Capítulo 33: I believe that one day I will be where I was
—Su Majestad debería considerar quedarse en reposo durante el resto de su embarazo.
La actual reina de Nourasia dejó caer su cabeza sobre el cúmulo de almohadas en las que su es espalda estaba recargada, en tanto que su mano se aferraba más al tacto de su esposo. Luka se veía genuinamente preocupado, pues fue un conjunto de malas circunstancias en ese mismo día que terminaron por quebrar la delicada salud de Cairen y el bebé que llevaba con ella. Bastantes días atrás, ya había presentado algunos signos de que no se encontraba bien.
Dos peleas con representantes de planetas, una negativa de los krogs para que intercedieran por ellos ante la comunidad galáctica y la petición de la mitad del Consejo de pedir la intervención del Avatar, Cairen no lo soportó más. La vista borrosa, las náuseas a cada momento del día, los debilitamientos, el frío, todo, al final fueron demasiado para ellas y los nourasianos nobles que estaban en una reunión entraron en desconcierto al ver a su reina desmayarse.
Tuvieron que hacer traer a los mejores médicos y curanderos de la ciudad capital de Nourasia para que examinaran y concluyeran cual era el padecimiento de Cairen. Quienes la revisaron tuvieron un momento para determinar que es lo que sucedía con ella. Aunque la reina tenía los ojos cerrados, era Luka el que estaba pendiente a cualquier detalle y no puedo pasar por alto la evidente preocupación de los médicos cuando llegaron a una conclusión.
—Aún falta mucho tiempo para que nazca mi bebé —se quejó Cairen, observándolos molesta en cuanto uno de los médicos hizo su recomendación —Y soy la reina. No puedo simplemente quedarme aquí sin hacer nada.
—Amor… —Luka apretó un poco su mano, pidiéndole un poco de calma —Hazlo por hoy, ¿está bien? Después podemos buscar alguna alternativa.
—Su Majestad… —uno de los curanderos tocó el hombro de Luka, haciendo una reverencia cuando obtuvo la atención de este —A mis colegas y a mí nos gustaría hablar con usted para hacerle saber nuestro diagnóstico. ¿Nos permitiría un momento?
Luka asintió y, antes de salir de la habitación real, acompañado de todos los nourasianos que revisaron a su esposa, la besó en la frente y le pidió que tratara de quedarse dormida en tanto que él se ocupaba de los asuntos que tuvieran que ser atendidos. Guió a todos a una de las terrazas, desde donde se tenía una vista envidiable de la ciudad que se extendía a los pies del castillo.
—Entonces… ¿qué es lo que sucede? —cuestionó después de un momento de silencio, en el que los médicos esperaban una palabra de su rey.
—Su Majestad. Lo que sucede con la reina es algo que nos ha desconcertado a todos —habló uno de los más ancianos —Lo hemos observado en algunos otros casos, pero nuestra medicina no ha entendido. Y usted sabe las restricciones de nuestra magia.
—Sí, por supuesto —Luka lo sabía. Aunque la magia de los nourasianos era increíble y poderosa, no podía ser usada de forma indiscriminada. Cuando era algo que se relacionaba con el cuerpo de un nourasiano o cualquier otro ser, se tenía que saber exactamente lo que padecía el objetivo y como se quería hacer. No había lugar a dudas, pues la magia mal empleada podía, incluso, terminar en tragedia como la muerte. Era un riesgo que no se podía correr, menos aún con la monarca del pequeño planeta —¿Tienen alguna sospecha?
—No, pero sí sabemos de otras mujeres que han padecido lo mismo.
—¿Y qué ha resultado de eso?
—Han… —otro de los médicos tomó la palabra, dudoso, pero consiente de que no podía callar una información tan importante para sus soberanos —Algunas de ellas han fallecido, pero es mucho más común que sean sus hijos los que pierdan la vida.
Luka claramente sintió como si la sangre hubiera dejado de correr por sus venas. Se mantuvo estático, pasmado y sin querer procesar demasiado esa idea. Todo lo que pasaba en el planeta a su cuidado pintaba para una catástrofe, pero nada de todo ello carecía de una solución. Sin embargo, ¿qué podría ser suficiente como para recuperarse de la muerte de alguien que era tanto en su vida como Cairen o su propio hijo? Eso sería el acabose para él, el aguajero oscuro del que jamás encontraría una salida.
Negó con la cabeza, resistiéndose a imaginar semejante escenario. Desde esa noche, se prometía suplicar a sus diosas siempre que tuviera la oportunidad que ayudaran a la soberana de Nourasia. Daría todo de él para que Cairen viviera su embarazo en el mejor ambiente posible, sin preocuparse por el rumbo de su planeta. Aunque para eso tenía que meditar y ejecutar todo un plan para rescatar a Nourasia.
—Quiero que un grupo de ustedes se queden a residir en el palacio —explicó, después de que el silencio se mantuviera en todos —Necesito que puedan estar prestos para ayudar a mi esposa y mi hijo en caso de que lo requieran. Me gustaría que ambos estuvieran vigilados a cada momento y que se les dé la atención que sea pertinente.
Los médicos y curanderos compartieron miradas nerviosas entre ellos. Lo cierto es que, para nadie, ni siquiera en las ciudades más lejanas de la capital de Nourasia, pasaba inadvertido que una crisis se avecinaba sobre el planeta si los reyes no encontraban una solución pronto. No era solo la incertidumbre acerca de los acontecimientos, sino que los nourasianos comenzaban a desarrollar una especie de rechazo por aquella pareja que gobernaba sobre ellos.
Muy además de que a los nourasianos les preocupaba el rumbo que tomarían sus vidas si todo se volvía desastroso, la mayoría de ellos sentían algo de rencor por el trato que su legítimo príncipe recibió después de lo sucedido en Ōban, lo que planeaban hacer con él en su planeta y la frialdad con la que Luka juzgo a su hermano. Para muchos de ellos, aunque hubiera otra persona en el trono de Nourasia, solo había un verdadero rey, y solo a él le debían su lealtad. Porque, eso sí, la obediencia a un soberano no significaba que el corazón de su pueblo estaba con él.
Precisamente eso era lo que sabían y sentían los médicos, que en ese mismo instante se debatían en cumplir las órdenes, como era su deber, o negarse y mostrar de una buena vez que ellos también pensaban que era su príncipe Aikka el que debía estar ahí. Por otro lado, y eso lo tenían muy claro, no podían negarse a cuidar del hijo de la reina. Esa criatura no tenía la culpa de que sus padres fueran unos usurpadores y de la injustica que habían cometido contra su tío. Su conciencia no iba a estar tranquila si algo le pasaba al futuro príncipe por culpa de ellos. Por la reina Cairen harían lo que estuviera a su alcance, pero también creían firmemente en que la justicia de sus divinidades obraría sobre ella de la manera más adecuada.
—Nos quedaremos todos, Majestad —indicó uno de ellos, que eran siete —Haremos todo lo que esté en nuestras manos por su hijo. Pero creo que debe saber, respecto a su esposa que, aunque nosotros nos esforcemos, Sekai y Nuram deberán decidir si la reina es digna de seguir con nosotros.
—¿De qué están hablando? —los increpó, enojándose una vez más por los constantes ataques contra Cairen.
—Es nuestro deber ayudar a todos los que nos requieran, más aún si es la realeza la que nos solicita —el más viejo de todos habló de nuevo, secundado por sus compañeros —Nuestra habilidad llegará hasta donde nuestros dioses quieran y con la justicia que deseen imponer. La conciencia de sus majestades sabrá a lo que referimos.
—Están sugiriendo que ni ella ni yo ni nuestro hijo merece que alguien interceda por nosotros —fue una afirmación antes que una pregunta.
—Rey Luka, seremos sinceros con usted —uno de los más jóvenes, un médico nourasiano que quizá era de la misma edad que la del rey —Es momento de aclarar que nuestra lealtad, y sé que habló por todos, ha estado y estará siempre con la familia real y la línea de sangre legítima. Antes que la reina y usted, el príncipe Aikka tendrá nuestro completo apoyo.
—¿Y saben quién fue él que asesinó a nuestro padre y quien evadió la responsabilidad de sus acciones huyendo a Ōban? —Luka trató de defenderse, pues últimamente las acusaciones de planetas enteros acerca de la injustica contra su hermano le hacían cuestionarse si, en verdad, Aikka había merecido todo lo que se le hizo.
—Ni usted puede objetar la palabra del gran Avatar, y lo sabe. Si él decidió que el príncipe Aikka era digno de su ayuda, su motivo deberá tener —Luka había escuchado eso mismo innumerables veces. Personalmente, creía que la salvación que había otorgado el Avatar se debía más a un asunto de amistad que de justica. Pero eran tantas las insistencias, que ya comenzaba a dudar. Quizá, en algún momento, debería solicitar una audiencia con el regente de la galaxia para que le explicara todo lo que había pasado aquel día, aunque cambiara radicalmente sus decisiones. Pero no estaba listo aún. No podía aceptar que Aikka podía tener una segunda oportunidad —Ahora que sabe que es lo que pensamos y donde está nuestra verdadera lealtad, ¿acepta que nos quedemos?
—No puedo arriesgar la salud de mi esposa y de mi hijo solo porque nuestras impresiones no son las mismas —aceptó, con la frente en alto pero la moral ligeramente destrozada —Les pido que hagan lo mejor que puedan para ayudarlos. Los entiendo, pero eviten tener que mencionar lo que sea de esto frente a Cairen. Ella si que no tolerará una falta de respeto de ese tamaño.
—Rey Luka, ¿puedo darle un consejo? Bajo riesgo de que me saque del palacio o se me acuse de traidor —aunque a él le pareció que no debía oír lo que seguía, porque, como tantas veces pasaba últimamente, lo descolocaría y le haría dudar de todo lo que pensaba, terminó por asentir y prepararse para lo que sea que dijera —Devuelva lo que no es suyo. Usted, en el fondo de su ser, sabe la verdad y lo que está bien. Su familia no va a mejorar si se sigue fundando un reino en la injustica y el rencor. Quiera o no, al final lo que es correcto y bueno será lo triunfe. Estoy seguro de que todos aquí viviremos para ver el día en el que llamemos Rey Aikka a nuestro único heredero.
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20 semanas
—A ver, lo voy a repetir por última vez. Solo dos personas entraremos con Eva. Ni uno más —las réplicas contra las palabras de Don no se hicieron esperar. Todos los que estaban en la sala de estar del hogar de la familia Wei replicaron, haciendo que el pobre hombre sintiera sus nervios colapsaran —¡No pueden entrar todos!
Eva rió, aún acomodada entre el montón de mullidas almohadas que Alexa y Amina le habían dispuesto en uno de los sofás. La princesa nourasiana estaba sentada en la alfombra y recargando la cabeza sobre el sillón en el que se encontraba Eva. De todas las cosas curiosas de los terrestres, el hecho de que las formalidades y hasta el recato se perdieran cuando se estaba en el hogar y con la familia. De ese modo, el sentarse en el piso sin que eso significara que era descortés había sido una de las cosas que más le habían encantado. Como ya consideraba a los Wei como su segundo hogar, se había convencido de que podía darse esas pequeñas libertades, del mismo modo que hacía Alexa, sentada a su lado en tanto que jugaba con uno de los listones del vestido de la nourasiana.
No solo eran ellas. Jason también estaba ahí con el brazo aún inmovilizado por el cabestrillo negro que le habían ordenado llevar por dos meses para no arriesgarse a otra lesión. Él, junto con Stan y Kouji, sabían que, en el caso de que Don se pusiera selectivo, serían los últimos en ser escogidos para acompañar a Eva, muy a pesar de que ella los considerara como hermanos; todo eso no se debía a otra cosa más que Don seguía pensando que ellos eran los primeros en alentar a su hija a hacer locuras, y eso había hecho que cayeran varios escalones en la lista de personas a las que les confiaría a su hija y nietos.
Rick, junto con su esposa y su pequeño de poco más de seis meses, era el único que mantenía la calma, pues sabía que, aunque Don no le confirmara que lo iba a dejar entrar a la cita de ese día, en algún momento iba a terminar junto a él pues, aunque el hombre no lo reconociera, Rick se había vuelto la voz de la razón, conciencia, alivio y realidad de Don. Cuando sintiera que su corazón colapsaba por las emociones, iba a ser el excorredor quien le brindaría las palabras que fueran necesarias.
Por último, algo apartado, pero no por eso menos insistente, Aitan observaba todo y protestaba cuando se insinuaba que él, menos que todos, podría estar presente junto con sus princesas. Estaba dispuesto a que la Guardia Real hiciera todo un acto de presencia, aunque no supiera muy bien que era lo que se iba a hacer en la cita que Eva tenía para ese día. Dentro de sus funciones en Nourasia y que estaba dispuesto a mantener en la Tierra, era la de estar presente en los momentos importantes, ser un apoyo en los instantes cruciales por los que pasara la realeza a la que servía. Pero vaya que los humanos eran expertos en poner a prueba todo lo que conocía. Cada una de sus decisiones siempre tenía que ser cuestionada y pasar por los filtros de la princesa Amina, la propia Eva, el padre de ella y Alexa, aunque de esta última seguía sin comprender cual era su importancia. Esa terrestre, más que todos los demás, lo sacaba de quicio continuamente por la excesiva confianza -que más se asemejaba a impertinencia- que tenía con la princesa Amina y con Eva.
—Quizá el doctor no tenga demasiado problema con que sea todos, papá —intervino por fin la corredora, pues si seguían con esa discusión entre todos los que la conocían no irían a ningún lado.
Resultaba que ese día, como parte de los intensos cuidados sobre el embarazo de Eva por la especial condición en la que se había producido, le tocaba una de las revisiones más importantes, en donde se estudiaría el desarrollo de los mellizos y se cerciorarían de que su crecimiento fuera normal, sin enfermedades o alguna malformación. El médico que estaba encargado de su caso había expresado su preocupación ya que, al ser los padres de los bebés seres de dos planetas y especies diferentes, no se sabía si podía haber algún nivel de incompatibilidad, que generara problemas graves en la salud de los tres. Aunque las visitas al médico eran cada una o dos semanas, esa era especial. Más de un especialista, tanto humanos como nourasianos, se avocarían en ella.
Al final del día, si todos los resultados eran positivos, Eva podría tener la seguridad de que sus bebés nacerían bien. Solo restaría esperar de doce a dieciséis semanas para tener a sus pequeñitos entre sus brazos.
—No. Me niego. La idea es que estés tranquila y podamos ver lo que pasa en completa paz. S todos están ahí, serenidad es lo último que tendremos —una nueva horda de reclamos y promesas se hizo oír en la estancia de los Wei. Todos juraban que se quedarían callados y no sucumbirían ante la emoción de ver a los pequeños por los que todo el mundo -literal- esperaba —No cederé.
—¡Entonces va a tener que grabarnos todo, señor Wei! —Alexa comenzaba a aceptar que no entraría con su mejor amiga, y aunque estaba dispuesta a entrar en el consultorio en el último momento, por lo menos estaba tratando de ayudar a los demás a que pudieran ver algo —O dejar la puerta abierta para que podamos entrar.
—Don, el auto ya está aquí —Rick interrumpió al señor Wei antes de que replicara a la joven. Como siempre, y para mayor seguridad de su hija, había un chófer exclusivo para la familia que, para variar, era responsabilidad de Rick —De cualquier forma, todo esto lo vamos a terminar de decidir allá. Y sé que sabes que es más que probable que todos terminemos ahí.
Don resopló, pero ni siquiera se tomó la molestia de contestar, para diversión de todos. Rick ayudó a Eva a ponerse de pie, pues su vientre, muy a pesar de que solo eran cinco meses los que llevaba de embarazo, lucía -y pesaba- más de lo normal. Aunque claro que no podía esperar otra cosa si era doble. Desde varias semanas atrás se había despedido de las prendas que habitualmente usaba para empezar a vestir con cosas más holgadas, pero todas con el estilo justo, pues Amina y Alexa la habían aconsejado en todo momento.
Le sucedía mucho que, por las mañanas, apenas podía recordar que es lo que estaba pensando, pues sus sueños solían recrear mucho de lo que había sido antes de que todo tomara el rumbo que ahora llevaba. Si que añoraba los días en los que, aunque con pereza, se levantaba temprano por la mañana para ir a Wei Racing y entrenar hasta que la puesta del sol hiciera que la Arrow IV brillara con sus vivaces colores. Incluso extrañaba los extraños y extenuantes entrenamientos a los que Rick la sometía, "necesarios" según él. Hasta podía decir que extrañaba ir a la escuela con Alexa.
No era que no quisiera estar en esa situación. Durante esas semanas, había aprendido a amar esa nueva etapa que, aunque había llegado temprano, le producía un amor que no se creía capaz de sentir. No podía decir que era mayor o menor que el que le profesaba a Aikka, solo era diferente. No era que se sintiera plena, pero se sentía más Eva cuando pensaba que dentro de ella se estaban generando sus pequeños milagros.
La realidad no era mejor, pero era buena cuando los sopores del sueño pasaban y ella recordaba lo que estaba pasando. Sus manos acariciando su vientre, su voz regalando de los "buenos días" más tiernos que era capaz de proferir. Era uno de los cansancios que le gustaba sentir. Aunque detestaba el dolor en su espada después de más de un par de horas caminando por los pisos fríos de su casa, nada se comparaba con descansar después de eso en uno de los sofás viendo películas, con su abdomen crecido haciendo la función de mesa para el plato con sus bocadillos; o lo bonito que era dormirse sin terminar el film, y despertar teniendo las piernas de Don como almohada, y el acariciando su cabello con la mirada perdida en el refugio de sus nietos. Era complicado llevar esa situación, pero pocas cosas le habían causado tanta satisfacción como el prepararse para ser mamá.
Además, nada era tan extraño como que cada vez que se subía a un auto, la inundara un inmenso sueño, del que despertaba somnolienta y con ganas de golpear al que no entendiera que no estaba en sus cinco sentidos todavía. Eso, por supuesto, parecía no importarles a todas las locas personas que tenía por amigos pues, casi sin miramientos, el entusiasmo arrollador de Amina, Alexa y Jason la hicieron salir de su somnolencia de golpe, anunciándole que el viaje de quince minutos hasta el hospital había terminado.
—Y justo por eso es por lo que prefiero que entremos solos —Don se quejó de la animosidad de todo el mundo cuando le tendió una mano a Eva para bajar de auto —Si tú me lo dices, te juro que ni siquiera entran al hospital.
—Si no se comportan en los siguientes cinco minutos, yo misma seré la que los obligue a irse.
Pero contrario a lo que suponía, Jason y los mecánicos del equipo Tierra se adentraron corriendo al hospital y regresaron en breves instantes con una silla de ruedas para que su amiga se pudiera desplazar por los pisos de la imponente clínica sin el mayor esfuerzo. Con un gesto de la mano, Rick hizo que se alejaran de ella y, una vez que se hubo sentado en el aparato, fue su mismo entrenador quien tomó el control.
En la recepción, les dijeron que los médicos humanos y el par de nourasianos estaban completamente listos y esperándola para que los exámenes se efectuaran con la mayor rapidez y calidad posibles. Más de una persona quedó divertida de ver la comitiva que seguía a Eva, siendo que más de uno la reconoció como la mejor corredora de carreras interplanetarias. Así mismo, con humanos y nourasianos yendo detrás de ella a cada momento, subieron los diez pisos hasta el consultorio.
Fue cuando llegaron a ese salón que todos se dieron cuenta que, contrario a lo que Don había supuesto, había el espacio suficiente en el lugar para que entraran hasta el doble de ellos.
—Señorita Wei, señor Wei. Buenos días, todos estamos listos para la consulta. Siéntanse con la plena confianza y seguridad de que estamos capacitados y preparados para atender cualquier anomalía que encontremos —un doctor, muy joven y bastante apuesto, fue el que se encargó de darles la bienvenida. Detrás de él, todos se dieron cuenta de que había por lo menos cuatro médicos más y el par de nourasianos, quienes iban a ayudar con los conocimientos de su cultura suponiendo que encontraran algo que para los humanos fuera desconocido. El doctor echó un vistazo a todos los acompañantes y una sonrisa divertida salió de sus labios —¿Todos ustedes van a entrar?
—¿No hay problema en que seamos tantos? —Alexa se adelantó a la pregunta que todos querían hacer, sin dar tiempo al padre de su mejor amiga a anticiparse. Aitan, por primera vez, la secundó en lo abruptas que llegaban a ser sus reacciones.
—Mientras se mantengan en quietud y la señorita Wei de su aprobación, yo no tengo ningún problema. Estoy totalmente consiente de que es un acontecimiento grande y ustedes, como sus amigos y familia querrán vivirlo de cerca —su sonrisa parecía demasiado amable, y eso le dio muchísima más tranquilidad a Eva y a su padre. El médico se dirigió a ambos —¿Les parece bien a ustedes? Su comodidad es lo que más importa.
Eva se rió con ganas al escuchar el bufido de su padre, que sintió como fuego las miradas insistentes de todo el séquito.
—Por mí no hay problema. No puedo escoger que solo algunos entren conmigo —resolvió la chica, encogiéndose de hombros.
—¡Pero al primer escándalo los sacaré a todos! ¡Incluso a ti, Rick!
—Claro que no —refutó el entrenador, volviendo a tomar el control de la silla de la chica e ingresando al consultorio en tanto que el médico les abría la puerta.
Don no tardó ni un segundo en seguir de cerca a su hija, mientras todos los demás se acomodaban en unas cuantas sillas y un amplio sofá dispuestos en la habitación. Apenas divisaron a ambas princesas, los nourasianos que fungían como médicos hicieron una amplia reverencia ante ambas, cosa que Eva no se esperaba y la hizo resoplar.
La habitación era increíblemente blanca, con algunas tonalidades en gris. Por ubicarse en los últimos pisos de una de las mejores clínicas de alta especialidad del planeta, la vista que tenían de la ciudad era asombrosa. La pared que daba al exterior no eras más que cristales que, de tan transparentes que eran, parecía como si no hubiera nada. Las decoraciones no eran otra cosa más que pulcras y cuidadas. Solo había un par de plantas con flores blancas y enormes, cuadros y diplomas en las paredes, una luz blanca que no era molesta, sino cálida. El escritorio solitario parecía casi salido de una oficina de muestra, pues se encontraba ordenado, limpio y con todo dispuesto para un correcto uso. Si no fuera por la camilla al centro de la habitación, la lámpara con forma de arco, muchos dispositivos médicos, el aparato que había sido creado para reemplazar a la pantalla de ultrasonido y el biombo con motivos de flores de cerezo negras., casi se podía jurar que estaban en una zona de negocios o algo por el estilo.
—Por favor, señorita Eva, pase detrás del biombo y póngase la bata que he dejado ahí para usted.
Sin esperar algo más, Alexa fue la que corrió al encuentro de su amiga, tendiéndole la mano para ayudarla a levantarse. Caminaron juntas hasta detrás del biombo, mientras que el resto de los acompañantes terminaban de acomodarse en el mejor lugar para poder ver en primer plano a los pequeños que eran protagonistas de las ilusiones de todos. Don y Amina ocuparon un par de sillas que estaban a escasos centímetros de la camilla de obstetricia.
Desde ahí, y en tanto que Eva aparecía, Amina pudo darse un momento para contemplar cual era la exteriorización de la inteligencia humana, que no podía decir que era mayor de la nourasiana, solo que se demostraba de maneras diferentes. Los humanos habían logrado crear herramientas impresionantes con las que se facilitaban la vida. Estaba muy ansiosa por ver como se usaban todas esas herramientas para entender el cuerpo humano. Además, como si los habitantes de la Coalición Tierra no fueran lo suficientemente interesantes, ese doctor, con solo mirarlo, podía saber que poseía una gran cantidad de conocimientos.
—Ya estamos listas —anunció Alexa, trayendo de la mano a Eva, vestida con una tierna bata que tenía un cierre a la altura de su vientre para que, cuando se acostara sobre la camilla, pudiera abrirse y dejar al descubierto el lugar donde se encontraban sus pequeños.
—Por favor, recuéstese y descubra su abdomen para que podamos empezar y sepamos todo lo que necesitamos de sus bebés —el doctor dejó que Eva fuera auxiliada por su padre y la princesa Amina, quienes decidieron que querían quedarse de pie junto a ella. Una vez que la joven Wei estuvo lista y recostada, sintiendo el ambiente frío en la piel de su vientre, los cuatro médicos humanos y los dos nourasianos se acercaron para comenzar un poco con las formalidades —De acuerdo, para iniciar todo esto y debido a que es la primera consulta que tenemos, me presentaré a mi y al equipo que nos acompaña —todos, se manera involuntaria, asintieron —Mi nombre es Brendan Fitzgerald, especialista en obstetricia, y estaré a cargo de su caso hasta el fin del embarazo. Me acompañan doctores especialistas en neurología, gastroenterología y pediatría. Además, tenemos un par de expertos en el desarrollo y la anatomía de los nourasianos, que pertenecen al mismo planeta.
Después de eso, Eva se dejó hacer. Ya había pasado por el proceso en el que le ponían ese gel viscoso y helado sobre el vientre. Desde que los avances tecnológicos habían alcanzado a las áreas más comunes de la vida humana, las formas en las que se cuidaban de los embarazos habían mejorado. Tanto así que, en lugar de la pantalla por la que se veía el ultrasonido, usada muchos años atrás, lo que el instrumento transductor hacía era mandar las ondas de rayos X a un pequeño aparato en forma de una pastilla grande, misma que proyectaba un holograma de líneas azules y trémulas, en donde podían apreciar en perfecto 3D a los bebés.
Justo eso, ver a sus pequeños proyectados en el espacio, casi como si fueran una realidad tangible, siempre la hacía derramar lágrimas de un amor que completamente exacerbado y más fuerte de lo que alguna vez sentía, y que sentiría siempre que los viera.
—En este primer paso de le ecografía morfológica, lo que quiero hacer es asegurarme de que las extremidades no presentan alguna malformación o si su desarrollo está visto mermado —con una mano, el médico hacía círculos en el vientre de Eva mientras que, con la otra, giraba el holograma para poder ver todos los ángulos posibles, del mismo modo que podía agrandar o alejar la imagen.
—¿Y cómo están? —fue Don el primero en soltar las preguntas, pues el silencio que se hacía mientras el especialista veía la imagen y la estudiaba.
—Bueno, en primera instancia, podemos saber que su tamaño y peso es muy acorde al normal. El primer feto mide 25 centímetros y el segundo 23. Lo cierto es que son medidas excelentes si consideramos tu propio tamaño, Eva, y el que ellos sean mellizos —apuntó el médico, sonriendo y mostrándoles a los pequeños —Miren, por favor, que este pequeñito tiene hambre.
Tal como lo mostraba, el bebé más grande se estaba llevando una de sus diminutas manos a la boca, como si quisiera chuparse el dedo. El sonido de una cámara al fondo del consultorio distrajo a padre e hija. Ahí, encontraron a Rick usando su cámara para grabar ese momento. Les hizo una seña con la mano para que siguieran en lo que estaban, simplemente estaba grabando esos momentos para la posteridad.
—Bueno, además de eso, me encanta asegurar que sus brazos y piernas se ven con un desarrollo perfecto —dijo, enfocando el holograma hacia las extremidades de los pequeños —Veo los segmentos óseos en una adecuada formación y es cuestión de que pasen las semanas para que los huesos de ambos estén completamente listos. Con lo que se puede ver a través de la piel, también les puedo asegurar que la columna vertebral se está desarrollando con normalidad. Aunque, por supuesto, para saber del desarrollo del sistema nervioso vendrá el siguiente especialista.
Uno a uno, constatando notas, archivos, análisis y demás pruebas que Eva se había realizado con anterioridad los especialistas comenzaron a revisar a los bebés y a la propia Eva. El ánimo de todos los presentes, y hasta del mismo Don, mejoró exponencialmente cuando todos los doctores confirmaron, con sonrisa y seguridad, que los bebés estaban creciendo de la manera más normal. Incluso, los bebés dieron algunas muestras de movimiento y reflejos. Uno de los doctores indicó que era muy pronto para hacer una prueba de la vista, les quedó demostrado que tenían reflejo auditivos y sensoriales pues, cuando uno de los doctores dio ligeros toques en el vientre de Eva, los bebés se movían y buscaban con sus manos el lugar en el que se producía el estímulo.
—Son perfectamente saludables, y todo está avanzando en la dirección que deseamos —Eva sonrió, pero algo en el tono de la voz del médico la hizo dudar. Ante la expresión de extrañeza de su paciente, el médico suavizó su tono —No, no tengas miedo. Es solo que hemos encontrado… algo como una especie de órganos que no corresponden a la anatomía de un ser humano, pero están funcionando como una glándula humana.
Don se talló el puente de la nariz, su recelo de nuevo comenzando a crecer.
—Eso es algo malo o por lo que nos tenemos que preocupar, ¿verdad? —inquirió Eva en lugar de su padre, que quería estar tranquila y, en su fondo, sabía que tenían una explicación con sentido para ella y para todos, pues notó que sus amistades se habían quedado en completo silencio.
—Es ahora donde me gustaría que los expertos de Nourasia nos den su diagnóstico. Desconozco si esto es parte de la anatomía de los nourasianos, así que les pediré que ellos te revisen.
Los aludidos se acercaron hasta donde estaba Eva, quien, con tan solo verlos, ya se veía venir lo que pasó a continuación.
—Su Majestad —con una reverencia pronunciada, los nourasianos saludaron a la pareja del príncipe Aikka, sorprendiendo al resto de los humanos —Si usted nos lo permite, procederemos a explicar que es lo que los médicos han encontrado. De antemano, tiene que estar segura de que no es nada de lo que se deba angustiar, sino todo lo contrario. De hecho, es un gran placer para nosotros anunciar esto.
*.*.*.*.*
Jordan observaba atento y sonreía cada vez que su espejo le permitía ver el milagro de vida que estaba creando Eva. Junto a él, quieto, pero muchísimo más impactado y feliz, en un nivel que era incluso la dicha en su forma más pura. Apenas podía comprender que esos pequeñitos eran sus hijos, sus pequeños bebés, que parecían ser, junto con su madre, la única luz que nunca dejaría de brillar, aun cuando la esperanza pareciera menguar.
Le generaba una de las sonrisas más sinceras y un nudo en la garganta pensar que estaban cercanos de nacer, además de oír que todo en ellos marchaba de la mejor manera. Estaba pensando que no le importará el hecho de que fueran casi cien por ciento humanos. No necesitaba que tuvieran rasgos nourasianos para que lo amara o para que los considerara como la mitad de él y pertenecientes a Nourasia en la misma medida que pertenecían a la Coalición Tierra. Sin embargo, cuando los médicos humanos indicaron que había una extrañeza que no entendían, sonrió todavía más feliz, como si eso fuera posible.
—¿Sabes qué es? —escuchó preguntar a Jordan, refiriéndose a los órganos de los que había hablado el médico a cargo del caso.
Desde que había amanecido ese día, el Avatar recordó de lo que se había enterado por medio de las continuas visualizaciones que le hacía a su amiga por medio de ese espejo casi mágico. Tendría una de las ecografías más importantes en el transcurso de su embarazo. Después de que le explicó a Aikka en lo que consistía ese procedimiento, el nourasiano usó su entusiasmo para terminar con todas las responsabilidades que tenía asignadas, y así poder usar la noche en Ōban exclusivamente para ver a sus amores. Y ahí estaba, sin poder ver a Jordan porque estaba absorto en la proyección de la imagen de sus hijos.
—Sí, claro que lo sé —le respondió, recordando toda su educación, en la que, en algún momento, se incluía la anatomía de los nourasianos —Pero espera a que todos ellos lo terminen de confirmar.
Según lo que veían, uno de los nourasianos le pidió al médico humano un favor. Este, con el ánimo de aprender un poco más, desplegó por medio de otro aparato una imagen holográfica estática, que representaba en totalidad la estructura del cuerpo humano, que ilustraba cada órgano, vena y tejido. Del mismo modo, pero con la magia azul que los caracterizaba, uno de los nourasianos mostró una imagen similar, pero de la anatomía de un nourasiano.
La sorpresa se la llevaron todos, hasta Jordan, al darse cuenta de que, salvo por los detalles como lo eran las orejas o algunas proporciones, el cuerpo de ambas razas era prácticamente idéntico. El médico del otro planeta acercó la imagen hacia lo que era la parte del cerebro, y el médico humano hizo lo mismo. Ahí, los especialistas se dieron cuenta de las diferencias entre ambos, y Aikka confirmó lo que pensaba.
—Este es precisamente una de las partes que no se asemejan entre la anatomía de nosotros y de los nourasianos —indicó uno de los humanos, tomando nota de lo que estaba viendo —Encuentro la forma y función de lo que aquí conocemos como una glándula —la señaló. Se encontraba justo debajo del hipotálamo, y tenía la forma de una pequeña bolita. En el holograma de los bebés, ya era apreciable y se podía percibir que su formación estaba terminada.
—Lo entiendo. Aunque no comprendo del todo la función de eso que llaman glándulas —aclaró sé que, es en este preciso lugar donde los nourasianos almacenamos la habilidad de controlar los poderes que poseemos, además de que ahí reside la sabiduría milenaria de todos los que nos han precedido.
—Pero son dos cosas raras —replicó Jordan, en tanto que los médicos de las dos especies compartían información e impresiones, quedando los humanos aún más maravillados por los secretos y el funcionamiento del cuerpo de los nourasianos.
—No es una cosa, Jordan. Pero si, la otra es la más importante. Es justo en esa parte, detrás de la nuca, donde se produce la magia. Es ahí donde está el poder con el que todos los nourasianos contamos.
Lo mismo le estaba explicando un nourasiano a Eva, siendo secundado por su hermana Amina. Aikka se tomó el tiempo de explicarle a Jordan que el hecho de que los bebés no mostraran ningún rasgo físico externo de un nourasiano le hizo pensar que sus sistemas no funcionarían como un habitante de Nourasia, por lo que supuso que no desarrollarían la capacidad de crear magia o contar con los conocimientos que, por tradición de la realeza, se les daban a los herederos de la corona. Era una sorpresa y una alegría que resultara lo contrario.
—Eso quiere decir que, aunque no lo parezcan, tienen los mismos poderes que un nourasiano —concluyó Jordan, tratando de reconstruir las ideas en su mente.
—Sí… más o menos así. No es que las tengan ya, pero tendrán la capacidad de recibirlas y hacerlas funcionales.
Jordan levantó una ceja, confundido de nuevo. Aikka se rió y le prometió que después le explicaría con lujo de detalle como era que funcionaban los nourasianos, biológicamente hablando. Por ese momento, simplemente quería quedarse observando como es que le explicaban a Eva todo lo que se relacionaba con el crecimiento de sus pequeños. Sencillamente podía caer mil veces enamorado de los brillantes ojos y la sincera sonrisa de ella. Jamás la había visto tan feliz como cuando estaba viendo a sus pequeños, igual que él.
Lo mejor, sin duda, era ver su sonrisa divertida al negar el querer saber el sexo de los bebés. Estaba de acuerdo, sin duda. Y no era solo por la sorpresa. De hecho, entendía y compartía su opinión al respecto.
*.*.*.*.*
Lo cierto es que resultaba extraño para su persona estar en el jardín de su casa, recostada en el pasto y pensando que debería no pensar en nada, solo dejar que el fresco aire de principios de agosto refrescara su cuerpo y le hiciera sentir que la espera era más liviana. Y, de hecho, lo era. Todo estaba saliendo a la perfección. Las noticias del desarrollo de sus hijos no podían ser mejores y, como complemento, parecía ser que ambos serían capaces de pertenecer a ambos mundos. Todo estaba tan bien ahí, todo iba tan bien como debía ser, que le producía una fuerte desazón que lo más importante, Aikka, fuera el verdadero fallo.
—Hola… —dentro de su mundo, había solo una voz que, por mucho que a veces se comportara como una verdadera humana, graciosa y hasta atolondrada. Amina era esa perfecta polaridad entre ser divertida y ser una increíble fuente de paz —Tu papá me dijo que llevabas aquí toda la tarde. Se está haciendo un poco tarde, ¿no?
—Claro que no. Además, ni siquiera hace frío.
—Lo sé. Te traje un poco de… ¿té? Creo que es un tipo de infusión… —Amina le tendió una taza con un humeante líquido, del cual Eva distinguió un sutil aroma a jengibre —Alexa dice que su mamá le dijo que es bueno para ti.
—¿Sabes lo que será bueno para mí? —Amina negó con la cabeza, sentándose a su lado después de que Eva tomó el recipiente —Saber en que diablos me metí cuando estuve con tu hermano.
—Bueno… si es cierto que es un poco complicado entender como funciona todo allá. Pero no es algo que no puedas entender en una tarde. En realidad, creo que lo más complicado de todo esto es porque somos de la realeza, pero no difiere demasiado de todo lo demás.
—Amina… —Eva la detuvo, poniendo una mano sobre su pierna —Sigo sin entender nada. Si vas a explicarme algo, que sea desde el principio.
—Tú me hubieras dicho que hiciera eso antes de que me emocionara —ambas rieron. La princesa suspiró y se encomendó a sus divinidades para que le permitieran recordar hasta el más mínimo detalle —Lo cierto es que no es una cuestión de vida o muerte. Solo creo que es importante que sepas como funciona esto.
—A mí me parece que, si todos los nourasianos a los que conozco me llaman "princesa", por lo menos debería saber que es lo que implica estar llevando a los hijos de un heredero dentro de mí. También que significa para ellos ser nourasianos…
—Y príncipes —interrumpió la joven del lejano planeta —Quizá tú no quieras el título, pero mis sobrinos son hijos y nietos de reyes legítimos, así que lo son por derecho.
—Bien, por ahí es donde debes empezar. ¿Quizá un poco de contexto de la familia?
Amina asintió a eso, y aunque la sonrisa que salió de sus labios fue más bien nostálgica, estuvo dispuesta a hablar tanto como pudiera acerca de su familia, de Nourasia, de lo que implicaba ser un nourasiano, de lo que conllevaba ser un príncipe o rey nourasiano.
"Nadie estaba completamente seguro de cual era el origen de la civilización nourasiana. Se tenían muchas teorías y muchas apuntaban a que habían sido colonos de un planeta los que llegaran a Nourasia, un lugar deshabitado, para poblarlo. Entre los estudiosos, también se pensaba que los nourasianos no eran precisamente una raza "pura". Se creía que, al haber venido de otro lugar, fueran la mezcla de algunas otras especies, y tampoco sucedió que todos se quedaron en Nourasia, sino que se fueron a buscar y explorar más. Quizá eso podía explicar que, entre varios de los planetas de la galaxia había cierto parecido entre los habitantes de planetas. Incluso, en palabras del doctor Fitzgerald, una explicación como esa podría ser la explicación del porque un nourasiano y una terrestre fueron capaces de concebir, empezando en que, después de unos análisis a la sangre de los nourasianos, revelara que al igual que los humanos, poseían veintitrés pares de cromosomas. Además, por si eso fuera poco, los mismos genetistas habían resuelto que los humanos y nourasianos compartían casi el ochenta y cinco por ciento de su carga genética.
Por supuesto, cada especie comenzó su propia evolución de maneras diferentes, aunque hasta ese momento no se podía confirmar que esa fuera la explicación para todo. Los nourasianos, por su parte, tuvieron un mayor desarrollo de la mente y sus habilidades, canalizándolo en lo que ellos consideraban como magia, manipulada con sus pensamientos y la fuerza de su palabra. Un nourasiano si era capaz de hacer magia sin hacer un hechizo explícito, pero el decirlo en voz alta siempre ayudaba a que fuera más la fuerza y la exactitud del poder.
Resultó que, en algún momento de la historia de la consolidación de Nourasia como un reino unido bajo un mismo gobierno, hubo quienes se opusieron a las autoridades y usaron la magia para corromper al pueblo y convencerlos de ir en contra del Rey, que era justo y bueno, pero que lo hicieron ver como un tirano que quiso imponer su voluntad por encima de todo su pueblo. La magia, hasta ese momento, se había considerado como una libertad de todos los nourasianos, sin necesidad de que esta fuera restringida. Cuando las rebeliones fueron suprimidas y los responsables castigados por atentar contra la estabilidad y el reciente crecimiento del planeta, el Rey tuvo que pensar en alguna manera para evitar que, en el futuro, otro tipo de revuelta como esa usara la magia para hacer un daño superior.
Después de que los nourasianos con el mayor control sobre la magia discutieran con el Rey acerca de todas las posibilidades, este practicó algo que se mantuvo en secreto hasta que desarrolló su nueva habilidad. Un buen día, los nourasianos, que en aquel entonces no eran muchos, fueron convocados a la explanada del primer palacio en el que residió la familia real. Ahí, el Rey les dijo que, de estar de acuerdo la mayor parte del pueblo, a partir de ese momento y hasta el final de los días de Nourasia, no iba a estar permitido que se les enseñara a los niños que nacieran a desarrollar su propia magia. A cambio, cada año y en un día específico, todos los infantes que habían nacido durante ese año debían ser llevados ante el Rey y él, por medio de un ritual, les concedería parte de su poder. De ese modo, cuando crecieran, la mitad de la magia de cada nourasiano sería propia, y la otra mitad del mayor de sus soberanos. Si, por el motivo que fuese, la magia era empleada de una mala manera, el Rey, por sus mismas habilidades, podía retirar la magia que les había cedido a sus súbditos y dejarlos a la mitad de su capacidad, con lo que no podrían hacerle frente ni a él ni a su ejército. Aunque algunos sí que llegaron a pensar que se trataba de una especie de represión, el pueblo terminó por entender que, al momento, era la única manera en la que podían garantizar la seguridad de todo el planeta.
La necesidad se hizo tradición y genética. Desde la primera vez que se hizo, no faltó un solo año en el que todo nourasiano que hubiera nacido en el año en turno fuera llevado hasta la explanada del castillo en la capital de Nourasia. Antes de la ceremonia, el Rey se retiraba a la ciudad sagrada de Dahl, en donde pedía a las divinidades que le concedieran la fuerza para poder resistir el gran esfuerzo que significaba ceder algo de su magia. Después de eso, se recluía un par de días para descansar y dejar que su cuerpo regresara a los niveles de magia normales.
Si se considera que Nourasia llevaba habitado varios miles de años, es lógico que la genética y la evolución hubieran actuado de forma especial conforme a las necesidades que se iban presentando. Muy a pesar de que no hubieron revueltas y Nourasia se caracterizó por ser una nación completamente pacífica, los rituales de la concesión de la magia completa y la capacidad para controlarla nunca se detuvieron, y generación a generación la tradición se llevaba a cambo puntualmente. De ese modo, el cuerpo de todas las familias nourasianas -excepto de una- se adaptó para nacer con una magia bastante débil e inmadura, misma que tenía la apertura para ser potencializada por la excepción.
Por su puesto, la única familia que evolucionó de una manera diferente -pura, decían los nobles-, fue la familia real de Nourasia. La línea de sucesión desde el primer rey, pasando por demás reyes y reinas, fue perfecta. En ningún momento alguien que no fuera el legítimo heredero asumió el trono. La ley acerca de que solo los primeros hijos varones eran los llamados a gobernar se creó, precisamente, pensando en no arriesgarse a la posibilidad de que la capacidad de dar magia se viera disminuida. Eventualmente y a través de los siglos, cada nuevo integrante de la familia real, es decir, los príncipes hijos de los reyes, nacía con su magia completa y la capacidad innata de manejarla y dirigirla hacia sus habilidades particulares. Lo único que necesitaban era de una instrucción correcta para conocer todos sus alcances, pero por ellos mismos, todos los príncipes y princesas eran capaces de brindar magia y el control de esta. Jamás se pensó como una desventaja, pues cada niño real se educó para crecer en la lealtad. Nunca, ninguno de los príncipes o princesas, se había rebelado contra su rey.
—De acuerdo, pausa aquí —pidió Eva, después de dejar que Amina se explayara en su explicación sin interrumpirla. La princesa se calló al instante, sonriendo al ver la expresión de confusión en la humana —Ahora si ya tengo preguntas, y muchas.
—Sí, las que quieras. De cualquier forma, ya terminé la explicación —la princesa dio un par de miradas a su alrededor, asegurándose de que no había nadie. Cuando estuvo segura, se recostó sobre el pasto, dejando que los últimos rayos del sol dieran sobre todo su cuerpo —Este es el momento en que siento que estudiar días enteros la historia de Nourasia y de la realeza de verdad vale la pena.
—¿A todo esto es a lo que temían ustedes y Aikka? —Amina levantó una ceja, confundida ante la pregunta —Me refiero a que… ¿lo que me dijiste antes significa que eso de la magia, el nacer con la magia completa y no esperar a que un rey te la dé, solo pasa cuando es dentro de la pureza de la familia real? ¿Eso no quiere decir que había miedo de que mis hijos no sean así?
—Ah… —la princesa entendió y sonrió, pero no por eso dejó su cómoda posición, sino que solo cerró los ojos —No, no era miedo. No de nuestra parte. Hace un tiempo, Aitan y yo platicamos acerca de eso. Si llegamos a pensar que, debido a que eres humana, era una posibilidad que mis sobrinos no tuvieran ni siquiera la capacidad de retener magia, no digamos nacer con ella.
—Eso sería un problema para las tradiciones que tienen en su planeta, ¿no? Si lo entendí bien, en el caso de que mis hijos no puedan hacer lo que todos los príncipes y reyes antes que ellos, ¿querría decir que dejarían a muchas generaciones de nourasianos sin la magia que les corresponde?
—No necesariamente —aclaró Amina, estirando sus manos por encima de su cabeza —Bueno, tampoco es como si los nourasianos que hicieron las leyes no hubieran pensado en todo. Para tu pregunta, es por eso por lo que se prefiere que los reyes tengan muchos hijos. Si son gemelos, es casi una bendición —le guiñó un ojo a la humana, divertida de la referencia a su hermano y a ella misma —Eso puede ser la garantía de que, en caso de que el destinado falte, haya un segundo nourasiano que pueda tomar el trono y pueda hacer la entrega de la magia.
—Entonces no siempre tiene que ser un hombre el que sea rey.
—Lo primero es que los varones siempre tienen privilegio sobre las mujeres para gobernar. Pero también es ilógico que en los milenios que Nourasia lleva de existencia todos los reyes hayan tenido solo hijos —Amina suspiró, recordando esas partes de las clases de historia que tanto le gustaban —Hubo muchos reyes que solo tuvieron una o muchas hijas. Solo mujeres.
—Aquí en la Tierra, en casos similares, solía pasar que, si no había hombres, las hijas se casaban con algún noble o se le cedía el trono al hombre más noble. Empezaba entonces una nueva familia real —contó Eva, bajo la mirada atenta de la princesa, quien siempre disfrutaba de conocer nuevas cosas de la Tierra.
—Eso sería impensable en Nourasia. Nadie que no sea estrictamente de la familia real puede tomar el trono. Jamás el Rey ha tenido que ceder su poder a sus hermanos o alguien más. Todos los reyes han tenido hijos que les han sucedido. Así, el primer rey de Nourasia es mi abuelo directo. Su sangre es la mía, igual que lo es de Aikka y, por tanto, lo es de mis sobrinos. Somos una línea real sin interrupción —Amina parecía orgullosa de contar la historia de su familia, tanto porque era remontarse en miles de años atrás, como porque le recordaba el hogar que había dejado atrás —En afán de eso, de la continuidad de la sangre en pro de que la magia resultara intacta, hubo ocasiones en las que los reyes dejaron el reino en manos de una reina. Dicen que la primera vez, todos estaban preocupados de que, cuando contrajera nupcias, la sangre de su esposo fuera más fuerte que la de ella y eso afectara la magia de sus hijos. Por supuesto, eso jamás llegó a pasar.
—La verdad es que suena incluso un poco ridículo, ¿no? La sangre es sangre sea en hombre o mujer —igual que el talento, pensó Eva, recordando que había muchas, muchísimas personas que no creían del todo en ella por ser mujer.
—Lo mismo han tratado de decir muchas de las princesas a lo largo de la historia. Nuestra idea es que el privilegio de los varones se reduzca al privilegio del primogénito, no importando el sexo —Eva vio en Amina un sincero deseo para que esos asuntos cambiaran para las futuras generaciones. Aunque, por lo menos hasta que Aikka pudiera ser rey, esos anhelos tendrían que esperar pues, para ganar el juego contra los nourasianos que se habían adueñado de su planeta, iba a tener que ser con sus propias reglas.
—Pero volviendo a los bebés…
—Lo que sucede es que algunos nourasianos llegaron a pensar que el que tú fueras humana podía repercutir en eso. El que no tengas magia podía ser una causa para que los príncipes no tuvieran su magia completa o, en caso de que tu genética fuera más fuerte que la de Aikka, nada de magia —ante la mirada casi de pavor de Eva, Amina rió y le tomó la mano de una forma cariñosa —Si eso hubiera llegado a pasar, entonces yo sería la responsable de la magia del pueblo, aunque fuera alguno de mis sobrinos los que gobernara. Claro que te estoy hablando desde el plano ideal, en donde recuperamos Nourasia y uno de tus hijos puede ser rey o reina después de Aikka.
—Dijiste "hubiera". ¿Quieres decir que ellos si podrán hacer magia? —preguntó Eva, eludiendo por completo el hecho de que supusieran que sus hijos iban a reinar algún día. Eso estaba por completo fuera de los temas que quería discutir; por lo menos, no sin que Aikka estuviera presente para hablarlo con él.
—Claro que podrán. Esos órganos que los doctores vieron y que nuestros médicos identificaron son lo que tenemos todos los nourasianos y lo que nos permite tener y controlar la magia —indicó la princesa, admirando como el cielo se tornaba de sutiles tonos naranjas y rosáceos, anunciando la proximidad del atardecer —El que está en el cerebro, además de ser el lugar donde se controla la magia, también es donde le damos un sentido.
—¿Uhm? ¿Un sentido?
—Bueno… la magia nos sirve para todo —se explicó Amina, levantándose por fin, frotando sus dedos. Al instante, saltaron unas pequeñas chispas azules —Cualquier nourasiano lo puede emplear en lo mismo, pero cada uno le da un sentido especial. Por ejemplo, Aikka aprendió a potenciarla en su arco y su vuelo con G'dar. Yo soy buena con la mente, aunque no significa que pueda leerla. Es más como… como entender la mente y su portador, incluso ayudarla a alcanzar el entendimiento de sus secretos.
—Supongo que tu hermana menor también tiene algo así, ¿no?
—Ella aún es muy pequeña y no se ha visto forzada a canalizar su magia en algo en específico, aunque creo que será una cosa parecida a lo que hago yo, pero con el corazón —Eva sonrió enternecida y Amina lo hizo de la misma manera —Sí. Laila es muy sensitiva. Entiende demasiado para la edad que tiene, pero nunca ha dejado de ser una niña.
—¿Y Luka? —preguntó de pronto Eva, sintiendo que el nombre de uno de los responsables de que todo se volviera más complicado de lo necesario.
—Él… bueno, es diferente con él. Nuestro padre le había concedido el control del ejército nourasiano porque, hay que decirlo, es un gran estratega y es muy inteligente. Muchos de los acuerdos a los que llegamos con nuestros planetas aliados fueron porque Luka quien negoció. Digamos que, si Aikka es la fuera física, Luka es más mental.
—¿Qué le habrá pasado?
—Supongo que su amor lo cegó —Amina suspiró. Había tanto que le dolía en la traición de su hermano. Pero, más que eso, lo que la tenía tan furiosa con el actual rey de Nourasia es que había preferido y escuchado a una mujer de la que nadie podía confiar antes que ellos, que eran su familia —Todos somos débiles en algún sentido, Eva. Y tanto como puede ser nuestra fortaleza como nuestra perdición.
—Amina… tengo otra pregunta —Eva no quiso darle demasiados rodeos a eso. Ella ya estaba bastante ofendida con Luka como para que siguiera pensando en más razones para odiarlo —Por lo que Aikka me dijo una vez, Luka no es completamente su hermano.
—No, no lo es. Solo es hijo de mi madre, pero mi padre lo tomó como suyo cuando su padre, que fue general del ejército del rey Lao, falleció. ¿Recuerdas a Canaan? Estuvo con Aikka en las carreras de Ōban —la humana asintió. No había manera de olvidar al hombre que la acusó de buenas a primeras de ser una espía —El es abuelo biológico de Luka.
—¿Qué?
—Todo en lo que respecta a mi hermano se mantuvo en estricto secreto. Pocos nourasianos del Consejo saben lo que te diré. No es que no haya que decirlo algún día, pero es delicado. Con todo lo que te he dicho y diré, espero que puedas deducir cual es la mayor preocupación que tenemos Aitan y yo. Estoy segura de que el Consejo también debe estar pensando que hacer.
—De acuerdo, dime. Si muchos ya me consideran una princesa de tu planeta, creo que igual puedo participar en los secretos, ¿no?
—Cierto. Y está mejor que comiences a hacerte a la idea de que eso eres —la nourasiana se sentó frente a Eva, sonriéndole —De acuerdo. Comenzando desde el principio, mi madre se casó con el padre de Luka antes de que fuera ascendido a general. Canaan siempre fue un consejero de mi padre, así que el consideró al padre de Luka cuando se necesitó un general. Supongo que sabes que hubo una primera intervención del Imperio Krog en Nourasia —Eva asintió, recordando que alguna vez en la escuela hablaron superficialmente de ese tema —El padre de Luka murió defendiendo a Nourasia de ese primer ataque. Cuando las negociaciones terminaron, el rey Lao, mi padre, hizo que Canaan, junto con mi padre y su pequeño bebé vivieran en el palacio, como recompensa por el sacrificio del general.
—Déjame adivinar. Ese bebé era Luka.
—En efecto, era mi hermano. ¿Puedes entender lo que pasó después?
—Solo un poco. Pero quiero oír la historia completa.
—Mi madre, que tengo que decir que es muy inteligente, se volvió en la mano derecha de mi padre. Para ese entonces, muchos de los consejeros habían fallecido por la edad. Los que quedan en el actual Consejo, son los únicos que saben el origen de Luka. Unos años después, mi padre y mi madre se casaron. Después nacimos Aikka y yo, aunque yo soy mayor que él.
—Ustedes son los legítimos herederos porque son los primeros hijos del rey Lao. ¿Cómo justificaron a los nourasianos y el nuevo Consejo que Aikka y no Luka fuera llamado a gobernar?
—Se tuvo que decir que la salud de mi hermano no se lo permitiría. No es del todo falso, porque Luka era algo enfermizo —indicó la princesa —Luka jamás tuvo la ambición por el poder. Él siempre entendió que no era su derecho, pero mi padre le dio el título de príncipe y con eso fue feliz. Y el resto de la historia ya la sabes.
—Creo que puedo entender algo, solo… aclárame algo. ¿Cairen cómo figura en todo esto? ¿Quién se supone que es ella?
—Cairen es una noble. Me imagino que aquí también tiene ese título —ante la afirmación de Eva, Amina continuó —En Nourasia, los nobles tienen algo de sangre real. Supongo que Cairen es descendiente de alguno de los nourasianos de la familia real que no gobernó. Su sangre debe ser la mezcla de nourasianos no reales. Debe tener más magia que el resto de la población, pero esto ni siquiera se acerca a lo que tenemos nosotros.
—Un familiar muy lejano.
—Demasiado. Quizá ni debería contar como un familiar. En fin, eso es todo lo que tienes que saber de la historia de la familia, y de Luka —Amina observó un momento a Eva, quien parecía estar pensando con detenimiento en todo lo que le habían dicho —¿Comprendes lo que nos preocupa?
—¿Qué pasa con la magia de tu padre que está en los nourasianos ahora que él… ya no está? —Amina sonrió orgullosa, pues estaba viendo que Eva comenzaba a deducir y entender a su cultura.
—Una parte de la magia de mi padre murió. Mi madre, del mismo modo que tú con Aikka, recibió energía del rey —Eva se sonrojó, pues la pícara sonrisa que le dedicó la princesa no dejó lugar a dudad que se refería a la intimidad que compartieron en Ōban, en donde ella se dio cuenta que Aikka le había dado un poco de su asombroso poder —Aunque se supone que los reyes deben tomar su magia de vuelta cuando están por fallecer, mi padre no alcanzó a hacerlo. Con su muerte, murió algo de su poder que reside en los nourasiano. Como mi madre es poseedora de, exactamente, la misma magia, ella puede decidir si tomarla toda de vuelta o dejarla en ellos. Pero sé que no lo hará.
—Ni Luka ni Cairen son parte de la legítima familia real, ¿cierto? —Amina lo confirmó —Ellos no son capaces, como ustedes o tu madre, de dar magia a los nourasianos. Si ella decidiera quitarles la magia de tu padre, tu pueblo quedaría a la mitad de su capacidad.
—No podrían atacar el nuevo reino, pero tampoco defenderse de lo que sea que esté pasando.
—No, espera —Eva detuvo las palabras de Amina, dándose cuenta al instante de donde residía la mayor preocupación de la princesa y el consejero Aitan —Ninguno de ellos, Luka o Cairen, serán capaces de dar magia a nadie, ni a los que están ni a los que nacerán bajo su gobierno, ¿no es así?
—Precisamente —entonces, la mirada de Amina cambió a sombría, pues su corazón se acongojaba siempre que pensaba en el desastre que se iba a desatar cuando los estragos de las decisiones apresuradas alcanzaran al pueblo —Aunque los niños que nazcan tendrán un poco de magia, no les será suficiente y será como si no la tuvieran. Luka se apresuró a todo y no pensó que no hay nadie que cumpla con la tradición, ni siquiera Laila o mi madre.
—El pueblo no lo va a aceptar.
—No, y temo que haya represalias contra ellos si se organizan revueltas. Si Luka y Cairen nos hicieron todo esto, no veo porque no lo harían con los nourasianos que le exigirán lo que se merecen.
—Tu madre no dejaría que eso pase, ¿o sí?
—No sé si aún tenga privilegios. Si consideremos lo orgulloso que ha vuelto Luka, dudo que pida su ayuda. Buscará cualquier manera para cubrir ese error.
—De verdad quiero confiar que tu pueblo será tan fuerte como para resistir todo lo que viene.
—Nuestro pueblo, Eva.
Ambas se quedaron en completo silencio. A Eva aun le costaba asumir toda esa carga que no había aceptado ni denegado. Pero lo cierto es que Amina tenía un punto. No era el pueblo de Nourasia, era su pueblo, el pueblo de Aikka y el pueblo de sus hijos. Estaba segura de que en mucho tiempo no podría descansar del todo tranquila, sabiendo que había toda una nación que estaría pagando las consecuencias de leyes absurdas y unos renegados.
—Te dije que mi magia sirve con la mente, así que sí, siempre puedo tener una idea de que es lo que estás pensando —Amina le tomó la mano y la apretó con delicadeza —No es culpa de nosotros. Es de quienes escucharon, pero sí es nuestro deber repararlo en cuanto podamos.
—Aún no sé cómo yo podría ayudarlos.
—Insisto en que no quiero que pienses que tus bebés solo significan para nosotros un medio y un instrumento. Todos los queremos sin importar qué —Amina siguió sin soltar su mano, sintiendo como Eva movía sus dedos con nerviosismo —Pero ellos están involucrados en algo más grande por el simple hecho de ser hijos de Aikka y de pertenecer a una familia milenaria. No son un camino, son nuestra esperanza.
—¿De qué?
—Escucha, el dar magia se puede aprender con mucho esfuerzo y tiempo. Se necesita empezar desde que somos muy niños. Luka no podría hacerlo, aunque entrenara cada día, es muy tarde para él y su magia ya está… gastada, por decirlo de una manera.
—Y un bebé suyo, un heredero, podría ser educado para eso.
—En tanto solo tengamos a tus hijos, tenemos la única esperanza de que Nourasia pueda ser abastecida de magia. En el peor de los escenarios… quizá Aikka no pueda recuperar Nourasia, pero uno de tus hijos tal vez sí.
—¡Para eso faltarían años!
—Es por lo que insisto que será nuestra última esperanza. Sigo confiando que Aikka podrá hacerse de Nourasia de nuevo. Aún creo que… mi hermano, el verdadero Luka que se preocupa por los indefensos y que escucha más a su corazón que a los demás, sabrá hacer lo correcto. Y si no, la vida misma le abrirá los ojos.
—¿Piensas que Luka devolverá todo?
—Si es quien yo sé que es, quizá al final no tengamos que hacer todo lo planeado. Solo tal vez, él nos entregue lo que nos pertenece al final.
*.*.*.*.*
¡Hola a todos! En compensación por la ausencia, que no ha sido tan larga como las otras, les traigo un capítulo super largo y bastante explicativo. Espero que le hayan entendido a lo que planteo. Lo cierto es que tuve que plantearme completamente como es que funciona la magia en los nourasianos y las restricciones que tendría que haber para que nadie sobrepase a la realeza. Me planteé un poco de la historia de Nourasia, así que si, como pueden ver, los nourasianos tuvieron dos procesos de evolución, como si hubiera dos clases de ellos. El pueblo y la realeza. De cualquier forma, si no han entendido todo, siempre me pueden preguntar.
Gracias a todos por seguir leyendo. Para el capítulo siguiente… adivinen. ¡Tendremos gemelos! Y habrá que ver que pasa con el bebé de Cairen. Si no cacharon lo que le pasa; de hecho, es bastante simple pero peligroso si no se trata. Es preeclampsia. Si investigan, van a ver que las consecuencias pueden ser bastante funestas.
Bien, eso es todo. De nuevo, gracias por seguir aquí. Ya estamos cada vez más cerca del final. Y creo, solo creo, que si habrá una secuela que termine de resolver lo que falte aquí.
¡Los amo mucho!
Ninfa: Jajajaja niña perdida. Ese apodo me gusta. Me haré llamar así desde ahora. Yo sé que ya lo quieres, pero te prometo que en el siguiente definitivamente sí vamos a ver a esos pequeñines abrir los ojos al mundo. Ojalá que te haya gustado toda la explicación, que mira que ha sido el capítulo más largo que me he escrito. ¡Saludos!
Arabela18: ¡No! Les juro y les prometo que, aunque me cueste años, voy a terminar este fic, verá su final (además de que ya está muy cerca). De hecho… como mini spoiler… Aikka si que tendrá un encuentro con Eva, pero ella no va a estar muy enterada de eso. Ojalá que este capítulo haya llenado tus expectativas. ¡Un saludo enorme!
P.D. 1: Gracias Gabo, por ayudarme a darle forma a la locura de los nourasianos y la magia. Hay que quedarnos más madrugadas despiertos para ver si sigues aterrizando lo que se me ocurre.
P.D. 2: El título de este capítulo es de la canción "Lay me down" de Sam Smith (de mis favoritas por siempre).
