Capítulo 31: Everything I do, I do it for you
Si Aikka no salió huyendo del Planeta Madre en ese momento, cuando la carrera en la Tierra concluyó, fue porque el respaldo de Eva llegó inmediatamente. Contrario a lo que a veces llegaba a pensar, su princesa no estaba sola. Tenía a muchas personas detrás de ella, que se iban a encargar de protegerla con la vida si era necesario. Aunque sus nervios seguían crispados, y había una clara sensación de odio contra aquel ser que se había atrevido a atentar contra la vida de Eva, existía dentro de él una sensación diferente se estaba gestando.
Ahora, por lo menos, sabía que Eva y sus hijos estarían siempre protegidos. Que a pesar de que el padre de hijos en común iba a estar ausente, no iban a estar solos. Tendría que agradecer a muchas personas cuando regresara. Si es que Eva le permitía regresar…
En la Tierra, apenas la meta fue cruzada por lo que quedó de la Arrow IV, Eva llevó al piso la cabina del piloto. Aún cuando dejaron el aire y se encontraban relativamente fuera de peligro, con las autoridades y un grupo de paramédicos corriendo a su posición, Eva y Jason se quedaron inmóviles dentro de la nave. Eva, asida con fuerza al manubrio; Jason, sujetando la cintura de la chica frente a ella. Ambos temblaban con fuerza, pero sus cuerpos no respondían a los movimientos que querían hacer. Ya no sabían si era la adrenalina, el miedo, el enojo, la necesidad o la energía, o quizá la mezcla de todo eso, pero era como si sus pies se hubieran hecho de plomo.
Los ruidos de una sirena de ambulancia apenas lograron que Eva girara un poco la mirada hacia lo que sucedía en el exterior. Sintió que el agarre que Jason mantenía sobre ella cedía de a pocos. Lo único que hizo que los dos reaccionaran fue la compuerta de la cabina siendo forzada desde afuera. Segundos después, que a los residentes del interior les parecieron horas, la puerta cedió y un frenético Don entró al lugar, como alma que llevaba el diablo.
—¡Eva! —no tardó ni un segundo en estar al lado de su hija, después de que Jason tuvo a bien soltarla, rezagándose en un lado de la cabina. Eva se levantó de forma autómata, como si sus extremidades fueran las de un robot. Apenas estuvo de pie, la envolvió el abrazo asfixiante de su padre. El abrazo duró muy poco, pues Don se separó de ella y comenzó a revisarla por completo —¿Cómo estás? ¿Qué es lo que sientes? ¿Te duele algo? —se puso aun más histérico cuando, viéndola a su rostro, se encontró con una contusión en su sien derecha, que sangraba cada vez más y ya estaba dejando un rastro de líquido rojo sobre su mejilla —Estás herida. Hablamos después, tienen que atenderte.
—Quería matarnos… —murmuró Eva, después de que los últimos segundos de lo que había sido esa carrera invadieran su mente —Quiso asesinarnos.
—Sí, Eva. Todos lo vimos. Al parecer no tenía claro que las reglas…
—¡No! —una chispa se encendió en la mente de la chica. Nadie en ese lugar podía decir que sabía leer tan bien a un oponente como ella. No era que el Makrim había olvidado como competir. Él no estaba compitiendo. Iba por algo más allá de un trofeo —Tengo que hablar con él.
—No, Eva. Primero… ¡Eva!
La chica no se detuvo a pensar. En cuanto vio que Jordan, aún en su forma humana, caminaba imponente y autoritario hasta donde el Makrim acababa de descender, el impulso por hacer que ese ser le diera una explicación por las agresiones surgió de pronto. Poco le importó que Don se quedara gritándole. Jason la secundó, y apenas vio que la joven salía de la cabina, la siguió sin dudar, ignorando el fuerte dolor que se extendía desde su tórax hasta el hombro.
Mientras tanto, en la explanada de la pista, Jordan y Raymond se quedaron pasmados desde que la Arrow explotó y solo quedó la cabina independiente. No había forma de comparar la preocupación que embargó a cada uno. Por un lado, el Avatar estaba viendo como una persona tan especial e importante para él como lo era Eva; además, la angustia por saber que no era solo ella, sino su par de hijos los que estaban en inminente peligro no hizo nada más que aumentar sus ganas de parar la carrera, sin importar que estuviera prohibido. A uno de sus lados, notó que la princesa Amina también estaba cerca de un colapso, por Eva, sus sobrinos y su pareja. Pero su preocupación ni siquiera se asemejaba a la que estaba viviendo Charles. Era su hijo el que se estaba jugando la vida en esa carrera, y él, como su padre, no podía hacer nada para defenderlo, para cuidarlo como se lo había prometido a su madre.
Por eso, en cuanto la nave terrestre llegó a la meta, y estuvo relativamente protegida de nuevos ataques, los tres que más estaban involucrados con los competidores de la Tierra, prácticamente corrieron del pódium y bajaron hasta la meta como si de eso dependiera su vida. A Jordan, por muy difícil que le pareciera, tenía que dejar de lado sus propios sentimientos, de modo que, seguro de que a Eva la iban a asistir, se encaminó hacia el Makrim.
No se equivocó, apenas se acercó hacia las naves de los competidores, en donde también estaban llegando los maltrechos Rush y Espíritu, vio que todo el equipo que respaldaba a Eva y a Jason se acercaba con velocidad a lo que quedaba de la Arrow, seguidos de cerca por un grupo médico.
—¡Eva, no! —Jordan se giró a tiempo de ver como la piloto de la Coalición Tierra abandonaba la nave, para correr hacia donde se encontraba el peligroso alienígena. Jason corría detrás de ella, y de él provenía el grito que pidió que la detuvieran.
Jordan estuvo a punto de regresar sobre sus pasos, pero inmediatamente vio a Rick corriendo hacia ella, sujetándola por la cintura y levantándola por el aire para evitar que siguiera corriendo.
—¡No! ¡Suéltame! ¡Déjame en paz, Rick! —la joven Wei se sacudía con violencia en los brazos del ex piloto. Don estaba temiendo que olvidara que estaba embarazada y que no se podía permitir ser presa de sus emociones, ni ceder a ellas de esa forma —¡Tengo que ir a verlo! ¡Ya déjame en paz!
—Suficiente, Eva. Ya se van a encargar de él.
Apenas Jason llegó al lado de Rick, buscando ayudar a controlar a su compañera, notó que su padre se acercaba a él. Esperaba solo recibir unas palabras, pero apenas tuvo a Charles frente a él, se vio envuelto en sus brazos, con una firmeza que no le conocía. Solo hasta que fue consiente de que su padre estaba abrazándolo con desesperación, notó los temblores que estaba sufriendo el presidente de la Tierra. Estaba llorando, y mucho.
—Papá… —murmuró el artillero, sintiendo que su propia garganta se cerraba en un grueso nudo, que no era solo por el dolor que seguía creciendo en su cuerpo.
—Estás vivo. No… no me importa… nada más… —Charles seguían abrazándolo con ímpetu, pasando sus dedos por el cabello de su hijo, estrechándolo para asegurarse de que de verdad estaba en pie, con él y de una pieza —¿Estás bien?
—Al… algo me duele… —le dijo, sin soltarse de su abrazo —Caí dentro de la cabina y… me golpeé. No sé… que tengo.
Raymond se separó al instante de su hijo, para observarlo de frente. No hacía falta decir nada, con la mirada de horror que dejó ir cuando se percató de que su ceja sangraba, además de los espantosos hematomas que se formaban en la piel de su hombro, era suficiente para que Jason concluyera que estaba peor de lo que se sentía.
—Necesito atención médica aquí, por…
—¡Te digo que me sueltes, Rick!
—¡Suficiente, Eva! ¡Piensa en los bebés!
Los gritos de la familia Wei sorprendieron a todos. En ese momento, no solo era Thunderbolt, sino también el mismo Don y hasta Stan los que trataban de controlar a la fiera iracunda en la que se había convertido la joven. Aunque entendían que ese nivel de agresión podía poner frenético a cualquiera, poco contemplaban que el enojo de Eva iba más allá, porque había entendido que todo en lo que siempre estuvo involucrada, es decir, las carreras, sus amigos, la convivencia, incluso el amor de su vida y ahora, sus hijos, siempre fue algo más que competencias, que encuentros entre planetas. La enemistad entre los mundos, las complejas cuestiones políticas, conflictos inmemoriales, todo eso y aun más, se cernían sobre su vida y la estaban controlando. Era como si no fuera dueña de su destino, como si el amar a alguien diferente implicara responsabilidades, como si quisieran disuadirla de lo que sentía.
Quizá si solo fuera ella y Aikka, podría sobrellevar la situación, podía resistir un poco más los fuertes embates que estaban dirigidos a ambos. Después de todo, sabía -medianamente- que estar con un príncipe no iba a ser sencillo. Lo supo desde el momento en que Aikka tuvo que salir de la carrera para asuntos de Nourasia. Hasta ahí, podía soportarlo, porque solo eran ellos dos. Pero ya no. Ahora el atentado y los problemas habían alcanzado a sus dos bebés. Y acababa de descubrir su prematuro instinto materno, mismo por el que se dio cuenta de que podían hacer lo que quisiera con ella, y hasta con Aikka, pero no iba a permitir que cualquiera de esas amenazas fueran a sus hijos. Ninguna de esas presiones iba a alcanzar a sus bebés, porque entonces sabrían la clase de mujer que podía ser Eva.
—Basta, Eva —la chica se detuvo al instante en que vio a Jordan frente a ella. Había detenido su andar hacia el Makrim, solo encargó a los elementos de seguridad de la Tierra que retuvieran al ser unos instantes, mientras él trataba de controlar a su amiga —Ya deja de hacer esto. Yo voy a encargarme.
—¿Tú? Ni hablar —refutó la joven —Me atacó a mí y a Jason. Nosotros somos los que debemos escuchar las explicaciones.
—¿Ya te viste? ¿Ya viste a tu compañero? Están hechos pedazos —Eva se quedó quieta, cosa que Rick agradeció, pues ya temía que la chica se volteara y lo golpeara —Además, solo por si no te acuerdas, en tu cuerpo no sólo eres tú. Así que te recomiendo que vayas a la ambulancia y te atiendas ese golpe y a tus bebés.
—¡Tiene que darme la cara!
—¡No me hagas tener que ordenarlo, Eva! —en realidad, Jordan no tenía del todo el poder de ordenar a alguien que hiciera algo, no en una situación así, pero si Eva no lo sabía, entonces podía hacerlo sin remordimiento —¡Ve a la ambulancia! ¡Yo obtendré las explicaciones!
—No sabes que es lo que necesito.
—¿Tú crees que Aikka y yo no estamos enterados de qué es lo que está pasando? —a la sola mención del nourasiano, Eva se quedó en silencio, y Jordan estaba seguro de que los reclamos que pugnaban por ser escuchados iban a cambiar de dirección.
—Aikka…
—Hablaremos de él y de lo que quieras después, te lo prometo —todos se mantuvieron a la expectativa, cuando los dedos de Jordan se dirigieron al cabello de la chica, acomodando un mechón detrás de su oreja y dejando al descubierto la herida abierta en su sien —Atiéndete eso y ve con tu equipo. Te veo en la premiación, ¿está bien?
Ya sin más palabras, y entendiendo que dijera lo que dijera, todos tenían razón al señalar que debía priorizarse, cedió ante el Avatar, muy a su pesar. Con un asentimiento, Rick entendió que ya podía soltarla, aunque no se iba a confiar. Usó su brazo para rodearla por los hombros y hacerle saber que no estaba sola. Don también se acercó a ella, y después de susurrar un leve "gracias" a Jordan, tomó la mano de Eva y se la llevaron hacia la ambulancia.
—Jordan… —sin despegarse de su hijo, y estando claramente trastornado por todo lo que acababa de pasar —Si necesitas que vaya contigo, lo haré inmediatamente.
—No. Solo yo me encargaré de esto —respondió el Avatar. Un vistazo le hizo darse cuenta de que Rush y Espíritu se dirigían hacia él —Tendré la ayuda que necesito. Ustedes sigan con el protocolo y asegúrense de que ambos estén bien.
Charles asintió. Se dio la vuelta sin soltar a su hijo, mientras, por medio de su celular, iba dando las instrucciones pertinentes para que se mantuviera el orden entre el público y no cundiera el pánico. Solo si Eva y Jason estaban en buenas condiciones, se iba a proceder con la premiación, en cuanto Jordan resolviera lo que fuera pertinente con el Makrim que, a vista de todos, mantenía una postura altanera, como si no fuera responsable de todo lo que había pasado en la carrera.
Por supuesto, Jordan estaba más que seguro de que ese alien no había actuado por su cuenta. Ningún planeta, exceptuando el Imperio Krog, y quizá Nourasia, tenían tanto resentimiento contra la Tierra como para querer actuar de esa manera en contra de sus representantes. Había algo más, y Wilde temió que se tratara de una alianza de peligrosas proporciones.
Eva y Jason llegaron a la ambulancia, cada uno siendo sujeto por el brazo de su respectivo padre. Ante la mirada curiosa, y un tanto perturbada del público en general, los subieron a la unidad médica y se los llevaron hasta uno de los hangares, en donde podrían revisarlos a profundidad. Para impacto de todos, el gigante de Byrus corrió detrás de la ambulancia, haciendo que el suelo retumbara por cada paso que daba. Sucedía que él, como ya lo había platicado con el propio Aikka, iba a encargarse, siempre que pudiera, del cuidado de su pequeña amiga, más ahora que iba a tener unos pequeñitos.
La joven terrestre apenas tuvo un vislumbre de Jordan desapareciendo junto con el Makrim y Espíritu. Probablemente iban a reunirse en privacidad para saber todo lo que fuera necesario acerca de esa carrera tan turbia. Deseó con su ser haber estado en ese lugar y sacarle la verdad a punta de amenazas, pero todos tenían razón, su salud priorizaba.
Se sintió más tranquila al encontrarse dentro del hangar de la recién deshecha Arrow IV, y se sorprendió más cuando, apenas puso un pie en el piso al bajar de la ambulancia, Rush fue a su encuentro y la levantó entre sus enormes brazos, para que no hiciera ningún esfuerzo. La depositó cerca de una de las camillas, y aunque no se dijeron nada, se regalaron de una sonrisa llena de agradecimiento, antes de que una enfermera, algo sorprendida por el gigante que se mantenía a un lado de la Eva.
—Recuéstese por favor, señorita Wei —pidió la mujer, viendo también cómo el padre de la corredora llegaba a su lado y la tomaba de la mano para ayudarla a acostarse —Voy a revisar primero a sus bebés mientras uno de mis compañeros le atiende la herida en la cabeza, ¿de acuerdo? Recomiendo que se relaje.
Eva asintió y se dejó hacer, solo interviniendo para levantarse la playera y dejar al descubierto su vientre. Respingó al sentir lo frío y viscoso del gel que le pusieron sobre la piel, pero esa sensación siempre desaparecía cuando el aparato parecido a un micrófono era pasado por su abdomen y, apenas unos segundos después, la imagen de sus dos pequeños se representaba en un holograma en tercera dimensión, en donde podía ver a detalle cada parte de sus hijos.
—Tienen la presión un poco elevada —dijo la doctora a su lado, en tanto que uno de los enfermeros que estaban ahí limpiaba la herida que ya había dejado de sangrar —Hay una cantidad importante de adrenalina en la sangre y me preocupa que no estén recibiendo el oxígeno suficiente.
—¿Qué podemos hacer? —la pregunta salió de Don en lugar de Eva, quien se quejaba un poco por el ardor que le producía la curación en su sien. Además, algo en la chica la hacía mantenerse en silencio y quieta; quizá porque estaba a la expectativa o porque tenía muchas cosas que digerir.
—Lo mejor es que te mantengas en reposo. Por ahora Te daré vitaminas y corticoides en pastilla, y espero que no dejes de tomar ácido fólico y todos los medicamentos que te había dado —la mujer se dirigió a Eva, quien tensó su cuerpo al pensar que había hecho sufrir a los mellizos —¿Su obstetra dejó que compitieras hoy? ¿No pensó en todos los riesgos que podías correr?
—Él dijo que no lo hiciera —intervino Don, cortando las intenciones de Eva de replicar —Pero ella quería correr y le dio algunas recomendaciones para que se cuidara, aunque…
—Sí, fue muy mala idea de parte tuya, Eva —le reprendió la doctora —Necesitas hacerte a la idea de no solo eres responsable de ti misma, sino que estás aceptando la responsabilidad de un par de seres que dependen completamente de ti.
—Eso ya lo sé —habló por fin, molesta con ella misma. Apenas estaba vislumbrando que tan caros podían resultar sus impulsos, y no era justo para ninguno de los tres… o cuatro, si también pensaba en Aikka —Lo siento. Yo ya no… ya no… yo… —Don se alarmó al ver que las lágrimas comenzaban a correr por las tersas mejillas de su hija, como si la presión la estuviera doblegando —Ya no… correré nunca.
—Ya terminamos —el enfermero cortó el momento que se ponía incómodo a cada segundo que pasaba, y le con la mirada a la doctora que dejaran a padre e hija estar solos —Le he puesto una gasa en la herida. No es nada grave, pero debe cuidarla y mantenerla limpia hasta que cicatrice.
—Haré que le traigan las medicinas necesarias. Por lo demás, solo con reposo y nada de exposición a situaciones de estrés o mucha adrenalina, me parece que estarán bien —la mujer recogió sus cosas, pero dejó en una mesita cercana el aparato con el holograma estático, en donde se mantenía la forma de los dos pequeños, hechos un ovillo dentro de su mano y frente a frente.
Cuando se vieron solos, Don estuvo a punto de decir algo que pudiera cortar el llanto de su hija, pero un grito a un lado de ellos desvió por completo la atención de ambos.
—Tranquilo, ya pasó —escucharon las palabras del presidente a Jason, quien estaba con el torso desnudo, sudando y con la mandíbula apretada, mientras que un doctor de avanzada edad sujetaba su brazo con firmeza.
—Ya está en su lugar —indicó el hombre, buscando las vendas para colocárselas —No vas a mover el brazo en, por lo menos, un mes. Y respecto a la costilla, tenemos suerte de que solo sea una fisura y no una fractura completa. Serán por lo menos sesenta días de reposo y ninguna actividad que implique movimientos mayores, ¿estamos claros?
—Los dos van a estar fuera mucho tiempo. El doctor dice dos meses, pero dejaré fuera del equipo a Jason tres meses, hasta que no me asegure que cada hueso de él esté en el lugar que le corresponde —sentenció Don, viendo el dolor que Jason se esforzaba por ocultar. Se giró hacia Eva, y la vio observando el holograma, aunque su mirada reflejara algo parecido a la ausencia —Bueno… contigo serán un poco más de dos meses.
—Quizá como… ¿siempre? —había un sentimiento roto en esa pregunta.
Pero Don apenas podía ser consiente de todos los sentimientos que estaban a punto de ser amorfos dentro del corazón de Eva, que seguía tan frágil como el día que se encontraron, sino es que más. Por sobre todas las cosas, se estaba percatando de lo irresponsable que se estaba comportando, y eso iba más allá del hecho de que iba a ser mamá cuando apenas iba a cumplir dieciocho años. No, eso ella misma se lo había buscado y aceptado, haciendo todo a sabiendas de lo que podía pasar. No era eso, no era el antes, sino el ahora el que le estaba causando más problemas de lo que debería.
¿Cómo iba a congeniar su forma de ser tan impulsiva, terca y competitiva de ser con las nuevas obligaciones que se acercaban a pasos agigantados? Estaba a poco más de cinco meses de recibir a dos personas que dependerían completamente de ella, y no se sentía lista como para dejar de lado todo lo que Eva Wei significaba y era. ¿Iba a poder conservar su esencia al final?
—Claro que no —espetó Don, entendiendo, por lo menos un poco, la nostalgia detrás de los ojos de su hija —No voy a dejar que mi mejor corredora se escape después de esto —Algo se nos ocurrirá para equilibrar tus horarios y todo lo que se necesites después.
—¿Crees que esté bien? —Eva se incorporó sobre la camilla, presionando un botón para que el holograma desapareciera. Sus piernas quedaron colgando, y por el rabillo del ojo vio a Rush alejarse hacia donde estaban atendiendo a Jason —Quiero decir… ¿Estará bien que regrese cuando ellos hayan nacido? Sabes a lo que me refiero… es una responsabilidad y… bueno… ya me di cuenta de lo que estoy haciendo.
—No es que esté bien o mal —le dijo, sentándose a su lado y tomándola de la mano —Es lo que tú decidas y consideres que estará bien para los tres.
—¿Y si me equivoco? —posó la mano sobre si vientre, con pesadumbre —Hoy ya les hice daño… ¿Qué va a suceder si por algo de lo que hice ellos…?
—Si no te pasó nada a ti cuando tu madre competía sin saber que ya estabas en camino, dudo que algo pase contigo —lo cierto es que él mismo quería creer eso, en un esfuerzo por darle a su hija la confianza que a veces le hacía falta —Eres igual de fuerte con ella. Juntos nos vamos a encargar de que todo esté bien.
—¿Y qué va a pasar conmigo todo este tiempo? Yo no… podré hacer nada.
—De hecho… —Don casi estaba seguro de que se iba a lamentar de lo que iba a decir. Mil veces se lo planteó y consultó con todos los especialistas que le fue posible. Pero todos coincidieron que no representaba un peligro si se mantenían las medidas de seguridad adecuadas. Era algo que ella sabía y le gustaba hacer, además de que era la última opción que tenía para que no cayera en la melancolía durante todo el tiempo que iba a tener que abstenerse de las carreras —¿Recuerdas el día que nos volvimos a ver? ¿Hace casi tres años?
—¿Cuándo creíste que era un chico? —un poco de la risa lacónica que dejó ir la joven lo hizo sentir más tranquilo. Ella no estaba tan perdida como le daba pánico pensar.
—Sí, ese día… —se aclaró la garganta, como si él mismo ya no quisiera pensar en semejante error —Hasta ahora había pensado que tu talento eran las carreras, pero no había pensado que ese día, tú sola, reparaste aquella nave.
—Todo mundo sabía que esas reformas eran completamente inútiles —se justificó Eva, alzando los hombros, pero sonriendo. Todavía recordaba es día a la perfección. Y si tuviera que pasarlo de nuevo para llegar a donde estaba, lo haría sin dudar —Ya había probado con esas piezas antes y no sirvieron.
—Sabes mucho más que eso. Antes de volar una nave, ya sabías cómo funcionaba.
—¿A dónde quieres llegar, papá?
—He estado pensando en alternativas —buscó la delgada mano de su hija, para sostenerla entre las suyas —No quiero que llegues a sentirte como una prisionera de la situación. Y aunque no me agrada del todo que no estés tomando el descanso, soy consiente de que jampas ibas a quedarte quieta.
—Entonces…
—Estaba pensando hablar con Stan y Kouji para que te aceptaran como parte del equipo, la tercera jefe de mecánicos. Claro que no vas a estar demasiado tiempo dentro del taller, pero sé que podrás aportar bastante.
—¡Me encanta la idea! —los ojos de Eva brillaron con entusiasmo, uno que hizo que Don se sintiera reconfortado al pensar que estaba haciendo bien, que estaba actuando como siempre debió hacerlo —¡Sería maravilloso! Bueno… no es el mejor momento… o el lugar… para hablar de esto, ¡pero gracias!
—Ya discutiremos después los detalles. Pero piensa en eso por ahora, para que entiendas que estaremos apoyándote. Y que, por lo que más quieras, ya ha sido suficiente de riesgos por ahora.
—Con lo que pasó hoy… creo que ya entendí —Eva se recargó en el hombro de su papá, y él no dudó en atraerla aún más a su protección —Ya no lo haré de nuevo.
—Las carreras siempre estarán ahí, al igual que tus responsabilidades. Pero para ambas hay tiempos, así que no te desanimes —Don le dio un beso en la cabellera, de la misma manera que se los daba a Maia cuando buscaba su lado tierno. La sintió suspirar ante el gesto, y lo llenó la sensación de alivio —Tuve tanto miedo de que algo te sucediera… No iba a soportarlo… jamás me iba a perdonar…
—Ya no pienses en eso —le pidió, aunque sabía que iba a ser muy complicado dejar ir el recuerdo de esa espantosa carrera. De las explosiones, de los golpes, de los disparos, de las caídas… del peligro —Te estoy prometiendo que me alejaré de los riesgos hasta que seas abuelo.
—Y aún así, nos lo vamos a pensar mucho —terminó Don, dándole un ultimo beso en la sien y poniéndose de pie —Tengo que ir a ver a Jason. Quédate aquí y espera a lo que te diga la doctora.
Don caminó solo unos pasos para llegar a la camilla en la que se encontraba aún tendido el joven artillero, custodiado por el presidente Raymond, quien ya había decidido que, solo por unos momentos, iba a ser más papá que el dirigente de la Coalición Tierra.
—¿Cómo te sientes, muchacho? —preguntó, aunque su frente sudada y su expresión de cansancio decía más que lo que pudiera expresar con sus palabras.
—No siento ya nada… —murmuró, tapándose los ojos con la mano que tenía disponible.
—Si no tuviera que guardar la diplomacia, te juro que ese ser ya no contaría como un habitante de la galaxia —soltó Charles, ofuscado —Me han reportado que el Makrim alega que no sabía de las reglas.
—Eso es ridículo. Todos los que compitieron estaban enterados de que las armas eran para derribar, jamás como un atentado de muerte —Don podía parecer tranquilo, pero también hervía en ganas de ir y decirle al Makrim más de una cosa.
—Lo sé, y eso Jordan lo sabe. No estaré conforme si lo deja ir libre o sin represalias.
—Yo misma le haré algo a Jordan si se deja convencer —Eva llegó junto a todos, y le dio ternura ver a una figura tan imponente como lo era el presidente acariciando el cabello de Jason, como si fuera un niño pequeño —¿Qué te pasó?
—Una fisura en la costilla y un hombro dislocado —resumió, suspirando y buscando una posición más cómoda —Dos meses fuera de cualquier actividad, así que creo que tendrás que buscar un reemplazo.
—No habrá nada. Tendrán que hacer una nueva nave si queremos correr alguna vez. Quizás podemos tomarnos unas vacaciones.
—Que ocuparan en rehabilitación, reposo y maternidad —apuntó Don, a sabiendas de que, si dejaba a ambos sin supervisión durante ese tiempo, serían un genuino desastre —Pero primero tenemos que saber que diablos pensaba ese sujeto.
Como si hubieran convocado la explicación, a Charles se le solicitó que saliera un momento, para verificar algunas cosas del incidente y de la premiación. Se disculpó con su hijo por la momentánea ausencia y lo encargó a los cuidados de la familia Wei. Fueron solo unos minutos, en los que Eva y Jason le contaron a Don como habían iniciado las hostilidades y las maniobras a las que tuvieron que recurrir para librarse de los atentados. Cada explicación y palabra heló al señor Wei, pues desde la sala de control apenas pudo haber tenido una idea de los peligros que corrieron, y después del relato, entendió mucha más la suerte que tenían ambos de haber salido de una sola pieza y con heridas que el tiempo curaría.
—Fue cuando ya estaba con Eva, cuando nos estrellamos y la Arrow comenzó a incendiarse, que caí sobre mi brazo —explicó el artillero, dejando que Eva se sentara a su lado —Supongo que no sentí nada por la adrenalina, pero duele como el demonio ahora.
—Gracias por no dejarme caer. Si estoy consiente de que suavizaste mi caída.
—Solo no quiero que mis sobrinos me reclamen después que nos lo haya protegido. Solo imagina que por eso terminen igual de locos que tú.
—No me hagas desear que respete que estás herido —bromeó Eva, picándole el pecho, muy cerca de donde se encontraba su costilla lastimada. Jason dio un grito de pavor que fue suficiente para que Eva se desternillara de risa.
Don no quiso interrumpirlos, por saber que esos momentos podían ser una catarsis para los duros instantes por los que acababan de pasar. Quizá la risa podía ayudar a que sacaran todo el miedo y la tensión que seguían acumulando, así que, sin decir una palabra, los dejó conversando solos y fue hacia el exterior del hangar, para saber de primera mano que era lo que iba a proceder respecto a las acciones del Makrim.
Lo que se encontró en la gran explanada no fue del todo satisfactorio. Solo con ver a Raymond y la evidente molestia reflejada en su rostro, supo que algo de los que esperaban no había salido del todo bien. Lo confirmó cuando, apenas estuvo a un lado de ambos, ocultos de la mirada curiosa de los asistentes a la carrera, escuchó una exclamación del presidente.
—¡Es que no puedes decirme que no había una intención de eliminarlos!
—Señor Raymond… es que no puedo… ¿cómo podemos comprobar que nos está mintiendo?
—¡Eres el Avatar! Se supone que tienes poder para hacer cosas como estas. ¿Qué no puedes leer su mente o algo así? —podía sonar ridícula la idea, pero Don sabía que Charles no hablaba como el presidente de la Coalición Tierra, sino como un padre que observó como estuvieron a punto de matar a su hijo, sin que pudiera hacer nada para evitarlo.
—Sí… puedo hacerlo… —Jordan habló en un tartamudeo, pues hasta él estaba nervioso por la actitud del presidente. Lo que no estaban tomando en cuenta, es que él mismo hervía de ganas de sacarle toda la verdad al Makrim, por Eva —Puedo hacerlo, pero no es correcto. El Avatar no puede usar el poder que se le concede para… cosas así.
—¡Es un atentado! Por donde lo quieres ver, Jordan, atacó a alguien de otro planeta en un lugar donde las reglas prohibían hacerlo. No puede irse impune. Soy el presidente, no puedo permitir que hagas eso. Tú que eres humano deberías entender que no es posible que algo así se deje ir como si no hubiera pasado nada, como si no fuera una ofensa directa —habló como si el Makrim no estuviera junto a ellos, escuchándolos. No lo podrían reconocer por la forma del cuerpo del ser, pero estaban seguros de que había algo de burla en su silencio.
—Jordan… —Don decidió intervenir, pues ya estaba temiendo que Raymond perdiera la cabeza antes de que corriera algún rumor de los pocos estribos que conservaba —No estamos hablando de cualquier cosa. Eran nuestros hijos, y mis nietos, los que estaban en peligro.
—Yo sé que…
—Y tú más que nadie es consiente de que hay muchos en la galaxia que tienen interés en ver a nuestro equipo, o al planeta mismo, perjudicado —le estaba costando demasiado ser diplomático, sobre todo porque tenía un fuerte deseo de lanzarse por ese alienígena y obligarlo a decir la verdad —Por lo menos tienes que cuestionarlo más que lo que lo hiciste hoy.
Jordan se encontraba en un fuerte dilema. Por una parte, estaba igualmente iracundo que cualquiera de los hombres, y si los Creadores no le hubieran enseñado bien, ya habría usado su autoridad. Sin embargo, algo estaba haciendo clic en su mente, encontrando una manera de cuestionarlo, o hacer uso de su magia para obtener la verdad de todo. Don tenía razón, el Makrim, sin querer, había violado acuerdos de no violencia en un evento oficial, mismo que estaba regulado por normas que los cuatro concursantes debieron conocer; no había excusa para no seguir lo que ya se había acordado.
Estaba seguro, su intuición como el ser supremo de la galaxia de lo decía, que ese ente estaba en una actitud demasiado relajada, pero a la expectativa de lo que se decía. Algo de su tranquilidad no le estaba sentando nada bien, y fue el motivo que necesitaba para proceder de una manera que pudiera convencer a todos, sin que él quedara como un déspota.
—Makrim —le habló, serio y certero —Será transportado al planeta madre Oban para que yo y mi mano derecha nos encarguemos de interrogarlo —parecía como si el ser fuera a replicar, pero Jordan siguió usando la palabra —Es necesario que entienda que rompió con protocolos y atacó a alguien en su territorio. Eso, ya lo sabe, se entiende como una agresión contra todo el planeta. Si no está de acuerdo, es el momento de que lo diga —todos guardaron silencio, y el ser con una extraña forma de calamar emitió algunos sonidos, que ninguno supo interpretar. Causó asombro que Jordan asintiera a ese extraño lenguaje. Buscó la mirada del presidente Raymond —Dice que acepta… —murmuró, un tanto cauteloso con sus palabras —Insiste en que no tiene nada que ocultar, pero que… cuando comprueben que no fue su culpa… quiere una disculpa de toda la Tierra. En especial de los competidores… de Eva y Jason.
—¡Por supuesto que no! ¡Está…!
—Don, calma —pidió Charles, antes de que el señor Wei perdiera la cabeza e hiciera algo que empeorara la situación de todos. Sus palabras las dirigió a Jordan, pero la mirada firme e imperativa, fuerte como lo era él, fue directo hacia el Makrim —Acepto la condición, porque sé que aún hay muchas cosas que comprobar. Sé que nuestros hijos piensan lo mismo. Lo único que te pido, Jordan, es que hagas todo lo posible por obtener la verdad, la única.
—No tenga duda de eso.
Apenas terminó de hablar, un destello dorado salió del chasquido de dedos que Jordan efectuó. Al instante, una gran nave con el símbolo del Avatar terrestre impreso en la piedra caliza con la que estaba hecho se posó encima de los que estaban. Un halo de luz azulada cayó encima del Makrim, y antes de que pudieran decir algo más, este lo hizo desaparecer en su interior en cuestión de segundos. Jordan lo iba a enviar directo al Templo del Corazón, lo más alejado posible de Aikka. Ya se imaginaba lo que podría pasar si el príncipe se encontraba con el Makrim sin que él estuviera presente.
Los tres que estaba ahí reunidos observaron al módulo desaparecer en el cielo de la Tierra. Jordan se giró hacia Don y Charles cuando escuchó el pesado suspiro de ambos.
—Si Eva y Jason se encuentran bien, creo que podemos seguir con la premiación —dijo, después de que el silencio se hizo presente entre los tres —En cuanto termine, me marcharé a Oban para encargarme de este asunto.
—¿Tú que es lo que piensas? —preguntó Don, directamente, al percatarse de la mirada perdida de Jordan —No puedes decirme que no tienes tus sospechas.
—Sólo estaba pensando… —el joven llevó su mente hasta las infinitas clases que los Creadores le dieron. Recordó, sobre todo, la historia de la galaxia. Aún no estaba seguro de cómo había asimilado millones de años del desarrollo de ese espacio en el universo, pero lo hizo y algo en particular le llamó la atención —Sucede que… recuerdo que los Krog y los Makrim son aliados prácticamente desde que ocuparon sus respectivos planetas.
—¿Aliados?
—Se apoyaron para conseguir salir a flote en medio de algunas crisis, justo antes de que fueran las grandes civilizaciones que son hoy. Incluso hubo cooperación cuando quisieron expandirse a otros planetas.
—¿Colonización? ¿Y lo lograron? —Raymond recordaba con un poco de horro los años en los que la Tierra vivió la amenaza Krog. Él apenas se iniciaba en el mundo de la política y su vida no estaba tan consolidada. Pero el pánico que todos vivieron no se olvidaba, así como la simple explicación que el Gobierno brindó para la retirada de esos terribles seres. Viéndolo del modo en que Jordan lo planteaba, tenía sentido el afán con el que el Imperio trató de conquistar el planeta terrestre.
—Nunca perdieron un solo planeta que tuvieron en mira… o casi nunca.
Por supuesto, la Tierra era una de las grandes deudas que Krogs y Makrims no se perdonaron a sí mismos.
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Las personas olvidaron el asunto de la violenta carrera cuando se anunció que iban a proceder a la premiación de la ganadora de una emblemática carrera interplanetaria. Sobre todo, reinaba el orgullo por ver a una campeona terrestre siendo reconocida por el gran Avatar, que también era parte de la Tierra.
Habían corrido muchos rumores que solo alcanzaron la confirmación cuando la vieron aparecer en la explanada, con Jason Raymond a un lado y todo el equipo que la respaldaba siguiéndola de cerca. Ahora prácticamente todo el planeta estaba enterado de que Eva había corrido una carrera por demás peligrosa con un notable y avanzado embarazo.
La joven Wei ya se había hecho a la idea de que, en cuanto se supiera, las críticas por su irresponsabilidad iban a caer sin piedad. Sin embargo, y eso lo tenía claro, nadie mejor que ella sabía de sus motivos y sus formas de actuar. No necesitaba de críticas. Además, sabía que Aikka debería estar llevando una carga aún más pesada que la de ella; bien podía resistir un poco.
"Damas y caballeros, demos la bienvenida a la tres veces ganadora del Campeonato Interplanetario y de la gran carrera de Oban, la asombrosa, Eva Wei".
Quizá todo el esfuerzo lo valía si se encontraba en panoramas así. Tenía que admitir que estaba especialmente enfocada en su ego, y este había crecido como nunca desde que volvió de Oban de la mano de su padre, como la campeona. Después de eso, las muchas victorias solo siguieron aumentando su autoestima y ella no tenía ningún problema en admitir frente a quien sea que se sabía la mejor dentro de las competiciones, dentro y fuera de la Tierra. Por eso mismo, cuando subió a la cima del podio y los aplausos y vítores se hicieron sonar por encima de los altavoces, Eva se sintió justo en el lugar que pertenecía. No como una princesa, tal vez no como una futura madre o como la heredera de un legado en las competencias. Solo era Eva, saludando con la mano a todos aquellos que la ovacionaban.
—Felicidades, señorita Wei y joven Raymond —les dijo Jordan, entregándole a ambos un gran trofeo dorado —Fue una gran carrera.
—Ojalá solo hubiera sido grande, pero gracias, Jordan —contestó Jason, ignorando la formalidad mal disimulada del Avatar —Te toca festejar con nosotros por la noche.
—Ya veremos —sonrió el de cabello bicolor. Cuando su morada se topó con la de cierta joven que no le había quitado la vista de encima, todo en él vibró en la sintonía del miedo y hasta nerviosismo —Eva, yo… felicidades.
—Es cierto —algo en la amplia sonrisa de la chica no le sentaba nada bien. Era grande, pero bastaba una ojeada para saber que era una máscara, mal disimulada, para cubrir los ánimos que tenía por tomarlo del cuello y zarandearlo hasta que le dijera todo lo que quería oír —Tienes que estar en la celebración de esta noche.
—No creo que pueda estar —explicó, evadiendo por completo los ojos rojizos que los buscaban con insistencia —Tengo que encargarme del asunto del Makrim.
—¿Aikka no puede hacerlo?
Se quedó de piedra cuando escuchó el nombre del nourasiano, más al reconocer la naturalidad con la que Eva abordó el tema, como si no fuera de importancia, aunque ambos sabían que era un gran conflicto que tenían que arreglar.
—¡Sí! O bueno… no… quiero decir… ¡Tengo que estar ahí!
—Supongo que no hay situación que él no pueda controlar hasta que tú llegues. No le debe importar que te quedes unas horas más para que me hagas compañía.
Jason estaba soportando el fuerte impulso de soltar una carcajada al ver el rubor en las mejillas de Jordan, tanto porque no quería verse inoportuno, como porque la fisura en la costilla le era dolorosa.
—No, pero…
—Él está en Oban, ¿verdad? —preguntó Eva, serena, aunque Jordan pudo ver un matiz de tristeza en su mirada.
—Sí.
—¿Y… sabe todo lo que está pasando aquí?
—Todo.
—Quédate, Jordan —para su sorpresa, fue más como una súplica que como una orden, a la que no podía negarse —También tengo que saberlo todo.
No hizo falta nada más que un asentimiento para que Eva confiara en que Jordan se quedaría y hablaría tanto como fuera posible y permitido. En Oban, Aikka asintió a eso, nervioso, mientras esperaba la llegada del Makrim.
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¡Hola!
Cuando les digan que es tiempo de crecer, o les piden que ayuden con la organización de un evento o hacer trabajos de más, digan que no. Crecer es una trampa y provoca cosas como esta. Quitarme todo el tiempo que tenía hasta para mí. Pero bueno, aquí ando, actualizando a estas horas y con un capítulo algo largo para compensar (aunque ya sé que no es lo mismo). Nada más espero que algún día todos ustedes me perdonen y el final sea suficiente para dejarlos satisfechos y con la sensación de que todo esto ha valido la pena.
¡Los amo! Estoy mil veces agradecida por su paciencia y por seguir aquí a pesar de todo. Besos a todos 3
Ninfa: No, ya te prometo que no habrá carreras tan peligrosas por ahora. Supongo que un capítulo o dos ya estaremos recibiendo a esos mellizos. ¡Muero de ganas de hacerlo! Espero que te haya gustado este capítulo y deseo verte en los comentarios. ¡Saludos!
Moritajj: ¡Espero que todo haya estado bien con la alerta sísmica! Yo aun no supero el trauma del 19 de septiembre, y eso que ya pasó un año. Esas manifestaciones de mamá Naturaleza son especialmente crueles. Ojalá que te haya gustado el capítulo y me merezca tus lindos comentarios. ¡Saludos!
Temptress101: ¡Me tiene super feliz que les haya gustado a ambas la carrera! Iba muy dedicada a ustedes dos en especial, así que me siento satisfecha. Me alegra haber sido de ayuda para la lesión de Anastasia. También espero que se encuentre mucho mejor. ¡Le envío las mejores vibras desde México! Perdón por la tardanza, pero les prometo un esfuerzo especial para que esto no vuelva a pasar. ¡Las adoro! Ojalá que las vea por aquí. ¡Saludos!
Kido-san: ¡Me alegro muchísimo de que te haya gustado! Mira que fue de los capítulos que más me ha costado trabajo escribir, pero vale la pena si te ha gustado. Creo que nada en esta serie y el fic es tan sencillo como para que las carreras lo resuelvan, y es algo que también pasa en el mundo real. Siempre hay trasfondos que no vemos. Pero bueno, espero que lo esté representando bien. ¡Ojalá te haya gustado! Espero que sea digna de un review. ¡Saludos!
P.D.: El nombre para este capítulo es de la canción "I do it for you" de Bryan Adams.
