo que venga.
—Hay más formas, Luka —insistió Jordan, sabiendo que no lograría nada cuando vio que Cairen se acercaba a el y lo tomaba con fuerza de la mano —Yo mismo puedo ayudar a Nourasia.
—No. No necesito su ayuda ni la de Aikka —espetó Luka, queriendo terminar de una buena vez esa conversación —No quiero que mi hermano piense que le debo algo más. Los krogs serán nuestros aliados y eso no va a cambiar, Avatar.
—Luka…
—Es… nuestra decisión final. Y no hay nada que usted pueda hacer para cambiarlo —terminó Cairen.
Jordan hubiera querido gritar en ese momento todo lo que sabia acerca de ella. Cómo el tenía la certeza de que Cairen era la responsable de toda la tragedia que había caído sobre la familia real de Nourasia. Pero ese no era asunto suyo, y quizás ni de Aikka. Las circunstancias y el destino ya se encargarían de poner cada cosa en su lugar.
—Me retiro —por inercia, Luka y Cairen hicieron una reverencia cuando Jordan habló, aunque el gesto les supo agridulce —Rey Luka… sabe que siempre puede cambiar de opinión. Oban existe para ayudar a cualquier miembro de la galaxia.
—No lo necesitamos, pero se lo agradecemos —Cairen respondió por Luka, y antes de que Jordan se retirara, ambos salieron del salón tomados de la mano, dejando al humano solo y pensando que tenia un verdadero desastre frente a él y que iba a costar un gran esfuerzo reparar.
Se dirigió a la salida del castillo, pensando en lo que breve que había sido la entrevista con Luka. En resumen, Cairen había convencido a su esposo de que, en vista de que todos los estaban abandonando, los krogs podían ser la apuesta segura una vez más. Por supuesto, eso el rey no lo veía como la manera de su esposa para tener el control, para hacerse de Nourasia a base de lo mismo que había pasado años atrás. Luka estaba cegado, y toda la presión que de pronto había caído sobre él no lo estaba dejando pensar con claridad.
Estando cerca de la puerta, y pensando que debería hablar con Luka cuando este estuviera a solas, escuchó un tumulto venido del exterior. Ya estaba presto a salir y arreglar el problema que estuviera sucediendo, cuando una voz femenina, fuerte e imponente, lo hizo dar unos pasos hacia atrás.
—No me importa que mi hijo los haya llamado, este es mi palacio y no los quiero cerca de aquí —Jordan reconoció la voz de la reina Nuri, y estuvo seguro de donde habían sacado el fuerte carácter sus hijos varones y hasta la princesa Amina —Y la próxima vez que se dirijan a mí, háganlo como su Alteza. Aunque los krogs sean aliados, deben respeto a la familia real.
La reina Nuri entró altiva, sin siquiera detenerse a escuchar una réplica de los representantes del Imperio Krog. Sin embargo, cuando su mirada se topó con la de Jordan, después de cerrar la puerta tras de ella, se dulcificó y el humano pudo ver en ella la esperanza y la nostalgia mezclada en un dulce rostro.
—Jordan, ¿verdad? —preguntó la reina Nuri, y el Avatar solo asintió —Mi príncipe Aikka me contó mucho de ti. Vaya que tuvieron problemas.
—Unos cuantos, majestad —contestó Jordan, sonrojándose al hace un rápido recuento de todas las veces que él y el nourasiano habían terminado en un conflicto.
—Perdona mi atrevimiento. Sé que eres el Avatar y tengo que mostrarte respeto, pero…
—Yo no necesito de eso, se lo juro. Si me quiere decir Jordan, para mi está bien.
—De acuerdo, Jordan —el Avatar no pudo evitar sonrojarse ante la bonita sonrisa de la reina, y es que sonreía como lo haría una madre y una amiga —Primero que nada, me gustaría darte las gracias por lo que has hecho.
—¿Yo?
—Sé que eres parte de los que intervinieron para sacar a algunos nourasianos de aquí —los ojos de la reina revelaban una profunda melancolía —Te agradezco que se los hayan llevado. Nadie debe ser obligado a vivir bajo un gobierno en el que no está de acuerdo. Mi gratitud será eterna para ellos, porque se mantuvieron fiel a Aikka sin importar las consecuencias. También sé que, aunque no se hayan ido, en Nourasia son fieles a su rey legítimo.
—Usted… ¿no está de acuerdo con el gobierno de Luka? —la reina negó con un gesto —¿Por qué?
—Porque conozco a mis hijos, y sé de lo que son capaces. Aikka no mató a su padre, de eso estoy segura. Luka no desea a los krogs aquí, también lo aseguro.
—Pero, majestad…
—Las decisiones equivocadas siempre nos llevarán a lugares equivocados. Ambos tomaron sus elecciones tarde o erróneas, y están a donde eso los iba a llevar.
—¿Y por qué no hace algo para contrarrestarlo? Usted y yo sabemos que la esposa de su hijo solo quería hacerse con el trono de Nourasia. ¿No puede advertirle?
—Él tendrá que darse cuenta de lo que sus errores ocasionarán, aunque lamento que los demás suframos de las consecuencias —Nuri volvió a sonreír —Pero confío en que se darán cuenta. Además, él necesita de mi apoyo ahora mismo. Supongo que te habrás dado cuenta de que será papá en tiempo futuro.
—Majestad…
—Cairen requerirá que yo esté con ella para ayudarle a educar al heredero de Nourasia. En cierta forma… me siento feliz por mi hijo. Aunque, por otro lado, me duele que mi Aikka no tenga derecho a esa felicidad todavía. Él está contigo en Oban, ¿no es así? ¿Él está bien?
—Sí, estará residiendo en Oban hasta que… hasta que se cumpla lo que él desea. Le prometo que está, quizás solo un poco enojado por lo de Luka —Jordan se llevó la mano a la cabeza, divertido, hasta que su mente se desconectó de su boca y no pensó lo que iba a decir —Claro, si por culpa de mi hermano yo no pudiera ver al amor de mi vida y al hijo que tendré con ella también me enojaría, pero supongo que ya se le pasará.
—¿Qué? —la nourasiana se quedó atónita, mirando al Avatar como si le hubiera salido otra cabeza —¿Estás diciendo que…?
—¡No! ¡Por favor! ¡Ignore lo que acabo de decir! ¡Aikka quería mantenerlo en secreto!
—¿Y tú crees que no podre guardarlo? ¡Te suplico que me digas la verdad!
—Pero…
—¿La señorita Eva, el amor de mi príncipe, está…? ¿Ella… va a tener un hijo de Aikka? ¿Eso es a lo que te referías?
—¡No! ¡Debe olvidar todo lo que dije! ¡Aikka me matará si se entera!
—Entonces es cierto… —Jordan casi se da golpes contra las paredes del castillo cuando vio que los ojos de la reina se humedecían —Mi Aikka… será papá…
—Soy Avatar muerto —se lamentó, dándose una palmada en la frente —Bueno… supongo que ya lo arruiné.
—Jordan, cariño…
—Sí —confesó, haciendo que la reina se llevara las manos a la boca y su mirada dejara escapar finas lágrimas —Bueno… Eva… si… tendrá un bebé de Aikka. Él se enteró poco antes de que lo trajeran a Nourasia para el juicio. Eva también se dio cuenta poco después.
—Oh por Sekai… —ella pareció pensarlo un poco, y algo la hizo sentirse esperanzada y asustada al mismo tiempo —¿Cuánto… cuánto tiempo tiene el bebé de Eva?
—En tiempo de la Tierra… un mes.
—Eso significa que el bebé de Aikka y Eva será mayor que el de Luka por apenas unos días —pensó en voz alta la reina, a lo que Jordan asintió —No quiero pensar en mi nieto como un objeto, pero… eso le da a mi príncipe una ventaja importante cuando trate de volver a Nourasia. Porque lo va a hacer.
—Ya hemos platicado eso. Y estamos de acuerdo que deberíamos aplicar las mismas leyes que le fueron aplicadas a él.
—No quiero que Aikka caiga víctima de la necesidad de venganza.
—No lo hará, solo va en busca de la justicia. Reina Nuri —Jordan se animó a tomar sus manos y hacer que lo viera a los ojos —Le prometo que Aikka se encuentra bien y hará todo lo que esté a su alcance en su debido momento para recuperar lo que le quitaron. Él quería que le dijera esto, así que… ya lo dije.
—Gracias, Jordan. Por todo lo que has hecho —la reina le acarició el rostro, y el humano tuvo la sensación de que era su madre quien lo hacía —Dile a mi hijo que lo amo, que lo extraño a cada momento y que espero con ansias su regreso. Y que me da mucha felicidad saber que será padre. Quizás el momento no es el mejor, pero siempre que sea con amor, estará bien.
Jordan le prometió con crecer que le daría el mensaje a Aikka, incluso le hizo una promesa secreta que cumplirían apenas naciera el bebé de Eva. El Avatar no quiso salir y tener que confrontar a los krogs, por lo que una vez que terminó de conversar con la reina Nuri, desapareció en medio del salón y emprendió la vuelta a Oban, justo a tiempo de observar junto con Aikka como, en la Tierra, Eva se enfrentaba a uno de los mayores retos que se le presentarían desde que supo que llevaba dos pequeños en su interior.
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—Tranquila, no pasará absolutamente nada. Solo quiero que estés ahí y que el pueblo te conozca como la pareja de mi hermano —Amina trataba de calmar a Eva tanto como podía, pero la chica estaba entrando en un estado de pánico, al que no ayudaba el excesivo buen humor de la princesa —Los nourasianos sentirán que hay algo de casa que está con ellos. Que el mismo príncipe Aikka no los ha dejado y que tiene oportunidades para volver al reino.
—Pero… ¿y si no soy lo que esperaban de la pareja de su príncipe? ¿Me van a querer solo porque tendré a los hijos de Aikka? Eso suena a… una responsabilidad.
—No lo es, Eva —la nourasiana tomó con suavidad una de sus manos para infundirle tranquilidad, a pesar de que ella misma se encontraba exaltada —Mi pueblo sabe que lo que importa es el amo. Y todos sabemos que Aikka te ama. No hay más. Sus nuevos príncipes solo son la confirmación de eso y no habrá nourasiano que no desee bien para ti y tus pequeños. Los amarán, lo aseguro.
—Pero querrán una reina para su rey y sus príncipes —Eva suspiró, perdiendo la mirada en el exterior que dejaban atrás mientras la limusina en la que iban se acercaba al lugar en donde los nourasianos habían sido ubicados una semana atrás —Yo no creo poder ser lo que ellos quieren.
—Ya te lo dije, Eva. Siempre será lo que tú decidas que es mejor para ti y para ellos —le contestó, acariciando con suavidad el vientre de Eva, lo cual ya se estaba haciendo una costumbre entre ellas, cosa que la humana solo le permitía a la hermana de Aikka, Alexa, Jason en contadas ocasiones y su padre —Lo único que va a pasar es que te reconocerán como la pareja de mi hermano y la madre de sus príncipes. Ni siquiera tienes que decir nada.
—¿Segura?
—¿Alguna vez te he mentido?
—¡Me hiciste creer que era novia de Aikka!
—Pero si yo nunca dije eso. Tú sacaste conclusiones —replicó la princesa, esforzándose por no reír —Como sea, te prometo que, si no quieres hablar, no tendrás que hacerlo.
—Está bien. Creo que puedo con eso.
Amina le sonrió y se quedaron en silencio. Eva se giró un poco para asegurarse de que el auto que traía a Alexa, Don y Rick fuera detrás de ellos. Al frente, la limusina presidencial llevaba a Jason y Charles. Hubiera preferido que su padre viajara con ella para hacerla sentir segura, pero por cuestiones protocolarias, Eva y Amina fueron separadas del resto. Básicamente, la humana lo entendió que la hermana y la casi esposa del rey legítimo eras las que tenían prioridad. Pero algo en ese tratamiento seguía sin ser de su completo agrado.
¿Amaba a Aikka? Por supuesto que sí, aun después de todo lo que estaba pasando lo hacía. Aun cuando sabía que tendría que llevar su embarazo y la infancia de sus pequeños sola. Pero eso no tenía que significar que estaba dispuesta a ser una reina. Eso no era ni de cerca lo que había planeado para su futuro, y aunque amaba lo que había resultado de eso, había cosas que no estaba segura de querer y poder asumir. No hasta que todo se solucionara y ella misma encontrara su lugar en todo ese alboroto.
—Mira, este es el lugar que el presidente Raymond nos asignó —dijo Amina de repente, señalando un amplio valle en el que se dejaban lucir un grupo de numerosas y ordenadas casitas blancas, con techos y ornamentas azules, todo pensado en que lucieran como Nourasia —Todos tenemos una así, excepto que la mía, donde vivo con Aitan y la Guardia Real es aquella, la más grande.
Era como un palacio en miniatura, y destacaba de las demás por mucho. La casa de Amina lucía grande e imponente. Tenía dorado en algunas partes, además de varios pisos y un amplio jardín de flores y árboles frutales. Se notaba a primera vista que había sido diseñada para que fuera habitada por alguien de la realeza.
—Muy bonita.
—Espero que no te moleste, pero ya me encargué de que haya una habitación para ti y mis sobrinos, siempre que quieran venir a visitarnos. O cuando yo me los robé un momento —Amina bromeó y Eva también le sonrió. Eso ya se lo esperaba. Aunque ella no quisiera, sus niños crecerían como los príncipes que eran, rodeados de respeto, quizás algunos lujos y personas que darían su vida por ellos.
—Claro, podrán estar con su tía favorita todo el tiempo que quieran —le contestó, al tiempo de que los tres autos se estacionaban frente a la residencia de Amina. Todos los nourasianos salían de sus casas y se congregaban cerca de donde ellos iban a descender, como si ya supieran que tenían que estar ahí.
—Bueno, cuando Laila los conozca probablemente también quiera acapararlos —Amina le dio un leve apretón en la mano y le dirigió una dulce mirada —Momento de bajar. Te prometo que estará todo bien.
Ambas bajaron con tranquilidad del auto, en donde ya estaba Don dispuesto a tenderle la mano a su hija, de modo que ambos se enfrentaran juntos el desafío.
Todo el grupo caminó junto y subieron a unas pocas escaleras que conducían a la entrada a la casa de Amina. Llegaron a un descanso de la escalinata que se alzaba por encima del conjunto de nourasianos que ya estaban reunidos. Eva se tomó un momento para apreciar que eran de todas las edades. Vio niños pequeños, algunos más grandes, jóvenes y adultos y hasta unos cuantos ancianos. No podía explicar cómo o porqué, pero sentía en su corazón la fuerza de la melancolía.
—Amado pueblo de Nourasia —Eva salió de sus pensamientos cuando la voz sonó por encima de todos. La princesa tenía a Aitan a su derecha y al presidente Raymond a su izquierda, los tres siendo protegidos por unos miembros de la Guardia Real —Hoy, a pocos días de haber sido acogidos por la generosidad de la Tierra, he querido reunirlos para que, juntos, agradezcamos a su presidente y a todos los habitantes de este planeta por su hospitalidad.
Los humanos que presidían la ceremonia se quedaron sorprendidos por el hecho de que todos en el lugar, desde el último poblador y hasta la princesa Amina hicieron un ademán hacia los humanos. Eso provocó un sonrojo hasta en Eva, que no sentía que ella hubiera aportado mucho.
—No hay que agradecer por nada. Ni siquiera fue por los Tratados, solo es un acto de humildad. Los nourasianos siempre serán recibidos en la Tierra cada vez que no lo quieran o necesitan —expresó el presidente Raymond, dirigiéndose al pueblo a la vez que le daba un ligero abrazo a la princesa Amina
—Gracias, de cualquier forma, por todo —la nourasiana le dio un rápido vistazo a Jason y el presidente entendió. Se separaron y la princesa volvió a dirigir su mirada y palabra a su pueblo —Quiero… quiero que tengamos siempre presente nuestra realidad y por qué estamos aquí, lejos de nuestro planeta.
—Nuestro legítimo príncipe y rey fue traicionado, por el actual rey de Nourasia y hermano de nuestros príncipes, Luka, y su esposa Cairen —continuó Aitan —Nosotros lo sabemos y es importante que ustedes no olviden que nuestro Aikka no es el culpable de la muerte del rey Lao. El menos que nadie pudo cometer semejante atrocidad. Ninguno de nosotros se detendrá hasta que hallemos al verdadero responsable de lo que sucedió. Les prometemos que recuperaremos Nourasia para Aikka y para todos nosotros.
Un bullicio se generalizó en todos los pobladores del distante planeta, pero hasta Eva se dio cuenta de que eso, aunque alentador, no había sido suficiente para levantar la esperanza en los nourasianos. Con sola un gesto de Amina, Eva se percató de que ya había llegado el momento de anunciar la venida de sus gemelos.
—Siempre hay una esperanza —dijo Amina, después de suspirar hondamente —Aún en la noche más oscura y tormentosa, las estrellas estarán para iluminarlos y volver a guiar nuestros pasos. La esperanza es una estrella que brillará alta y fuerte en el firmamento —la princesa le tendió la mano a Eva y ella, trémula pero segura, la tomó. Todos los nourasianos se sentían expectantes por el momento —Hoy, esta joven valiente nos trae lo que necesitamos —juntas, se pusieron al frente de todo y la humana notó que ni siquiera los guardias sabían lo que estaba pasando. Pensó que, quizás, un poco de valentía también era buena para ella —Esta joven es…
—Soy Eva… Eva Wei. Antes me conocían como Molly, pero… mi nombre es Eva —más de uno sonrió con sorpresa y orgullo, tanto en la Tierra como en un lejano, muy lejano planeta —Yo soy… soy… —el recuerdo de un par de ojos azules, hermosos y decididos hizo eco en su memoria. Eva se dio cuenta de que Aikka no estaba alejado porque quisiera demostrar algo, sino porque tenía que ser valiente por todos aquellos que eran su pueblo, su familia, su pareja y sus hijos. Si era por testarudez, por competencia o por el verdadero sentimiento de valentía, Eva no lo entendió, solo sabía que ella también tenía que ser valiente y no dudar —Yo soy la… pareja del príncipe Aikka. Y él ciertamente es el amor de mi vida.
Eva ya se esperaba las muecas de sorpresa en todos los nourasianos y hasta en su equipo, pero ya había empezado, así que no había manera de dar marcha atrás.
—Así es. Del mismo modo, sé que Aikka la ama más que a él mismo. Deseo que todos sepan que, si no fuera por la unión de ambos, primero como una amistad hasta transformarse en amo, nosotros no estaríamos aquí. A Eva y a Aikka les debemos nuestra libertad. Sobre todo, les debemos la estrella más brillante de nuestro cielo, la más poderosa esperanza —Eva notó que los ojos de Amina se habían humedecido conforme hablaba. Le pidió una especie de permiso con la mirada y la humana lo concedió. En ese momento, la mano de la princesa brilló con una magia azul y cálida, demasiado luminosa. Eva sintió que su corazón se desbocaba, y no sabía cómo, pero la misma magia que Aikka había dicho que residía en ella, la sintió correr por sus venas. Amina posó la mano sobre su vientre y una ola de expresiones de sorpresa se propagó por todo el lugar. Cada nourasiano sintió las vibraciones de vida venidas de Eva y transmitidas por Amina.
—Sé que lo entienden, y ahora es mi deber decirlo con ustedes, nuestro pueblo, presentes —todos suspiraron, y Eva sintió en todo su cuerpo la esperanza de Nourasia avivarse como una suave pero poderosa llama. Ya estaba segura de que la magia que Aikka había depositado en ella y la que ahora residía en sus pequeños comenzaba a obrar —Nuestra Eva, la pareja escogida por nuestro príncipe, ha creado vida. La magia de Nourasia, de Aikka, reside y crece en ella en forma de vida. Significa que…
—Que estoy embarazada, y el príncipe Aikka es el padre —Eva sintió como si él estuviera a su lado, aunque en realidad, parecía como si nunca se hubiera ido —Ambos… seremos padres de un par de bebés.
Mientras que el pueblo nourasiano celebraba y se arrodillaba ante la madre de sus príncipes, proclamándola su princesa, en la lejana Oban, Aikka no contenía las lágrimas que llevaban un buen rato pugnando por salir.
Dos pequeños. Dos hijos con el amor de su vida, con la mujer que lo había conquistado con todo lo que era y sin proponérselo. Con su Eva. Jamás iba a encontrar más fuerza que esa. No iba a existir mayor amor que el que sentía por ellos, su familia.
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¡Hola a todos! Espero que se encuentren muy bien. Creo que ya se acostumbraron a mis enormes ausencias, pero como les expliqué a quienes se unieron al grupo de Facebook, mi situación no es fácil y no tengo el tiempo que yo quisiera para escribir todo lo que tengo en mente. Sin embargo, estoy buscando redimirme trayendo capítulos muy extensos, como este. Espero que lo hayan disfrutado y empiecen a ver cómo algunos caerán y nuestros protagonistas lograrán renacer.
Creo que es todo lo que tengo que decir por ahora. Espero que me sigan apoyando como hasta ahora, pues esto está cada vez más cerca de su final. ¡Los amo! ¡Nos leemos pronto!
Kido-san: ¡Sí! Ya vienen las mejores partes, o las que yo creo que son las mejores. Son las que más ansiaba escribir. Yo te agradezco infinitamente que siempre me hayas estado leyendo y ahora me dejes comentarios. Esto siempre ayuda al escritor, a mí en lo particular, me da muchísimos ánimos y son lo que me motiva a seguir haciéndolo hasta el final. ¡Gracias por todo! ¡Espero que te haya gustado este capítulo!
Moritajj: ¡Agradezco muchísimo que hayas hecho una cuenta solo por mí! Créeme que responderte es poco considerando que te tomas el tiempo de leer y comentar. ¡Eso no tiene precio! Por supuesto que Jordan va a ser el tío de estos pequeños, porque de alguna forma se va a quedar en la vida de Eva. Jordan tendrá su final feliz, espero. Pero gracias por leer y espero que te haya gustado el capítulo ¡Enorme abrazo!
Ninfa: Yo también apenas me puedo imaginar a Eva super chiquita con su panza de gemelos, pero ya verás que podrá con eso. No tardaremos mucho para conocerlos. ¿Tú que crees que serán? ¡Saludos gigantes!
Temptress101: Espero que la revelación al pueblo de Nourasia acerca de los bebés te haya satisfecho. Yo también muero de ganas por escribir como es que me imagino que Eva lidiará con su enorme embarazo, supongo que habrá muchas cosas divertidas. ¡Sofía! Es un gusto que ya puedas escribirme. Espero que Anastasia esté bien y que se cuide mucho. Dile que le mando mis mejores deseos. ¡Yo también las amo a ustedes! ¡Les envío un abrazo gigante!
P.D.: La canción para el título del capítulo es "Quisiera amarte" por Jennifer Love Hewitt para El jorobado de Notre Dame II.
