Capítulo 32: Still falling for you

Aquella noche al ver a Eva, en la cena que habían preparado para celebrar la victoria de la Tierra, Jordan entendió dos cosas. Que ella era uno de los seres más fascinantes con el que se toparía en los muchos milenios que le quedaban de vida, y que estaba bien que no lo hubiera escogido. Sabía que, en algún momento, tendría que verla crecer, ser madre, ser adulta, envejecer y algún día, morir; para ese momento, él probablemente no llevaría ni una mínima parte de su existencia.

¿Sería justo para ella ver su vida pasar y apagarse, sin que Jordan tuviera algún cambio o tiempo para ella? La galaxia era una gran responsabilidad que no podía descuidar por asuntos personales, y Eva merecía toda la atención del mundo. Era complicado, sí. Pero no se le ocurría una mejor muestra de amor que dejar que ella buscara lo que mejor creía que le convenía.

Que, de hecho, ya lo había escogido. Aikka, con un poco de suerte, sería un rey y tendría a su cargo el pequeño planeta, pero él gozaba de la libertad de escoger y organizarse. El príncipe sabría que hacer para poder corresponder a Eva -si ella se lo permitía-, y serían una familia. Jordan no podría ofrecerle eso, aunque quisiera.

—¿En que piensas? —la voz de Eva lo sacó de sus pensamientos. Debía verse realmente embobado por la forma en la que la recorrió con la mirada de pies a cabeza, encontrándola particularmente hermosa.

—En nada, ¿cómo me veo? —dio una vuelta, para que Eva y sus acompañantes pudieran apreciar que si podía lucir gallardo con esmoquin y pajarita —Hoy me deshice de la ropa de Avatar.

—También te ves interesante con la bata de dormir —Jordan refunfuñó ante las bromas de Alexa, que soltó una carcajada junto con Eva, en tanto que la princesa Amina trató de detener la risa que quería salir, muy a lo contrario de su novio, que rió junto con las chicas.

Al final, Jordan también terminó riendo, porque un pijama era a lo que más se asemejaba la ropa destinada para el Avatar. Y viendo a Eva, agradecía haberse vestido de la forma en la que estaba para no verse tan ridículo. Ella se veía completamente deslumbrante en un vestido de rosa pálido y opaco que le llegaba hasta los pies; tenía un sencillo escote en v que dejaba un poco de la piel de su cuello al descubierto y unos tirantes gruesos, además de que tenía una cinta color gris perla que recorría su cuerpo justo debajo del busto, lo que hacía que vientre crecido se notara de una forma elegante, además de un aire tierno. Para rematar su atuendo, decidió dejarse el cabello suelto, cayendo en suaves bucles sobre su espalda y dejando que el rojo resplandeciera bajo la luz dorada del enorme salón.

—No pensé que hubiera alguien que fuera tan irrespetuoso con el gran Avatar —murmuró el consejero Aitan a Amina refiriéndose a Alexa. Él ya estaba dado a su tarea de acompañar a todos los lugares que fuera posible a la princesa Amina y a la princesa Eva, mismo nombre que él insistía en usar, porque ya la consideraba como tal. Había sido de los primeros en oponerse firmemente a que participara en la carrera, y había entrado en genuina desesperación cuando vio desde las gradas todo lo que sucedió.

—No es lo mismo que en Nourasia —aclaró Amina, riendo al ver las bromas que jugaban a costa de Jordan —Ellos son amigos, no súbditos. Quizá en algún tiempo nos acostumbremos a la forma en la que se… relacionan.

—Claro que te vas a acostumbrar —Jason la abrazó por la espalda, haciendo refunfuñar a Aitan —Aquí estoy para eso. Y en todo lo que necesites, me tendrás.

Apartada un poco, aún sonriente por lo mucho que a Alexa le encantaba fastidiar a Jordan, Eva se sintió nostálgica. Un humano y un nourasiano. La combinación por la que estaban condenados ella y Aikka, con la diferencia de que las responsabilidades de Amina no eran tan fuertes como las de su hermano. Eso era lo que le había dado la libertad y, quizá, un poco más de voluntad. No había palabras para explicar cuanto le gustaría estar en los brazos de Aikka, con unas sonrisas tan verdaderas como las de Jason y Amina, tan felices de estar juntos.

Hasta el momento, su paciencia no había encontrado un limite superable, y lo cierto es que prefería no averiguarlo, y menos que fuera Aikka el que llegara a superarlo, pero no estaba segura de que tanto tiempo podría resistir esa situación, hasta cuando podría soportar su ausencia, sola y al cuidado de sus dos pequeños. Ya fuera a los dioses terrestres o nourasianos, esperaba que fuera pronto, o no podía asegurarle nada a Aikka.

—Estás pensando… —Eva se sobresaltó un poco al escuchar la voz de Jordan tan cerca de ella. Ya se encontraba solo, pues Alexa había tenido a bien ir a fastidiar un tanto a Aitan —¿En qué piensas?

—En todas las muchas cosas que tienes que explicarme —soltó, girándose para quedar de frente a él. Ninguno de los dos se inmutó, pero Jordan se veía ligeramente resignado —Quiero saber todo, Jordan. Aikka me lo debe y tú eres el único que me lo puede decir.

—Aikka quiere que te lo diga todo, de cualquier forma. Ninguno de los dos planea ocultarte nada —se encogió de hombros, viendo un poco a su alrededor —¿Cuándo…?

—Hoy, Jordan. No quiero que de repente te escabullas.

—¡Que poca confianza tienes en mí, Molly! —ninguno de los resistió a las grandes sonrisas y la carcajada que les brotó ante el comentario y el antiguo mote de Eva, pues traía siempre el recuerdo de la buena época que, aunque complicada, fue feliz —No me voy a ir. Además, yo también quiero hacer muchas cosas aquí.

—Entonces vamos ahora mismo.

—¿No prefieres cenar? —preguntó, pero luego de bajar un poco la mirada a la prominencia en el cuerpo femenino, se sonrojó y rectificó —Bueno, prefieren. Ustedes tres…

—Entonces sí sabes, o saben, que son dos. Y sí, quiero cenar primero. No me gusta enojarme sin nada en el estómago.

—Claro que lo sabemos. ¿Tú crees que, por no estar presentes, Aikka o yo no te estaríamos cuidando a la distancia? —Jordan extendió el brazo para que Eva lo tomara, y ella no dudó en asirse y dejarse guiar hasta la mesa en la que cenarían —Quizá ahora mismo sepa que estamos hablando y esté enojado conmigo por no respetar lo de "No te acerques demasiado a Eva".

—¿Él dijo eso? —cuestionó la chica, sonriendo de forma irónica.

—¡No tienes idea de cuantas veces me lo recalcó! Ya puedo escucharlo gritándome y valiéndole un pepino que sea el amo de la galaxia —a pesar de que rieron, Eva sintió un poco de envidia al pensar que Jordan podía ver a Aikka, muy a pesar de su escabrosa relación —Pero eso solo significa que está preocupado siempre y por todo lo que tenga que ver contigo, tienes que saberlo.

—Yo nunca he dicho que no les creía. Pero si me dijeran que es todo lo que sucede, no tendría que estar exigiéndole y desconfiando de los dos, ¿verdad?

—No tengo nada que decir en contra de eso —Jordan se llevó una mano a la cabeza, sonriendo de la forma en la que Eva lo recordaba mejor: desenfadado, fingiendo una inocencia que no poseía.

Queriendo zanjar un poco el tema, solo por el momento, ambos llegaron hasta su mesa, donde ya los esperaban Don, Rick, junto con su esposo e hijo, y Stan y Kouji. El padre de Eva fue inmediatamente a su encuentro y la ayudó a acomodarse en la silla. A Jordan le dio ternura y un tanto más de diversión ver como Don le indicaba a su hija que ya había revisado el menú para asegurarse de que no fuera nada que estuviera contraindicado por su embarazo. Le retiró definitivamente cualquier cosa que fuera alcohol y le dejó un jugo de uva y manzana para que escogiera.

El banquete transcurrió demasiado tranquilo y ameno para Eva, pero fue lo suficientemente lento para Jordan, quien estaba juntando el valor y las mejores respuestas para que todos quedaran satisfechos. Escuchó atento el discurso del presidente Raymond, que lo sorprendió al hablar por completo y sin secretos de lo que había pasado en la carrera de esa mañana. Por experiencia, sabía que no todos los mandatarios de ese nivel serían tan abiertos como para llegar a decir todo lo que pasaba; era refrescante darse cuenta de que podía haber una persona completamente honesta y que tenía interés genuino en su planeta. Podía imaginarse que, por esa misma razón, se había hecho de bastantes enemigos dentro del propio gabinete que dirigía la Coalición Tierra. Por su parte, Jordan le había asegurado a Charles que podía contar con él todas las veces que lo necesitaba, sus decisiones iban a estar siempre respaldadas por la palabra del Gran Avatar.

A mitad de la reunión, una horda de aplausos sonó en honor al equipo Tierra y del fantástico desempeño en la carrera, del profesionalismo de todos, en especial de la piloto y el artillero, muy a pesar de que la situación fuera desesperada. Raymond también aprovechó para, con la aprobación de Eva, anunciar que se iba a retirar de las pistas por un periodo cercano a un año por encontrarse en dulce espera. Claro que las personas que estaban en el lugar quedaron todas impresionadas por la noticia, pues era la primera vez que se decía a alguien que no fuera a los nourasianos. Más aún, saber que era del exiliado príncipe Aikka dejó a todos en un momentáneo silencio, que dejó algo helada a Eva.

Escuchó cuchicheos mientras Raymond seguía con su discurso. Notó más de una mirada penetrante, viniendo de todos lados y recorriéndole de arriba abajo. Si no salió del lugar, más indignada que intimidada, fue porque, a momentos, sentía una caricia de su padre, una mirada tranquilizadora de Jordan o un abrazo por lo hombros de Jason, sin mencionar los "idiotas", que llegaban a salir de la boca de Alexa, de los mecánicos o hasta de Rick.

Amina, en cambio, se mantenía serena y se daba cuenta de como la cultura terrestre con la nourasiana chocaban de tantas maneras. No estaba segura de lo que juzgaban, pero en Nourasia sencillamente no se le iba a juzgar. Aunque si tenían preferencia porque el rey, o futuro soberano del planeta, contrajera nupcias con una nourasiana noble, salía no haber problemas si ella era una persona del pueblo. Alexa le había dicho que un embarazo antes del matrimonio no era la mejor manera para que la sociedad aceptara una relación, y eso la dejó un poco contrariada. ¿Qué no el crear una vida podría ser el mayor compromiso? ¿Qué más tenían que probar si la vida nace del amor? Amina no entendía cómo es que funcionaba la Tierra, y esperaba que lo llegara a comprender algún día, pero lo cierto es que los humanos se complicaban demasiado. Aún en su caso, que era mujer y había más cuidado en quien escogía como su pareja

Los dos nourasianos que se encontraban en el lugar tuvieron también un momento para ser presentados ante un poco de la aristocracia y altos mandos de la Tierra, quienes debían estar enterados de la situación que vivía Nourasia y como es que su princesa y uno de los consejeros iban a ser los que mantuvieran viva la esperanza y el pueblo nourasiano, aún si eso fuese en un lugar lejano a su hogar.

—¿Estás bien, Amina? —le preguntó Jason, después de que divagara en sus pensamientos mucho tiempo, aún después de que Raymond hubiera terminado su discurso y estuviera hablando con algunas otras personas —¿Quieres que nos vayamos? Le dije a mi padre que podríamos irnos con él, pero no creo que termine pronto con sus citas.

—¿Qué hacen ellos? —preguntó, señalando hacia un conjunto de personas que se entretenían con una suave música.

—Oh… Es un baile, Amina. Bueno, supongo que en Nourasia hay música, ¿no?

—Sí, pero no suena ni un poco como esta.

—En realidad esta es una pieza muy vieja. Estoy seguro de que tiene muchos siglos —Amina se interesó en lo que decía y Jason sonrió por lo linda que se veía cuando la curiosidad le hacía brillar la mirada —"A Postcard to Henry Purcell", casi puedo jurar que así se llama. Aunque definitivamente no recuerdo a su compositor.

—Suena muy… elegante… no sé cómo describirla…

—¿Te gusta? —le preguntó, al percatarse de su atención fija en las personas que bailaban. Ella asintió, risueña —¿Quieres bailar conmigo?

—¿Eh? —tanto Amina como Aitan, que estaba atento a su princesa, se sorprendieron por la petición. Aunque el consejero se moría por dar a Jason una sarta de reglas para la convivencia con Amina, decidió callarse por dos motivos. Tanto por la sonrisa que la princesa tuvo, llena de ilusión al ver a su pareja tenderle la mano, como por el golpe sutil que Alexa le dio debajo de la mesa —Es que no… no sé.

—Yo sí. Solo sígueme, ¿está bien?

Amina no lo dudó ni un momento. Su mano se acopló rápidamente a la de Jason y este la guió hasta un costado de la pista, donde podrían tener el espacio suficiente para tener oportunidades de prueba y error las veces que fueron necesarias.

Aunque en la mesa del equipo y sus allegados se estaba viviendo un ambiente bastante alegre, todos conversando, incluido Jordan, este fue el primero en darse cuenta de que Eva se había perdido de nuevo en la pareja humana y nourasiana que bailaban como si estuvieran en su pequeño mundo, en una burbuja en la que el resto del universo no existía.

Alexa hizo un ademán de querer preguntarle que era lo que sucedía, pero fue el turno de Aitan de sujetarla por el brazo y detenerla. Ella le hizo un mohín de fastidio, pero rápidamente entendió porque tenía que quedarse un poco atrás.

—Eva… ¿te sientes bien? —preguntó Jordan. Don hizo un esfuerzo por no voltear y cuestionar, porque sabía que su hija tenía que tomar el control de esa situación, pues necesitaba saber todo del papá de sus bebés —Te veo un poco…

—Estoy bien.

—¿Quieres que salgamos y me preguntes todo lo que necesites?

—Sí, vamos.

Jordan confió que su estado de pasividad era porque la nostalgia estaba cayendo sobre ella como piedra. En lo personal, prefería que estuviera tranquila, pues temía que algo le provocara querer golpearlo. Eva se levantó de la silla. Se rió para sí misma al sentir un mareo pequeño. El chico se apuró a tomar el abrigo que ella llevaba y volver a tender su brazo para que salieran de ahí.

Por lo que recordaba de esa zona, cerca del gran salón, había un parque de niños. Para esas horas de la noche lo más probable era que estuvieran completamente solos. La noche no era fría debido a que estaba en pleno verano, así que no le preocupaba que pescara un resfriado. Y la seguridad tampoco era algo en lo que fijarse, pues apenas salieron, un par de guardias del presidente y del Avatar se percataron de su presencia y los siguieron a la distancia.

Jordan se sentía tranquilo, pero no confiado. Creía que la seguridad y compañerismo que ambos tenían antes podía volver a emerger en ese momento, sin que el asunto del beso o pretensiones volvieran a interponerse en su relación de buenos amigos. Esperando que no lo fuera a golpear, se acercó a ella mientras caminaban hacia un par de columpios y pasó su brazo alrededor de los hombros de ella.

—¿No hay problema? —le preguntó, al darse cuenta de que ella dio un pequeño respingo, aunque luego su cuerpo se relajó.

—No, así está bien —Jordan suspiró largo cuando Eva dejó caer su cabeza sobre su hombro. Era una manera extraña de caminar, pero ella se sentía más protegida de esa forma —Quiero sentarme, a veces se me acalambran las piernas.

—¿Eso es normal? —Jordan decidió cambiar los columpios por una linda banca, ubicada justo debajo de un faro de suave luz amarillas. Llegaron y esperó a que ella se sentara para estar a su lado. Fue curioso y un poco preocupante ver que se inclinara y se tallara las pantorrillas por encima del vestido.

—Un poco… El médico dice que debido a que estoy acostumbrada a más deporte, el que tenga que estar en reposo, y porque son dos, hace que mi circulación sea… diferente —le explicó, tallándose también el vientre.

—Es que… Eva… —Eva casi vino venir la risa que su amigo estaba guardando, además de la oportunidad de bromear con todo lo que había pasado. Jordan la miró un poco burlón y al instante, la chica bufó —¿¡Dos!?

—¿Y qué con eso? —gritó, avergonzada.

—¡Que son dos! —Jordan terminó por reír a verla sonrojada —¿En qué diablos estaban pensando?

—¡Es que eso no sé piensa! ¿Tú que crees? ¿Qué le pedí expresamente a Aikka tener dos bebés?

—Dicen que si deseas algo con mucha fuerza…

—¡Jordan! ¡Ni siquiera lo digas! —sin pensárselo dos veces, Eva lo golpeó en el brazo con su puño y él se quejó, no sin dejar de reírse —Eres odioso, Jordan.

—Si no fuera así, no sería tu mejor amigo —Eva refunfuño, pero le dio la razón con otro leve empujoncito.

Sus risas fueron escandalosas y en más de un lugar alguien sonrió al imaginar un par de jóvenes divirtiéndose. El ruido se fue apagando hasta que se hizo un silencio completo, pero no incómodo. A pesar de que Jordan había puesto sobre los hombros de la chica una chalina gris, regresaron a la posición de él abrazándola por los hombros y ella con su cabeza recostada en él. Jordan no quiso romper el momento. Ya había notado que la mirada de Eva estaba perdida en el firmamento oscuro, en las pocas estrellas que se alcanzaban a notar. Su mente comenzó a nombrar todos y cada uno de los objetos que estaban a simple vista. La mente de Avatar era prodigiosa, y desde el primer momento fue capaz de recordar todo lo que conformaba su galaxia. Aunque su favorito era el minúsculo puntito azul que se veía en el extremo de la Vía Láctea.

—Jordan… —murmuró Eva, sin despegarse de él y sacándolo de sus pensamientos desordenados —¿Oban se puede ver desde aquí?

—Está muy lejos, no estoy seguro —reflexionó, un poco más para él que para su amiga— Quizá en un lugar más oscuro pueda verse un poco de su brillo.

—¿Hacia dónde está?

—Hacia el centro de la Vía Láctea, aunque Lo Creadores no llaman así a la galaxia, ¿sabes? Tiene un nombre muy extraño que me cuesta pronunciar—Eva negó con la cabeza, divertida por la eterna actitud desenfadada de Jordan. Lo vio cerrar los ojos y concentrarse durante unos segundos —Bueno… —lentamente despejó su mirada y se concentró en un punto al frente de ellos, se colocó detrás de Eva y señaló una estrella que, aunque para él era visible, no así para Eva —Por lo que puedo sentir, está hacia allá. Tendrías que verla como un resplandor dorado en medio de dos constelaciones.

—No veo nada, Jordan.

—Sí está ahí, Eva. Pero la luz de las ciudades no deja que la aprecies —su mente comenzó a pensar en una manera de hacerla ver —Mañana, antes de irme, te prometo encontrar la forma de que sepas siempre hacia que dirección se encuentra Oban —volvió a sentarse, viendo hacia el mismo lugar en el que le había indicado a Eva —¿Por qué la pregunta?

—Es que… no te rías de mí, ¿de acuerdo? —le pidió, enderezando la espalda y fingiendo estar altiva —A veces le hablo a los bebés —Jordan sintió que el corazón se le encogía de ternura —Me gusta… contarles lo que pasa afuera, o sobre Aikka. Y el otro día me imaginaba que les decía que estaba en Oban, pero no puedo decirles donde está porque jamás me pregunté su ubicación en el cielo.

—Te creo y lo sabes. Pero… ¿no es más por ti que por ellos? —la cuestionó, ella se mordió el labio, pero se mantuvo impasible —Yo sé y entiendo lo que pasa entre los dos. Y también sabes que soy testigo de lo mucho que se aman —por una vez, referirse a ese hecho no le supo amargo, y eso lo reconfortó.

—No sé si es porque estoy embarazada o por alguna razón que desconozco, pero… Jordan… Si me ama, si nos ama, ¿porqué se fue? ¿porqué no me dijo que se tenía que ir?

El Avatar llegó a temer que Eva llorara, pero lo que vio en su mirada le acongojó más. Su expresión delataba una pena profunda y una soledad insuperable. Sí, Eva estaba rodeada de muchas personas, y todas la amaban. No tendría motivo ni razón como para llegar a pensar que estaba sola. Pero Jordan si que lo entendía. No era que no hubiera nadie para ella, sino que faltaba la única persona a la que ella no había tenido que buscar. Aikka llegó por su propia cuenta a su vida, el decidió quedarse y algo que ella no controlaba lo hizo decidir alejarse. Su soledad era peor porque era una a la que la orillaron.

—¿Lo habrías entendido? ¿La razón por la que tuvo que irse? —Jordan comenzó a tomar todo el aire que era posible. Ya se imaginaba el tema difícil que iba a empezar a discutirse—Sé sincera. ¿Habrías aceptado sus razones?

—¡Es que ni siquiera sé porque lo hizo! —respondió, aguantando el nudo en su garganta y molesta consigo misma por quebrarse tan rápido —Solo sé un poco con lo que todo el mundo me ha dicho. Aikka… la última vez que nos vimos… sólo me dijo que nos volveríamos a ver. ¿Qué se supone que tengo que concluir de eso?

—Que nada de lo que pasó fue porque él lo quisiera. Por mucho que a veces me desespere, lo que hay que respetarle es que tiene palabra.

—Sí, eso lo sé. Lo único que te estoy pidiendo es saber por qué. ¿Qué es lo que tendré que decir cuando nuestros hijos pregunten por él? ¿Cómo estoy segura de que todo lo que lo extraño tiene razón de ser?

—Aikka si tenía motivos para no decírtelo tan rápido —Jordan se sorprendió de estar defendiendo al nourasiano, pero esperaba ser la parte mediadora de esa complicada pareja —Te lo iba a decir, aunque no sepa cuando. Pero, y me lo dijo él, no quería que te sintieras culpable por todo lo que sucedió. Porque no lo es. Lo que sucedía en su planeta o con él era algo que iba a explotar en cualquier momento.

—Jordan… solo dímelo, ¿está bien? Cuando sepa todo, entonces veremos que es lo que puede pasar.

—¿Y qué es lo peor? —Jordan temió, no podía negarlo.

—Que tú y Aikka se queden en Oban para la eternidad y les prohíba acercarse a menos de dos planetas de mí.

Jordan se rió, más por nerviosismo que porque la broma le hubiera hecho verdadera gracia. Sabía de sobra que su amiga no llegaría a esos extremos (o eso esperaba). Tenía la intuición de que Aikka los estaba observando hablar, y de verdad que le iba a tomar la palabra. Tenía que decirle todo lo que sucedía y todo lo que Aikka calló en su momento. Le iba a tomar un largo momento, pero al ver el brillo de los ojos rojizos de Eva, decidió que era el mejor momento para todo.

*.*.*.*.*

—Basta, príncipe Aikka. Ya te he dicho que no puedes entrar hasta que el Avatar llegué y él lo autorice.

—Satis…

—Lo siento. Pero son las reglas, y lo sabes desde el momento en que decidiste quedarte en Oban sabías que tenías que obedecerla.

Aikka casi tuvo el impulso de gritar o desobedecer todo lo que le estaba diciendo la figura traslúcida de Satis que se interponía en la entrada de lo que parecía ser un gran hangar, mismo por el que pocos momentos atrás el módulo en el que viajaba el Makrim se había internado para esperar que el Avatar llegara a ejercer su autoridad.

Sin embargo, el saber que Satis había llegado a ser un Avatar y había pasado a formar parte de los Creadores, sesgaba demasiado su capacidad de actuar. Al fin y al cabo, lo habían educado para ser un príncipe que respetaba a sus superiores. Aunque quisiera internarse en el lugar donde estaba el ser que había atentado contra la vida de su Eva y, de paso, de sus hijos, la autoridad del pequeño ser y la gran puerta sellada se le impedía. La sangre le hervía de solo imaginarse todo lo que podía haber detrás de esas agresiones. Y lo peor era que el miedo más terrible parecía ser el más posible.

La mayor parte de la galaxia sabía que el pueblo de los Makrim había estado aliado con el Imperio Krog cuando estos decidieron empezar con cruzadas por conquistar tantos planetas como le fueron posible. Por sus propios problemas internos, los Makrim se abstuvieron de participar en la conquista de la Tierra, y los krogs llegaron a pensar que fue su ausencia contra un enemigo crucial lo que los hizo perder en aquella ocasión. Muchos rumores corrieron entorno a ese hecho, y todos apuntaban que la alianza, en lugar de debilitarse, se había fortalecido y ambos planetas habían llegado a un acuerdo de eterna cooperación. Para Aikka no iba a ser una sorpresa si resultaba que el personaje que estaba detrás había sido enviado por los krogs para terminar con Eva y asestar un duro golpe contra la Coalición Tierra y contra la monarquía nourasiana que se había involucrado con ellos. No, no era sorpresa lo que se le ocurría. Era un profundo odio, que no había pensado que podía sentir.

—Sé lo que sientes, príncipe Aikka —volvió su atención a Satis, quien lo miraba con la sonrisa llena de sabiduría que siempre lo había caracterizado —Pero tu enojo no va a resolver el conflicto. Lo mejor es que vuelvas a casa y pienses con detenimiento.

—Pero Satis…

—Se supone que los nourasianos son conocidos por su capacidad reflexiva y lo conciso de su carácter, y tú no eres la excepción. Haz precisamente lo que te enseñaron y sé paciente —un suspiro poco común se hizo presente en el nourasiano, haciendo que Satis entendiera algo de lo que lo tenía inquieto su corazón —No pienses en lo que pudo haber pasado, Aikka.

—¿Eh? —el príncipe se sorprendió de saberse descubierto.

—Estás dejando que las suposiciones y pensamientos sin razón te atormenten —le dijo, mientras repasaba la larga barba con sus manos —¿No confías en Eva?

—¡Claro que lo hago!

—¿Y porqué estás pensando en todo lo malo que pudo haber pasado? Eva siempre ha sido una chica muy irreverente, pero eso mismo la ha hecho valiente y responsable. Nos equivocamos más nosotros en no creer en ella, que ella en arriesgarse.

—Nunca dije que no creía en ella.

—Tú sabes que eso no es del todo cierto, Aikka —replicó el anciano, comenzado a alejarse del hangar. El nourasiano no tuvo más opción que seguirlo, dándole una ultima mirada al lugar donde el Makrim estaba recluido —Si hubieras creído en ella desde el principio, se habrían ahorrado muchos problemas, ¿no crees?

—Nada me aseguraba que ella me entendiera, y yo no quería herirla.

—Me sorprende que seas tú el que más dude, Aikka. Habría pensado que tu educación y la sabiduría de tu pueblo te ayudarían a entender mejor a las personas —Satis le señaló la cúspide del templo del Avatar, donde se encontraba el espejo por el que podía ver cualquier rincón de la galaxia —Ve y compruébalo por ti mismo. Jordan está hablando con ella.

Pocas veces, y solo en ocasiones muy fuertes, el príncipe podía decir que había sentido verdadero miedo. Y esa era una de aquellas. Sin siquiera despedirse de Satis, comenzó a caminar hacia la habitación de Jordan, temiendo de que viera algo que le doliera más que todo lo que había sucedido.

¿Qué motivación podrían encontrar si Eva no lo entendía y decidía que, al final, podía hacerlo todo sola y sin ayuda del príncipe? Porque Aikka jamás dudaría de la capacidad de la joven Wei para resolver cualquier situación. En ningún sentido lo iba a necesitar si ella así lo decidía. ¿Y el qué iba a decir para defenderse? Que la amaba, los amaba. Solo tenía eso que ofrecer, después de haber sido despojado de todo. Pero en su situación, hasta dudaba que eso fuera suficiente. ¿Qué había hecho para demostrarle que la amaba? Ni seguridad, ni presencia, ni cariño, ni verdad. Nada.

¿Porqué no confió en mí, Jordan?

Sin saber cómo, llegó hasta la habitación central y la voz de Eva venida desde el espejo fue lo primero que lo recibió, con las palabras que más podían dolerle, porque parecía como si se hubiera esforzado en hacerlas verdaderas, cuando eran todo lo contrario.

Con el miedo latente de ver algo que lo destruyera, se colocó frente al nítido cristal, en tanto que la imagen de Jordan y Eva, sentados juntos. Ella, como nunca y como siempre, se veía preciosa. Envidió como nunca a Jordan, que podía estar junto a Eva. Y contrario a lo que pensó que encontraría, en la mirada de ella no había odio, o rencor, o algún indicio de que ella no quería saber nada más de él. Aunque no sabía si hubiera preferido eso o lo que en verdad encontró. Decepción y tristeza. La combinación de esos sentimientos de un modo profundo, avasallador, más hiriente que el mismo odio. Aikka sabía que era el responsable de que una mirada tan viva y enérgica como la de Eva se viera opacada de una forma tan oscura y, por primera vez en mucho tiempo, se llegó a cuestionar si su llegada a la vida de Eva de verdad había sido lo mejor para ella. ¿No estaría mejor sin haberlo conocido?

Hay que aceptar que no siempre reaccionas de la mejor manera, y lo digo por experiencia —Aikka ni siquiera se inmutó al ver a Jordan abrazarla por los hombros —No quiero decir que tu novio no se equivocó, pero tú sabes que una relación se complica por responsabilidad de los dos, no solo de una de las partes.

Creo que ya ni siquiera somos pareja, Jordan.

El príncipe se quedó paralizado, sin saber si darse por perdido o esforzarse por poder, algún día, demostrarle lo contrario. Pero claro que no lo eran, y había sido la misma Eva quien terminó todo, abrumada de saber que alguien a quien amaba tenía más secretos ocultos que verdades contadas.

Eva… van a tener dos hijos, y solo quiero que pienses que le dijiste que lo amabas la última vez que se vieron.

¿Y?

¿Qué? ¿Acaso no es cierto? ¿De verdad necesitas que él te diga que son pareja para que sigas sintiendo algo por él?

Muy posiblemente Aikka hubiera preferido que ella dijera que no, que no lo amaba más, que todo lo que los unía eran sus pequeños. Así, aunque doliera como mil dagas en el corazón, sabría que ella podía buscar ser feliz con alguien más, que no estaría atada a un sentimiento que, aunque correspondido, se iba a basar de anhelos en lugar de presencias, que ella lo había soltado.

Por otra parte…

Claro que no —la respiración de ambos, incluso a los millones de kilómetros de distancia, se acompasó a un mismo ritmo, el de la aceptación. La seguridad de que no había otra respuesta que la que navegaba en sus mentes. Una respuesta que, aunque pasaron los años, aunque el espacio entre ellos fuera mayor, siempre iba a ser la misma. Siempre, a través de los siglos y las estrellas —Sé porqué hizo lo que hizo, aunque sigo sin entender que diablos tuvo que pasar para que no me dijera que lo estaban obligando a casarse, o que se quedó sin el trono de Nourasia, o que su hermano y la novia de él estaban tratando de…

—¡Eva! —Aikka se descubrió gritando al mismo tiempo que Jordan, después de que la humana se había puesto de pie intempestivamente, enojada, caminando en círculos y enlistando los errores que el nourasiano ya se sabía de memoria.

¡Sí! Con eso y todo lo demás, lo amo —terminó gritando, dándole un golpe a Jordan en la cabeza, quien se desternilló de risa ante las acciones de ella —Pero eso también significa que cuando regrese, nos va a dar todas las explicaciones que le exijamos.

Se lo puedes decir directamente, Eva. Te juro que nos está escuchando.

Aikka esperó lo que sea que saliera de sus labios. Si su corazón ya había soportado todas las emociones del día, y de ese mismo instante, al escucharla decir que lo amaba, iba a resistir lo que fuera con lo que Eva decidiera amenazarlo. Pero no. Solo la vio detenerse y mirar hacia el vacío que era el cielo nocturno de la Tierra, un suspiro llenando de aire su cuerpo. La vio abrir sus labios como si fuera a decir algo, pero no. Solo una negativa con la cabeza.

No le diré nada hasta que venga hasta aquí. Y espero que de verdad me esté escuchando. Después de todo esto, no quiero que me imagine como una carga. Tiene que venir, y también sé que quiero hacerlo. Así que lo voy a esperar. Pero es todo. Decidiré cuando sea él el que me diga todo lo que acabar de decir.

Aikka resopló y, en efecto, casi sintió que se quitaba un peso de encima. No porque Eva fuera un pesar, sino que, por lo menos, sabía que lo iba a esperar. Eso, le daba una esperanza y calor a su corazón que no se esperaba. Que lo perdonara o que quisiera iniciar una vida juntos podría pasar a un segundo plano si ella estaba dispuesta a dejar que se acercara. Quizá podría sonar egoísta para él mismo, pero su instinto paternal comenzó a aflorar después de ver el hermoso vientre abultado de Eva, en donde sus pequeños crecían con paciencia. A pesar de lo enamorado que estaba, ellos siempre iban a ser lo importante. Podía renunciar hasta a Eva, pero le aterraba más -mucho más- la idea de no estar con ellos.

Con una sonrisa irónica, que estaba seguro de que era para él, vio que Jordan se levantó de donde estaba sentando para seguir a Eva y cubrirla con un chal y su abrazo divertido, mismo que al que ella no se resistió. Aikka le agradeció el gesto en silencio y se retiró a su propia casa, que Jordan había mandado a edificar cerca del lago donde empezó su historia de cercanía a Eva.

Antes de entrar, se prometió recordarse que, apenas Jordan pusiera un pie en Oban, lo iba a obligar a que lo dejara estar presente en el interrogatorio al Makrim. No podía no estar. Tenía muchas cosas que decirle a ese ser.

*.*.*.*.*

No estuvo.

Jordan llegó en una de las madrugadas al Planeta Madre, sin que Aikka se enterara de ese hecho. Para cuando despertó y se disponía a iniciar sus deberes, se encontró con el módulo en que viajaba el Avatar, señal inequívoca de que ya se encontraba en Oban.

Se tomó unos segundos para maldecir internamente al humano impertinente, para después correr hacia el hangar en el que debería estarse llevando a cabo el juicio. Para su infortunio, la figura traslúcida de Satis estaba enfrente de las gigantescas puertas de piedra, sentado en una piedra y jugando con un pequeño insecto que volaba a su alrededor.

—Ni siquiera trates de impedirme entrar, Satis.

—Jordan dejó magia en las puertas para asegurarse de que te mantuvieras afuera —le dijo el pequeño ser apenas lo vio llegar.

—¿Porqué?

—Porque últimamente estás dejando que tus emociones te controlen y no quería que irrumpieras en lo que iba a hacer.

—¿Hace cuánto está ahí? —preguntó, después de implorarse calma y paciencia.

—Desde que llegó en la madrugada —le contestó, dejando que el insecto se parara en su bastón —Apenas aterrizó, se encerró a hablar.

—Entonces…

La frase no terminó de ser completada, pues las puertas se movieron con un rugido estruendoso. Jordan salió caminando con pesadumbre y, antes de que Aikka pudiera preguntar lo que sea, vio como el módulo del Makrim partía de Oban. Solo con ese par de observaciones, supo que nada había salido como lo esperaban.

—¿Qué sucedió? —preguntó, ante la mirada siempre pasiva de Satis.

—No hay modo. Sé porque hizo lo que hizo, Aikka —soltó Jordan apenas se encontró con él y lo escuchó —Pero no puedo demostrarlo y castigarlo por eso sin que viole las restricciones de mi poder.

—Pero…

—¡Lo sé! —gritó, y Aikka entendió un poco de su frustración —Lo sé todo. Yo pude ver en él la clara intención de haber querido…

El nourasiano sintió su sangre hervir. Asesinar. Esa era la palabra. Asesinar. El Makrim había tratado de hacer eso con Eva, Jason y sus hijos. Tan solo con ver la expresión iracunda del Avatar, lo entendió.

—No puede estar libre. Va a volver con los krogs.

—Sí, me imaginé eso. Por el momento, lo más que pude hacer fue imponerle restricciones. No va a poder abandonar su planeta ni establecer comunicación con alguien que no sea aprobado por mí —Jordan suspiró y se sentó a un lado de Satis, que le palmeaba la roca para que lo acompañara —Me desespera no poder hacer más. No poder culparlo, porque yo sé que es culpable.

—Tienes una eternidad para todo eso, Jordan —habló Satis, aunque esas palabras iban también dirigidas para Aikka —Lo hecho, hecho está. Y saben que no pueden cambiarlo, solo actuar en consecuencia. Por favor, piensen con cuidado que es lo que quieres hacer.

Jordan y Aikka compartieron una mirada. Aunque no quisiera admitirlo, no había nada más que hacer que lo que el antiguo Avatar les estaba recomendando. Proteger, no solo a Eva, sino a toda la Tierra, era lo único que se les ocurría. Era de los pocos planetas que siempre iba a estar en la mira de los seres conquistadores de la galaxia, en ese momento más que nunca. La Tierra y Nourasia, pero a esta última, ambos estaban de acuerdo que solo podían intentar, pues en su interior estaba completamente perdida para ellos.

*.*.*.*.*

En la lejana Nourasia, al mismo tiempo que en Oban se debatían las acciones a tomar contra el Makrim y los krogs, Luka era informado por Kronos acerca de la actual situación y sus muchas suposiciones.

—El Avatar no va a tomar represalias contra ustedes. No va a poder comprobar nada —le aseguró el krog, después de que el rey le hubiera hablado de sus preocupaciones —Seguiremos con todo lo que hemos acordado, y ustedes manténganse como hasta ahora.

—No estamos a tu servicio, Kronos —replicó Cairen, quien nunca se perdía una sola de las audiencias entre ambos planetas —Es un intercambio de favores.

—Mi favor es no dejar que se mueran, su Majestad —comentó con ironía el krog, riendo ante lo frustrados que se veían los reyes nourasianos —Si siguen vivos, es porque así lo hemos querido.

—¡Tú prometiste protegernos, Kronos! —explotó Luka, quien sabía, mejor que Cairen, de los apuros que comenzaban a padecer los habitantes del pequeño planeta.

—Sí, es cierto. Protejo la insignificante existencia de Nourasia. Lo que pase dentro es su problema. Yo jamás te pedí que renunciaras a tus tratados con otros planetas. Esa sue tu decisión y si tu población se muere de hambre, considérate responsable.

—Lo hicimos porque no teníamos opción. Todos apoyan a la Tierra y a Aikka.

—No cuestiones las alianzas, joven rey —le advirtió el krog, aunque su mirada se fijó en la reina —Yo te puse en el trono, y yo mismo puedo quitarte. Aikka ya había entendido que, una vez que están en alianza con nosotros, nos lo deben todo.

—Kronos…

—Si no te convence, entonces piensa tú solo como alimentarás a tu pueblo. Nunca olvides que las naves krogs siempre estarán afuera… protegiéndolos.

La transmisión se cortó por acto del krog y, apenas dejaron de ver la imagen del amenazante ser, Cairen se dejó caer sobre su trono. Luka se apresuró a ayudarla, tomando su mano y sintiéndola fría y trémula. Cairen respiraba profundamente, intentando calmar el temblor que recorría su cuerpo.

—Vamos a nuestra habitación —le pidió Luka, ayudándola a levantarse. Se preocupó aún más cuando la vio sostener su vientre, donde el pequeño príncipe crecía, aún en medio del caos —Cairen… tu salud empeora.

—No hay forma de que no lo haga con todo esto —respondió, apoyándose de su esposo para no caer. Agradecía que no hubiera nadie que la viera, pues iba a ser el acabose para los nourasianos saber que su reina estaba enferma —Estoy pensando en lo que tendremos que hacer. Solo teníamos la ayuda del Imperio Krog. Sin su aportación… Nourasia no puede mantenerse solo.

—Claro que sí —contradijo Luka, asiéndola más fuerte y caminando despacio a su habitación, atravesando los solitarios pasillos —Pudo en sus inicios, podrá hacerlo ahora, te lo aseguro.

—Odio la lealtad que le tienen a tu hermano —escupió, recordando las duras palabras con las que los representantes de sus antiguos aliados les decían que, si no era con Aikka como rey, los tratados de hermandad debían concluir —Pero te juro que les demostraré que no necesito de sus estúpidas alianzas para reinar.

Los nourasianos son seres sensibles. Sus sentimientos suelen manifestarse de forma visible y hasta táctil. Tanto el amor era una fuerza poderosa que se manifestaba en energías positivas, el odio hacia lo propio. Y eso Cairen lo sabía, pero nunca pensó que su resentimiento comenzaría a alcanzar al ser que no portaba ninguna culpa.

*.*.*.*.*

¡Hola! Yo sé que la ausencia ha sido gigante, pero lo cierto es que mi vida ha dado muchas vueltas y no tenía la cabeza como para ponerme a escribir. Este capítulo lo tenía ya casi listo, pero no sabía muy bien como terminarlo, hasta que hoy se me aclaró la mente y me puse a él. ¡Y estoy muy feliz con él! Segura de que, en dos capítulos, tendremos un par de nacimientos muy importantes. Oh sí, Eva y Cairen tendrán a sus pequeñitos para dentro de dos capítulos, así que estén listos todos.

¡Los amo! Muchas, muchas gracias por los que siguen aquí, que no me abandonan y siempre se toman un momento para dejar sus impresiones. También para mis fantasmas. Gracias por seguir dándole una oportunidad. ¡Feliz 2019! Este es el año del final de este fic, y quizá el inicio de su segunda parte. ¡Nos vemos pronto!

PinkAngel90: ¡Te extrañé mucho! ¡Me hizo muy feliz verte de nuevo por aquí! Por favor, cuídate mucho para que no tengamos que preocuparnos de nuevo. Te prometo que todas esas preguntas están listas para ser respondidas en los próximos capítulos. En el siguiente, verás como es que Eva y Cairen llevan su embarazo, y como es el ambiente en la Tierra (sí, Alexa y Aitan), y como van a nacer los chiquitos. ¡Ojalá que te guste! Te mando un abrazo gigante y mis mejores deseos.

Temptress101: ¡Hola! Bueno, ya viste que Aikka no puede hacer mucho. Y es que, si Jordan lo permitiera, puede considerarse como un abuso de poder y desatar más problemas. Pero no te apures, que ya llegará su karma. Todos están callados y tranquilos por el momento porque quieren ver como evolucionan las cosas. Recuerda que Luka no sabe que Eva tendrá hijos con Aikka, del mismo modo que en la Tierra no saben lo que pasa en Nourasia. ¿Los krogs lo saben? ¡Ya pronto lo sabrás tú! ¡Te envío un abrazo enorme hasta Serbia! ¡Mis mejore vibras para este año nuevo!

Ninfa: ¡Jamás me olvidaría! Así que espero que tú nunca me olvides. Ojalá te haya gustado el capítulo y te mando un abrazo enorme.

Kido-san: Jajaja… mira que la calma es momentánea, porque las cosas se van a desatar, aunque no haya guerras de por medio, estas siempre son solo un instrumento de planes más grandes. ¡Ya sé! Es muy complicado llevar un fic, pero es hermoso cuando hay reviews y muestras de amor para el trabajo. Siempre son lo que me ayudan a seguir escribiendo. Te prometo más de Eva con su pancita para el siguiente capítulo. ¡Un abrazo enorme!

Arabela18: ¡Muchas gracias por tus palabras! Todo lo que hago es para que les guste y me llena de felicidad que así sea. Aún falta algo de tiempo para que Eva y Aikka se encuentren y hablen, pero pasará cuando tenga que pasar, aunque eso no significa que uno no verá al otro frente a frente sin que ese otro lo sepa… ¡Un abrazo!

Aelita: ¡Estás muy cerca de adivinar que es lo que va a llevar al quiebre de Luka! Sí, una guerra interna es algo parecido a lo que va a suceder. Porque, por su necedad, está aislando a Nourasia de todos los demás planetas. Sí, también los bebés cuentan con una parte de magia por su padre, y vas a ver que eso hace cosas especiales en su madre. Estos niños, y el de Cairen, son maravillosos, te lo prometo. Me encanta leer tus teorías, así que no dudes en dejarlas, que estás acercándote mucho a lo que sigue. ¡Te mando un abrazote hasta el bello Brasil! Te quiero.

P.D.: El título de este capítulo es de la canción "Still falling for you", de Ellie Goulding.