Capítulo 29: Let me go and I will run
12 semanas
Don sabía que no debía entrar a ese baño si no quería terminar con algún objeto impactado en su pecho. Un mes había sido suficiente para entender que Eva no iba a aceptar a nadie más a su lado, en esos momentos en que su vida era vertida por el wáter, que no fuera su mejor amiga o Amina. Y estaba bien, porque ni él mismo se sentía con la fuerza de ver esos momentos turbios de su hija sin acabar de la misma forma.
Lo mismo había pasado cuando Maia estaba esperando a su hija. Por decisión unánime, Wei esperaba pacientemente en la cama con un vaso de agua, abrazos reconfortantes, tiernos besos y suaves caricias. La historia se había repetido en la espera de sus nietos. Por eso, ahí estaba. Con los nervios pendiendo de un hilo, sentado en la cama de su hija mientras las escandalosas arcadas desaparecían con el paso de los minutos.
Al final, una sudorosa Eva salió del baño, apoyada en de los brazos de las mujeres que siempre estaban con ella, respirando hondamente y quejándose por milésima vez de lo mismo. Se paró y la chica se apresuró a regodearse del abrazo de su padre, quien le tendió el agua que había estado esperando por ella.
—No voy a tolerar esto los siete meses que faltan —suspiró, una vez que terminó el vaso de agua y volvió a la calidez del abrazo de se padre —Se siente y sabe espantoso.
—No son siete meses. Tu madre solo los tuvo cuatro y el resto fue antojos y sueño —recordó Don, recreando las tardes enteras en las que su esposa solía dormir, esperando el momento en que su hija naciera.
—Mi abuela dice que porque son dos todo se intensifica —comentó Alexa, tendiendo la cama en la que Eva iba a acostarse después de su violento malestar —Ya verás que empezara a pasar.
Eva hizo una mueca de disgusto antes de dirigirse a la cama donde estaba ansiosa de acostarse, aunque no con la soltura con la que solía hacerlo. Se recostó bocarriba, notando con algo de molestia y diversión que su playera ajustada se levantaba a la altura de su vientre. Contrario a lo que sucedería en un embarazo normal, el de Eva estaba creciendo a un ritmo curiosamente rápido. Tanto, que la ondulación en su abdomen ya era demasiado evidente. A veces, de verdad no deseaba imaginarse el enorme lugar que dos bebés ocuparían.
—Mi mamá sabe como hacer más llevadero esto —comentó Amina con un dejo de melancolía que Eva reconoció —Estoy segura de que le hubiera encantado ayudarte con esto.
—¿Crees que ella ya sepa de esto? —cuestionó la pelirroja, pasando la mano por el refugio de sus pequeñitos.
—No lo sé. A no ser que haya un espía o algo por el estilo, lo dudo —la nourasiana se regañó un poco a si misma por la expresión de angustia que se pintó en la madre de sus sobrinos —Sabes que no te tienes de que preocuparte. La Guardia Real estará siempre dispuesta a protegerte. Todos los nourasianos, en realidad, y eso me incluye.
Eva y Don soltaron un suspiro. El día que se presentó al pueblo de Nourasia como la madre de sus herederos legítimos, todos los que la escucharon la habían declarado inmediatamente su princesa. Aun cuando hubo algunos nourasianos que se mostraron sorprendidos y hasta un poco contrariados a que la pareja de su rey y madre de los príncipes fuera una humana, ajena a su planeta, no por eso se mostraron en contra.
Además, la Guardia que en algún tiempo había estado encargada del cuidado de Aikka, prácticamente se postró ante Eva y le prometieron que siempre velarían por la, ahora, Familia Real. Y hasta ese momento, lo habían cumplido. Justo afuera de su casa había un par de guardias apostados. Siempre que la joven Wei salía, aunque mantuviera su distancia, sabía que había mínimo dos guardias siguiéndola. En algún punto del mes, comenzaba a sentir que la volvían loca, porque detestaba sentirse vigilada a cada momento. Pero, y en eso su padre tenía razón, con el panorama interplanetario, no podía confiarse, pues nunca sabía cuando podía estar en peligro. Si aceptó al final no fue por ella, sino porque había un par de pequeños que dependían totalmente de su cuidado y no quería que un descuido resultara en algo que todos lamentaran.
—Quizás en algún momento desarrolle delirio de persecución —bromeó Alexa para relajar un poco el ambiente, que tendía a ponerse tenso cada vez que tocaban esos temas.
—Eso o no saldré nunca de mi casa —le siguió Eva. Al ver que Don parecía estar de acuerdo con eso, rápidamente corrigió lo que dijo —¡Solo saldré a la carrera!
—Eva… no sé qué haré contigo… —resopló Don antes de salir de la habitación para dejar a las tres mujeres a solas.
—¿En verdad estás segura de que competir es prudente? —preguntó Amina, apoyada por Alexa.
—Sí lo es… más o menos —contestó la humana pelirroja, buscando un nuevo acomodo en su cama, justo después de que Alexa le tendiera una sueva manta —No me va a pasar nada.
—Eva… no quiero sonar petulante, pero desde que vi a Aikka correr, en verdad que me da pánico que algo suceda. Nunca saben que puede salir mal o…
—Sí lo sé —respondió Eva inmediatamente, pues la imagen de la formidable nave de su madre en el momento de la explosión, la misma que le había arrancado a Maia de la peor manera —Recuerda que mi mamá falleció en una carrera. Sé que muchas cosas pueden salir mal.
—¿Entonces porqué lo haces? —cuestionó Amina, notablemente angustiada. Aunque Alexa no dijera nada, también se notaba que su semblante era de preocupación —Entiendo que los riesgos te guste correrlos a ti, pero mis sobrinos…
—No lo van a entender —replicó, dándoles la espalda y abrazando con fuerza un pequeño peluche —No es porque quiera exponerme. Si sé que… es peligroso. Pero va más allá de eso. Es más… una despedida momentánea.
—Pero no es como si no volvieras a competir. Cuando seas mamá y quieras volver a la pista, tus bebés tendrán un par de tías que los van a cuidar mientras tu sigues siendo una triunfadora.
—La pista es mi vida, Alexa. Y soy consiente de que estaré fuera casi un año. Yo… sé que si Aikka estuviera aquí me entendería.
Eva escuchó los suspiros resignados de las otras chicas en la habitación. Sonrió para si misma, pues estaba consiente de que nada será suficiente para que ella se explicase y que ellas entendieran. Iba más allá de una despedida, era como la marca para dejar atrás a la Eva que había sido antes, segura pero frágil, para dar paso a una chica que iba a ser aun más fuerte y entregada, para ceder su amor a dos personas que significarían todo. Si ganaba o no, carecía de importancia. Simplemente quería marcar el inicio de una nueva mujer.
Estaba segura de que Aikka entendería lo que sentía.
SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS
—¿En que está pensando?
Aikka no entendió, y estuvo a punto de perder los estribos cuando Jordan le comunicó, de manera muy casual, que en la Tierra estaba corriendo la noticia de que la aclamada corredora Eva Wei iba a participar en la final de un torneo interplanetario. Después de eso, suspendería su carrera por motivos que aun no se revelaban. Para añadir preocupación al estado de Aikka, el campeonato en el que iba a competir era una edición más del mismo en el que su madre había corrido y fallecido.
—Ni idea —Jordan, que revisaba unos enormes pergaminos, negó con la cabeza. Ya había tenido su rato de exasperación cuando se enteró de lo que la humana se disponía a hacer. No entendía cual era el afán de la joven por ponerse en riesgo, y probablemente no le iba a encontrar una explicación —No sé que es lo que pretende y no puedo solo pararme por ahí y preguntarle.
—¿Por qué no?
—Aikka… le valdrá un pepino que sea el Avatar. Me va a arrancar la cabeza por estarte escondiendo y prohibirte ir a la Tierra. Va a bailar sobre mi tumba si no la traigo contigo. En lo personal, valoró mi vida y la galaxia necesita un regente. Así que no, no iré y veré la carrera de manera segura desde aquí.
—¿Vas a dejar que corra? —inquirió el nourasiano. En el escaso mes en que llevaba viviendo con Jordan, se dio cuenta de que los humanos eran criaturas que podían hacer que cualquiera perdiera la paciencia, siendo el Avatar y Eva los expertos en eso. Y lo comprobó cuando Jordan asintió sin voltear a verlo —No puedes… ella no puede.
—No es como que pueda ir y obligarla a no hacerlo. Creo que ni el hecho de que tú fueras cambiaría su decisión —Jordan giró su vista hacia el espejo por el que ambos mantenían una constante vigilancia sobre Eva —Además, dudo que ella no sepa lo que arriesga.
—¡No parece! Yo no creo que entienda que no solo es ella, sino nuestros hijos los que también corren riesgo. ¡Es una carrera! ¡Nunca nada es seguro!
—Aikka, por favor. Ya —pidió Jordan, algo ofuscado —Es como si no la conocieras. Sabes como es. Además, no puedes pensar que no está pensando en la seguridad de sus bebés. Estoy seguro que es lo que más le importa y ya habrá pensado en algo —Jordan bufó cuando Aikka no respondió inmediatamente, sino que solo se perdió en la imagen de la chica que se acababa de quedar dormida bajo el cuidado de su amiga y su hermana —Entonces cree lo que quieras.
—Sí sé como es Eva y lo mucho que le gusta… vivir al límite —dijo Aikka, más para sí mismo que para el humano que lo observaba con detenimiento —Pero me preocupa lo que sea que pueda pasar en la carrera.
—¿No confías en su capacidad?
—Claro que lo hago. Más que en su capacidad, confío en ella. Yo… son el resto de los concursantes los que me causan problema —Jordan esa vez se mostró confundido y Aikka se preguntó, por milésima vez, si de verdad ese chico que no comprendía era el amo de la galaxia —No es solo el peligro, aunque admito que no me hace sentir tranquilo. Si los krogs lograron persuadir a Luka de reanudar relaciones, ¿a cuantos planetas más pudieron haber convencido de unirse a ellos?
—O sea, tu preocupación es por lo que le puedan hacer intencionalmente —el Avatar fue a sentarse junto a Aikka con una taza de lo que parecía ser té —No había pensado en eso.
—Cuando eres príncipe o rey… sueles desarrollar una especie de paranoia por la traición, aunque a veces llegue de las personas que menos esperamos —Aikka pensó en su hermano y en quien lo había hecho cambiar de una forma tan drástica —No quiero que se confíe porque cree saber lo que pasa. Siempre es más que una carrera o una competencia.
—¿Y si…? —el humano se quedó pensando varios segundos, en los que el nourasiano creyó que se le ocurriría alguna especie de locura —Bueno… de alguna forma, aunque no sea el que dicta las leyes en este lugar, los demás planetas si me deben… respeto, por decirlo de alguna manera.
—Eso lo sé —espetó el príncipe, recordando las muchas ocasiones en las que tuvo que inclinarse ante el Jordan, con todo y su enorme resentimiento.
—Si me presentara en la competencia… quizás podrá cuidar que los ánimos de los competidores, o sus secretos, se mantengan tranquilos.
—¿Estás diciendo que te vas a arriesgar a que Eva te vea?
—Trataré de evitarla, pero estoy seguro de que, si me increpa, no podré negarme a responderle lo que me pregunte acerca de ti —Aikka resopló, y Jordan, con la sensibilidad que le conferían los poderes de Oban, sintió como el corazón del nourasiano se disparó, llenó de miedo —¿Te preocupa?
—No… o bueno… sí. No sé qué puede pensar de mí después de todo esto. Si ella no me acepta de nuevo… no tendré la fuerza de seguir sin ella, sin mis hijos y…
—¡Oye, oye! Contrólate —Jordan lo tomó de los hombros de una manera de una forma algo brusca, pero él tampoco tenía la paciencia de soportar que Aikka entrara en pánico —Por Dios, ella no haría eso. O por lo menos, si no quiere estar contigo, tendrás a los pequeños. Ella no es rencorosa como…
—Como mi hermano —terminó Aikka, suspirando para intentar calmarse. No sabía porque, pero últimamente, se sentía demasiado sensible al tema de Eva y sus hijos. Quizás por temor a que sus decisiones lo condujeran a un sendero sin camino, en donde el corazón del amor de su vida se negara a seguirlo amando, como si sus acciones no merecieran el perdón.
Aikka era consiente de que tendría que pedir perdón muchas veces por lo que le estaba haciendo. Nada iba a parecer lo suficiente para justificar que se perdiera cosas tan importantes como el embarazo, a todas luces, complicado que Eva iba a tener, el día que diera a luz a los frutos de su amor, la tierna etapa de bebés, quizás hasta su infancia. Sin embargo, confiaba en la inteligencia y la comprensión de la humana. Esperaba que entendiera que no iba a estar junto a ella físicamente porque él así lo deseara, sino porque tenía que redimir todas las culpas que lo aquejaban, resolver todos los problemas que lo torturaban, perdonar a quienes lo habían lastimado y recuperar lo que le habían arrebatado.
El príncipe Aikka iba a tener que ser un ser completamente nuevo para ser digno de presentarse ante Eva con el honor que su amor ameritaba, para merecer a sus hijos con el cariño y la devoción que deberían tener. Tenía que demostrarles que los amaba encima de todo, a pesar de lo difícil que podía ser su situación, que ellos siempre iban a ser el motivo por el que seguía luchando, aun cuando su planeta les hubiera dado la espalda.
—Quizás algún día él entre en razón y entienda lo que está haciendo y la… loca que tiene por mujer —Jordan soltó una leve risa al pensar en Cairen, y contagió a Aikka del gesto, por lo que se relajó un poco —En fin… todo sea por proteger a Eva y a sus bebitos. ¿Qué es lo que quieres que le diga si me pregunta por ti?
—Todo. No quiero ocultarle nada, respóndele lo que sea que te pregunte.
—¿Y si me exige traerla hasta aquí?
—Me encantaría decir que me gustaría que lo hicieras —Aikka se dejó caer sobre uno de los mullidos sillones que estaban apostados en el cuarto que era la morada del Avatar. Por la ventana se colaban algunos rayos de luminoso y cálido sol, previo a que se ocultara por el horizonte y el cielo se oscureciera, adornado de sus brillantes lunas —Pero no. Temo no poder dejarla ir a donde pertenece si la veo frente a mí. Solo… haz que siente que la quiero más que a mí mismo.
—Demasiado romántico para mí. La quieres y punto, ¿de acuerdo? —Jordan rodó los ojos, puesto que Aikka solía olvidar que él mismo aun gustaba de Eva, y lo que estaba atravesando era más una etapa de resignación que de otra cosa.
—Sí, como quieras decirlo, pero que lo sepa.
—Está bien —Jordan se levantó de donde estaba y estiró un poco se espalda, también hizo además de peinar un poco su cabello bicolor. Debía cortarlo un poco, porque comenzaba a ser más largo de lo que acostumbraba —Tengo que ir a un planeta en el que solicitaron… asesoramiento en el caso de Nourasia —Aikka levantó la cabeza, pues todo lo que se relacionaba con su planeta merecía su total atención —Ellos quieren dimitir a la alianza, y me pidieron que los respalde, puesto que tu planeta es su único aliado y…
—Déjame adivinar. ¿Ellos tampoco confían en la palabra de Luka?
—Nadie lo hace ya, Aikka. Si van a dejar esa alianza, entonces tengo que ayudarlos a garantizar el bienestar de su pueblo. Solo voy a eso, pero… tú podrías aportar de tu conocimiento para la mejora de ese planeta, y abogar por el tuyo. O por lo menos, por ti.
—Siempre que pueda hacer algo por Nourasia, no dudaré en intentar todo —el príncipe se puso de pie y se fue a poner a un lado de Jordan —Antes que nada, gracias por lo de Eva, Jordan.
—Ya te dije que es por ella —un rayo de luz dorada y pura comenzó a cubrir los cuerpos de ambos. Los viajes instantáneos aún eran algo a lo que Aikka le costaba acostumbrarse, pero no podía decir con palabras sencillas. Era como sentirse entero y supremo, sin la conciencia del verdadero ser. El príncipe vio que el semblante de Jordan se volvía nostálgico, y lamento eso por un momento —Yo… quiero recuperar su confianza. Es todo.
Aikka no tuvo tiempo de decirle que así sería, pues sus cuerpos se convirtieron en energía pura y viajaron hacia un pequeño planeta situado en una de las orillas de la galaxia. Sin embargo, el nourasiano esperaba que Jordan supiera que, a pesar de lo que había sucedido entre ambos y con Eva, el resentimiento había desaparecido. Y ella siempre lo iba a querer a su manera.
SSSSSSSSSSSSSSSSSSS
Luka entró a la habitación que compartía con Cairen corriendo como si la vida se le fuera en ello, aunque eso era justamente lo que estaba sintiendo. Sobre la cama, su esposa yacía dormida y pálida, con una respiración soberanamente lenta. Apostados a su lado, Berko y Sikar vigilaban el sueño de Cairen, pero atendieron al recién llegado, que se sintió morir al ver la escena.
—Su Majestad —ambos se inclinaron levemente, y se hicieron a un lado para dejar al rey de Nourasia acercarse a su esposa —Ya se encuentra mejor. Los médicos y magos que la han visto aseguran que se recuperara.
—¿Qué fue lo que sucedió? —preguntó, tomando entre sus manos la fría mano de la nourasiana. Los dos adultos compartieron una mirada dubitativa, no queriendo contestar la pregunta de Luka —Hice una pregunta, estoy esperando una respuesta.
—Sí, mi rey —Berko, como Consejero Mayor, era el responsable de saber cada detalle de lo que sucedía en el palacio y en el reino, así que en él cayó la responsabilidad de ofrecer una explicación que no comprometiera a nadie. Menos a ellos tres—La reina Cairen tuvo un repentino desvanecimiento cuando… discutíamos.
—¿Y fue tan impetuoso que ella terminó desmayada? ¿Qué es lo que estaban discutiendo? —inquirió Luka, sin soltarla, pero taladrando a su consejero y al padre de su esposa.
Un miedo cobarde inundó el ser de Sikar. Por supuesto, no iba a decirle a Luka que, en su momentánea ausencia, un comunicado de los krogs los hizo entrar en debate. Kronos, aunque satisfecho por la muerte del rey Lao, estaba molesto porque no todo había salido como esperaba y, una vez más, los humanos osaron humillarlos en la final de una competencia. Pero ellos habían cumplido con la parte del trato con los tres nourasianos en las que aseguraban que harían lo suficiente para regresarlos al poder y desaparecer a los legítimos herederos.
Con el príncipe Aikka exiliado y la princesa Amina abandonando Nourasia, consideraban que era suficiente para que los otros involucrados comenzaran a cumplir su parte. Pero Cairen se negó rotundamente a dejar que los krogs se inmiscuyeran de repente en los asuntos de Nourasia. Sí, Aikka y Amina ya no estaban y ella era la Reina. Pero no solo bastaba que los hermanos de su esposo se fueran. Ella quería verlos completamente eliminados del mapa, es decir, muertos. Y hasta que eso pasara, no iba a ceder ni un poco el control sobre el pequeño planeta, y se los hizo saber a todo el conjunto de exigentes krogs que más de una vez la habían increpado.
Temerosos de las represalias en su contra, Berko y Sikar trataron de persuadir a la joven reina que accediera a sus peticiones, pues nadie debería poner en tela de juicio las decisiones del Imperio Krog, pues las consecuencias podían se graves y no solo para ellos, sino para todo el planeta. Cairen, de manera inteligente, les insistió en que no podían fiarse de nadie. Los krogs perfectamente podrían asesinarlos o exiliarlos cuando se hicieran del poder por completo; con Aikka y Amina vivos, siempre habría una posibilidad latente de que la verdad que ellos sabían fuera revelada, poniendo en peligro lo que tanto les había costado conseguir.
La discusión por las dos opciones de respuesta, una tan sumisa y la otra tan recitente, alteró de más los nervios de Cairen y antes de que se diera cuenta, ya estaba gritando y estresándose, olvidándose por completo de la vida que residía dentro de ella y que, usualmente, la hacía sentirse débil. Para pánico de su padre y de Berko, Cairen se desmayó de forma escandalosa ante la vista de un grupo de sirvientes, quienes atendieron rápidamente a su monarca, en tanto avisaban a Luka de lo acontecido, sin dar tiempo a los nourasianos traidores de pensar en una coartada.
—Su majestad… nosotros… Era acerca de…
—De alianzas… —el aire que no sabía que retenía escapó en un suspiro de Sikar al escuchar que su hija respondía con debilidad a la cuestionante de su esposo. A su lado, Berko maquilaba con rapidez para seguir la historia que la reina planificara.
—¡Cairen! Por Sekai, estaba tan asustado —Luka se agachó para abrazar a su esposa con cuidado y ternura, acariciando su suave cabello con parsimonia —¿Cómo te sientes?
—Mejor —Cairen siempre se sentía protegida de la mejor manera cuando encontraba su lugar entre los brazos de Luka. Si pudiera pasar la eternidad en un solo lado, sería en el regazo de él. Pero en esa ocasión, aunque sentía su alma cálida por el gesto, la mirada furiosa que le dirigió a su padre y a Berko a espaldas de Luka revelaba todo, menos tranquilidad. Ella estaba en verdad iracunda por lo que la habían hecho pasar —¿Hace cuánto estoy aquí?
—Un par de horas —aseguró Sikar, manteniendo su perfil bajo.
—Llamaré a los médicos para que se aseguren que no tienes nada.
—No tengo nada, Luka —respondió Cairen, de un visible mal humor, tratando de sentarse al borde de la cama con ayuda de su esposo —Solo quiero un poco de agua y que me dejen en paz.
—Pero… Su Majestad… tenemos que asegurarnos de que el bebé esté…
—Está en perfectas condiciones, Berko, se lo aseguro —la mirada de la joven reina taladró el ser de los nourasianos adultos en el lugar —Pero no quiero que volvamos a tocar ese tema en lo absoluto.
—Por supuesto que no lo harás, Cairen —Luka tomó su mano y entrelazaron los dedos —Lo que tú digas, es lo que se hará. Creí que eso ya lo teníamos claro.
—Pues al parecer mi padre y el consejero Berko tienen algunos problemas con entender que mi palabra y la tuya son la últimas y no están sujetas a negociación.
El rey se levantó, haciendo gala de la gallardía que su puesto requería y antes de que Berko o Sika replicaran, habló con la voz más autoritaria que él mismo se conocía.
—Cualquiera en este planeta tiene prohibido contradecir la palabra de Cairen sin que yo esté presente —aunque la aludida se sorprendió por la condición, decidió que también podía beneficiarse de eso, así que lo dejó hablar —Ella es la reina y tiene toda la autoridad para ordenar lo que sea.
—Pero el Consejo debe…
—El Consejo ya ha demostrado en suficientes ocasiones que no es el mejor para tomas las decisiones sobre Nourasia —espetó Luka, hiriendo un tanto el ego de Berko —Cairen y yo seremos quienes tendremos el control.
—¡Pero Su Alteza! La monarquía nourasiana nunca ha tenido el control absoluto del poder —el color abandonó rápidamente el rostro del Consejero Mayor, pues, aunque no lo dijera abiertamente, Luka estaba diciendo que podrían pasar por encima de lo que el Consejo dijera.
—Si el Consejo está presidido por ti, que no tienes la capacidad de mantener respeto por la reina y su embarazo, no quiero imaginar que es lo que tu séquito puede hacer —la expresión del aludido cambió de estar estupefacto a evidentemente furioso.
—No puede hacer eso, Su Majestad. Es en contra de…
—O vas y comunicas lo que te acabo de decir al Consejo, o te prometo que para mañana lo encontrarás disuelto —Luka, ante la mirada algo sorprendida de Cairen, regresó a su lado, alzando un brazo para que su esposa se acomodara en su regazo y él pudiera acariciar con su mano libre el vientre levemente sobresaliente que cuidaba de su bebé —Retírate. No necesito que estés aquí perturbando a tus reyes.
Sin decir una sola palabra, pero sintiendo que su interior ardía por gritar algunas cuantas cosas contra el insolente rey Luka. Sin embargo, él mismo lo había puesto donde estaba, así que tendría que soportar unas cuantas cosas hasta el día en que los krogs tomaran el control sobre Nourasia y él pudiera pasar por encima de la pareja real.
—Sikar… —lo llamó Luka, antes de que él, por voluntad propia, se retirara del lugar —Te lo pediré de la manera más atenta. Eres el padre de Cairen y se supone que debes protegerla. Limítate a hacer eso, cuidar de tu hija y tu futuro nieto. Los problemas de la política no deberían ser tuyos.
—Lo siento, Luka. Yo solo traté de ser la voz de la razón en la discusión que… estaban teniendo Berko y Cairen.
—Puedes ser la voz de la razón, padre —intervino Cairen, aferrada al abrazo de Luka —Pero la reina soy yo, no tú.
—Hija mía…
—Comunica a Berko que la decisión que he tomado es la única que se va a respetar, y no es algo que volveré a debatir con él —Cairen se acurrucó más sobre la cama y cerró los ojos —Déjame a solas con mi esposo, padre. Fue suficiente por hoy.
Sikar no insistió e hizo una reverencia a la pareja que concentraba su atención en solo ellos dos, y después salió de la habitación, dispuesto a encontrarse con Berko y decidir que hacer con Cairen, que a cada día que pasaba con ella el poder, parecía perder un poco el control de sus acciones y olvidar con ayuda de quién se había hecho del Trono.
—¿Me prometes que te sientes bien, Cairen? No dudaré en traer a quien sea necesario para ayudarte.
—No, Luka. Te juro que ambos estamos bien —la nourasiana tomó la mano del rey que descansaba sobre su vientre, incitándolo a que siguiera acariciando —Quizás solo fue el cansancio que él me provoca.
—¿Me puedes decir cuál es esa decisión por la que estabas discutiendo?
—Berko y mi padre esperaban que… deberíamos comenzar a pedir a los planetas que nos han abandonado que vuelvan a nuestro lado —era una mentira bastante sencilla, pero la reina sabía que el orgullo de Luka solía primar por sobre otras cosas. Con eso, sería suficiente para que no insistiera y la respaldara, aunque la verdad fuese mucho más oscura que eso.
—No iremos a mendigar ayuda de nadie —sentenció Luka, sintiendo de nuevo ese peso sobre su mente —No es que sea de mi agrado que nuestro único recurso por ahora sea confiar en el Imperio Krog, pero Nourasia no caerá tan bajo como para rogar. Estaremos bien con nuestros propios medios.
—Ya verás que así será, cariño. Tú y yo llevaremos a Nourasia a una nueva época.
—Lo será. Por cierto, Cairen, ¿te referiste a nuestro bebé como "él"?
—Yo… no estoy segura —las mejillas de la joven se iluminaron de un suave carmín, como si fuera tan inocente como lo aparentaba —Solo puedo sentir que será un niño… Nuestro heredero…
—No me importa lo que sea, Cairen. Yo sólo quiero que tú y nuestro hijo estén bien y sanos hasta el final.
Cairen se quedó dormitada en el hombro de Luka, recibiendo las suaves caricias del amor de su vida, ignorando que fuera de esas seguras paredes, se gestaban dos opciones que podrían derrocarla del lugar que se había conseguido.
Por una parte, los krogs, Berko y su propio padre pensaban en la mejor manera en la que podrían hacer que el Imperio Krog tomara las riendas de Nourasia, que les abriría las puertas de una rápida expansión, hasta que su Imperio se hiciera el más grande de la galaxia, hasta que por fin pudieran alcanzar y destruir a la Coalición Tierra.
Y ahí, en la Tierra, en su pequeño cuarto y cuidados por su dormilona mamá, dos bebés, por cuerpo en crecimiento corría la genuina sangre real de Nourasia, representaban algo más que la continuación de una dinastía. Eran la esperanza que todo su planeta esperaba, la unión fortalecida entre aliados y la más pura felicidad a quienes los aguardaban. Si alguien iba a ver su reinado terminar, lo mejor sería que fuera por motivo de algo tan puro como el nacimiento de los hijos de Aikka y Eva.
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15 semanas
—No se ve seguro —fue la sentencia de Don en cuanto tuvo las noticias de las mejoras de seguridad en la Arrow IV, apenas unos momentos antes de que la final del Campeonato Interplanetario diera inicio.
Stan y Kouji suspiraron resignados. Ya le habían hecho mil arreglos para que la carrera fuera lo más segura posible para Eva, pero nada parecía ser suficiente para el señor Wei, aunque él tampoco aportara alguna idea viable para cuidar a su hija y nietos.
—Señor Wei… hemos diseñado e incluido lo más que pudimos a la nave para que Eva pueda protegerse o huir del peligro. Ya no… sabemos que más podemos hacer —Kouji asintió a la afirmación de su compañero.
—Yo creo que está perfecto, papá —Eva apareció en el hangar de la Arrow, seguida de un Jason, completamente listo para subir a la torreta con la que, además de retrasar a sus contrincantes, había prometido proteger a Eva tanto como pudiera —En serio, Stan y Kouji se esmeraron para que los tres estemos seguros en toda la carrera.
—Lo único que me mantendrá tranquilo es que cumplas tu promesa de abandonar la carrera al menor percance.
—Ya te dije que sí lo haré —Eva pasó la mano por su vientre, que ya era mucho más que notorio. Se alzaba bastante y la humana tuvo que buscar una alternativa de uniforme para que sus bebés quedaran cubiertos y seguros. El sonido de aplausos concurrentes llamó la atención de todos —Ya está por comenzar…
—¡Todos a sus posiciones! ¡Ahora! —ordenó Don Wei, observando como todos salían corriendo a los respectivos lugares en los que serían partícipes para tratar de llevar al equipo Tierra a la victoria —¡Eva! Ven un momento, por favor.
La chica se separó del resto de sus compañeros hasta quedar de frente a su padre, quien no se esperó un segundo para abrazarla lo más fuerte que podía. Por dentro, estaba Wei estaba temblando de miedo. Le aterraba, y ya no sabía si era por un presentimiento o por la incertidumbre. Le daba pánico que, frente al mismo panorama, la historia de tantos años atrás se repitiera sin remedio.
—Papá…
—No corras, Eva. No tienes que demostrarle nada a nadie. Todos sabemos que eres la mejor y…
—No. No es por eso —replicó, aun sin soltar el abrazo —Es una despedida momentánea, solo para dedicarme por completo a mis bebés. Papá… es lo último que haré por mí. Te prometo que va a estar bien y nos iremos a casa al final del día.
—Pero Eva…
—¡Señor Wei! Estamos listos —indicó Kouji, al tiempo que una nave pequeña remolcaba a la gran Arrow hacia el exterior, en donde presentarían a los equipos antes de que abordaran a sus respectivos vehículos.
—Ya estamos listos, ¿verdad, papá?
Don apreció cada detalle, por minúsculo que fuera, de su única hija, de su Eva. Se concentró en lo mucho que la amaba y en que ya no estaba sola. Su mente solo pudo viajar hacia Maia, a su dulce esposa. ¿Qué le diría en ese momento? ¿Qué haría ella si estuvieran juntos? Quizás, solo apoyarla y ofrecerle un respaldo. Porque a pesar de todo, contra todo lo que pasara, para eso estaba él ahí. Siempre estaría para su hija, y ahora para sus nietos. Si, se moría de miedo, y colapsaría si algo le pasaba a Eva, pero no iba a dejar que ese miedo lo consumiera a él o a su hija.
—Estás lista —le dio un beso en la frente y una suave caricia a su vientre —Recuerda que te amo, y que aquí estaré al final de todo.
—Lo sé. También te amo, papá.
Mientras Don se dirigía a la sala de control designada para el equipo, Eva salía a la pista, donde el resto de competidores también estaban reunidos. Era, de hecho, un gran día. Soleado, pero no caluroso, sino con un viento fresco y favorable, como si estuviera pronosticando el mejor de los resultados.
A lo lejos, escuchó que estaban presentando a los distinguidos personajes que hacían gala de su presencia en la carrera. Le pareció oír que mencionaban al presidente Charles Raymond, pero la atención de Eva se vio totalmente eclipsada cuando, de entre todos los presentes en el estrado, distinguió una melena bicolor y una sonrisa algo altanera y divertida. Sus miradas se cruzaron un instante, pero fue suficiente para que ambos se quedaran momentáneamente sin aire.
"Y, por último, su excelencia…"
—Jordan…
SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS
¡Hola chicos y chicas! La verdad es que ahora no tengo mucho que decir, solo que me duele que cada vez más puedo ver el final de este fic. No les puedo asegurar cuantos capítulos, solo estén seguros de que el final está cerca.
Ahora es cuando me gustaría escuchar sus opiniones, lo que les está gustando y lo que no, y si tienen alguna recomendación o algo que les gustaría ver en estas últimas escenas.
¡Los amo! Estén pendientes de actualización la próxima semana. ¡Besos a todos!
Ninfa: Espero que estas partes sigan llenando tus expectativas. Jejeje… sigue esperando una que otra sorpresa en el fic. ¡Un abrazo gigante!
Moritajj: ¡No! Jajaja… creo que ni yo podría con la idea de que le pasara algo a Eva o alguno de sus pequeñitos. Si, Jordan tendrá un final feliz, aunque no sea como lo esperaríamos. Y aun tengo que valorar la segunda parte del fic, así que tal vez ahí si pase algo con él. ¡Saludos gigantescos!
IiIAelitaIiI: A mí me encanta verte comentando, así que tómate el tiempo que necesites. Aunque no lo creas, yo también me muero de ansias por escribir el final. En realidad, parte de las consecuencias de la carrera es que los rumores correrán y van a llegar hasta el Imperio Krog, que créeme que se va a enojar, y mucho. Luka se va a enterar, pero va a tardar bastante que eso pase, así que puedes estar tranquila del lado de Nourasia. ¡Besos a ti también y espero ansiosa tu review!
P.D.: El nombre de este capítulo es de la canción "Shattered" de Trading Yestarday.
